domingo, 24 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 25º Domingo del Tiempo Ordinario: Los obreros de la viña

 


«Señor, que yo te busque mientras se te puede encontrar, que te invoque mientras estás cerca» (Is 55, 6).

«Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos» (Is 55, 8; La lectura). Tal es en síntesis el mensaje de los textos bíblicos de la Liturgia de hoy. El hombre no puede reducir a Dios a la medida de sus pensamientos ni condicionar la conducta del Altísimo a sus categorías de justicia y de bondad. Dios está por encima del hombre mucho más que el cielo de la tierra (ib 9), por eso muchas veces los planes de su providencia son incomprensibles a la mente humana, la cual debe aceptarlos con humildad sin pretender escudriñarlos o juzgarlos.

Tal es la enseñanza profunda encerrada en la parábola de los obreros de la viña que el Evangelio de hoy (Mt 20, 1-16) propone a la meditación de los fieles. «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña; se ajusta con ellos en un denario y los manda al trabajo. Pero hacen falta más brazos, y el propietario sale otras cuatro veces a la plaza a buscar jornaleros: a las horas tercia, sexta, nona y undécima, o sea desde las nueve de la mañana hasta el atardecer. Terminada la jornada los obreros reciben su paga empezando por los últimos, los cuales, igual que los primeros, reciben un denario. Y surge la reacción tan humana de los primeros: «Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Pero el propietario responde: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?... Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?» (ib 12-15).

En el plano de la justicia social este razonamiento sería discutible. Pero la intención de Jesús al proponer la parábola no es dar una lección sobre la «moral del salario» ni de sociología, sino dar a entender que el Reino de los Cielos se basa en principios muy diferentes de los que regulan las relaciones humanas de dar y recibir. Dios, infinitamente justo, es otro tanto misericordioso y libre; extendiendo la salvación a los que han sido llamados los últimos -los paganos-, no defrauda a los primeros -el pueblo elegido-; acogiendo en su reino a los pecadores convertidos en edad avanzada no hace injuria a los que han vivido siempre en la inocencia. En el mundo de la gracia no hay derechos que hacer valer.

Es cierto que el hombre debe colaborar en su salvación eterna, pero ésta es un bien tan grande, que no deja nunca de ser un don, hasta para los más grandes santos. Por lo demás, la parábola con la pregunta: «¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» (ib 15), deja entender que el motivo del malhumor de los trabajadores de primera hora, no es tanto amor a la justicia, cuanto envidia por la generosidad de que fueron objeto los de la última. Pero Dios no sufre en los obreros del Reino ninguna especie de envidia o rivalidad contra los hermanos; y sólo reconoce como obreros suyos a los que saben gozarse del bien ajeno como si fuese propio.

La parábola, pues, no pretende alentar a los perezosos u holgazanes que dejan para última hora la conversión y el servicio de Dios, sino enseñar que Dios puede llamar a cualquier hora y que el hombre debe estar siempre pronto a responder a su llamada. «Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca» (Is 55, 6). El que fue llamado al alba de la vida no puede presumir de tener mayores derechos que el que lo ha sido en edad madura y aun a última hora; y estos últimos no deben desanimarse ni retroceder pensando que es demasiado tarde.

Resulta útil también a este propósito la palabra de san Pablo sacada de la segunda lectura (FI 1, 20b-24.27): “Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte”. El verdadero discípulo de Cristo no mira tanto a sus circunstancias personales -hora de llamada, servicios prestados, recompensa-, cuanto a dar gloria a Cristo por el cual únicamente vive.

 

Yo no puedo penetrar en tus misteriosos secretos, oh Señor. Tú has muerto por todos, lo sé... Cuál sea el plan eterno de tu providencia sobre mí, no puedo decirlo; pero, fundado en las gracias con que has querido favorecerme, puedo esperar que mi nombre esté entre los que has escrito en el libro de la vida. Hay, con todo, una cosa de la que, en mi caso personal, tengo certeza y a la que, en lo que a los otros se refiere, llego por fe: que si no alcanzo la corona de !a gloria que has puesto al alcance de mi mano, será únicamente por mi culpa.

Tú me has asediado con tus gracias desde la juventud. Te has preocupado de mí como si yo fuese para ti algo verdaderamente importante, como si no fuese yo quien puede perder el cielo, sino tú quien me pudieses perder a mí. Me has conducido por un camino sembrado de innumerables gracias. Me has conducido junto a ti de la manera más íntima, me has introducido en tu casa y en tus moradas y te me has dado a ti mismo como manjar. ¿Acaso no es amor el tuyo?, ¿amor real, sincero, esencial, eficaz e ilimitado? Sé que lo es; estoy plenamente convencido de ello. Tú no esperas más que la ocasión de hacerme dones, de derramar sobre mí tus bendiciones. Estás siempre esperando que yo te pida tu gracia. (Cardenal John Henry Newman, Madurez cristiana).

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

sábado, 23 de septiembre de 2023

SANTO PADRE PÍO: Carta al Padre Pío de Pietrelcina en el aniversario de su muerte

 

Queridos amigos y hermanos del blog: cada 23 de septiembre se cumple un nuevo aniversario de la muerte del santo Padre Pío (1887-1968). Les comparto una carta escrita en el 40 aniversario de su partida: 

“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”

Querido Padre Pío, queridísimo Padre Pío:

Permíteme que también yo, como tantos cientos y miles de personas hicieron durante tu vida y siguen haciendo durante tu muerte y tu pascua, te escriba una carta. Ya sabes que hasta quien después sería el Papa Juan Pablo II te escribió en varias ocasiones.

Cuando aparecías en público, los fieles se arremolinaban en tu derredor para hacerte llegar sus cartas, que inundaban también las oficinas de correos. ¡Qué habría sido hoy con las nuevas tecnologías!… Y tú las recogías, con el amor y la rudeza habituales, y las guardabas junto a tus llagas. ¡Qué mejor lugar para que la gracia de Dios las rociara y las bendijera! Recibe también hoy mi carta. Guárdala a la vera de tus llagas florecidas y resucitadas. Y reza por mí, por mis intenciones y necesidades, por mi vida y ministerio. Que ya sabes por lo que pido y lo que necesito.

