jueves, 27 de junio de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): Pruebas sobre la Existencia de Dios (segunda parte)

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 17:

Tema: Pruebas sobre la Existencia de Dios (segunda parte)

Contenido:

-      Pruebas sobre la Existencia de Dios (Apologética Fundamental):

 

Prueba 3ª: El testimonio unánime de la humanidad.

Prueba 4ª: El testimonio de los sabios.

Refutación de algunas objeciones sobre las pruebas de la existencia de Dios.

 

-      Magisterio de la Iglesia:

 

“Jesucristo, mediador y plenitud de toda la revelación”, Benedicto XVI, Catequesis N°343, del 16 de enero de 2013 (audio de la síntesis en español).

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 26 de junio de 2024.


domingo, 23 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 12º Domingo del Tiempo Ordinario: “¿Por qué estáis con tanto miedo?”

 

«Señor, tú libras de la angustia; tú transformas la tempestad en calma» (SI 107, 28-29).

La liturgia de la Palabra se centra hoy en el tema de la omnipotencia de Dios, y de su señorío sobre el universo. La lectura del Antiguo Testamento presenta la singular visión concedida a Job en respuesta a sus lamentos y angustiosos interrogantes por las graves desventuras que le habían golpeado. Dios se le muestra como creador y amo de todos los elementos y como señor del mar que él contiene en unos límites prefijándola. «Llegarás hasta aquí, no más allá; aquí se romperá el orgullo de tus olas» (Jb 38, 11). Al mostrar su poder y grandeza infinita, Dios quiere darle a entender que el hombre no puede osar discutir con él y pedirle cuentas de lo que hace. Job, hombre justo, comprende, se retracta de sus protestas y se remite al juicio insondable de Dios. A la sumisión resignada de Job -que sigue siendo un ejemplo luminoso- el cristiano está en situación de añadir la confianza y el abandono filial en la providencia del Padre celeste, cuyo revelador ha sido Cristo.

En el Evangelio vuelve el mismo tema en un contexto divino, iluminado por la presencia de Cristo, posesor de la omnipotencia divina. Es de noche. El Maestro con sus discípulos está en la barca sobre el lago y, cansado de las fatigas de la jornada, se duerme. De improviso se desencadena «una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba» (Mc 4, 37). Los discípulos asustados le despiertan, y él con una simple orden calma aquel temporal. «Increpó al viento y dijo al mar: "Calla, enmudece". El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza» (ib 39).

Salvados de la tempestad, los discípulos son presa de un temor nuevo. Habían visto a Jesús dormir en el fondo de la barca como un hombre cualquiera, y de repente le ven hacer cosas imposibles para un hombre. Y se preguntan mutuamente: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?» (ib 41). Pero el Maestro ha respondido ya implícitamente diciendo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» (ib 40). Reprochándoles su falta de fe, Jesús viene a decirles que él es Dios, porque sólo Dios puede exigir que se crea en su poder de dominar las tempestades y de salvar de la muerte. El pánico había desbaratado la fe débil aún de los discípulos, haciéndoles olvidar los milagros que habían visto ya obrar al Maestro.

También hoy las desventuras, los sufrimientos, los peligros, las vicisitudes borrascosas de la vida personal y de la vida de la Iglesia hacen vacilar la fe demasiado débil de muchos creyentes, que murmuran, como Job, o tiemblan como los discípulos en el lago, olvidando que Cristo está siempre con sus fieles y con su Iglesia y que no deja de asistirles, aunque su presencia sea escondida y silenciosa, como la del Maestro dormido en la barca. Y hasta es más silenciosa, porque no se despierta para hacer milagros y ni siquiera se ha de pretender que los haga. El gran milagro es que Cristo conduce a su Iglesia y a cada uno de sus miembros a la salvación a través de tempestades y adversidades. El que cree firmemente no se perderá, sino llegará a ser «una creatura nueva» (2 Cr 5, 17), no turbada ya por las tribulaciones porque está anclada en la fe del que ha muerto y resucitado por nosotros.

 

“Hacia ti clamo, Señor; roca mía, no estés mudo ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que los que bajan a la fosa. Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Señor, al santuario de tu santidad...

Señor, mi fuerza, escudo mío; en él confió mi corazón, he recibido ayuda: mi carne de nuevo ha florecido; le doy gracias de todo corazón. Señor, fuerza de su pueblo, fortaleza de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad”. (Salmo 28, 1-2. 7-9).

