Mostrando entradas con la etiqueta Virgen María. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Virgen María. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de octubre de 2026

MONSEÑOR LEÓN KRUK: Recemos el Santo Rosario en familia

 

Octubre: Mes del Rosario

7 de octubre: La Virgen del Rosario

Hace ya un año y medio que el Episcopado Argentino, preocupado por la situación del hombre, y en particular del hombre argentino, ha propuesto e iniciado un programa de acción pastoral en toda la Patria, con especial relación a la familia.

Retoma la doctrina siempre enseñada por la Iglesia, respecto al origen, carácter y fin de la sociedad, y que admirablemente ha sintetizado el Concilio Vaticano II en esta expresión: “LA MISIÓN DE SER LA CELULA PRIMERA Y VITAL DE LA SOCIEDAD, LA FAMILIA LA HA RECIBIDO DIRECTAMENTE DE DIOS” (Apost. Act. 11).

Por ser la familia la “célula primera y vital de la sociedad”, es lógico que si queremos una sociedad mejor, más recta, más justa, más santa, donde el “hombre no sea lobo para el hombre”, sino que el hombre sea “hermano” para el hombre, según la feliz expresión del Papa Pablo VI: “TODO HOMBRE ES MI HERMANO”, es lógico y natural que centremos nuestra atención y nuestra acción en la familia.

Todos los enemigos de la verdad, del amor, de la justicia, de la honestidad, en una palabra todos los enemigos de Dios y, por lo mismo, enemigos del hombre y de la sociedad, coinciden en un común denominador: desprestigiar, atacar, desintegrar, destruir y demoler la familia. Ése es su objetivo.

Una sociedad sin familias unidas, sin vida armónica, equilibrada, entre sus miembros, es una sociedad sin base, y el proceso de derrumbe toma una velocidad y un giro al parecer incontenibles. Eso es precisamente lo que quiere el enemigo del hombre.

El único que puede salvar es Dios. Nadie más. Los hombres ya han demostrado su fracaso y es tiempo de hacer un alto, recapacitar en serio y tomar decisiones audaces. Basta ya de ensayos y de inscribirse para “aprendices de brujos”.

A fin de que este propósito de la Iglesia en nuestra Patria pueda llevarse a cabo para bien de todos, es necesario que actualicemos aquel medio por el cual todo nos es posible: aquel medio sin el cual lo fácil se hace difícil y hasta lo posible se hace imposible. Hemos de convencernos de la necesidad de la oración, tal como estamos convencidos de otras “necesidades”, que a veces no son tales sino que nos la impone la “sociedad de consumo…”.

Se ha querido sintetizar en una frase, ya conocida, la trascendencia y la eficacia de la oración en orden a la familia: “FAMILIA QUE REZA UNIDA PERMANECE UNIDA”. Y una sociedad compuesta por familias unidas por la oración es una sociedad también unida. Y contra una sociedad unida no hay enemigo ni fuerza capaz de destruirla.

Dice el Vaticano II que la familia cumplirá su misión de ser “la célula primera y vital de la sociedad, si por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios, se ofrece como santuario doméstico de la Iglesia” (Apost. Act. 11).

La proximidad del mes del Rosario y luego el mes de María, nos ofrece una magnífica oportunidad para iniciar una intensa campaña de oración en familia. Con el santo Rosario se han ganado importantes batallas con el mal. Al mal de nuestro tiempo lo venceremos con esta arma espiritual, sencilla, pero eficacísima. A la Virgen María le fue dicho de parte del Señor que “para Dios nada hay imposible” (Luc. 1, 37)

Dice el Papa Pablo VI: “María siempre es camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con ella no puede menos que terminar en un encuentro con Cristo mismo” (30 de mayo de 1965).

Empecemos por unirnos en la oración en familia, lo demás vendrá por añadidura. Durante los meses de Octubre y Noviembre, que las familias en pleno, o cuando sea posible, por lo menos todos los miembros que puedan participar en el rezo del santo Rosario, lo hagan en común. También pueden unirse dos o tres familias, o distribuirse los misterios del Rosario entre varias de ellas de modo que entre todas completen un rosario cada día.

Que la Virgen del Rosario nos alcance la tan anhelada paz y progreso para el mayor bien de toda la familia argentina.

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael”),

Ediciones Nihuil, 1988, pags. 66-68)

 



domingo, 27 de septiembre de 2026

SANTO PADRE PÍO: El papel de la Virgen María en el sacerdocio del Padre Pío

 

El Papa Benedicto XVI, al hablar de la conexión entre la Virgen María y el sacerdocio, afirma que «es una conexión profundamente arraigada en el misterio de la Encarnación [...]. María está verdadera y profundamente involucrada en el misterio de la Encarnación, de nuestra salvación. Y la Encarnación, el hecho de que el Hijo se hiciera hombre, tuvo desde el principio el propósito de entregarse a sí mismo; de entregarse con gran amor en la Cruz, para convertirse en pan para la vida del mundo. Así, sacrificio, sacerdocio y Encarnación van de la mano, y María está en el centro de este misterio» (1).

Santísima María, como Madre de Dios, concibió, engendró, alimentó, presentó a Cristo Sacerdote al Padre y sufrió con Él (2), y por esta razón el Sacerdocio de Cristo es inseparable de la divina Maternidad de María. No solo es inseparable, sino que -afirma el Papa- «María está en el centro» del misterio de la Encarnación y del Sacrificio sacerdotal de Cristo; es parte integral de él, no accidental.

El sacerdocio de Cristo es compartido, a través del sacramento del Orden Sagrado, por todos los sacerdotes, de modo que la unión que existe entre Cristo y la Santísima Madre también es compartida por los sacerdotes, en virtud del hecho de que el sacerdocio mismo, ontológica e intrínsecamente, es inseparable de la Virgen Madre.

Esta unión entre la Santísima Virgen María y los sacerdotes fue establecida por Cristo mismo en la cruz cuando confió a su Madre a Juan, el discípulo amado y primicia virginal del sacerdocio. Si bien es cierto que en esta confianza Juan representa a toda la humanidad, también lo es que representa ante todo a los sacerdotes. Benedicto XVI afirma además: «Antes de morir, Jesús ve a su Madre al pie de la cruz; y ve a su amado Hijo, y este amado Hijo es ciertamente una persona, un individuo muy importante, pero es más: es un ejemplo, una prefiguración de todos los discípulos amados, de todas las personas llamadas por el Señor a ser “discípulos amados” y, por consiguiente, de manera particular, también de los sacerdotes. [...] El Evangelio nos dice que San Juan, el hijo amado, acogió a su madre María “en su propia casa” [...]. Acoger a María consigo significa introducirla en el dinamismo de toda su existencia -no es algo externo- y en todo lo que constituye el horizonte de su propio apostolado» (3).