Hoy hace cuarenta años de tu muerte, de tu pascua. Apenas unas horas antes de que la hermana muerte llamará a tu puerta y a tu anciano, enfermo y crucificado cuerpo, la Pascua ya se había verificado en ti. Las llagas, que habían sido tu cruz y tu gloria, habían desaparecido misteriosamente, milagrosamente, de la misma manera misteriosa y milagrosa que llegaron de modo visible cincuenta años antes. Tu última misa había sido ya tu misa definitiva, tu Eucaristía eterna y pascual. Por cierto, ¡cuánto me hubiera gustado poder asistir a alguna de tus misas del alba, de tus largas, doloridas y gozosas Eucaristías!

Gracia, pura y gratuita gracia

En la vigilia de tu fiesta litúrgica, en la vigilia de hoy, he estado releyendo y revisando la documentación que tengo sobre ti. Y, ¿sabes?, la pregunta es siempre la misma: ¿cómo y por qué viniste hasta mí? Nos separan años, kilómetros, entornos culturales y sociales, en España apenas eres conocido…. ¿Cómo y por qué viniste hasta mí, querido Padre Pío? ¿Cuál es el porqué de mi “perra” hacia ti, querido Padre Pío? Y siempre que me lo pregunto, como ahora, como en la vigilia de tu fiesta litúrgica, la respuesta es siempre la misma: la gracia, pura gracia, la Providencia. Sí, no hay otra explicación: la gracia de Dios lo ha querido, has sido y eres para mí gracia de Dios, un regalo del Altísimo, como lo eres para tantos miles y millones de personas, como lo eres para esa multitud que, sin duda, se congrega estos días en San Giovanni Rotondo.

En una de tus cartas -en tu texto quizás más preciado y más precioso, más sagrado- escribes a tu director espiritual, el padre Benedicto de San Marco in Lamis, la narración de la visita sobre tu cuerpo y tu alma de las llagas y los estigmas del Señor. Fechas la carta el 22 de octubre de 1918, un mes después de que acontecieran definitivamente los hechos. Cuentas cómo sucedieron las cosas y tu perturbación. Las llagas habían herido tu pecho, tus manos y tus pies, sangraban y supuraban. Pero además te habían sumido en la confusión y en el dolor. No entendías lo que había pasado, lo que estaba pasando, lo que iba a pasar. Y pedías al Señor que actuase, que, al menos, te quitara la confusión que experimentabas ante aquellos signos externos.

“Alzaré fuerte mi voz a El -escribías y orabas- y no cesaré de conjurarle, para que por su misericordia retire de mi no el desagarro, no el dolor –porque lo veo imposible y siento que El me quiere embriagar de dolor-, sino estos signos externos que son para mí de una confusión y de una humillación indescriptible e insostenible”.

Ni el dolor interior ni los signos externos de la cruz de Cristo te abandonaron, querido Padre Pío, hasta la víspera de tu pascua, hace ahora cuarenta años. Pero el Señor te escuchó e hizo de ti aptísimo instrumento de su Providencia y de su amor, fecundísimo ministro del perdón y de la conversión, testigo elocuente –hasta mudo, apartado, calumniado y confinado- de que solo podemos gloriarnos de la cruz de Cristo.

Las gracias son para compartirlas

“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”, escribías, sí. Y yo, desde que te conocí hace poco más de seis años, siento también la necesidad de alzar con fuerza mi voz y de no desistir en el empeño de ponerme a la vera de tus llagas y de comunicar a los cuatro vientos quién eres y lo necesitados que estamos de contar con cristianos como tú.

Te diré al respecto una historia de hoy mismo, de ayer mismo. En la tarde de ayer al acabar la Eucaristía que oficiaba en la comunidad de religiosas de la que soy capellán, vino a saludarme una hermana “nueva”. Era una novicia de origen japonés que va a permanecer tres meses en esta comunidad mientras completa su noviciado en la preparación y en la espera de profesar los votos consagrados el próximo 8 de diciembre. Nada más saludarla me acordé de que al día siguiente –hoy- es tu memoria litúrgica y le dije: “Mañana es San Pío de Pietrelcina, un santo de los grandísimos, religioso como tú. Mañana diré la misa por ti y te encomendaré a él”.

Y así lo he hecho esta mañana temprano, cuarenta años después de tu partida. He ofrecido la misa por la joven novicia japonesa y te la he encomendado. Le he dado una reliquia y estampa tuyas, algunos escritos míos sobre ti y un rosario, recordándole tu amor por la Madonna, por tu amor por María. Y le he dicho: ”Hoy, no yo, sino el mismo Dios te hace un regalo maravilloso y extraordinario, dándote, ofreciéndote un santo tan grande como el Padre Pío”.

Y es que, querido Padre, queridísimo Padre, tú has sido y eres un inmenso regalo para mí. Y los regalos nunca se merecen, pero conllevan una deuda: la deuda de la gratitud. Y yo quisiera saldar esta deuda dándote a conocer y seguir más cerca y con mayor radicalidad –a tu lado, tras tu estela- al único Dios y Señor.

Dios está aquí

Pero, ¿sabes?, tu camino es camino de cruz, y a todos nos da miedo la cruz. Sí, ya sé que somos unos insensatos cuando actuamos así. Pero la humana fragilidad –lo sabes bien- pesa y condiciona más de lo que quisiéramos. Por eso, querido Padre Pío, ayúdanos a llevar la cruz, la propia, la de los nuestros y la de la entera humanidad. Ayúdanos a que con los labios y con el corazón –con toda nuestra vida- exclamemos y experimentemos: “Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero”.

“Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina –rezamos en tu oración litúrgica- la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo, concédenos por su intercesión conformarnos con la muerte de Cristo, para ser participes de su resurrección”. Que esta sea también mi plegaria hoy y siempre.