 

“Te pedimos, oh Señor, que nos sea devuelta pronto la paz, que se nos conceda al punto la ayuda en medio de estas tinieblas o de estos peligros, que se cumplan las promesas que te has dignado anunciar a tus siervos: la restauración de la Iglesia, la seguridad de la salud eterna, después del aguacero la escampada, después de las tinieblas la luz, después de las borrascas y temporales una dulce tranquilidad.

Y pedimos también el auxilio benévolo de tu amor paternal, las maravillas de tu majestad divina, de modo que sean confundidos los perseguidores, sea más sincera la penitencia de los caídos y la fe robusta y firme de los que perseveran sea glorificada. (San Cipriano, Cartas, 7, 8).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

viernes, 21 de junio de 2024

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: En los 350 años de las apariciones el Papa nos explica “Reparar lo irreparable”

 

En el contexto del 350 aniversario de las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa recibió en audiencia, el 04 de mayo de 2024, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a los participantes en el Congreso “Reparar lo irreparable”. Les ofrezco a continuación el discurso del Papa Francisco.

Me complace recibirles y darles mi cordial bienvenida. Doy las gracias a monseñor Benoit Rivière y al padre Louis Dupont por haber tomado la iniciativa de este encuentro, en el marco de la celebración del 350 aniversario de las apariciones de Jesús a santa Margarita María. La reparación es un concepto que encontramos a menudo en la Sagrada Escritura. En el Antiguo Testamento, adquiere una dimensión social de compensación por el mal cometido. Es el caso de la ley mosaica, que preveía la restitución de lo robado o la reparación del daño causado (cf. Ex 22, 1-15; Lv 6, 1-7). Era un acto de justicia destinado a salvaguardar la vida social. En el Nuevo Testamento, sin embargo, adopta la forma de un proceso espiritual, en el marco de la redención realizada por Cristo. La reparación se manifiesta plenamente en el sacrificio de la Cruz. La novedad es que revela la misericordia del Señor hacia el pecador. La reparación contribuye así a la reconciliación de los hombres entre sí, pero también a la reconciliación con Dios, porque el mal cometido contra el prójimo es también una ofensa contra Dios. Como dice Ben Sirac el Sabio, «¿no ruedan las lágrimas de la viuda por las mejillas de Dios?» (cf. Si 35,18). Queridos amigos, ¡cuántas lágrimas siguen rodando por las mejillas de Dios, mientras nuestro mundo experimenta tantos abusos contra la dignidad de la persona, incluso dentro del Pueblo de Dios!

El título de vuestra conferencia reúne dos expresiones opuestas: «Reparar lo irreparable». De este modo, nos invita a la esperanza de que toda herida puede ser curada, aunque sea profunda. La reparación completa parece a veces imposible, cuando se han perdido para siempre bienes o seres queridos o cuando ciertas situaciones se han vuelto irreversibles. Pero la intención de reparar y de hacerlo concretamente es esencial para el proceso de reconciliación y el retorno de la paz al corazón. La reparación, para ser cristiana, para tocar el corazón de la persona ofendida y no ser un mero acto de justicia conmutativa, presupone dos actitudes desafiantes: reconocerse culpable y pedir perdón. Reconocerse culpable. Toda reparación, humana o espiritual, comienza por el reconocimiento del propio pecado. ‘Acusarse forma parte de la sabiduría cristiana, esto agrada al Señor, porque el Señor acoge al corazón contrito’ (Homilía en la Misa de Santa Marta, 6 de marzo de 2018). De este reconocimiento honesto del daño hecho al hermano, y del sentimiento profundo y sincero de que el amor ha sido herido, nace el deseo de reparar.

De pedir perdón. Es la confesión del mal cometido, siguiendo el ejemplo del hijo pródigo que dice al Padre: «He pecado contra el cielo y contra ti» (Lc 15,21). Pedir perdón reabre el diálogo y manifiesta la voluntad de restablecer el vínculo en la caridad fraterna. Y la reparación -incluso un principio de reparación o ya simplemente la voluntad de reparar- garantiza la autenticidad de la petición de perdón, manifiesta su profundidad, su sinceridad, toca el corazón del hermano, lo consuela y suscita en él la aceptación del perdón solicitado. Así, si lo irreparable no puede repararse del todo, siempre puede renacer el amor, que hace soportable la herida. Jesús pidió a Santa Margarita María actos de reparación por las ofensas causadas por los pecados de los hombres. Si estos actos consolaron su corazón, esto significa que la reparación puede consolar también el corazón de toda persona herida. Que los trabajos de vuestra Conferencia renueven y profundicen el sentido de esta hermosa práctica de reparación al Sagrado Corazón de Jesús, una práctica que hoy puede estar un tanto olvidada o erróneamente juzgada obsoleta. Y que ayuden también a realzar el lugar que le corresponde en el camino penitencial de cada bautizado en la Iglesia.

