Homilía pronunciada el martes 19 de mayo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa votiva en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
viernes, 19 de junio de 2026
miércoles, 17 de junio de 2026
APOLOGÉTICA HOY (audios): Propiedades del alma humana: inmortalidad
Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".
Director: Padre José Antonio Medina.
Episodio Nº 44.
Tema: Propiedades
del alma humana: inmortalidad
Contenido:
-
Propiedades del alma humana: inmortalidad (Apologética Fundamental)
1- Inmortalidad del alma.
2- Pruebas de la inmortalidad del alma (la naturaleza
del alma, los deseos insaciables de felicidad, la sanción divina de la ley
moral, y el consentimiento universal de todos los pueblos).
3- Argumentos a través de una historia de San Agustín.
4- Objeciones (Refutación del argumento: “Con la
muerte todo se acaba”).
Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 17 de septiembre
de 2025.
domingo, 14 de junio de 2026
SACERDOCIO: “Unan su corazón al corazón de Cristo” (León XIV)
[Solemnidad del Sagrado
Corazón de Jesús, 12 de junio de 2026]
Queridos hermanos
sacerdotes:
En el día en el que la
Iglesia contempla el Corazón traspasado de su Señor, del que brota una fuente
inagotable de paz y unidad para todo el género humano, dirijo sobre todo a mí
mismo y a todos ustedes las palabras que Dios dirigió al pueblo de Israel: «Sean
santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Lv 19,2; cf. 1
P 1,16). Esta llamada divina atraviesa los siglos, resonando también
hoy con fuerza para todo creyente y, con exigencia particular, para nosotros
sacerdotes. La santidad no es una opción entre tantas ni un ideal abstracto;
tiene que ver con la identidad misma de cada persona que quiere participar en
la vida del Resucitado.
Santidad y participación en
el misterio de Cristo
Dios nos invita a participar
de su misma santidad. Cuando nos llama a ser santos porque Él es santo, nos
indica el camino a seguir: dejarnos modelar según su Corazón. Y para nosotros,
queridos hermanos, esta llamada es particularmente radical. El Señor prometió:
«Les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y
prudencia» (Jr 3,15). La santidad que se nos pide es un abandono
confiado: dejarnos transformar por su Santo Espíritu. Sin embargo, precisamente
aquí surge la gran paradoja de nuestra vida sacerdotal: estamos llamados a
participar de la misma santidad de Dios, pero llevamos este tesoro en vasijas
de barro (cf. 2 Co 4,7), somos limitados e imperfectos, a
menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas.
¿Cómo puede un corazón humano, tan vulnerable, responder a una llamada tan
alta? El sacerdote vive esta tensión, pero sabe dónde encontrar paz: en el
costado abierto del Señor Jesús.
Un camino de unión
La unión de nuestro corazón
con el Corazón de Cristo no es una experiencia reservada a unos cuantos
elegidos, sino un camino sacramental, eucarístico, que se realiza en lo
cotidiano. Queridos hermanos, en la Ordenación hemos sido configurados con
Cristo, pero es necesario reavivar siempre en nosotros el don de la gracia por
medio de la celebración cotidiana de la Eucaristía, de la oración, de la
meditación de la Palabra de Dios y del servicio humilde a los hermanos y
hermanas. Permanecemos unidos a Cristo en todo: en lo que hacemos y en lo que
nos sucede cotidianamente. La santidad, entonces, en vano buscada con esfuerzos
aislados, se revelará por lo que es: correspondencia a la gracia que nos
precede, nos sostiene y nos transfigura. No existen, en efecto, compartimentos
estancos en nuestra humanidad. La oración, el ministerio, las relaciones, el
cansancio, las alegrías y los fracasos, incluso el tiempo aparentemente perdido
o el amor que parece malgastado, todo se vuelve un lugar privilegiado de la
revelación de Dios y de su amor infinito.
