Homilía pronunciada el sábado 25 de abril de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del primer día de la Novena en honor del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
sábado, 25 de abril de 2026
viernes, 24 de abril de 2026
SAN JOSÉ: Santa Faustina y la devoción constante a San José
Entre las páginas del Diario
de Santa Faustina Kowalska se descubre que el apóstol de la Divina Misericordia
estaba también vinculada a San José y no simplemente porque estaba entre los
Patronos de la Congregación de las Hermanas de la Santísima Virgen María de la
Misericordia, de la que formaba parte, sino más bien porque en él había
descubierto una ayuda incomparable en su misión, así como un apoyo del cual, a
partir de un momento preciso, nunca se sintió privada.
En el Diario de Santa Faustina
podemos encontrar hermosas experiencias en donde San José miraba con bondad a
Santa Faustina y la encomendaba a rezar en el día a día, sus oraciones,
ofreciéndole así su protección especial y apoyarla en la encomienda que Jesús
de la Divina Misericordia le había encomendado.
La primera vez que Santa
Faustina experimentó esta experiencia fue el 2 de febrero de 1936: «Al
comenzar la Misa, mi corazón se llenó de un silencio y alegría maravillosos.
Fue entonces cuando vi a la Virgen María con el Niño Jesús y a San José detrás
de ellos. La Madre Bendita me dijo: ‘Toma mi Tesoro más preciado…’ y me entregó
al Niño Jesús. Al tomar al Niño en mis brazos, la Virgen María y San José
desaparecieron. Me quedé a solas con el Niño Jesús» (Diario 608).
Que hermosa experiencia
mística debió de haber vivido Santa Faustina, viviendo tan de cerca la
presencia no solo de San José, sino de María Santísima y tomando a el Niño
Jesús en sus manos. Experiencia que llenaba su corazón por completo y le
permitía seguir admirando las mismas.
Santa Faustina tuvo otras 3
hermosas experiencias con San José. Una de ellas fue la Navidad en 1936: «Durante
la Misa de Gallo, la presencia de Dios me atravesó hasta el fondo. Instantes
antes de la Elevación (de la Hostia) vi a la Madre de Dios, al Niño Jesús y al
bondadoso San José» (846).
Luego el 30 de Julio de 1937,
Santa Faustina, nos narra su tercera experiencia: «San José me pidió que
mantuviera una devoción constante hacia él. Él mismo me indicó que rezara tres
oraciones [el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria] y el “Memorare” una vez
al día. Me miró con gran amabilidad y me hizo saber cuánto respaldaba esta
obra. Me prometió su ayuda y protección especiales. Rezo estas oraciones
diariamente y siento su protección especial» (1230). En todo momento, cabe
destacar que dichas experiencias San José actuaba como ese protector especial
de Santa Faustina.
De las palabras de la santa se
podría deducir que está hablando de una visión que ha tenido, pero podría haber
sido también una inspiración interior, algunos hablan de una propensión íntima
hacia la devoción al santo pero, la expresión: me ha pedido, parecería no dejar
muchas dudas, ya que deja entender que San José le hizo directamente esta
petición.
¿Cuál era la obra que San José
apoyaba? La difusión del Culto a la Divina Misericordia con la institución de
una Fiesta que se tenía que celebrar en toda la Iglesia el domingo in Albis y
la fundación por parte de sor Faustina de una nueva Congregación de carácter
contemplativo, con la misión de invocar la misericordia de Dios.
Estas fueron las misiones de
las que había sido investida por Jesús mismo, misiones que le costaron tanto
sufrimiento, de las cuales se sentía incapaz y cuyo peso en muchos momentos le
parecía demasiado grande para una pobre monja de poca cultura y salud precaria
como ella. Aquí entra en acción el carpintero de Nazaret, el silencioso pero
voluntarioso y eficiente José, que se pone como protector de la gran obra
confiada a la santa. Parece que San José se confirma como un Custodio
vigilante, dispuesto y generoso con las almas que confían en él como lo hizo
María Santísima.