Rezo para que vuestro Jubileo del Sagrado Corazón suscite en tantos peregrinos un mayor amor de gratitud a Jesús, un mayor afecto; y para que el santuario de Paray-le-Monial sea siempre un lugar de consuelo y de misericordia para toda persona en busca de paz interior. Os doy mi Bendición. Y os pido, por favor, que recéis por mí. Gracias.

Papa Francisco

miércoles, 19 de junio de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Misericordiosos como el Padre

Tema del programa Nº 18 del ciclo:

Misericordiosos como el Padre

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 16 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 11º Domingo del Tiempo Ordinario: “El Reino de Dios es…”

 

«Abre, Señor, nuestro corazón, para que nos adhiramos a tus palabras» (Hc 16, 14).

Dios resiste a los soberbios y los humilla, para que en la impotencia humana resalte con evidencia la omnipotencia divina. Así cuando Israel se ensoberbeció por los privilegios de su elección, Dios lo afligió y lo podó enérgicamente por medio del destierro y la cautividad, reduciéndolo a un «resto» de gente pobre, humilde y despreciada. Precisamente a este «resto» se dirigían los profetas para mantener despierta su esperanza en las promesas divinas. Así Ezequiel habla de un «ramo» que Dios cortará del cedro fuerte y robusto, para trasplantarlo «sobre un monte elevado». «Echará ramas», de modo que «debajo de él habitarán toda clase de pájaros» (Ez 17, 22-23). Profecía mesiánica que enlaza con la de Isaías: «Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará» (11, 1). Según lo ha prometido Dios, el Salvador saldrá de Israel; no de un Israel fuerte y poderoso -el cedro elevado-, sino humilde y fiel, como lo fue la Virgen María; de ahí saldrá el pequeño «ramo» del que se originará el pueblo de Dios.

El mismo estilo continúa usando Dios en el mundo para instaurar su reino y salvar a los hombres. Deja a un lado a los grandes y poderosos y se sirve de criaturas y cosas humildes y pequeñas; lo mismo que es pequeña la semilla echada en el campo es insignificante el grano de mostaza. Jesús se ha servido precisamente de estas imágenes para dar a entender que el reino de Dios no es una realidad que se imponga por el poder o la grandeza visible, sino una realidad escondida, sembrada en los corazones humildes, pero que tiene una vitalidad y una fuerza de expansión inimaginables. El hombre no puede percibirlo, como el labrador no puede verificar de qué modo la semilla confiada a la tierra germina y se desarrolla; crece ciertamente, aunque él «ignore» cómo se efectúa.

Las parábolas evangélicas de la semilla y del grano de mostaza (Mc 4, 26- 34), al mismo tiempo que un reclamo a la humildad, único terreno apto para el desarrollo del reino de Dios, lo son también a un sano optimismo fundado en la eficacia infalible de la acción divina. Aun cuando los hombres se perviertan hasta negar a Dios, considerarlo «muerto» u obrar como si no existiese, él está siempre presente y operante en la historia humana y sigue esparciendo la semilla de su reino. La Iglesia misma que colabora en esta sementera, muchas veces no ve los frutos; pero es cierto que un día madurarán las espigas.

Entretanto hay que esperar con paciencia, la hora señalada por Dios, como el labrador espera sin inquietarse que pase el invierno y que germine el grano. Hay que esperar también con humildad, aceptando ser «grano de mostaza» o «pequeño rebaño», sin pretensiones de pueblo poderoso y fuerte. Y esto que es cierto para la Iglesia, lo es también para los particulares. También en el corazón del hombre se desarrollan el reino de Dios y la santidad escondidamente; por eso no hay que desanimarse si después de repetidos esfuerzas se encuentra uno débil y defectuoso. Hay que perseverar en el esfuerzo, pero confiando sólo en Dios, porque sólo él puede hacer eficaz la acción del hombre.

 

Oh Dios, fortaleza de los que en ti esperan, escucha el grito de la humanidad víctima de una debilidad mortal: nada podemos sin tu ayuda; socórrenos con tu gracia, para que, siguiendo el camino de tus mandatos, podamos agradarte con las intenciones y la obras. (Misal Romano, Colecta).

¡Oh Dios omnipotente, que para muestra de tu omnipotencia escoges las cosas viles para confundir las altas, y tomas las cosas flacas para destruir las fuertes, y por instrumentos pequeños haces cosas grandes, para que ninguno de los mortales pueda gloriarse en sí, sino en ti! Concédeme que de corazón ame y abrace las cosas pequeñas que tú escogiste, para que sea digno de alcanzar las grandes que en ellas encerraste. Sea yo, Salvador mío, grano de mostaza, molido, como tú, con desprecios y tormentos, para que alcance los eternos descansos. (Luis de la Puente, Meditaciones, III, 46, 1)

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

jueves, 13 de junio de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): Pruebas sobre la Existencia de Dios (primera parte)

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 16:

Tema: Pruebas sobre la Existencia de Dios (primera parte)

Contenido:

-      Pruebas sobre la Existencia de Dios (Apologética Fundamental):

 

Prueba 1ª: El testimonio de la razón.

Prueba 2ª: El testimonio de la propia conciencia.

 

-      Magisterio de la Iglesia:

 

   “Se hizo hombre”, Benedicto XVI, Catequesis N°342, del 9 de enero de 2013 (audio de la síntesis en español).

 

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 12 de junio de 2024.

 

domingo, 9 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 10º Domingo del Tiempo Ordinario: “Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”

 

«En ti, Señor, está el amor; junto a ti, abundancia de redención» (Salmo 130, 7).

La Liturgia abre, hoy la primera página de la salvación. El hombre y la mujer, culpables de haber transgredido el precepto divino, son interrogados por Dios. Adán echa la culpa a Eva, y Eva a la serpiente. La cadena del pecado se prolonga y a través de los progenitores estrechará en sus lazos a toda la especie humana. Pero Dios tiene piedad de sus criaturas y mientras condena a la serpiente de modo absoluto, deja vislumbrar la salvación de los hombres: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; él te pisará la cabeza» (Gn 3, 15). Desde ese momento Satanás ha sido el eterno enemigo del hombre, empeñándose en hacerlo morir en el pecado. «Pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (Jn 12, 31), que lo retenía en la esclavitud del pecado» (GS 13). Jesús, linaje de la Mujer, hijo de María, ha venido a acabar con el poder de Satanás.

«Y recorría toda Galilea -dice el Evangelio- expulsando los demonios» (Mc 1, 39). El hecho suscitaba tanto entusiasmo entre el pueblo que los escribas -incrédulos y malvados-, no pudiendo negar la evidencia y no queriendo reconocer en Jesús al Mesías, atribuyen su poder al influjo de Belcebú. El Maestro reacciona: «Si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir» (Mc 3, 26). De hecho Satanás está en quiebra, pero por causa bien distinta: porque ha venido uno más fuerte que él, el Hijo de Dios, que tiene poder para atarlo por virtud del Espíritu Santo operante en él. La discusión se concluye con palabras tremendas: «Todos los pecados se les perdonarán a los hijos de los hombres. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón nunca» (ib 28-29). Pecado contra el Espíritu Santo es atribuir a Satanás lo que es obra del Espíritu de Dios, y pues este pecado -como en el caso de los fariseos- nace del orgullo que niega y rechaza a Dios, el hombre que lo comete se excluye voluntariamente de la salvación. Dios no salva al que no quiere ser salvado.

Este episodio de tintas fuertes está seguido en Marcos de otro que abre el corazón a la esperanza. Su madre y algunos otros parientes habían venido a buscarlo; y Jesús responde: «Quién cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (ib 35). Todos los que siguiendo su ejemplo abrazan la voluntad del Padre y la cumplen, quedan unidos a él con vínculos tan íntimos que son comparables a los más estrechos lazos familiares. Y de esta unión a Cristo en la única voluntad del Padre, se sacan las fuerzas para vencer a Satanás. Como Cristo por su obediencia hasta la muerte de cruz ha reparado la desobediencia de Adán y ha vencido a Satanás, así el cristiano lo vencerá asociándose a la obediencia del Salvador, pero no sin pasar como él por el camino de la cruz. En el esfuerzo de la lucha no se asusta porque se apoya en Cristo vencedor y sabe que por sus méritos «la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna» (2 Cr 4, 17).

 

¡Salvador y Señor de todos los hombres, autor de toda liberación y de todo rescate, esperanza de los que se encuentran bajo tu mano poderosa! Tú has abolido el pecado; por medio de tu Hijo único, has destruido las obras de Satanás, has desvanecido sus artificios, has librado a los que él tenía encadenados.

