viernes, 27 de enero de 2023

SANTORAL: Santo Tomás de Aquino, el santo del estudio

 

Perfil Biográfico

Santo Tomás de Aquino nace en el castillo de Roccaseca (Italia) el año 1225. Hijo de los condes de Aquino recibe la primera educación religiosa y científica en la abadía de Montecasino, para pasar después a la universidad de Nápoles. Allí el contacto con fray Juan de San Juliano fue causa de que, a sus dieciséis años, frecuentase la comunidad de los hermanos predicadores, siendo el principio de su vocación a la vida apostólica. A los diecinueve años ingresa en la Orden de Predicadores.

Esta opción juvenil de Sto. Tomás deberá ratificarla más de una vez; primero, frente a su aristocrática familia que, de novicio, le secuestra y le pone en calabozo durante seis meses en el castillo de Roccaseca; y, posteriormente, frente a los maestros de París, que no le permiten la docencia en la universidad por su condición de fraile mendicante.

Tomás de Aquino en París

Por indicación de Fray Juan Teutónico, Maestro de la Orden, termina sus estudios en París y Colonia, bajo la guía de Fray Alberto Magno, quien le convence de la necesidad de profundizar en Aristóteles, el filósofo de la razón, la razón es don de Dios y a él debe ordenarse.

A los treinta y dos años Tomás de Aquino es maestro de la cátedra de teología de París. En Tomás, la Palabra de Dios en la Escritura tiene la primacía sobre las otras ciencias, y hace de la oración la fuente más fecunda de sus investigaciones. Mientras permanece en París, Tomás y los hermanos Predicadores elaboran en comunidad filosofía y teología, para después hacerla presente en la universidad.

Obras teológicas y filosóficas

Escribe muchas obras que destacan por su profundidad, admirando a maestros y estudiantes por la claridad, la distinción, la sutileza y la verdad con que procedía en la explicación de tantas y tan distintas materias, como son de ver en los cuatro grandes libros que escribió sobre el Maestro de las Sentencias.

En estos años dio de sí tales muestras arguyendo, discutiendo y respondiendo que, según el sentir de la universidad, sólo Dios podía dar tanto ingenio, y así era en verdad. Por toda Europa volaba su fama, llevada por los que de todas partes iban a estudiar a la Sorbona y luego regresaban a sus tierras cantando la sabiduría del maestro.

Después de París, impartiría docencia en Roma y en Nápoles, dejando entre otras muchas obras la Suma Teológica.

Santo Tomás de Aquino murió en la abadía de Fossanova el 7 de marzo de 1274 cuando iba de camino al concilio de Lyon. Fue canonizado el dieciocho de julio de 1323 por Juan XXII. San Pío V, el once de abril de 1567, lo declaró Doctor de la Iglesia. León XIII, el cuatro de agosto de 1880, lo proclamó patrón de todas las universidades y escuelas católicas.

Semblanza Espiritual

Alternó la enseñanza con la predicación. Actuó con eficaces intervenciones ante la curia pontificia en favor de los mendicantes. Destacó por su gran candor de vida y una fiel observancia de la vida conventual.

La misión de la Orden, es decir, el ministerio multiforme de la Palabra de Dios en la pobreza voluntaria, en él se centró en una continua dedicación al trabajo teológico; investigar incansablemente la verdad, contemplarla con amor y entregarla a los demás en escritos y en la predicación directa. Empleó su capacidad totalmente al servicio de la verdad, ansioso de encontrarla, recibiéndola de donde quiera que viniese y participarla a los demás.

Tuvo siempre un comportamiento humilde y cordial. Su obra demuestra la estrecha coherencia entre la razón humana y la divina revelación.

Santo Tomás de Aquino fue devotísimo de Cristo Salvador, especialmente de la cruz y de la eucaristía, que exaltó en sus composiciones litúrgicas para la fiesta del Corpus Christi. Tuvo una ferviente devoción filial a la Madre de Dios, la Virgen María.

Escrito por Dominicos España

miércoles, 25 de enero de 2023

DIÁLOGOS DE FE CON SAN JUAN PABLO II (audios): María Santísima nos precede en la fe y nos impulsa a la misión



Tema del programa Nº 19 del ciclo:

María Santísima nos precede en la fe y nos impulsa a la misión

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que fue emitido todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, durante el curso 2014-2015, y durante el curso 2016-2017 los Domingos a las 9:45 hs. en las frecuencias de Cope Comunidad  101.0 FM; Cope Madrid Sur  89.7 FM; Cope Jarama  100.5 FM y Cope Pinares  92.2 FM, y desde 2017 fue emitido en distintos horarios por Radio María España.

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II” nos presenta en cada emisión la oportunidad de revivir y actualizar su magisterio pontificio al calor de su amistad desde el cielo como “amigo fuerte de Dios”, según expresión de santa Teresa de Jesús, a quien le tenía especial devoción. Estos “diálogos de fe” son entresacados de su extenso y luminoso magisterio, y aunque la redacción de estos diálogos es imaginaria, son literales en sus expresiones y contenidos doctrinales.

Locución: Sr. Fernando Crespo

domingo, 22 de enero de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 3º Domingo del Tiempo Ordinario: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado”

 


“Señor, tú eres mi luz y mi salvación” (Sal 27, 1).

Siempre atento a confrontar los hechos de la vida de Jesús con lo que los profetas habían predicho del Mesías, Mateo, al comenzar la narración de su actividad apostólica, refiere una profecía de Isaías acerca de “la región de Zabulón y Neptalí”, donde el Maestro moraba en aquel tiempo. “El pueblo postrado en tinieblas ha visto una intensa luz; a los postrados en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido” (Mt 4, 16). Mateo ha visto esta profecía hacerse realidad a sus ojos. La luz que ilumina la Galilea y se difunde de allí a todo el mundo, es Cristo; Mateo le ha conocido, le ha seguido y escuchado y quiere transmitir esa buena noticia a todo el mundo.