Gracias, Padre Pío. Siempre llegas a mí como brisa suave y reconfortante, como viento fresco y puro, como aroma delicado y embriagador, como oferta tan atrayente y tan sugerente. Alzaré con fuerza mi voz, sí, y no desistiré: Dios está próximo a nosotros mediante hombres como tú. Dios, a través tuyo, nos inunda con los raudales de su gracia. Fue Dios quien escribió los renglones derechos y torcidos de tu vida. Es Dios –el mismo Dios- quien llega cada vez que tú vienes a mi vida, a la vida de los míos y de mis quehaceres y afanes, a la vida de nuestra Iglesia y humanidad.

Guarda, sí, esta carta, junto a tu costado. Apretújala entre tus manos. Hazla camino entre tus pies. Déjala florecer –sí- junto a tus llagas glorificadas. Preséntala en el ara del altar de tu Eucaristía eterna. E incrústala entre las cuentas de tu Rosario sin fin. Amén.

Jesús de las Heras Muela*

 

* Jesús de las Heras Muela nació en Sigüenza el 17 de Diciembre de 1958. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos (Facultad de Teología de Burgos, 1982), Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid, 1992) e Historia de la Iglesia (Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, 1992), habiendo realizado los cursos de doctorado de estas dos últimas disciplinas.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): ¿Cuáles y cuántas son las obras de misericordia?

Tema del programa Nº 5 del ciclo: ¿Cuáles y cuántas son las obras de misericordia?

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 17 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 24º Domingo del Tiempo Ordinario: “Hasta setenta veces siete”

 

“Señor, tú no nos tratas como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados” (Sal 102, 3).

En el Antiguo Testamento se contienen en germen las verdades que luego, predicadas por Cristo, florecen en el Nuevo. A veces es más que un germen, es un verdadero anticipo del Evangelio, como puede verse en la lectura primera de este domingo, que habla del deber del perdón (Ecli 27, 30-28, 7). “Perdona las ofensas a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud a su Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?” (ib 28, 2-4). Si al antiguo pueblo de Dios se le pedía ya tanto, no menos se le puede exigir al nuevo, que ha escuchado las enseñanzas del hijo de Dios y le ha visto morir en cruz implorando perdón para sus verdugos.

Jesús perfeccionó la ley del perdón extendiéndola a todo hombre y a cualquier ofensa, porque con su sangre ha hecho a todos los hombres hermanos -y por lo tanto prójimos los unos con los otros- y ha saldado los pecados de todos. Por eso cuando Pedro -convencido de que proponía algo exagerado- le pregunta si debe perdonar al hermano que peque contra él hasta siete veces, el Señor le responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21-22). Expresión oriental que significa un número ilimitado de veces -equivale a siempre- ya usado en la Biblia en el canto feroz de Lamek, que se jacta de vengarse de las ofensas “setenta veces siete” (Gn 4, 24).

En ese contexto dicha fórmula indica la invasión tremenda del mal. Pero si el mal es inmensamente prolífico, el bien debe serlo al menos otro tanto, porque Jesús emplea la misma expresión, para enseñar así que el mal ha de ser vencido por la bondad ilimitada que se manifiesta en el perdón incansable de las ofensas. Pensándolo bien resulta una obligación desconcertante, casi inquietante. Para hacerla más accesible, Jesús la ha ilustrado con la parábola del siervo despiadado. Su enorme deuda -diez mil talentos- condonada tan fácilmente por el amo, y su increíble dureza de corazón, pues por la exigua suma de cien denarios echa en la cárcel a un colega suyo, permiten intuir enseguida una verdad mucho más profunda oculta en la parábola; la cual representa la misericordia infinita de Dios que ante el arrepentimiento y la súplica del pecador perdona y cancela la más grave deuda de pecados, y por otra parte, ejemplifica la mezquina estrechez del hombre que ,estando tan necesitado de misericordia, es incapaz de perdonar al hermano una pequeña ofensa.

Aunque por el orgullo y el espíritu de venganza inserto en el hombre caído, pueda a veces costar perdonar, es siempre condición indispensable para obtener el perdón de los pecados. No hay escapatoria: o perdón y ser perdonados, o negar el perdón y ser condenados. “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo -concluye la parábola- si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (Mt 18, 35).

Retorna la admonición de la primera lectura: “Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; recuerda los mandamientos y no te enojes con el prójimo… y perdona el error” (Ecli 28, 6-7). Son lecciones que nunca se meditan bastante y que deben inducir a hurgar en el propio corazón para ver si anida en él algún resentimiento o malquerencia contra un solo hermano. No en vano nos ha enseñado Jesús a orar así: “perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12).

 

“Mira, Señor Jesús, que venimos a ti, no como quienes te han seguido, sino como quienes te han traicionado, fieles que tantas veces hemos sido infieles; venimos a reconocer la relación misteriosa entre nuestros pecados y tu pasión dolorosísima, nuestra obra y tu obra. Venimos a golpearnos el pecho, a pedirte perdón, a invocar tu misericordia. Venimos porque sabemos que tú puedes, que tú quieres perdonarnos, porque tú has expiado por nosotros, porque tú eres nuestra redención. Tú eres nuestra esperanza.

Señor Jesús, Redentor nuestro, reaviva en nosotros el deseo y la confianza de tu perdón; robustece el propósito de nuestra conversión y de nuestra fidelidad; danos la certeza y también la dulzura de tu misericordia.

Señor Jesús, nuestro Redentor y Maestro, danos la fuerza de perdonar a los otros, para que nosotros seamos perdonados verdaderamente por ti.

Señor Jesús, nuestro Redentor y Pastor, infunde en nosotros la capacidad de amar, como tú quieres que, a tu ejemplo y con tu gracia, te amemos a ti y a todos nuestros hermanos” (Pablo VI, Enseñanzas, v 2).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 15 de septiembre de 2023

FRAY PABLO MARÍA DE LA CRUZ: ¡Hasta siempre, Pablo!