Toda empresa diabólica, Señor, todo poder de Satanás, toda asechanza del adversario, toda plaga, todo suplicio, toda pena, golpe, choque, sombra maléfica tema tu nombre que invocamos y el nombre de tu Hijo único; aléjense del alma y del cuerpo de tus siervos, para que sea santificado el nombre del que por nosotros fue crucificado, resucitado y que tomó sobre sí nuestros males y enfermedades, Jesucristo, que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. (Oraciones de los primeros cristianos, 181; 207).

Bendito eres, Señor; enséñame tus mandamientos. Señor, has sido nuestro refugio de generación en generación. Dije: Señor, ten piedad de mí, sana mi alma porque he pecado. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios, porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz veremos la luz. Conserva tu misericordia a los que te confiesan. (Oraciones de los primeros cristianos, 225).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


viernes, 7 de junio de 2024

¡BUENOS DÍAS, ÁVILA! (audios): España y el Sagrado Corazón de Jesús


Tema de esta emisión:

España y el Sagrado Corazón de Jesús

Este ciclo radiofónico incluye una serie de reflexiones del Padre José Medina que nos pretenden hacer ver el nuevo día con ilusión y esperanza, centrados en Cristo Jesús.

¡Buenos días, Ávila! se emitió originalmente en días rotativos a las 8 de la mañana durante los años 2009-2010 en Cadena Cope Ávila, España.

miércoles, 5 de junio de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Aprendamos de Jesús que cosa significa vivir de misericordia


Tema del programa Nº 17 del ciclo:

Aprendamos de Jesús que cosa significa vivir de misericordia

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 2 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B – Corpus Christi

 

«Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre» (Salmo 115, 13).

Según la Liturgia renovada, al título del Cuerpo de Cristo añade el de la Sangre. Esto que siempre estuvo implícito -porque donde está el Cuerpo está también la Sangre del Señor y viceversa-, ahora se proclama explícitamente llamando así la atención sobre el aspecto sacrificial de la Eucaristía. Precisamente sobre este aspecto convergen las lecturas bíblicas del día. Del libro del Éxodo (24, 3-8; 1.ª lectura) se lee el texto que describe la estipulación de la Alianza entre Dios e Israel. Moisés reúne al pueblo, construye un altar, manda ofrecer en holocausto unas novillas y derrama luego su sangre, una mitad sobre el altar y la otra mitad sobre el pueblo diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que el Señor hace con vosotros, sobre todos estos mandatos» (ib 8). «Estos mandatos» eran las cláusulas propuestas por Dios y leídas con anterioridad al pueblo, referentes al decálogo que Israel se obligaba a observar y a las promesas que Dios mismo se obligaba a cumplir. Este pacto bilateral se estipulaba mediante la sangre de los animales ofrecidos en sacrificio, sangre que derramada sobre el altar y sobre el pueblo indicaba el lazo espiritual que unía a Israel con Dios.

La Antigua Alianza era figura de la Nueva, sellada por Cristo no con «sangre de machos cabríos ni de becerros, sino (con) la suya propia» (2.a lectura: Hb 9, 9, 11-15). Mientras en el Antiguo Testamento los sacrificios eran múltiples y tenían un valor puramente externo y simbólico, en el Nuevo hay un solo sacrificio, ofrecido «una vez para siempre» (ib 12), porque su valor es intrínseco, real e infinito. En él no hay animales degollados, ni multitud de oferentes; víctima y sacerdote se identifican en el Hijo de Dios hecho hombre, que se ofreció a sí mismo «a Dios como sacrificio sin mancha»; y su sangre tiene el poder de purificar «nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto de Dios vivo» (ib 14). No se trata ya de una purificación exterior, sino interior, que transforma al hombre por dentro, lavándolo de los pecados, para que, «vivo» por la gracia y el amor, pueda servir al «Dios vivo». La regeneración del cristiano tiene lugar en el agua bautismal; pero ésta saca su virtud de la sangre de Cristo, porque «sin efusión de sangre no hay remisión» (ib 22).

Pero antes de derramar su sangre en la cruz, Jesús quiso anticipar este don a los discípulos con la institución de la Eucaristía. De ella habla el Evangelio (Mc 14, 12-16. 22-26) por la relación de Marcos, que, aunque más escueto que los otros sinópticos, no omite la referencia explícita a la sangre de la antigua Alianza sustituida definitivamente por la sangre de Cristo. «Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo: "Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos"» (ib 23-24). Con esto caducan los antiguos sacrificios y entra el nuevo, ofrecido históricamente una sola vez en el Calvario, pero renovado sacramentalmente cada día en la Santa Misa para aplicar sus méritos a los fieles de todos los tiempos y para que todos puedan acercarse y beber de esta sangre como la bebieron los discípulos en la última Cena.