Incluso san Juan Pablo II, durante su pontificado, habló en varias ocasiones de esta estrecha relación que existe entre María y cada sacerdote, en virtud de la profunda unión que ella tuvo con el Hijo de Dios y su sacerdocio redentor. Les recuerda a todos los sacerdotes: «En nuestro sacerdocio ministerial existe la estupenda y profunda dimensión de cercanía a la Madre de Cristo. Tratemos, pues, de vivir esta dimensión» (4).

San Pío de Pietrelcina, un sacerdote estigmatizado perfectamente configurado a Cristo, vivió también plenamente la dimensión mariana del sacerdocio de Cristo, encontrándose en Ella y con Ella en la ofrenda del Sacrificio del Calvario y en la profunda participación de la inmolación de Cristo (5).

Nuestra Señora estuvo presente ante todo en la interioridad del santo, pero también fue parte integral de su misión sacerdotal en favor de las almas. Él verdaderamente acogió a María en “su propia casa”, introduciéndola “en el dinamismo de toda su existencia y en todo lo que constituía el horizonte de su apostolado”. Él mismo afirma, hablando con el padre Pellegrino Funicelli: «Sabed que en mis acciones y movimientos nunca he tenido ninguna referencia que fuera mínimamente terrenal. [...] En mi acción sacerdotal he tenido un solo ejemplo, un solo punto de referencia: Nuestra Señora» (6). 

Y de nuevo al padre Pellegrino, quien le preguntó cómo podía conciliar tanto recogimiento en la oración con su incesante actividad en el confesionario y en todas las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, el padre Pío respondió: «Siento y creo que soy, incluso en mi indignidad, hijo de Nuestra Señora. Y ya te he dicho muchas veces que la Madre Celestial es el vínculo entre Dios y la humanidad. Es Ella quien crea mi campo de acción y la atmósfera, es Ella quien me da oxígeno, es Ella quien con sus perfumes casi me exalta y me hace parecer dotado de espíritu. Me siento como un pequeño velero, impulsado por el aliento de la Madre Celestial. Aun perdido en alta mar, estoy en calma. No sé cómo empiezo, ni puedo decir cómo termino en las diversas empresas, pero no me siento inseguro porque Ella me guía espiritualmente (7).

En estos valiosos testimonios, que debemos a la audacia y la pluma de Funicelli, queda claro el papel fundamental que desempeñó la Virgen María en la vertiginosa labor de San Pío en favor de las almas, y cuánto dependía de ella, sintiéndose guiado y fortalecido en todo. Existe un parentesco entre San Pío de Pietrelcina y San Maximiliano Kolbe, el mártir polaco que hizo de la devoción y la consagración a María el centro de su camino como sacerdote franciscano, fundando las Ciudades de la Inmaculada y la Milicia de la Inmaculada. Es evidente que, si bien San Pío no escribió ni habló sistemáticamente sobre la consagración a la Inmaculada, vivió plenamente su espíritu, tanto en su interior como en su ministerio sacerdotal.

Un día, el padre Pellegrino le preguntó: «“¿Pero de dónde sacas tanta fuerza?”. Y él me respondió sencillamente: “De la Virgen María: es Ella quien me da una bebida especial que me hace sentir siempre fuerte y siempre preparado [...]. Tengo la impresión de que es Ella quien empieza a hacerlo todo por mí. Su sonrisa maternal me anima a permanecer siempre al servicio de este mundo, del que quisiera partir. Permanezco, y espero permanecer siempre activo, gracias a la fuerza que recibo de Ella”» (8).  

 

Notas

1) Benedicto XVI, Audiencia General del 12 de agosto de 2009.

2) Cf. Lumen gentium, n. 61.

3) Benedicto XVI, Audiencia General del 12 de agosto de 2009.

4) Juan Pablo II, Carta del Jueves Santo de 1979.

5) Para un tratamiento oportuno y original de este tema: Hermana M. Immacolata Savanelli, FI, La connotación mariana de la espiritualidad corredentora de San Pío de Pietrelcina, EDUSC, Roma 2017, cap. II y VIII.

6) Padre Marcellino IasenzaNiro, Padre Pío habla de la Virgen, San Giovanni Rotondo 2008, pp. 206-207.

7) Ibíd., pág. 210.

8) Ibíd., págs. 212-213.

 

Escrito por la Hermana M. Gabriella Iannelli, FI, Semanario del Padre Pio, No. 26/2022.


domingo, 6 de septiembre de 2026

VIRGEN MARÍA: Virgen de las Lágrimas (Salta, Argentina)

Detalle del lienzo original.
 

La Ciudad de Salta es la Capital de la Provincia de Salta y se ubica en la Región del Noroeste Argentino (NOA). A una altura de 1.187 metros sobre el nivel del mar y enclavada en el Norte del Valle de Lerma, la Ciudad se destaca por una fisonomía hispano-colonial y la hace el destino favorito del turismo nacional e internacional. Su perfil urbano está delineado por edificaciones bajas, calles y veredas angostas; todo paisajísticamente enmarcado por los cerros y montañas circundantes.

En el centro de la ciudad encontramos la Catedral Basílica de Salta, además de ser una verdadera expresión de riqueza arquitectónica es sobre todo el símbolo y la manifestación de la fe de todos los que peregrinan en esta Iglesia Particular de Salta. El Santuario resguarda las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, los patrones de la ciudad de Salta, quienes cada 15 de septiembre reciben miles de devotos de todas partes para renovar el Pacto de Fidelidad.

Entre las imágenes que encontramos en ella se destaca una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción, pintada al óleo de 30x25 cm, copia original de una de las versiones del pintor italiano Giovanni Battista Salvi da Sassoferrato de “La Madonna” renacentista.

Pocos conocen que ese diminuto cuadro es el lienzo donde se manifestó otro portentoso prodigio en el año 1749. La Virgen de las Lágrimas es uno de los milagros acontecidos en Salta el 4 de agosto de 1749, en los preludios de la renovación del Pacto de Fidelidad.