El sacerdote que tiene un
corazón íntegro, sencillo y puro es contemplativo en la acción, misericordioso,
fiel en la prueba y alegre en la entrega de sí. El mundo tiene una gran
necesidad de pastores que no ofrezcan sólo palabras o programas, sino el testimonio
vivo de un corazón reconciliado, difundiendo el buen olor de la santidad de
Cristo. Una vida sacerdotal sólida y configurada con el Corazón de Jesús es
signo creíble de unidad, de paz y de misericordia. Así, en un tiempo marcado
por divisiones y miedos, podemos ser constructores de paz, testigos de la
ternura del Buen Pastor, que sabe reunir al que está extraviado y sanar al que
está herido, y nuestro celo no es agitación, sino el desbordamiento de un amor
que «es éxtasis, es salida, es donación, es encuentro» (Francisco, Carta enc. Dilexit
nos, 28).
El Corazón de Cristo es el
corazón de los santos
La respuesta a la vocación a
ser santos no está tanto en el esfuerzo de ascesis y perfección, que es
necesario, sino en la adhesión confiada al amor revelado en el Corazón
traspasado de Jesús. El apóstol Juan nos hace contemplar el costado abierto del
Crucificado (cf. Jn 19,34), donde Dios nos muestra
definitivamente cómo Él es santo: no en la distancia inaccesible de una
perfección separada, sino en un amor que se entrega hasta hacerse herir y que
puede, por tanto, ser manantial de misericordia y de vida. El Sagrado Corazón
de Jesús es la imagen por excelencia del amor de Dios: un amor omnipotente
precisamente porque es capaz de hacerse vulnerable, de cambiar el dolor en
gracia, el sufrimiento en esperanza.
Queridos sacerdotes,
renueven cada día su “aquí estoy” ante el Corazón traspasado de Cristo.
Entréguense totalmente a Él, para que puedan amar a su pueblo con el mismo amor
con el que Él lo ama. Y recuerden con alegría, como le gustaba repetir al santo
Cura de Ars, que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» (cf. Benedicto XVI, Carta para la convocación
del Año Sacerdotal [16 junio 2009]: AAS 101 [2009], 569). Este
amor es prenda y garantía de que nada de nosotros se perderá, si todo lo
nuestro lo entregamos y ofrecemos. Les encomiendo a todos y a cada uno a la
Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella, que conservó en su corazón el misterio
del Hijo, nos enseñe a conservar y a hacer latir en nosotros el Corazón de
Cristo, Salvador del mundo.
12 de junio de 2026,
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
LEÓN PP. XIV
jueves, 11 de junio de 2026
JESUCRISTO, TÚ SÍ QUE VALES: “Cuando se piensa…” de Hugo Wast
Tema del episodio Nº 21 del ciclo:
“Cuando se piensa…” de Hugo Wast*
“Jesucristo, Tú sí que vales”, es un micro programa de reflexión vocacional, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, quien era en el momento de su emisión original en antena el Director Espiritual del Seminario "San Bartolomé" de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, España.
Se emitió originalmente en el curso pastoral 2012-2013 todos los viernes al mediodía en Cope Cádiz, y posteriormente por Radio María España.
La locución está realizada por el Sr. Nino Romero.
*Hugo Wast es un novelista y político argentino cuyo verdadero nombre es Gustavo Martínez Zuviría (1883-1963). Estudió leyes, y economía política. En 1943 fue ministro de Justicia y de Educación pública, cargo que aceptó con la condición de que se introdujera la enseñanza religiosa en todas las escuelas. Escribió numerosas obras de literatura, muchas de ellas de carácter religioso.
domingo, 7 de junio de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: El Amor tiene una fiesta, ¿La conoces?
Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo
Hay un expresivo himno
litúrgico que dice: “Allí donde hay amor verdadero, allí está Dios”. San Juan
dijo: “DIOS ES AMOR, y quien permanece en el amor, en Dios permanece y Dios en
él” (I Juan 4, 16). Una consecuencia lógica se sigue de esto: un amor en el que
Dios no está presente, no es verdadero, no es auténtico amor. O dicho de otro
modo: el amor que no hace presente a Dios, que es el origen, la fuente de todo
amor verdadero, no es auténtico amor. Y nada digamos del “amor” que tantísimas
veces aleja al hombre de Dios, lo excluye a Dios, como por ej. en las
relaciones prematrimoniales, que son un pecado -con todas las letras-, que son
una “animalada” y no un acto racional, que es lo característico del amor. El
irracional es incapaz de amar. Obra por instinto.
