La Santísima Virgen del Pilar
de Zaragoza tiene el honor de ser la primera de las apariciones marianas de la
historia. De acuerdo con la tradición, el día 2 de enero del año 40, la Virgen
Santísima se apareció en carne mortal al apóstol Santiago y a un grupo de
convertidos que se hallaban orando a orillas del Ebro. Ahí les manifestó su
deseo de que se le diese culto para siempre en aquel lugar. Santiago y sus
compañeros construyeron una capilla, siendo por tanto, el primer templo
construido en honor de la Virgen María.
Conviene subrayar que, a
diferencia de otras apariciones marianas, se trata de una aparición singular y
única en la historia, ya que tuvo lugar cuando la Virgen todavía vivía en carne
mortal. De ahí que con razón la liturgia del 2 enero, fiesta de la Venida de la
Virgen, proclame: "con ninguna nación hizo cosa semejante". El Papa
Clemente XII estableció la fecha del 12 de Octubre para la festividad de la
Virgen del Pilar.
San Juan Pablo II y la Virgen
del Pilar
San Papa Juan Pablo II, ha
proyectado su mirada hacia el Pilar de Zaragoza en solemnes ocasiones. Una de
ellas fue desde Roma, cuando, con ocasión del VIII Congreso Mariológico y XV
Mariano Internacionales, celebrados en la ciudad del Ebro, envió un mensaje
radiotelevisado el 12 de octubre de 1979.
Naturalmente en esa ocasión el
tono general del discurso se acomoda al tema de los Congresos, uno en relación
con el culto a la Santísima Virgen (siglo XVI) y otro, el Mariano, en torno a
María y a la misión de la Iglesia.
Ello no obstante, el Papa no
puede menos de evocar la figura de la Virgen del Pilar como centro de la
devoción mariana de España:
«Es para mí motivo de gran
satisfacción asociarme, como en una única demostración de gratitud y afecto
filial hacia la Madre de Dios, con todos cuantos os habéis reunido estos días
en Zaragoza, en torno a la Virgen del Pilar.... un saludo especial y entrañable
quiero dirigir hoy a todos los hijos de la noble nación española, cuya
distinguida piedad mariana y cuyo fervor por cuanto significa honor para la
Madre de Dios tienen pulsación propia, desde época inmemorial... En efecto,
desde los primeros siglos del Cristianismo aparece en España el culto a la
Virgen, como consta por algunos monumentos de la antigüedad de los que se
conservan preciosos testimonios...
Esta devoción mariana no ha
decaído a lo largo de los siglos en España, que se reconoce corno "tierra
de María". Los numerosos santuarios diseminados como hitos de luz por
todas las regiones españolas, cuyo símbolo es en estos momentos la basílica del
Pilar, son todavía testigos de la fe viva y de la devoción del pueblo español a
la Virgen María, así como su expresión de vida cristiana que yo, como Supremo
Pastor y Sucesor de San Pedro, quiero bendecir y alentar... »
Una segunda oportunidad fue
mucho más entrañable y significativa. El Santo Padre, con motivo de su visita
pastoral a España, en otoño de 1982, vino personalmente a Zaragoza, para
postrarse ante la Virgen del Pilar (6 de noviembre). La importancia que el Papa
otorgaba a la devoción pilarista se subraya por tres rasgos singulares. En
primer lugar, él mismo destaca que viene como primer Papa peregrino al Pilar,
reservando para ese día su mensaje mariano nacional, del que más adelante
recogeremos algunos párrafos; en segundo lugar, aprovecha la circunstancia de
coincidir su peregrinación al Pilar en sábado para rezar, arrodillado en la
plaza de la basílica, el Santo Rosario; finalmente, después de postrarse y orar
devotamente ante la imagen misma, que se venera en la Santa Capilla, como gesto
de su profunda esclavitud mariana, depositó a los pies de la Señora su blanco
solideo y entregó como ofrenda y recuerdo un bellísimo rosario. En página
miniada del libro de oro de la basílica dejó estampada su firma.
He aquí las frases del mensaje
mariano que hacen relación más expresa al Pilar:
«Los caminos marianos me traen
esta tarde a Zaragoza. En su viaje apostólico por tierras españolas, el Papa se
hace hoy peregrino a las riberas del Ebro. A la ciudad mariana de España. Al
santuario de Nuestra Señora del Pilar.
Veo así cumplirse un anhelo,
que ya antes deseaba poder realizar, de postrarme como hijo devoto de María
ante el Pilar sagrado, para rendir a esta buena Madre mi homenaje de filial
devoción y para rendírselo unido al Pastor de esta diócesis, a los otros Obispos
y a vosotros, queridos aragoneses, riojanos, sorianos y españoles todos, en
este acto mariano nacional.
Peregrino hasta este
santuario, como en mis precedentes viajes apostólicos...
De estos santuarios y de todos
los otros no menos venerables, donde os unís con frecuencia en el amor a la
única Madre de Jesús y nuestra, es hoy un símbolo que nos congrega en Aquélla a
quien, desde cualquier rincón de España, todos llamáis con el mismo nombre:
Madre y Señora nuestra.
Siguiendo a tantos millones de
fieles que me han precedido, vengo como primer Papa peregrino al Pilar, como
signo de la Iglesia peregrina de todo el mundo, a ponerme bajo la protección de
nuestra Madre, a alentaras en vuestro arraigado amor mariano, a dar gracias a
Dios por la presencia singular de María en el misterio de Cristo y de la
Iglesia en tierras españolas, y a depositar en sus manos y en su corazón el
presente y futuro de vuestra nación y de la Iglesia en España.
El Pilar y su tradición evocan
para vosotros los primeros pasos de la evangelización de España.
Aquel templo de Nuestra Señora
que, al momento de la reconquista de Zaragoza, es indicado por su Obispo como
muy estimado por su antigua fama de santidad y dignidad; que ya varios siglos
antes recibe muestras de veneración, halla continuidad en la actual basílica
mariana. Por ella siguen pasando muchedumbres de hijos de la Virgen, que llegan
a orar ante su imagen y a venerar el Pilar bendito.
Esa herencia de fe mariana de
tantas generaciones ha de convertirse no sólo en recuerdo de un pasado, sino en
punto de partida hacia Dios. Las oraciones y sacrificios ofrecidos, el latir
vital de un pueblo, que expresa ante María sus seculares gozos, tristezas y
esperanzas, son piedras nuevas que elevan la dimensión sagrada de una fe
mariana.
Porque en esa continuidad
religiosa, la virtud engendra nueva virtud. La gracia atrae gracia. Y la
presencia secular de Santa María va arraigándose a través de los siglos,
inspirando y alentando a las generaciones sucesivas. Así se consolida el
difícil ascenso de un pueblo hacia lo alto...
El Pilar de Zaragoza ha sido
siempre considerado como el símbolo de la firmeza de fe de los españoles... »
El discurso lo termina con una
fervorosísima plegaria en que confía a la Santísima Virgen del Pilar todas sus
preocupaciones apostólicas respecto de España y que desde esa fecha es la
oración oficial que todas las tardes se reza ante la venerada imagen.
ORACIÓN A LA VIRGEN
SANTÍSIMA DEL PILAR
ESCRITA POR SAN JUAN
PABLO II
Doy
fervientes gracias a Dios por la presencia singular de María en esta tierra
española donde tantos frutos ha producido. Y quiero encomendarte, Virgen
Santísima del Pilar, España entera, todos y cada uno de sus hijos y pueblos, la
Iglesia en España, así como también los hijos de todas las naciones hispánicas.
¡Dios
te salve, María, Madre de Cristo y de la Iglesia!
¡Dios
te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra!
A
tus cuidados confío las necesidades de todas las familias, las alegrías de los
niños, la ilusión de los jóvenes, los desvelos de los adultos, el dolor de los
enfermos y el sereno atardecer de los ancianos.
Te
encomiendo la fidelidad y abnegación de los ministros de tu Hijo, la esperanza
de quienes se preparan para ese ministerio, la gozosa entrega de las vírgenes
del claustro, la oración y solicitud de los religiosos y religiosas, la vida y
el empeño de cuantos trabajan por el Reino de Cristo.
En
tus manos pongo la fatiga de quienes trabajan con las suyas; la noble
dedicación de los que transmiten su saber y el esfuerzo de los que aprenden; la
hermosa vocación de quienes con su conciencia y servicio alivian el dolor
ajeno; la tarea de quienes con su inteligencia buscan la verdad.
En
tu Corazón Inmaculado dejo los anhelos de quienes, mediante los quehaceres
económicos procuran honradamente la prosperidad de sus hermanos; de quienes, al
servicio de la verdad, informan y forman rectamente la opinión pública; de
cuantos, en la política, en la milicia, en las labores sindicales o en el
servicio del orden ciudadano prestan su colaboración honesta en favor de una
justa, pacífica y segura convivencia.
Virgen
Santísima del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva
nuestra caridad.
Socorre
a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o
falta de trabajo.
Fortalece
a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una
entrega plena a Dios.
Protege
a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres.
Asiste
maternalmente, oh María a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Así
sea.















