domingo, 7 de julio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 14º Domingo del Tiempo Ordinario: “Jesús se extrañó de la falta de fe”

 

«Hacia ti tengo los ojos levantados, Señor, hasta que te apiades de nosotros» (Salmo 123, 2).

Las lecturas del día llevan a reflexionar sobre las graves consecuencias del rechazar la palabra de Dios y sobre el deber de acogerla aun cuando llegue mediante mensajeros humildes y modestos.

La primera lectura (Ez 2, 2-5) recuerda la incredulidad de los hijos de Israel frente al profeta encargado de anunciar la destrucción de Jerusalén en castigo de sus pecados. Dios conoce la obstinación de ese pueblo «testarudo y obstinado» (ib 4) que hace tiempo se ha rebelado contra él, pero con todo les envía a Ezequiel: «Ellos, te hagan caso o no te hagan caso (pues son un pueblo rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos» (ib 5). Palabras graves que dicen lo detestable de la rebeldía contra Dios, por la que el corazón se endurece y se hace refractario a cualquier llamada. Dios, sin embargo, no cesa de iluminar, y de enviar avisos por medio de sus profetas, pero precisamente la presencia de éstos y sus amonestaciones agravan el pecado del que persiste en su incredulidad. Situación por desgracia nada infrecuente, antes repetida de continuo en la historia, hasta cuando Dios envió a los hombres no a un profeta sino a su Hijo divino. «Vino a su casa, y los suyos no le recibieron», (Jn 1, 11).

Es lo que sucedió en Nazaret (Evangelio del día: Mc 6, 1-6), cuando se presentó Jesús en la sinagoga a predicar. Nazaret era su casa, su patria, donde había vivido desde la infancia, tenía los parientes y era bien conocido; esto debería haber facilitado más que en otra parte su ministerio, y en cambio, fue ocasión de rechazo. Tras un primer momento de estupor frente a su sabiduría y a sus milagros, los nazaretanos lo rechazan incrédulos: «¿No es éste el carpintero, el hijo de María?... Y desconfiaban de él» (ib 3). Un orgullo secreto, rastrero y mezquino, les impide admitir que uno como ellos, criado a sus ojos y de profesión humilde, pueda ser un profeta, y aun nada menos que el Mesías, el Hiló de Dios. La modestia y la humildad de Jesús son el escándalo en que tropiezan cerrándose a la fe. Y Jesús observa con tristeza: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa» (ib 4). La incredulidad de los suyos le impide obrar en su patria los grandes milagros hechos en otras partes, porque Dios tita de su omnipotencia sólo en favor de los que creen. Pero alguno, probablemente entre los más humildes debió de tener fe también en Nazaret, porque Marcos apunta: «sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos» (ib 5). Esto demuestra que Jesús está siempre pronto a salvar a quien lo acepta como Salvador.

La segunda lectura (2 Cr 12. 7-10) enlaza con la temática de las otras, esbozando, a través de la confesión de S. Pablo, la conducta del profeta y apóstol. Aunque enviado por Dios y dotado de gracias especiales, el profeta debe recordar que no deja de ser un hombre débil como los demás. Pablo, consciente de «la grandeza de las revelaciones» recibidas, acepta humildemente aquella «espina en la carne» -tal vez una enfermedad o una tentación o una tribulación apostólica- que Dios le ha enviado para que no se ensoberbezca (ib 7). «Espinas» semejantes no faltan a nadie y el apóstol debe servirse de ellas para aumentar su humildad y confianza en Dios: «Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo» (ib 9). Más aún; en lugar de acobardarse por las dificultades que encuentra, debe aceptarlas como un componente indispensable de su misión: «Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (ib 10).

 

Hacia ti tengo los ojos levantados, tú que te sientas en los cielos; míralos, como los ojos de los siervos en la mano de sus amos. Como los ojos de una sierva en la mano de su señora, así nuestros ojos en el Señor nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros. (Salmo 123, 1-2).

Oh Señor, ilumínanos con la luz de la fe, disipando las tinieblas de este mundo; haz hijos de la gracia a los que estábamos condenados por la ley.

Has venido al mundo para ejercer un juicio, según el cual los que no ven están llamados a ver, y los que ven se tornan ciegos, de modo que quien confiesa las tinieblas de sus errores recibe la luz eterna y queda libre de las tinieblas del pecado. Los que se jactan de méritos personales, envueltos en su orgullo e injusticia, no se cuidan de recurrir a ti, Médico divino, que los puedes salvar, a ti, Jesús, que has dicho: Yo soy la puerta para ir al Padre.

Ven, pues, a nosotros, oh Jesús, a nosotros que oramos en tu santuario; cúranos a todos. Presentamos nuestras heridas ante tu majestad; cura nuestras enfermedades. Ven en nuestra ayuda, como tienes prometido a los que te lo ruegan, tú que nos has hecho de la nada. Prepare un colirio y toca los ojos de nuestro corazón y de nuestro cuerpo, no sea que nuestra ceguera nos vuelva a hundir en las tinieblas del error. Bañamos tus pies con nuestras lágrimas; no desprecies nuestra humillación. Oh buen Jesús, que has venido a nosotros en humildad, no queremos ya abandonar tus pasos. Escucha la oración de todos nosotros. Disipa la ceguera de nuestros pecados; concédenos contemplar la gloria de tu rostro en la felicidad de la paz eterna. (Cf. Priéres eucharistiques, 90).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

miércoles, 3 de julio de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): ¿Qué significa ser misericordiosos?

Tema del programa Nº 19 del ciclo:

¿Qué significa ser misericordiosos?

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 30 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 13º Domingo del Tiempo Ordinario: “No temas, solamente ten fe”

 

«Yo te ensalzo, Señor, porque me has levantado..., me has recobrado de entre los que bajan a la fosa» (SI 30, 2. 4).

El binomio muerte-vida constituye la temática central de la liturgia del día.

Dios, que es el viviente por excelencia, se autodefine: «Yo soy el que soy» (Ex 3, 14); él no puede ser más que el autor de la vida, «no fue Dios —dice el libro de la Sabiduría— el que hizo la muerte, ni se recrea en la «destrucción de los vivientes» (1, 13). Creando al hombre a su imagen y semejanza, no podía destinarlo a la muerte. La Escritura es explícita sobre este punto: «Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza» (2, 23). ¿De dónde procede, pues, la triste realidad de la muerte a la que nadie puede escapar? Desde las primeras páginas de la Biblia se la presenta como el castigo del pecado (Gn 3, 19), y el fragmento de hoy, aludiendo a esa idea, precisa: «Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo» (Sb 2, 24).

El Maligno incitando al hombre a pecar lo arrastró a la muerte total: muerte física y muerte espiritual, es decir separación eterna de Dios. Y mientras la muerte corporal -aunque siga siendo consecuencia del pecado- es para el justo tránsito a la vida eterna, la del impío coincide con la perdición eterna. «La justicia es inmortal» (Sb 1, 15), afirma la Escritura; o sea; los que viven según la virtud y según Dios, tienen asegurada la inmortalidad; en cambio, los impíos con sus pecados «llaman a la muerte» (ib 16), la muerte eterna, separación irreparable de Dios, fuente de la vida.

Redimiendo al hombre del pecado, Jesús lo ha redimido también de la muerte; le ha restituido plenamente su destino de vida eterna. Cristo demuestra este poder con las resurrecciones que obra; el Evangelio de hoy (Mc 5, 21-43) refiere el de la hija de Jairo. Igual que en el caso de Lázaro, no dice Jesús que está muerta, sino que duerme: «La niña no está muerta, está dormida» (ib 39); como para indicar que la muerte, lo mismo que el sueño admite un despertar y que para él no es más difícil resucitar a un muerto que despertar a uno que duerme.

Las resurrecciones realizadas por Jesús son ciertamente hechos excepcionales, pero esbozan una realidad muy superior que pondrá al fin de los tiempos para todos los hombres: la resurrección de los cuerpos. San Juan Crisóstomo, comentando la narración evangélica, dice: «¿No ha resucitado Cristo a tu hija? Pues bien, la resucitará con absoluta certeza y con una gloria mayor. Aquella niña, después de ser resucitada, murió de nuevo; pero tu hija cuando resucite, será para siempre inmortal» (In Mt 31, 3). Esta es la fe y la esperanza cierta del cristiano para sí y para todos sus seres queridos: «esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro» (Credo). Es preciso afianzar esa fe y esa esperanza para ser capaces de contemplar la muerte propia y la ajena con ojos cristianos: como nacimiento a la vida eterna y encuentro definitivo con Dios.

También la caridad ha de concurrir a serenar al hombre frente a la muerte. En la segunda lectura (2 Cr 8, 7 -9; 13- 15) exhorta San Pablo a los Corintios a dar su contribución generosa para aliviar la pobreza de los hermanos de Jerusalén. Y recordándoles que Jesús, «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para que con su pobreza nos hagamos ricos» (ib 9), les invita a inclinar la abundancia propia sobre la indigencia ajena, porque «un día la abundancia de ellos remediará vuestra falta» (ib 14). En otras palabras, la limosna que alivia la miseria material de los desheredados, remedia la moral de los hacen dados o de cualquiera que la realice. La caridad, la benevolencia y la generosidad para con los pobres, obtiene de Dios el perdón de los pecados y enriquece para la vida eterna.

 

Perdóname, Señor, antes de que me vaya y de que no exista en adelante. Líbrame de los pecados antes de que me vaya, para no marchar con ellos. Perdóname para que descanse en mi conciencia y me exonere de la agitación de la angustia. Me preocupo de esta angustia debido a mi pecado.

