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domingo, 27 de septiembre de 2026

SANTO PADRE PÍO: El papel de la Virgen María en el sacerdocio del Padre Pío

 

El Papa Benedicto XVI, al hablar de la conexión entre la Virgen María y el sacerdocio, afirma que «es una conexión profundamente arraigada en el misterio de la Encarnación [...]. María está verdadera y profundamente involucrada en el misterio de la Encarnación, de nuestra salvación. Y la Encarnación, el hecho de que el Hijo se hiciera hombre, tuvo desde el principio el propósito de entregarse a sí mismo; de entregarse con gran amor en la Cruz, para convertirse en pan para la vida del mundo. Así, sacrificio, sacerdocio y Encarnación van de la mano, y María está en el centro de este misterio» (1).

Santísima María, como Madre de Dios, concibió, engendró, alimentó, presentó a Cristo Sacerdote al Padre y sufrió con Él (2), y por esta razón el Sacerdocio de Cristo es inseparable de la divina Maternidad de María. No solo es inseparable, sino que -afirma el Papa- «María está en el centro» del misterio de la Encarnación y del Sacrificio sacerdotal de Cristo; es parte integral de él, no accidental.

El sacerdocio de Cristo es compartido, a través del sacramento del Orden Sagrado, por todos los sacerdotes, de modo que la unión que existe entre Cristo y la Santísima Madre también es compartida por los sacerdotes, en virtud del hecho de que el sacerdocio mismo, ontológica e intrínsecamente, es inseparable de la Virgen Madre.

Esta unión entre la Santísima Virgen María y los sacerdotes fue establecida por Cristo mismo en la cruz cuando confió a su Madre a Juan, el discípulo amado y primicia virginal del sacerdocio. Si bien es cierto que en esta confianza Juan representa a toda la humanidad, también lo es que representa ante todo a los sacerdotes. Benedicto XVI afirma además: «Antes de morir, Jesús ve a su Madre al pie de la cruz; y ve a su amado Hijo, y este amado Hijo es ciertamente una persona, un individuo muy importante, pero es más: es un ejemplo, una prefiguración de todos los discípulos amados, de todas las personas llamadas por el Señor a ser “discípulos amados” y, por consiguiente, de manera particular, también de los sacerdotes. [...] El Evangelio nos dice que San Juan, el hijo amado, acogió a su madre María “en su propia casa” [...]. Acoger a María consigo significa introducirla en el dinamismo de toda su existencia -no es algo externo- y en todo lo que constituye el horizonte de su propio apostolado» (3).

Incluso san Juan Pablo II, durante su pontificado, habló en varias ocasiones de esta estrecha relación que existe entre María y cada sacerdote, en virtud de la profunda unión que ella tuvo con el Hijo de Dios y su sacerdocio redentor. Les recuerda a todos los sacerdotes: «En nuestro sacerdocio ministerial existe la estupenda y profunda dimensión de cercanía a la Madre de Cristo. Tratemos, pues, de vivir esta dimensión» (4).

San Pío de Pietrelcina, un sacerdote estigmatizado perfectamente configurado a Cristo, vivió también plenamente la dimensión mariana del sacerdocio de Cristo, encontrándose en Ella y con Ella en la ofrenda del Sacrificio del Calvario y en la profunda participación de la inmolación de Cristo (5).

Nuestra Señora estuvo presente ante todo en la interioridad del santo, pero también fue parte integral de su misión sacerdotal en favor de las almas. Él verdaderamente acogió a María en “su propia casa”, introduciéndola “en el dinamismo de toda su existencia y en todo lo que constituía el horizonte de su apostolado”. Él mismo afirma, hablando con el padre Pellegrino Funicelli: «Sabed que en mis acciones y movimientos nunca he tenido ninguna referencia que fuera mínimamente terrenal. [...] En mi acción sacerdotal he tenido un solo ejemplo, un solo punto de referencia: Nuestra Señora» (6). 

Y de nuevo al padre Pellegrino, quien le preguntó cómo podía conciliar tanto recogimiento en la oración con su incesante actividad en el confesionario y en todas las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, el padre Pío respondió: «Siento y creo que soy, incluso en mi indignidad, hijo de Nuestra Señora. Y ya te he dicho muchas veces que la Madre Celestial es el vínculo entre Dios y la humanidad. Es Ella quien crea mi campo de acción y la atmósfera, es Ella quien me da oxígeno, es Ella quien con sus perfumes casi me exalta y me hace parecer dotado de espíritu. Me siento como un pequeño velero, impulsado por el aliento de la Madre Celestial. Aun perdido en alta mar, estoy en calma. No sé cómo empiezo, ni puedo decir cómo termino en las diversas empresas, pero no me siento inseguro porque Ella me guía espiritualmente (7).

En estos valiosos testimonios, que debemos a la audacia y la pluma de Funicelli, queda claro el papel fundamental que desempeñó la Virgen María en la vertiginosa labor de San Pío en favor de las almas, y cuánto dependía de ella, sintiéndose guiado y fortalecido en todo. Existe un parentesco entre San Pío de Pietrelcina y San Maximiliano Kolbe, el mártir polaco que hizo de la devoción y la consagración a María el centro de su camino como sacerdote franciscano, fundando las Ciudades de la Inmaculada y la Milicia de la Inmaculada. Es evidente que, si bien San Pío no escribió ni habló sistemáticamente sobre la consagración a la Inmaculada, vivió plenamente su espíritu, tanto en su interior como en su ministerio sacerdotal.

Un día, el padre Pellegrino le preguntó: «“¿Pero de dónde sacas tanta fuerza?”. Y él me respondió sencillamente: “De la Virgen María: es Ella quien me da una bebida especial que me hace sentir siempre fuerte y siempre preparado [...]. Tengo la impresión de que es Ella quien empieza a hacerlo todo por mí. Su sonrisa maternal me anima a permanecer siempre al servicio de este mundo, del que quisiera partir. Permanezco, y espero permanecer siempre activo, gracias a la fuerza que recibo de Ella”» (8).  

 

Notas

1) Benedicto XVI, Audiencia General del 12 de agosto de 2009.

2) Cf. Lumen gentium, n. 61.

3) Benedicto XVI, Audiencia General del 12 de agosto de 2009.

4) Juan Pablo II, Carta del Jueves Santo de 1979.

5) Para un tratamiento oportuno y original de este tema: Hermana M. Immacolata Savanelli, FI, La connotación mariana de la espiritualidad corredentora de San Pío de Pietrelcina, EDUSC, Roma 2017, cap. II y VIII.

6) Padre Marcellino IasenzaNiro, Padre Pío habla de la Virgen, San Giovanni Rotondo 2008, pp. 206-207.

7) Ibíd., pág. 210.

8) Ibíd., págs. 212-213.

 

Escrito por la Hermana M. Gabriella Iannelli, FI, Semanario del Padre Pio, No. 26/2022.


miércoles, 23 de septiembre de 2026

SANTO PADRE PÍO: “Escuchar a Cristo para cumplir la voluntad de Dios” (Benedicto XVI)

 

SAN GIOVANNI ROTONDO, domingo, 21 de junio de 2009 (ZENIT.org). Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI en la mañana de ese domingo al presidir en el atrio de la iglesia de san Pío de Pietrelcina, en San Giovanni Rotondo, la concelebración eucarística.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

En el corazón de mi peregrinación a este lugar, en el que todo habla de la vida y de la santidad del padre Pío de Pietrelcina, tengo la alegría de celebrar para vosotros y con vosotros la Eucaristía, misterio que constituyó el centro de toda su existencia: el origen de su vocación, la fuerza de su testimonio, la consagración de su sacrificio. Con gran afecto os saludo a todos vosotros, congregados aquí en gran número, y a cuantos nos acompañan a través de la radio y la televisión. Saludo en primer lugar al arzobispo Domenico Umberto D'Ambrosio, que, después de años de fiel servicio a esta comunidad diocesana, se prepara para asumir el cuidado de la arquidiócesis de Lecce. Le doy también de corazón las gracias porque se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos. Saludo a los otros obispos concelebrantes. Dirijo un saludo especial a los frailes capuchinos, en particular al ministro general, fray Mauro Jöhri, al definidor general, al ministro provincial, al padre guardián del convento, al rector del santuario y a la Fraternidad Capuchina de San Giovanni Rotondo. Saludo además, con reconocimiento, a cuantos ofrecen su contribución al servicio del santuario y de las obras anejas; saludo a las autoridades civiles y militares; saludo a los sacerdotes, a los diáconos, a los demás religiosos y religiosas, y a todos los fieles. Dirijo un pensamiento afectuoso a quienes están en la Casa Alivio del Sufrimiento, a las personas solas y a todos los habitantes de esta ciudad.

Acabamos de escuchar el evangelio de la tempestad calmada, al que se le ha acompañado un breve pero incisivo texto del Libro de Job, en el que Dios se revela como el Señor del mar. Jesús amenaza al viento y ordena al mar que se calme, lo interpela como si se identificase con el poder diabólico. En efecto, según lo que nos dicen la primera lectura y el Salmo 106/107, el mar en la Biblia es considerado un elemento amenazador, caótico, potencialmente destructivo, que solo Dios, el Creador, puede dominar, gobernar y acallar.

Pero hay otra fuerza --una fuerza positiva-- que mueve al mundo, capaz de transformar y renovar a las criaturas: la fuerza del "amor de Cristo", ἀγάπη τοῦ Χριστοῦ (2 Corintios 5,15), como la llama san Pablo en la segunda carta a los Corintios: no es, por tanto, una fuerza cósmica, sino divina, trascendente. Actúa también sobre el cosmos, pero por naturaleza el amor de Cristo es "otro" tipo de poder, y el Señor manifestó esta alteridad trascendente en su Pascua, en la "santidad" del "camino" que Él eligió para liberarnos del dominio del mal, como había sucedido en el éxodo de Egipto, cuando hizo atravesar a los judíos las aguas del Mar Rojo. "Oh Dios --exclama el salmista--, qué santo es tu proceder... Tu camino discurría por el mar, por aguas caudalosas tu sendero" (Salmo 77/76, 14.20). En el misterio pascual, Jesús atravesó el abismo de la muerte, porque Dios quiso así renovar el universo: mediante la muerte y resurrección de su Hijo, "muerto por todos" para que todos puedan vivir "para aquel que murió y resucitó por ellos" (2 Corintios 5,16) y no vivan sólo para sí mismos.

El gesto solemne de apaciguar el mar en tempestad es claramente un signo del señorío de Cristo sobre las potencias negativas, e induce a pensar en su divinidad: "¿quién es éste --se preguntaban estupefactos y atemorizados los discípulos--, que hasta el viento y el mar le obedecen? (Marcos 4,41). No tenían todavía una fe sólida, se está formando; es una mezcla de miedo y de confianza; el abandono confiado de Jesús ante el Padre es, por el contrario, total y puro. Por este poder del Amor, puede dormir durante la tempestad, completamente confiado en los brazos de Dios. Pero llegará el momento en el que también Jesús experimentará el miedo y la angustia: cuando llegue su hora, sentirá sobre sí todo el peso de los pecados de la humanidad, como una gran ola que está a punto de caer sobre Él. Esa sí que será una tempestad terrible, no cósmica, sino espiritual. Será el último, el extremo asalto del mal contra el Hijo de Dios.

Pero en esa hora Jesús no dudó del poder de Dios Padre y de su cercanía, aunque tuvo que experimentar plenamente la distancia entre el odio y el amor, entre la mentira y la verdad, entre el pecado y la gracia. Experimentó este drama en sí mismo de manera lacerante, especialmente en Getsemaní, antes de ser apresado, y después, durante toda la pasión hasta la muerte en la Cruz. En esa hora, Jesús por una parte estaba totalmente unido al Padre, plenamente confiado en Él; por otra parte, solidario con los pecadores, quedó como separado y se sintió como abandonado por Él.

Algunos santos han vivido intensa y personalmente esta experiencia de Jesús. El padre Pío de Pietrelcina es uno de ellos. Un hombre sencillo, de orígenes humildes, "conquistado por Cristo" (Filipenses 3,12), como escribe de sí el apóstol Pablo, para hacerse un instrumento elegido por el poder perenne de su Cruz: poder de amor por las almas, de perdón y reconciliación, de paternidad espiritual, de solidaridad concreta con los que sufren. Los estigmas, que le marcaron en el cuerpo, le unieron íntimamente con el Crucificado-Resucitado. Auténtico seguidor de san Francisco de Asís, hizo propia, como el Pobrecillo, la experiencia del apóstol Pablo, tal y como la describe en sus Cartas: "con Cristo estoy crucificado; y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gálatas 2, 19-20); o también: "en nosotros actúa la muerte, en vosotros la vida" (2 Corintios 5,12). Esto no significa alienación, pérdida de la personalidad: Dios no anula nunca lo humano, sino que lo transforma con su Espíritu y lo orienta al servicio de su designio de salvación. El padre Pío conservó sus propios dones naturales, y también su propio temperamento, pero ofreció todo a Dios, quien de este modo pudo servirse de ellos libremente para prolongar la obra de Cristo: anunciar el Evangelio, perdonar los pecados y curar a los enfermos en el cuerpo y en el espíritu.

Como les sucedió a Jesús, la verdadera lucha, el padre Pío no tuvo que librar el combate radical contra enemigos terrenales, sino contra el espíritu del mal (Cf. Efesios 6,12). Las "tempestades" más grandes que le amenazaban eran los asaltos del diablo, de los cuales se defendió con la "armadura de Dios", con "el escudo de la fe" y "la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios" (Efesios 6,11.16.17). Permaneciendo unido a Jesús, siempre tuvo en cuenta la profundidad del drama humano, y por eso se ofreció y ofreció sus tantos sufrimientos, y supo gastarse en el cuidado y alivio de los enfermos, signo privilegiado de la misericordia de Dios, de su reino que viene, es más, que ya está en el mundo, de la victoria del amor y de la vida sobre el pecado y la muerte. Guiar a las almas y aliviar el sufrimiento: así se puede resumir la misión de san Pío de Pietralcina, como dijo el siervo de Dios, el Papa Pablo VI: "Era un hombre de oración y de sufrimiento" (A los padres Capitulares Capuchinos, 20 de febrero de 1971).

Queridos amigos, frailes menores capuchinos, miembros de los grupos de oración y fieles todos de san Giovanni Rotondo, sois los herederos del padre Pío y la herencia que os ha dejado es la santidad. En una de sus cartas escribe: "Parece que el único tratamiento de Jesús para las manos es el de santificar vuestra alma" (Epístolas II, p. 155). Era siempre su primera preocupación, su ansia sacerdotal y paterna: que las personas regresaran a Dios, que pudieran experimentar su misericordia y, una vez renovados interiormente, redescubrir la belleza y la alegría de ser cristianos, de vivir en comunión con Jesús, de pertenecer a su Iglesia y practicar el Evangelio. El padre Pío atraía al camino de la santidad con su mismo testimonio, indicando con el ejemplo el "binomio" que nos conduce a ella: la oración y la caridad.

Ante todo la oración. Como todos los grandes hombres de Dios, el padre Pío se convirtió él mismo en oración, con el alma y con el cuerpo. Sus jornadas eran un rosario vivido, es decir, una continua meditación y asimilación de los misterios de Cristo en unión espiritual con la Virgen María. Se explica así la singular presencia en él de dones sobrenaturales y de sentido práctico humano. Y todo tenía su culmen en la celebración de la santa misa: en ella, él se unía plenamente al Señor muerto y resucitado. De la oración, como de una fuente siempre viva, brotaba la caridad. El amor que él llevaba en el corazón y transmitía a los demás estaba lleno de ternura, siempre atento a las situaciones reales de las personas y de las familias. Especialmente hacia los enfermos y dolientes, sustentaba la predilección del Corazón de Cristo, y precisamente de ella tuvo origen y forma el proyecto de una gran obra dedicada al "alivio del sufrimiento". No se puede entender ni interpretar adecuadamente esta institución si se la separa de su fuente inspiradora, que es la caridad evangélica, animada a su vez por la oración.

Todo esto, queridos hermanos, el padre Pío lo presenta hoy a nuestra atención. Los riesgos del activismo y la secularización están siempre presentes; por ello mi visita tiene también el objetivo de confirmaros en la fidelidad a la misión heredada de vuestro queridísimo padre. Muchos de vosotros, religiosos, religiosas y laicos, estáis tan absorbidos por miles de tareas que conlleva el servicio a los peregrinos o a los enfermos del hospital que corréis el riesgo de descuidar lo que es verdaderamente necesario: escuchar a Cristo para cumplir la voluntad de Dios. Cuando os deis cuenta de que corréis este riesgo, contemplad al padre Pío, su ejemplo, sus sufrimientos; e invocad su intercesión, para que os alcance del Señor la luz y la fuerza que necesitáis para continuar con vuestra misión empapada de amor por Dios y de caridad fraterna. Y que desde el cielo él siga ejerciendo esa delicada paternidad espiritual que le distinguió durante su existencia terrena; que continúe acompañando a sus hermanos, a sus hijos espirituales y a toda la obra que él inició. Que, junto a san Francisco y a la Virgen, que tanto amó e hizo amar en este mundo, vele sobre vosotros y os proteja y siempre. Y entonces, también en las tempestades que puedan levantarse de manera imprevista, podréis experimentar el soplo del Espíritu Santo que es más fuerte que cualquier viento contrario, y mueve la barca de la Iglesia y a cada uno de nosotros. Por este motivo debemos vivir siempre con serenidad y cultivar en el corazón la alegría, dando gracias a Señor. Dice el Salmo: "Su amor es para siempre" (Salmo responsorial). ¡Amén!

 

[Texto con los añadidos espontáneos recogido por ZENIT. Traducción del original italiano por Jesús Colina, © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]

domingo, 13 de septiembre de 2026

ORACIONES: Letanías al Santo Padre Pío de Pietrelcina

Las siguientes “LITANIE A SAN PIO DA PIETRELCINA”, extraídas de una página italiana (https://padrepiopietr.tumblr.com/), y traducidas al castellano, pueden emplearse para la devoción privada:

 


Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

 

Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.

 

Padre Celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

 

Santa María, ruega por nosotros.

Santa Madre del Verbo Encarnado, ruega por nosotros.

Santa Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

Esposa del Espíritu Santo, ruega por nosotros.

 

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

San Pío, Santo del Tercer Milenio, ruega por nosotros.

San Pío, Hijo de San Francisco de Asís, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de las almas consagradas, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de obediencia, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de pobreza, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de castidad, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de fe, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de esperanza, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de caridad, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de prudencia, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de justicia, ruega por nosotros.

San Pío, Modelo de fortaleza, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de templanza, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de toda virtud, ruega por nosotros.

San Pío, modelo de penitencia, ruega por nosotros.

San Pío, conformado a Cristo, ruega por nosotros.

San Pío, estigmatizado del Gargano, ruega por nosotros.

San Pío, herido de Amor en sus manos, ruega por nosotros.

San Pío, herido de Amor en los pies, ruega por nosotros.

San Pío, herido de Amor en el costado, ruega por nosotros.

San Pío, mártir del altar, ruega por nosotros.

San Pío, cuya gloria es la Cruz, ruega por nosotros.

San Pío, ministro incansable del Confesionario, ruega por nosotros.

San Pío, profeta de Dios, ruega por nosotros.

San Pío, ardiente misionero, ruega por nosotros.

San Pío, vencedor de los demonios, ruega por nosotros.

San Pío, que tienes a Dios fijo en la mente e impreso en el corazón, ruega por nosotros.

San Pío, fraile sencillo, ruega por nosotros.

San Pío, hombre hecho de oración, ruega por nosotros.

San Pío, apóstol del Rosario, ruega por nosotros.

San Pío, fundador de los “Grupos de Oración”, ruega por nosotros.

San Pío, fundador de la “Casa de Alivio del Sufrimiento”, ruega por nosotros

San Pío, que has reproducido la Vida de Jesús en el dolor y el amor, ruega por nosotros.

San Pío, protector de quienes te invocan, ruega por nosotros.

San Pío, poderoso hacedor de milagros, ruega por nosotros.

San Pío, protector de los niños, ruega por nosotros.

San Pío, sostén de los débiles, ruega por nosotros.

San Pío, benefactor de los pobres, ruega por nosotros.

San Pío, consuelo de los enfermos, ruega por nosotros.

 

San Pío, que “nos esperas a las puertas del Paraíso”, ruega por nosotros.

San Pío, gloria de la Orden Seráfica, ruega por nosotros.

 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

 

San Pío, lámpara del Amor, alcánzanos la Gracia del Señor.

 

Oremos:

Oh Dios, que hiciste a San Pío de Pietrelcina, sacerdote estigmatizado, otro Cristo en la vocación de salvar las almas, haz que por su intercesión, sepamos entender el valor del sufrimiento, para ser un día, bendecidos y acogidos por Ti en la Gloria eterna. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

 

sábado, 21 de febrero de 2026

SANTO PADRE PÍO: Sorpresa y admiración por un cuadro que me regalaron para el día de mi cumpleaños

Derechos de imagen:
Sławomir Marek Wałowski Fastyn
 

Queridos amigos y hermanos del blog. No es novedad decirles de mi gran devoción al Santo Padre Pío de Pietrelcina. Este querido santo me ha acompañado desde los inicios de mi seminario y en todo momento y circunstancia de mis ya 34 años de sacerdocio. Mi devoción al Padre Pío que por los medios de comunicación cualquiera puede descubrir también la conocen, por supuesto, los que personalmente son parte de mi vida y mi ministerio. Cuatro amigos y colaboradores que me acompañan en uno de los apostolados que actualmente ejerzo me sorprendieron para el día de mi cumpleaños con el cuadro del Padre Pío que acompaña esta publicación y que ya lo he puesto en un lugar de preferencia en el salón de mi casa.

La sorpresa y admiración de la primera mirada cuando me lo entregaron se ha convertido en una mirada serena y devota en mis ratos personales de oración. Me sigue sorprendiendo la verdad de la imagen, como así también la textura propia de su hechura y acabado. Por eso le he pedido al artista que lo realizó, Sławomir Marek Wałowski Fastyn, que me haga una explicación de su realización, y lo que yo esperaba como una simple exposición de su método de trabajo, me ha sorprendido, otra vez la sorpresa, con un texto de mucho calado en la explicación y de muy hondo contenido espiritual. Por estos motivos, luego de obtener su permiso ahora les comparto dicho texto.

Gracias a mis queridos amigos por tal magnífico regalo, gracias a Sławomir por compartir su arte y su fina sensibilidad religiosa a través de su trabajo artístico.

Con mi bendición.

Padre José Medina.

                                                          +++

 

Sławomir Marek
Wałowski Fastyn
La piedra que custodia el alma: contra la levedad de una vida digital.

          Por aquel 1971 sin aun conocer el destino ni saber lugar nace una idea: “algún día hare algo…”

Hoy me gustaría invitaros a una reflexión que nace de una inquietud compartida: ¿dónde estamos guardando lo que de verdad importa?

Vivimos en la era de la "vida gaseosa". Tenemos miles de recuerdos flotando en una nube invisible, atrapados en dispositivos que caducan casi antes de que aprendamos a usarlos. Nos hemos acostumbrado a una existencia de esta pantalla de cristal y silicio, donde un simple "clic" o un fallo en el servidor pueden borrar, de un plumazo, el rastro de toda una vida.

Hay una fatiga honda en lo etéreo. Un miedo callado a que, en este mundo hiperconectado, nuestra historia personal se vuelva tan frágil como la señal de Wi-Fi que nos rodea.

A veces, la tecnología actual parece una herramienta forense: registra cada poro y cada arruga con una nitidez estéril, pero se olvida de lo más importante: el alma de lo vivido. Por eso, frente a la insoportable levedad de los bits, hoy quiero hablaros de la vuelta a la materia. De algo creado con mucha dedicación y perseverancia, yo lo he llamado CEMOGRAFÍA y, es una técnica artística basada en la aplicación, manipulación y representación plástica del cemento como medio de expresión visual.

Es el paso del "contenido" al "monumento". Mientras el mundo digital fragmenta nuestra realidad, este arte la petrifica en la esencia del sólido, dándole el volumen a las cosas. Porque el verdadero lujo, en el sentido más noble de la palabra, no es la imagen perfecta, sino la permanencia.

Crear un "fósil moderno"

No estamos hablando de imprimir fotos. Hablamos de un proceso de artesanía extrema, de esos que requieren paciencia, manos expertas y un respeto casi místico por el tiempo (necesitamos cuatro semanas de curado lento, sin prisas).

Es, en esencia, una pequeña ingeniería de la memoria:

El vacío como principio: Primero creamos el lugar donde habitará el recuerdo. Es como preparar el corazón para recibir una palabra.

      Estratos de vida: Vamos depositando microcemento PaÌnÁrd natural capa a capa, emulando cómo la tierra crea sus propias historias. El color no se pinta encima; está en la masa, en el núcleo mismo de la pieza.

            Fusión y unidad: En el silencio del taller, esas capas se funden hasta convertirse en un único bloque de piedra.

            En consecuencia, de ello es un monolito que desafía al tiempo. Un lienzo puede arder y una fotografía puede deshacerse con el agua, pero la piedra sobrevive. Si cortaras una de estas piezas, verías que el recuerdo sigue ahí, indivisible, en su centro.

        Es devolverle a la memoria su peso geológico. Es decidir que hay cosas, nuestras raíces, nuestros afectos, que no merecen ser gaseosas, sino que deben descansar sobre cimientos sólidos.

            Al final, se trata de elegir: ¿queremos que nuestro paso por el mundo sea un dato en la nube o una huella en la piedra?

 

P.D.:

          Dice el salmo que "la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". Quizás, para salvar nuestra memoria, necesitemos volver a lo más básico y firme que tenemos bajo los pies.

 

Sławomir Marek Wałowski Fastyn

sw@hydroclinker.com

sábado, 14 de febrero de 2026

LIBERA NOS: Cándido Amantini, el exorcista de Roma que va camino a los altares

Padre Cándido Amantini, Pasionista
 

El Padre Pío quien lo conoció personalmente reconoció la valía de este exorcista al definirlo como «un sacerdote según el corazón de Dios».

(Sobre un artículo original de ZENIT Noticias – Porta Luz / Santiago de Chile, 11.08.2025) A la edad de 12 años, Eraldo Ulisse Mauro Amantini, nacido el 31.1.1914 en Bagnolo (Toscana), ingresó al seminario menor (para niños) de los Pasionistas en Nettuno (Santuario de Santa María Goretti). Las misiones populares de los Padres lo impresionaron de tal forma que decidiría unirse a la Orden. En 1929 comenzó su noviciado en el monasterio de San Giuseppe en Monte Argentario. El joven religioso hizo sus votos perpetuos en 1933. Tres años más tarde, fue ordenado diácono en la Basílica de Letrán, antes de ser ordenado sacerdote el 13 de marzo de 1937, a la edad de solo 23 años.

Cándido de la Inmaculada Concepción -su nombre religioso-, abraza en su vida la Pasión de Cristo. Puesto que quiere llevar este amor del Hijo de Dios a los "crucificados" de su tiempo, adquiere entonces la educación que aún le falta. Con el tiempo no solo se le considerará un excelente experto en idiomas de griego, hebreo, alemán y sánscrito, sino también un erudito bíblico y teólogo moral.

Hasta 1960, enseñó a los estudiantes principalmente hebreo y estudios bíblicos. También fue durante este tiempo que conoció al Padre Pío. En 1961, el padre Cándido sufrió una crisis nerviosa que resultó en una larga estadía en el hospital. Después de recuperarse, apoya a su antiguo alumno, el padre Alessandro Coletti, que para ese tiempo ya era exorcista en la diócesis de Arezzo. El P. Cándido inicia a hacer los primeros exorcismos bajo la guía del P. Alessandro.

Toma también contacto con San Pío de Pietralcina, que lo describe como "un sacerdote realmente según el corazón de Dios". En una ocasión, cuando recibió un grupo de peregrinos provenientes de Roma, padre Pío les dijo: "¿Vienen de Roma?, ¿y por qué vienen a mí? ¡Tienen un santo en la Escala Santa! ¡Vayan donde él!"

"Escala Santa", Santuario Pontificio
de la Escalera Santa, Roma.

En efecto el sacerdote pasionista encuentra su destino pastoral final en el monasterio de la "Scala Sancta" ("Escalera Santa", Roma). La iglesia toma su nombre pues en ella está la escalera de 28 escalones -traída desde el pretorio del rey Herodes-, que CRISTO subió y bajó varias veces. La emperatriz Helena los hizo traer a Roma desde Tierra Santa, como otras reliquias de la Pasión.

El sello carismático de padre Cándido ciertamente tiene su origen en la práctica profunda de la oración. La oración del rosario es su fuente de fuerza.

Al paso del tiempo cada vez más personas lo eligen como director espiritual y confesor. Los fieles saben que el Padre tiene los dones de la profecía y los de la contemplación del corazón. De esta manera, puede descubrir de inmediato entre la multitud de personas que esperan frente a la puerta de la sacristía a las dos o tres personas que necesitan particularmente su ayuda. Se dedica a ellos en detalle, mientras hace esperar a las personas supersticiosas y adictas a los milagros.

Para el padre Cándido es importante que la persona en busca ayuda realmente busque a Dios como médico para su alma. Sus hermanos pasionistas señalan que el sacerdote, empático, se levanta en medio de la noche y realiza la adoración eucarística en la capilla. Al hacerlo, entrega al Señor presente corporalmente los lados oscuros de sus feligreses. Cándido se convierte así en un "canal abierto para la misericordia de Dios".

Nuestra Señora es su gran apoyo en su apostolado como exorcista. Probablemente también porque muchos de quienes acuden a él han recibido una gran ayuda en Loreto y Lourdes. Padre Cándido también hizo varias peregrinaciones al lugar de peregrinación mariana francés. En su libro sobre "El Misterio de María" (1971) escribe: "La Santísima Virgen es la primera en retirarnos de la tiranía del diablo sobre el mundo".

El Padre Cándido siempre proclama el amor inconmensurable que Dios tiene por sus criaturas. Él mismo lleva una vida penitente para testimoniar este mensaje. Varias veces ofrece su vida a Dios como expiación por otros y suele bendecir a quienes le visitan con esta oración: "Que el Señor Jesús esté siempre contigo. Él va delante de ti para guiarte, está detrás de ti para protegerte, habita en ti para guardarte, está por encima de ti para iluminarte. Amén".

Tumba del Siervo de Dios Cándido Amantini

Pasa muchas horas del día en el confesionario. Exhorta a sus hermanos a tratar siempre a los que acuden a confesarse con comprensión y consideración, para dar testimonio de la bondad paterna.

En el exorcismo, afirma devolver los corazones de los poseídos a la libertad de los hijos de Dios. En 1986, el padre Gabriele Amorth (libros: "Un exorcista cuenta", "Memorias de un exorcista") se convierte en estudiante de exorcismo del padre Cándido a petición del cardenal Poletti.

Varias veces, el Vaticano incluso le pide a Cándido que viaje al extranjero para exorcismos particularmente difíciles. En el exorcismo en sí, siempre se adhiere a las oraciones dadas por el ritual. Además del agua bendita habitual, también usa el aceite consagrado. Después de un exorcismo exitoso, el sacerdote a menudo celebra la Santa Misa en la casa de la víctima y la bendice con agua bendita e incienso.

En el ocaso de su vida, las enfermedades aumentan. Especialmente por la noche, está plagado de dificultad para respirar y problemas cardíacos. Tiene que ser tratado en el hospital varias veces.

En su onomástico religioso, temprano en la mañana le pide a San Cándido que le dé un regalo. De hecho, el regalo celestial llega por la noche a las 10 p.m. Cierra los ojos para siempre ese día 22 de septiembre de 1992.

Después de que la tumba del sacerdote pasionista fuera lugar de peregrinación para el pueblo durante 20 años, sus restos humanos serían trasladados a la capilla de la Escalera Santa el 21 de marzo de 2012. El 13 de julio de 2012, se abrió la investigación diocesana para la causa de beatificación.


Oración por las gracias y por la glorificación del Siervo de Dios Padre Cándido Amantini, Pasionista

Recordamos, Señor, a tu siervo el padre Cándido, un sacerdote inmerso en tu pasión con la contemplación de ti en el misterio eucarístico y en los sufrimientos de los hombres.

Quería imitar a Jesús, como el Buen Pastor, como el maestro y guía de las almas, devolviendo la esperanza a los corazones desanimados y beneficiando a los que estaban bajo el poder de las tinieblas y del maligno.

Que la Iglesia, Señor, coloque al padre Cándido sobre el candelabro para que la ilumine con su ejemplo y la consuele con su intercesión también con la gracia que humildemente te pedimos... en la confiada expectativa de que lo escucharéis y en la esperanza de que pronto será contado entre tus beatos. Amén.

(3 Gloria al Padre)

martes, 23 de abril de 2024

SANTO PADRE PÍO: Origen y sentido de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús

(Sobre un artículo de Philip Kosloski – Aleteia) Normalmente, cuando alguien nos pide que recemos por una intención específica, tenemos nuestra oración de “cabecera”. Puede ser el Rosario, un Padrenuestro, o simplemente un sincero ruego a Dios.

San Pío de Pietrelcina (más comúnmente conocido como Padre Pío) tenía su oración favorita que rezaba por todos los que le pedían sus oraciones.

Cada día muchas personas, ya sea en persona o por carta, le pedían al Padre Pío que orara por una intención específica y muchas veces esta intención fue milagrosamente respondida por Dios.

Novena al Sagrado Corazón de Jesús

En realidad, es una oración compuesta por santa Margarita María Alacoque y comúnmente se llama la “Novena Eficaz del Sagrado Corazón de Jesús”.

Ella era una santa que vivió en el siglo XVII y durante su vida recibió múltiples visiones de Jesús.

Muchos creen que esta es una oración poderosa porque llama al corazón de Jesús a tener misericordia de nosotros y de nuestras peticiones.

El corazón de Jesús está lleno de amor y compasión. Y esta oración confía en ese amor, creyendo que él es lo suficientemente tierno como para dar generosamente nuestra petición, si es en su santa voluntad.

Por encima de todo, se debe orar con una fe sincera, como el Padre Pío la rezaba, y no como una fórmula mágica.

Dios no es un genio que nos otorga el deseo que pedimos, sino que responde con amor a un niño que pide algo, sabiendo exactamente lo que necesitamos.

Las 3 promesas principales que Jesucristo hizo a la humanidad

El sacerdote capuchino retomó en esta oración las 3 promesas principales que Jesucristo hizo a la humanidad, según las revelaciones a santa Margarita María Alacoque. Éstas son:

Primera promesa: “¡Oh Jesús mío!, que dijiste: «En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá». He aquí que yo llamo, yo busco, yo pido la gracia…”

Segunda promesa: “!Oh Jesús mío!, que dijiste: «En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá». He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia de...”

Tercera promesa: “!Oh Jesús mío!, que dijiste: «En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán». He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia…"

Les comparto la Novena según la redacción de la estampa oficial con reliquia que realiza “La Voz del Padre Pío” del Convento de los Frailes Capuchinos “Nuestra Señora de las Gracias” de San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia:





sábado, 23 de septiembre de 2023

SANTO PADRE PÍO: Carta al Padre Pío de Pietrelcina en el aniversario de su muerte

 

Queridos amigos y hermanos del blog: cada 23 de septiembre se cumple un nuevo aniversario de la muerte del santo Padre Pío (1887-1968). Les comparto una carta escrita en el 40 aniversario de su partida: 

“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”

Querido Padre Pío, queridísimo Padre Pío:

Permíteme que también yo, como tantos cientos y miles de personas hicieron durante tu vida y siguen haciendo durante tu muerte y tu pascua, te escriba una carta. Ya sabes que hasta quien después sería el Papa Juan Pablo II te escribió en varias ocasiones.

Cuando aparecías en público, los fieles se arremolinaban en tu derredor para hacerte llegar sus cartas, que inundaban también las oficinas de correos. ¡Qué habría sido hoy con las nuevas tecnologías!… Y tú las recogías, con el amor y la rudeza habituales, y las guardabas junto a tus llagas. ¡Qué mejor lugar para que la gracia de Dios las rociara y las bendijera! Recibe también hoy mi carta. Guárdala a la vera de tus llagas florecidas y resucitadas. Y reza por mí, por mis intenciones y necesidades, por mi vida y ministerio. Que ya sabes por lo que pido y lo que necesito.

Hoy hace cuarenta años de tu muerte, de tu pascua. Apenas unas horas antes de que la hermana muerte llamará a tu puerta y a tu anciano, enfermo y crucificado cuerpo, la Pascua ya se había verificado en ti. Las llagas, que habían sido tu cruz y tu gloria, habían desaparecido misteriosamente, milagrosamente, de la misma manera misteriosa y milagrosa que llegaron de modo visible cincuenta años antes. Tu última misa había sido ya tu misa definitiva, tu Eucaristía eterna y pascual. Por cierto, ¡cuánto me hubiera gustado poder asistir a alguna de tus misas del alba, de tus largas, doloridas y gozosas Eucaristías!

Gracia, pura y gratuita gracia

En la vigilia de tu fiesta litúrgica, en la vigilia de hoy, he estado releyendo y revisando la documentación que tengo sobre ti. Y, ¿sabes?, la pregunta es siempre la misma: ¿cómo y por qué viniste hasta mí? Nos separan años, kilómetros, entornos culturales y sociales, en España apenas eres conocido…. ¿Cómo y por qué viniste hasta mí, querido Padre Pío? ¿Cuál es el porqué de mi “perra” hacia ti, querido Padre Pío? Y siempre que me lo pregunto, como ahora, como en la vigilia de tu fiesta litúrgica, la respuesta es siempre la misma: la gracia, pura gracia, la Providencia. Sí, no hay otra explicación: la gracia de Dios lo ha querido, has sido y eres para mí gracia de Dios, un regalo del Altísimo, como lo eres para tantos miles y millones de personas, como lo eres para esa multitud que, sin duda, se congrega estos días en San Giovanni Rotondo.

En una de tus cartas -en tu texto quizás más preciado y más precioso, más sagrado- escribes a tu director espiritual, el padre Benedicto de San Marco in Lamis, la narración de la visita sobre tu cuerpo y tu alma de las llagas y los estigmas del Señor. Fechas la carta el 22 de octubre de 1918, un mes después de que acontecieran definitivamente los hechos. Cuentas cómo sucedieron las cosas y tu perturbación. Las llagas habían herido tu pecho, tus manos y tus pies, sangraban y supuraban. Pero además te habían sumido en la confusión y en el dolor. No entendías lo que había pasado, lo que estaba pasando, lo que iba a pasar. Y pedías al Señor que actuase, que, al menos, te quitara la confusión que experimentabas ante aquellos signos externos.

“Alzaré fuerte mi voz a El -escribías y orabas- y no cesaré de conjurarle, para que por su misericordia retire de mi no el desagarro, no el dolor –porque lo veo imposible y siento que El me quiere embriagar de dolor-, sino estos signos externos que son para mí de una confusión y de una humillación indescriptible e insostenible”.

Ni el dolor interior ni los signos externos de la cruz de Cristo te abandonaron, querido Padre Pío, hasta la víspera de tu pascua, hace ahora cuarenta años. Pero el Señor te escuchó e hizo de ti aptísimo instrumento de su Providencia y de su amor, fecundísimo ministro del perdón y de la conversión, testigo elocuente –hasta mudo, apartado, calumniado y confinado- de que solo podemos gloriarnos de la cruz de Cristo.

Las gracias son para compartirlas

“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”, escribías, sí. Y yo, desde que te conocí hace poco más de seis años, siento también la necesidad de alzar con fuerza mi voz y de no desistir en el empeño de ponerme a la vera de tus llagas y de comunicar a los cuatro vientos quién eres y lo necesitados que estamos de contar con cristianos como tú.

Te diré al respecto una historia de hoy mismo, de ayer mismo. En la tarde de ayer al acabar la Eucaristía que oficiaba en la comunidad de religiosas de la que soy capellán, vino a saludarme una hermana “nueva”. Era una novicia de origen japonés que va a permanecer tres meses en esta comunidad mientras completa su noviciado en la preparación y en la espera de profesar los votos consagrados el próximo 8 de diciembre. Nada más saludarla me acordé de que al día siguiente –hoy- es tu memoria litúrgica y le dije: “Mañana es San Pío de Pietrelcina, un santo de los grandísimos, religioso como tú. Mañana diré la misa por ti y te encomendaré a él”.

Y así lo he hecho esta mañana temprano, cuarenta años después de tu partida. He ofrecido la misa por la joven novicia japonesa y te la he encomendado. Le he dado una reliquia y estampa tuyas, algunos escritos míos sobre ti y un rosario, recordándole tu amor por la Madonna, por tu amor por María. Y le he dicho: ”Hoy, no yo, sino el mismo Dios te hace un regalo maravilloso y extraordinario, dándote, ofreciéndote un santo tan grande como el Padre Pío”.

Y es que, querido Padre, queridísimo Padre, tú has sido y eres un inmenso regalo para mí. Y los regalos nunca se merecen, pero conllevan una deuda: la deuda de la gratitud. Y yo quisiera saldar esta deuda dándote a conocer y seguir más cerca y con mayor radicalidad –a tu lado, tras tu estela- al único Dios y Señor.

Dios está aquí

Pero, ¿sabes?, tu camino es camino de cruz, y a todos nos da miedo la cruz. Sí, ya sé que somos unos insensatos cuando actuamos así. Pero la humana fragilidad –lo sabes bien- pesa y condiciona más de lo que quisiéramos. Por eso, querido Padre Pío, ayúdanos a llevar la cruz, la propia, la de los nuestros y la de la entera humanidad. Ayúdanos a que con los labios y con el corazón –con toda nuestra vida- exclamemos y experimentemos: “Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero”.

“Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina –rezamos en tu oración litúrgica- la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo, concédenos por su intercesión conformarnos con la muerte de Cristo, para ser participes de su resurrección”. Que esta sea también mi plegaria hoy y siempre.

Gracias, Padre Pío. Siempre llegas a mí como brisa suave y reconfortante, como viento fresco y puro, como aroma delicado y embriagador, como oferta tan atrayente y tan sugerente. Alzaré con fuerza mi voz, sí, y no desistiré: Dios está próximo a nosotros mediante hombres como tú. Dios, a través tuyo, nos inunda con los raudales de su gracia. Fue Dios quien escribió los renglones derechos y torcidos de tu vida. Es Dios –el mismo Dios- quien llega cada vez que tú vienes a mi vida, a la vida de los míos y de mis quehaceres y afanes, a la vida de nuestra Iglesia y humanidad.

Guarda, sí, esta carta, junto a tu costado. Apretújala entre tus manos. Hazla camino entre tus pies. Déjala florecer –sí- junto a tus llagas glorificadas. Preséntala en el ara del altar de tu Eucaristía eterna. E incrústala entre las cuentas de tu Rosario sin fin. Amén.

Jesús de las Heras Muela*

 

* Jesús de las Heras Muela nació en Sigüenza el 17 de Diciembre de 1958. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos (Facultad de Teología de Burgos, 1982), Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid, 1992) e Historia de la Iglesia (Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, 1992), habiendo realizado los cursos de doctorado de estas dos últimas disciplinas.

jueves, 30 de marzo de 2023

SANTO PADRE PÍO: Adiós al Padre Leonardo Marcucci, el que asistió al Santo en su última Santa Misa

Falleció ayer a la edad de 86 años. Durante más de 50 años fue capellán de los Ospedali Riuniti de Foggia.

 

Falleció ayer, a la edad de 86 años, "en la discreción que siempre ha distinguido toda su vida", el fraile que asistió en su última misa al Padre Pío el 22 de septiembre de 1968, el día antes de su muerte, y lo sostuvo cuando el Santo se derrumbó al final de la celebración. Los Frailes Menores Capuchinos de la Provincia Religiosa de Sant'Angelo y el Padre Pío lloran al Padre Leonardo Marcucci.

Una vida consumida entre el altar, el confesionario y el servicio a los hermanos enfermos, así lo recuerdan sus hermanos del Santuario Convento de San Giovanni Rotondo. Había tomado el hábito de los Frailes Menores Capuchinos a la edad de 20 años, y recientemente había alcanzado el hito de 58 años de sacerdocio, ordenado el 14 de febrero de 1965.

Hermano en la religión del Padre Pío de Pietrelcina y testigo de su salud, durante más de 50 años fue capellán de los Ospedali Riuniti de Foggia, llevando consuelo y oración a los enfermos. Y es allí, en la gran iglesia del Policlínico, donde el cuerpo permanecerá expuesto durante todo el día de hoy, mientras que el funeral se celebrará mañana, 31 de marzo, a las 10.30, en la iglesia de la Inmaculada Concepción de Foggia.

El anuncio provino de la página oficial de Facebook del Santuario del Convento Padre Pío: "Los Frailes Menores Capuchinos de la provincia de Sant'Angelo y el Padre Pío lamentan la desaparición del Padre Leonardo Marcucci, quien murió hoy a la edad de 86 años después de pasar toda una vida entre el altar, el confesionario y el servicio a los hermanos enfermos”.

La publicación también menciona que "El Padre Leonardo fue el fraile que ofició la última misa del santo hermano el 22 de septiembre de 1968", completa con una foto que lo retrata junto con el Padre  Pío. "Querido Padre Leonardo, que el Señor le dé la bienvenida a la gloria de los justos donde seguramente os estará esperando el Padre Pío y todos vuestros queridos hermanos difuntos”, concluye el mensaje.