Celebramos hoy la FIESTA DEL
AMOR por excelencia. La presencia de Jesús en la Eucaristía. Desde el punto que
se mire, desde cualquier aspecto que se considere la presencia real, auténtica,
verdadera, de Jesús en la Eucaristía, como Dios verdadero y como hombre
verdadero, siempre aparecerá la realidad del amor. Es El mismo, presente entre
nosotros porque nos ama. Es como mirar al sol, sea al amanecer, sea al
mediodía, sea al atardecer, siempre lo tenemos de frente.
La Eucaristía puede ser
considerada en sí misma y en sus efectos.
* En sí misma: Es el
verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesús. Las palabras del Señor no
admiten interpretación torcida. TOMAD Y COMED, ESTO ES MI CUERPO… TOMAD Y
BEBED, ESTA ES MI SANGRE… HACED ESTO EN MEMORIA MÍA. No sólo se realizó esto en
la Última Cena, sino que además Jesús dio poder especial a sus Apóstoles -y a
todos sus sucesores- para hacer lo mismo. ¿Pudo hacer esto? ¡Claro que sí! ¿Se opone esto a la majestad,
a la santidad, a la dignidad de Dios? ¡De ningún modo! Y todo esto lo hizo por
amor, ya que NADIE TIENE MAYOR AMOR QUE AQUEL QUE DA LA VIDA POR EL AMADO (Juan
15,13). Entregar su Cuerpo y dar su Sangre es dar la vida, por nosotros, por
toda la humanidad. Dice San Pablo: “Cristo… me amó y se entregó por mi” (Gál.
2,20).
Es la Eucaristía la
consecuencia del amor de Cristo, amor siempre presente, actual, reconfortante:
Y SABED QUE YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA LA CONSUMACIÓN DE LOS
SIGLOS (Mat. 28,20).
* En sus efectos: Ya lo
dijimos. El amor une, congrega. Jamás dispersa, jamás divide, jamás origina
separación, pugna o rechazo. La Eucaristía, esta presencia amorosa de Cristo
Dios y hombre, debe unirnos cada vez más, unirnos a Jesucristo y unirnos entre
nosotros. Debe producir un fuerte deseo de unidad. Unidad en pensamientos,
unidad en criterios, unidad en la acción apostólica. Unidad no sólo en lo
externo, sino unidad “de corazón”, unidad que es amor. No significa esto la
supresión de la sana, necesaria y enriquecedora multiplicidad. Nos lo recuerda
el Concilio Vaticano II, interpretando a San Pablo: “Hay en la Iglesia
diversidad de ministerios, pero unidad de misión” (Apost. Laic. 2).
La Eucaristía debe hacernos
vivir en profundidad nuestra vocación a la santidad. Pues la razón más alta de la
dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios (Gaud.
Et Spes 19). Nada hay más importante ni urgente que esto.
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.114-115)
domingo, 31 de mayo de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: El Dios que ama, no condena
Solemnidad
de la Santísima Trinidad (A)
Evangelio
de San Juan 3,16-18
Por el hecho de que el
misterio de la Santísima Trinidad sea, a veces, presentado o considerado
en su aspecto más difícil -UN SOLO DIOS VERDADERO EN TRES PERSONAS DISTINTAS-,
algo que la mente humana es incapaz de entender, toda la riqueza que entraña
esta hermosa realidad, queda desaprovechada por la inmensa mayoría de los
cristianos. Muy común es una actitud algo indiferente ante esta verdad. Como es
algo que no se puede comprender, se deja de lado este misterio, no se piensa,
no se vive y no se goza del mismo. Y sobre todo, al creer que es un misterio
“intocable”, se puede llegar a una práctica negación del mismo.
