domingo, 4 de agosto de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 18º Domingo del Tiempo Ordinario: “Yo soy el Pan de Vida”

 

«Señor, tú eres el pan de vida; el que venga a ti no tendrá hambre» (Jn 6, 35).

La Liturgia de la Palabra se centra hoy -y por otros tres domingos sucesivos- sobre el discurso de Jesús acerca del «pan de vida», referido en el Evangelio de S. Juan enseguida de la multiplicación de los panes (cf domingo precedente); discurso que trata dos grandes temas: la fe y la Eucaristía.

Como de costumbre el trozo evangélico está preludiado por un fragmento del Antiguo Testamento. Hoy se toma del Éxodo (16, 2-4. 12-15) la historia de las murmuraciones de los Hebreos en el desierto, los cuales, viéndose sin agua y sin comida, se lamentaban de haber dejado las ollas de carne en Egipto. A pesar del descomedimiento de sus quejas, Dios interviene de nuevo en su favor: «Yo haré llover pan del cielo» (ib 4). Comienza así a caer sobre el campamento el maná de madrugada, y la carne -las codornices- de tarde, para sustento de todos. Apenas se ve en dificultad, el hombre murmura fácilmente de la Providencia y lamenta lo que ha dejado. Así hizo el antiguo pueblo de Dios, y así continúa haciendo el nuevo, olvidado de las múltiples intervenciones benéficas de Dios en su vida y demostrando la pobreza de su fe. Viene a cuento el aviso de san Pablo: «No andéis ya, como es el caso de los gentiles que andan en la vaciedad de sus criterios... No es así como habéis aprendido a Cristo» (Ef 4, 17. 20; 2.a lectura). Vaciedad de criterio es lamentarse de la Providencia, echar de menos los bienes temporales y buscar a Dios no por él mismo sino con miras interesadas.

Errores parecidos reprocha Jesús a la turba que después de la multiplicación de los panes le había seguido al otro lado del lago: «me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna» (Jn 6, 26-27). San Agustín comenta: «¡Cuántos buscan a Jesús sólo por ventajas temporales!... Es difícil que se busque a Jesús por Jesús» (In Jo 25, 10). La búsqueda desinteresada del Señor supone fe; por eso en el debate con los judíos insiste Jesús sobre este punto: «Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6, 29). El primero y más importante trabajo que Dios pide a los hombres es que crean en él, en lo que él hace por ellos en Cristo Jesús. Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios enviado a salvar al mundo va a él con confianza abandonándose completamente a su acción redentora.

Los judíos que no tienen esa fe, exigen de Jesús «signos» semejantes a la caída del maná del cielo. Y Jesús, esforzándose en levantarlos a pensamientos más espirituales, rectifica: «no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo» (ib 32-33). Pero ellos refiriéndose siempre a la comida material y esperando tal vez un milagro que prolongase la multiplicación de los panes, dicen: «Señor, danos siempre de ese pan» (ib 34). Mentalidad y propuesta idénticas a las de la Samaritana que pensando en el agua material, había dicho a Jesús «Señor, dame de esa agua» (Jn 4, 15). Como a ella, también a estos últimos quiere Jesús hacerles comprender el verdadero alcance de sus palabras, y así se expresa en términos semejantes a los usados con aquella mujer: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed» (Jn 6, 35). Ya no es posible el equívoco: el pan de vida, pan de Dios bajado del cielo, para dar vida al mundo, es Jesús; el que va a él y se alimenta de él -de su palabra y de la Eucaristía- con fe viva, no tendrá más hambre, no tendrá más sed.

 

Date, Señor, a mí, y basta, porque sin ti ninguna consolación satisface; sin ti no puedo ser y sin tu visitación no puedo vivir. Por eso me conviene llegarme a ti muchas veces, y recibirte para remedio de mi salud, porque no desmaye en, el camino si fuere privado de este celestial manjar. Porque tú, benignísimo Jesús, predicando a los pueblos y curando diversas enfermedades, dijiste: No quiero consentir que se vayan ayunos, porque no desmayen en el camino. Haz, pues; ahora conmigo de esta manera, pues te dejaste en el Sacramento para consolación de los fieles.

Alumbra también mis ojos para que pueda mirar tan al misterio, y esfuérzame para creerlo con firmísima fe. Porque, esto, Señor, obra tuya es, y no humano poder. Es sagrada, ordenación tuya, y no invención de hombres...

Señor, en simplicidad de corazón, en buena y firme fe por tu mandato, vengo a ti con esperanza y reverencia y creó verdaderamente que estás presente aquí en este Sacramento, Dios y hombre. Y pues quieres, Salvador mío, que yo te reciba y que me una a ti en caridad, suplico a tu clemencia e imploro me sea dada una muy especialísima gracia para que me derrita todo en ti y rebose de amor y que no cuide más de otro alguna consolación. (Imitación de Cristo, IV, 3, 2; 4, 1-24.)

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

jueves, 1 de agosto de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Las obras de misericordia son el testamento de Jesús

Tema del programa Nº 21 del ciclo:

Las obras de misericordia son el testamento de Jesús

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 28 de julio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 17º Domingo del Tiempo Ordinario: “Mucha gente le seguía”

 

«Abres tú la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente» (SaImo 145, 16).