La última visión, dada en el
25 de diciembre de 1937, Santa Faustina, registra en su Diario, «Al llegar a
la Misa de Gallo, me sumí en un profundo recogimiento desde el inicio de la
Misa, en el cual vi la escena del nacimiento de Belén iluminada intensamente.
La Santísima Virgen envolvía a Jesús en pañales, sumida en un profundo amor,
mientras San José aún dormía. Solo cuando la Virgen María colocó a Jesús en el
pesebre, la luz divina despertó a José, quien también estaba orando»
(1442).
La oración “Memorare” a San
José
La oración “Memorare”,
mencionada por santa Faustina en sus escritos, nos hace pensar enseguida a la
oración de San Bernardo escrita a la Santísima Virgen y, sin embargo, es una
oración que rezaban las Hermanas de la Santísima Virgen María de la Misericordia
dirigiéndose a San José para pedirle que no les faltara su protección y su
custodia. A esta oración pidió el Santo Patriarca que se añadieran tres
oraciones que probablemente eran un Pater, Ave y Gloria.
Acordaos
Amén.
martes, 21 de abril de 2026
PAPA FRANCISCO: La luz de Francisco
Al cumplirse un año de su partida a la Casa del Padre, subo el video de esta canción que junto al mítico Palito Ortega ofrecimos en octubre de 2013 como regalo y homenaje al Papa Francisco. Elevemos hoy una plegaria por el descanso eterno de su alma.
“Atiende con los oídos del alma los sonidos innumerables.
Esto que aquí se dice es desinteresado: recíbelo con mente pura.”
Ramón Bautista Ortega / José Antonio Medina
Canción: "La luz de Francisco"
Letra, música e interpretación: Palito Ortega
Edición vídeo: Chechu García.
Vídeo producido por: Goya Producciones
® RAMÓN BAUTISTA ORTEGA – 2013
domingo, 19 de abril de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: Apóstoles tristes y desalentados
III
Domingo de Pascua
Lc
24,13-35
Tantas han sido las pruebas
que Jesús dio de su Resurrección, durante cuarenta días, que resultaría necio
querer negar ese hecho. No obstante hubo, y hay, teorías que intentan,
vanamente, poner en duda la Resurrección. La Liturgia de todo este tiempo posterior
al Domingo de Pascua va evocando las manifestaciones que Jesús mismo hace de su
Resurrección, para que a sus discípulos no les quede duda alguna. Así, las
dudas de unos, la incredulidad de otros, la tardanza en reconocer, admitir y
entender el hecho, han contribuido poderosamente a fortalecer la fe.
Hoy nos presenta la Iglesia,
para la reflexión, a dos discípulos entristecidos, desilusionados, desanimados:
“Nosotros esperábamos que fuera El (Jesús) quien librara a Israel. Pero a todo
esto ya van tres días…”. ¡Esperábamos! Pero ahora, después que lo enterraron,
parecen haber enterrado también sus esperanzas, y ahora ya no esperan nada.
¡Cuantas veces se repite eso!
¡Se esperaba! Sí, se pensaba que tal hecho, suceso, o circunstancia iba a
cambiar a una persona. Ilusionados, en un primer momento, con una persona,
resulta que… ¡Esperábamos! Se pensaba que haciendo un retiro, un cursillo, participando
en algunas jornadas, integrando tal o cual movimiento o asociación iba a
mejorar uno, o insuflar nuevos bríos a tal movimiento… y resulta que la cosa no
fue así. ¿Por qué? Fundamentalmente por dos razones que considero muy
importantes: falta de adecuado conocimiento de las cosas de Dios, y en segundo
lugar falta de perseverancia.
1) Con demasiada frecuencia
aplicamos a las cosas de Dios los criterios, las medidas, las matemáticas
humanas. Con el menor esfuerzo y en el más breve plazo queremos lograr
resultados que Dios tiene reservados para Su tiempo y en la medida que El
quiere. El desaliento se produce cuando no se logran las propias expectativas.