El misterio no es algo
negativo o que no se puede entender. Es todo lo contrario: podemos irlo
conociendo más y más sin que lo agotemos o abarquemos del todo. En la
contemplación de un misterio descubrimos que siempre es más lo que nos queda
por conocer. Esto es admirable: nunca podemos llegar al punto final.
De allí que al celebrar hoy la
Fiesta de la Santísima Trinidad la Iglesia, a través de la Liturgia, nos haga
pedir que Dios nos conceda: a) profesar la fe verdadera; b) conocer
la gloria de la eterna Trinidad; c) y adorar su unidad poderosa.
a) Profesar la fe
verdadera. La que sustancialmente está en el Credo, que es el Himno
Universal de los cristianos. Allí está resumida toda la obra misericordiosa de
Dios a través de la cual percibimos su eterna, inmutable, omnipotente y amorosa
realidad y presencia. Particularmente, la fe verdadera nos muestra la inmensa
bondad de Dios que no quiere la condenación de nadie, y tan es así que el Padre
envía a su Hijo Jesucristo para que nos lo diga abiertamente que “Dios no mandó
a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (San
Juan 3 – Evangelio de hoy). La presencia de Cristo, la realidad de la Iglesia
con toda la realidad de la gracia divina, la doctrina, el Magisterio infalible,
nos hablan del amor de la Trinidad.
b) Conocer la gloria.
Muy unido a lo anterior, es el conocimiento que debemos tener de la Trinidad
eterna a través de las enseñanzas de Jesús, y de la acción y obra que de un
modo especial se atribuye a cada una de las Tres Divinas Personas. Se atribuye
al Padre la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la
Santificación. Juntamente se afirma la presencia de toda la Trinidad en el
alma. Reconocer las buenas obras y acciones de otro, y sentirse destinatario de
las mismas, es una forma de glorificarlo. ¿Qué no hizo Dios por nosotros para
salvarnos?
c) Adorar su unidad
todopoderosa. Quizás nos cueste tanto adentrarnos más en este misterio
precisamente por no estar habituados a la verdadera oración de alabanza. Por lo
común creemos que nuestras oraciones deben ser de petición. Miramos nuestras
necesidades (lo único que nos interesa) en nuestra relación con Dios. Como si
un hijo fuera incapaz de estar junto a su padre sin estar pidiéndole
constantemente “cosas”. Lo lamentable es que no pocos creen que si no tienen
nada que pedir, no pueden hacer oración. Cuando llegue el día en que seamos
capaces de gozarnos en nuestra comunicación con Dios sin pedirle más que su
amor y su gracia, nos habremos aproximado a la realidad del misterio. Con eso
tendremos la dicha total, lo que tanto anhelamos. DIOS y SOLO EL: BASTA.
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.14-15)
domingo, 24 de mayo de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: Luz verde para la Iglesia
Domingo
de Pentecostés
Cincuenta días después de la
Resurrección celebramos el extraordinario acontecimiento de la venida del
Espíritu Santo que los Apóstoles, reunidos con la Virgen María en vigilante
espera, recibieron en cumplimiento de la promesa que Jesús les había hecho antes
de subir a los cielos.
Tan llamativo y trascendental fue
este hecho que acertadamente se lo considera siempre como la manifestación
pública y oficial de la Iglesia y el comienzo de la actividad apostólica de la
misma en cumplimiento de la misión que su Divino Fundador le impusiera: “Id por
todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Marc. 16,15). Hoy
diríamos: se dio la luz verde para que la obra de Jesús, su Iglesia, empezara a
circular, sin detenerse ya jamás, trazando la ruta de la historia entre los
hombres de todos los tiempos, países, condiciones sociales, económicas,
culturales.
¡Tantas y tan hermosas cosas
podríamos decir en esta ocasión!
Tengamos presente que
homenajeamos a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad: el Espíritu Santo.