El tema central de este día es la providencia de Dios que satisface todas las necesidades del hombre. Tomada del libro segundo de los Reyes (4, 42-44), se lee la multiplicación de los panes obrada por Eliseo, figura y preludio de la realizada unos ocho siglos más tarde por Jesús y que se lee en el Evangelio de Juan (6, 1-15). Un hombre se presenta al profeta con «veinte panes de cebada» y recibe de él la orden de distribuirlos a su gente: cien hombres. El siervo objeta que la provisión es insuficiente, pero Eliseo repite la orden en nombre de Dios: «Esto dice el Señor: "Comerán y sobrará"» (2 Re 4, 43).

El milagro se repite, pero de modo mucho más imponente en los herbosos altozanos de Galilea cuando Jesús, subido a un monte con los discípulos, se ve rodeado de una gran muchedumbre que acudía a él (Jn 6, 5). Como Eliseo había proveído al hambre de sus discípulos, así Jesús provee a la de la gente que le sigue para escuchar su palabra. Pero mientras allí veinte panes saciaron a cien hombres, aquí sólo cinco panes y dos peces sacian a unos cinco mil; en ambos casos quedan las sobras -doce canastas en el hecho evangélico-, para demostrar que Dios no es avaro en proveer a las necesidades de sus criaturas. «Abres tu mano -canta el salmo responsorial- y sacias de favores a todo viviente» (SI 145, 16). Entonces ¿cómo es que hay tanto hambriento en el mundo? Reflexionemos. No se operaron los dos milagros de la nada, sino a base de unas escasas, más bien escasísimas, provisiones: los veinte panes ofrecidos a Eliseo por el hombre de Baal-Salisá, y los cinco panes y dos peces suministrados a Jesús por un muchacho que los había traído consigo.

Dios omnipotente puede hacerlo todo de la nada, pero frente a su criatura libre normalmente no obra sin su concurso. Lo que el hombre puede hacer es siempre poco, pero Dios lo quiere y hasta lo exige como condición previa a su intervención. Si hoy hay tanta gente que no encuentra pan suficiente para su hambre, ¿no dependerá de que quien nada en la abundancia no sabe ofrecer para los hermanos al menos lo superfluo? El hombre que en tiempo de carestía llevó las primicias de su pan a Eliseo, y el muchacho que cedió lo poco que tenía para que Jesús lo multiplicase, no encuentran muchos seguidores ni siquiera entre los creyentes. Cuando el hombre hace lo que está de su parte, Dios -siempre misericordioso y omnipotente- no deja de intervenir haciendo fructificar sus obras buenas. Santos como el Cottolengo o Don Guanella lo han experimentado hasta milagrosamente. Jesús que se conmueve y se preocupa por la muchedumbre hambrienta, llama a los fieles a la comprensión diligente de las necesidades ajenas, no se limite a buenas palabras, sino que llegue a una ayuda concreta.

Si el milagro de Eliseo es figura de la multiplicación de los panes realizada por Cristo, ésta es preparación y figura de un milagro mucho más estrepitoso, el eucarístico. No casualmente la descripción de los gestos del Señor -«tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió» (Jn 6, 11)- anticipa casi a la letra los gestos y las palabras de la institución de la Eucaristía. Luego de haber proveído tan largamente al hambre de los cuerpos, Jesús proveerá de modo divino e inefable a la de los espíritus. Alimentados de un único pan, el Cuerpo del Señor, los fieles forman un solo cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo. Esta realidad basa el deber de la caridad y de la solidaridad cristiana de que habla San Pablo en la segunda lectura (Ef 4, 1-6) exhortando a los fieles a «mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz», porque «hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, un Señor, una fe» (ib 4-5).

 

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles... Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo. Abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. (Salmo 145, 10. 15-19).

Señor, tú que viendo la muchedumbre hambrienta en el desierto, dijiste: «Siento compasión de esta multitud», tú que con cinco panes quitaste el, hambre a cinco mil personas, mira benigno a tus hijos hambrientos... y, luego de haber saciado su hambre corporal, dígnate saciar también el hambre de sus almas con el alimento celestial de tu doctrina, tú que vives y reinas Dios por todos los siglos de los siglos. Así sea. (San Pablo VI, Enseñanzas, v. 4).

Dios mío, tú eres pródigo de cuidados y ternuras para cada uno de los seres humanos creados por ti, como si sólo él estuviese en el mundo. Pues tú puedes verlos a todos, uno por uno; uno por uno los amas en su vida mortal y uno por uno los sigues con la plenitud de tus atributos, interesándote por cada uno y tomándote por él un cuidado independiente de todos los demás...

Todos los actos de tu Providencia son actos de amor. El mismo mal que nos mandas procede de tu amor... Y tú vuelves el mal en bien. Con el mal pruebas a los hombres para llevarlos al arrepentimiento, aumentar su virtud y hacerles alcanzar en el futuro un bien mayor. Nada sucede por acaso, sino que todo tiende a un fin de gracia.

Con fe plena y segura reconozco la sabiduría y bondad de tu Providencia, aun cuando sean inescrutables tus juicios e incomprensibles tus decretos. (John Henry Newman, Madurez cristiana).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

jueves, 25 de julio de 2024

SANTORAL: Santiago Apóstol rogad por España para que sea siempre fiel al Evangelio de Jesucristo

 

Queridos amigos y hermanos del blog: el apóstol Santiago, primer apóstol mártir, viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Como sus predicaciones no fueron bien recibidas, se trasladó posteriormente a Zaragoza. Ahí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.

Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.

Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: "Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua". Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: "Ven tú hacia mí y dame tu mano". El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: "Tú serás bautizado en tu propia sangre". Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe. En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron. El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.