Lienzo original con su marco de plata.
Fue el padre Juan Arisaga el primer testigo de este hecho. El cuadro era de su devoción personal. La imagen presentaba su cara, sus ojos, el cuello y el resto de la superficie, bañados en “una especia de agua clara y cristalina, que causó en el padre, a primera vista, mucha ternura y admiración”, relata la respuesta del rector del colegio de la compañía de Jesús, el padre Pedro Lizoain, a un exhorto elevado por el cabildo.

Recurrió a la ayuda del padre Alberto Araoz, y limpiándole el sudor con “unos algodones y un poco de bretaña”, afirmó en presencia de “curiosos y admirados”: “Veamos si mañana sucede lo mismo, y si sucediere, digo que es una cosa maravillosa”. Al otro día, en horas de la noche, el padre Juan repara en que la imagen “estaba no solo bañada como la noche antecedente, sino que era mayor y copioso el sudor en el cuello, menos en el rostro y lo restante del cuerpo”.

Esta escena de milagro se desarrolló en uno de los cuartos que estaban más preservados de la humedad en todo el Colegio y el aire que corría esos días era propio “para no conservar la humedad, sí para desecar la que había”. En efecto, los colores de la imagen presentaban un calor inusual y no se habían movido, así como tampoco el sudor había borrado o desfigurado la imagen.

Retiraron la imagen y se dieron cuenta que el espaldar o bretaña que servía de refuerzo y tocaba inmediatamente la pared, y la pared misma estaba seca. Llamaron entonces al padre Gabriel Gutiérrez, famoso maestro y pintor, para que estudiara si alguna causa natural pudiera explicar tal suceso y no se encontró ninguna.

Baldaquino de la antigua
Sede Episcopal 
donde
 se expone el lienzo original.
El día 6 de agosto, la imagen continúo mostrando el mismo prodigio. El día 7 de agosto amaneció “rociada con las mismas gotas de la noche anterior, presentando al día siguiente, el 8 de agosto, unos puntos resplandecientes como estrellitas menudas”, según las vivencias del Mons. Julián Toscano Zelayarán. Ese día, en horas de la tarde, se expuso la imagen a la pública veneración de la iglesia y se dio principio a una misión y novena a Nuestra Señora.  

El 13 de septiembre de 1952, en el cabildo histórico, se realizó la emocionante ceremonia de coronación de la Virgen de las Lágrimas y luego se la llevo en procesión solemne a la Iglesia Catedral. 

Hoy se encuentra con altar propio en la nave lateral derecha –“nave de la Virgen”– solemnizada bajo el baldaquino que anteriormente adornaba la entonces sede episcopal junto al altar mayor. Desde aquí acompaña con su silencio la devoción permanente que caracteriza al Santuario durante todo el año.

Cada 5 de agosto se celebra su día litúrgico. En este día Salta recuerda el hecho milagroso ocurrido en 1749, cuando la imagen de la Virgen comenzó a “sudar” gotas cristalinas. Este fenómeno marcó profundamente la historia de fe de la provincia de Salta y de sus muchos devotos de todo el territorio argentino.


Oración a la Virgen de las Lágrimas de Salta

¡Oh, excelsa y amorosa Madre de las Lágrimas!

Tú que en el año de 1749 quisiste manifestar el dolor y la ternura de tu Inmaculado Corazón sobre nuestra tierra salteña, bañando tu rostro en gotas cristalinas de amor y clemencia.

Vengo hoy a postrarme ante tu altar con el alma abatida por las penas de este mundo.

Mira, Madre bondadosa, mis aflicciones, mis debilidades y el peso de mis culpas.

Intercede por nosotros ante tu Hijo Santísimo, Jesucristo, para que nos conceda:

Un arrepentimiento sincero de nuestros pecados.

La gracia de la conversión verdadera.

El consuelo en medio de la prueba.

Que tus lágrimas sagradas laven nuestras durezas y enciendan en nuestros corazones la fe y la esperanza.

Acompáñanos siempre, oh dulce Protectora, y guía nuestros pasos por el camino de la paz hasta alcanzar la patria celestial.

Amén.

 

Altar propio de la Virgen de las Lágrimas en la
nave lateral derecha de la catedral de Salta, Argentina,
nave comúnmente conocida como “Nave de la Virgen”.

sábado, 15 de agosto de 2026

MONSEÑOR LEÓN KRUK: Está en la tierra porque está en el Cielo

 

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

En todo el proceso de la historia de nuestra salvación, a partir del instante mismo del castigo que Dios infligiera a nuestros padres por el primer pecado, hay toda una serie de personajes, acontecimientos e incluso “cosas” que son como hitos, como señales, como puntos de referencia -hoy diríamos: indicadores de ruta- por los que de un modo normal y natural Dios va llevando adelante su plan de redimir a la humanidad. Sin forzar, sin violentar el desarrollo de la historia de los hombres, Dios va realizando su propia historia a través -y aun, a veces, a pesar- de los hombres.

El hecho de que, así como por una mujer seducida por el diablo el hombre perdió todos los bienes, del mismo modo también Dios quisiera que por una Mujer “llena de gracia” (Luc. 1,28), los recuperara -y hasta cierto sentido los acrecentara según aquella famosa expresión de San Agustín: “Oh feliz culpa que nos mereció tan extraordinario Redentor”-, no es un hecho intrascendente.

Por este motivo, la Santísima Virgen María ocupa en el plan de Dios no sólo un lugar destacado, sino un lugar único y una misión irremplazable. La Virgen María no sólo tiene real significación e importancia en un momento determinado, como el común de los mortales que actúan en un preciso momento de tiempo y en un lugar específico. Por ser irremplazable, una vez dado su consentimiento para ser la Madre de Dios, el plan redentor ya no puede llevarse a cabo prescindiendo de Ella, relegándola y minimizándola como para diluir la necesidad y la eficacia de su acción hoy en la Iglesia.

A lo que Dios Padre le ha dado tanta importancia -la necesidad de una Madre para su Hijo Jescristo- no lo podemos considerar como cosa de poca monta. A la que Dios mismo ha honrado, preservándola del pecado original, y a la que con su cooperación a la gracia divina jamás ha cometido ni la más leve falta siendo realmente la “llena de gracia”, no podemos deshonrarla con pueriles y hasta heréticas sutilezas, sugiriendo que Dios se sentiría “ofendido” (!), enojado (?), si nosotros le damos mucha importancia a la Santísima Virgen.