Se pretende fijar plazos y términos al sacrificio. Nos olvidamos que el Señor
se vale de los medios más insospechados y, al parecer, menos aptos. Nos
olvidamos que el Señor perdona, y espera el regreso del hijo pródigo, con
paciencia infinita. Nos olvidamos que también nosotros, cada uno, tenemos
nuestras tremendas limitaciones. ¡Cuán olvidadas o ignoradas son las sabias
palabras de la IMITACIÓN DE CRISTO: “Si tú no sabes reformarte a ti mismo del
modo que conviene ¿cómo quieres que otro se rinda a tus deseos? Queremos que
otros sean perfectos, y no queremos enmendar nuestros propios defectos” (Libro
I, cap. 16: recomiendo la lectura de todo este breve, pero sustancioso,
capítulo).
2) Perseverancia. Conociendo
el barro de que estamos hechos, Jesús nos insiste sobre la necesidad vital de
la perseverancia: “Seréis aborrecidos por todos por mi nombre, el que persevere
hasta el fin se salvará” (Mt 10,22). “…Por el exceso de maldad se enfriará la
caridad de muchos; más, el que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Mt 24,
12-13). Muchos fracasos, en todo orden, se deben a la falta de perseverancia,
de constancia. Dice un adagio: “labor constans, omnia vincit”: el trabajo
constante, todo lo supera. Otro refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”.
No seamos, pues, como los discípulos de Emaús. Tenemos la seguridad del
triunfo, con Jesús. ¿por qué desanimarnos?
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.305-306)
jueves, 16 de abril de 2026
APOLOGÉTICA HOY (audios): Propiedades del alma humana: espiritualidad y libertad
Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".
Director: Padre José Antonio Medina.
Episodio Nº 43.
Tema: Propiedades
del alma humana: espiritualidad y libertad
Contenido:
-
Propiedades del alma humana: espiritualidad y libertad (Apologética
Fundamental)
1- Espiritualidad del alma.
2- Pruebas de la espiritualidad del alma (facultad de
pensar, de querer y de juzgar).
3- Libertad del alma.
4- Pruebas de la libertad del alma (El sentimiento
íntimo, la creencia general y las consecuencias que resultaría de la privación
de la libertad humana).
Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 3 de septiembre
de 2025.
domingo, 12 de abril de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: La Confesión, invento de Cristo
Jn
20,19-31
Jesús resucitó. Es un hecho
incuestionable. Ha concluido un modo de vida, el mortal, y ha empezado otro
modo, el de la vida inmortal, glorioso, eterno. La Resurrección en síntesis y
en esencia es eso.
La inmortalidad y el estado
glorioso sólo se encuentran en Dios. De allí que nuestro resucitar será un
eterno vivir en Dios, en la plenitud del gozo, de la felicidad. Algo que no
podemos ni imaginar.
Pero no basta el solo hecho de
la resurrección para lograr la felicidad. Se debe resucitar como Jesús, esto
es, en gracia, sin pecado. Para resucitar en gracia, hay que morir en gracia; y
para morir en gracia hay un solo modo absolutamente seguro: vivir
permanentemente en gracia.
Sin lugar a equivocarnos
podemos afirmar que toda la existencia, toda la realidad de Cristo debe ser
mirada desde esta perspectiva de la gracia para ser comprendida. Cristo vino,
vivió, enseñó, sufrió, murió, resucitó únicamente para satisfacer nuestra deuda;
es decir, destruir el pecado y darnos la gracia santificante.
A fin de asegurarnos de un
modo eficaz y permanente esta realidad, conocedor de nuestra miseria y
fragilidad, después de su Resurrección El mismo sigue actuando, a través de los
hombres (sacerdotes), en los Sacramentos que instituyó.
El evangelio de hoy (Juan 20,
19-31) nos consigna el hecho, en el mismo día de la Resurrección, de la
institución del Sacramento de la Confesión, actualmente denominado
Reconciliación. Por tanto, la confesión es un invento del amor de Jesucristo.
Que lo desmientan -y los desafiamos públicamente- aquellos que niegan la
realidad y la necesidad de este Sacramento, que niegan que lo haya instituido
Jesucristo: a quienes los sacerdotes perdonen los pecados, ésos quedarán
perdonados. Luego es necesario y obligatorio confesar los pecados para recibir
el perdón de Dios. Así lo estableció Jesucristo, y ello no se discute.
En un texto de homilética
leemos que una de las conquistas más prometedoras, según esperan, de la
psicoterapia moderna, es la confesión psicoanalítica. El paciente yace tumbado
en un diván, para su mayor comodidad, a oscuras, a fin de que pueda sobreponerse
más fácilmente al rubor natural. Y es sometido por el especialista a
interrogaciones que, ni en la confesión sacramental más rigurosa y pormenorizada,
se le propondrían. Ha de responder con absoluta sinceridad y sin vacilaciones.
Esta terapéutica es larga y onerosa. Consignemos, de paso, que esta terapia no
siempre produce los efectos esperados, no obstante ser tan difícil y costosa.
En cambio, Nuestro Señor
Jesucristo hizo las cosas mucho más sencillas para el tratamiento de la
enfermedad del pecado, y con resultados infalibles si el cristiano sabe aplicar
este remedio con la seriedad, frecuencia y devoción necesarias.
Llamo la atención sobre dos
cosas:
1) La confesión, tal como la
practica la Iglesia Católica (y no ante una pared o frente a un poste), es
absolutamente necesaria para todo aquel que haya cometido pecado grave. No hay
otro remedio para borrar el pecado. Para eso murió, para eso resucitó Jesús, y
para eso instituyó este Sacramento.
2) No se puede comulgar en
pecado mortal. Es necesario confesarse antes, y no después de la Comunión.
Comulgar en pecado es obligar a Cristo a entrar donde está el diablo. Es como
ponerlos juntos en una habitación. El solo deseo de comulgar no es razón, nunca,
para cometer un sacrilegio. Es necesario repasar el catecismo para tener ideas
claras.
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.324-325)
viernes, 3 de abril de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: O todo o nada
Viernes
Santo de la Pasión y Muerte del Señor
“Me amó y se entregó por mí”
(Gal. 2,20).
No vamos a repetir aquí lo que
ya todos sabemos de sobra, que Jesús murió de muerte ignominiosa y cruel en la
Cruz por cada uno de nosotros y por cada uno de nuestros pecados. Lo que vamos
a intentar en esta Semana Santa es mirarnos a nosotros mismos frente a Jesús
crucificado. De nada nos serviría considerar los dolores y los sufrimientos de
Cristo y de la Virgen María, por unos instantes (o por horas), si esa MUERTE no
nos dijera nada en relación a nuestra vida, a nuestra conducta de aquí en
adelante. Incluso las mismas lágrimas
que pudieran arrancarnos la consideración y meditación de este “drama”, serían
una burla sino aprendiera a llorar nuestro corazón, nuestra alma, y si no
naciera como respuesta un propósito firme que arraigue nuestra vida en una mayor
virtud y entrega generosa a Cristo.
“Me amó y se entregó por mí”,
decía san Pablo, y con él lo repetimos nosotros. Se nos dio, se nos entregó
todo, totalmente. No se reservó nada, ni siquiera a su queridísima Madre. Nos
la entregó. Es nuestra. Un amor donde no hay entrega total, o donde hay
“reservas”, no es amor. Aquí se vale aquello de “todo o nada”. Cristo nos ama
así, nos ama como nadie jamás será capaz de amarnos. Su “entrega” es la prueba
irrefutable. La Cruz es el signo de la totalidad y la garantía de la
autenticidad en este amor.
Frente a esta realidad ¿cuál
es la respuesta de nuestra vida? Amor con amor se paga. ¿Qué clase de
intensidad de amor utilizamos para amar al mismo amor? Porque “Dios es Amor”,
dice san Juan. Ese amor tiene forma humana:
Jesucristo. Ese amor tiene un sello característico, inviolable,
identificatorio: la Cruz. ¿Nos acercamos con nuestros actos, con nuestra vida
toda, la de todos los días, la que vivimos en todas partes, la de todos los
instantes del día, nos acercamos lo más posible a Jesús, aunque ello nos
cueste, o precisamente porque nos cuesta mucho quizá? Nuestra adhesión a
Cristo, a su Persona, ¿es real, auténtica, forzada, continua, sin tentaciones
de aflojamientos, de estancamiento, de retroceso, de huida y escapismo, o lo
que es peor, de cansancio y de desaliento en la virtud, en subir al calvario y
aparentemente no llegar nunca, estar siempre en lo mismo?
Y nuestra “entrega” a Cristo
en su Iglesia ¿qué tal? Cristo “se entregó por mí”, y sigue entregándose en la
Iglesia de la que formo parte. Se me entrega a través de los sacramentos, de
los ministros, de las personas; a través de las obras, instituciones. ¿En qué
medida tengo conciencia de que la Muerte de Cristo debe hacerme pensar,
seriamente, como retribuiré con mi colaboración, con mi presencia en la
Iglesia, activa y no parasitaria, con mi tiempo, con mi dinero? ¿O es que el
mantener las obras de la Iglesia con mi dinero no tiene ninguna relación con la
Muerte de Cristo en la Cruz? Y, lo que sería peor, ¿no utilizo el dinero ajeno
(ese que se le paga en justicia al obrero, peón, productor, o que se cobra
abusivamente para clavar, matar a Cristo? Cristo dio todo por Ti. Tu
mezquindad, avaricia y comodidad venden a Cristo al enemigo…
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.285-286)
domingo, 29 de marzo de 2026
MONSEÑOR LEÓN KRUK: Contrastes
Domingo
de Ramos en la Pasión del Señor
Con el “Domingo de Ramos”
entramos en la denominada Semana Mayor; porque conmemoramos los momentos
culminantes de nuestra salvación, la llamamos también Semana Santa.
Es la Semana Mayor porque en
ella vivimos en apretada y casi apurada síntesis, los mayores contrastes de una
historia, larga o breve, que a pesar de estar escrita, cada uno de nosotros la
realiza como algo novedoso y algo inédito todavía.
Ese tránsito, casi brusco, de
una manifestación de aclamación a Cristo como Rey, Dueño y Señor absoluto
(Domingo de Ramos) a un confuso clamoreo que pedía, un par de días después, la
muerte más ignominiosa -LA CRUCIFIXIÓN-
de ese mismo Cristo, ¿no te dice nada a ti mismo?
Es la Semana Mayor por la
enormidad de contrastes que en ellas conmemoramos. Por un lado, Dios hecho
amor, hecho misericordia visible, tangible, inconmensurable, y por otro, el
hombre hecho miseria, hecho lástima, hecho rebeldía y obstinación, dando nombres
y apellidos -los suyos propios- al pecado. Por un lado, Dios que viene, ofrece,
insiste con su plan de VIDA (Paz, Armonia, hermosura…), y por otro lado el
hombre que de continuo le opone su plan de muerte (guerras, odio, destrucción,
llantos…). Por un lado, Dios en la Persona de su Hijo se aproxima a sus hijos,
y por otro lado, el hombre que huye de esa paternidad, desarticulando no sólo
su vida individual sino perturbando también la existencia de sus semejantes. Es
la Semana de los contrastes llevados hasta sus últimas consecuencias. ¿Hasta
cuándo?