 

El pasado lunes, 17 de julio, le decíamos “¡hasta siempre!” a Pablo Alonso Hidalgo, fray Pablo María de la Cruz, que había realizado su profesión religiosa en la orden de los Carmelitas Calzados el 25 de junio, cuatro días antes de que ingresara en el noviciado in articulo mortis, una fórmula canónica adaptada a circunstancias excepcionales. Pablo padecía desde los dieciséis años, Sarcoma de Ewing, una enfermedad que marcó su vida (y probablemente la de sus seres más cercanos) de forma indeleble. Después de tanto tiempo de lucha, a primeros de junio la certeza de una muerte próxima y el deseo ardiente de responder a la llamada de Dios coincidieron en él felizmente: “Es mi deseo consagrarme a Dios y vivir en obsequio de Jesucristo. (…) Sentí la llamada de Dios a la vida consagrada, y me ha concedido este milagrazo, porque, según los médicos, mi enfermedad ya no se considera curable y va más rápido de lo que pensaba”.

Y no se equivocaba. Se quedó corto incluso en sus previsiones, aunque no en sus deseos. Todo ha sido trepidante desde que, allá por el mes de agosto de 2021, se planteara en serio su vocación en la Iglesia, durante un retiro en una casa carmelita. Desde entonces su vida ha evidenciado el sorprendente contraste entre el progresivo desmoronamiento físico y la asombrosa fortaleza interior, hasta el punto de afirmar “lo increíblemente bonita que es la muerte en Cristo, que es algo que no da miedo, que es alucinante y que es un tabú que hay que romper”. Entendió que su vida era más fecunda muriendo que recuperando la salud, y lo experimentó inundado de júbilo: “Por el sufrimiento en la enfermedad me encontré con Dios y por la muerte en esta enfermedad me iré con Él, y esto es algo que me hace inmensamente feliz”.

Su funeral resultó una explosión de alegría, entre otras cosas porque Pablo lo dejó así dispuesto: que fuese una fiesta, que no pudiese entrar nadie con la cara triste, que portaran (si deseaban complacerle) la flor favorita, que inundasen de cantos la celebración. Incluso dejó la playlist de las canciones. Nada de lloros y lamentaciones (lloros y lamentos, no sé si hubo; lágrimas, muchas, puedo atestiguarlo). Entiendo que, para el mundo, todo esto resulte casi un escándalo, un hecho que descoloca en cierto modo, pero a buen seguro no sucede así para todos los que le conocieron de cerca.

Fui profesor de Pablo durante un curso (en el colegio Calasanz de Salamanca todos le recordamos con inmenso cariño) justo el curso anterior al que le diagnosticaron la enfermedad. Lo que mejor visualizo es su discreción y su constancia, la impronta de sencillez y humildad que transmitían sus actos. Un ejemplo: su grupo era bastante numeroso, y esa circunstancia determinaba que no hubiera mucho espacio entre los pupitres. El suyo se ubicaba muy próximo a la puerta, por lo que tenía que levantarse o moverse con frecuencia, para facilitar el acceso de alumnos o profesores al aula, a la pizarra, a la mesa del profesor, etc. Pues bien, nunca vi en él gestos de incomodidad o queja; al contrario, lo llevaba con naturalidad y bonhomía.

Pero, en fin, esto solo acaba de empezar, amigo Pablo. Ya lo repetía con insistencia el estribillo del himno que los jóvenes convirtieron en lema de la celebración: No tengo miedo, Señor de la vida, me quiero entregar. Y, ciertamente, la noche oscura del alma que tú salvaste con decidida esperanza se tornará en una luz transformadora, porque, como dice la canción, los hombres buenos no se entierran, se siembran. Para mayor felicidad tu encuentro con el Padre ha coincidido con la festividad de la Virgen del Carmen, y no quedará en el olvido tu recomendación encarecida: “dile a los jóvenes que el que quiera seguir hablando conmigo lo tiene muy fácil, que se acerque a la Eucaristía; allí me tienen siempre en línea”. En el abrazo definitivo que habrá colmado tus deseos te llevas, sin duda, el calor de tantos jóvenes que, contagiados de tu espíritu, acompañaron tus sueños con alegría y canciones, con sentidas oraciones.

Y a nosotros nos queda lo más importante: tu hermosa experiencia de vida y tu sublime lección de muerte. ¡Hasta siempre, Pablo!

 

Artículo original de Ramiro Merino González, profesor y poeta, publicado el 24 de julio de 2023 en “La Crónica de Salamanca”, Salamanca, España.

miércoles, 13 de septiembre de 2023

¡BUENOS DÍAS, ÁVILA! (audios): ¡Viva España!


Tema de esta emisión:

¡Viva España!

Este ciclo radiofónico incluye una serie de reflexiones del Padre José Medina que nos pretenden hacer ver el nuevo día con ilusión y esperanza, centrados en Cristo Jesús.

¡Buenos días, Ávila! se emitió originalmente en días rotativos a las 8 de la mañana durante los años 2009-2010 en Cadena Cope Ávila, España.


domingo, 10 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 23º Domingo del Tiempo Ordinario: La corrección fraterna

 

“¡Haznos volver a ti, Señor, y volveremos!” (Lam 5, 21).

Para ordenar la meditación de los textos bíblicos de la liturgia de hoy puede tomarse como punto de arranque la segunda lectura (Rm 13, 8-10): “A nadie le debáis nada, más que amor” (ib 8). Es ésta la gran deuda que cada uno debe apresurarse a saldar; deuda, porque el amor mutuo es exigencia de la naturaleza humana y porque Dios mismo ha querido tutelar esa exigencia con un mandamiento extremadamente importante, síntesis de toda la ley: “el que ama tiene cumplido el resto de la ley” (ib).

Todos los preceptos -negativos o positivos- que regulan las relaciones entre los hombres culminan en el amor. Amor ordenado no sólo al bien material de los hermanos, sino también al espiritual y eterno. Como cada cual quiere para sí la salvación, así está obligado a quererla para los otros; y aun es condición para su misma salvación personal.