Así por la Sangre de Cristo la Iglesia vive y crece, los fieles son purificados continuamente de los pecados, regados por la gracia, robustecidos por el amor y reunidos en un solo pueblo. El Cuerpo y la Sangre de Cristo son el centro y el sostén de la vida cristiana. Y como son cuerpo y sangre inmolados, es necesario que el que se alimenta de ellos participe en la inmolación de Cristo abrazando con él la cruz, uniéndose con él a la voluntad del Padre y ofreciéndose con espíritu de sacrificio y expiación a todas las pruebas, trabajos y amarguras de la vida. De este modo por medio de la Eucaristía el creyente vive el misterio de la muerte de Cristo y se prepara a participar en su gloria eterna, en una comunión que no tendrá fin.

 

Oh sagrado convite, en el que se recibe a Cristo, se perpetúa el recuerdo de su Pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura. Oh, cuán suave es, Señor, tu espíritu, pues para dar a tus hijos una prueba de tu afecto, colmas de bienes a los hambrientos con el suavísimo Pan del cielo. (Santo Tomás de Aquino, Oraciones).

La boca del alma... te gusta dulcemente a ti, oh Verbo; gusta la pureza de la esencia de tu divinidad y de tu humanidad, y llega a tal conocimiento de tu pureza, que lo que antes en sí o en los otros le parecía virtud ahora le parece defecto. Y tomando con la boca los Sacramentos que tienen el vigor de tu Sangre y de tu Pasión, se llega por ese medio a gustar la dulzura de tu Pasión y de tu Sangre derramada. Y sobre todo se la gusta recibiendo el santísimo Sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre, porque en él se halla escondida esa suavidad y dulzura, más que en ningún otro, cuando se lo recibe verdaderamente con pureza y sinceridad. El que quiera gustar tu suavidad y tu dulzura, acérquese a esta Sangre y allí encontrará todo reposo y consuelo. El alma se lavará en tu Sangre, se embellecerá con tu Sangre, se purificará con tu Sangre, se nutrirá con tu Sangre. (Santa María Magdalena de Pazzi, Icolloqui, Op. v 3, p. 90).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.


miércoles, 29 de mayo de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): Existencia de Dios

 


Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 15:

Tema: Existencia de Dios

Contenido:

-      Existencia de Dios (Apologética Fundamental):

 

1     Primera verdad que hay que conocer y su importancia.

2     Certeza de la existencia de Dios.

3     La razón puede conocer la existencia de Dios mediante las criaturas.

4     Clases de pruebas que demuestran la existencia de Dios.

5     Conveniencia de estas pruebas.

6     Valor de estas pruebas.

 

-      Magisterio de la Iglesia:

 

“Fue concebido por obra del Espíritu Santo”, Benedicto XVI, Catequesis N°341, del 2 de enero de 2013 (audio de la síntesis en español).

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 29 de mayo de 2024.


domingo, 26 de mayo de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B – La Santísima Trinidad

 

«Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo» (Aleluya).

Después de haber considerado todos los misterios de la salvación -desde el nacimiento de Cristo hasta Pentecostés-, la Iglesia dirige su mirada al misterio primordial del cristianismo, la Santísima Trinidad, fuente de todo don y de todo bien. E invita a los fieles a cantar sus alabanzas: «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo» (Aleluya).

La revelación de la Trinidad pertenece al Nuevo Testamento: el Antiguo intenta todo él proclamar y exaltar la unidad de Dios: uno solo es el Señor. «Reconoce y medita en tu corazón -se lee hoy en la primera lectura (Dt 4, 32-34. 29-40)- que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro». Israel que vivía en contacto con pueblos paganos, necesitaba ser advertido continuamente de esta verdad para no caer en la idolatría. El Antiguo Testamento celebra la grandeza de Yahvé, único Dios: él es el Creador de todo el universo, el Señor absoluto; pero celebra también su condescendencia para con los hombres: es el pastor que va en busca de sus criaturas para ayudarlas, defenderlas del mal y atraerlas a sí. Israel lo ha experimentado ampliamente: Dios lo ha elegido para pueblo suyo, lo ha sacado de la esclavitud egipcia con prodigios admirables, le ha ofrecido su alianza, le ha concedido el privilegio de oír su voz y gozar de su presencia. «Desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra, ¿hubo jamás palabra tan grande como ésta?, ¿se oyó cosa semejante?» (ib 32).

Sin embargo, el nuevo pueblo de Dios -la Iglesia- goza de privilegios mayores aún, fruto de la encarnación del Hijo de Dios y de su pasión, muerte y resurrección. Con la venida de Cristo, Dios se revela al mundo en el misterio de su vida íntima y de la perfección y fecundidad de su acto cognoscitivo y amoroso, por el que es Padre que engendra al Verbo y es comunión de la que procede el Espíritu Santo. Y la cosa más admirable es que Dios entra ya en relaciones con los hombres no sólo como único Señor y Creador, sino también como Trinidad: pues es Padre que los ama como a hijos en su único Hijo y en la comunión del Espíritu Santo. Este privilegio no está reservado a un solo pueblo, sino que se extiende a todos los hombres que aceptan el mensaje de Cristo.

En efecto, antes de subir al cielo, Jesús ordenó a sus apóstoles llevar la Buena Noticia a todas las gentes y bautizarlas «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Evangelio: Mt 28, 16-20). Todo hombre entra en relación con la Trinidad mediante el bautismo; por eso renace a una vida nueva: hecho hijo del Padre que ha dispuesto su regeneración, hermano de Cristo que se la ha merecido con la sangre de la Cruz, y templo del Espíritu Santo que le infunde el Espíritu de adopción. Ante Dios el bautizado no es sólo una criatura, sino un hijo introducido a la intimidad de su vida trinitaria para que viva en sociedad con las Personas divinas que moran en él.

La segunda lectura (Rm 8, 14-17) subraya de modo especial la acción del Espíritu Santo en esta filiación divina de los creyentes: «Habéis recibido... un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios» (ib 15-16). El Espíritu Santo ha sido enviado a los hombres para que los transforme interiormente y los convierta en hijos a imagen del Hijo. A él se le atribuye esta regeneración íntima, verdadero renacer espiritual; él es su autor y, al mismo tiempo, su testigo, que infundiendo en el creyente la íntima convicción de ser hijo de Dios, lo anima a amarle e invocarle como a Padre. Mas para que el Espíritu Santo pueda cumplir su obra, es necesario dejarse dirigir por él a imitación de Cristo que en todas sus obras era movido por el Espíritu Santo. «Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios» (ib 14). No hay modo más hermoso de honrar a la Trinidad sacrosanta y atestiguarle amor, que vivir en plenitud sus dones y, por ello, abrirse a la acción del Espíritu Santo, para comportarse como hijos del Padre y hermanos de Cristo.

 

Es justo darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad. (Misal Romano, Prefacio).

Oh Eterno Padre, postrados a tus pies en humilde adoración, nos consagramos enteramente a la gloria de tu Hijo Jesús, Verbo Encarnado. Tú lo has constituido Rey de nuestras almas; sométele, pues, nuestro corazón y nuestra alma; toda fibra de nuestro ser esté sometida a sus órdenes y a sus inspiraciones. Haz que, unidos a él, seamos llevados en tu seno y consumados en la unidad de tu amor.

Oh Jesús, haz que nuestra vida, en unión a la tuya, esté toda consagrada a la gloria de tu eterno Padre y al bien de las almas. Sé tú nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación, nuestra redención y nuestro todo. Santifícanos en la verdad.

Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, establécete en nuestro corazón como un horno de amor y haz que nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestras acciones suban a lo alto como llamas ardientes, hasta el seno del Padre. Haz que toda nuestra vida sea un Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.

Oh María, Madre de Jesús, Madre del divino Amor, fórmanos según el corazón de tu divino Hijo. (Dom Columba Marmion, Consagración a la Santíma Trinidad).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 24 de mayo de 2024

VIRGEN MARÍA: El “Mes de María” en la reflexión de Benedicto XVI

 

El sábado 30 de mayo de 2009 en los Jardines Vaticanos, el Santo Padre Benedicto XVI realizó la siguiente reflexión al final del rezo del Santo Rosario como conclusión del mes de mayo, el Mes de María:

Venerados hermanos;

queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a todos con afecto al final de la tradicional velada mariana con la que se concluye el mes de mayo en el Vaticano. Este año ha adquirido un valor muy especial, pues coincide con la vigilia de Pentecostés. Al reuniros aquí, congregados espiritualmente en torno a la Virgen María y contemplando los misterios del santo rosario, habéis revivido la experiencia de los primeros discípulos, reunidos en el Cenáculo con "la madre de Jesús", "perseverando todos en la oración con un mismo espíritu" a la espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14). También nosotros, en esta penúltima tarde de mayo, desde la colina del Vaticano invocamos la efusión del Espíritu Paráclito sobre nosotros, sobre la Iglesia que está en Roma y sobre todo el pueblo cristiano.

La gran fiesta de Pentecostés nos invita a meditar en la relación entre el Espíritu Santo y María, una relación muy íntima, privilegiada e indisoluble. La Virgen de Nazaret fue elegida para convertirse en la Madre del Redentor por obra del Espíritu Santo: en su humildad halló gracia a los ojos de Dios (cf. Lc 1, 30). De hecho, en el Nuevo Testamento vemos que la fe de María, por decirlo así, "atrajo" el don del Espíritu Santo. Ante todo en la concepción del Hijo de Dios, misterio que el mismo arcángel Gabriel explicó así: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc 1, 35). Inmediatamente después María fue a ayudar a Isabel, y cuando llegó a su casa y la saludó, el Espíritu Santo hizo que el niño saltara de gozo en el seno de su anciana prima (cf. Lc 1, 44); y todo el diálogo entre las dos madres fue inspirado por el Espíritu de Dios, sobre todo el cántico de alabanza con el que María expresó sus sentimientos profundos, el Magníficat. Todos los acontecimientos relacionados con el nacimiento de Jesús y con sus primeros años de vida estuvieron dirigidos de manera casi palpable por el Espíritu Santo, aunque no siempre se le nombre. El corazón de María, en perfecta sintonía con su Hijo divino, es templo del Espíritu de verdad, donde cada palabra y cada acontecimiento son conservados en la fe, en la esperanza y en la caridad (cf. Lc 2, 19.51).

Así podemos tener la certeza de que el corazón santísimo de Jesús en todo el arco de su vida oculta en Nazaret encontró en el corazón inmaculado de su Madre un "hogar" siempre encendido de oración y de atención constante a la voz del Espíritu. Un testimonio de esta singular sintonía entre la Madre y el Hijo, buscando la voluntad de Dios, es lo que aconteció en las bodas de Caná. En una situación llena de símbolos de la alianza, como es el banquete nupcial, la Virgen Madre intercede y provoca, por decirlo así, un signo de gracia sobreabundante: el "vino bueno" que hace referencia al misterio de la Sangre de Cristo.

Esto nos remite directamente al Calvario, donde María está al pie de la cruz junto con las demás mujeres y con el apóstol san Juan. La Madre y el discípulo recogen espiritualmente el testamento de Jesús: sus últimas palabras y su último aliento, en el que comienza a derramar el Espíritu; y recogen el grito silencioso de su Sangre, derramada totalmente por nosotros (cf. Jn 19,25-34). María sabía de dónde venía esa sangre, pues se había formado en ella por obra del Espíritu Santo, y sabía que ese mismo "poder" creador resucitaría a Jesús, como él mismo había prometido.

Así, la fe de María sostuvo la de los discípulos hasta el encuentro con el Señor resucitado, y siguió acompañándolos incluso después de su Ascensión al cielo, a la espera del "bautismo en el Espíritu Santo" (cf. Hch 1, 5). En Pentecostés, la Virgen Madre aparece de nuevo como Esposa del Espíritu, para una maternidad universal con respecto a todos los que son engendrados por Dios mediante la fe en Cristo. Precisamente por eso María es para todas las generaciones imagen y modelo de la Iglesia, que juntamente con el Espíritu camina en el tiempo invocando la vuelta gloriosa de Cristo: "¡Ven, Señor Jesús!" (cf. Ap 22, 17.20).

Queridos amigos, siguiendo el ejemplo de María, aprendamos también nosotros a reconocer la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, a escuchar sus inspiraciones y a seguirlo dócilmente. Él nos hace crecer según la plenitud de Cristo, según los frutos buenos que el apóstol san Pablo enumera en la carta a los Gálatas: "amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí" (Ga 5, 22).

Os deseo que seáis colmados de estos dones y que caminéis siempre con María según el Espíritu y, a la vez que os agradezco y os felicito por vuestra participación en esta celebración vespertina, os imparto de corazón a todos vosotros y a vuestros seres queridos la bendición apostólica.

Benedicto XVI

miércoles, 22 de mayo de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): La misericordia de Dios es una acción concreta

 

Tema del programa Nº 16 del ciclo:

La misericordia de Dios es una acción concreta

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano