domingo, 19 de enero de 2025

INTIMIDAD DIVINA - 2º Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C: “Haced lo que Él os diga”

 

«Cantad al Señor un canto nuevo..., anunciad su salvación día tras día» (Sal 96, 1-2).

Para expresar el amor fuerte y tierno, celoso y misericordioso de Dios hacia su pueblo, los profetas no han hallado imagen más significativa que la del amor nupcial. Bajo este aspecto presentan las relaciones de alianza y amistad que Dios quiere establecer con Israel y la obra de salvación que realizar en favor de Jerusalén. «Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia, se alegrará por ti tu Dios» (Is 62, 5). La alegoría es retomada en el Nuevo Testamento con un sentido más concreto y profundo. El Hijo de Dios al encarnarse se desposa con la naturaleza humana uniéndola a sí de manera personal e indisoluble. Es por lo que Jesús, hablando del Reino de los cielos, lo compara a un banquete nupcial, y la llamada a entrar en él a una invitación a bodas. Son sus bodas con la humanidad celebradas en su encarnación y consumadas luego en la cruz.

En ese contexto, el primer milagro de Jesús que tuvo lugar en una fiesta de bodas, recuerda la realidad inefable de las relaciones de amor, de intimidad y de comunión que el Hijo de Dios hecho carne ha venido a establecer con los hombres. No sólo Israel o Jerusalén, sino toda la humanidad está llamada a participar en esta unión esponsal con Dios. El precio que le confiere este derecho será la sangre de Cristo derramada en la cruz en la hora establecida por el Padre.

En Caná, a donde ha ido Jesús con su Madre y sus discípulos, esa hora no ha llegado aún (Jn 2, 4); sin embargo, por intercesión de María, la anticipa con una «señal» que preludia la salvación y la redención. El agua se convierte milagrosamente en vino del mejor, como para indicar el profundo cambio que la muerte y la resurrección de Cristo van a obrar en los hombres, haciendo abundar la gracia donde antes abundaba el pecado, transformando el agua insípida y fría del egoísmo humano en el vino fuerte y generoso de la caridad. Y todo esto se realiza porque el hombre -todo hombre- está invitado a participar en las bodas del Verbo con la humanidad y a gozar, por lo tanto, de su amor e intimidad de esposo.

La presencia y la intervención de María en las bodas de Caná son un poderoso motivo de confianza. El hombre se siente indigno de la comunidad con Cristo, pero si se confía a la Madre, ella lo dispondrá y lo introducirá hasta Cristo adelantando su hora.

 

¡Oh abismo y altura inestimable de caridad, cuánto amas a esta tu esposa que es la humanidad! ¡Oh vida por quien las cosas todas viven! Tú la has arrebatado de las manos del demonio que la poseía como suya... y la has desposado con tu carne. Has dado en arras tu sangre, y por último, abriendo tus venas, has hecho el pagamento entero.

¡Oh inestimable amor y caridad! Tú demuestras ese deseo ardiente; y así corriste, como ebrio y ciego, al oprobio de la cruz. El ciego no ve, ni el ebrio..., así tú, casi como muerto, te perdiste a ti mismo; como ciego y ebrio por nuestra salud.

Y no te retrajo nuestra ignorancia ni nuestra ingratitud, ni el amor propio que nos tenemos.

¡Oh dulcísimo amor Jesús! Te has dejado cegar por el amor, que no te deja ver nuestras iniquidades; has perdido el sentimiento de ellas. ¡Oh dulce Señor! Paréceme que (el pecado) las ha querido ver y castigar sobre tu dulcísimo cuerpo, dándote el tormento de la cruz; y estando sobre la cruz como enamorado, nos muestras que no nos amas para utilidad tuya, sino para nuestra santificación. (Santa Catalina de Siena, Epistolario, 221, 225, v. 3).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


  

viernes, 17 de enero de 2025

PAPA FRANCISCO: “Brochero no debía ser sino sacerdote”

El Papa se reunió con la comunidad del Colegio Sacerdotal Argentino en Roma y evocó las costumbres de su país natal, recordando a San José Gabriel del Rosario Brochero, una figura apropiada para quienes siguen preparándose para afrontar la ardua batalla de la Buena Nueva.

Es un saludo muy cercano el que el Papa Francisco dirige en español a la comunidad del Colegio Sacerdotal Argentino de Roma, a cuyos miembros recibió en audiencia el jueves 16 de enero de 2025, en la biblioteca del Palacio Apostólico. Bergoglio confió a los sacerdotes y formadores que le hubiera gustado celebrar la misa con ellos y compartir un asado, como es costumbre en Argentina.

Les comparto el texto completo del mensaje:

 

Queridos sacerdotes, formadores,

señoras y señores:

Hoy debería ser yo quien los acompañe a ustedes, en la celebración de la Santa Misa y en la cena. No hace falta que les diga que me quedo con las ganas del asado. Pero, ser pastor como bien saben nos coloca a veces delante y a veces detrás, según los designios de Quien es Señor de nuestras vidas.

De todas formas, para no dejar de lado los olores de nuestra tierra, quiero comentarles algo que leí hace poco sobre el cura Brochero y que me parece muy conveniente para ustedes, que se siguen preparando para enfrentar la ardua batalla del Evangelio. Lo que les voy a ilustrar de él está referido a su alma sacerdotal y el primer punto, esencial, es la afirmación hecha por sus amigos de que “Brochero no debía ser sino sacerdote”.