“Jesús comenzó a predicar y decir: Convertíos porque el Reino de los Cielos está cerca” (ib. 17). El mensaje es apremiante; urge propagarlo, porque el Reino que Cristo ha venido a instaurar se ofrece a todos los hombres y está ya próximo. Lo atestigua la predicación de Jesús orientada a la conversión y a la salvación; lo atestiguan los milagros que realiza “sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (ib. 23), porque la curación de los cuerpos es “señal” de otra más profunda que quiere operar en los espíritus.

Y lo atestigua también la elección y la llamada de los primeros discípulos a los que Jesús quiere colaboradores de su ministerio de salvación. Mateo señala cuatro: Simón y Andrés, Santiago y Juan. Dos de ellos habían conocido ya el Maestro a indicación del Bautista en las orillas del Jordán y se habían ido al punto con él. Ahora es Jesús mismo quien los invita cuando están en el lago pescando con sus respectivos hermanos: “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron” (ib. 19-20). Dios no llama sólo una vez en la vida; sus llamadas se renuevan haciéndose cada vez más apremiantes y con impulsos irresistibles.

Y no se trata sólo de seguir a Cristo, sino de venir a ser, siguiéndole “pescadores de hombres”. La respuesta es inmediata como la vez primera, pero perfeccionada por la dejación generosa de las redes, de la barca y hasta de su padre, que Santiago y Juan dejan junto al lago. Así hay que acoger las llamadas de Dios de cualquier modo que se manifiesten; las llamadas importantes y las más humildes que nos llegan a través de las circunstancias concretas de la vida diaria o bajo la forma de movimiento interior a mayor generosidad, entrega y sacrificio.

 

“Brilla sobre mí, llama que siempre ardes y nunca te consumes (cfr. Ex 2, 3); comenzaré entonces por medio de tu luz y sumergido en ella, a ver también yo la luz y a reconocerte como la verdadera fuente de luz.

Quédate con nosotros, quédate para siempre, dulce Jesús, y otorga a mi alma que se debilita, una gracia mayor. Quédate conmigo y comenzaré a resplandecer de tu resplandor, tanto que llegue a ser luz para los demás. La luz, oh Jesús, vendrá toda de ti; yo no tendré en ella parte alguna ni mérito alguno, porque serás tú quien resplandezcas en los demás a través de mí.

Haz que yo te glorifique de la manera que tú prefieras, resplandeciendo sobre todos los que me rodean. Ilumínalos, como me iluminas a mí; ilumínalos junto conmigo por medio de mí. Enséñame a manifestarles tu gloria, tu verdad y tu querer. Haz que yo te predique, mas no con las palabras sino con el ejemplo, con la fuerza conquistadora y el amable influjo de mi obrar. Haz que yo te sirva de testigo con la evidente semejanza que me une a tus santos y con la plenitud de mi amor a ti”. (Beato John Henry Newman, Madurez cristiana).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 20 de enero de 2023

VIVENCIAS PERSONALES: ¡Dona sangre, salva vidas!

 


Querido amigo y hermano: cada vez que se acerca el momento de donar, una vez más sangre, me llena de ilusión el pensar que, con este pequeño gesto personal, el bien a un hermano, puede llegar desde a ayudar al buen éxito en una operación hasta salvarle la misma vida.

Las donaciones de sangre son imprescindibles diariamente para la realización de múltiples tratamientos e intervenciones. Si nunca has donado, puedes empezar hoy. Si ya eres donante: Recuerda que si eres hombre puedes donar hasta un máximo de 4 veces al año, si eres mujer, 3.


Campaña de donación de sangre "Deja tu huella"

La Comunidad de Madrid, donde yo vivo, ha puesto en marcha una nueva campaña para fomentar la donación de sangre en los hospitales de la región, con el objetivo de alcanzar este año entre 115.000 y 120.000 bolsas, recuperando así los niveles de actividad previos a la pandemia de COVID-19.


Con el lema “No son importantes los pasos que das, sino las huellas que dejas”. En cada hospital puedes donar sangre. Deja tu huella, el Centro de Transfusión anima a los vecinos de los municipios madrileños a que acudan a sus centros sanitarios de referencia para realizar este gesto altruista.

Anima también aquellas personas que, aunque acuden al hospital por consultas relacionadas con su salud, pueden también aprovechar para donar cuando su patología no se lo impide.

Los madrileños encontrarán esta campaña en todos los hospitales del Servicio Madrileño de Salud junto con adhesivos en el suelo que le indicarán el camino desde la puerta de acceso hasta la sala de donación.


Sigue las huellas

Si encuentras estas huellas al entrar en tu hospital, síguelas. Te llevarán hasta la sala de donación. Allí te esperamos.

En la Comunidad de Madrid se pueden transfundir cada año cerca de 38.000 unidades de sangre en cirugías, 42.000 a pacientes onco-hematológicos, 40.000 en Medicina Interna (para reponer sangre perdida en hemorragias digestivas, úlceras sangrantes, diálisis etc.), más de 30.000 en Urgencias ó 9.000 en intervenciones dirigidas a niños, entre los miles de componentes sanguíneos que se transfunden.


La sangre no se fabrica. Si no hay donación, no hay transfusión.

Deja tu también una huella solidaria. Dona sangre.


Sabías que...

  • En un recambio de cadera se pueden consumir entre 2 y 3 donaciones de sangre.
  • En una cirugía de columna hasta 4 o 6 donaciones.
  • En un trasplante multiorgánico pediátrico, en torno a 24 donaciones.
  • En un parto complicado, entre 2 y 4 o incluso hasta 10 si hay una hemorragia masiva.
  • En un trasplante de hígado, entre 30 y 200 donaciones.
  • En un tratamiento de leucemia: hasta 250 donaciones.
  • En una intervención quirúrgica: hasta 20 donaciones.

Ojalá que este testimonio personal te ayude a animarte. Si nunca has donado, puedes empezar hoy. Me encomiendo y te encomiendo.

Un fuerte abrazo.

Padre José Antonio.