En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren total o parcialmente el "Camino de Santiago" que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados y la gracia de renovar y profundizar su conversión a Dios.

Santiago Apóstol es Patrono de España y de las siguientes provincias y ciudades:

- Santiago de Compostela (España)

- Santiago de Chile

- Caracas, Venezuela.

- Santiago de Guayaquil (Ecuador)

- Santiago de Cuba

- Santiago de Querétaro (México)

- Santiago de Cali, (Colombia)

- Santiago de Guatemala

- Santiago de Veraguas (Panamá)

- Santiago de Chiuitos (Bolivia)

- Santiago de los Caballeros (Rep. Dominicana)

- Provincia de Santiago de México

- Saltillo Coahuila (México)

- Santiago de Sesimbra (Portugal)

- Alanje (Panamá)

- Santiago del Estero (Argentina)

- Baradero (Argentina)

- Provincia de Mendoza (Argentina)

 

ORACIÓN AL GRAN APÓSTOL SAN SANTIAGO

¡Gran Apóstol Santiago, familiar cercano de nuestro Señor y aún más cercano a Él por lazos espirituales! Al ser llamado por Jesús entre los primeros discípulos y ser favorecido con Su especial intimidad, tú respondiste con gran generosidad, dejándolo todo para seguirle a la primera llamada. También tuviste el privilegio de ser el primero de los Apóstoles en morir por Él, sellando tu predicación con tu sangre.

“Atronador” en el entusiasmo en la tierra desde el cielo, te has mostrado defensor de su Iglesia una y otra vez, apareciendo en el campo de batalla de los cristianos para derrotar y dispersar a los enemigos de la Cruz, y llevar a los descorazonados creyentes a la victoria. Fuerza de los cristianos, refugio seguro de aquellos que te suplican con confianza, oh, protégenos ahora en los peligros que nos rodean.

Que por tu intercesión, nuestro Señor nos conceda su santo amor, filial temor, justicia, paz y la victoria sobre nuestros adversarios, tanto visibles como invisibles, y sobre todo, que un día nos conceda la felicidad de verlo y tenerlo con nosotros en el cielo, en tu compañía y la de los ángeles y santos para siempre. Amén.

domingo, 21 de julio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 16º Domingo del Tiempo Ordinario: “Venid y reposad un poco”

 

«El Señor conforta mi alma: me guía por senderos de justicia» (Salmo 23, 3).

El tema de Dios-pastor y, por lo tanto, del Mesías-pastor, tan querido al Antiguo Testamento, retorna con frecuencia en la Liturgia renovada, que se sirve a gusto de los textos proféticos como introducción a los pasajes evangélicos centrados en ese argumento.

Dios, por boca de Jeremías (23, 1-6: 1ra lectura), condena la conducta de los malos pastores: «¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mí rebaño!» (ib 1). En vez de reunir las ovejas -el pueblo de Dios-, las dispersan; en lugar de guardarlas, las han dejado perecer. Por eso Dios les castigará. El mismo tomará a su cuidado el resto de sus ovejas» (ib 3) y las confiará a pastores más dignos; suscitará de la descendencia de David un vástago legítimo» (ib 5), el Mesías, rey-pastor, bajo cuyo gobierno las ovejas dispersas de Israel serán finalmente reunidas y gozarán de seguridad, justicia y paz. El salmo responsorial, leído con ojos cristianos, esboza justamente la figura de Jesús buen pastor y expresa el gozo de los creyentes que encuentran en él todos los bienes: «El Señor es mi pastor, nada me falta» (SI 23, 1). El atiende solícitamente a su rebaño, lo defiende de los peligros y lo alimenta con la abundosa mesa de su palabra, de su carne y de su sangre.

El Evangelio (Mc 6, 30-34) bosqueja en síntesis la actividad de Jesús pastor. Sus primeros cuidados son para los apóstoles, porción elegida de su grey, que reúne en torno a sí después de las fatigas de su primera misión. «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco» (ib 30). Es imposible un apostolado fecundo sin estas pausas reparadoras junto al Maestro, destinadas a tomar nuevas fuerzas, no sólo físicas sino espirituales. Pausa de oración y de atención interior para profundizar la palabra del Señor y encarnarla cada vez mejor en la propia vida. El Evangelio presenta luego la actividad intensa de Jesús en favor del pueblo que se le estrecha en torno sin dejarle un momento de respiro, «Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer» (ib 31). Y cuando el Señor parte en la barca en busca de un poco de soledad, la gente lo alcanza, y hasta se le adelanta, de modo que al desembarcar se encuentra de nuevo oprimido por la multitud.

Ante ese espectáculo -nota san Marcos-, tuvo lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma» (ib 34). Olvidado de sí, Jesús se da totalmente al cuidado del rebaño que el Padre le ha confiado, ahora para adoctrinarlo como un día en la cruz para redimirlo. Es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas y enseña a los que le representan a hacer otro tanto. Si solamente los obispos y sacerdotes Son los pastores oficiales del pueblo de Dios, también participan de ese oficio, aunque de forma más modesta e indirecta, cuantos ocupan un puesto de responsabilidad en la familia, en la escuela o en la sociedad. Para cumplir su misión, necesitan todos ellos poner sus ojos en Jesús y amoldarse a él.