Ante todo, perdóname para ser aliviado antes de que me vaya y de que no exista en adelante. Si no me hubieses perdonado para ser aliviado, marcharé y no existiré...

Oh Señor, contemplo aquella bienaventurada región, aquella patria, aquella casa en la que los santos participan de la vida eterna y de la inmutable verdad, y temo ir fuera de allí adonde no se hace presente el ser, y deseo estar donde está el sumo ser...

Perdóname para ser aliviado antes de que me vaya y ya no exista en adelante. Si no me perdonas los pecados, estaré sin ti eternamente. ¿A quién, pues, me encaminaré eternamente? Hacia aquel que dijo: «Yo soy el que soy»; hacia aquel que dijo: «Di a los hijos de Israel: El que es me envió a vosotros». Quien camina en sentido opuesto de aquel que es, se dirige al no ser. (San Agustín, In Ps 38, 22).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

viernes, 28 de junio de 2024

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: Oración del Jubileo y comentario espiritual

 




La oración fue compuesta por los capellanes del Santuario de Paray-le-Monial, con la participación de la parroquia, los Visitandinas, los Jesuitas y los empleados en misión del Santuario. Consta de tres partes: la introducción, las letanías y la peroración final.

La introducción

Señor Jesús, que revelaste a Santa Margarita María tu Corazón tan apasionado de amor por todos los hombres y por cada uno en particular.

La oración se dirige a Jesús y se expresa en primera persona del plural, porque la devoción al Sagrado Corazón es a la vez personal y eclesial. La primera frase recuerda el acontecimiento que conmemora el Jubileo: las Apariciones del Sagrado Corazón hace 350 años. Se refiere directamente a la primera gran Aparición, el 27 de diciembre de 1673, durante la cual Jesús declaró: “Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres, y por vosotros en particular”.

Hoy nos invitas a beber del manantial de tu Corazón, que permanece más abierto que nunca.

La segunda frase expresa la actualidad de la gracia experimentada en Paray y contiene una alusión al cántico de Isaías 12: “Exultantes de alegría, sacaréis agua de las fuentes de la salvación” (v. 3); versículo que dio nombre a la Encíclica del Papa Pío XII en 1956, Haurietis Aquas in Gaudio. El final retoma las palabras del Papa Juan Pablo II el 6 de enero de 2001, en la clausura de la Puerta Santa durante el Gran Jubileo del Año 2000 en Roma: “Con el cierre de la Puerta Santa, se cierra un símbolo de Cristo. Pero el Corazón de Jesús permanece más abierto que nunca”.

Las seis letanías

En este sacramento del amor que es la Eucaristía,

La segunda parte está introducida por la expresión “Sacramento de amor”, con la que el Señor designó la Eucaristía durante la gran Aparición de junio de 1675. Se compone de cinco letanías, que ponen a los peregrinos en la escuela de la experiencia espiritual de Santa Margarita María.

Te ofrecemos nuestros trabajos y nuestros cansancios: que encontremos en ti nuestro descanso.

En primer lugar, el 27 de diciembre de 1673, va a descansar largo tiempo sobre el Corazón de Jesús: “Me hizo descansar mucho tiempo sobre su divino pecho”. En una carta al padre Croiset, precisa que este reposo duró “varias horas”. Responde así a la llamada de Jesús en el Evangelio a descansar en su Corazón: “Venid a mí todos los que estáis agobiados por una pesada carga, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y haceos mis discípulos, porque soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”. (Mt 11, 28-29). El discípulo San Juan fue el primero en tener tal experiencia en la Última Cena (Jn 13, 25), hecho de tal importancia que el Evangelio vuelve a referirse a él después de la resurrección (Jn 21, 20). Muy pronto, los primeros cristianos asociaron a Juan con esta experiencia tan especial. En 180 d.C., Ireneo de Lyon escribió: “Entonces Juan, el discípulo del Señor, que descansaba sobre su pecho, publicó también el Evangelio, mientras vivía en Éfeso de Asia” (Contra las herejías III,1,1).

Te presentamos nuestros sufrimientos y nuestras heridas: consuélanos y cúranos;

En segundo lugar, el Corazón de Jesús es fuente de consuelo y curación. El Papa Francisco nos invita a acercar nuestras heridas a las heridas de Jesús. El himno de la primera epístola de Pedro aplica a Jesús lo que el profeta Isaías anunció en el cuarto poema del siervo sufriente: “Por sus llagas hemos sido curados” (Isaías 53,5 y 1 Pe 2,24). Lo que el Papa dice de todo santuario: “vamos a los santuarios para ser consolados” (Congreso de Rectores de Santuarios, noviembre 2023) se aplica de modo singular a Paray.

La analogía del Corazón con la imagen del sol y el horno durante la aparición de 1674 recuerda el versículo del profeta Malaquías “saldrá el Sol de justicia: traerá la curación en sus rayos” (Mal 3, 20) frecuentemente citado en la espiritualidad parediana.

