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sábado, 27 de diciembre de 2025

SACERDOCIO: Síntesis de la Carta apostólica del Papa León XIV “Una fidelidad que genera futuro”

 

“Para reconsiderar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia”, presenta el Papa León XIV su Carta apostólica con motivo del 60 aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis.

Vatican News, Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

En el LX aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis, promulgados respectivamente el 28 de octubre y el 7 de diciembre de 1965, el Papa León XIV publica la Carta Apostólica “Una fidelidad que genera futuro”, reflexionando sobre la fidelidad en el servicio, la fraternidad, la sinodalidad, la misión y el futuro.

“Una fidelidad que genera futuro es a lo que los presbíteros están llamados también hoy, en la conciencia de que perseverar en la misión apostólica nos ofrece la posibilidad de interrogarnos sobre el futuro del ministerio y de ayudar a otros a percibir la alegría de la vocación presbiteral”, expresa el Pontífice al inicio de la Carta que se difunde este lunes 22 de diciembre.

Señala el Papa que los Decretos Optatam totius y Presbyterorum ordinis, “son dos textos nacidos de una única inspiración de la Iglesia, que se siente llamada a ser signo e instrumento de unidad para todos los pueblos e interpelada a renovarse, consciente de que la anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, animado por el espíritu de Cristo”.

Estos decretos afirma el Papa, “constituyen un hito fundamental de la reflexión acerca de la naturaleza y la misión del ministerio pastoral, así como de la preparación para el mismo, conservando con el paso del tiempo una gran frescura y actualidad”.

“Es necesario -exhorta León XIV-, por tanto, hacer de ellos una memoria viva, respondiendo a la llamada a acoger el mandato que estos Decretos han confiado a toda la Iglesia: revitalizar siempre y cada día el ministerio presbiteral, extrayendo fuerza de su raíz, que es el vínculo entre Cristo y la Iglesia, para ser, junto con todos los fieles y a su servicio, discípulos misioneros según su Corazón”.

El Santo Padre invita con esta Carta apostólica a “reconsiderar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia, prolongando la gran obra de actualización del Concilio Vaticano II”.

El Papa León XIV también expresa su gratitud a los sacerdotes por su testimonio y entrega, “que, en todas partes del mundo, ofrecen su vida, celebran el sacrificio de Cristo en la Eucaristía, anuncian la Palabra, absuelven los pecados y se dedican día tras día con generosidad a los hermanos y hermanas, sirviendo a la comunión y a la unidad, y cuidando, en particular, de quienes más sufren y pasan necesidad”.

La fidelidad y el servicio

Y reflexionando sobre la fidelidad y el servicio el Papa advierte que “especialmente en el tiempo de la prueba y de la tentación, se fortalece cuando no olvidamos esa voz, cuando somos capaces de recordar con pasión el sonido de la voz del Señor que nos ama, nos elige y nos llama, confiándonos también al indispensable acompañamiento de quienes son expertos en la vida del Espíritu”.

El Papa también acentúa la importancia de la formación permanente de los sacerdotes, “en este sentido se comprende lo que Optatam totius indica respecto a la formación sacerdotal, deseando que no se detenga en el tiempo del Seminario (cf. n. 22), abriendo el camino a una formación continua, permanente, de modo que constituya un dinamismo de constante renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral”. Y que asegure también “el crecimiento y la madurez humana de los candidatos al presbiterado, junto con una rica y sólida vida espiritual”, incluso ante la crisis de confianza en la Iglesia provocada por los abusos cometidos por miembros del clero.

Asimismo para el Papa el tema formativo resulta central para afrontar “el fenómeno de quienes, después de algunos años o incluso decenios, abandonan el ministerio”. Situación “que exige mirar con atención y compasión la historia de estos hermanos y las múltiples razones que pudieron conducirlos a tal decisión”.