Creo que se trata de una
oportunidad nueva que Dios nos ofrece para que repasemos el Evangelio y
repensemos nuestra vida. Pero no nos engañemos en el método. Nuestra vida,
nuestro pasado, nuestro presente y nuestra suerte futura ya están escritos. Lo
importante es que sepamos encontrar esa página de la auténtica historia, porque
es también una historia de contrastes, quizás de sombras más intensas y
abundantes que de luz necesaria para ofrecer un cuadro más o menos pasable; una
historia de mediocridades, de cobardías, de egoísmos, etc., etc.
Esa historia -no te
sorprendas- es el Evangelio que quizá dices conocer. El Evangelio no es sólo un
resumen de la vida, de los hechos y de las palabras de Jesucristo. La historia
de Cristo tiene relación directa con cada una de nuestras vidas personales. Sin
esta relación, aquí y ahora, el Evangelio tendrá menos importancia y
trascendencia que un texto de matemáticas.
De allí que, en esta Semana
Santa, les invito a hacer el ensayo de leer la propia vida en el Evangelio.
¿Cómo? A modo de ejemplo, señalo algunas pistas, levanto algunas páginas. Voy a
considerar la Pasión y Muerte de Cristo como consecuencia de mi conducta y me
preguntaré: ¿En ese Reino de Dios, al que pertenezco por el Bautismo, soy trigo
de Dios o soy cizaña que cuida el diablo? ¿Soy el hijo pródigo que de continuo
reclamo y pido más y más parte de una herencia que voy malgastando, o soy el
hijo pródigo que se decidió a regresar a la casa del Padre? ¿Soy la samaritana que no se avergüenza de
que le descubra Cristo su propia historia para entrar en la de Cristo, o
rechazo el ofrecimiento del “Don de la Gracia”? ¿Soy el “valiente” Pedro que
jura no conocer a Cristo, que lo traiciona a cara descubierta, o soy el
arrepentido Pedro que reconoce su caída vergonzosa y llora su pecado? ¿Soy
quizá Judas, que lo vendo a Cristo en secreto, con disimulo, con hipocresía,
“aparentando una careta de cristiano”, pero que en lo íntimo me siento cobarde
para emprender una vida nueva?
En una palabra: ¿en que parte
de los grandes contrastes, que nos registra el Evangelio, está la historia de
mi vida? ¿Es la historia que Dios quiere: de la pecadora arrepentida, del hijo
pródigo que regresa, de Pedro humillado, de la oveja que se deja conducir al
redil? Lo triste no es que Cristo haya muerto sino que tú no quieras VIVIR,
RESUCITAR.
Obispo de San Rafael,
Argentina desde 1973 a 1991.
(Artículo del libro
“Mano a mano con el Obispo de San Rafael,
Ediciones Nihuil, 1988,
pags.280-281)
miércoles, 18 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: Novena 9no día - San José Castísimo
Homilía pronunciada el miércoles 18 de marzo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del noveno día de la Novena en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
martes, 17 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: Novena 8vo día - San José Justísimo
Homilía pronunciada el martes 17 de marzo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del octavo día de la Novena en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
lunes, 16 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: Novena 7mo día - Jefe de la Sagrada Familia
Homilía pronunciada el lunes 16 de marzo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del séptimo día de la Novena en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
domingo, 15 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: Novena 6to día - Ferviente defensor de Cristo
Homilía pronunciada el Domingo 15 de marzo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del sexto día de la Novena en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
sábado, 14 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: Novena 5to día - Padre adoptivo del Hijo de Dios
Homilía pronunciada el sábado 14 de marzo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del quinto día de la Novena en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
viernes, 13 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: Novena 4to día - Casto guardián de la Virgen
Homilía pronunciada el viernes
13 de marzo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa
Misa del cuarto día de la Novena en honor de San José, en la Parroquia
"Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.
jueves, 12 de marzo de 2026
SAN JOSÉ: Novena 3er día - Esposo de la Madre de Dios
Homilía pronunciada el jueves 12 de marzo de 2026 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa del tercer día de la Novena en honor de San José, en la Parroquia "Santiago Apóstol", de Casarrubuelos, Madrid, España.













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