El Padre eterno no puede existir sin el Hijo, ni el Hijo Jesucristo sin el
Padre. Este lazo de unión, este amor mutuo, recíproco y eterno del Padre y del
Hijo es una realidad concreta y eterna, tiene existencia concreta, y es el
Espíritu Santo.
La presencia del Espíritu
Santo en la Iglesia, en las almas, se manifiesta a través de la multiforme,
variada y abundantísima acción que desarrollan todos los miembros, vitalmente
unidos a Cristo.
La misma humanidad de Jesús es
obra del Espíritu Santo. La concepción virginal de Jesús en las entrañas de
María Santísima fue posible en virtud de la acción del Espíritu Santo, del que
por otra parte la Virgen estaba rebosante: “Salve, llena de gracia, el Señor es
contigo” (Luc. 1,28). El Ángel le dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y
la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado
será santo, será llamado Hijo de Dios” (Luc. 1,35).
La conversión e instrucción de
los Apóstoles, que tantos desvelos, preocupaciones y paciencia demandaron de
Jesús, sin que pudiera lograr totalmente su propósito quedó consumada, al
recibir ellos al Espíritu Santo, se vieron totalmente transformados, como
hechos de nuevo, no sólo instruidos, sino también, y sobre todo, comprometidos
audazmente.
Hombres nuevos por dentro y
por fuera. Por dentro: convencidos de su alta misión. Nuevos por fuera:
convincentes por el testimonio de su vida. Hombres de palabras claras y de
acciones decididas. Hombres totalmente de Dios y profundamente humanos. Hombres
de oración y de trabajo manual cuando las circunstancias lo requerían. Hombres
defensores de los derechos de todos, con la entrega total de su propia vida a
la causa de la fe. Hombres maestros de los hombres, pero siempre discípulos,
aprendices, alumnos de Cristo, atentos a las enseñanzas del Espíritu Santo, que
fue modelando constantemente esas almas y haciéndolas crecer “a la medida de la
talla que corresponde a la plenitud de Cristo” (Efes. 4,13).
Uno de los efectos del
Espíritu Santo que se percibe claramente en los Apóstoles es el de la unidad.
Todos al servicio de todos para salvar a todos. Cristo había rogado a su Padre
por esta unidad entre los Apóstoles (y todos los cristianos): “para que sean
uno como nosotros”… “para que todos sean uno, como tú, Padre, que estás en mí y
yo en ti, para que también ellos sean en nosotros y el mundo crea que tú me has
enviado (Juan 17,11 y 21). El mundo creerá en Jesús por el testimonio de unidad
de los Apóstoles y todos los miembros del Pueblo de Dios.
El antitestimonio de la
desunión entre los cristianos es el pecado más grande y el daño peor que sufre
la Iglesia. Desunión en cosas grandes y pequeñas. El que no se preocupa de la
unión en las cosas pequeñas es porque ya en su espíritu lleva el germen de la
desunión en cosas fundamentales.
Trabajemos para que haya más
unidad entre nosotros, para que no se apague, por culpa nuestra, la luz verde
que el Espíritu Santo encendió en la Iglesia.
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.339-340)
martes, 19 de mayo de 2026
HOMILÍAS (audios): El aceite de San José, su historia y uso espiritual
Homilía pronunciada el Domingo 19 de abril de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa votiva en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
lunes, 18 de mayo de 2026
SAN JOSÉ: El aceite de San José, su historia y uso espiritual
![]() |
| Imagen de San José que se venera en la Parroquia "Santiago Apóstol", Casarrubuelos, Madrid, España. |
El aceite de San José es una
devoción aún poco conocida por el gran público, pero preciosa para muchos
fieles. Tiene sus raíces en la historia espiritual del santuario de San José de
Montreal (Canadá) y en la vida del Santo Hermano Andrés, un humilde portero que
se convirtió en instrumento de innumerables gracias.
Mucho más que un simple objeto
piadoso, este aceite bendito es un signo de fe, confianza e intercesión, y
acompaña las oraciones de curación, consuelo y conversión.