La segunda lectura (Ef 2, 13-18) completa el argumento con el cuadro de la salvación universal realizada por Cristo; el cual ha traído a sí las ovejas alejadas -los paganos- uniéndolas en un solo rebaño con las ovejas de Israel, más cercanas porque pertenecían ya al pueblo de Dios. De los dos pueblos, paganos y judíos, ha hecho uno solo, pues «reconcilió con Dios a los dos pueblos... mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio» (ib 16). Por su muerte, en efecto, todos los hombres han sido hechos hermanos entre sí e hijos del Padre celestial. Así, por él, «unos y otros podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu» (ib 18). Un solo Pastor y un solo Padre, un solo rebaño y un solo redil: éste es el fruto de la vida que Jesús ofrece por sus ovejas.

 

Buen Pastor, tú solo eres necesario. Tú sabes lo que necesitamos y nos lo concedes en el momento que quieres; danos a tus pobres ovejas el pasto que necesitamos en cada momento: ora consuelas para impedir el desánimo, ora dejas sentir el desbarajuste al alma para producir humildad que es verdad. Estamos en buenas manos. Tu corazón no cesa de velar por nosotros; nos amas infinitamente, nos ves de continuo y eres omnipotente. Preparas nuestra eternidad feliz con los medios que tú sabes, haciéndonos trabajar penosamente cuando nosotros, niños pequeños, querríamos descansar. (Cf. Carlos de Foucauld, Carta 5.4.1909).

Oh Señor, por una delicada atención de tu providencia, has querido llamarte pastor. No sólo te has preocupado de mí, sino que te has puesto también a buscarme; no sólo me has encontrado, tú que haces maravillas, sino que por la bondad indecible de tu amor, me has llevado sobre tus hombros vivificadores y me has asociado a los órdenes celestiales en la herencia de tu Padre.

Tú que eres poderoso, fuente de vida, bendito, auxiliador, compasivo y misericordioso..., revélame ahora de nuevo las profundidades de tus misericordias y las efusiones de tu bondad. (San Gregorio de Narek, Le livre de priéres).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

miércoles, 17 de julio de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): El Santo Rosario de María es expresión de la Misericordia


Tema del programa Nº 20 del ciclo:

El Santo Rosario de María es expresión de la Misericordia

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 14 de julio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 15º Domingo del Tiempo Ordinario: Llamados y enviados

 

«Quiero escuchar qué dice Dios; pues, habla el Señor de paz para su pueblo» (SaImo 85, 9).

El plan de salvación, presentado hoy en la segunda lectura (Ef 1, 3-14) puede servir como punto de partida para la meditación de la liturgia de la Palabra. San Pablo se remonta a la llamada eterna de los creyentes a Ia salvación, bendecidos en Cristo, elegidos «en la persona de Cristo antes de crear el mundo» (ib 4), predestinados por Dios «a ser sus hijos» (ib 5). Este grandioso designio de misericordia se realiza mediante Cristo Jesús; su sangre redime a los hombres del pecado y les confiere «el tesoro de su gracia» (ib 7). Pero requiere también la colaboración de cada uno: la fe y el empeño personal para ser «consagrados e irreprochables ante él por el amor» (ib 4).

Es obvio que después de haber recibido tantos beneficios «la Verdad, la extraordinaria noticia de que habéis sido salvados» (ib 13), los creyentes se conviertan en mensajeros de ella para sus hermanos. Nadie puede pensar que la llamada a la salvación y santidad se agote en la atención al bien personal propio; no sería ya santidad cristiana, la cual se realiza en la caridad de Cristo que ha dado la vida para la redención de la humanidad entera, y en la caridad del Padre celestial que abraza a todos los hombres. Aunque de maneras diferentes, todo cristiano está obligado a transmitir a los otros «el Evangelio de la salvación».

Pero hay algunos que reciben un mandato especial para ello: los profetas y los apóstoles, de los que habla la primera lectura y el trozo evangélico (Mc 6, 7-13). Es Dios quien los llama, eligiéndolos con libertad absoluta entre cualquier categoría de personas, con preferencia evidente por los más humildes y sencillos. Ahí tenemos a Amós, elegido no entre profetas profesionales, sino entre pastores: «El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel» (Am 7, 15). Dios lo envía a una tierra extraña a predicar la justicia; resulta, pues, odioso al sacerdote del lugar que querría expulsarlo. Pero Amós no flaquea, fortalecido por la conciencia de la vocación divina que le impone hablar a todos con libertad; no busca su interés, ni pretende congraciarse con los hombres, sino sólo llevarles a éstos la palabra de Dios.

Ahí tenemos a los Apóstoles, elegidos por Jesús entre la gente humilde del pueblo, hechos partícipes de su misión y de su autoridad. «Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos» (Mc 6, 7), dándoles el encargo de predicar la conversión, y el poder de arrojar los demonios y curar los enfermos. Jesús exige de ellos un comportamiento totalmente sencillo y desinteresado: no llevar nada para el viaje fuera de lo estrictamente necesario, no preocuparse de tener reservas para el sustento, sino confiarse a la providencia del Padre celestial, el cual les proveerá de todo mediante la hospitalidad -más o menos generosa- que se les ofrezca en los lugares que visiten.