 Dona Sangre con Regularidad


 

Para más información como, por ejemplo: ¿Puedo ir a donar?, ¿Cómo donar? ¿Dónde ir para donar?, puedes consultar el siguiente link:

https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/donacion-sangre


miércoles, 18 de enero de 2023

LA LUZ DE FRANCISCO (audios): El Sacramento del Bautismo


Tema del episodio Nº 21 del ciclo:

El Sacramento del Bautismo  

“La luz de Francisco”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote argentino José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, España, desde octubre de 2013 a junio de 2014.

El programa cuenta con una particularidad muy importante: la sintonía del mismo ha sido escrita e interpretada por Palito Ortega en homenaje al Papa Francisco y regalada al Padre José Medina para que le acompañe en este programa de evangelización, que adopta su nombre de esta misma canción.


domingo, 15 de enero de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 2º Domingo del Tiempo Ordinario: “Este es el Cordero de Dios”

 


“Oh Dios, que nos llamas a ser santos en Cristo Jesús, danos tu gracia y tu paz” (1 Cor 1, 23).

Las lecturas de este domingo siguen teniendo un carácter epifánico, es decir, que manifiestan la divinidad y la misión de Cristo. Al testimonio del Padre: “Este es mi hijo amado en quien me complazco” (Mt 3, 17), le corresponde el del Bautista: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29). Jesús presentado por el Padre como su hijo muy querido, es ahora presentado como el cordero inocente que será ofrecido en sacrificio para expiación de los pecados.

No se trata, pues, de un Mesías político venido a dar a Israel poder y gloria terrenos, sino del “Siervo de Yahvé” anunciado por Isaías, que toma sobre sí las iniquidades de los hombres y las expía con su muerte. Por medio de su sacrificio se hace la luz y salvación, no sólo de Israel, sino para toda la humanidad, y en él se manifiesta la gloria de Dios. “Tú eres mi siervo, en quién me gloriaré… Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra” (Is 49, 3. 6).

La profecía de Isaías, leída con ojos cristianos es transparente. El que Dios, por boca del profeta, designaba con el nombre de “siervo suyo”, es el mismo que ahora, en la plenitud de los tiempos, presenta al mundo como “hijo suyo”, objeto de todas sus complacencias. La divinidad de Cristo resplandece: Unigénito del Padre, es Dios como el Padre; asumiendo la naturaleza humana, su divinidad no ha disminuido. Sin embargo, la esconde, como aniquilada, tomando de hecho la forma de esclavo y abajándose sin más hasta la condición de un cordero ofrecido en holocausto. Pero precisamente mediante este sacrificio que desemboca en la resurrección, recupera plenamente su gloria de Hijo de Dios y contiene el poder de participarla a todos los hombres redimiéndolos del pecado y presentándolos al Padre como hijos.

En presencia de la grandeza de Cristo, Juan advierte su poquedad y confiesa: “Este es aquél de quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre que sido puesto delante de mí, porque era primero que yo” (Jn 1, 30). Iluminado por Dios reconoce la prioridad absoluta de Cristo y de su misión; él es el “elegido de Dios”, venido no ya a bautizar con agua, sino “en el Espíritu Santo” (ib. 33-34).  Delante de Cristo desaparece todo apóstol, o mejor dicho, vale y puede actuar sólo en la medida que depende de él en todo y humildemente.

 

“¡Oh, Verbo! ¡Oh, Jesús! ¡Qué hermoso eres! ¡Qué grande eres! ¿Quién llegará a conocerte? ¿Quién podrá comprenderte? Haz, oh Jesús, que yo te conozca y te ame.

Tú eres la luz, envía un rayo de ella a mi pobre alma. Déjame volver la mirada a ti, belleza infinita. Vela un tanto los esplendores de tu gloria, para que pueda contemplar y ver tus perfecciones divinas.

Abre mis oídos; que pueda yo oír tu voz y meditar tus divinas enseñanzas. Abre también mi espíritu y mi entendimiento; que tu palabra llegue hasta mi corazón y él guste y lo comprenda.

Enciende en mí una gran de en ti, para que cada palabra tuya sea luz que me ilumine, me atraiga a ti y me lleve a seguirte en todos los caminos de la justicia y de la verdad.

¡Oh, Jesús! ¡Oh, Verbo! Tú eres mi Señor, mi único y solo maestro. ¡Habla! Quiero escucharte y poner en práctica tu palabra. Quiero escuchar tu palabra porque sé que viene del cielo. Quiero escucharla, meditarla, ponerla en práctica porque en tu palabra está la vida, la alegría, la paz y la felicidad.

¡Habla! Tú eres mi Señor y mi maestro, y yo no quiero escuchar sino a ti” (A. Chevrier, El verdadero discípulo).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 13 de enero de 2023

LITURGIA: ¿Qué es el Tiempo Ordinario?

 

Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.

Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.

El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario.

Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!

El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”.

Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma. Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento.

Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor… ¿con quién nos entusiasmaremos?

Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo.

Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

miércoles, 11 de enero de 2023

DIÁLOGOS DE FE CON SAN JUAN PABLO II (audios): Evangelizar con la fe y con las obras

Tema del programa Nº 18 del ciclo:

Evangelizar con la fe y con las obras

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que fue emitido todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, durante el curso 2014-2015, y durante el curso 2016-2017 los Domingos a las 9:45 hs. en las frecuencias de Cope Comunidad  101.0 FM; Cope Madrid Sur  89.7 FM; Cope Jarama  100.5 FM y Cope Pinares  92.2 FM, y desde 2017 fue emitido en distintos horarios por Radio María España.

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II” nos presenta en cada emisión la oportunidad de revivir y actualizar su magisterio pontificio al calor de su amistad desde el cielo como “amigo fuerte de Dios”, según expresión de santa Teresa de Jesús, a quien le tenía especial devoción. Estos “diálogos de fe” son entresacados de su extenso y luminoso magisterio, y aunque la redacción de estos diálogos es imaginaria, son literales en sus expresiones y contenidos doctrinales.

Locución: Sr. Fernando Crespo


domingo, 8 de enero de 2023

LITURGIA: El Bautismo del Señor

 

Después de las fiestas de la Navidad y la Epifanía, la Iglesia nos invita este domingo, con el cual comienza el llamado “Tiempo Ordinario” de la liturgia, a contemplar los hechos y las enseñanzas de Jesús en el inicio de su vida pública, inaugurada con su Bautismo en el río Jordán. Tratemos de descubrir el significado de este acontecimiento a la luz de los elementos narrativos que nos presenta el relato del Evangelio y relacionándolos con las otras lecturas de este domingo.

1. El bautismo: un rito que adquiere su pleno significado en Jesucristo

El verbo “bautizar” proviene del griego y significa sumergir. El rito del bautismo consiste originariamente en sumergirse en el agua, elemento imprescindible de la vida, para expresar así el paso a una existencia renovada mediante un nuevo nacimiento: si el ser humano desde el comienzo de su existencia no puede subsistir sin el agua como medio vital, el bautismo manifiesta el paso a una vida nueva.

Juan invitaba al bautismo en el río Jordán para expresar una sincera voluntad de renovación. Jesús insiste en recibir el bautismo porque “es conveniente cumplir todo lo que Dios ha ordenado”, y de esta forma indica claramente que ha venido a hacer la voluntad de su Padre. En esto se compendia precisamente todo el programa de su vida en la tierra: hacer la voluntad de Dios, la misma que Él nos enseñó a cumplir con una disposición total expresada justamente en la oración que nos iba a enseñar para dirigirnos a nuestro Creador: “hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”

Esto quiere decir que Él mismo, siendo inocente, llevaría humildemente sobre sí el pecado del mundo para cumplir la voluntad de Dios: hacernos posible el paso a una auténtica vida nueva, a imagen de la suya como Hijo de Dios.

2. “Vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él”

Al describir el Bautismo de Jesús, el Evangelio utiliza el lenguaje propio de las llamadas teofanías o manifestaciones especiales de Dios. En este pasaje evangélico, la imagen de la paloma evoca dos relatos simbólicos del libro bíblico del Génesis:

Por una parte, el relato de la creación, donde se dice que “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Génesis 1, 2), y por otra el del diluvio universal, cuando al terminar la tempestad Noé soltó una paloma que regresó al arca con una rama de olivo en el pico (Génesis 8, 10-12), significando no sólo que después de la tempestad vino la calma, sino que recomenzaba  la vida en la tierra, gracias a una nueva creación.

La figura de una paloma que se posa sobre Jesús en el momento de su bautismo, nos remite entonces al comienzo de una nueva creación que Dios Padre realiza por medio de Él, en la cual se manifiesta la acción renovadora del Espíritu Santo, simbolizado por la paloma, que hará posible la paz en la existencia humana, gracias a la acción salvadora del amor de Dios. El relato del Bautismo del Señor es así una proclamación del misterio de la Santísima Trinidad.       

3. “Este es mi Hijo, el amado, el predilecto”

La fiesta del Bautismo del Señor actualiza para nosotros la manifestación de Jesús como Hijo de Dios, título dado por los profetas al Mesías prometido que iniciaría el reinado de Dios mismo en los corazones de quienes estuvieran dispuestos a su acción salvadora. Tal es a su vez el sentido de la profecía de Isaías en la primera lectura: “Este es mi servidor…, mi elegido a quien prefiero. Sobre él he puesto mi Espíritu” (Isaías 42, 1-7).

Resalta aquí la correspondencia entre el título de Hijo de Dios y el de Siervo o Servidor del Señor. Aquél hombre nacido en Belén de Judá,  proveniente de una familia humilde y sencilla residente en  la pequeña aldea de Nazaret, y que en el momento de su Bautismo en el río Jordán fue proclamado Hijo de Dios por su propio Padre que está en los cielos, va a presentarse a sí mismo, de palabra y de obra, como quien no vino a ser servido, sino a servir. Toda su vida, desde su nacimiento en una pesebrera hasta su muerte en una cruz, es la manifestación de esta correspondencia entre su condición de Hijo de Dios y su misión de Servidor.

En efecto, Jesús iba a estar siempre en medio de los seres humanos precisamente en calidad de servidor: servidor de Dios mediante el servicio a todos los seres humanos, a quienes siempre les hacía el bien, tal como nos lo describe el discurso del apóstol Pedro en la segunda lectura, “fue ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” y “pasó haciendo el bien” (Hechos de los Apóstoles 10, 34-38).

También nosotros hemos recibido en el sacramento del Bautismo al Espíritu Santo, que hace posible en nuestra existencia una vida nueva como hijos e hijas de Dios para en todo amarlo y servirlo, participando así en su reino de amor y de paz, en esta vida y en la eterna. Que esta posibilidad se haga efectiva depende de nuestra disposición a escuchar y poner en práctica sus enseñanzas, identificándonos con Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y el Servidor por excelencia. Que así sea.

Gabriel Jaime Pérez, S.J.


También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.


viernes, 6 de enero de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Santoral – Epifanía del Señor

 

«Te adoren todas las gentes de la tierra, Señor, y te sirvan todos los pueblos» (Ps 72, 11).

«Alegraos en el Señor -exclama San León Magno- porque a los pocos días de la solemnidad de la Natividad de Cristo, brilla la fiesta de su manifestación; y que la Virgen había dado a luz en aquel día, es reconocido en éste por el mundo» (Homilía 32, 1). Jesús se manifiesta hoy y es reconocido como Dios.

El Introito de la misa nos introduce directamente en este ambiente espiritual, presentándonos a Jesús en el fulgor regio de su divinidad: «He aquí que ha venido el Soberano Señor; en sus manos tiene el cetro, la potestad y el imperio». La primera lectura (Is 60, 1-6) prorrumpe en un himno de gloria anunciando la vocación de todos los pueblos a la fe; también ellos reconocerán y adorarán en Jesús a su único y verdadero Dios: «Levántate y resplandece, Jerusalén, que ya se alza tu luz, y la gloria del Señor alborea para ti... Las gentes andarán en tu luz, y los reyes a la claridad de tu aurora... Llegarán de Sabá en tropel, trayendo oro e incienso y pregonando las glorias del Señor».

Ya no se contempla alrededor del pesebre la humilde presencia de los pastores, sino la fastuosa comitiva de los Magos, que han venido del Oriente para rendir homenaje al Niño Dios, como representantes de los que no pertenecían a su pueblo. Pues Jesús ha venido no sólo para la salvación de Israel, sino para la de todos los hombres de cualquier raza o nación. El instituyó «la nueva alianza en su sangre, convocando un pueblo de entre los judíos y los gentiles, que se condensara en unidad... y constituirá un nuevo Pueblo de Dios» (LG 9). También San Pablo habla de este grandioso misterio que él ha tenido la misión de anunciar al mundo: «los gentiles son coherederos y miembros todos de un mismo cuerpo, copartícipes de las promesas en Cristo Jesús mediante el Evangelio» (Ef 3, 6).

La fiesta de la Epifanía, primera manifestación y realización de ese misterio, incita a todos los fieles a compartir las ansias y las fatigas de la Iglesia, la cual «ora y trabaja a un tiempo, para que la totalidad del mundo se incorpore al pueblo de Dios, Cuerpo del Señor y templo del Espíritu Santo» (LG 17). Epifanía, o Teofanía, quiere decir precisamente «manifestación de Dios»; que la oración y el celo de los creyentes apresuren el tiempo en que la luz de la fe brille sobre todos los pueblos, para que todos conozcan «la insondable riqueza de Cristo» (Ef 3, 8) y adoren en él a su Dios.

«Hemos visto su estrella en Oriente y venimos con dones a adorarle». En estas palabras del versículo del Aleluya sintetiza la misa de hoy la conducta de los Magos. Divisar la estrella y ponerse en camino, fue todo uno. No dudaron, porque su fe era sólida, firme, maciza. No titubearon frente a la fatiga del largo viaje, porque su corazón era generoso. No lo dejaron para más tarde, porque tenían un ánimo decidido.

En el cielo de nuestras almas aparece también frecuentemente una estrella misteriosa: es la inspiración íntima y clara de Dios que nos pide algún acto de generosidad, de desasimiento, o que nos invita a una vida de mayor intimidad con él. Si nosotros siguiéramos esa estrella con la misma fe, generosidad y prontitud de los Magos, ella nos conduciría hasta el Señor, haciéndonos encontrar al que buscamos.

Los Magos continuaron buscando al Niño aun durante el tiempo en que la estrella permaneció escondida a sus miradas; también nosotros debemos perseverar en la práctica de las buenas obras aun en medio de las más oscuras tinieblas interiores: es la prueba del espíritu, que solamente se puede superar con un intenso ejercicio de pura y desnuda fe. Sé que Dios lo quiere, debemos repetirnos en esos instantes, sé que Dios me llama, y esto me basta: «Sé a quién me he confiado y estoy seguro» Tm 1, 12); sé muy bien en qué manos me he colocado y, a pesar de todo lo que pueda sucederme, no dudaré jamás de su bondad.

Animados con estas disposiciones, vayamos también nosotros con los Magos a la gruta de Belén: «Y así como ellos en sus tesoros ofrecieron al Señor místicos dones, también del fondo de nuestros corazones se eleven ofrendas dignas de Dios» (San León Magno, Homilía, 32, 4).

 

Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo Unigénito por medio de una estrella a los pueblos gentiles; concede a los que ya te conocemos por la fe poder gozar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. (Misal Romano, Colecta).

Reconozco, ¡oh Señor!, en los Magos que te adoraron las primicias de nuestra vocación y de nuestra fe y celebro con alma alborozada el comienzo de nuestra feliz esperanza. Entonces fue cuando comenzamos a entrar en la posesión de nuestra herencia eterna. Entonces se nos abrieron los misterios de las Escrituras que nos hablan de ti, y la verdad, rechazada por la ceguera de los judíos, difundió su luz sobre todos los pueblos. Quiero venerar, pues, este día santísimo, en que tú, autor de nuestra salvación, te manifestaste; y adoro omnipotente en el cielo a ti a quien los Magos veneraron recién nacido en la cuna. Y así como ellos te ofrecieron dones sacados de sus tesoros con una significación mística, del mismo modo quiero sacar yo de mi corazón dones dignos de ti, Dios mío. (San León Magno, Homilía)

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

jueves, 5 de enero de 2023

BENEDICTO XVI: Las palabras del “Rogito”, un patrimonio sobre las verdades de la fe

 

El féretro con los restos del Papa emérito se cerró con algunos signos de dignidad pontificia en su interior y el texto que recuerda brevemente la historia de la vida y el ministerio de Joseph Ratzinger

Los últimos actos se realizaron en la discreción tras el interminable homenaje público. Después de tres días en el centro de la peregrinación ininterrumpida que tributaron más de 200.000 personas en la basílica vaticana, los restos mortales de Benedicto XVI fueron colocados en un féretro de ciprés, en el que se depositaron el palio, las monedas y medallas del pontificado y el “Rogito”, un texto conservado en un cilindro metálico que recuerda los rasgos más destacados de la vida y el ministerio del Papa emérito, desde su nacimiento hasta sus últimos días.

El texto del Rogito fue leído por el maestro de las celebraciones litúrgicas papales, monseñor Diego Ravelli. Tras el funeral presidido por el Papa Francisco, el féretro de ciprés fue colocado en un revestimiento de zinc y después en un ataúd de madera para ser finalmente enterrado en las Grutas Vaticanas.

A continuación el texto integral del “Rogito”:

 

A la luz de Cristo resucitado de entre los muertos, el 31 de diciembre del año del Señor 2022, a las 9.34 de la mañana, cuando terminaba el año y nos disponíamos a cantar el Te Deum por los muchos beneficios concedidos por el Señor, el amado Pastor emérito de la Iglesia, Benedicto XVI, pasó de este mundo al Padre. Toda la Iglesia, junto con el Santo Padre Francisco, acompañó en oración su tránsito.