Te mostramos nuestra dureza de corazón: haznos mansos y humildes;

En tercer lugar, el 27 de diciembre, Jesús pidió a Margarita María su corazón. “Le rogué que lo tomara, lo cual hizo, y lo puso en su adorable corazón, en el cual me lo mostró como un pequeño átomo que se consumía en aquel horno ardiente, del cual, retirándolo como una llama ardiente en forma de corazón, lo volvió a poner en el lugar de donde lo había sacado”. Con ello, el Señor cumple la promesa profetizada en Ezequiel: “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Os quitaré el corazón de piedra de vuestra carne y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y os haré andar según mis preceptos” (Ez 36,26-27). Jesús describe su Corazón como “manso y humilde” (Mt 11,29) y constata la dureza de corazón de sus interlocutores o de los discípulos (por ejemplo en Mt 19,8 o Mc 6,52).

Ponemos ante ti nuestras ingratitudes e indiferencias: que te devolvamos amor por amor;

En cuarto lugar, durante la aparición de 1674, Jesús se quejó de la falta de amor por parte de los hombres: “Me reveló las maravillas inexplicables de su amor puro, y hasta qué exceso le había llevado a amar a los hombres, de quienes no recibía más que ingratitud y desprecio”. Pidió a Margarita Maria que “devolviera amor por amor”, expresión utilizada varias veces por la Visitandina. Es también el tema elegido para este 350º Jubileo.

Te expresamos nuestra sed de amarte y de anunciarte: envíanos la fuerza de tu Espíritu Santo.

En quinto lugar, la devoción al Sagrado Corazón nos renueva en nuestro celo misionero para dar testimonio al mundo de este amor ardiente, que es lo que Margarita Mariay Claude La Colombière se propusieron hacer, cada uno según su propia vocación. “Mi divino Corazón es tan apasionado en su amor por los hombres, y por vosotros en particular, que no pudiendo ya contener en sí las llamas de su ardiente caridad, debe difundirlas por medio de vosotros, y manifestarse a ellos para enriquecerlos con sus preciosos tesoros que os descubro”, dijo Jesús durante la aparición de 1673. El tema de la sed asociada al amor está también muy presente en las apariciones. En una de sus cartas al padre Croiset, Margarita Maria decía que Jesús la había elegido como “instrumento para establecer esta devoción y atraer los corazones al amor de su adorable Hijo, que tenía una sed tan ardiente de ser conocido, amado y honrado por los hombres”.

La peroración final

Señor, nos consagramos a tu Corazón, horno ardiente de caridad

Finalmente, la tercera parte aparece como la culminación del movimiento espiritual de esta oración de consagración al Corazón de Jesús. Es bueno recordar que el lugar de la ofrenda es la Eucaristía, como dijimos antes. Consagrarse al Corazón de Jesús no es otra cosa que consagrarse a su persona, a Jesús mismo. Jesús habló de su Corazón a santa Margarita María como “el horno ardiente del amor puro” (carta a la madre de Saumaise). A lo largo de las apariciones, es el símbolo del fuego el que predomina, como en la aparición de 1674 reproducida en el fresco de la capilla de las Apariciones: “Jesucristo, mi dulce Maestro, se me presentó todo deslumbrado de gloria con sus cinco llagas, resplandecientes como cinco soles, y de esta sagrada Humanidad salían llamas por todas partes, pero especialmente de su adorable pecho, que parecía un horno; y habiéndose abierto, me reveló su Corazón todo amor y todo amor, que era la fuente viva de estas llamas. “

Haznos instrumentos que atraigan los corazones a tu Amor.

En el retiro de 1678, Margarita Maria anota esta afirmación de Jesús “Quiero que me sirvas de instrumento para atraer los corazones a mi amor”, que se recoge en nuestra oración.

Haznos arder en tu amor compasivo que nos haga testigos ante el mundo de este Corazón que tanto nos ha amado. Amén.

La petición de “arder en tu amor compasivo” se sitúa en el registro simbólico del fuego en el que se sitúa la experiencia espiritual de Margarita María, como acabamos de decir. Se trata de entrar en “los sentimientos que hay en Cristo Jesús” (Flp 2,5), en la compasión por las muchedumbres que embargaba su corazón: “Al ver a las muchedumbres, Jesús sintió compasión de ellas, porque estaban desamparadas y angustiadas, como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9,36). (Mt 9, 36). La oración termina con las palabras de junio de 1675, que parecen ser el culmen de la experiencia espiritual de santa Margarita María: “Este es el Corazón que amó tanto a los hombres que no escatimó nada hasta agotarse y consumirse para mostrarles su amor”.

Este comentario de la oración del jubileo ha sido realizado por los Padres Etienne Kern y Jean-Rodolphe Kars

 

jueves, 27 de junio de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): Pruebas sobre la Existencia de Dios (segunda parte)

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 17:

Tema: Pruebas sobre la Existencia de Dios (segunda parte)

Contenido:

-      Pruebas sobre la Existencia de Dios (Apologética Fundamental):

 

Prueba 3ª: El testimonio unánime de la humanidad.

Prueba 4ª: El testimonio de los sabios.

Refutación de algunas objeciones sobre las pruebas de la existencia de Dios.

 

-      Magisterio de la Iglesia:

 

“Jesucristo, mediador y plenitud de toda la revelación”, Benedicto XVI, Catequesis N°343, del 16 de enero de 2013 (audio de la síntesis en español).

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 26 de junio de 2024.


domingo, 23 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 12º Domingo del Tiempo Ordinario: “¿Por qué estáis con tanto miedo?”

 

«Señor, tú libras de la angustia; tú transformas la tempestad en calma» (SI 107, 28-29).

La liturgia de la Palabra se centra hoy en el tema de la omnipotencia de Dios, y de su señorío sobre el universo. La lectura del Antiguo Testamento presenta la singular visión concedida a Job en respuesta a sus lamentos y angustiosos interrogantes por las graves desventuras que le habían golpeado. Dios se le muestra como creador y amo de todos los elementos y como señor del mar que él contiene en unos límites prefijándola. «Llegarás hasta aquí, no más allá; aquí se romperá el orgullo de tus olas» (Jb 38, 11). Al mostrar su poder y grandeza infinita, Dios quiere darle a entender que el hombre no puede osar discutir con él y pedirle cuentas de lo que hace. Job, hombre justo, comprende, se retracta de sus protestas y se remite al juicio insondable de Dios. A la sumisión resignada de Job -que sigue siendo un ejemplo luminoso- el cristiano está en situación de añadir la confianza y el abandono filial en la providencia del Padre celeste, cuyo revelador ha sido Cristo.

En el Evangelio vuelve el mismo tema en un contexto divino, iluminado por la presencia de Cristo, posesor de la omnipotencia divina. Es de noche. El Maestro con sus discípulos está en la barca sobre el lago y, cansado de las fatigas de la jornada, se duerme. De improviso se desencadena «una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba» (Mc 4, 37). Los discípulos asustados le despiertan, y él con una simple orden calma aquel temporal. «Increpó al viento y dijo al mar: "Calla, enmudece". El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza» (ib 39).

Salvados de la tempestad, los discípulos son presa de un temor nuevo. Habían visto a Jesús dormir en el fondo de la barca como un hombre cualquiera, y de repente le ven hacer cosas imposibles para un hombre. Y se preguntan mutuamente: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?» (ib 41). Pero el Maestro ha respondido ya implícitamente diciendo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» (ib 40). Reprochándoles su falta de fe, Jesús viene a decirles que él es Dios, porque sólo Dios puede exigir que se crea en su poder de dominar las tempestades y de salvar de la muerte. El pánico había desbaratado la fe débil aún de los discípulos, haciéndoles olvidar los milagros que habían visto ya obrar al Maestro.

También hoy las desventuras, los sufrimientos, los peligros, las vicisitudes borrascosas de la vida personal y de la vida de la Iglesia hacen vacilar la fe demasiado débil de muchos creyentes, que murmuran, como Job, o tiemblan como los discípulos en el lago, olvidando que Cristo está siempre con sus fieles y con su Iglesia y que no deja de asistirles, aunque su presencia sea escondida y silenciosa, como la del Maestro dormido en la barca. Y hasta es más silenciosa, porque no se despierta para hacer milagros y ni siquiera se ha de pretender que los haga. El gran milagro es que Cristo conduce a su Iglesia y a cada uno de sus miembros a la salvación a través de tempestades y adversidades. El que cree firmemente no se perderá, sino llegará a ser «una creatura nueva» (2 Cr 5, 17), no turbada ya por las tribulaciones porque está anclada en la fe del que ha muerto y resucitado por nosotros.

 

“Hacia ti clamo, Señor; roca mía, no estés mudo ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que los que bajan a la fosa. Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Señor, al santuario de tu santidad...

Señor, mi fuerza, escudo mío; en él confió mi corazón, he recibido ayuda: mi carne de nuevo ha florecido; le doy gracias de todo corazón. Señor, fuerza de su pueblo, fortaleza de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad”. (Salmo 28, 1-2. 7-9).

 

“Te pedimos, oh Señor, que nos sea devuelta pronto la paz, que se nos conceda al punto la ayuda en medio de estas tinieblas o de estos peligros, que se cumplan las promesas que te has dignado anunciar a tus siervos: la restauración de la Iglesia, la seguridad de la salud eterna, después del aguacero la escampada, después de las tinieblas la luz, después de las borrascas y temporales una dulce tranquilidad.

Y pedimos también el auxilio benévolo de tu amor paternal, las maravillas de tu majestad divina, de modo que sean confundidos los perseguidores, sea más sincera la penitencia de los caídos y la fe robusta y firme de los que perseveran sea glorificada. (San Cipriano, Cartas, 7, 8).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

viernes, 21 de junio de 2024

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: En los 350 años de las apariciones el Papa nos explica “Reparar lo irreparable”

 

En el contexto del 350 aniversario de las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa recibió en audiencia, el 04 de mayo de 2024, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a los participantes en el Congreso “Reparar lo irreparable”. Les ofrezco a continuación el discurso del Papa Francisco.

Me complace recibirles y darles mi cordial bienvenida. Doy las gracias a monseñor Benoit Rivière y al padre Louis Dupont por haber tomado la iniciativa de este encuentro, en el marco de la celebración del 350 aniversario de las apariciones de Jesús a santa Margarita María. La reparación es un concepto que encontramos a menudo en la Sagrada Escritura. En el Antiguo Testamento, adquiere una dimensión social de compensación por el mal cometido. Es el caso de la ley mosaica, que preveía la restitución de lo robado o la reparación del daño causado (cf. Ex 22, 1-15; Lv 6, 1-7). Era un acto de justicia destinado a salvaguardar la vida social. En el Nuevo Testamento, sin embargo, adopta la forma de un proceso espiritual, en el marco de la redención realizada por Cristo. La reparación se manifiesta plenamente en el sacrificio de la Cruz. La novedad es que revela la misericordia del Señor hacia el pecador. La reparación contribuye así a la reconciliación de los hombres entre sí, pero también a la reconciliación con Dios, porque el mal cometido contra el prójimo es también una ofensa contra Dios. Como dice Ben Sirac el Sabio, «¿no ruedan las lágrimas de la viuda por las mejillas de Dios?» (cf. Si 35,18). Queridos amigos, ¡cuántas lágrimas siguen rodando por las mejillas de Dios, mientras nuestro mundo experimenta tantos abusos contra la dignidad de la persona, incluso dentro del Pueblo de Dios!

El título de vuestra conferencia reúne dos expresiones opuestas: «Reparar lo irreparable». De este modo, nos invita a la esperanza de que toda herida puede ser curada, aunque sea profunda. La reparación completa parece a veces imposible, cuando se han perdido para siempre bienes o seres queridos o cuando ciertas situaciones se han vuelto irreversibles. Pero la intención de reparar y de hacerlo concretamente es esencial para el proceso de reconciliación y el retorno de la paz al corazón. La reparación, para ser cristiana, para tocar el corazón de la persona ofendida y no ser un mero acto de justicia conmutativa, presupone dos actitudes desafiantes: reconocerse culpable y pedir perdón. Reconocerse culpable. Toda reparación, humana o espiritual, comienza por el reconocimiento del propio pecado. ‘Acusarse forma parte de la sabiduría cristiana, esto agrada al Señor, porque el Señor acoge al corazón contrito’ (Homilía en la Misa de Santa Marta, 6 de marzo de 2018). De este reconocimiento honesto del daño hecho al hermano, y del sentimiento profundo y sincero de que el amor ha sido herido, nace el deseo de reparar.

De pedir perdón. Es la confesión del mal cometido, siguiendo el ejemplo del hijo pródigo que dice al Padre: «He pecado contra el cielo y contra ti» (Lc 15,21). Pedir perdón reabre el diálogo y manifiesta la voluntad de restablecer el vínculo en la caridad fraterna. Y la reparación -incluso un principio de reparación o ya simplemente la voluntad de reparar- garantiza la autenticidad de la petición de perdón, manifiesta su profundidad, su sinceridad, toca el corazón del hermano, lo consuela y suscita en él la aceptación del perdón solicitado. Así, si lo irreparable no puede repararse del todo, siempre puede renacer el amor, que hace soportable la herida. Jesús pidió a Santa Margarita María actos de reparación por las ofensas causadas por los pecados de los hombres. Si estos actos consolaron su corazón, esto significa que la reparación puede consolar también el corazón de toda persona herida. Que los trabajos de vuestra Conferencia renueven y profundicen el sentido de esta hermosa práctica de reparación al Sagrado Corazón de Jesús, una práctica que hoy puede estar un tanto olvidada o erróneamente juzgada obsoleta. Y que ayuden también a realzar el lugar que le corresponde en el camino penitencial de cada bautizado en la Iglesia.

Rezo para que vuestro Jubileo del Sagrado Corazón suscite en tantos peregrinos un mayor amor de gratitud a Jesús, un mayor afecto; y para que el santuario de Paray-le-Monial sea siempre un lugar de consuelo y de misericordia para toda persona en busca de paz interior. Os doy mi Bendición. Y os pido, por favor, que recéis por mí. Gracias.

Papa Francisco

miércoles, 19 de junio de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Misericordiosos como el Padre

Tema del programa Nº 18 del ciclo:

Misericordiosos como el Padre

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 16 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 11º Domingo del Tiempo Ordinario: “El Reino de Dios es…”

 

«Abre, Señor, nuestro corazón, para que nos adhiramos a tus palabras» (Hc 16, 14).

Dios resiste a los soberbios y los humilla, para que en la impotencia humana resalte con evidencia la omnipotencia divina. Así cuando Israel se ensoberbeció por los privilegios de su elección, Dios lo afligió y lo podó enérgicamente por medio del destierro y la cautividad, reduciéndolo a un «resto» de gente pobre, humilde y despreciada. Precisamente a este «resto» se dirigían los profetas para mantener despierta su esperanza en las promesas divinas. Así Ezequiel habla de un «ramo» que Dios cortará del cedro fuerte y robusto, para trasplantarlo «sobre un monte elevado». «Echará ramas», de modo que «debajo de él habitarán toda clase de pájaros» (Ez 17, 22-23). Profecía mesiánica que enlaza con la de Isaías: «Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará» (11, 1). Según lo ha prometido Dios, el Salvador saldrá de Israel; no de un Israel fuerte y poderoso -el cedro elevado-, sino humilde y fiel, como lo fue la Virgen María; de ahí saldrá el pequeño «ramo» del que se originará el pueblo de Dios.

El mismo estilo continúa usando Dios en el mundo para instaurar su reino y salvar a los hombres. Deja a un lado a los grandes y poderosos y se sirve de criaturas y cosas humildes y pequeñas; lo mismo que es pequeña la semilla echada en el campo es insignificante el grano de mostaza. Jesús se ha servido precisamente de estas imágenes para dar a entender que el reino de Dios no es una realidad que se imponga por el poder o la grandeza visible, sino una realidad escondida, sembrada en los corazones humildes, pero que tiene una vitalidad y una fuerza de expansión inimaginables. El hombre no puede percibirlo, como el labrador no puede verificar de qué modo la semilla confiada a la tierra germina y se desarrolla; crece ciertamente, aunque él «ignore» cómo se efectúa.

Las parábolas evangélicas de la semilla y del grano de mostaza (Mc 4, 26- 34), al mismo tiempo que un reclamo a la humildad, único terreno apto para el desarrollo del reino de Dios, lo son también a un sano optimismo fundado en la eficacia infalible de la acción divina. Aun cuando los hombres se perviertan hasta negar a Dios, considerarlo «muerto» u obrar como si no existiese, él está siempre presente y operante en la historia humana y sigue esparciendo la semilla de su reino. La Iglesia misma que colabora en esta sementera, muchas veces no ve los frutos; pero es cierto que un día madurarán las espigas.

Entretanto hay que esperar con paciencia, la hora señalada por Dios, como el labrador espera sin inquietarse que pase el invierno y que germine el grano. Hay que esperar también con humildad, aceptando ser «grano de mostaza» o «pequeño rebaño», sin pretensiones de pueblo poderoso y fuerte. Y esto que es cierto para la Iglesia, lo es también para los particulares. También en el corazón del hombre se desarrollan el reino de Dios y la santidad escondidamente; por eso no hay que desanimarse si después de repetidos esfuerzas se encuentra uno débil y defectuoso. Hay que perseverar en el esfuerzo, pero confiando sólo en Dios, porque sólo él puede hacer eficaz la acción del hombre.

 

Oh Dios, fortaleza de los que en ti esperan, escucha el grito de la humanidad víctima de una debilidad mortal: nada podemos sin tu ayuda; socórrenos con tu gracia, para que, siguiendo el camino de tus mandatos, podamos agradarte con las intenciones y la obras. (Misal Romano, Colecta).

¡Oh Dios omnipotente, que para muestra de tu omnipotencia escoges las cosas viles para confundir las altas, y tomas las cosas flacas para destruir las fuertes, y por instrumentos pequeños haces cosas grandes, para que ninguno de los mortales pueda gloriarse en sí, sino en ti! Concédeme que de corazón ame y abrace las cosas pequeñas que tú escogiste, para que sea digno de alcanzar las grandes que en ellas encerraste. Sea yo, Salvador mío, grano de mostaza, molido, como tú, con desprecios y tormentos, para que alcance los eternos descansos. (Luis de la Puente, Meditaciones, III, 46, 1)

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

jueves, 13 de junio de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): Pruebas sobre la Existencia de Dios (primera parte)

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 16:

Tema: Pruebas sobre la Existencia de Dios (primera parte)

Contenido:

-      Pruebas sobre la Existencia de Dios (Apologética Fundamental):

 

Prueba 1ª: El testimonio de la razón.

Prueba 2ª: El testimonio de la propia conciencia.

 

-      Magisterio de la Iglesia:

 

   “Se hizo hombre”, Benedicto XVI, Catequesis N°342, del 9 de enero de 2013 (audio de la síntesis en español).

 

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 12 de junio de 2024.

 

domingo, 9 de junio de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 10º Domingo del Tiempo Ordinario: “Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”

 

«En ti, Señor, está el amor; junto a ti, abundancia de redención» (Salmo 130, 7).

La Liturgia abre, hoy la primera página de la salvación. El hombre y la mujer, culpables de haber transgredido el precepto divino, son interrogados por Dios. Adán echa la culpa a Eva, y Eva a la serpiente. La cadena del pecado se prolonga y a través de los progenitores estrechará en sus lazos a toda la especie humana. Pero Dios tiene piedad de sus criaturas y mientras condena a la serpiente de modo absoluto, deja vislumbrar la salvación de los hombres: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; él te pisará la cabeza» (Gn 3, 15). Desde ese momento Satanás ha sido el eterno enemigo del hombre, empeñándose en hacerlo morir en el pecado. «Pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (Jn 12, 31), que lo retenía en la esclavitud del pecado» (GS 13). Jesús, linaje de la Mujer, hijo de María, ha venido a acabar con el poder de Satanás.

«Y recorría toda Galilea -dice el Evangelio- expulsando los demonios» (Mc 1, 39). El hecho suscitaba tanto entusiasmo entre el pueblo que los escribas -incrédulos y malvados-, no pudiendo negar la evidencia y no queriendo reconocer en Jesús al Mesías, atribuyen su poder al influjo de Belcebú. El Maestro reacciona: «Si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir» (Mc 3, 26). De hecho Satanás está en quiebra, pero por causa bien distinta: porque ha venido uno más fuerte que él, el Hijo de Dios, que tiene poder para atarlo por virtud del Espíritu Santo operante en él. La discusión se concluye con palabras tremendas: «Todos los pecados se les perdonarán a los hijos de los hombres. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón nunca» (ib 28-29). Pecado contra el Espíritu Santo es atribuir a Satanás lo que es obra del Espíritu de Dios, y pues este pecado -como en el caso de los fariseos- nace del orgullo que niega y rechaza a Dios, el hombre que lo comete se excluye voluntariamente de la salvación. Dios no salva al que no quiere ser salvado.

Este episodio de tintas fuertes está seguido en Marcos de otro que abre el corazón a la esperanza. Su madre y algunos otros parientes habían venido a buscarlo; y Jesús responde: «Quién cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (ib 35). Todos los que siguiendo su ejemplo abrazan la voluntad del Padre y la cumplen, quedan unidos a él con vínculos tan íntimos que son comparables a los más estrechos lazos familiares. Y de esta unión a Cristo en la única voluntad del Padre, se sacan las fuerzas para vencer a Satanás. Como Cristo por su obediencia hasta la muerte de cruz ha reparado la desobediencia de Adán y ha vencido a Satanás, así el cristiano lo vencerá asociándose a la obediencia del Salvador, pero no sin pasar como él por el camino de la cruz. En el esfuerzo de la lucha no se asusta porque se apoya en Cristo vencedor y sabe que por sus méritos «la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna» (2 Cr 4, 17).

 

¡Salvador y Señor de todos los hombres, autor de toda liberación y de todo rescate, esperanza de los que se encuentran bajo tu mano poderosa! Tú has abolido el pecado; por medio de tu Hijo único, has destruido las obras de Satanás, has desvanecido sus artificios, has librado a los que él tenía encadenados.

Toda empresa diabólica, Señor, todo poder de Satanás, toda asechanza del adversario, toda plaga, todo suplicio, toda pena, golpe, choque, sombra maléfica tema tu nombre que invocamos y el nombre de tu Hijo único; aléjense del alma y del cuerpo de tus siervos, para que sea santificado el nombre del que por nosotros fue crucificado, resucitado y que tomó sobre sí nuestros males y enfermedades, Jesucristo, que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. (Oraciones de los primeros cristianos, 181; 207).

Bendito eres, Señor; enséñame tus mandamientos. Señor, has sido nuestro refugio de generación en generación. Dije: Señor, ten piedad de mí, sana mi alma porque he pecado. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios, porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz veremos la luz. Conserva tu misericordia a los que te confiesan. (Oraciones de los primeros cristianos, 225).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


viernes, 7 de junio de 2024

¡BUENOS DÍAS, ÁVILA! (audios): España y el Sagrado Corazón de Jesús


Tema de esta emisión:

España y el Sagrado Corazón de Jesús

Este ciclo radiofónico incluye una serie de reflexiones del Padre José Medina que nos pretenden hacer ver el nuevo día con ilusión y esperanza, centrados en Cristo Jesús.

¡Buenos días, Ávila! se emitió originalmente en días rotativos a las 8 de la mañana durante los años 2009-2010 en Cadena Cope Ávila, España.