Si las condiciones y costumbres de la sociedad moderna no permiten atenerse estrictamente a estas normas, es empero necesario conservar su espíritu de pobreza y desasimiento. Como colaboradores del que ha venido a evangelizar a los pobres, los apóstoles de todos los tiempos deben, lo mismo que él, ser pobres entre los pobres, y ricos sólo por la vocación recibida y por la gracia y Espíritu de Cristo. Si no se predica así el Evangelio -con desinterés y entrega total-, ni es aceptado ni convence. Por otra parte también los destinatarios de la palabra de Dios tienen un deber que cumplir: aceptarla dócilmente, reconociendo en el profeta o apóstol al enviado de Dios y proveyendo con caridad a sus necesidades, «porque el, obrero merece su sustento» (Mt 10, 10). El que rechaza y no escucha a los ministros del Señor, resiste a la gracia y se cierra el camino de la salvación.

 

Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; mira tu inmensa mies y envíale operarios, para que sea predicado el Evangelio a criatura, y tu grey, congregada por la palabra de vida y sostenida por la fuerza de los sacramentos, camine por las sendas de la salvación y del amor. (Misal Romano, Misa por la evangelización de los pueblos, A).

En cuanto a mí, Padre, Dios omnipotente, el primer deber de que tengo conciencia es que toda palabra mía y todo pensamiento mío te expresen sólo a ti. De ti me viene el don de la palabra. No puede procurarme otro gozo mayor que el de servirte y proclamar al mundo que lo ignora o al hereje que le niega, que tú eres el Padre, el Padre, digo, del Hijo único de Dios. Esa es mi ambición.

Por lo demás, imploro tu ayuda y tu misericordia para que suelte las velas de nuestra fe y de nuestra profesión cristiana al soplo del Espíritu. Empújanos mar adentro, para poder anunciar mejor tu mensaje. No falta a su promesa el que ha dicho: «Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá». Por eso en nuestra pobreza nos volvemos a ti; examinaremos con esfuerzo tenaz las palabras de tus profetas y de tus apóstoles, llamaremos a todas las puertas cerradas de la inteligencia. Sólo a ti te pertenece conceder lo que pedimos, hacer presente lo que buscamos, abrir cuando llamamos. (San Hilario de Poitiers, De Trinítate, 1, 37).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

jueves, 11 de julio de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): Refutación del ateísmo

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 18:

Tema: Refutación del ateísmo

Contenido:

-      Refutación del ateísmo (Apologética Fundamental):

 

1-   ¿Qué es el ateísmo?

2-   El ateísmo práctico.

3-   Malignidad del ateísmo.

4-   Causas del ateísmo.

 

-      Magisterio de la Iglesia:

 

“Creo en Dios”, Benedicto XVI, Catequesis N°344, del 23 de enero de 2013 (audio de la síntesis en español).

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 10 de julio de 2024.

domingo, 7 de julio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 14º Domingo del Tiempo Ordinario: “Jesús se extrañó de la falta de fe”

 

«Hacia ti tengo los ojos levantados, Señor, hasta que te apiades de nosotros» (Salmo 123, 2).

Las lecturas del día llevan a reflexionar sobre las graves consecuencias del rechazar la palabra de Dios y sobre el deber de acogerla aun cuando llegue mediante mensajeros humildes y modestos.

La primera lectura (Ez 2, 2-5) recuerda la incredulidad de los hijos de Israel frente al profeta encargado de anunciar la destrucción de Jerusalén en castigo de sus pecados. Dios conoce la obstinación de ese pueblo «testarudo y obstinado» (ib 4) que hace tiempo se ha rebelado contra él, pero con todo les envía a Ezequiel: «Ellos, te hagan caso o no te hagan caso (pues son un pueblo rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos» (ib 5). Palabras graves que dicen lo detestable de la rebeldía contra Dios, por la que el corazón se endurece y se hace refractario a cualquier llamada. Dios, sin embargo, no cesa de iluminar, y de enviar avisos por medio de sus profetas, pero precisamente la presencia de éstos y sus amonestaciones agravan el pecado del que persiste en su incredulidad. Situación por desgracia nada infrecuente, antes repetida de continuo en la historia, hasta cuando Dios envió a los hombres no a un profeta sino a su Hijo divino. «Vino a su casa, y los suyos no le recibieron», (Jn 1, 11).

Es lo que sucedió en Nazaret (Evangelio del día: Mc 6, 1-6), cuando se presentó Jesús en la sinagoga a predicar. Nazaret era su casa, su patria, donde había vivido desde la infancia, tenía los parientes y era bien conocido; esto debería haber facilitado más que en otra parte su ministerio, y en cambio, fue ocasión de rechazo. Tras un primer momento de estupor frente a su sabiduría y a sus milagros, los nazaretanos lo rechazan incrédulos: «¿No es éste el carpintero, el hijo de María?... Y desconfiaban de él» (ib 3). Un orgullo secreto, rastrero y mezquino, les impide admitir que uno como ellos, criado a sus ojos y de profesión humilde, pueda ser un profeta, y aun nada menos que el Mesías, el Hiló de Dios. La modestia y la humildad de Jesús son el escándalo en que tropiezan cerrándose a la fe. Y Jesús observa con tristeza: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa» (ib 4). La incredulidad de los suyos le impide obrar en su patria los grandes milagros hechos en otras partes, porque Dios tita de su omnipotencia sólo en favor de los que creen. Pero alguno, probablemente entre los más humildes debió de tener fe también en Nazaret, porque Marcos apunta: «sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos» (ib 5). Esto demuestra que Jesús está siempre pronto a salvar a quien lo acepta como Salvador.