Debemos asumir con firmeza esta identidad sacerdotal, permearnos de que nuestra vocación no es un apéndice, un medio para otros fines, incluso piadosos, como salvarse. Absolutamente, no. La vocación es el proyecto de Dios en nuestra vida, lo que Dios ve en nosotros, lo que mueve su mirada de amor, me atrevería a decir que en cierta forma es el amor que Él nos tiene y en este radica nuestra verdadera esencia.

Y aquí el santo cura explica qué significa abrazar “la carrera eclesiástica” —ya saben que es una expresión que a mí no me gusta pero como la entiende Brochero, en su deseo de morir corriendo como el caballo “chesche”, se asemeja más a la de san Pablo (cf. 2 Tm 4,7)—. Es, nos dice, “trabajar en el bien de los prójimos hasta el último [momento] de la vida”, la total donación de sí mismos, la entrega a Dios en el hermano, gastándose y desgastándose por el Evangelio. Paralelamente, “batallar —continúa el santo— con los enemigos del alma, como los pumas que pelean echados cuando parados no pueden hacer la defensa”. Es decir, cuidar la vida interior, mantener encendido el fuego, con mucha humildad, “echados”, pues “parados” en nuestra soberbia somos más vulnerables.

Otra nota importante es la fraternidad sacerdotal. En primer lugar con el Obispo, del que se considera un simple soldado, para emular las hazañas de los próceres, combatiendo junto a él, codo con codo, hasta el último cartucho. Y con los hermanos sacerdotes quiere compartir cuanto tiene, los invita a corregirle con confianza y lo hace con ellos con franqueza, pidiéndoles llevar una vida de piedad profunda, con una confesión frecuente “ya con el uno ya con el otro”, para compartir así toda la vida, tanto material como espiritual y apostólica.

Finalmente, como no podría ser de otra manera, la Eucaristía. Por ardua que fuera su tarea buscó no dejarla nunca, llegando a pasar gran parte de la noche al raso, en medio de los maizales, esperando a que se despierten en el rancho —ya que no consideró oportuno molestar de madrugada—, para poder entrar a celebrar. Ese sacrificado respeto por el misterio que, lejos de imposiciones, calaba más que mil palabras de empalagosa elocuencia.

Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Y, ante el Señor en el altar, no se olviden de rezar por mí.

Papa Francisco

jueves, 16 de enero de 2025

JESUCRISTO, TÚ SÍ QUE VALES: La dirección espiritual, ¿cómo hacerla?

 

Tema del episodio Nº 06 del ciclo:

La dirección espiritual, ¿cómo hacerla?

“Jesucristo, Tú sí que vales”, es un micro programa de reflexión vocacional, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, quien era en el momento de su emisión original en antena el Director Espiritual del Seminario "San Bartolomé" de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, España.

Se emitió originalmente en el curso pastoral 2012-2013 todos los viernes al mediodía en Cope Cádiz, y posteriormente por Radio María España.

La locución está realizada por el Sr. Nino Romero.

sábado, 11 de enero de 2025

BENEDICTO XVI: Card. Ruini: “Ratzinger exalta la razón frente al racionalismo” / “Hizo espacio para Dios que se revela al hombre”

 


Niccolò Magnani, Publicado el 31 de diciembre de 2024, en ilsussidiario.net

Testimonio del Cardenal Ruini sobre el Papa Ratzinger a 2 años de su muerte: "Benedicto XVI exaltó la razón pero no el racionalismo, la centralidad de Cristo"

“EL RIESGO DE LA RAZÓN CONTRA TODO RACIONALISMO”: CARD. RUINI RECUERDA LAS ENSEÑANZAS DEL PAPA BENEDICTO XVI

Creer que Benedicto XVI era el Papa "racional" frente a Papas más "concretos" como san Juan Pablo II o Francisco es una teoría que muchas veces arraiga incluso dentro de la Iglesia católica, pero es completamente falaz. El cardenal Camillo Ruini , vicario general emérito de la diócesis de Roma y antiguo jefe de la CEI en los años de los papados de Wojtyla y Ratzinger en el Vaticano, lo explica bien : el primer "Papa emérito" de la historia cristiana es quizás el más importante Pontífice teólogo del cristianismo, pero es también quien en sus últimas palabras, expiradas hace exactamente dos años, poco antes de su muerte, dijo " Señor, te amo ". En el último volumen dedicado a Benedicto XVI, que acaba de salir con la introducción del biógrafo oficial del Santo Padre alemán, se recogen varios testimonios de los cardenales que tuvieron un contacto estrecho con Ratzinger: « Comparó a Dios con el aliento, con la luz, a la comida, a la amistad ", dice impresionado el propio periodista Peter Seewald, recordando los encuentros que tuvo con Benedicto XVI durante la redacción de las distintas biografías.

Y así lo recuerda también el cardenal Ruini, testificando que para Ratzinger su misión era restaurar la razonabilidad de la fe en Cristo, ya que el Hijo de Dios es la esencia misma de la realidad: con Benedicto XVI, fe y razón dialogaron en armonía y sólo De este modo la Iglesia podrá encontrarse siempre entre sí, incluso en los momentos de mayor crisis. « Reconoció el proyecto de salvación a pesar de la crisis de fe », repite Camillo Ruini en el texto que hoy ha adelantado el diario “La Verità”, “Ratzinger tuvo una percepción aguda de nuestro tiempo, captando tanto los aspectos “positivos” como los nocivos. de los tiempos que corren a nivel internacional. Como explicó el propio Ratzinger en su carta de 2009 a los obispos , la prioridad hoy "es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios ".