Fue a principios del siglo XX
cuando tomó forma la tradición del aceite de San José. El hermano André
Bessette, de Montreal, era profundamente devoto de San José. Su modesta misión
consistía en recibir a los visitantes en la puerta del colegio.
Pero este discreto portero
pronto se hizo famoso por su ferviente oración y las curaciones que parecían
seguir a su intercesión. Para manifestar su oración, el Hermano André utilizaba
aceite de oliva bendecido, que ponía sobre los enfermos con fe, mientras rezaba
a San José. Este aceite, que tomaba de una lámpara encendida delante de una
estatua del santo, se convertía en el humilde soporte de un profundo acto de
fe. Muchas personas se sintieron aliviadas, consoladas o incluso curadas.
¿Quién es San Andrés Bessette?
San Andrés Bessette
(1845-1937) fue un religioso canadiense de la Congregación de la Santa Cruz que
fundó el oratorio de San José. Nació el 9 de agosto de 1945 en la zona de
Quebec. Huérfano a los doce años de edad, trabaja en diferentes lugares y
oficios hasta que el párroco, viendo su devoción decidió presentarlo a la
Congregación de la Santa Cruz donde fue aceptado en 1872.
Erige una pequeña capilla para
custodiar una imagen milagrosa de San José que había sido traída de Francia por
los primeros hermanos de la Congregación. Cada vez más, los novicios y otros
fieles comenzaron a llegar en peregrinación movidos por los milagros atribuidos
a la imagen de San José y de André Bessette. Movido por una espiritualidad importada
de Francia, André ungía a los enfermos con el aceite de la lámpara de San José.
Se la atribuyen numerosísimos milagros en durante su vida.
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| San Andrés Bessette (1845-1937) |
Uso espiritual, no mágico
El aceite de San José no es un
remedio milagroso en el sentido mágico. No sustituye a la medicina ni a los
sacramentos. Es un signo sacramental: dispone el corazón para recibir la gracia
de Dios, como el agua bendita o una medalla.
Se bendice por un sacerdote, y
se utiliza en un ambiente de oración, con humildad y fe. Puede aplicarse en la
frente, en las manos, en una parte del cuerpo que sufre, o utilizarse para
bendecir un objeto, una puerta, una cama, invocando la intercesión de San José.
Se utiliza especialmente para:
- acompañar la oración de
curación,
- aliviar un sufrimiento
físico o moral,
- proteger un lugar o una
persona,
- confiar una intención
difícil a San José.
¿Cómo utilizarlo?
No hay un ritual rígido ni
establecido, pero aquí tienes una forma sencilla y respetuosa, por ejemplo, en
la Parroquia “Santiago Apóstol” de Casarrubuelos, Madrid, al término de la
Santa Misa Votiva de San José, el día 19 de cada mes, el sacerdote lo impone en
forma de cruz sobre la frente de quien quiera recibirlo.
Al imponerlo se dicen estas
palabras: “San José, padre, protector y guardián, ruega por este hijo
tuyo para que sea fortalecido en la fe y sanado en lo que te pide”.
Una fe encarnada
En nuestro mundo moderno, este
óleo nos recuerda que la fe cristiana llega a través de gestos concretos:
tocar, bendecir, encomendar. Nos ayuda a expresar con el cuerpo lo que cree el
alma, y a experimentar una cercanía sensible a los santos.
Nos invita a rezar a San José
no como una figura lejana, sino como un padre, un protector, un fiel
intercesor.
Oración
San
José,
tú que
velaste con amor por Jesús y María,
tú que
sanaste tantos corazones por tu intercesión,
acompáñame
en mis pruebas,
y haz
descender sobre mí la paz de Dios.
Que
este óleo bendito sea el signo de mi confianza,
y que
a través de él, el Señor sane, consuele y fortalezca.
San
José, ruega por nosotros.
Amén.
domingo, 17 de mayo de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: Cristo ¿Dónde estás? Cristiano ¿Qué esperas?
Ascensión
del Señor (A)
Mt
28,16-20
Todos los años celebramos el
misterio de la Ascensión de Jesús al cielo, como celebramos muchos otros
misterios referentes a su vida, su permanencia y acción entre nosotros. Estas
celebraciones de cada año deben ser una novedad y no una simple recordación.
Es fácil entender esto. La
REDENCIÓN no es un hecho acabado, concluido, cerrado. La Redención es la
realidad, la sustancia, la esencia misma de la Iglesia. Una Iglesia que no
estuviera en constante proceso de Redención, no sería la Iglesia de Cristo. Una
Iglesia donde no hubiera constantes nacimientos por el Bautismo, y
regeneraciones por el sacramento de la Confesión, pronto dejaría de ser
Iglesia. Una Iglesia donde no hubiera constante presencia del Señor por la
celebración de la Eucaristía no “propagaría el reino de Cristo, y no daría
gloria a todos los hombres” (Apost. Act. 2), no sería la Iglesia en la que
Cristo prometió su permanencia hasta el fin de los siglos (Mat. 28,20).
Una Iglesia sin los
Sacramentos, esos medios instituidos por el mismo Jesús, que nos confieren la
gracia que redime, que santifica y fortalece, y en definitiva nos salva, haría
totalmente ineficaz la Redención, la truncaría, pues Cristo debe seguir redimiendo
a la humanidad, a cada hombre. La Iglesia es el lugar permanente de la
transformación del hombre, puesto en este mundo, con la ineludible misión de
transformarlo según el plan salvífico de Dios.
Hoy celebramos la Ascensión de
Jesús. Esto significa que la Iglesia comienza la tarea que El le ha
encomendado. Con la Ascensión de Jesús empieza el ejercicio de nuestra
responsabilidad apostólica. También a nosotros nos dicen los Ángeles: “Hombres…
¿por qué seguís mirando el cielo? Este Jesús… vendrá de la misma manera que lo
habéis visto partir” (Hech. 1,11). Esto es: Jesús se fue al cielo, pero nos
encomendó una misión bien concreta, ser sus testigos hasta el último rincón del
mundo. Un día volverá para pedirnos cuenta.
¡Ser testigos! Debemos
testimoniar a Cristo, muerto por nuestros pecados, pero resucitado porque es
Dios, y por consiguiente toda su doctrina es valedera para siempre. De este
testimonio nuestro dependen dos cosas: a) la transformación del mundo; b) nuestra
propia salvación. Ambas cosas muy unidas. Por eso debemos ser testigos de
Cristo en todas partes.
Donde haya un cristiano, un
bautizado, debe resplandecer el testimonio. Debe ser patente la Verdad, la
Justicia, el Amor, la Virtud, debe ser permanentemente combatida la mentira, el
error, toda clase de injusticia, el odio, el pecado. Donde haya un cristiano de
verdad, deberían callarse, ocultarse los hipócritas, los cínicos, los
corruptores, los inmorales, los cobardes, los deshonestos… Pero ¿no sucede lo
contrario? ¿No se sienten “apocados”, avergonzados, los cristianos -en muchos
ambientes-, que más bien parecen “falsos testigos”? Porque el que no grita su
testimonio con su palabra y conducta, es un traidor, un falso testigo. Más bien
declara contra Cristo. Presenta a un falso Cristo.
Cristiano, ¿Qué esperas para
actuar? No nos quejemos de los males. Hagamos presente a Cristo. Esa es nuestra
misión. Si no, seremos inexcusables.
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.336-337)
viernes, 15 de mayo de 2026
domingo, 10 de mayo de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: ¡Si, te quiero! y resurrección
Jn
14,15-21
Dios solamente puede hacer
cosas de la nada, y únicamente con el poder de su voluntad. Eso es crear. Los
hombres jamás crean nada en el sentido estricto del término. Hacen
“combinaciones” con cosas que ya existen. Hacen cosas “nuevas”. Pero en
realidad no las crean. Además se necesitan medios para hacer o realizar algo.
Esto en todos los órdenes; pero de un modo especial en lo referente a la eterna
salvación. Jesús lo dice claramente: “Sin mí nada podéis hacer” (Juan 15,5).
Como cristianos, como
católicos, por nuestro bautismo y confirmación, tenemos una fundamental misión
en nuestra vida. Hemos de ser testigos de la Resurrección de Cristo ante los
hombres, ante todo el mundo. Poco a poco tenemos que ir ampliando el
conocimiento de esto, clarificando y entendiendo mejor aquello de que estamos
aquí en la tierra “para conocer, amar y servir a Dios en este mundo y luego
gozar con El en la Vida Eterna”, como decían nuestros viejos catecismos. No se
trata de una idea egocéntrica, es decir, que me lleva a preocuparme por mi
salvación en forma individual; he de comprender que mi salvación tiene relación
con la salvación de los demás, que se ha de obrar por la gracia de Dios y el
esfuerzo personal de cada uno. Para hacer más fácil, o menos difícil, este
esfuerzo, es necesario que también las cosas estén ordenadas según la mente, el
querer de Dios. Nuestras actividades espirituales y materiales, culturales,
sociales, económicas, políticas, todo ha de servir para ese fin. Es en todo
esto tan concreto donde ser ha de realizar ese conocimiento, ese servicio, y
ese amor de Dios para alcanzar la eterna felicidad.
Realizando estas tareas
seremos testigos de la Resurrección de Jesús hasta el último rincón de la
tierra, y hasta la terminación del mundo. Para ello necesitamos la ayuda
especial de Dios. Esta ayuda nos la ha prometido Jesús con el envío del
espíritu santo que nos “enseñará” y nos “recordará” todo lo que nos dijo El,
con la garantía de su propia presencia, no circunscripta a un lugar, sino
misteriosamente real en cada uno de nosotros. “Me voy y vuelo a vuestro lado”.
Para que ello se dé es necesario que nos mantengamos en el amor: “El que me ama
guardará mis palabras y mi padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en
él. El que no me ama no guardará mis palabras”. Mas claro imposible.
El amor se ha de manifestar en
la fidelidad al Señor, a sus mandamientos, que en el día de nuestro bautismo
hemos jurado cumplir, aunque muchas veces ello nos resulte oneroso, “aunque
salgamos perjudicados” (Salmo 14,4). Amor real y auténtico es eso: fidelidad a
todo lo que se ha prometido cumplir. No confundir amor a Dios con “suspiros”
y/o “emociones”, ni el amor al prójimo con las satisfacciones que se puedan
experimentar tanto al dar algo como al recibir el reconocimiento o la
retribución por la acción realizada.
Dar testimonio de la
Resurrección es mantener, por ejemplo, la fidelidad a ese juramento del “¡Sí,
te quiero!” matrimonial, que se ha prometido ante Dios mismo, ante la comunidad
de parientes y amigos. Si ese “Si” fue sincero, auténtico, nacido del amor,
debe perdurar inalterable a través del tiempo. Ese amor debe ser ejercicio,
actualizado, como la RESURRECCIÓN.
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.316-317)
lunes, 4 de mayo de 2026
HOMILÍAS (audios): Los hermanos fallecidos del Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Casarrubuelos
Homilía pronunciada el lunes 4 de mayo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Solemne Santa Misa por los hermanos difuntos de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
domingo, 3 de mayo de 2026
HOMILÍAS (audios): Oración al Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Casarrubuelos
Oración pronunciada el Domingo 3 de mayo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Solemne Santa Misa de la Fiesta del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
sábado, 2 de mayo de 2026
HOMILÍAS (audios): Mirada artística al Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Casarrubuelos
Homilía pronunciada el sábado 2 de mayo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del octavo día de la Novena en honor del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
viernes, 1 de mayo de 2026
HOMILÍAS (audios): Mirada fraterna al Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Casarrubuelos
Homilía sobre la historia y el fin de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Casarrubuelos, pronunciada el viernes 1 de mayo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del séptimo día de la Novena en honor del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.



