La segunda lectura (2 Cr 12. 7-10) enlaza con la temática de las otras, esbozando, a través de la confesión de S. Pablo, la conducta del profeta y apóstol. Aunque enviado por Dios y dotado de gracias especiales, el profeta debe recordar que no deja de ser un hombre débil como los demás. Pablo, consciente de «la grandeza de las revelaciones» recibidas, acepta humildemente aquella «espina en la carne» -tal vez una enfermedad o una tentación o una tribulación apostólica- que Dios le ha enviado para que no se ensoberbezca (ib 7). «Espinas» semejantes no faltan a nadie y el apóstol debe servirse de ellas para aumentar su humildad y confianza en Dios: «Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo» (ib 9). Más aún; en lugar de acobardarse por las dificultades que encuentra, debe aceptarlas como un componente indispensable de su misión: «Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (ib 10).

 

Hacia ti tengo los ojos levantados, tú que te sientas en los cielos; míralos, como los ojos de los siervos en la mano de sus amos. Como los ojos de una sierva en la mano de su señora, así nuestros ojos en el Señor nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros. (Salmo 123, 1-2).

Oh Señor, ilumínanos con la luz de la fe, disipando las tinieblas de este mundo; haz hijos de la gracia a los que estábamos condenados por la ley.

Has venido al mundo para ejercer un juicio, según el cual los que no ven están llamados a ver, y los que ven se tornan ciegos, de modo que quien confiesa las tinieblas de sus errores recibe la luz eterna y queda libre de las tinieblas del pecado. Los que se jactan de méritos personales, envueltos en su orgullo e injusticia, no se cuidan de recurrir a ti, Médico divino, que los puedes salvar, a ti, Jesús, que has dicho: Yo soy la puerta para ir al Padre.

Ven, pues, a nosotros, oh Jesús, a nosotros que oramos en tu santuario; cúranos a todos. Presentamos nuestras heridas ante tu majestad; cura nuestras enfermedades. Ven en nuestra ayuda, como tienes prometido a los que te lo ruegan, tú que nos has hecho de la nada. Prepare un colirio y toca los ojos de nuestro corazón y de nuestro cuerpo, no sea que nuestra ceguera nos vuelva a hundir en las tinieblas del error. Bañamos tus pies con nuestras lágrimas; no desprecies nuestra humillación. Oh buen Jesús, que has venido a nosotros en humildad, no queremos ya abandonar tus pasos. Escucha la oración de todos nosotros. Disipa la ceguera de nuestros pecados; concédenos contemplar la gloria de tu rostro en la felicidad de la paz eterna. (Cf. Priéres eucharistiques, 90).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

miércoles, 3 de julio de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): ¿Qué significa ser misericordiosos?

Tema del programa Nº 19 del ciclo:

¿Qué significa ser misericordiosos?

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 30 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 13º Domingo del Tiempo Ordinario: “No temas, solamente ten fe”

 

«Yo te ensalzo, Señor, porque me has levantado..., me has recobrado de entre los que bajan a la fosa» (SI 30, 2. 4).

El binomio muerte-vida constituye la temática central de la liturgia del día.

Dios, que es el viviente por excelencia, se autodefine: «Yo soy el que soy» (Ex 3, 14); él no puede ser más que el autor de la vida, «no fue Dios —dice el libro de la Sabiduría— el que hizo la muerte, ni se recrea en la «destrucción de los vivientes» (1, 13). Creando al hombre a su imagen y semejanza, no podía destinarlo a la muerte. La Escritura es explícita sobre este punto: «Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza» (2, 23). ¿De dónde procede, pues, la triste realidad de la muerte a la que nadie puede escapar? Desde las primeras páginas de la Biblia se la presenta como el castigo del pecado (Gn 3, 19), y el fragmento de hoy, aludiendo a esa idea, precisa: «Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo» (Sb 2, 24).

El Maligno incitando al hombre a pecar lo arrastró a la muerte total: muerte física y muerte espiritual, es decir separación eterna de Dios. Y mientras la muerte corporal -aunque siga siendo consecuencia del pecado- es para el justo tránsito a la vida eterna, la del impío coincide con la perdición eterna. «La justicia es inmortal» (Sb 1, 15), afirma la Escritura; o sea; los que viven según la virtud y según Dios, tienen asegurada la inmortalidad; en cambio, los impíos con sus pecados «llaman a la muerte» (ib 16), la muerte eterna, separación irreparable de Dios, fuente de la vida.

Redimiendo al hombre del pecado, Jesús lo ha redimido también de la muerte; le ha restituido plenamente su destino de vida eterna. Cristo demuestra este poder con las resurrecciones que obra; el Evangelio de hoy (Mc 5, 21-43) refiere el de la hija de Jairo. Igual que en el caso de Lázaro, no dice Jesús que está muerta, sino que duerme: «La niña no está muerta, está dormida» (ib 39); como para indicar que la muerte, lo mismo que el sueño admite un despertar y que para él no es más difícil resucitar a un muerto que despertar a uno que duerme.

Las resurrecciones realizadas por Jesús son ciertamente hechos excepcionales, pero esbozan una realidad muy superior que pondrá al fin de los tiempos para todos los hombres: la resurrección de los cuerpos. San Juan Crisóstomo, comentando la narración evangélica, dice: «¿No ha resucitado Cristo a tu hija? Pues bien, la resucitará con absoluta certeza y con una gloria mayor. Aquella niña, después de ser resucitada, murió de nuevo; pero tu hija cuando resucite, será para siempre inmortal» (In Mt 31, 3). Esta es la fe y la esperanza cierta del cristiano para sí y para todos sus seres queridos: «esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro» (Credo). Es preciso afianzar esa fe y esa esperanza para ser capaces de contemplar la muerte propia y la ajena con ojos cristianos: como nacimiento a la vida eterna y encuentro definitivo con Dios.