En este sentido, la labor del Papado de Benedicto XVI, observa el cardenal Ruini, tuvo como objetivo ampliar al máximo los espacios de racionalidad: en definitiva, exactamente lo contrario de un Papa "racionalista" que tiende a medir todo con los cánones. de la propia razón "limitada". El Dios cristiano del que da testimonio Ratzinger no es un "mero" Dios filosófico, sino más bien el Dios " que tomó la iniciativa de revelarse a nosotros ". Es un Señor que habla al corazón del hombre, que se rebaja para salvarlo, es una fe que, en buenas palabras, es "razonable" y no "racionalista ", como desgraciadamente reza el magisterio del Papa que luego se convirtió en emérito. a menudo está marcado.

“RATZINGER ENSEÑA QUE LA FE EN DIOS ES LA MEJOR HIPÓTESIS”

También en el texto publicado por Seewald en el nuevo volumen sobre el Papa Ratzinger, el ex presidente de los obispos italianos insiste en la atención prestada por el difunto Pontífice (fallecido el 31 de diciembre de 2022) a la centralidad de la certeza de Dios en la historia: " La verdadera cuestión es si la razón es un producto casual de la naturaleza o si, por el contrario, está en el origen de todo ". El célebre Evangelio de San Juan, donde el anuncio de la Navidad está marcado con "En el principio era el Verbo", ha sido siempre una piedra angular de la teología de Ratzinger: a menudo se considera un pasaje difícil y "teórico", mientras que para Benedicto XVI el La "Palabra" cristiana es una con la carne de la vida cristiana.

jueves, 9 de enero de 2025

APOLOGÉTICA HOY (audios): La sabiduría y omnipotencia de Dios

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 27.

Tema: La sabiduría y omnipotencia de Dios

Contenido:

-      Naturaleza y atributos de Dios (Apologética Fundamental):


1- Atributos operativos de Dios.

a)  La sabiduría divina

b)  La omnipotencia divina

2- Idea de conjunto de las perfecciones y atributos de Dios.

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 8 de enero de 2025.

 

domingo, 5 de enero de 2025

INTIMIDAD DIVINA – 2º Domingo después de Navidad: “El Verbo se hizo carne”

 

«Gloria a ti oh Cristo, predicado a las naciones, creído en el mundo» (2 Tm 3, 16).

«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1, 14); este versículo del cuarto Evangelio, repetido como estribillo en el salmo responsorial, sintetiza la liturgia del segundo domingo después de Navidad, que prolonga la reflexión sobre el misterio del Verbo encarnado.

La primera lectura (Ec 24, 1-4, 8-12) nos introduce el argumento. Es la descripción de la Sabiduría divina que desde el principio de la creación ha estado presente en el mundo ordenando todas las cosas y que, por voluntad del Altísimo, ha puesto su «tienda en Jacob», es decir, entre el pueblo de Israel: «tuve en Sión morada y estable... Eché raíces en el pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad». En el Antiguo Testamento la sabiduría es considerada como atributo y como presencia de Dios entre los hombres.

Pero el Nuevo Testamento supera inmensamente esta posición. La sabiduría de Dios se presenta como Persona divina, y no de una manera alegórica, sino del modo más real y concreto: es Cristo Jesús, Hijo de Dios, que encarna toda la sabiduría del Padre y es la «sabiduría de Dios» (1 Cr 1, 24). En Cristo la Sabiduría de Dios toma carne humana y viene a morar entre los hombres para revelarles los misterios de Dios y guiarlos más directamente a él. No se trata de una revelación que se detiene en el plano del conocimiento, sino que tiende por el contrario a lanzar a los hombres en el mismo torrente de la vida divina para hacerlos hijos de Dios.

Tema éste que san Pablo desarrolla en la segunda lectura: Dios nos eligió y «nos predestinó a la adopción de hijos suyos por Jesucristo» (Ef 1, 4-5). La comprensión de este plan divino, que coincide con la historia de la salvación, debe estar a la base de la formación de todos los creyentes; por eso pide el Apóstol a Dios que les conceda «espíritu de sabiduría y de revelación» iluminando sus corazones para que entiendan cuál es la esperanza a les ha llamado (ib. 17-18). ¿Pero quién, fuera de Jesús, que es la Sabiduría y la Palabra del Padre, puede revelar plenamente a los hombres estas divinas realidades? Escuchando y contemplando a Jesús, el hombre descubre los maravillosos designios de Dios para su salvación y a cuál esperanza ha ido llamado.

Mientras san Pablo se complace en presentar a Cristo como «sabiduría de Dios» (1 Cr 1, 24), «irradiación de su gloria e impronta de su sustancia» (Hb 1, 3), el evangelista san Juan nos lo presenta como el Verbo, significando con este término el pensamiento y la palabra de Dios. Se trata de la misma realidad divina presentada con matices diversos; el Hijo de Dios es Dios, igual en todo al Padre: en él está toda la sabiduría, todo el pensamiento, toda la palabra del Padre; él es el Verbo.

«Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios» (Jn 1, 1). Así nos presenta Juan la segunda Persona de la Santísima Trinidad, que preside con el Padre y el Espíritu Santo la creación del universo; pero sobre todo la presenta como vida y luz de los hombres que viene al mundo para vivificarlos e iluminarlos. «Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre... Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron. Mas a cuantos le recibieron les dio poder de poder ser hijos de Dios» (ib. 9. 11-12). Es el mismo pensamiento expresado por san Pablo en la carta a los Efesios. El Verbo, Hijo de Dios, encarnándose viene al mundo, se llama Cristo Jesús y los que le reciben, o sea, los que «creen en su nombre» (ib. 12), en él y por él se hacen hijos de Dios.

El sublime prólogo de Juan culmina en la contemplación del Verbo encarnado: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria» (ib. 14). No es ya la sabiduría como atributo y signo de la presencia de Dios la que viene a poner su tienda entre los hombres, sino la Sabiduría como segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo de Dios «hecho carne», hecho verdadero hombre. El Evangelista habla de él como testimonio ocular: lo ha visto con sus propios ojos, lo ha tocado con sus manos y escuchado con sus oídos (1 Jn 1, 1-3); lo ha visto Hombre entre los hombres, conviviendo su misma vida; pero al mismo tiempo ha podido contemplar su gloria: en el Tabor, en las apariciones después de la Resurrección, en la Ascensión al cielo. Todo lo que el Evangelista ha visto y contemplado quiere transfundirlo en los que lean su testimonio, para que crean en Cristo, Verbo encarnado, para que todos le acojan y reciban de su plenitud «gracia sobre gracia» (Jn 1, 16) y en especial la gracia de conocer a Dios. «A Dios nadie le vio jamás; el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer» (ib. 18).

 

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba al Señor tu Dios, Sión... Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina; él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. (Leccionario, responsorial).

¡Oh Sabiduría eterna, llena de bondad e infinitamente benéfica!, tú has constituido tu placer y tus delicias en estar y conversar con los hombres. Y esto se realizó cuando tú, oh Verbo, te hiciste hombre y pusiste tu morada entre los hombres. Que yo me deleite contigo, oh Verbo, pensamiento y sabiduría de Dios. Que yo escuche la palabra que me habla en un profundo y admirable silencio. Que la escuche con los oídos del corazón, diciéndote con Samuel: «Habla, oh Señor, que tu siervo escucha». Haz que, imponiéndome silencio a mí mismo y a todo lo que no es Dios, deje correr dulcemente mi corazón hacia el Verbo, hacia la Sabiduría eterna... que se hizo hombre y estableció su morada en medio de nosotros. (Cfr. J. B. Bossuet, Elevazioni a Dio sui misteri).

Jesucristo, Señor y Dios nuestro, por la voluntad del Padre en los tiempos eternos, naciste en los últimos tiempos de una Virgen que no conoció varón; te sometiste a la ley para rescatarnos de la ley, liberarnos de la servidumbre de la corrupción y concedernos la dignidad de hijos... Señor mío, líbrame ahora de toda vanidad, realiza tu promesa y líbranos de la vergüenza del pecado, para llenar nuestros corazones con el Espíritu Santo, que podamos decir: Abba, Padre. Haz de nosotros hijos de tu Padre, sálvanos de todos los males de este mundo. (Oraciones de los primeros cristianos).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

miércoles, 1 de enero de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Santoral: Santa María, Madre de Dios

 

«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre» (Lc 1, 42).

La reforma litúrgica ha consagrado a la Madre de Dios la octava de Navidad que coincide con el comienzo del año civil y que, según el Evangelio, es el día en que fue impuesto el nombre a Jesús: «Cuando se hubieron cumplido los ocho días le dieron el nombre de Jesús» (Lc 2, 21).

Al tema del nombre del Señor, recordado explícitamente en el Evangelio de hoy, se entona la primera lectura con el texto de una conmovedora bendición sacerdotal sugerida por Dios mismo: «De este modo habréis de bendecir a los hijos de Israel; diréis: Que Yahvé te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer su faz sobre ti y te otorgue su gracia... Así invocarán mi nombre... y yo los bendeciré (Nm 6, 23-27). La bendición del Señor, reservada un tiempo a los hijos de Israel, se extiende hoy a todos los pueblos por mediación de Jesús. «En Cristo» bendice Dios «con toda bendición espiritual» (Ef 1, 3) a quien le busca con corazón sincero; por Cristo «vuelve a él su rostro y le da la paz» (Nm 6, 26). No hay modo mejor de comenzar el año que invocando el nombre de Dios y recibiendo de él el don precioso de la paz.

La consideración de un niño «de ocho días» no puede separarse del recuerdo de su madre; y por eso la liturgia se dirige hoy espontáneamente a María, la Virgen Madre, presente siempre, aunque discretamente, donde quiera se encuentra su Hijo divino. Mirando a Cristo la Iglesia invoca la intercesión maternal de María sobre todos los creyentes: «Dios y Señor nuestro... concédenos experimentar la intercesión de aquélla de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida (Colecta). La bendición de Dios adquiere, por decirlo así, un tono materno: los creyentes son bendecidos en Jesús por intercesión de María, porque sólo la pureza y el amor de esta humilde Virgen los hacen dignos «de recibir al autor de la vida», Jesús, Hijo de Dios.

La bendición del Señor prometida a Israel, llegue hoy, por medio de Jesús y de María, a todos los hombres, trayendo a todos los corazones la gracia y la paz: «Ten piedad de nosotros, y bendícenos» (Ps 66, 2).

La presencia de María aflora con insistencia en los varios textos litúrgicos, pero siempre de forma velada, perfectamente entonada a su carácter, todo silencio y humildad.

En la segunda lectura san Pablo la menciona, pero no la nombra; subraya únicamente el hecho del nacimiento de Cristo de una mujer: «Envió Dios a su Hijo nacido de mujer... para que recibiésemos la adopción de hijos» (GI 4, 4-5). La encarnación del Hijo de Dios se ha realizado de un modo virginal, pero por la vía normal de la naturaleza humana: nace de una mujer, María, y por medio de ella se introduce hombre entre los hombres. Y precisamente porque pertenece a su estirpe, porque es su hermano en la carne, Jesús puede rescatar a los hombres y hacerlos hermanos suyos en el espíritu y por lo tanto participantes de su filiación divina. La gracia de adopción llega a los hombres por mediación de María, que, siendo madre de Cristo, es también madre de los que en Cristo son hechos hijos de Dios. Si en el corazón de los creyentes mora «el Espíritu de su Hijo que grita ¡Abba, Padre!» (ib. 6), esto se debe también —por haberlo así dispuesto Dios— a la función materna de María Santísima.

Con igual discreción presenta el Evangelio de la misa del día a María en actitud de cumplir su oficio de madre. La narración de Lucas deja entrever a María que, poco después del nacimiento de Jesús, acoge a los pastores y «llena de alegría, les muestra a su Hijo primogénito» (LG, 157), escuchando con atención cuanto ellos cuentan de la aparición y anuncio del ángel. Luego, mientras se van los pastores glorificando y alabando a Dios por lo que habían oído y visto (Lc 2, 20), María se queda junto a su Hijo «guardando todas estas cosas y meditándolas en su corazón» (ib. 19).

María es madre de Jesús no sólo porque le ha dado la carne y la sangre, sino también porque ha penetrado íntimamente en su misterio y se ha unido a él de la manera más profunda: «se consagró totalmente a sí misma... a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redención con él y bajo él» (LG 56). Por eso María «es nuestra Madre en el orden de la gracia» (ib. 61).

 

Tú, ¡oh Benigno!, que naciste por nosotros de una Virgen... no desprecies a los que formaste con tu mano; muestra tu poder a los hombres, ¡oh Misericordioso! Escucha a la que te engendró, tu Madre que intercede por nosotros, y salva, ¡oh Salvador nuestro!, al pueblo desolado. (Oraciones de rito bizantino a la Madre de Dios).

¡Oh Hija siempre virgen que pudiste concebir sin intervención de varón! Porque el que tú concebiste tiene un Padre eterno. ¡Oh hija de la estirpe terrestre que llevaste al Creador en tus brazos divinamente maternales!...

Verdaderamente tú eres más preciosa que toda la creación, porque sólo de ti ha recibido el Creador en herencia las primicias de nuestra materia humana. Su carne ha sido hecha de tu carne, su sangre de tu sangre; Dios se ha alimentado con tu leche, y tus labios han tocado los labios de Dios...

¡Oh mujer toda amable y mil veces bienaventurada! «Tú eres bendita entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu seno». ¡Oh Mujer, hija del rey David y Madre de Dios, rey universal! Obra maestra viviente, en quien Dios creador se complace, y cuyo espíritu es guiado sólo por Dios y a él sólo atiende... Por él tú viniste a la vida y en gracia a él servirás a la salvación universal, para que por medio tuyo se cumpla el antiguo designio de Dios, que es la encarnación del Verbo y nuestra divinización. (Texto atribuido a San Juan Damasceno, Homilía in nativ. B. V. M.).

Quiero considerar este año nuevo, oh Jesús mío, como una página en blanco que tu Padre me presenta y en la cual irá escribiendo día tras día lo que haya dispuesto de mí en sus divinos designios. Yo desde este momento escribo en la cabecera de la primera página con absoluta confianza: ‘Domine, fac de me sicut vis’: Señor, haz lo que quieras de mí. Y al final de esa misma página pongo ya desde ahora el amén, el sí de mi aceptación a todas las disposiciones de tu voluntad divina. ¡Oh Señor!, desde este momento, sí a todas las alegrías, a todos los dolores, a todas las gracias, a todas las fatigas que has preparado para mí y que día tras día me irás descubriendo. Haz que mi amén sea el amén de Pascua, seguido siempre por el aleluya, esto es, pronunciado con todo el corazón, con la alegría de una entrega completa. Dame tu amor y tu gracia y no necesitaré otra cosa para ser rico. (Sor Carmela del Espíritu Santo, Escritos inéditos).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

lunes, 30 de diciembre de 2024

UNA LUZ EN TU VIDA (audios): "Se termina el año" (Texto del Padre Jorge Loring)

Uno de los últimos artículos que escribió el Padre Jorge Loring para su blog en “Religión en Libertad”, ¿el título? "Se termina el año". 

Se consideran tres cosas: 

a) El tiempo pasa. 

b) La muerte se acerca. 

c) La eternidad nos espera.

domingo, 22 de diciembre de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo C - 4º Domingo de Adviento: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”

 

«Heme aquí que vengo para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad» (Hb 10,7).

La liturgia del último domingo de Adviento asume el tono de una vigilia natalicia. Las profecías acerca del Mesías se precisan de Miqueas que indica el lugar de su nacimiento en una pequeña aldea, patria de David, de cuya descendencia era esperado el Salvador. «Pero tú, Belén de Efratá, pequeño entre los clanes de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel» (Mq 5, 1). En la frase que sigue «cuyos orígenes serán de antiguo, de días de muy remota antigüedad» (ib.), se puede ver una alusión al origen eterno y por lo tanto a la divinidad del Mesías. Tal es la interpretación de san Mateo que refiere esta profecía en su Evangelio como respuesta de los sumos sacerdotes acerca del lugar de nacimiento de Jesús (2; 4-6). Además, igual que Isaías (7, 14), el profeta Miqueas habla de la madre del Mesías - «la que ha de parir parirá». (Mq 5, 2)- sin mencionar al padre, dejando entrever de esta manera, al menos indirectamente, su nacimiento milagroso. Finalmente presenta su obra: salvará y reunirá «el resto» de Israel, lo guiará como pastor «con la fortaleza de Yahvé», extenderá su dominio «hasta los confines de la tierra» y traerá la paz (ib. 2. 3). La figura de Jesús nacido, humilde y escondido en Belén y sin embargo Hijo de Dios, venido para redimir «el resto de Israel» y a traer la salvación y la paz a todos los hombres, se esboza y perfila claramente en la profecía de Miqueas.

A este cuadro sigue otro más interior presentado por san Pablo, que pone de relieve las disposiciones del Hijo de Dios en el momento de su encarnación. «Heme aquí que vengo... para hacer, ¡Oh Dios!, tu voluntad» (Hb 10, 7). Los antiguos sacrificios no fueron suficientes para expiar los pecados de los hombres ni para dar a Dios un culto digno de él. Entonces el Hijo se ofrece: toma el cuerpo que el Padre le ha preparado, nace y vive en ese cuerpo a través del tiempo como víctima ofrecida en un sacrificio ininterrumpido que se consumará en la cruz. Único sacrificio grato a Dios, capaz de redimir a los hombres y que venía a abolir todos los demás sacrificios. «He aquí que vengo»; la obediencia a la voluntad del Padre es el motivo profundo de toda la vida de Cristo, desde Belén, al Gólgota y a la Resurrección. La Navidad está ya en la línea de la Pascua; una y otra no son más que dos momentos de un mismo holocausto ordenado a la gloria de Dios y a la salvación de la humanidad.

El «he aquí que vengo» del Hijo tiene su resonancia más perfecta en el «he aquí la esclava del Señor» pronunciado por su Madre. También la vida de María es un continuó ofrecimiento a la voluntad del Padre, realizado en una obediencia guiada por la fe e inspirada por el amor. «Por su fe y obediencia engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre» (LG 63); por su fe y obediencia, en seguida del anuncio del ángel, parte de prisa para ofrecer a su prima Isabel sus servicios de «esclava» no menos de los hombres que de Dios. Y este es el gran servicio de María a la humanidad: llevarle a Cristo como se lo llevó a Isabel. En efecto, por medio de su Madre-Virgen el Salvador visitó la casa de Zacarías y la llenó del Espíritu Santo, de tal manera que Isabel descubrió el misterio que se cumplía en María y Juan saltó de gozo en el seno de su madre. Todo esto sucedió porque la Virgen creyó en la palabra de Dios y creyendo se ofreció a su divino querer: «Dichosa la que ha creído» (Lc 1, 45). El ejemplo de María nos enseña como una simple criatura puede asociarse al misterio de Cristo y llevar a Cristo al mundo mediante un «sí» continuamente repetido en la fe y vivido en la obediencia amorosa a la voluntad de Dios.

 

Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo, Palabra eterna, se encarnase en el seno de María, siempre Virgen; escucha nuestras suplicas y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se digne, a imagen suya, transformarnos plenamente en hijos tuyos. (Misal Romano, Colecta del 17 de diciembre).

¡Oh María!, tú no dudaste, sino que creíste, y por eso conseguiste el fruto de la fe. «Bienaventurada tú que has creído». Pero también somos bienaventurados nosotros que hemos oído y creído, pues toda alma que cree, concibe y engendra la palabra de Dios y reconoce sus obras.

Haz, ¡oh María!, que en cada uno de nosotros resida tu alma para glorificar al Señor; que en todos nosotros resida tu espíritu para exultar en Dios. Si corporalmente sólo tú eres la Madre de Cristo, por la fe Cristo es fruto de todos. ¡Oh María!, ayúdame a recibir en mí al Verbo de Dios. (Cfr. San Ambrosio, Tratado sobre el Evangelio de San Lucas).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


jueves, 19 de diciembre de 2024

JESUCRISTO, TÚ SÍ QUE VALES: La dirección espiritual, ¿cómo buscar?

 

Tema del episodio Nº 05 del ciclo:

La dirección espiritual, ¿cómo buscar?

“Jesucristo, Tú sí que vales”, es un micro programa de reflexión vocacional, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, quien era en el momento de su emisión original en antena el Director Espiritual del Seminario "San Bartolomé" de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, España.

Se emitió originalmente en el curso pastoral 2012-2013 todos los viernes al mediodía en Cope Cádiz, y posteriormente por Radio María España.

La locución está realizada por el Sr. Nino Romero.

domingo, 15 de diciembre de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo C - 3º Domingo de Adviento: “¿Qué debemos hacer?”

 

«Este es el Dios de mi salvación; en él confío y nada temo» (Is 12, 2).

En la inminencia de la Navidad la liturgia nos invita a la alegría por el grande acontecimiento salvífico que se dispone a celebrar, mientras continúa exhortándonos, a la conversión. La alegría es el tema de las dos primeras lecturas. «¡Exulta, hija de Sión! ¡Da voces jubilosas, Israel! ¡Regocíjate con todo el corazón, hija de Jerusalén!» (Sf 3, 14). El motivo de tanta alegría no es solamente la restauración de Jerusalén, sino la promesa mesiánica que hace ya gustar al profeta la presencia de Dios entre su pueblo: «Aquel día se dirá... está en medio de ti Yahvé como poderoso salvador» (ib. 16-17). «Aquel día» tan lleno de gozo será el día del nacimiento de Jesús en Belén; pues entonces el Señor se hará presente en el mundo de la manera más concreta, hecho hombre entre los hombres para ser el Salvador poderoso de todos.

Si Jerusalén se alboroza con la esperanza de «aquel día», la Iglesia cada año lo conmemora con alegría inmensamente más grande. Allí era sólo promesa y esperanza, aquí es realidad y un hecho ya cumplido. Y sin embargo tampoco esto excluye la esperanza porque el hombre está siempre en camino hacia el Señor, el cual, aunque venido ya en la carne, debe volver glorioso al final de los tiempos. El itinerario de la Iglesia se extiende entre estos dos acontecimientos; y del mismo modo que se alegra por el primero, también se alegra por el segundo y exhorta a sus hijos a que se regocijen con ella: «Alegraos siempre en el Señor. Repito: alegraos... ¡El Señor está cerca!» (Flp 4, 4-5). Cerca, porque ya ha venido; cerca, porque volverá; cerca, porque a quien le busca con amor cada Navidad trae una nueva gracia para descubrir al Señor y unirse a él de un modo nuevo y más profundo.

Como preparación a la venida del Señor, San Pablo nos recomienda, con alegría, la bondad: «Vuestra amabilidad sea notoria a todos los hombres» (ib. 5). Sobre este tema insiste el Evangelio a través de la predicación del Bautista enderezada a preparar las almas a la venida del Mesías. «Pues ¿qué hemos de hacer?» (Lc 3, 10), le preguntaban las muchedumbres venidas a oírle. Y él respondía: «El que tiene dos túnicas, dé una al que no la tiene, y el que tiene alimentos, haga lo mismo» (ib. 11). La caridad para con el prójimo, unida a la de Dios, es el punto central de la conversión; el hombre egoísta preocupado sólo de sus intereses debe cambiar de ruta preocupándose de las necesidades y del bien de los hermanos. También a los publicanos y a los soldados que le preguntaban, Juan propone un programa de justicia y de caridad: no exigir más de lo debido, no cometer atropellos, no explotar al prójimo, contentarse con la propia paga.

El Bautista no pedía grandes gestos, sino el amor del prójimo concretizado en la generosidad hacia los menesterosos y en la honradez en el cumplimento de la propia profesión. Era como el preludio del mandamiento del amor sobre el cual tanto había de insistir más tarde Jesús. Bastaría orientarse con plenitud en esta dirección para prepararse dignamente a la Navidad. Jesús en su Natividad quiere ser acogido no sólo personalmente, sino también en cada uno de los hombres, sobre todo en los pobres y en los atribulados, con los cuales gusta identificarse: «Tuve hambre, y me disteis de comer..., estaba desnudo, y me vestisteis» (Mt 25, 35- 36).

 

¡Oh Señor!, ven a nosotros aún antes de tu llegada; antes de aparecer ante el mundo entero, ven a visitarnos en lo más íntimo de nuestra alma... Ven ahora a visitarnos en el tiempo que corre entre tu primera y tu última venida, para que tu primera venida no nos sea inútil, y la última no nos traiga una sentencia de condenación. Con tu venida actual quieres corregir nuestra soberbia haciéndonos conformes a la humildad que manifestaste en tu primera venida; entonces podrás transformar nuestro humilde cuerpo haciéndolo semejante al tuyo glorioso, que aparecerá en el momento de tu venida final. Por esto te suplicamos con la más ardiente oración y con todo nuestro fervor: disponnos a recibir esta visita personal que nos da la gracia del primer adviento y nos promete la gloria del último. Porque tú, ¡oh Dios!, amas la misericordia y la verdad, y nos darás la gracia y la gloria: en tu misericordia nos concedes la gracia y en tu verdad nos darás la gloria. (Cfr. GUERRICO DE IGNY, De adventu Domini).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


jueves, 12 de diciembre de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): Atributos quiescentes y operativos de Dios

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 26:

Tema: Atributos quiescentes y operativos de Dios

Contenido:

-      Naturaleza y atributos de Dios (Apologética Fundamental):

1- Atributos divinos.

2- Atributos quiescentes de Dios.

3- Atributos operativos de Dios.

