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| Imagen de San José que se venera en la Parroquia "Santiago Apóstol", Casarrubuelos, Madrid, España. |
El aceite de San José es una
devoción aún poco conocida por el gran público, pero preciosa para muchos
fieles. Tiene sus raíces en la historia espiritual del santuario de San José de
Montreal (Canadá) y en la vida del Santo Hermano Andrés, un humilde portero que
se convirtió en instrumento de innumerables gracias.
Mucho más que un simple objeto
piadoso, este aceite bendito es un signo de fe, confianza e intercesión, y
acompaña las oraciones de curación, consuelo y conversión.
Fue a principios del siglo XX
cuando tomó forma la tradición del aceite de San José. El hermano André
Bessette, de Montreal, era profundamente devoto de San José. Su modesta misión
consistía en recibir a los visitantes en la puerta del colegio.
Pero este discreto portero
pronto se hizo famoso por su ferviente oración y las curaciones que parecían
seguir a su intercesión. Para manifestar su oración, el Hermano André utilizaba
aceite de oliva bendecido, que ponía sobre los enfermos con fe, mientras rezaba
a San José. Este aceite, que tomaba de una lámpara encendida delante de una
estatua del santo, se convertía en el humilde soporte de un profundo acto de
fe. Muchas personas se sintieron aliviadas, consoladas o incluso curadas.
¿Quién es San Andrés Bessette?
San Andrés Bessette
(1845-1937) fue un religioso canadiense de la Congregación de la Santa Cruz que
fundó el oratorio de San José. Nació el 9 de agosto de 1945 en la zona de
Quebec. Huérfano a los doce años de edad, trabaja en diferentes lugares y
oficios hasta que el párroco, viendo su devoción decidió presentarlo a la
Congregación de la Santa Cruz donde fue aceptado en 1872.
Erige una pequeña capilla para
custodiar una imagen milagrosa de San José que había sido traída de Francia por
los primeros hermanos de la Congregación. Cada vez más, los novicios y otros
fieles comenzaron a llegar en peregrinación movidos por los milagros atribuidos
a la imagen de San José y de André Bessette. Movido por una espiritualidad importada
de Francia, André ungía a los enfermos con el aceite de la lámpara de San José.
Se la atribuyen numerosísimos milagros en durante su vida.
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| San Andrés Bessette (1845-1937) |
Uso espiritual, no mágico
El aceite de San José no es un
remedio milagroso en el sentido mágico. No sustituye a la medicina ni a los
sacramentos. Es un signo sacramental: dispone el corazón para recibir la gracia
de Dios, como el agua bendita o una medalla.
Se bendice por un sacerdote, y
se utiliza en un ambiente de oración, con humildad y fe. Puede aplicarse en la
frente, en las manos, en una parte del cuerpo que sufre, o utilizarse para
bendecir un objeto, una puerta, una cama, invocando la intercesión de San José.
Se utiliza especialmente para:
- acompañar la oración de
curación,
- aliviar un sufrimiento
físico o moral,
- proteger un lugar o una
persona,
- confiar una intención
difícil a San José.
¿Cómo utilizarlo?
No hay un ritual rígido ni
establecido, pero aquí tienes una forma sencilla y respetuosa, por ejemplo, en
la Parroquia “Santiago Apóstol” de Casarrubuelos, Madrid, al término de la
Santa Misa Votiva de San José, el día 19 de cada mes, el sacerdote lo impone en
forma de cruz sobre la frente de quien quiera recibirlo.
Al imponerlo se dicen estas
palabras: “San José, padre, protector y guardián, ruega por este hijo
tuyo para que sea fortalecido en la fe y sanado en lo que te pide”.
Una fe encarnada
En nuestro mundo moderno, este
óleo nos recuerda que la fe cristiana llega a través de gestos concretos:
tocar, bendecir, encomendar. Nos ayuda a expresar con el cuerpo lo que cree el
alma, y a experimentar una cercanía sensible a los santos.
Nos invita a rezar a San José
no como una figura lejana, sino como un padre, un protector, un fiel
intercesor.
Oración
San
José,
tú que
velaste con amor por Jesús y María,
tú que
sanaste tantos corazones por tu intercesión,
acompáñame
en mis pruebas,
y haz
descender sobre mí la paz de Dios.
Que
este óleo bendito sea el signo de mi confianza,
y que
a través de él, el Señor sane, consuele y fortalezca.
San
José, ruega por nosotros.
Amén.


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