Sobre este punto se detiene la primera lectura (Ez 33, 7-9). Dios ha constituido a Ezequiel centinela de su pueblo y le dice: “Si… tú no hablas, poniendo en guardia al malvado, para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre” (ib 8). Es siempre la gran responsabilidad del que tiene cometido semejante al del profeta: pastores del pueblo de Dios, superiores religiosos, padres y madres de familia, educadores. Su salvación está condicionada al celo en guardar su grey, sea grande o pequeña.

Dejar perecer en el pecado a un hijo o a un hermano sin tenderles la mano es una traición, una vileza, un egoísmo de que Dios pedirá estrecha cuenta. El temor a ser rechazado, a perder la popularidad o a ser tachados de intransigencia no justifica el “lavarse las manos” o el “dejar pasar”. El que ama no se da paz mientras no halla el modo de llegar al culpable y amonestarlo con bondad y firmeza. Y si a pesar de tentativas, exhortaciones y súplicas no consigue su intento, no cesará de orar y hacer penitencia para obtenerle la gracia de Dios.

El Evangelio (Mt 18, 15-20) da un paso adelante y extiende este deber a todo fiel que ve a un hermano caer en el pecado. “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano” (ib 15). Ante todo la amonestación debe ser secreta para salvaguardar el buen nombre del culpable. Por desgracia en la práctica acaece con frecuencia lo contrario: se habla y se murmura con otros manifestando lo que estaba oculto, mientras bien pocos tienen la valentía de advertírselo al interesado. ¿De qué sirve hablar sobre la enfermedad, si ninguno cura al enfermo? Hay que preocuparse, más bien, de “salvar” al hermano.

Su pérdida es un daño para él y para la comunidad, y su retorno es “una ganancia” para todos. Por eso, si la corrección privada no tiene éxito, Jesús exhorta a repetirla delante de dos o tres testigos; y, si aun este medio fallase, a informar de ello a la Iglesia. No para denuncia y condena, sino para inducir al culpable a enmendarse y para tutelar el bien común. La Iglesia, en efecto, estando asistida por el Espíritu Santo, tiene luz y poder particulares, y por eso su admonición tiene una eficacia especial; y, en fin, su decisión de “atar o desatar” tiene tal autoridad que es ratificada en el cielo (ib 18).

El trozo evangélico termina con una exhortación a la plegaria en común. Como los fieles -uno o dos testigos- deben convenirse para procurar sacar del mal a un hermano, así también se deben convenir para orar. Basta que dos solos convengan en lo que pedir a Dios y se reúnan en nombre de Jesús, para que su oración sea escuchada. Y los será ciertamente si tiene por objeto la enmienda de los culpables.

 

“Padre y Señor nuestro, que nos has redimido y adoptado como hijos, mira con bondad a los que tanto amas; y pues creemos en Cristo, concédenos la verdadera libertad y la herencia de los santos”; al igual que la Oración sobre las Ofrendas: “Oh Dios, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas y unirnos fielmente a ti por la participación en esta eucaristía” (Oración Colecta, Misal Romano).

“Dios misericordioso y compasivo, perdona nuestras iniquidades, pecados, faltas y negligencias. No tengas en cuenta todo pecado de tus siervos y siervas, sino purifícanos con la purificación de tu verdad y endereza nuestros pasos en santidad de corazón, para caminar y hacer lo acepto y agradable delante de ti y de nuestros hermanos.

Sí, Señor, muestra tu faz sobre nosotros para el bien en la paz, para ser protegidos por tu poderosa mano, y líbrenos de todo pecado tu brazo excelso, y de cuantos nos aborrecen sin motivo. Danos concordia y paz a nosotros y a todos los que habitan sobre la tierra, como se la diste a nuestros padres que te invocaron santamente en fe y verdad” (San Clemente Romano, Comentario a 1 Corintios, 60).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 8 de septiembre de 2023

VIRGEN MARÍA: 5 datos que debes saber de la Natividad de la Virgen María

 


Cada 8 de septiembre la Iglesia celebra el nacimiento de la Virgen María, la cual es conocida desde el siglo VI. Es verdad que el Evangelio no menciona donde nació María, algunos dicen que nació en Nazaret y otros que en Jerusalén.

5 datos que debes saber de la Natividad de la Virgen María:

1) Esta fiesta se comenzó a celebrar oficialmente con el Papa San Sergio (687-701 d.C.) al establecer que se celebraran en Roma cuatro fiestas en honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación.

2) El nacimiento de la Virgen María tuvo privilegios únicos. Ella vino al mundo sin pecado original y fue elegida para ser Madre de Dios. Era pura, santa, y tenía la gracia santificante, desde su concepción. Con este hecho, se cumplieron las Escrituras y todo lo dicho por los profetas

3) En la plenitud de los tiempos, María se convirtió en el vehículo de la eterna fidelidad de Dios. Hoy celebramos el aniversario de su nacimiento como una nueva manifestación de esa fidelidad de Dios con los hombres.

4) Después del pecado original de Adán y Eva, Dios había prometido enviar al mundo a otra mujer cuya descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente. Al nacer la Virgen María comenzó a cumplirse la promesa.

5) La vida de la Virgen María nos enseña a alabar a Dios por las gracias que le otorgó y las bendiciones que derramó por Ella sobre el mundo.

Celebremos con alegría el nacimiento de María, pues de ella nació Cristo Nuestro Señor, encomendemos nuestras necesidades a Ella y regala flores a la Virgen en alguna capilla, en señal del amor.

«Por tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, anunciaste la alegría a todo el mundo: de ti nació el Sol de justicia, Cristo, Dios nuestro» (Liturgia de las Horas, Laudes, propio de la Fiesta).

¡Feliz cumpleaños, Madre querida!

miércoles, 6 de septiembre de 2023

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): ¿Qué son las obras de misericordia?