“Se trata, por tanto, de custodiar y hacer crecer la vocación en un camino constante de conversión y de renovada fidelidad, que nunca es un recorrido meramente individual, sino que nos compromete a cuidarnos unos a otros”

Fidelidad y fraternidad

Y reflexionando sobre la fidelidad y la fraternidad el Papa cita el Decreto Presbyterorum ordinis: «Los sacerdotes del Nuevo Testamento, aunque por razón del sacramento del Orden ejercen el ministerio de padre y de maestro, importantísimo y necesario en el pueblo y para el pueblo de Dios, sin embargo, son, juntamente con todos los fieles cristianos, discípulos del Señor, hechos partícipes de su Reino por la gracia de Dios que llama. Con todos los regenerados en la fuente del bautismo los presbíteros son hermanos entre los hermanos, puesto que son miembros de un mismo Cuerpo de Cristo, cuya edificación se exige a todos».

“La fraternidad presbiteral, por lo tanto -dice el Papa-, antes que ser una tarea que hay que realizar, es un don inherente a la gracia de la Ordenación. Hay que reconocer que este don nos precede: no se construye sólo con la buena voluntad y en virtud de un esfuerzo colectivo, sino que es un don de la Gracia, que nos hace partícipes del ministerio del obispo y se realiza en la comunión con él y con los hermanos”.

Insiste el Pontífice en que “la fraternidad presbiteral debe considerarse, por lo tanto, como un elemento constitutivo de la identidad de los ministros, no sólo como un ideal o un eslogan, sino como un aspecto en el que comprometerse con renovado vigor”.

“En un tiempo de gran fragilidad, todos los ministros ordenados están llamados a vivir la comunión volviendo a lo esencial y acercándose a las personas, para custodiar la esperanza que se hace realidad en el servicio humilde y concreto”

Fidelidad y sinodalidad

Luego al hablar de la identidad de los sacerdotes, destaca los señalado por el Decreto Presbyterorum ordinis sobre el vínculo con el sacerdocio y la misión de Jesucristo (cf. n. 2) y señala luego tres coordenadas fundamentales: la relación con el obispo, la comunión sacramental y la fraternidad con los demás presbíteros; y la relación con los fieles laicos. De esta manera invita también a vivir la fidelidad junto al ejercicio de la sinodalidad. “El impulso del proceso sinodal es una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos decididos en esta dirección”.  

“En una Iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas”, dice el Pontifice.

“Para implementar cada vez mejor una eclesiología de comunión, es necesario que el ministerio del presbítero supere el modelo de un liderazgo exclusivo, que determina la centralización de la vida pastoral y la carga de todas las responsabilidades confiadas sólo a él, tendiendo hacia una conducción cada vez más colegiada, en la cooperación entre los presbíteros, los diáconos y todo el Pueblo de Dios, en ese enriquecimiento mutuo que es fruto de la variedad de carismas suscitados por el Espíritu Santo”

Fidelidad y misión

“La identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ser para y es inseparable de su misión”, dice el Papa reflexionando sobre la fidelidad y la misión. Como una “vocación sacerdotal se desarrolla entre las alegrías y las fatigas de un servicio humilde a los hermanos, que el mundo a menudo desconoce, pero del que tiene una profunda sed: encontrar testigos creyentes y creíbles del Amor de Dios, fiel y misericordioso, constituye una vía primordial de evangelización”.

Y advierte sobre dos tentaciones contra la fidelidad a la misión, en un mundo acelerado e hiperconectados. La primera es “una mentalidad eficientista según la cual el valor de cada uno se mide por el rendimiento, es decir, por la cantidad de actividades y proyectos realizados”. Y en segundo lugar “una especie de quietismo: asustados por el contexto, nos encerramos en nosotros mismos, rechazando el desafío de la evangelización y adoptando un enfoque perezoso y derrotista”.

“Para vencer estas dos tentaciones y vivir un ministerio gozoso y fecundo, cada sacerdote debe permanecer fiel a la misión que ha recibido, es decir, al don de la gracia transmitido por el obispo durante la Ordenación sacerdotal”

Fidelidad y futuro

Mirando al futuro el Papa León XIV desea que “la celebración del aniversario de los dos Decretos conciliares y el camino que estamos llamados a compartir para concretarlos y actualizarlos se traduzcan en un renovado Pentecostés vocacional en la Iglesia, suscitando santas, numerosas y perseverantes vocaciones al sacerdocio ministerial, para que nunca falten obreros para la mies del Señor”.

“Junto con la oración, la escasez de vocaciones al sacerdocio —especialmente en algunas regiones del mundo— exige que todos revisemos la capacidad generativa de las prácticas pastorales de la Iglesia”

Concluye el Papa agradeciendo al Señor que siempre esta cercano y camino con su pueblo a través del sacerdote, “y doy las gracias a todos ustedes, pastores y fieles laicos, que abren su mente y corazón al mensaje profético de los Decretos conciliares Presbyterorum ordinis y Optatam totius y se disponen, juntos, a nutrirse y estimularse mutuamente para el camino de la Iglesia".

martes, 2 de diciembre de 2025

LEÓN XIV: San Chárbel se ha convertido en un río de misericordia

 

VISITA Y ORACIÓN EN LA TUMBA DE SAN CHARBEL MAKHLOUF

SALUDO DEL SANTO PADRE

Monasterio de San Maroun (Annaya)

Lunes, 1 de diciembre de 2025

 

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco al Superior General sus palabras y su hospitalidad en este hermoso Monasterio de Annaya. La naturaleza que rodea esta casa de oración nos atrae también con su austera belleza.

Doy gracias a Dios por haberme concedido venir como peregrino a la tumba de san Chárbel. Mis predecesores —especialmente san Pablo VI, que lo beatificó y canonizó— lo habrían deseado mucho.

Queridos hermanos, ¿qué nos enseña hoy san Chárbel? ¿Cuál es el legado de este hombre que no escribió nada, que vivió oculto y silente, pero cuya fama se extendió por todo el mundo?

Me gustaría resumirlo así: el Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas. Son todos comportamientos a contracorriente, pero precisamente por eso nos atraen, como el agua fresca y pura atrae a quien camina por el desierto.

En particular, a nosotros, obispos y ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos.

Y luego, hay otro aspecto que es decisivo: nunca dejó de interceder por nosotros ante el Padre celestial, fuente de todo bien y de toda gracia. Ya desde su vida terrena, muchos acudían a él para recibir del Señor consuelo, perdón y consejo. Tras su muerte, todo esto se multiplicó y se ha convertido en un río de misericordia. También por eso, cada 22 del mes, miles de peregrinos acuden hasta aquí desde diferentes países para pasar un día de oración y descanso del alma y del cuerpo.

Hermanas y hermanos, hoy queremos confiar a la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz. Especialmente la imploramos para el Líbano y para todo Oriente Próximo. Pero sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones. Por eso, que san Chárbel nos ayude a orientarnos hacia Dios y a pedir el don de la conversión para todos nosotros.

Queridos hermanos, como símbolo de la luz que Dios ha encendido aquí por medio de san Chárbel, he traído como regalo una lámpara. Al ofrecerla, encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo. Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor!

Papa León XIV




sábado, 14 de junio de 2025

COLUMNISTA INVITADO: El Papa León XIV y la familia, por Monseñor Héctor Rubén Aguer

 

El Papa León XIV confirmó la doctrina católica sobre la realidad natural del matrimonio. Según la Tradición de la Iglesia, la base de la afirmación se encuentra en la Sagrada Escritura. En el libro del Génesis, en el ámbito de la creación y en su cúspide, se dice «no es bueno que el hombre esté solo: le haré un complemento (la mayor parte de las versiones, reza: le haré una ayuda adecuada)». El matrimonio expresa ese complemento; el Sumo Pontífice recordó, simplemente, que el matrimonio es la unión entre el hombre y la mujer. En muchos países, la legislación autoriza parejas del mismo sexo, a lo cual se llama equívocamente «matrimonio». Se puede mostrar admiración ante este fenómeno contrario a la naturaleza. La razón del equívoco está en la negación de la naturaleza y del orden natural. Sobre este orden natural se apoya la gracia sacramental del matrimonio cristiano.

León XIV destacó los ejemplos de vida para que los jóvenes de hoy comprendan la realidad sobrenatural del matrimonio cristiano. Sus palabras, en el mensaje que envió a los participantes del seminario «Evangelizar con las familias de hoy y de mañana. Desafíos eclesiales y pastorales», fueron: «Quizás muchos jóvenes, que hoy en día optan por la convivencia, en lugar del matrimonio cristiano, necesitan en realidad a alguien que les muestre de forma concreta y comprensible, especialmente con el ejemplo de vida, qué es el don de la gracia sacramental y qué fuerza proviene de él; que les ayude a comprender la belleza y la grandeza de la vocación al amor y al servicio de la vida que Dios concede a los esposos». La costumbre que se impone universalmente suprime la tradicional etapa del noviazgo; hoy en día los novios conviven, es decir, tienen relaciones sexuales y «se cuidan» para evitar un embarazo, lo que de cualquier manera se resuelve con el aborto.

También mencionó el Pontífice a «los matrimonios santos entre hombre y mujer (que) permiten superar las fuerzas que destruyen relaciones y sociedades». Mencionó a quienes han sido canonizados, como los padres de Santa Teresita, Luis y Celia Martin, y los Ulma, asesinados por haber protegido judíos de la Segunda Guerra Mundial. Puntualizó que «al proponerlos como testigos ejemplares, la Iglesia nos dice que el mundo de hoy necesita la alianza conyugal para conocer y acoger el amor de Dios».

Esta última afirmación muestra el valor evangelizador del matrimonio cristiano, es decir, difundir el amor de Dios, en un mundo donde Dios es olvidado. Los cristianos hacen presente el Misterio divino: proclaman que Dios es el Creador, el Redentor, y Quien recibe a los hombres en su eternidad. El mundo actual necesita el amor de Dios, que disiparía los odios y egoísmos, incrustados en los corazones de los hombres y que, convertidos en cultura, son la causa de enfrentamientos y guerras que enturbian la paz ¡Muy oportuna la mención que hace León XIV del matrimonio cristiano y la familia! Es en este ámbito íntimo donde se incuba el modelo de una sociedad en la que reine el amor de Cristo, fuente de paz y felicidad.

Que en este Pentecostés, el Espíritu Santo, renueve nuestro ardor misionero; para anunciar, con creciente lucidez y coraje, el Evangelio de la Vida y de la Familia. El mundo necesita, más que nunca, de una Iglesia unida, con coraje y coherencia, que proclame, sin descuentos, el Amor de Dios; por el camino de los Mandamientos y las Bienaventuranzas.

 

+ Héctor Rubén Aguer*, Arzobispo Emérito de La Plata, Argentina.

Buenos Aires, 8 de junio de 2025. Domingo de Pentecostés.

 

*Nació en Buenos Aires, el 24 de mayo de 1943; ordenado sacerdote el 25 de noviembre de 1972, en Buenos Aires, por monseñor Juan Carlos Aramburu, arzobispo coadjutor de Buenos Aires; elegido obispo titular de Lamdia y auxiliar de Buenos Aires, el 26 de febrero de 1992, por Juan Pablo II; ordenado obispo el 4 de abril de 1992, en la catedral de Buenos Aires por el cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires; promovido a arzobispo coadjutor de La Plata el 26 de junio de 1998, tomó posesión del cargo el 8 de septiembre de 1998; inició su ministerio pastoral, por sucesión, como séptimo arzobispo de La Plata (noveno diocesano) el 12 de junio de 2000. El papa Francisco le aceptó la renuncia por edad el 2 de junio de 2018. Académico Honorario de la Pontificia Academia Santo Tomás de Aquino. Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y Académico Correspondiente de la Academia Provincial de Ciencias y Artes de San Isidro. Gran Prior para la Argentina de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén y Capellán Conventual «ad honorem» de la Soberana Orden Militar de Malta. Es licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina (Buenos Aires, 1977). Lema episcopal: «Silenti opere».

sábado, 24 de mayo de 2025

LEÓN XIV: Oración por el Papa

 


V. Oremos por nuestro Papa León XIV.

R. Que el Señor lo guarde, le dé larga vida, lo haga santo en la tierra y no lo entregue a la voluntad de sus enemigos.

Padre nuestro.

Ave María.

 

Oremos.

Dios nuestro, pastor y guía de todos los fieles,

mira con bondad a tu siervo León XIV,

a quien constituiste pastor de tu Iglesia.

Te rogamos que lo sostengas con tu amor,

para que, con su palabra y su ejemplo,

conduzca al pueblo que le has confiado,

y llegue junto con él a la vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.