Benedicto XVI fue el 265º Papa. Su memoria permanece en el corazón de la Iglesia y de toda la humanidad.

Joseph Aloisius Ratzinger, elegido Papa el 19 de abril de 2005, nació en Marktl am Inn, en la diócesis de Passau (Alemania), el 16 de abril de 1927. Su padre era comisario de la gendarmería y procedía de una familia de agricultores de la baja Baviera, cuyas condiciones económicas eran más bien modestas. Su madre era hija de artesanos de Rimsting, en el lago Chiem, y había sido cocinera en varios hoteles antes de casarse.

Pasó su infancia y adolescencia en Traunstein, una pequeña localidad cercana a la frontera austriaca, a unos treinta kilómetros de Salzburgo, donde recibió su educación cristiana, humana y cultural.

La época de su juventud no fue fácil. La fe y la educación de su familia le prepararon para la dura experiencia de los problemas asociados al régimen nazi, conociendo el clima de fuerte hostilidad hacia la Iglesia católica en Alemania. En esta compleja situación, descubrió la belleza y la verdad de la fe en Cristo.

De 1946 a 1951 estudió en la Escuela Superior de Filosofía y Teología de Freising y en la Universidad de Múnich. El 29 de junio de 1951 fue ordenado sacerdote, iniciando al año siguiente su actividad docente en la misma Escuela de Freising. Posteriormente fue docente en Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona.

En 1962 se convirtió en perito oficial del Concilio Vaticano II, como asistente del cardenal Joseph Frings. El 25 de marzo de 1977, el Papa Pablo VI le nombró arzobispo de Múnich y Freising, y fue ordenado obispo el 28 de mayo del mismo año. Como lema episcopal eligió "Cooperatores Veritatis".

El Papa Montini lo creó y nombró Cardenal, del Título de Santa Maria Consolatrice al Tiburtino, en el Consistorio del 27 de junio de 1977.

El 25 de noviembre de 1981, Juan Pablo II le nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; y el 15 de febrero del año siguiente renunció al gobierno pastoral de la archidiócesis de Munich und Freising.

El 6 de noviembre de 1998 fue nombrado Vicedecano del Colegio Cardenalicio y el 30 de noviembre de 2002 pasó a ser Decano, tomando posesión del título de la Iglesia Suburbicaria de Ostia.

El viernes 8 de abril de 2005 presidió la misa funeral de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro.

Por los cardenales reunidos en Cónclave fue elegido Papa el 19 de abril de 2005 y tomó el nombre de Benedicto XVI. Desde la Logia de las Bendiciones se presentó como un "humilde trabajador en la viña del Señor". El domingo 24 de abril de 2005 inició solemnemente su ministerio petrino.

Benedicto XVI puso el tema de Dios y de la fe en el centro de su pontificado, en una búsqueda continua del rostro del Señor Jesucristo y ayudando a todos a conocerlo, en particular mediante la publicación de la obra en tres volúmenes Jesús de Nazaret. Dotado de vastos y profundos conocimientos bíblicos y teológicos, tenía la extraordinaria capacidad de elaborar síntesis esclarecedoras sobre los principales temas doctrinales y espirituales, así como sobre cuestiones cruciales de la vida de la Iglesia y de la cultura contemporánea.

Promovió con éxito el diálogo con anglicanos, judíos y representantes de otras religiones; también reanudó los contactos con los sacerdotes de la Comunidad de San Pío X.

En la mañana del 11 de febrero de 2013, durante un Consistorio convocado para decisiones ordinarias sobre tres canonizaciones, después de que los cardenales hubieran votado, el Papa leyó en latín la siguiente declaración:

 

"Bene conscius sum hoc munus secundum suam essentiam spiritualem non solum agendo et loquendo exerceri debere, sed non minus patiendo et orando. Attamen in mundo nostri temporis rapidis mutationibus subiecto et quaestionibus magni ponderis pro vita fidei perturbato ad navem Sancti Petri gubernandam et ad annuntiandum Evangelium etiam vigor quidam corporis et animae necessarius est, qui ultimis mensibus in me modo tali minuitur, ut incapacitatem meam ad ministerium mihi commissum bene administrandum agnoscere debeam. Quapropter bene conscius ponderis huius actus plena libertate declaro me ministerio Episcopi Romae, Successoris Sancti Petri, mihi per manus Cardinalium die 19 aprilis MMV commisso renuntiare ita ut a die 28 februarii MMXIII, hora 20, sedes Romae, sedes Sancti Petri vacet et Conclave ad eligendum novum Summum Pontificem ab his quibus competit convocandum esse".

 

En la última Audiencia General del pontificado, el 27 de febrero de 2013, al tiempo que agradecía a todos y cada uno el respeto y la comprensión con que había sido acogida su decisión, aseguró: "Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con esa entrega al Señor y a su Esposa que he tratado de vivir cada día hasta ahora y que quisiera vivir siempre".

Tras una breve estancia en la residencia de Castel Gandolfo, vivió los últimos años de su vida en el Vaticano, en el monasterio Mater Ecclesiae, dedicándose a la oración y la meditación.

El magisterio doctrinal de Benedicto XVI se resume en las tres encíclicas Deus caritas est (25 de diciembre de 2005), Spe salvi (30 de noviembre de 2007) y Caritas in veritate (29 de junio de 2009). Entregó cuatro Exhortaciones Apostólicas a la Iglesia, numerosas Constituciones Apostólicas, Cartas Apostólicas, así como las Catequesis ofrecidas en las Audiencias Generales y en las alocuciones, incluidas las pronunciadas durante sus veinticuatro viajes apostólicos alrededor del mundo.

Ante el relativismo y el ateísmo práctico cada vez más difuso, en 2010, con el motu proprio Ubicumque et semper, instituyó el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, al que transfirió las competencias en materia de catequesis en enero de 2013.