Tema del programa Nº 4 del ciclo: ¿Qué son las obras de misericordia?

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 3 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 22º Domingo del Tiempo Ordinario: La necesidad de la cruz

 


“Señor, que me ofrezca a ti como hostia viva, santa, agradable a ti” (Rom 12, 1)

A causa de pecado y de sus consecuencias, el servicio de Dios entraña lucha, renuncia, vencimiento propio. La liturgia de hoy es una demostración típica de ello. En primer lugar la afligida confesión de Jeremías (20, 7-9) que expresa el profundo sufrimiento de un hombre elegido por Dios para anunciar su palabra y perseguido por ella. El profeta llega a declararse “seducido” por Dios, casi engañado, porque su misión lo ha hecho objeto de “oprobio y desprecio todo el día” (ib 8). Oprimido por el sufrimiento quisiera sustraerse al querer divino, pero le es imposible.

“La palabra de Dios era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla y no podía” (ib 9). Este misterioso fuego interior, índice del amor de Dios que lo ha conquistado, y aun “seducido”, y del carisma profético de que ha sido dotado, lo mueve contra toda inclinación natural, a proseguir su ingrata misión. Espléndido ejemplo del poder de la acción divina en una criatura débil.

Pero la demostración más autorizada nos viene del Evangelio (Mt 16, 21-27) en el anuncio de la pasión de Jesús, de la que los sufrimientos de Jeremías, son una pálida figura. “Desde entonces -es decir, desde la confesión de Pedro en Cesárea- empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho… y ser ejecutado” (ib 21). Con su fogosidad acostumbrada Pedro reacciona al instante. ¿Cómo admitir que el Mesías, el Hijo de Dios vivo, vaya a ser perseguido y ajusticiado? Pedro no hace más que expresar la mentalidad de los hombres de todos los tiempos. En buena lógica humana cuanto mayor es uno, tanto más éxito ha de tener y más ha de ir de victoria en victoria. Pero no es esta la lógica de Dios ni el pensamiento de Jesús, el cual afirma que “tiene” que sufrir porque así lo ha establecido el Padre para redimir al mundo del pecado.

Y Pedro se siente rechazado con dureza: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios” (ib 23). ¡Tremendo contraste entre estas palabras y las que ha escuchado en Cesárea cuando la confesión de la mesianidad y divinidad de Jesús! Allí: “¡Dichoso tú!” y la promesa del primado (ib 16-18); aquí el apelativo de “Satanás” y la repulsa. El motivo uno solo: la oposición a la pasión y muerte del Señor. Es más fácil reconocer en Jesús al Hijo de Dios que aceptar verlo morir como un malhechor. Pero quien se escandaliza de él; quien rechaza su pasión le rechaza a él, porque Cristo es el Crucificado. Y quien sigue a Cristo tiene que aceptar no sólo la cruz de Cristo, sino la propia. Lo dice Jesús en seguida para hacer comprender a sus discípulos que sería una ilusión pensar en seguirlo, pero sin llevar con él la cruz: “El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (ib 24). Después del pecado es éste el único camino de salvación para los individuos y para la humanidad entera.

“Hermanos: os exhorto, por la misericordia de Dios -escribe san Pablo- a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12, 1 – 2ª lectura). El cristiano no lleva su cruz a la fuerza; es un voluntario que la acepta con amor para hacer de sí mismo un sacrificio vivo y santo” en unión con el de Cristo, para gloria del Padre y redención del mundo. Pero esto no es posible sin esa profunda transformación de mentalidad que hace pensar “al estilo de Dios” y por eso hace al hombre capaz de “discernir lo que es la voluntad de Dios” (ib 2) y de no escandalizarse en presencia del sufrimiento.


“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: ‘Violencia’, proclamando: ‘Destrucción’. La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: ‘No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre’; pero la palabra era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla, y no podía… Pero el Señor está conmigo, cual campeón valeroso” (Jeremías 20, 7-9. 11).

“Si quiero vivir contigo, oh Jesús, debo persuadirme de que la vida cristiana está comprendida en ti crucificado, esto es, en el espíritu de renuncia, de sacrificio, en la práctica del total abandono y renuncia de sí; sólo a través del Calvario se llega a la meta. Si encontramos en este camino dolores y luchas, tú, oh Cristo, nos sostendrás con tu cruz y nos ayudarás con tu gracia. Graba en mi corazón tus palabras: ‘El que quiera venirse conmigo, que cargue con su cruz y me siga’.

Jesús mío, tú tienes una cruz que es demasiado grande para nuestras débiles fuerzas; no podemos nosotros ofrecer tanto a tu amor. Pero acepta, oh Jesús, el ofrecimiento de nuestros dolores, concédenos unirnos a la gloria de tu Resurrección. Jesús mío, que durante toda mi vida lleve mi cruz como prenda de tu santo amor y arra de tu benevolencia, y muerto y crucificado al mundo viva la vida de la gracia” (Siervo de Dios Monseñor Giuseppe Canovai, Suscipe, Domine).

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 1 de septiembre de 2023

FRAY PABLO MARÍA DE LA CRUZ: El Obispo de Salamanca relata su encuentro con él

 

Mons. José Luis Retana
junto a Pablo María de la Cruz

(Servicio Diocesano de Comunicación de la Diócesis de Salamanca) El pastor de la Diócesis de Salamanca, Mons. José Luis Retana, comparte en este artículo el momento de gracia compartido junto al joven Pablo María de la Cruz, previo a su profesión religiosa en la Orden del Carmen y de la que posteriormente fue testigo el 25 de junio. Fray Pablo murió siendo carmelita, a los casi 22 años (los habría cumplido el 26 de julio) , el sábado 15 de julio, en la vigilia de Nuestra Señora del Carmen.

MONS. JOSÉ LUIS RETANA GONZALO. OBISPO DE SALAMANCA

El viernes, 23 de junio, estando en Ciudad Rodrigo, antes de las seis de la mañana, recibí un mensaje del prior de los Carmelitas Calzados, vecinos y amigos en Salamanca, que decía lo siguiente:

 

Buenos días, don José Luis.