Es como si por mucho honrar a la Virgen María alguien fuera a condenarse; o como si el amor que podamos tributar a la Madre fuera en desmedro de su Hijo; o como si la Virgen fuera tan egoísta que se quedara Ella con lo que quizá, en algún caso por ignorancia, no suficiente conocimiento, o por entusiasmo ingenuo de almas simples y nobles, se le tributa a Ella y que corresponde a Dios; y como si Ella fuera tan impotente que no pudiera encauzar todo a la mayor alabanza de la Trinidad y bien de las almas. Puede haber desviaciones; sería tonto negarlas.  Pero estas desviaciones no se corrigen suprimiendo uno de los términos, sino canalizando rectamente las prácticas cristianas. Eso es lo que ha querido el reciente Concilio.

Cuando Jesús después de su Resurrección ascendió a los cielos junto al Padre no ha sido para ausentarse y desentenderse de los hombres y sus problemas. Cuando Dios llevó a los cielos a la Virgen María en cuerpo y alma no ha sido para anular su influencia y acción sobre las almas, sino precisamente para hacerla ganar en universalidad de tiempo y lugar.

Con la Asunción de la Virgen a los cielos, cuya Fiesta celebramos hoy, no ha culminado y acabado el proceso de la Redención, ya que con su Hijo la Madre es corredentora. La Redención se sigue operando en cada alma. La co-redención también.

Esta Fiesta de la Santísima Virgen María llevada a los cielos debe llenarnos de gozo. Debemos aplaudir y aclamar con júbilo a nuestra Madre. Ella sigue siendo no sólo un signo, un recuerdo, un “agregado” en nuestra fe, en nuestra devoción, sino un elemento del cual no se puede prescindir en la Iglesia católica. Es más, no sería la verdadera Iglesia de Cristo la que no honrara y venerara a su Madre, como la sigue honrando Él mismo al tenerla en el cielo, sin que por eso nos la haya quitado de la tierra. La más absoluta seguridad de que la tenemos en la tierra es por que está toda Ella en el cielo.

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael”,

Ediciones Nihuil, 1988, pags. 65-66)

domingo, 9 de agosto de 2026

VIRGEN MARÍA: Bartek Krakowiak, de una increíble historia de conversión a vandalizar el santuario de Medjugorje

 

Luego de los ataques vandálicos en el famoso santuario mariano de Medjugorje, en Bosnia y Herzegovina, fue detenido Bartłomiej Włodzimierz Krakowiak, un ciudadano polaco de 31 años, como presunto autor material del hecho.

Krakowiak fue apresado en la aldea de Cerno, cerca de Ljubuški, poco después del incidente. Un joven local —Ivan Vučić— lo reconoció, lo capturó y lo retuvo para luego entregarlo a las autoridades. La justicia bosnia le acusa de dañar o destruir bienes religiosos, por lo que podría recibir una pena de entre seis meses y cinco años de cárcel.

Este jueves, se celebró una audiencia en la que la fiscalía propuso ordenar prisión preventiva contra el acusado “por temor a que se fugue o repita el delito”, según reportó el medio local Avaz.

El fiscal informó que Krakowiak “no se arrepintió durante el interrogatorio” y expresó que con los ataques buscaba demostrar “que las visiones son un fraude y que todo es una invención”. El ciudadano polaco se negó a contar con un abogado durante la audiencia y, según los medios locales, dijo que quería permanecer en prisión.

Una infancia complicada

Increíblemente, “Bartek” —un diminutivo común para su nombre en Polonia— tiene su propia historia de conversión en Medjugorje, la cual contó en una película estrenada en 2024: Llamado 2, producida por la Fundación Cinematográfica Powołany.

Al compartir su testimonio, Bartek recuerda que proviene “de una familia con antecedentes de alcoholismo”, una enfermedad que sufrieron su bisabuelo, su abuelo y su padre. “Por eso, desde muy joven, pensé que era normal”, señaló.

Su padre era “muy agresivo” y abusaba de él. Entonces comenzó a sentirse “más a gusto” en la calle, por lo que empezó a escaparse de casa. En medio de un ambiente de pobreza y todo tipo de carencias, las golpizas de su padre se hicieron peores, hasta que eventualmente su madre decide separarse y mudarse.

“También me convertí en una persona muy peculiar porque descargaba toda la ira que llevaba dentro en los demás. Quería que la gente sufriera tanto como yo”, expresó Krakowiak.

Reparación de la Imagen luego del vandalismo

A los 18 años, conoció a una chica que poco después quedó embarazada. Bartek asegura que este embarazo le hizo sentir “amor incondicional por primera vez”, marcando un antes y un después en su vida. Lamentablemente, su novia sufrió un aborto espontáneo al sexto mes.

“Fue entonces cuando comprendí que lo que mi padre había dicho —que no merecía amor, que nunca lograría nada, que no valía nada— era cierto. Fue entonces cuando me hundí aún más en el alcoholismo, las drogas y la violencia”, comentó.

En medio de la desesperación y el resentimiento hacia Dios y su familia, Bartek tomó la decisión de quitarse la vida: “Tenía muchísimas deudas, depresión y ansiedad. Sabía que ese día lo haría, y recuerdo el momento en que abrí la ventana y dejé de tener miedo”.

“Estoy contigo”: viaje a Medjugorje

Al borde de la ventana, ya sin temor al sufrimiento que dejaría tras su partida, Bartek recibió una notificación en su teléfono: un rapero había lanzado una nueva canción titulada Estoy contigo.

La canción trataba sobre el amor de Jesucristo y su cercanía en los momentos de más dificultad. “Que superaré esto, que me ama, que lucha por mí y que me desea. Fue una experiencia tan poderosa, tan poderosa para mí, que cerré la ventana y simplemente tuve una gran esperanza en mi corazón de que algo cambiaría”, recordó Bartek.

Después, ya habiéndose abandonado a la voluntad de Dios, a quien sólo pedía que le hiciera feliz, oyó en su interior —no sabe cómo describirlo— la palabra “Medjugorje”. Comprendió entonces que “debía ir allí” y que, a través de ese viaje, Dios transformaría su vida. Sin demoras, se empezó a preparar para el viaje de más de 1.300 kilómetros.

“Durante este viaje, experimenté una poderosa presencia de Dios. Simplemente sentí su presencia física, que estaba conmigo. En ese tiempo, ocurrieron milagros extraordinarios en mi vida y vi cosas que jamás había visto”, dijo.

“Recuerdo haber cruzado el letrero de Medjugorje y, por primera vez en mi vida, me sentí orgulloso de mí mismo. Por primera vez en mi vida, me sentí orgulloso de quién era, de lo que era. Y aunque aún tenía mucho que asimilar y experimentar, simplemente llegué a conocer al Dios vivo, al Cristo vivo, que existe, que resucitó de entre los muertos”, agregó.

Tras regresar de Medjugorje se dedicó “a evangelizar, servir y acercar a la gente a Dios”, tratando de mostrarles que “los ama, que lucha por ellos y que hay esperanza”. Para el momento del estreno de la película, Bartek aseguraba que llevaba cinco años de casado y tres siendo padre.

El santuario restaurado en tiempo récord

El santuario de Medjugorje informó el 28 de julio que la imagen de Nuestra Señora que fue vandalizada en la colina de las presuntas apariciones ya fue completamente recuperada, gracias a la labor de la comunidad parroquial y miembros de la Comunidad Cenacolo.

Además, también fue recuperado el altar exterior de la parroquia de Santiago Apóstol, por lo que las jornadas de oración han continuado con normalidad.

“El santuario permanece abierto a todos los peregrinos. El programa de oración continúa desarrollándose con normalidad y todos los espacios están siendo limpiados y acondicionados con rapidez para que vuelvan a ser un lugar de oración y de encuentro con el Señor, por intercesión de la Reina de la Paz”, informó la Oficina Parroquial en un comunicado.

“De manera especial, invitamos a todos los fieles a responder a este acontecimiento tal como la Virgen nos ha enseñado durante más de cuarenta años en Medjugorje: con oración, ayuno y perdón”, añadió.

Cabe destacar que el Vaticano aprobó la “experiencia espiritual” que se vive en Medjugorje, sin reconocer la sobrenaturalidad de las supuestas apariciones.

Fieles en oración ante la Virgen luego de su restauración.

(Artículo original de “ACI Prensa”, escrito por Andrés Henríquez, y publicado el 30 de julio de 2026. Derechos reservados EWTN News, Inc.)


domingo, 21 de diciembre de 2025

MONSEÑOR LEÓN KRUK – ADVIENTO: Cristo tiene derecho a tu respuesta

 

Próxima ya la Fiesta de Navidad, la liturgia de este Domingo nos hace meditar sobre la Madre de Jesús, la siempre Virgen María, y lo intenta con el relato de la conmovedora escena del anuncio, de parte de Dios, por medio del ángel, del misterio de la Encarnación.

Innumerables veces lo hemos leído y releído, y hasta casi lo sabemos de memoria, palabra por palabra, y no obstante, cada vez que volvemos a leer esa simple, pero magnífica historia, es imposible no emocionarnos. Podría decirse que nunca la aprenderemos de memoria, como otras historias, porque el misterio que anuncia es inagotable, y tiene relación con nuestra vida personal. En efecto, es imposible considerar o recordar la venida de Cristo a este mundo, para devolver a Dios la gloria que el pecado le pretendió quitar, sin aplicarnos a nosotros ese relato.

No es una historia impersonal. La venida y la presencia de Jesús en la historia de los hombres implica un juicio sobre nuestra conducta: “Si yo no hubiera venido y no hubiera hecho entre ellos la obras que ningún otro realizó, no tendrían pecado” (Jn 15,24). De modo que, en definitiva, todo lo malo que nos acontece es, querámoslo o no, porque no aceptamos a Jesucristo, no aceptamos a Dios, ya que lo que hay de malo en nosotros o es pecado o fruto del pecado. La presencia de Cristo no puede dejarnos indiferentes.

Así la consideración, por una parte, del amor misericordioso de Dios, amor que da y se da todo entero, amor que no busca su propio bien sino el de los demás, ¿no te hace pensar, hermano, sobre qué entiendes por amor, como lo vives o practicas? ¿No es la más de las veces egoísmo, interés, que no va hacia el necesitado, sino que pretende poner a todos a su servicio? Cuando ves cómo Dios toma la iniciativa y respeta la libertad de la Virgen, hasta el punto que fue necesario que ella dijera: ¡Sí! ¡Hágase en mí tu voluntad!, para que el Hijo de Dios empezara su existencia humana en el seno de María, ¿ello no te hace pensar en tu comportamiento con los demás?

¡Cuántas veces quieres imponer tus criterios, tus puntos de vista, tus opiniones, tus conveniencias! Cuando ves que Dios se digna ofrecer una prueba de su poder a una pobre criatura, demostrando que para El nada hay imposible, ¿no se te ocurre pensar que con su ayuda nada te puede resultar imposible, aunque te cueste cumplir con la ley de Dios? ¿No es muchas veces el hombre el “intransigente” en sus reclamos y no la Iglesia que no “afloja”, que no puede “aflojar” en ciertas cosas?

Y, por otra parte, cuando vemos la disponibilidad de la Virgen María, y cómo la gracia de Dios realmente “obró maravillas” en ella, ¡no cuestiona esto nuestra rebeldía, ese nuestro no querer dar “el brazo a torcer”? ¡Cuánto bien, cuánto apostolado se deja de hacer porque siempre ofrecemos alguna excusa para ello, nunca tenemos tiempo, o lo postergamos para más adelante, para una mejor oportunidad, etc, etc.! Y mientras tanto, los enemigos avanzan: ellos siempre tienen tiempo, siempre están dispuestos, nunca se cansan. A ejemplo de la Virgen, aprendamos a decir siempre ¡Sí! A Dios. En esta Navidad ¿qué cosa costosa te está pidiendo Dios? ¡A qué cosa o actitud tienes que renunciar?

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.155-156)

lunes, 8 de diciembre de 2025

HOMILÍAS CAMPERAS (audios): Inmaculada Concepción de la Virgen María

 


Homilía pronunciada el martes 8 de diciembre de 2020 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, en el Monasterio de la Encarnación de las Hermanas Pobres Clarisas de Valdemoro, Madrid, España.

Homilía basada en “Domingueras Prédicas 1”, del Padre Leonardo Castellani, Editorial Jauja, Mendoza, 1997, págs. 339-343.

                     ***

“Homilías Camperas” es un ciclo de homilías pronunciadas por el Padre José Antonio Medina, basadas en textos originales del Padre Leonardo Castellani, principalmente de su libro “Domingueras Predicas”, que es una recopilación póstuma de sus sermones según las dos ediciones (1997 y 1998) publicadas por Ediciones Jauja, Mendoza, República Argentina.

El nombre de “Camperas” es un guiño a uno de los libros más emblemáticos del Padre Castellani, que fue el primer gran escritor argentino que se atrevió a abordar este género. Señala Hugo Wast: “Sus fábulas no se parecen a las de nadie; son cosa propia de él, mejor dicho, son cosa nuestra”.

Leonardo Luis Castellani, nació en Reconquista, provincia de Santa Fe, Argentina, el 16 de noviembre de 1899 y falleció en Buenos Aires, el 15 de marzo de 1981, fue un sacerdote católico, escritor y periodista que escribió ensayos de temática religiosa, filosófica y socio-política, novelas, cuentos y poesía.

viernes, 15 de agosto de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Santoral: La Asunción de la Virgen María

Fra Angelico - The Dormition and
Assumption of the Virgin
(detalle), 1424-1434.
 

“Todas las generaciones te llamarán bienaventurada, porque ha hecho en ti cosas grandes el Todopoderoso” (Lc 1, 48-49).

“Una señal grandiosa apareció en el cielo: una mujer con el sol por vestido, la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas” (Antífona de Entrada de la Santa Misa de la Asunción). Así saluda la liturgia a María asunta al cielo aplicándole las palabras del Apocalipsis (12, 1) que se leen hoy también en la primera lectura. En la visión profética de Juan esa mujer excepcional aparece esperando un hijo y en lucha con el “dragón”, el eterno enemigo de Dios y de los hombres. Este cuadro de luz y de sombras, de gloria y de guerra lleva a pensar en la realización de la promesa mesiánica contenida en las palabras dirigidas por Dios a la serpiente engañadora: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza” (Gn 3, 15).

Todo esto se realizó por medio de María, la Madre del Salvador, contra el que se precipitó Satanás, pero del que éste fue definitivamente vencido. Cristo, hijo de María, es el Vencedor, sin embargo, para que la humanidad pueda gozar plenamente de la victoria conseguida por él, es necesario que, como él, sostenga la lucha. En este duro combate el hombre es sostenido por la fe en Cristo y por el poder de su gracia; pero también lo es por la protección materna de María que desde la gloria del cielo no cesa de interceder por cuantos militan en seguimiento de su Hijo divino. Ellos vencerán en virtud de la sangre del Cordero (Ap 12, 11), la sangre que le fue dada por la Virgen Madre. María dio el Salvador al mundo; por medio de ella, pues, “llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías” (ib 10). Así sucedió porque tal ha sido “la voluntad del que ha establecido que lo tuviésemos todo por medio de María” (San Bernardo, De aquad, 7).

Mientras la visión apocalíptica muestra al hijo de la mujer arrebatado y llevado junto al trono de Dios -alusión a la ascensión de Cristo al cielo- presenta a la mujer misma en fuga a “un lugar preparado por Dios” (Ap 12, 5-6), figura de la asunción de María a la gloria del Eterno. María es la primera mujer en participar plenamente en la suerte de su Hijo divino; unida a él como madre y “compañera singularmente generosa” que “cooperó de forma enteramente impar” a su obra de Salvador (Lumen Gentium 62), comparte su gloria, asunta en cuerpo y alma al cielo.

El concepto expresado por la primera lectura es completado por la segunda (1 Cor 15, 20-26). San Pablo hablando de Cristo, primicia de los resucitados, concluye que un día todos los creyentes tendrán parte de su glorificación. Pero en diferente grado: “Primero Cristo como primicia; después, todos los cristianos” (ib 23). Y entre “los cristianos” el primer puesto pertenece sin duda a la Virgen, que fue siempre suya porque jamás estuvo ajada por el pecado. Es la única criatura en quien el esplendor de la imagen de Dios nunca fue ofuscado; es la “inmaculada concepción”, la obra intacta de la Trinidad, en la que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han podido siempre complacerse, recabando de ella una respuesta total a su amor.

La respuesta de María al amor de Dios resuena en el Evangelio de este día (Lc 1, 39-59), tanto en las palabras de Isabel que exaltan la gran fe que ha llevado a María a adherirse sin vacilación al querer divino, como en las de la misma Virgen que entona un himno de alabanza al Altísimo por las cosas grandes que ha hecho en ella. María no se mira a sí misma sino para reconocer su pequeñez, y de ésta se eleva a Dios para glorificar su dignación y misericordia, su intervención y su poder en favor de los pequeños, de los humildes y de los pobres, entre los cuales se coloca ella con suma sencillez. Su respuesta al amor inmenso de Dios que la ha elegido entre todas las mujeres para madre de su Hijo divino es invariablemente la dada al ángel: “Aquí está la esclava del Señor” (ib 38).

Para María ser esclava significa estar totalmente abierta y disponible para Dios: él puede hacer de ella lo que quiera. Y Dios, después de haberla asociado a la pasión de su Hijo, la ensalzará un día realizando en ella las palabras de su cántico: “derriba del solio a los poderosos y enaltece a los humildes” (ib 52); pues la humilde esclava, en efecto, “fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial…, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de los señores” (Lumen Gentium 59). En María asunta al cielo la cristiandad entera tiene una poderosa abogada y también un magnífico modelo. De ella aprenden todos a reconocer la propia pequeñez, a ofrecerse a Dios en total disponibilidad a sus quereres y a creer en el amor misericordioso y omnipotente con fe inquebrantable.

 

“¡Oh amor de María, oh ardiente amor de la Virgen!, eres demasiado ardiente, demasiado vasto…, un cuerpo mortal no puede contenerte; es demasiado abrasado tu ardor para que pueda ocultarse bajo esta pobre ceniza. Ve…, brilla en la eternidad; ve, arde, quema delante del trono de Dios…, apágate aquí y multiplícate en el seno de este Dios, único capaz de contenerte! (J. B. Bossuet, La Asunción de la Virgen, 1, 1).

“¡Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y madre de los hombres! Nosotros creemos con todo el fervor de nuestra fe en tu asunción triunfal en cuerpo y alma al cielo, donde eres aclamada Reina por todos los coros de los ángeles y todos los ejércitos de los santos; nos unimos a ellos para alabar y bendecir al Señor, que te ha ensalzado sobre todas las demás puras criaturas, y para ofrecerte las aspiraciones de nuestra devoción y de nuestro amor.

Sabemos que tu mirada, que acariciaba maternalmente la humanidad abatida y doliente de Jesús en la tierra, se sacia en el cielo con la vista de la humanidad gloriosa de la Sabiduría increada y que la alegría de tu espíritu al contemplar cara a cara a la adorable Trinidad hace a tu corazón estremecerse de beatificante ternura; y nosotros, pobres pecadores, nosotros a quienes el cuerpo corta el vuelo del alma, te suplicamos purifiques nuestros sentidos, para que aprendamos desde aquí abajo a gustar a Dios, a Dios sólo, en el encanto de las criaturas.

Confiamos que tus ojos misericordiosos se inclinen sobre nuestras miserias y sobre nuestras angustias, sobre nuestras luchas y sobre nuestras debilidades, que tus labios sonrían compartiendo nuestros gozos y nuestras victorias; que escuches a Jesús decirte de cada uno de nosotros, como en otro tiempo del discípulo amado: “Ahí tienes a tu hijo”. Y nosotros que te invocamos como Madre nuestra, te tomamos, como Juan, por guía, fuerza y consuelo de nuestra vida mortal.

Desde esta tierra, donde peregrinamos, confortados por la fe en la futura resurrección, miramos hacia ti, nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza. Atráenos con la dulzura de tu voz, para mostrarnos un día, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ¡oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María” (Su Santidad Pío XII, Papa).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

miércoles, 13 de agosto de 2025

VIRGEN MARÍA: Nuestra Señora de Luján

 

Documental que narra la historia de la Virgen de Luján y su Santuario, como así también la evolución de la Villa y luego la ciudad de Luján, que nació y creció alrededor de la imagen de María.

Se trata en imágenes, música y palabras, la permanente y estrecha vinculación de la Virgen con el pueblo y los principales acontecimientos religiosos ocurridos con su aparición.

Se registra el fenómeno de la religiosidad popular que produce la devoción mariana y se presentan otros interesantes aspectos de ese centro de oración, piedad, penitencia y fiesta que es la Basílica de Luján.

Realizado por San Pablo Film, Buenos Aires, Argentina, 1993.


viernes, 6 de junio de 2025

ORACIONES: ¿Hay beneficios médicos si se reza el Rosario? Importante psiquiatra austriaco da la respuesta

 

La investigación destaca algo convincente: las oraciones rítmicas del Rosario parecen aliviar la tensión, fomentar la estabilidad emocional y generar una forma de paz holística única. A diferencia de muchas técnicas seculares de mindfulness que priorizan la neutralidad y el desapego, el Rosario conecta con algo personal y relacional. No es un simple mantra; es un diálogo.

 

En una era dominada por las distracciones digitales y las tendencias terapéuticas, pocos esperarían que un rosario centenario ofreciera lo que prometen la medicina moderna y las aplicaciones de mindfulness: calma profunda, regulación emocional e incluso alivio físico. Sin embargo, un estudio de diciembre de 2024, basado tanto en la observación clínica como en la perspectiva espiritual, ha descubierto precisamente eso: el Rosario, considerado durante mucho tiempo una simple práctica devocional, puede ser mucho más que una simple rutina religiosa. De hecho, podría ser una medicina tanto para el alma como para el cuerpo.

La investigación destaca algo convincente: las oraciones rítmicas del Rosario parecen aliviar la tensión, fomentar la estabilidad emocional y generar una forma de paz holística única. A diferencia de muchas técnicas seculares de mindfulness que priorizan la neutralidad y el desapego, el Rosario conecta con algo personal y relacional. No es un simple mantra; es un diálogo.

Para Christian Spaemann, un respetado psiquiatra y psicoterapeuta austriaco, esto no es ninguna sorpresa. En una entrevista reciente con la periodista Barbara Wenz, Spaemann explica que el Rosario abre no solo la mente, sino también el corazón, a una presencia maternal, concreta y duradera. «Primero debemos creer», dice, «que la Madre de Jesús es verdaderamente nuestra Madre, y que está presente, con un corazón abierto para nosotros». Una vez cruzado ese umbral de confianza, algo cambia.

La experiencia no se limita a místicos o santos de clausura. Spaemann señala que en su propia región rural de Alta Austria, un flujo constante de peregrinos se dirige a Medjugorje, y la gente común -campesinos, obreros- redescubre silenciosamente la paz y la esperanza a través de la oración mariana. «Encuentran alegría en la Madre del Cielo», dice, «y la llevan a su vida diaria».

Más allá del contexto cristiano, Spaemann ve en el Rosario un ritmo humano universal. La mayoría de las religiones principales incluyen rosarios o cantos con cadencia repetitiva. Esto, sugiere, toca una fibra psicológica e incluso fisiológica profunda en nosotros, evocando el consuelo primordial de un niño que escucha el latido del corazón de su madre. Hay, en este ritmo, una especie de seguridad recordada, una puerta de entrada a la trascendencia que precede a las divisiones doctrinales.

Pero el Rosario no es una técnica, es un encuentro. Y para Spaemann, ese encuentro se volvió personal en su juventud. Tomó las cuentas por primera vez durante la adolescencia y las ha conservado en la alegría, la crisis y la rutina. «Es un salvavidas», reflexiona. Cuanto más rezaba, más percibía la presencia de María no como un mito, sino como una realidad viva: accesible, maternal, compasiva. A través del Rosario, dice, su presencia se hace evidente no a través de visiones, sino a través del reconocimiento interior.

El estudio reciente puede centrarse en los resultados fisiológicos y psicológicos, pero Spaemann insta a una perspectiva más amplia. El fruto más profundo del Rosario, insiste, no es solo la serenidad, sino la conciencia de la eternidad. El Rosario, dice, nos lleva al silencio, y en ese silencio, podemos vislumbrar algo asombroso: que cada uno de nosotros es eternamente deseado, creado en amor y destinado a pasar no al olvido, sino a la unión con Dios. «Pasamos al otro mundo», dice, «como de una habitación a otra».

En una cultura tan preocupada por el bienestar mental, puede resultar sorprendente encontrar una oración que ofrezca alivio moderno. Pero el Rosario no solo alivia la ansiedad. La reorienta. Y a diferencia de las técnicas seculares que tienden a encerrarse en sí mismas, el Rosario trasciende el yo: hacia un rostro, una relación, una promesa.

 

(Artículo original de Joachin Meisner Hertz para ZENIT Noticias, Viena, 01.06.2025 - www.zenit.org - Copyright | ZENIT - Español)

 

lunes, 7 de abril de 2025

UNA LUZ EN TU VIDA (audios): "Vía Matris"

 


¿Conocen la devoción del “Vía Matris”? ("Camino de la Madre") Ésta es una práctica piadosa que sigue el modelo del Viacrucis, pero referida a los Siete dolores de María. El rezo del Vía Matris es habitual en Cuaresma, especialmente el Viernes de Dolores, y en Semana Santa.



martes, 25 de marzo de 2025

INTIMIDAD DIVINA – Santoral: La Anunciación del Señor

 

«Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad» (Salmo responsorial).

El motivo dominante de la liturgia de esta solemnidad es el del ofrecimiento y entrega total a Dios. Se canta en la antífona de entrada, se repite en el estribillo del salmo responsorial y se proclama en la segunda lectura: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad» (Hb 10, 5-7). Expresa las disposiciones de Cristo y de su Madre íntimamente unidos en una actitud idéntica de ofrecimiento y de aceptación.

El autor de la Carta a los Hebreros sacó esas palabras del salterio (SI 39, 8.9) y las recibió como pronunciadas por el Hijo de Dios en el momento de su encarnación: «Cuando Cristo entró en el mundo, dijo: "Tú no quieres sacrificios ni ofrendas; pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias". Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad"» (Hb 10, 5-7). Antes que el Hijo de Dios pronunciase en el tiempo su ofrecimiento, antes que tomase el cuerpo que el Padre había determinado prepararle en el seno de una humilde doncella, era necesario que ese mismo ofrecimiento fuese hecho por la que debía ser su Madre.

Dios, en efecto, infinitamente respetuoso de la libertad de su criatura, «quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada» (LG 56). Y María al anuncio del ángel, hizo su ofrecimiento: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). La diferencia de términos no anula la Identidad de significado y de disposiciones. El Ecce ancilla Domini de María es el eco perfecto en el tiempo del Ecce eterno del Verbo y hace posible su actuación. Su ofrecimiento se funde con el de Cristo formando una única oblación que Madre e Hijo vivirán inseparablemente unidos hasta consumarla en el Calvario para gloria del Padre y redención de los hombres.

Así hoy, guiados por la Liturgia, los fieles celebran la ofrenda más excelsa que jamás haya sido presentada a Dios y de la que salió nuestra salvación. Mientras dan gracias a Cristo y a su Madre por este don inmenso, le suplican los haga capaces de ofrecerse a Dios sin reservas para que se cumpla en ellos toda su voluntad. «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad».

En la solemnidad de la Anunciación, aparece Jesús más unido que nunca a María no sólo en el relato evangélico, sino también en la profecía de Isaías que hoy se lee en la primera lectura (7, 10-14). En un momento crítico de la historia de Israel, el profeta anuncia al rey Acaz un salvador extraordinario enviado por Dios, cuyo nacimiento será de una virgen: «Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel» (ib 14).

El vaticinio, aunque pronunciado en un contexto de detalles que se refieren a la historia de aquellos tiempos, es demasiado explícito para no reconocer en él el primer anuncio misterioso de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen de Nazaret. Así lo interpreta Mateo, que lo reproduce textualmente como conclusión de su narración del nacimiento de Jesús: «Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: "Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pone por nombre Emmanuel, que significa: Dios con nosotros"» (1, 22-23).

En el Evangelio del día, Lucas refiere el hecho histórico del anuncio del nacimiento de Jesús (1, 26-38). La narración es abiertamente mariana, sea porque sólo María puede haberla referido, sea porque fue ella la protagonista. Pero todo está en función del que había de venir: Jesús. Este es designado como «Hijo del Altísimo», a quien se le dará «el trono de David..., y su reino no tendrá fin» (ib 32-33). Su concepción en el seno de María no será por obra de varón, sino por intervención divina especial: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Ib 35).

Ante la grandeza inaudita de este anuncio, María se abisma en un acto de fe y de humildad sin precedentes. Justamente porque es humilde, cree cosas humanamente imposibles; primera entre todas las criaturas cree la Virgen en Cristo Hijo de Dios, que, por un misterio inexplicable, está para hacerse en ella hombre verdadero. Creyendo acepta, pero su humildad no le permite ofrecerse a Dios sino en cualidad de esclava; y Dios responde al punto haciendo de ella la madre intacta de su Unigénito. Misterio de misericordia infinita por parte del Altísimo; acto de humildad y de fe por parte de María. «La Virgen escucha, cree y concibe», dice San Agustín (Sermón 196, 1, 1). Humildad y fe son la tierra fértil en la que Dios realiza los milagros de su amor todopoderoso.

 

¡Oh Verbo!, tú te lanzas hacia la [criatura] imagen tuya y por amor a la carne te revestiste de carne; por amor a mi alma, te dignas fundir tu persona divina con un alma inteligente... ¡Oh fusión inaudita, oh compenetración paradójica! Tú, que eres el que es, vienes al tiempo, increado, te haces objeto de creación. Tú que no puedes ser contenido en ningún lugar, entras en el tiempo y en el espacio y un alma espiritual se convierte en mediadora entre la divinidad y la pesadez de la carne. Tú que lo enriqueces todo, te haces pobre y sufres la pobreza de mi carne, para que sea yo enriquecido con tu divinidad. Tú que eres la plenitud, te vacías; te despojas por un tiempo de tu gloria, para que pueda yo participar de tu plenitud.

¡Qué riqueza de bondad! ¡Qué inmenso misterio te envuelve! He sido hecho partícipe de tu imagen, Dios mío, pero no he sabido guardarla; ahora tú te haces partícipe de mi carne para salvar la imagen que me diste y para hacer inmortal mi carne. (San Gregorio Nacienceno, Oratio, 45, 9).

¡Oh María!, vaso de humildad, en el que está y arde la llama del verdadero conocimiento, por el que te levantaste por encima de ti y por eso agradaste al Padre eterno, por lo cual él te arrebató y te atrajo a sí, amándote con singular amor. Con esta luz y fuego de tu caridad y con el aceite de tu humildad atrajiste e inclinaste a su divinidad a venir a ti; aunque antes fue atraído para venir a nosotros por el ardentísimo fuego de su inestimable caridad...

¡Oh María, dulcísimo amor mío!, en ti está escrito el Verbo, del que hemos recibido la doctrina de la vida... Yo veo que este Verbo, apenas escrito en ti, no estuvo sin la cruz del santo deseo; apenas concebido en ti, le fue infundido y unido el deseo de morir por la salvación del hombre, para lo que se encarnó...

¡Oh María!, hoy tu tierra nos ha germinado al Salvador... ¡Oh María! Bendita seas entre todas las mujeres por todos los siglos, que hoy nos has dado parte de tu harina. Hoy le Deidad se ha unido y amasado con nuestra humanidad tan fuertemente, que jamás se pudo separar ya esta unión ni por la muerte ni por nuestra ingratitud. (Santa Catalina de Siena, Elevaciones, 15).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.