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 11 de diciembre de 2024.


domingo, 8 de diciembre de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo C - 2º Domingo de Adviento: “Preparad el camino del Señor”

 

«Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Lc 3, 4).

«Despójate, Jerusalén, de tu saco de duelo y de aflicción, vístete para siempre los ornamentos de la gloria que te viene de Dios, envuélvete en el manto de justicia que Dios te envía... Porque Dios mismo traerá a Israel lleno de alegría, con el resplandor de su gloria, con la misericordia y justicia que de él vienen» (Bar 5, 1-2, 9). Con lenguaje poético el profeta Baruc invita a Jerusalén, desolada y desierta por el destierro de sus hijos, a la alegría porque se acerca el día de la salvación y su pueblo volverá a ella conducido por Dios mismo. Jerusalén es figura de la iglesia.

También la Iglesia sufre por tantos hijos suyos alejados y dispersos, y también ella es invitada en el Adviento a renovar la esperanza confiando en el Salvador que en cada Navidad renueva místicamente su venida para conducirla a la salvación con todo su pueblo. El pecado aleja a los hombres de Dios y de la iglesia; el camino del retorno es preparado por Dios mismo con la Encarnación de su Unigénito. Y todo el nuevo pueblo de Dios le sale al encuentro en el Adviento.

Los profetas habían hablado de un camino que había que trazar en el desierto para facilitar la vuelta de los desterrados. Pero cuando el Bautista reanuda la predicación de aquéllos y se presenta a las orillas del Jordán como «voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Lc 3, ,4), ya no llama construir sendas materiales, sino a disponer los corazones para recibir al Mesías, que había ya venido y que estaba para empezar su misión. Por eso Juan iba «predicando el bautismo de conversión para la remisión de los pecados» (ib. 4).

Convertirse quiere decir purificarse del pecado, enderezar las torceduras del corazón y de la mente, colmar los derrumbes de la inconstancia y del capricho, derribar las pretensiones del orgullo, vencer las resistencias del egoísmo; destruir las asperezas en las relaciones con el prójimo, en una palabra, hacer de la propia vida un camino recto que vaya a Dios sin tortuosidades ni compromisos. Un programa éste que no se agota en solo el Adviento, pero que en cada Adviento debe ser actuado de un modo nuevo y más profundo para disponerse a la venida del Salvador. De esta manera «toda carne [es decir, todo hombre] verá la salvación de Dios» (lb. 6).

La conversión personal lleva consigo también el compromiso de trabajar por el bien de los hermanos y de la comunidad. Esta es la reflexión que brota de la segunda lectura. San Pablo se congratula con los Filipenses por su generosa contribución a la difusión del Evangelio y ruega para que su caridad crezca y se haga más iluminada, haciéndolos «puros e irreprensibles para el día de Cristo y llenos de frutos de justicia» (Flp 1,10- 11). En este pasaje paulino domina una perspectiva escatológica, en sintonía con el espíritu del Adviento, y constituye una nueva llamada a acelerar la conversión propia y de los demás, que deberá llevarse a término para «el día de Cristo Jesús (Ib. 6). Pero es necesario recordar que nuestra salvación y la de los demás es obra más de Dios que del hombre. Este debe colaborar con seriedad; pero es Dios quien toma la iniciativa de obra tan grande y quien debe llevarla a cabo (ib.). Sólo con la ayuda de la gracia puede el hombre aparecer «lleno de frutos de justicia» en el último día, porque la justicia, o sea, la santidad se consigue sólo «por Jesucristo» (ib. 11), abriéndose con humildad y. confianza a su acción santificadora.

 

Despierta, Señor, nuestros corazones y muévelos a preparar los caminos de tu Hijo, para que cuando venga podamos servirte con conciencia pura. (Misal Romano, Oración Colecta, jueves de la II semana de Adviento).

¡Oh Señor Jesús!, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizaste el plan de redención trazado desde antiguo y nos abriste el camino de la salvación. Haz que cuando vengas de nuevo en la majestad de tu gloria, revelando así la plenitud de tu obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar. (Cfr. Misal Romano, Prefacio de Adviento I).

¡Oh Señor! No me jacto de mis obras... no alabo las obras de mis manos: temo que si tú las examinas, encontrarás en ellas más pecado que méritos. Sólo una cosa pido y esto espero conseguir: no desprecies las obras de tu mano. Mira en mí tu obra y no la mía, porque, si miras mi obra, me condenarás; pero si miras la tuya, me salvarás. Pues lo que hay en mí de bueno, todo me viene de ti y es tuyo más que mío... Por gracia he sido salvado, por medio de la fe y no por merecimiento mío, sino por don tuyo: no en virtud de mis obras, para que así no tenga ocasión de ensoberbecerme. Hechura tuya soy: plasmado en tu grada junto con mis obras buenas. (San Agustín, In Ps).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2024

JESUCRISTO, TÚ SÍ QUE VALES: La dirección espiritual

 


Tema del episodio Nº 04 del ciclo:

La dirección espiritual

“Jesucristo, Tú sí que vales”, es un micro programa de reflexión vocacional, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, quien era en el momento de su emisión original en antena el Director Espiritual del Seminario "San Bartolomé" de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, España.

Se emitió originalmente en el curso pastoral 2012-2013 todos los viernes al mediodía en Cope Cádiz, y posteriormente por Radio María España.

La locución está realizada por el Sr. Nino Romero.