Soy su amigo y vecino, Desi. Disculpe el asalto mañanero. Le comunico que un novicio de Salamanca, Pablo, que tiene 21 años, este domingo, día 25, a las 20:00 horas en nuestra iglesia de El Carmen de Abajo va a hacer la profesión religiosa in articulo mortis. La muerte de Pablo está cercana, pues se ha acelerado el cáncer, y hemos recibido las dispensas necesarias desde Roma para admitirlo ya definitivamente a la Orden del Carmen. Estamos apurando al máximo, para que pueda profesar en la iglesia, pues lo ha pedido con insistencia. El Prior Provincial vendrá el domingo para la vestición del hábito y para recibir sus votos.

Queremos informarle, y también invitarle, si Vd. puede presidir solemnemente la Eucaristía. El Prior Provincial se encargaría de pronunciar la homilía y de presidir el rito de la profesión. Nosotros nos encargaríamos de organizar toda la liturgia. Siento la precipitación, pero todo se ha acelerado y me siento en la obligación de invitarle, porque sé que la vida de Pablo María de la Cruz va a dar mucho fruto y su muerte será una palabra de Dios para nuestra Diócesis de Salamanca. Su vida es ejemplar y su testimonio no deja indiferente a nadie, circula ya su fama de vida virtuosa… Ya veremos a ver qué pasa. Él está sereno, en paz, alegre, radiante… Dios mediante, y si es voluntad de Dios, desea morir con el hábito de la Virgen, aquí, en el convento.

Un fortísimo abrazo, D. José Luis. Ya me dirá algo. Perdón nuevamente por el atraco. Dios le bendiga. Desi.

 

Ante la imposibilidad de presidir la celebración de la toma de hábito carmelita de Pablo por los compromisos adquiridos. El sábado, 24, ya en Salamanca, a las doce de mediodía, fui a visitar a Pablo en su casa, me acompañó Desiderio y nos presentamos en casa. Estuvimos hora y media con sus padres y con él. El mensaje del día anterior era completamente verdadero y fue un momento de gracia para mí.

Pablo, con su cabeza rapada, sus 21 años, nos recibió con una alegría y una paz difíciles de describir en un joven de esa edad, acrisolado por la enfermedad de varios años. Sus padres con un dolor mitigado por la fe. Él enamorado de Cristo hasta las trancas y con un afecto tan grande por la Iglesia, con una amistad tan extraordinaria con los jóvenes que le visitan, a los que tiene que levantar el ánimo y los evangeliza con su modo sencillo y extraordinario de afrontar la enfermedad, protegiendo el dolor de sus padres hablando él mismo con los médicos después de las consultas, el amor a la Eucaristía, la paz e incluso la alegría ante la muerte porque entiende que en ella se cumple el designio grande para el que estamos hechos.

Pablo María entrega su vida en obsequio de Jesucristo e insiste en ofrecer su vida por dos intenciones: por la conversión de los jóvenes, para que conozcan el amor de Dios manifestado en Jesús Eucaristía; y por la unidad de la Iglesia, para que todos los movimientos, grupos eclesiales, itinerarios, Congregaciones y Órdenes religiosas…, sean uno, de forma que brille en medio de nuestro mundo y en la misma Iglesia la belleza del Cuerpo de Cristo.

Salí de aquella casa completamente conmovido, viendo la grandeza de la obra que Cristo puede hacer en la vida de un muchacho que se entrega a su amistad sin filtro ninguno. Una gracia más con la que el Señor remueve mi tibieza en la entrega. La vida y el modo de afrontar la muerte de Pablo se convierte en una denuncia profética a nuestra tibieza en nuestra opción por Cristo. Salí de allí con un abrazo grande a los tres, lleno de afecto y gratitud. Les bendije, sabiendo que yo era el bendecido, por este Fiat tan grande de este joven muchacho que el domingo 25 se consagró del todo al Señor in artículo mortis (al final pude presidir la Eucaristía). Una muerte que ofrece por la conversión de los jóvenes. Su vida ya está dando los frutos propios de una persona aferrada por Cristo.

Qué grande es Dios y qué bella es la Iglesia y el Espíritu que trabaja en ella y a cada uno de nosotros. La vida débil de Pablo dará frutos insospechados para los que estamos siendo testigos de su entrega.

+ José Luis Retana, obispo de Salamanca

miércoles, 30 de agosto de 2023

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE: ¡Acercaos hijos míos, no tengáis miedo!

Homilía del Padre José Medina realizada el martes 19 de enero de 2016 en la Parroquia "Nuestra Señora de la Saleta" en la ciudad de Alcorcón, Madrid, España.



domingo, 27 de agosto de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 21º Domingo del Tiempo Ordinario: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”

 


«Eres, Señor, sublime, pero te fijas en el humilde, mientras al soberbio lo conoces de lejos» (SI 137, 6).

El episodio de la aparición nocturna de Jesús en el lago, cuando Pedro fue hacia él caminando sobre el agua, se había cerrado con la confesión espontánea de los discípulos: «Realmente eres Hijo de Dios» (Mt 14, 33). Pero en Cesárea de Filipo (Mt 16, 13-20) Jesús provoca otra confesión más completa y oficial. Pregunta a sus discípulos qué dice la gente sobre él, para inducirlos a reflexionar y a superar la opinión pública mediante el conocimiento más directo e íntimo que tienen de su persona.

Algunos del pueblo piensan que es «Juan Bautista, otros que Elías, otras que Jeremías» (ib 14); no se podía pensar en personajes más ilustres. Sin embargo entre los tales y el Mesías hay una distancia inmensa que nadie ha osado salvar. Lo hace Pedro sin titubear respondiendo en nombre de los compañeros: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (ib 16). Los discípulos han comprendido. Son ellos la gente sencilla a la que el Padre se ha complacido en revelar el misterio. Y como un día había exclamado Jesús: «Te doy gracias, Padre..., porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla» (Mt 11, 25), así dice ahora a Pedro: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne o hueso, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16, 17).

Sin una iluminación interior dada por Dios no sería posible un acto de fe tan explícito en la divinidad de Cristo. La fe es siempre un don. Y a Pedro que se ha abierto con presteza singular a este don, le predice Jesús la gran misión que le será confiada: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del Infierno no la derrotará» (ib 18). El humilde pescador vendrá a ser la roca firme sobre la que Cristo construirá su Iglesia, como un edificio tan sólido que ningún poder, ni aun diabólico, podrá abatirlo. Y añade: «Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo» (ib 19). En lenguaje bíblico las llaves indican poder: «Colgaré de su hombro las llaves del palacio de David» se lee hoy en la primera lectura (Is 22, 19-23) a propósito de Eliacín, mayordomo del palacio real. El poder conferido a Pedro es inmensamente superior; a él se le dan las llaves no de un reino terreno, sino del Reino de los Cielos, o sea del reino que ha venido Jesús a instaurar con su Iglesia, en la cual Pedro tiene el poder «de atar y de desatar», esto es, de condenar y de absolver, de excluir y de acoger, no sólo las personas, sino las doctrinas y las costumbres. Potestad tan grande que sus decisiones son ratificadas «en el cielo» por el mismo Dios.

Es desconcertante un tal poder otorgado a un hombre y sería inadmisible si Cristo al confiarlo a Pedro, no le hubiese asegurado una asistencia particular. Así Jesús ha querido edificar su Iglesia; y así la Iglesia debe ser aceptada aceptándose juntamente el primado de Pedro que, al igual que ella, es de institución divina. Si esto puede ser objetado por una sociedad excesivamente racionalista e insumisa a toda autoridad, el cristiano auténtico reconoce —y con gratitud— lo que Cristo ha establecido para hacer más seguro a los hombres el camino de la salvación. Por lo demás el hombre no puede pretender en ningún campo juzgar los planes y las acciones de Dios, sino que debe repetir con S. Pablo: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!» (Rm 11, 33; 2.8 lectura).

 

“En tu luz y con tu gracia, Padre que estás en los cielos, proclamó Pedro la inefable naturaleza de tu único Hijo bienaventurado, y mereció llegar a ser la piedra contra la cual no prevalecerán las puertas del Infierno.

Señor, has elegido al bienaventurado Pedro, sobre los otros apóstoles, como cabeza de la fe y fundamento de tu Iglesia. Por sus oraciones, Cristo, ten piedad de nosotros”. (Cf. Plegarias eucarísticas, 120).

“Yo clamo hoy a ti, amor mío, Dios eterno, que tengas misericordia de este mundo y que le des la luz para conocer a tu Vicario con pureza de la fe, de la cual te ruego los revistas, Dios mío; y dale la luz, para que todo el mundo lo siga. Dale la luz sobrenatural; desde el momento que has dotado a tu Vicarios de un corazón varonil, que sea adornado de tu santa humildad; por eso no cesaré nunca de llamar a la puerta de tu benignidad, amor mío, para que tú lo exaltes. Manifiestas, pues, en él tu virtud, para que su corazón varonil arda siempre con tu santo deseo y esté revestido de tu humildad; y con tu benignidad, caridad, pureza y sabiduría proceda en sus acciones y de ese modo atraiga a sí a todo el mundo”. (Santa Catalina de Siena, Oraciones y elevaciones, 23).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 25 de agosto de 2023

ESPIRITUALIDAD: En la Transverberación de Santa Teresa de Jesús se nos propone el horizonte insospechado de la mística

 

El éxtasis de Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini

Cada 26 de agosto en el Carmelo Descalzo, pero especialmente en el monasterio de La Encarnación, en Ávila, España, se celebra la fiesta de la transverberación del corazón de Santa Teresa, la experiencia mística que vivió en 1562 esta santa, en la que veía un ángel meter una lanza en su corazón que, en sus palabras, "me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios".

La "transverberación" (del latín "transverberatio", que significa "traspasar") es una experiencia mística de cercanía a Dios que implica un "fuego" y una "herida" en el corazón.

La escena, inmortalizada por Bernini en la iglesia de Santa María de la Victoria en Roma, nos la cuenta ella misma en su "Libro de la Vida" (cap. 29), así:

“Ví a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan ecendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.

Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios”. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”.

Más adelante, buscando corresponder a este regalo divino, Santa Teresa hizo el voto de hacer siempre lo que le pareciese más perfecto y agradable a Dios. Es así que el resto de su vida, la reformadora y fundadora carmelita se esforzó por cumplir perfectamente este juramento.

Cuando la santa partió a la Casa del Padre, la autopsia reveló que en su corazón había la cicatriz de una herida larga y profunda.

Joan Carroll, en su libro sobre doctores de la Iglesia y mística, enumera otros santos que han experimentado este fenómeno místico: Catalina de Siena, Margarita María Alacoque, Pío de Pietrelcina, Francisco de Sales y Verónica Giuliani, entre otros.

Este acontecimiento de gracia en la vida de Santa Teresa de Jesús nos presenta los horizontes insospechados para el hombre que ofrece la mística.  Santa Teresa es testigo del amor misericordioso de Dios, rico e infinito en su misericordia.

Terminamos esta breve reseña de tan alto y divino acontecimiento con la Oración que para este día nos proporciona la Liturgia Carmelitana: 

“Señor Dios nuestro, que abrasaste de un modo maravilloso el corazón de santa Teresa con el fuego de tu Santo Espíritu, para fortalecerla en las empresas que por tu nombre había de realizar en la Iglesia; concédenos, por su intercesión, experimentar la fuerza de tu amor y trabajar con generosidad por la venida de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo”.

Con mi bendición.

Padre José Medina 

miércoles, 23 de agosto de 2023

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Su nombre es Dios, su apellido Misericordia


Tema del programa Nº 3 del ciclo: Su nombre es Dios, su apellido Misericordia

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano