lunes, 27 de noviembre de 2023
domingo, 26 de noviembre de 2023
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 34º Domingo del Tiempo Ordinario: Jesucristo, Rey del Universo
«Admítenos, Señor, en tu reino de justicia, de amor y de paz» (Misal Romano, Prefacio).
La Iglesia, después de haber conmemorado en el curso del año litúrgico los misterios de la vida de Cristo a través de los cuales se cumple la obra de la salvación, en el último domingo del año se recoge en torno a su Señor para celebrar su triunfo final, cuando vuelva como Rey glorioso a recoger los frutos de su redención. Este es en síntesis el significado de la solemnidad de hoy.
La Liturgia de la Palabra presenta hoy tres aspectos particulares de la realeza de Cristo. La segunda lectura (1 Cr 15, 20-26a. 28) pone en evidencia su poder soberano sobre el pecado y sobre la muerte. Cristo muerto y resucitado para la salvación de la humanidad es la «primicia» de los que, habiendo creído en él, resucitarán un día a la vida eterna. En efecto, «si por Adán murieron todos» a causa del pecado, «por Cristo todos volverán a la vida» (ib 22) gracias a su resurrección. La victoria sobre la muerte -último enemigo de Cristo- coronará la obra de salvación; y al fin de los tiempos, cuando los muertos resuciten, Cristo podrá entregar al Padre el reino conquistado por él, reino de resucitados que cantarán eternamente las alabanzas del Dios de la vida. Así toda la creación que el Padre sometió al Hijo para que la librase del pecado y de la muerte, ya completamente redimida y renovada, será sometida y devuelta por el mismo Hijo al Padre, «y así Dios lo será todo en todos» (ib 28) y será glorificado eternamente por toda criatura.
La primera lectura (Ez 34, 11-12. 15-17) subraya por su parte el amor de Cristo Rey. Vino a la tierra a establecer el Reino del Padre no con la fuerza del conquistador, sino con la bondad y mansedumbre del pastor: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentran las ovejas dispersas, así seguiré yo el rastro de mis ovejas» (ib 11-12). Cristo fue el buen pastor por excelencia, solícito en guardar, apacentar, defender y salvar el rebaño que el Padre le confió. Y como los hombres estaban dispersos y alejados de Dios y de su amor, él los buscó, como busca el pastor las ovejas descarriadas, y los curó, como venda el pastor las ovejas heridas y cura las enfermas (ib 16). Además para devolverlos al amor del Padre, dio su vida. Después de una entrega tal, bien puede Cristo decir, mirando su rebaño: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre cabra y macho cabrío» (ib 17). Cristo Rey-Pastor será un día Rey-Juez.
Es éste el tercer aspecto de su realeza, desarrollado ampliamente en el Evangelio (Mt 25, 31-46). «Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él..., serán reunidas ante él todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras» (ib 31-33). El Hijo del hombre, que vino en humildad y sufrimiento a salvar el rebaño que el Padre le confió, volverá Rey glorioso al final de los tiempos a juzgar a los que fueron objeto de su amor.
¿Sobre qué
los juzgará? Sobre el amor; porque el amor es la síntesis de su mensaje, el
móvil y fin de toda su obra de salvación. El que no ama se excluye
voluntariamente del reino de Cristo y el último día verá confirmada para
siempre esa exclusión. El juicio sobre el amor será muy concreto; no versará
sobre palabras sino sobre hechos: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed
y me disteis de beber...» (ib 35). Aunque Rey glorioso, Jesús no olvida que se
ha hecho nuestro hermano y premia como hechos a él los más humildes actos de
caridad realizados con el más pequeño de los hombres: «Heredad el reino
preparado para vosotros desde la creación del mundo» (ib 34). El amor, síntesis
del cristianismo, es la condición para ser admitidos al reino de Cristo que es
reino de amor. El que ama no tendrá nada que temer del juicio de Cristo Rey de
Amor.
Te adoro, oh Jesús, Señor mío... Tú eres Rey. Te veo en espíritu sentado en un trono a la derecha de Dios... Todo depende de ese trono; todo lo que depende de Dios y del imperio del cielo está sometido a ese trono: ése es tu imperio.
Pero ese imperio es sagrado: es un sacerdocio... Tú celebras para nosotros un oficio y una fiesta eterna a la diestra del Padre. Le muestras de continuo las cicatrices de las heridas que lo aplacan y nos salvan. Le ofreces nuestras oraciones, intercedes por nuestros pecados, nos bendices y nos consagras. Desde lo más alto de los cielos bautizas a tus hijos, cambias dones terrenos en tu Cuerpo y en tu Sangre, perdonas los pecados, envías a tu Espíritu Santo, consagras a tus ministros y haces todo lo que hacen ellos en tu nombre.
Cuando nacemos nos lavas con un agua celestial, cuando morimos, nos sostienes con una unción que nos conforta; y así nuestros males se convierten en medicinas y nuestra muerte en un paso a la vida verdadera. ¡Oh Dios, oh Rey, oh Pontífice!, me uno a ti, te ensalzo..., me someto a tu divinidad, a tu imperio y a tu sacerdocio... Todos tus enemigos, oh Rey mío, serán subyugados, serán vencidos, serán forzados a besar la huella de tus pies... Siéntate entretanto en tu trono, oh Rey de gloria, permanece en el cielo hasta el día en que volverás de nuevo a juzgar a vivos y a muertos... Entonces bajarás; pero volverás bien pronto a ocupar tu puesto con todos los predestinados, que estarán íntimamente unidos a ti; y presentarás a Dios este Reino: todo el pueblo salvado, esto es, Cabeza y miembros, y Dios será todo en todos. (Jacobo Benigno Bossuet, Meditaciones sobre el Evangelio, III, 52, v 1).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María Magdalena,
OCD.
También puede escuchar una síntesis en AUDIO
haciendo clic AQUÍ.
viernes, 24 de noviembre de 2023
ORACIONES: Papa Francisco lanza una novena para pedir por la paz
Francisco pidió a la Red
Mundial de Oración del Papa organizar una campaña de oración especial para rezar por la paz en el mundo y
en Tierra Santa. “Recemos – dice en un vídeo
realizado en español y disponible con subtítulos también en inglés,
francés, portugués, italiano, árabe y
hebreo – para que las diferencias se resuelvan en el diálogo y la
negociación y no con una montaña de
muertos de cada lado”.
En su pedido, Francisco
recuerda que “todos sentimos el dolor de las guerras”, y que “hay dos muy cercanas que nos hacen reaccionar:
Ucrania y Tierra Santa”. Lo que pasa en Tierra Santa, añade, “es muy duro”. Y remarca que “el
pueblo Palestino, el pueblo de Israel” son “dos pueblos hermanos” y “tienen derecho a la paz, tienen
derecho a vivir en paz”.
No es la primera vez que el
Papa hace un llamado a la paz. No hay una semana que no haya pedido rezar con insistencia por la paz en la
martirizada Ucrania, o por tantos otros países, como últimamente por Sudán. ¿Y cuántas veces ha
denunciado la guerra y los conflictos que nacen en el corazón del hombre y en
el miedo? “Que se comprenda que el terrorismo y la guerra no conducen a ninguna
solución. La guerra es una derrota. ¡toda guerra es una derrota!”. ¿Cuántas
veces, al contrario, en medio de un mundo dividido y fragmentado, Francisco ha
querido promover los valores de la paz, de la convivencia y del bien común?
Hoy, nuevamente invita a orar
con más insistencia por la paz en el mundo y en Tierra Santa. Francisco pide orar por la grave
situación en Palestina y en Israel, donde muchísimas personas han perdido la
vida. ¿Cuántas veces, con dolor, ha pedido que se abran espacios para
garantizar la ayuda humanitaria y que se libere a los rehenes?
El 17 de octubre invitó a
todos los creyentes a unirse a la Iglesia en Tierra Santa y a dedicar el ese
día a la oración y al ayuno, pues “la oración es la fuerza suave y santa para
oponerse a la fuerza diabólica del odio, del terrorismo y de la guerra.” Ahora
que nos acercamos al Adviento, a la esperanza del nacimiento del Príncipe de la
paz, Jesús, una vez más invita a orar.
Además de publicar este video
con su llamada por la paz en Tierra Santa, la Red Mundial de Oración del Papa
propone una novena por la paz en el mundo, y por Tierra Santa, Palestina e
Israel. Lo hace a través de Click To Pray, la app oficial de oración del Papa,
en la que Francisco tiene su propio perfil. En la app -gratuita y descargable
en smartphones-, así como en la web de Click To Pray, se pueden encontrar los
textos de la oración, que la RMOP pone a disposición de quienes deseen unirse
al Santo Padre en la novena.
Link
para descargar la novena por la paz en español:
https://issuu.com/popesprayernet/docs/novena_-_felices_los_que_trabajan_por_la_paz_es
miércoles, 22 de noviembre de 2023
ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Las obras de misericordia son la esencia del Evangelio
Tema del programa Nº 8 del
ciclo:
Las
obras de misericordia son la esencia del Evangelio
“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.
Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.
“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.
Locución: Cristina Lozano
lunes, 20 de noviembre de 2023
domingo, 19 de noviembre de 2023
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 33º Domingo del Tiempo Ordinario: “A todo el que tiene, se le dará y le sobrará”
«Dichoso el que te teme, Señor, y sigue tus caminos» (SI 127, 1).
Las lecturas bíblicas de hoy graban a fuego en el alma el pensamiento de la vigilancia cristiana y, por ende, de la vida presente, vivida como espera y preparación de la futura. Nos puede servir de punto de partida la lectura segunda (1 Ts 5, 1-6) en la que San Pablo declara inútil el indagar cuándo vendrá «el día del Señor», o sea cuándo se efectuará el retorno glorioso de Cristo, porque llegará de improviso «como un ladrón en la noche» (ib 2). Es la imagen empleada ya por Jesús (Mt 24, 43), que se puede aplicar tanto a la parusía como al fin de cada hombre. Sobre esa hora sólo una hay cierta: que vendrá sin duda; pero cuándo y cómo, sólo Dios lo sabe.
Síguese de ahí la necesidad de la vigilancia y juntamente de un abandono confiado a sus divinas disposiciones. El que piensa sólo en gozar de la vida como si nunca debiese morir, justo cuando se promete «paz y seguridad», verá improvisamente sobrevenirle la «ruina». El que, por el contrario, como verdadero «hijo de la luz», no olvida lo transitorio de la vida terrena y vela en espera del Señor, no tendrá nada que temer. Es lo que enseñan las otras dos lecturas con ejemplos concretos.
La primera (Pr 31, 10-13). 19-20. 30-31) bosqueja la figura de la mujer virtuosa, entregada a su familia, fiel a sus deberes de esposa y de madre, afanosa en el trabajo, caritativa con los pobres. Se hace de ella un elogio lleno de entusiasmo: «Vale mucho más que las perlas. Su marido confía en ella... Ella le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida» (ib 10-12). Aun cuando hoy la mujer con frecuencia está dividida entre la casa y la profesión, su deber fundamental sigue siendo siempre el cuidado de la familia, la entrega al marido y a los hijos, la solicitud porque ellos encuentren en la casa un ambiente agradable y cálido. El trozo termina prefiriendo la «mujer que teme al Señor» a la dotada de gracia y hermosura, que son caducas, mientras sólo la virtud es base de la felicidad de la familia y objeto de la alabanza de Dios. Una mujer semejante, al fin de su vida merecerá oír el elogio de Jesús al siervo fiel: «Muy bien... pasa al banquete de tu Señor» (Mt 25, 21).
El Evangelio (Mt 25, 14-30), reproduciendo la parábola de los talentos, habla precisamente del siervo fiel que no derrocha la vida en pasatiempos o en la ociosidad, sino negocia con amor inteligente los dones recibidos de Dios. Dios da a cada hombre unos talentos: el don de la vida, la capacidad de entender y querer, de amar y de obrar, la gracia, la caridad, las virtudes infusas, la vocación personal. A nadie hace injuria distribuyendo sus dones en medida diferente, pues da a cada cual lo suficiente para su salvación. Lo importante no es recibir mucho o poco, sino negociar con empeño lo recibido. Es falsa humildad no reconocer los dones de Dios, y es pusilanimidad y pereza dejarlos inactivos. Así obró el siervo haragán que enterró el talento recibido, por lo que el señor le reprendió duramente. Dios exige en proporción de lo que ha dado, y lo que ha dado se ha de usar para su servicio y para el de los hermanos. Por lo demás, a quien más se le ha dado, más se le exigirá.
Por eso en la
cuenta cada cual será tratado según sus abras. Castigo tremendo para el empleado
holgazán, alabanza y premio para los empleados fieles, los cuales reciben un
premio inmensamente superior a sus méritos. En efecto, a las palabras: «como
has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante», que indican la
recompensa a la fidelidad de cada uno, se añaden estas otras: «pasa al banquete
de tu señor» (ib 21). Es el premio de la liberalidad de Dios, que admite a sus
siervos fieles a la comunión en su vida y felicidad eternas. Don qué, si bien
presupone el esfuerzo del hombre, es siempre infinitamente superior a sus
méritos.
¡Oh Redentor del mundo, que subiste a lo alto y diste dones a los hombres, repartiendo entre tus discípulos varios talentos y gracias para su bien y de tu Iglesia!, dame el Espíritu que procede de ti, para que conozca las cosas que por ti me han sido dadas, porque si no conozco los talentos, ni sabré agradecerlo, ni negociar con ellos. Pero conózcalos con humildad, de modo que no me engañe pensando que son más y mayores de lo que son en verdad. Dame también, Señor, que esté contento con los que me has dado, de tal manera que, ni desprecie por soberbia a los que tienen menos, ni tenga envidia de los que tienen más, atendiendo solamente a darte contento con lo mucho o con lo poco que me has dado. Concédeme también que siempre me acuerde de tu venida..., para que siempre negocie lo que querría haber negociado..., para que, cogiéndome la muerte negociando, me admitas en tu santo reino...
¡Oh gozo inmenso, oh gozo eterno, oh gozo digno de Dios! ¡Oh dichosa negociación, con la cual se negocia el gozo del cielo! (Luis de la Puente, Meditaciones, III, 58, 1.3).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María Magdalena,
OCD.
También puede escuchar una síntesis en AUDIO
haciendo clic AQUÍ.
jueves, 16 de noviembre de 2023
APOLOGÉTICA HOY (audios): Actualidad de la Apologética y la Virtud de la Fe
Programa radiofónico: " APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".
Director: Padre José Antonio Medina.
Tema del episodio Nº 02:
Tema: Actualidad de la Apologética y la Virtud de la Fe
Contenido:
-
Valor y actualidad de la Apologética
-
La Virtud Teologal de la Fe en el Catecismo de la
Iglesia Católica: números
escogidos entre el 1803 al 1845.
-
La fe sobrenatural y los motivos de credibilidad
1.
Noción y objeto de la fe
2.
Características de la fe
3. Los motivos de credibilidad
Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 15 de noviembre
de 2023.
lunes, 13 de noviembre de 2023
domingo, 12 de noviembre de 2023
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 32º Domingo del Tiempo Ordinario: “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”
«Señor, que esté yo preparado para, a tu llegada, entrar contigo al banquete de bodas» (Mt 25, 10).
El núcleo de la liturgia de hoy es el grito que se oye a medianoche: «¡Que llega el esposo; salid a recibirlo!» (Mt 25, 6). El Esposo es Cristo; viene de improviso a llamar a su banquete eterno a los creyentes, simbolizados en las diez vírgenes que velan a la espera de ser introducidas en la boda. En esta parábola (ib 1, 13) las relaciones entre Dios y el hombre se presentan -como sucede con frecuencia en el Antiguo Testamento- como relaciones nupciales. El Hijo de Dios, encarnándose, se desposó con la humanidad por esa unión indisoluble que hace de él el Hombre-Dios; consumó luego este desposorio en la cruz, por la que redimió a los hombres y los unió a sí agrupándolos en la Iglesia su esposa mística.
Pero no le basta esto: Cristo quiere celebrar sus desposorios místicos con cada alma consagrada a él por el bautismo. «Os tengo desposados con un solo esposo -escribe San Pablo a los Corintios-, para presentaros cual casta virgen a Cristo» (2 Cr 11, 2). A esta luz la vida del cristiano puede considerarse como un compromiso de fidelidad nupcial a Cristo, fidelidad delicada, presurosa, ardiente e inspirada en un amor que no admite compromisos. La vida transcurrida así es una espera vigilante del Esposo, ocupada en buenas obras, las cuales, según el simbolismo de la parábola, son el aceite que alimenta la lámpara de la fe. Las vírgenes prudentes están bien provistas de él, por lo tanto pueden arrostrar lo prolongado de la vigilia nocturna y encontrarse prontas para el recibimiento del esposo. En cambio, las vírgenes necias, que representan a los cristianos descuidados en el cumplimiento de sus deberes, ven que sus lámparas se apagan sin remedio, llegan luego tarde y llaman inútilmente: «¡Señor, Señor, ábrenos!» (Mt 25, 11).
No basta invocar a Dios para salvarse; se requiere «la fe que actúa por la caridad» (GI 5, 6). Por eso las vírgenes necias tienen que escuchar: «No os conozco» (Mt 25, 12); es la misma respuesta dada a los que han predicado el Evangelio pero no lo han practicado: «Jamás os conocí; alejaos de mí» (Mt 7, 23). Cristo los conoce muy bien a éstos, pero no como ovejas de su grey, porque no escucharon su voz, ni como amigos, porque no guardaron sus mandamientos; por eso los excluye de la intimidad de las bodas eternas. La llegada del esposo a medianoche y con retraso indica que nadie puede saber cuándo abrirá el Señor para él las puertas de la eternidad y justifica la exhortación final: «Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora» (Mt 25, 13).
La primera y segunda lectura giran en torno al Evangelio. La primera (Sb 6, 12-16) es como un preludio, que alaba la búsqueda de la sabiduría que procede de Dios y se ordena a su servicio. «Pensar en ella es prudencia consumada, y quien vela por ella pronto se verá sin afanes» (ib 15). Esta sabiduría hace al hombre prudente, le enseña a no gastar la vida en cosas vanas, sino a emplearla en el servicio y en la espera de Dios. Quien temprano la busca, no se hallará desprevenido a la llegada del Esposo.
La segunda lectura (1 Ts 4, 13-18) concluye el tema con la instrucción de San Pablo a los Tesalonicenses sobre el destino eterno del hombre. Ante la muerte de sus seres queridos, los Tesalonicenses se afligían «como los que no tienen esperanza» (ib 13), porque no sabían aún que los creyentes, habiéndose incorporado a Cristo, están llamados a participar en su gloria. «Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él» (ib 14). La fe y la unión a Cristo valen no sólo para esta vida, sino también para la muerte, la resurrección y la glorificación. Esta es la meta luminosa a la que el creyente debe mirar para estar en vela a la espera del Esposo y para ver con serenidad la muerte, que lo introducirá en las bodas eternas donde estará «siempre con el Señor» (ib 17).
Me conservo pura para ti, y con la lámpara encendida te salgo al encuentro, Esposo mío... Vayamos al encuentro del Esposo, con vestiduras blancas, con lámparas... Despertémonos, antes que el Rey atraviese el umbral...
Me he mantenido apartada de la felicidad de los mortales, llena de deliquios, de los placeres de una vida alegre, del amor; en tus brazos que dan la vida, busco refugio, deseo contemplar para siempre tu belleza, ¡oh Beatitud!... He olvidado mi patria porque deseaba tu gracia, oh Verbo; he olvidado los grupos de las doncellas de mi edad, el orgullo de mi madre y de mi raza, porque tú, oh Cristo, eres todo para mí...
Dador de vida eres tú, oh Cristo. Yo te saludo, luz sin ocaso. Acoge este grito. El coro de las vírgenes te invoca, ¡Flor perfecta, Amor, Gozo, Prudencia, Sabiduría, Verbo! (San Metodio de Olimpo, El Convite, XI, 3).
Deseo yo, Señor, contentaros; mas mi contento bien sé que no está en ninguno de los mortales. Siendo esto así, no culparéis a mi deseo. Véisme aquí, Señor; si es necesario vivir para haceros algún servicio, no rehúso todos cuantos trabajos en la tierra me pueden venir...
Miserables
son mis servicios, aunque hiciese muchos a mi Dios. Pues ¿para qué tengo de
estar en esta miserable miseria? Para que se haga la voluntad del Señor. ¿Qué
mayor ganancia, ánima mía? Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá, el día
ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo
hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares,
más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con
gozo y deleite que no puede tener fin. (Santa Teresa de Jesús, Exclamaciones,
XV, 2-3).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María Magdalena,
OCD.
También puede escuchar una síntesis en AUDIO
haciendo clic AQUÍ.
jueves, 9 de noviembre de 2023
APOLOGÉTICA HOY (audios): Introducción general a la Apologética
Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".
Director: Padre José Antonio Medina.
Tema del episodio Nº 01:
Introducción general a la Apologética
Contenido:
- Presentación del ciclo
- ¿Qué es la Apologética?
-
Naturaleza
y objeto
-
Relaciones
con otras ciencias teológicas
- Apologética teórica y práctica
Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 18 de octubre
de 2023.
miércoles, 8 de noviembre de 2023
APOLOGÉTICA HOY (audios): Presentación de este nuevo ciclo radiofónico
“APOLOGÉTICA
HOY, Colaboradores de la Verdad” es un programa radiofónico de
evangelización a cargo del Padre José
Antonio Medina, que se emite los miércoles,
quincenalmente, a las 20:00hs. por Radio
María España. Comenzó a emitirse el miércoles 18 de octubre de 2023.
Es un programa de APOLOGÉTICA. La Apologética es la parte
de la teología que busca explicar lo que creemos y hacemos como católicos y,
asimismo, expone los errores para proteger la integridad de la fe. La
apologética entra dentro de las disciplinas teológicas, y actualmente se la conoce
como Teología Fundamental, la cual intenta explicar los fundamentos de la fe,
dando respuestas a, por ejemplo, ¿Por qué creemos? ¿Cuál es la Religión
verdadera? ¿Cuál es la Iglesia de Cristo?
Cada episodio de “APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la
Verdad”, tiene 25 minutos de duración, y en ellos se podrá escuchar un tema
doctrinal y las razones para creer en él, siempre un tema por emisión. Como así
también se responderá a las cuestiones planteadas por los oyentes a través de
cartas o al correo electrónico del programa: apologeticahoy@radiomaria.es .
“APOLOGÉTICA
HOY, Colaboradores de la Verdad” sintoniza con la intuición fundamental de RADIO MARÍA, que es una emisora que
anuncia el Evangelio y llama a la conversión a través de una programación
explícitamente religiosa, y todo por la intercesión de la Santísima Virgen
María, para Gloria de Dios y bien de las almas.
lunes, 6 de noviembre de 2023
domingo, 5 de noviembre de 2023
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 31º Domingo del Tiempo Ordinario: “El que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”
«Anunciaré tu nombre a mis hermanos» (SI 21, 23).
La Liturgia de la palabra se dirige hoy de modo particular a los que en el pueblo de Dios tienen cargos de responsabilidad, sea por el ministerio sacerdotal sea por otras incumbencias apostólicas; es a un tiempo llamada seria y cálido conforte, admonición e invitación.
La primera lectura sacada del profeta Malaquías (1, 14b-2, 2b. 8-10) es un apóstrofe severo contra los sacerdotes de entonces que maltrataban el culto divino ejerciéndolo de modo indigno y, en lugar de guiar al pueblo a honrar a Dios y cumplir su ley, 19 desbandaban con falsas doctrinas. «Y ahora os toca a vosotros sacerdotes: Si no obedecéis y no os proponéis dar la gloria a mi nombre —dice el Señor de los Ejércitos—, os enviaré mi maldición. Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley» (ib 2, 1-2. 8).
El sacerdote, el catequista, el educador tienen el deber estricto de enseñar a honrar a Dios tanto con la palabra como con la vida ordenada según la ley divina. Quien se aparte de esta obligación y se sirve del propio oficio para transmitir no la palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, sino palabras o ideas personales, se convierte en piedra de escándalo y ocasión de perdición para muchos, los cuales tanto más son engañados cuanto mayor es la autoridad de sus maestros.
También Jesús -según se lee en el Evangelio de hoy (Mt 23, 1-12)- hubo de deplorar la conducta de los escribas y fariseos que ocupaban «la cátedra de Moisés» dándoselas de maestros, mientras su enseñanza y su conducta estaba en vivo contraste con la ley de Dios. Jesús lea, acusa sobre todo de hipocresía y orgullo. «Dicen y no hacen» (ib 3), exigen al pueblo un cúmulo de observancias no ordenadas por Dios, y ellos por su parte, no mueven un dedo para cumplirlas (ib 4). Hacen ostentación de obras buenas que realizan «para que los vea la gente» (ib 5), llenos de presunción ocupan los primeros puestos y gustan de ser honrados y llamados «rabí» (ib 7).
A semejante conducta opone Jesús la sencillez y humildad que quiere ver él en sus discípulos y, por ende, en todo apóstol. Lejos de dárselas de maestros, deben hacer que su autoridad se desvanezca en una actitud modesta, fraternal y cordial, que la hará más acepta y válida. Por lo demás hay que tener siempre presente que uno sólo es el maestro, uno sólo el Señor, Cristo (ib 10).
A estas cualidades se han de añadir el amor sincero, la entrega generosa y el desinterés personal de que se habla en la segunda lectura (1 Ts 2, 7-9. 13). «Os tratamos con delicadeza, -escribe San Pablo a los Tesalonicenses-, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor» (ib 7-8). El apóstol, dinámico y combativo, se hace tierno como una madre para los que con sus fatigas apostólicas engendró para Cristo. Los siente hijos suyos hasta el punto de desear dar por ellos la misma vida.
No
son meras palabras, pues Pablo no retrocedió ni siquiera ante los más graves
riesgos con tal de ganar hombres para Cristo, y los evangelizó con «esfuerzos y
fatigas, trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie» (ib 9). Llegó su
generosidad hasta renunciar a lo que tenía derecho. Se preocupó únicamente de
dar y nada de recibir, convencido de que el desinterés personal daría a su predicación
una eficacia mayor; de hecho su palabra fue acogida «no como palabra de hombre,
sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios» (ib 13). El anuncio
desinteresado del Evangelio es el testimonio más elocuente de la verdad de la
fe.
Proclamaré, Señor, tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo..., porque no ha sentido desprecio ni repugnancia hacia el pobre desgraciado; no le ha escondido su rostro; cuando pidió auxilio, lo escuchó.
Él es mi alabanza en la gran asamblea, cumpliré mis votos delante de sus fieles... Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. (Salmo 21, 23-29).
Dios misericordioso, escúchame benigno: te pido por los tuyos. A esta plegaria me mueve la misión paterna que me has confiado, me inclina el afecto, me anima la consideración de tu bondad. Tú sabes, dulce Señor, cuánto los amo, qué puesto ocupan en mi corazón, cómo los cubro de ternura. Tú sabes, Señor mío, que no les mando con dureza ni violencia, que prefiero aprovecharles por la caridad a dominarles, someterme a ellos en humildad y hacerme entre ellos —por la fuerza del afecto— como uno de ellos...
Yo los
encomiendo a tus santas manos y a tu tierna providencia. Que nadie los arrebate
de tu mano ni de las de tu siervo a quien los confiaste, sino que perseveren
gozosamente en su santo propósito y, perseverando, obtengan la vida eterna: con
tu ayuda, oh dulcísimo Señor nuestro, que vives y reinas por los siglos de los
siglos. Amén. (Elredo de Rievaulx, Oratio pastoralis, 8. 10).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María Magdalena,
OCD.
viernes, 3 de noviembre de 2023
PAPA FRANCISCO: Santa Misa en sufragio del difunto Sumo Pontífice Benedicto XVI
SANTA MISA EN SUFRAGIO
DEL DIFUNTO SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI
Y DE LOS CARDENALES Y
OBISPOS FALLECIDOS DURANTE EL AÑO
CAPILLA PAPAL
Viernes, 3 de noviembre
de 2023
Jesús estaba a punto de entrar en Naím, los discípulos y «una gran multitud» caminaban con Él (cf. Lc 7,11). Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, otro cortejo marchaba en dirección opuesta; salía para enterrar al hijo único de una madre que se había quedado viuda. Y, dice el Evangelio: «Al verla, el Señor se conmovió» (Lc 7,13). Jesús ve y se deja conmover. Benedicto XVI, que hoy recordamos junto a los cardenales y obispos difuntos durante el año, en su primera Encíclica escribió que el programa de Jesús es un «corazón que ve» (Deus caritas est, 31). Cuántas veces nos ha recordado que la fe no es en primer lugar una idea que debamos entender o una moral que debamos asumir, sino una Persona que debemos encontrar, Jesucristo. Su corazón late con fuerza por nosotros, su mirada se apiada de nuestros sufrimientos.
El Señor detiene ante el dolor
de esa muerte. Es interesante que precisamente en esta ocasión, por primera
vez, el Evangelio de Lucas atribuye a Jesús el título de “Señor”: «el Señor se
conmovió». Se le llama Señor —es decir, Dios, que domina todo— precisamente
cuando se compadece de una madre viuda que ha perdido, con su único hijo, el
motivo de vivir. Este es nuestro Dios, cuya divinidad resplandece al tocar
nuestras miserias, porque su corazón es compasivo. La resurrección de aquel
hijo, el don de la vida que vence a la muerte, brota precisamente de aquí, de
la compasión del Señor que se conmueve ante nuestro mal extremo, la muerte. Qué
importante es comunicar esta mirada de compasión a quien vive el dolor de la
muerte de sus seres queridos.
La compasión de Jesús tiene
una característica, es concreta. Él, dice el Evangelio, «se acercó y tocó el
féretro» (Lc 7,14). Tocar el féretro de un muerto era inútil; en ese tiempo,
además, se consideraba un gesto impuro, que contaminaba a quien lo hacía. Pero
Jesús no repara en esto, su compasión elimina las distancias y lo lleva a
hacerse cercano. Este es el estilo de Dios, hecho de cercanía, compasión y
ternura. Y de pocas palabras. Cristo no da sermones sobre la muerte, sólo le
dice a esa madre una cosa: «No llores» (Lc 7,13). ¿Por qué? ¿Está mal llorar?
No, Jesús mismo llora en los Evangelios. Pero a esa madre le dice: No llores,
porque con el Señor las lágrimas no duran para siempre, se terminan. Él es el
Dios que, como profetiza la Escritura, «destruirá la Muerte» y «enjugará las
lágrimas de todos los rostros» (Is 25,8; cf. Ap 21,4). Se ha apropiado de
nuestras lágrimas para apartarlas de nosotros.
Esta es la compasión del
Señor, que llega a reanimar a aquel hijo. Jesús lo hace, a diferencia de otros
milagros, sin siquiera pedirle a la madre que tenga fe. ¿Por qué un prodigio
tan extraordinario y raro? Porque aquí están implicados el huérfano y la viuda,
que la Biblia indica, junto al forastero, como los más solos y abandonados, que
no pueden poner su confianza en nadie más que en Dios. La viuda, el huérfano,
el forastero. Son por tanto las personas más íntimas y queridas para el Señor.
No se puede ser íntimos y queridos para el Señor ignorándolos, pues gozan de su
protección y de su predilección, y nos acogerán en el cielo. La viuda, el
huérfano y el forastero.
Dirigiendo hacia ellos nuestra
mirada, obtenemos una lección importante, que condenso en la segunda palabra de
hoy: humildad. El huérfano y la viuda son de hecho los humildes por excelencia,
aquellos que, depositando toda su esperanza en el Señor y no en sí mismos, han
situado el centro de la vida en Dios. No ponen su confianza en sus propias
fuerzas, sino en Él, que se hace cargo de ellos. Los que rechazan toda
presunción de autosuficiencia, se reconocen necesitados de Dios y se abandonan
en Él, ellos son los humildes. Y son estos pobres en espíritu los que nos
revelan la pequeñez que al Señor agrada, el camino que conduce al Cielo. Dios
busca personas humildes, que esperan en Él, no en sí mismos y en sus propios
planes. Hermanos y hermanas, esta es la humildad cristiana. No es una virtud
entre otras, sino la actitud fundamental de nuestra vida, la de creernos
necesitados de Dios y dejarle lugar, poniendo en Él toda nuestra confianza.
Esta es la humildad cristiana.
Dios ama la humildad porque le
permite interactuar con nosotros. Más aún, Dios ama la humildad porque Él mismo
es humilde. Él desciende hasta nosotros, se abaja, no se impone, deja espacio.
Dios no sólo es humilde, es humildad. «Tú eres humildad Señor», así rezaba san
Francisco de Asís (cf. Alabanzas de Dios Altísimo, 4). Pensemos en el Padre,
cuyo nombre está totalmente referido al Hijo, y no a sí mismo; y al Hijo, cuyo
nombre está todo él en relación al Padre. Dios ama a aquellos que no están
centrados en sí mismos, que no son el centro de todo, ama precisamente a los
humildes. Aquellos que se le parecen más que ninguno. Por esta razón, como dice
Jesús, «el que se humilla será ensalzado» (Lc 14,11). Y me gusta recordar
aquellas palabras iniciales del Papa Benedicto: «humilde trabajador de la viña
del Señor» (Urbi et Orbi, 19 abril 2005). Sí, el cristiano, sobre todo el Papa,
los cardenales, los obispos, están llamados a ser humildes trabajadores: a
servir, no a ser servidos; a pensar, antes que en sus propios beneficios, en
los de la viña del Señor. Y qué hermoso es renunciar a sí mismos por la Iglesia
de Jesús.
Hermanos, hermanas, pidamos a
Dios una mirada compasiva y un corazón humilde. No nos cansemos de pedírselo,
porque es en el camino de la compasión y de la humildad que el Señor nos da su
vida, que vence a la muerte. Y recemos por nuestros queridos hermanos difuntos.
Sus corazones han sido pastorales, compasivos y humildes, porque el sentido de
sus vidas ha sido el Señor. Que en Él encuentren la paz eterna. Que se alegren
con María, a quien el Señor ha ensalzado mirando su humildad (cf. Lc 1,48).
miércoles, 1 de noviembre de 2023
PAPA FRANCISCO: “Recen por mí”
(Vatican News - Red Mundial de
Oración del Papa) En la edición de El Vídeo del Papa de noviembre, Francisco
abre de par en par su corazón para confesar que necesita la oración de los
creyentes para poder cumplir con el ejercicio de su misión. “Pidan al Señor
para que me bendiga”, afirma el Obispo de Roma antes de confesar: “La oración
de ustedes me da fuerzas y me ayuda para que pueda discernir y acompañar a la
Iglesia escuchando al Espíritu Santo”.
"Por el Papa"
El videomensaje, que acaba de
publicarse por iniciativa de la Red Mundial de Oración del Papa, tiene en esta
ocasión un tono íntimo, pues está dedicado a la intención que corresponde a
este mes: “Por el Papa”. Las imágenes que acompañan las palabras del Santo
Padre tienen también un tono íntimo: una especie de relato de su pontificado a
través de las emociones.
Además de los momentos más
conocidos, como los primeros instantes después de la elección, hay otros casi
inéditos, hechos de abrazos y oraciones en diversas partes del mundo. Están
unidos por la gran humanidad contagiosa de Francisco, confirmada una vez más
por la elección de la intención de oración para este mes y el mensaje que la
acompaña.
Un Papa “no pierde su
humanidad”
Francisco sigue dejando
espacio a las confidencias al constatar que “por el hecho de ser Papa, uno no
pierde su humanidad. Al contrario, mi humanidad cada día crece más con el santo
pueblo fiel de Dios”. De hecho, reconoce: “Ser Papa también es un proceso. Uno
va tomando conciencia de lo que significa ser pastor. Y en este proceso aprende
a ser más caritativo, más misericordioso y, sobre todo, más paciente, como es
nuestro padre Dios, que es tan paciente”.
El actual sucesor del apóstol
Pedro puede “imaginar que todos los Papas, al empezar su pontificado, tuvieron
esa sensación de susto, vértigo, del que sabe que va a ser juzgado con dureza.
Porque el Señor a los obispos nos va a pedir cuenta seriamente”.
El Papa pide ser juzgado “con
benevolencia”
El Papa se dirige a todas las
personas que verán y escucharán su mensaje para pedirles que lo “juzguen con
benevolencia. Y que recen para que el Papa, sea quien sea (...) reciba la ayuda
del Espíritu Santo, sea dócil a esa ayuda”.
Según la tradición del
Apostolado de la Oración (antiguo nombre de la Red Mundial de Oración del
Papa), los Papas encomiendan desde 1879 una intención de oración cada mes a la
Iglesia, a través de la Red Mundial de Oración del Papa. En este mes, la intención
es la siguiente: “Oremos por el Papa, para que en el ejercicio de su misión
siga acompañando en la fe a la grey que le ha sido encomendada por Jesús y
siempre con la ayuda del Espíritu Santo”. El Papa concluye el vídeo con una
pizca de humor: “Recen por mí. ¡A favor!”.
Desde el primer día de este
pontificado
El Padre Frédéric Fornos S.J.,
Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, reconoce que el
videomensaje de Francisco es significativo, pues desde el primer día, en estos
diez años, su pontificado se ha caracterizado por la petición ininterrumpida de
la oración de todos.
Recuerda aquel inolvidable 13
de marzo de 2013, cuando tras ser elegido Papa y aparecer en el balcón de la
fachada de la Basílica vaticana, Francisco, antes de dar su bendición a los
fieles congregados en la plaza de San Pedro, pidió la oración del pueblo. “Os
pido que recéis al Señor para que me bendiga”, afirmó Francisco. Tras subrayar
la importancia de “la oración del pueblo pidiendo la bendición para su obispo”,
el nuevo Papa pidió un momento de profundo silencio para que quienes le
escuchaban pudieran rezar por él.
Desde el inicio, Francisco ha
dado una gran importancia a la oración, pidiendo rezar por él, pero también por
los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Es Francisco quien
ha impulsado la recreación del Apostolado de la Oración como Red Mundial de
Oración del Papa, haciendo de ella una Obra Pontificia, Fundación Vaticana. Es
también el Santo Padre quien, desde 2016, ha realizado cada mes El Vídeo del
Papa para hablar a los corazones de tantos e invitar a rezar. Es también él
quien ha hecho de Click To Pray su plataforma de oración, integrando en 2019 su
perfil personal.
Un mes para sentir con la
Iglesia
El P. Fornos subraya que
noviembre, al estar dedicado este año a la oración por el Papa, se convierte
“en un mes para sentir con la Iglesia”, como dicen los Ejercicios Espirituales
de San Ignacio. “Este "sentir con la Iglesia" invita a una benevolencia
a priori, a acoger el discernimiento del obispo de Roma, el cual preside la
caridad de todas las Iglesias, y en su mirada universal nos ayuda a reconocer
la acción del Espíritu del Señor”, concluye.
martes, 31 de octubre de 2023
FE Y VIDA: La trampa de Halloween
Después de varios años de
discusión con mi hija mayor debido a que en su clase todo el mundo celebra
Halloween. Hoy ya no me he podido controlar. Este artículo va al grupo de
padres del colegio sí o sí.
Desde finales de septiembre,
no se puede entrar en un centro comercial, una tienda o un supermercado sin
encontrarte con la cara de alguna bruja, una calabaza o un fantasma. Y es que
la celebración de Halloween es una de las fiestas más rentables que existen.
Hay que comprar decoración, golosinas, disfraces… es la gran celebración del
año. Poco a poco va ganando en popularidad y se acerca peligrosamente al top 1,
compitiendo con la fiesta de Nochevieja.
Pero ¿por qué lo celebramos?
¿Qué nos importa a nosotros el final de la cosecha de los celtas de hace 2000
años? ¿Qué tenemos que ver con Samhain? Absolutamente nada. Los celtas creían
que durante este día los espíritus de los muertos regresaban a la tierra y se
disfrazaban para ahuyentar a los espíritus malignos.
Si los españoles creyéramos
eso, ese día habría colas kilométricas en los confesionarios de toda España. Y
todos iríamos chorreando agua bendita y con cruces de plata a modo de escudo.
Porque somos así. Viva la vida, hasta que nos “cagamos vivos y lloramos”.
La realidad es que no tenemos
ni idea de por qué lo celebramos. Ni siquiera sabemos qué celebramos. Es
divertido, te disfrazas, bebes y te lo pasas bien. ¡¡Genial!! Eso lo puedes
hacer cualquier sábado, subnormal.
Pero conmemorar así y
disfrazarte de cosas malas, coqueteando con lo maligno y lo sobrenatural no
tiene nada de divertido. Hay niños pequeños disfrazados de demonios. No le veo
la gracia en jugar así con lo que uno no entiende.
Nuestra tradición es mucho más
bonita y mucho más alegre que todo eso. En España siempre se ha celebrado el
Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos.
El 1 de noviembre se celebra
el Día de Todos los Santos. Un día donde desaprovechamos la oportunidad de que
nuestros hijos se fijen en Juan Pablo II, Teresa de Calcuta o Francisco de
Asís. En lugar de promover querer ser como ellos y disfrazarse de estos
personajes heroicos y animarles a seguir su ejemplo, les disfrazamos de
demonio, bruja o fantasma. ¡¡Bravo!! Os aplaudo.
El 2 de noviembre celebramos
el Día de los Difuntos. Tradicionalmente, es el día para ir a los cementerios a
rezar por nuestros difuntos, porque necesitan nuestros rezos para poder ir al
cielo si siguen en el purgatorio. No quiero ni pensar en el cabreo monumental
de nuestros abuelos en el purgatorio cuando recorremos las calles durante horas
con Spiderman de la mano buscando caramelos pero somos incapaces de acercarnos
a su tumba y rezar un misterio del rosario. Yo estaría super enfadada. Supongo
que a eso se referían los celtas cuando decían que los espíritus bajaban a la
tierra. Si pudiera, mi abuelo bajaría a darnos un par de collejas.
No os dejéis engañar.
lunes, 30 de octubre de 2023
domingo, 29 de octubre de 2023
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 30º Domingo del Tiempo Ordinario: Amarás…, amarás…, siempre amar.
«Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza..., mi libertador» (SI 17, 2-3).
La Liturgia de la Palabra graba hoy a fuego el gran mandamiento del amor a Dios y al prójimo. La primera lectura (Ex 22, 20-27) reproduce un grupo de leyes referentes a los deberes para con el prójimo necesitado: forasteros, viudas, huérfanos, pobres, deudores. «No... vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (ib 20); como si dijese: vosotros que sufristeis las vejaciones de los egipcios, cuidad de no hacer sufrir a los extranjeros que viven entre vosotros. «No explotarás a viudas ni a huérfanos» (ib 21), porque Dios os castigaría con la muerte, «dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos» (ib 23). Haciendo un préstamo al pobre, «no serás con él un usurero» (ib 24), y antes que anochezca devolverás el manto que tomaste en prenda.
Dos son los principios que inspiran estas prescripciones: «no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan» (Tb 4, 15), y por el contrario: «ama al prójimo como a ti mismo» (Lv 19, 18); y esto no por puro sentimiento humanitario, sino por Dios que tiene cuidado especial de los atribulados, escucha su clamor y es «compasivo» con ellos (Ex 22, 26). También en el Antiguo Testamento se ve el amor al prójimo en su relación con Dios, como respeto a su ley y como reflejo de su amor a los hombres. Pero en el Nuevo todo queda iluminado y perfeccionado por la enseñanza de Jesús, como puede verse en el Evangelio de hoy (Mt 22, 34-40).
Cuando un doctor de la ley le pregunta sobre el mandamiento más importante, el Señor le responde uno tras otro, los mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo. El primero lo toma del Deuteronomio (6, 5): «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza», y el segundo del Levítico (19, 18): «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Se trata, pues, de mandamientos ya conocidos y tenidos al menos por algunos rabinos como los más importantes (Lc 10, 27). Pero lo nuevo está en que Jesús relaciona estos dos preceptos como fundiéndolos en uno y declarando que «estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas» (Mt 22, 40).
Es decir, la voluntad de Dios revelada en toda la Escritura puede condensarse en el doble precepto del amor a Dios y al prójimo. El cristiano no necesita —como el israelita— fatigarse recordando multitud de preceptos, ni investigar para discernir cuáles son los mayores. Basta que se quede con uno, el del amor, con tal que lo entienda y lo viva integralmente como enseñó Jesús. Amar a Dios con todo el corazón significa disponibilidad plena a su querer y entrega incondicional a su servicio; y justamente porque es voluntad de Dios y para dar forma concreta a su servicio, hay que amar al prójimo dándose a él con generosidad. El ejemplo de Jesús lo demuestra claramente: él cumplió la voluntad del Padre poniéndose al servicio de los hombres e inmolándose por la salvación de ellos. Su obra redentora es al mismo tiempo expresión de su amor al Padre y a los hombres.
El
cristiano ha de hacer el mismo camino; no le es posible, por eso, separar el
amor al prójimo del amor a Dios, so pena de reducirlo a una simple forma de
humanismo; ni el amor a Dios del amor al prójimo, so pena de hacer de él un
amor ideal, desencarnado. La síntesis perfecta es la indicada por S. Juan: «Si
alguno dice: "Amo a Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso;
pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.
Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su
hermano» (1 Jn 4, 20-21).
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. (Misal Romano, Oración Colecta).
Señor, haz que para amarte con todo el corazón me entregue con todas mis fuerzas a observar tu mandamiento, porque II que no ama a su prójimo de veras, desprecia tu mandamiento, y quien desprecia tu mandamiento, te desprecia a ti que eres su autor...
Pero ¿quién de los hombres ha podido o podrá observar tal mandamiento? ¿Quién ha amado nunca a su prójimo como tú, oh Cristo, amaste a tus Apóstoles?... Si no puedo guardar tu paso, haz que al menos siga de lejos tus huellas. Si no soy capaz de amar al prójimo más que a mi mismo —como hiciste tú al morir por la salvación de la humanidad—, concédeme al menos amarlo como a mí mismo, haciendo a los demás lo que quisiera me hiciesen a mí... y guardándome bien de hacerles lo que no quisiera me hiciesen. Haz que ame al prójimo de tal modo que en él te ame a ti; amándolo de este modo, guardaré tu mandamiento. Pues tú mismo quieres ser el resorte de ese amor... Si, por el contrario, amo al prójimo sólo por sí mismo, no será verdadera caridad la mía...
Oh caridad, amor inmenso que abarca cielo y tierra; caridad, amor invencible... Caridad, vínculo indisoluble de amor y de paz... Haz, Señor, que reine entre nosotros esta reina de las virtudes; entonces todos, grandes y pequeños, conocerán ciertamente que somos discípulos tuyos. (B. Olegario, Sermón, 5, 1. 3-6).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.
También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.
sábado, 28 de octubre de 2023
PAPA FRANCISCO: Pedimos la mirada misericordiosa de María por “la familia humana que ha preferido Caín a Abel”
ORACIÓN POR LA PAZ
ORACIÓN DEL SANTO PADRE FRANCISCO
al finalizar el momento de oración Pacem in terris
Basílica de San Pedro
Viernes, 27 de octubre de 2023
María, míranos. Estamos aquí
ante ti. Tú eres Madre, conoces nuestros cansancios y nuestras heridas. Tú,
Reina de la paz, sufres con nosotros y por nosotros, al ver a tantos de tus
hijos abatidos por los conflictos, angustiados por las guerras que desgarran el
mundo.
Es una hora de oscuridad. Esta es una hora de oscuridad, Madre. Y en esta hora de oscuridad, nos sumergimos en tus ojos luminosos y nos confiamos a tu corazón, que es sensible a nuestros problemas y que tampoco estuvo exento de inquietudes y temores. Cuánta preocupación cuando no había lugar para Jesús en el albergue, cuánto miedo cuando tuvieron que huir rápidamente a Egipto porque Herodes quería matarlo, cuánta angustia cuando se perdió en el templo. Pero, Madre, tú en las pruebas fuiste valiente, fuiste audaz, confiaste en Dios y respondiste a la preocupación con la solicitud, al miedo con el amor, a la angustia con la donación. Madre, en los momentos decisivos no retrocediste, sino que tomaste la iniciativa: fuiste sin demora a ver a Isabel, en las bodas de Caná obtuviste el primer milagro de Jesús, en el Cenáculo mantuviste a los discípulos unidos. Y cuando en el Calvario una espada traspasó tu alma, tú, Madre, mujer humilde, mujer fuerte, entretejiste de esperanza pascual la noche del dolor.
Ahora, Madre, toma una vez más la iniciativa, tómala en favor nuestro, en estos tiempos azotados por los conflictos y devastados por las armas. Vuelve tus ojos misericordiosos a la familia humana que ha extraviado el camino de la paz, que ha preferido Caín a Abel y que, perdiendo el sentido de la fraternidad, no recupera el calor del hogar. Intercede por nuestro mundo en peligro y en confusión. Enséñanos a acoger y a cuidar la vida —¡toda vida humana!— y a repudiar la locura de la guerra, que siembra muerte y elimina el futuro.
María, muchas veces tú has venido a nuestro encuentro, pidiéndonos oración y penitencia. Nosotros, sin embargo, ocupados en nuestros asuntos y distraídos por tantos intereses mundanos, hemos permanecido sordos a tus llamadas. Pero tú, que nos amas, no te cansas de nosotros. Madre, tómanos de la mano. Tómanos de la mano y guíanos a la conversión, haz que volvamos a poner a Dios en el centro. Ayúdanos a mantener la unidad en la Iglesia y a ser artífices de comunión en el mundo. Recuérdanos la importancia de nuestro papel, haz que nos sintamos responsables por la paz, llamados a rezar y a adorar, a interceder y a reparar por todo el género humano.
Madre, solos no podemos lograrlo, sin tu Hijo no podemos hacer nada. Pero tú nos llevas a Jesús, que es nuestra paz. Por eso, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros recurrimos a ti, buscamos refugio en tu Corazón inmaculado. Imploramos misericordia, Madre de misericordia; suplicamos paz, Reina de la paz. Mueve los corazones de quienes están atrapados por el odio, convierte a quienes alimentan y fomentan conflictos. Enjuga las lágrimas de los niños —en esta hora lloran mucho—, asiste a los que están solos y son ancianos, sostiene a los heridos y a los enfermos, protege a quienes tuvieron que dejar su tierra y sus seres queridos, consuela a los desanimados, reaviva la esperanza.
Te entregamos y consagramos nuestras vidas, cada fibra de nuestro ser, lo que tenemos y lo que somos, para siempre. Te consagramos la Iglesia para que, testimoniando al mundo el amor de Jesús, sea signo de concordia, sea instrumento de paz. Te consagramos nuestro mundo, especialmente te consagramos los países y las regiones en guerra.
El pueblo fiel te llama aurora de la salvación. Madre, abre resquicios de luz en la noche de los conflictos. Tú, morada del Espíritu Santo, inspira caminos de paz a los responsables de las naciones. Tú, Señora de todos los pueblos, reconcilia a tus hijos, seducidos por el mal, cegados por el poder y el odio. Tú, que estás cerca de cada uno, acorta nuestras brechas de separación. Tú, que tienes compasión de todos, enséñanos a hacernos cargo de los demás. Tú, que revelas la ternura del Señor, haznos testigos de su consolación. Madre, tú, Reina de la paz, derrama en los corazones la armonía de Dios. Amén.










