sábado, 21 de febrero de 2026

SANTO PADRE PÍO: Sorpresa y admiración por un cuadro que me regalaron para el día de mi cumpleaños

Derechos de imagen:
Sławomir Marek Wałowski Fastyn
 

Queridos amigos y hermanos del blog. No es novedad decirles de mi gran devoción al Santo Padre Pío de Pietrelcina. Este querido santo me ha acompañado desde los inicios de mi seminario y en todo momento y circunstancia de mis ya 34 años de sacerdocio. Mi devoción al Padre Pío que por los medios de comunicación cualquiera puede descubrir también la conocen, por supuesto, los que personalmente son parte de mi vida y mi ministerio. Cuatro amigos y colaboradores que me acompañan en uno de los apostolados que actualmente ejerzo me sorprendieron para el día de mi cumpleaños con el cuadro del Padre Pío que acompaña esta publicación y que ya lo he puesto en un lugar de preferencia en el salón de mi casa.

La sorpresa y admiración de la primera mirada cuando me lo entregaron se ha convertido en una mirada serena y devota en mis ratos personales de oración. Me sigue sorprendiendo la verdad de la imagen, como así también la textura propia de su hechura y acabado. Por eso le he pedido al artista que lo realizó, Sławomir Marek Wałowski Fastyn, que me haga una explicación de su realización, y lo que yo esperaba como una simple exposición de su método de trabajo, me ha sorprendido, otra vez la sorpresa, con un texto de mucho calado en la explicación y de muy hondo contenido espiritual. Por estos motivos, luego de obtener su permiso ahora les comparto dicho texto.

Gracias a mis queridos amigos por tal magnífico regalo, gracias a Sławomir por compartir su arte y su fina sensibilidad religiosa a través de su trabajo artístico.

Con mi bendición.

Padre José Medina.

                                                          +++

 

Sławomir Marek
Wałowski Fastyn
La piedra que custodia el alma: contra la levedad de una vida digital.

          Por aquel 1971 sin aun conocer el destino ni saber lugar nace una idea: “algún día hare algo…”

Hoy me gustaría invitaros a una reflexión que nace de una inquietud compartida: ¿dónde estamos guardando lo que de verdad importa?

Vivimos en la era de la "vida gaseosa". Tenemos miles de recuerdos flotando en una nube invisible, atrapados en dispositivos que caducan casi antes de que aprendamos a usarlos. Nos hemos acostumbrado a una existencia de esta pantalla de cristal y silicio, donde un simple "clic" o un fallo en el servidor pueden borrar, de un plumazo, el rastro de toda una vida.

Hay una fatiga honda en lo etéreo. Un miedo callado a que, en este mundo hiperconectado, nuestra historia personal se vuelva tan frágil como la señal de Wi-Fi que nos rodea.

A veces, la tecnología actual parece una herramienta forense: registra cada poro y cada arruga con una nitidez estéril, pero se olvida de lo más importante: el alma de lo vivido. Por eso, frente a la insoportable levedad de los bits, hoy quiero hablaros de la vuelta a la materia. De algo creado con mucha dedicación y perseverancia, yo lo he llamado CEMOGRAFÍA y, es una técnica artística basada en la aplicación, manipulación y representación plástica del cemento como medio de expresión visual.

Es el paso del "contenido" al "monumento". Mientras el mundo digital fragmenta nuestra realidad, este arte la petrifica en la esencia del sólido, dándole el volumen a las cosas. Porque el verdadero lujo, en el sentido más noble de la palabra, no es la imagen perfecta, sino la permanencia.

Crear un "fósil moderno"

No estamos hablando de imprimir fotos. Hablamos de un proceso de artesanía extrema, de esos que requieren paciencia, manos expertas y un respeto casi místico por el tiempo (necesitamos cuatro semanas de curado lento, sin prisas).

Es, en esencia, una pequeña ingeniería de la memoria:

El vacío como principio: Primero creamos el lugar donde habitará el recuerdo. Es como preparar el corazón para recibir una palabra.

      Estratos de vida: Vamos depositando microcemento PaÌnÁrd natural capa a capa, emulando cómo la tierra crea sus propias historias. El color no se pinta encima; está en la masa, en el núcleo mismo de la pieza.

            Fusión y unidad: En el silencio del taller, esas capas se funden hasta convertirse en un único bloque de piedra.

            En consecuencia, de ello es un monolito que desafía al tiempo. Un lienzo puede arder y una fotografía puede deshacerse con el agua, pero la piedra sobrevive. Si cortaras una de estas piezas, verías que el recuerdo sigue ahí, indivisible, en su centro.

        Es devolverle a la memoria su peso geológico. Es decidir que hay cosas, nuestras raíces, nuestros afectos, que no merecen ser gaseosas, sino que deben descansar sobre cimientos sólidos.

            Al final, se trata de elegir: ¿queremos que nuestro paso por el mundo sea un dato en la nube o una huella en la piedra?

 

P.D.:

          Dice el salmo que "la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". Quizás, para salvar nuestra memoria, necesitemos volver a lo más básico y firme que tenemos bajo los pies.

 

Sławomir Marek Wałowski Fastyn

sw@hydroclinker.com

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