Luchó con firmeza contra los delitos cometidos por representantes del clero contra menores o personas vulnerables, llamando constantemente a la Iglesia a la conversión, la oración, la penitencia y la purificación.

Como teólogo de reconocida autoridad, dejó un rico legado de estudios e investigaciones sobre las verdades fundamentales de la fe. 

 

CORPUS

BENEDICTI XVI P.M.

VIXIT A. XCV   M. VIII   D. XV

ECCLESIÆ UNIVERSÆ PRÆFUIT A. VII   M. X   D. IX

A D. XIX   M. APR.   A. MMV   AD D. XXVIII   M. FEB.   A. MMXIII

DECESSIT DIE XXXI M. DECEMBRIS ANNO DOMINI MMXXII

Semper in Christo vivas, Pater Sancte!


PAPA FRANCISCO: Homilía en la Misa exequial por el Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI

 


«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46). Son las últimas palabras que el Señor pronunció en la cruz; su último suspiro —podríamos decir— capaz de confirmar lo que selló toda su vida: un continuo entregarse en las manos de su Padre. Manos de perdón y de compasión, de curación y de misericordia, manos de unción y bendición que lo impulsaron a entregarse también en las manos de sus hermanos. El Señor, abierto a las historias que encontraba en el camino, se dejó cincelar por la voluntad de Dios, cargando sobre sus hombros todas las consecuencias y dificultades del Evangelio, hasta ver sus manos llagadas por amor: «Aquí están mis manos» (Jn 20,27), le dijo a Tomás, y lo dice a cada uno de nosotros: “aquí están mis manos”. Manos llagadas que salen al encuentro y no cesan de ofrecerse para que conozcamos el amor que Dios nos tiene y creamos en él (cf. 1 Jn 4,16) [1].

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» es la invitación y el programa de vida que inspira y quiere moldear como un alfarero (cf. Is 29,16) el corazón del pastor, hasta que latan en él los mismos sentimientos de Cristo Jesús (cf. Flp 2, 5). Entrega agradecida de servicio al Señor y a su Pueblo, que nace por haber acogido un don totalmente gratuito: “Tú me perteneces… tú les perteneces”, susurra el Señor; “tú estás bajo la protección de mis manos, bajo la protección de mi corazón. Permanece en el hueco de mis manos y dame las tuyas” [2]. Es la condescendencia de Dios y su cercanía, capaz de ponerse en las manos frágiles de sus discípulos para alimentar a su pueblo y decir con Él: tomen y coman, tomen y beban, esto es mi cuerpo, cuerpo que se entrega por ustedes (cf. Lc 22,19). La synkatabasis total de Dios.

Entrega orante que se forja y acrisola silenciosamente entre las encrucijadas y contradicciones que el pastor debe afrontar (cf. 1 P 1,6-7) y la confiada invitación a apacentar el rebaño (cf. Jn 21,17). Como el Maestro, lleva sobre sus hombros el cansancio de la intercesión y el desgaste de la unción por su pueblo, especialmente allí donde la bondad está en lucha y sus hermanos ven peligrar su dignidad (cf. Hb 5,7-9). Encuentro de intercesión donde el Señor va gestando esa mansedumbre capaz de comprender, recibir, esperar y apostar más allá de las incomprensiones que esto puede generar. Fecundidad invisible e inaferrable, que nace de saber en qué manos se ha puesto la confianza (cf. 2 Tm 1,12). Confianza orante y adoradora, capaz de interpretar las acciones del pastor y ajustar su corazón y sus decisiones a los tiempos de Dios (cf. Jn 21,18): «Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia» [3].

Y también entrega sostenida por la consolación del Espíritu, que lo espera siempre en la misión: en la búsqueda apasionada por comunicar la hermosura y la alegría el Evangelio (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 57), en el testimonio fecundo de aquellos que, como María, permanecen de muchas maneras al pie de la cruz, en esa dolorosa pero recia paz que no agrede ni avasalla; y en la terca pero paciente esperanza en que el Señor cumplirá su promesa, como lo había prometido a nuestros padres y a su descendencia por siempre (cf. Lc 1,54-55).

También nosotros, aferrados a las últimas palabras del Señor y al testimonio que marcó su vida, queremos, como comunidad eclesial, seguir sus huellas y confiar a nuestro hermano en las manos del Padre: que estas manos de misericordia encuentren su lámpara encendida con el aceite del Evangelio, que él esparció y testimonió durante su vida (cf. Mt 25,6-7).

San Gregorio Magno, al finalizar la Regla pastoral, invitaba y exhortaba a un amigo a ofrecerle esta compañía espiritual: «En medio de las tempestades de mi vida, me alienta la confianza de que tú me mantendrás a flote en la tabla de tus oraciones, y que, si el peso de mis faltas me abaja y humilla, tú me prestarás el auxilio de tus méritos para levantarme». Es la conciencia del Pastor que no puede llevar solo lo que, en realidad, nunca podría soportar solo y, por eso, es capaz de abandonarse a la oración y al cuidado del pueblo que le fue confiado [4]. Es el Pueblo fiel de Dios que, reunido, acompaña y confía la vida de quien fuera su pastor. Como las mujeres del Evangelio en el sepulcro, estamos aquí con el perfume de la gratitud y el ungüento de la esperanza para demostrarle, una vez más, ese amor que no se pierde; queremos hacerlo con la misma unción, sabiduría, delicadeza y entrega que él supo esparcir a lo largo de los años. Queremos decir juntos: “Padre, en tus manos encomendamos su espíritu”.

Benedicto, fiel amigo del Esposo, que tu gozo sea perfecto al oír definitivamente y para siempre su voz.

PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Jueves, 5 de enero de 2023

 

[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1.

[2] Cf. Íd., Homilía en la Misa Crismal, 13 de abril de 2006.

[3] Íd., Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 24 de abril de 2005.

[4] Cf. ibíd.

miércoles, 4 de enero de 2023

PAPA FRANCISCO: “Benedicto XVI hizo teología de rodillas”

 

El Pontífice prologa un libro que Editrice Vaticana publicará el 14 de enero y destaca “su capacidad de mostrar siempre nueva la profundidad de la fe cristiana".

“Benedicto XVI hizo teología de rodillas. Su argumentación de la fe fue realizada con la devoción de un hombre que ha entregado todo de sí mismo a Dios y que, bajo la guía del Espíritu Santo, buscó una penetración cada vez mayor en el misterio del Jesús que le había fascinado desde su juventud”.

Así escribe el Papa Francisco sobre su antecesor y lo hace en un prólogo que este miércoles COPE.es y ECCLESIA publican en exclusiva en español. El libro, de la Editrice Vaticana, titulado “Dios es siempre nuevo”, saldrá a la luz el próximo 14 de enero recogiendo los pensamientos espirituales de Benedicto XVI.

Prólogo completo

Estoy contento que el lector pueda tener en sus manos este texto de pensamientos espirituales del fallecido Papa Benedicto XVI. El título expresa uno de los aspectos más característicos del magisterio y de la visión de la fe de mi predecesor: sí, Dios es siempre nuevo porque es fuente y razón de la belleza, de la gracia y de la verdad. Dios nunca es repetitivo, Dios nos sorprende, Dios trae novedad. La frescura espiritual que se desprende de estas páginas, lo confirman con intensidad.

Benedicto XVI hizo teología de rodillas. Su argumentación de la fe fue realizada con la devoción de un hombre que ha entregado todo de sí mismo a Dios y que, bajo la guía del Espíritu Santo, buscó una penetración cada vez mayor en el misterio del Jesús que le había fascinado desde su juventud.

La colección de pensamientos espirituales presentados en estas páginas demuestra la capacidad creativa de Benedicto XVI para indagar en los diversos aspectos del cristianismo con una fecundidad de imágenes, lenguaje y perspectiva que se convierten en un estímulo continuo para cultivar el precioso don de acoger a Dios en la propia vida. El modo en que Benedicto XVI supo hacer interactuar corazón y razón, pensamiento y afecto, racionalidad y emoción, es un modelo fecundo sobre cómo hablar a todos de la fuerza disruptiva del Evangelio.

El lector lo verá confirmado en estas páginas, que representan -también gracias a la competencia del editor, a quien va nuestro más sincero agradecimiento- una especie de "síntesis espiritual" de los escritos de Benedicto XVI: aquí brilla su capacidad de mostrar siempre nueva la profundidad de la fe cristiana. Basta con un pequeño florilegio. "Dios es un acontecimiento de amor", expresión que por sí sola hace plena justicia a una teología siempre armoniosa entre razón y afecto. "¿Qué podría salvarnos si no es el amor?", preguntó a los jóvenes en la vigilia de oración de Colonia en 2005, una meditación que se recuerda oportunamente aquí, planteando una pregunta que recuerda a Fëdor Dostoevskij. Y cuando habla de la Iglesia, la pasión eclesial le hace pronunciar palabras impregnadas de pertenencia y afecto: "No somos un centro de producción, no somos una empresa con ánimo de lucro, somos Iglesia”.

La profundidad del pensamiento de Joseph Ratzinger, basado en la Sagrada Escritura y en los Padres de la Iglesia es una ayuda para nosotros también hoy. Estas páginas abordan una gama de temas espirituales y son un incentivo para que permanezcamos abiertos al horizonte de eternidad que el cristianismo lleva en su ADN. El de Benedicto XVI es y seguirá siendo un pensamiento y un magisterio fecundos en el tiempo, porque ha sabido centrarse en las referencias fundamentales de nuestra vida cristiana: en primer lugar, la persona y la palabra de Jesucristo, y después las virtudes teologales, es decir, la caridad, la esperanza y la fe. Y por ello toda la Iglesia le estará agradecida. Para siempre.

En Benedicto XVI, una devoción incesante y un magisterio iluminado se han fundido en una armoniosa alianza. ¡Cuántas veces ha hablado de la belleza con palabras conmovedoras! Benedicto siempre consideró la belleza como un medio privilegiado para abrir a los hombres a lo trascendente y poder así encontrarse con Dios, que para él era la tarea más elevada y la misión más urgente de la Iglesia. En particular, la música era para él un arte vecino con el que elevar el espíritu y la interioridad. Pero esto no desvió su atención, como verdadero hombre de fe, de las grandes y espinosas cuestiones de nuestro tiempo, observadas y analizadas con juicio consciente y valiente espíritu crítico. De la escucha de la Escritura, leída en la tradición siempre viva de la Iglesia, supo extraer desde su juventud esa sabiduría útil e indispensable para establecer un diálogo con la cultura de su tiempo, como confirman estas páginas.

Agradecemos sinceramente a Dios por habernos dado al Papa Benedicto XVI: con su palabra y su testimonio, nos ha enseñado que mediante la reflexión, el pensamiento, el estudio, la escucha, el diálogo y, sobre todo, la oración, es posible servir a la Iglesia y hacer el bien a toda la humanidad; nos ofreció herramientas intelectuales vivas para que todo creyente pudiera dar razones de su esperanza utilizando una forma de pensar y de comunicar comprensible para sus contemporáneos. Su intención fue constante: entrar en diálogo con todos para buscar juntos los caminos a través de los cuales podemos encontrar a Dios.

Esta búsqueda del diálogo con la cultura de su tiempo ha sido siempre un deseo ardiente de Joseph Ratzinger: él, como teólogo primero y como pastor después, nunca se ha limitado a una cultura puramente intelectualista, desvinculada de la historia de los hombres y del mundo. Con su ejemplo de intelectual rico en amor y entusiasmo, que etimológicamente significa estar en Dios, nos mostró la posibilidad de que buscar la verdad es posible, y que dejarse poseer por ella es lo más alto que puede alcanzar el espíritu humano. En este viaje, todas las dimensiones del ser humano, razón y fe, inteligencia y espiritualidad, tienen su propio papel y especificidad.

PAPA FRANCISCO