También la caridad ha de concurrir a serenar al hombre frente a la muerte. En la segunda lectura (2 Cr 8, 7 -9; 13- 15) exhorta San Pablo a los Corintios a dar su contribución generosa para aliviar la pobreza de los hermanos de Jerusalén. Y recordándoles que Jesús, «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para que con su pobreza nos hagamos ricos» (ib 9), les invita a inclinar la abundancia propia sobre la indigencia ajena, porque «un día la abundancia de ellos remediará vuestra falta» (ib 14). En otras palabras, la limosna que alivia la miseria material de los desheredados, remedia la moral de los hacen dados o de cualquiera que la realice. La caridad, la benevolencia y la generosidad para con los pobres, obtiene de Dios el perdón de los pecados y enriquece para la vida eterna.

 

Perdóname, Señor, antes de que me vaya y de que no exista en adelante. Líbrame de los pecados antes de que me vaya, para no marchar con ellos. Perdóname para que descanse en mi conciencia y me exonere de la agitación de la angustia. Me preocupo de esta angustia debido a mi pecado.

Ante todo, perdóname para ser aliviado antes de que me vaya y de que no exista en adelante. Si no me hubieses perdonado para ser aliviado, marcharé y no existiré...

Oh Señor, contemplo aquella bienaventurada región, aquella patria, aquella casa en la que los santos participan de la vida eterna y de la inmutable verdad, y temo ir fuera de allí adonde no se hace presente el ser, y deseo estar donde está el sumo ser...

Perdóname para ser aliviado antes de que me vaya y ya no exista en adelante. Si no me perdonas los pecados, estaré sin ti eternamente. ¿A quién, pues, me encaminaré eternamente? Hacia aquel que dijo: «Yo soy el que soy»; hacia aquel que dijo: «Di a los hijos de Israel: El que es me envió a vosotros». Quien camina en sentido opuesto de aquel que es, se dirige al no ser. (San Agustín, In Ps 38, 22).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

viernes, 28 de junio de 2024

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: Oración del Jubileo y comentario espiritual

 




La oración fue compuesta por los capellanes del Santuario de Paray-le-Monial, con la participación de la parroquia, los Visitandinas, los Jesuitas y los empleados en misión del Santuario. Consta de tres partes: la introducción, las letanías y la peroración final.

La introducción

Señor Jesús, que revelaste a Santa Margarita María tu Corazón tan apasionado de amor por todos los hombres y por cada uno en particular.

La oración se dirige a Jesús y se expresa en primera persona del plural, porque la devoción al Sagrado Corazón es a la vez personal y eclesial. La primera frase recuerda el acontecimiento que conmemora el Jubileo: las Apariciones del Sagrado Corazón hace 350 años. Se refiere directamente a la primera gran Aparición, el 27 de diciembre de 1673, durante la cual Jesús declaró: “Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres, y por vosotros en particular”.

Hoy nos invitas a beber del manantial de tu Corazón, que permanece más abierto que nunca.

La segunda frase expresa la actualidad de la gracia experimentada en Paray y contiene una alusión al cántico de Isaías 12: “Exultantes de alegría, sacaréis agua de las fuentes de la salvación” (v. 3); versículo que dio nombre a la Encíclica del Papa Pío XII en 1956, Haurietis Aquas in Gaudio. El final retoma las palabras del Papa Juan Pablo II el 6 de enero de 2001, en la clausura de la Puerta Santa durante el Gran Jubileo del Año 2000 en Roma: “Con el cierre de la Puerta Santa, se cierra un símbolo de Cristo. Pero el Corazón de Jesús permanece más abierto que nunca”.

Las seis letanías

En este sacramento del amor que es la Eucaristía,

La segunda parte está introducida por la expresión “Sacramento de amor”, con la que el Señor designó la Eucaristía durante la gran Aparición de junio de 1675. Se compone de cinco letanías, que ponen a los peregrinos en la escuela de la experiencia espiritual de Santa Margarita María.

Te ofrecemos nuestros trabajos y nuestros cansancios: que encontremos en ti nuestro descanso.

En primer lugar, el 27 de diciembre de 1673, va a descansar largo tiempo sobre el Corazón de Jesús: “Me hizo descansar mucho tiempo sobre su divino pecho”. En una carta al padre Croiset, precisa que este reposo duró “varias horas”. Responde así a la llamada de Jesús en el Evangelio a descansar en su Corazón: “Venid a mí todos los que estáis agobiados por una pesada carga, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y haceos mis discípulos, porque soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”. (Mt 11, 28-29). El discípulo San Juan fue el primero en tener tal experiencia en la Última Cena (Jn 13, 25), hecho de tal importancia que el Evangelio vuelve a referirse a él después de la resurrección (Jn 21, 20). Muy pronto, los primeros cristianos asociaron a Juan con esta experiencia tan especial. En 180 d.C., Ireneo de Lyon escribió: “Entonces Juan, el discípulo del Señor, que descansaba sobre su pecho, publicó también el Evangelio, mientras vivía en Éfeso de Asia” (Contra las herejías III,1,1).

Te presentamos nuestros sufrimientos y nuestras heridas: consuélanos y cúranos;

En segundo lugar, el Corazón de Jesús es fuente de consuelo y curación. El Papa Francisco nos invita a acercar nuestras heridas a las heridas de Jesús. El himno de la primera epístola de Pedro aplica a Jesús lo que el profeta Isaías anunció en el cuarto poema del siervo sufriente: “Por sus llagas hemos sido curados” (Isaías 53,5 y 1 Pe 2,24). Lo que el Papa dice de todo santuario: “vamos a los santuarios para ser consolados” (Congreso de Rectores de Santuarios, noviembre 2023) se aplica de modo singular a Paray.

La analogía del Corazón con la imagen del sol y el horno durante la aparición de 1674 recuerda el versículo del profeta Malaquías “saldrá el Sol de justicia: traerá la curación en sus rayos” (Mal 3, 20) frecuentemente citado en la espiritualidad parediana.

Te mostramos nuestra dureza de corazón: haznos mansos y humildes;

En tercer lugar, el 27 de diciembre, Jesús pidió a Margarita María su corazón. “Le rogué que lo tomara, lo cual hizo, y lo puso en su adorable corazón, en el cual me lo mostró como un pequeño átomo que se consumía en aquel horno ardiente, del cual, retirándolo como una llama ardiente en forma de corazón, lo volvió a poner en el lugar de donde lo había sacado”. Con ello, el Señor cumple la promesa profetizada en Ezequiel: “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Os quitaré el corazón de piedra de vuestra carne y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y os haré andar según mis preceptos” (Ez 36,26-27). Jesús describe su Corazón como “manso y humilde” (Mt 11,29) y constata la dureza de corazón de sus interlocutores o de los discípulos (por ejemplo en Mt 19,8 o Mc 6,52).

Ponemos ante ti nuestras ingratitudes e indiferencias: que te devolvamos amor por amor;

En cuarto lugar, durante la aparición de 1674, Jesús se quejó de la falta de amor por parte de los hombres: “Me reveló las maravillas inexplicables de su amor puro, y hasta qué exceso le había llevado a amar a los hombres, de quienes no recibía más que ingratitud y desprecio”. Pidió a Margarita Maria que “devolviera amor por amor”, expresión utilizada varias veces por la Visitandina. Es también el tema elegido para este 350º Jubileo.

Te expresamos nuestra sed de amarte y de anunciarte: envíanos la fuerza de tu Espíritu Santo.

En quinto lugar, la devoción al Sagrado Corazón nos renueva en nuestro celo misionero para dar testimonio al mundo de este amor ardiente, que es lo que Margarita Mariay Claude La Colombière se propusieron hacer, cada uno según su propia vocación. “Mi divino Corazón es tan apasionado en su amor por los hombres, y por vosotros en particular, que no pudiendo ya contener en sí las llamas de su ardiente caridad, debe difundirlas por medio de vosotros, y manifestarse a ellos para enriquecerlos con sus preciosos tesoros que os descubro”, dijo Jesús durante la aparición de 1673. El tema de la sed asociada al amor está también muy presente en las apariciones. En una de sus cartas al padre Croiset, Margarita Maria decía que Jesús la había elegido como “instrumento para establecer esta devoción y atraer los corazones al amor de su adorable Hijo, que tenía una sed tan ardiente de ser conocido, amado y honrado por los hombres”.

La peroración final

Señor, nos consagramos a tu Corazón, horno ardiente de caridad

Finalmente, la tercera parte aparece como la culminación del movimiento espiritual de esta oración de consagración al Corazón de Jesús. Es bueno recordar que el lugar de la ofrenda es la Eucaristía, como dijimos antes. Consagrarse al Corazón de Jesús no es otra cosa que consagrarse a su persona, a Jesús mismo. Jesús habló de su Corazón a santa Margarita María como “el horno ardiente del amor puro” (carta a la madre de Saumaise). A lo largo de las apariciones, es el símbolo del fuego el que predomina, como en la aparición de 1674 reproducida en el fresco de la capilla de las Apariciones: “Jesucristo, mi dulce Maestro, se me presentó todo deslumbrado de gloria con sus cinco llagas, resplandecientes como cinco soles, y de esta sagrada Humanidad salían llamas por todas partes, pero especialmente de su adorable pecho, que parecía un horno; y habiéndose abierto, me reveló su Corazón todo amor y todo amor, que era la fuente viva de estas llamas. “

Haznos instrumentos que atraigan los corazones a tu Amor.

En el retiro de 1678, Margarita Maria anota esta afirmación de Jesús “Quiero que me sirvas de instrumento para atraer los corazones a mi amor”, que se recoge en nuestra oración.

Haznos arder en tu amor compasivo que nos haga testigos ante el mundo de este Corazón que tanto nos ha amado. Amén.

La petición de “arder en tu amor compasivo” se sitúa en el registro simbólico del fuego en el que se sitúa la experiencia espiritual de Margarita María, como acabamos de decir. Se trata de entrar en “los sentimientos que hay en Cristo Jesús” (Flp 2,5), en la compasión por las muchedumbres que embargaba su corazón: “Al ver a las muchedumbres, Jesús sintió compasión de ellas, porque estaban desamparadas y angustiadas, como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9,36). (Mt 9, 36). La oración termina con las palabras de junio de 1675, que parecen ser el culmen de la experiencia espiritual de santa Margarita María: “Este es el Corazón que amó tanto a los hombres que no escatimó nada hasta agotarse y consumirse para mostrarles su amor”.

Este comentario de la oración del jubileo ha sido realizado por los Padres Etienne Kern y Jean-Rodolphe Kars