lunes, 21 de octubre de 2024
domingo, 20 de octubre de 2024
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 29º Domingo del Tiempo Ordinario: “El que quiera llegar a ser grande, será vuestro servidor”
«Nosotros aguardamos al Señor; él es nuestro auxilio y nuestro escudo» (SaImo 32, 20).
La Liturgia eucarística es siempre sacrificial, porque es memorial y celebración del Sacrificio de la cruz. Pero este su carácter queda hoy evidenciado especialmente por la Liturgia de la Palabra, centrada enteramente en el misterio de la pasión y muerte de Jesús. La primera lectura (Is 53, 10- 11) un anuncio de ella en breves versículos que revelan el plan divino acerca del «Siervo de Yahvé», figura de Cristo. «El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento» (ib 10); tal fue la voluntad de Dios, que quiso entregar a su Unigénito por la salvación del mundo; y tal será la voluntad de Cristo «cuando entregue su vida como expiación» (ib). Ese sacrificio voluntario «justificará a muchos» (ib 11), o sea salvará la multitud de los hombres, salvará a todos los que acepten ser salvados. El precio será su muerte, con la cual expiará «los crímenes de ellos» (ib). En verdad no es una fruslería el pecado, como tampoco el amor de Dios a los hombres una chanza ni una figura literaria, si para redimirlos ha querido Dios que su Hijo muriese en cruz. Muerte que terminó, es cierto, en la gloria de la resurrección, pero sólo pasando por los rigores y las angustias más crueles.
El Evangelio del día (Mc 10, 35-45) deja oír la petición de los hijos de Zebedeo en contraste estridente con el discurso sobre la Pasión, que por tercera vez anuncia Jesús: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (ib 37). El hombre intenta siempre evadirse del sufrimiento y asegurarse en cambio, el honor. Pero Jesús lo desengaña; el que quiera tener parte en su gloria deberá beber con él el amargo cáliz del sufrimiento: «¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» (ib 38). Aunque los dos apóstoles no hayan comprendido aún el misterio de la cruz, responden afirmativamente: «Lo somos» (ib), y su respuesta es una profecía. Un día, en efecto, cuando hayan comprendido ya las profundas exigencias del seguimiento de Cristo, sabrán sufrir y morir por él; mas para hacerlo, habrán debido renunciar a toda pretensión de primacía.
En la Iglesia de Cristo no hay lugar para las mezquinas competiciones del orgullo, para los manejos de la ambición, para el afán de triunfo, gloria o preeminencia sobre los otros. El que se deja dominar de tales deseos desordenados, se porta no como cristiano sino como pagano: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los gentiles, los gobiernan como señores absolutos -dice Jesús-. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero sea esclavo de todos» (ib 42-43). Si puede haber una competición entre cristianos será por adueñarse del puesto de mayor servicio, pero sin ostentación, procurando no sobresalir sino desaparecer. Jesús da el ejemplo: él «no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar la vida en rescate por todos» (ib 45). Así, pues, a servir llevando la cruz por sí y por los otros, sufriendo para expiar las culpas propias y las ajenas, ofreciéndose junto con Jesús «en rescate por todos».
Para
animar a los creyentes a llevar la cruz, san Pablo (2.a lectura: Hb 4, 14- 16)
les recuerda que tienen en Jesús «un Sumo Sacerdote grande», el cual, habiéndose
hecho en todo semejante a los hombres, conoce sus debilidades, pues las
experimentó «en todo exactamente... menos en el pecado». El, que ora está
sentado a la diestra del Padre para interceder por ellos, fue pasible como
ellos, agonizó y temió como ellos frente al sufrimiento y a la muerte, y así
puede compadecerse de ellos y socorrerlos. «Por eso, acerquémonos con seguridad
al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos
auxilie oportunamente» (ib 16).
¡Oh Señor mío! Cuando pienso por qué de maneras padecisteis y cómo por ninguna lo merecíais, no sé qué me diga de mí, ni dónde tuve el seso cuando no deseaba padecer, ni adónde estoy cuando me disculpo. Ya sabéis Vos, Bien mío, que si tengo algún bien, que no es dado por otras manos sino por las vuestras. Pues ¿qué os va, Señor, más en dar mucho que poco? Si es por no lo merecer yo, tampoco merecía las mercedes que me habéis hecho. ¿Es posible que he yo de querer que sienta nadie bien de cosa tan mala, habiendo dicho tantos males de Vos, que sois bien sobre todos los bienes? No se sufre, no se sufre, Dios mío -ni querría yo lo sufrieseis Vos-, que haya en vuestra sierva cosa que no contente a vuestros ojos. Pues mirad, Señor, que los míos están ciegos y se contentan de muy poco. Dadme Vos luz y haced que con verdad desee que todos me aborrezcan, pues tantas veces os he dejado a Vos, amándome con tanta fidelidad.
Es el caso que, como somos inclinadas a subir -aunque no subiremos por aquí al cielo-, no ha de haber bajar. ¡Oh Señor, Señor! ¿Sois Vos nuestro dechado y Maestro? Sí, por cierto. ¿Pues en qué estuvo vuestra honra, Honrador nuestro? No la perdisteis, por cierto, en ser humillado hasta la muerte; no, Señor, sino que la ganasteis para todos. (Santa Teresa de Jesús, Camino, 15, 5; 36, 5).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María
Magdalena, OCD.
viernes, 18 de octubre de 2024
SANTO CURA BROCHERO: Reseña de su historia y cronología de su vida
San José
Gabriel del Rosario Brochero nació el 16 de
Marzo de 1840 en las cercanías de Villa Santa Rosa (Provincia de Córdoba,
Argentina). A los 16 años entró al Seminario Mayor de Córdoba “Nuestra Señora
de Loreto” en donde recibió su formación sacerdotal y en la Universidad de
Córdoba cursó sus estudios filosóficos y teológicos. Fue ordenado sacerdote el
4 de noviembre de 1866.
Llegó a
Traslasierra en 1869. Desplegó su intenso ministerio pastoral. Un rasgo típico
de su vida sacerdotal fue la presentación del Evangelio mediante un lenguaje
vívido y cercano a la comprensión de la gente sencilla. Su preocupación fue
iluminar la vida de sus fieles a partir de la Palabra de Dios no de forma
general y abstracta sino aplicada a las circunstancias concretas de la vida. Su
principal instrumento de evangelización fueron los Ejercicios Espirituales de
San Ignacio de Loyola. Construyó, junto a los fieles, una casa de ejercicios,
acueductos, caminos, escuela y capillas.
Murió enfermo
de lepra y ciego en Villa del Tránsito el 26 de enero de 1914, a los 74 años de
edad, hoy nuestro pueblo lleva su nombre. Fue canonizado el 16 de octubre de
2016 por el Papa Francisco.
Cronología de la vida de San José Gabriel del Rosario Brochero
16.03.1840 – Nace en Carreta Quemada o Santa Rosa de Río Primero.
17.03.1840 – Bautizado en la iglesia parroquial de Santa Rosa.
05.03.1856 – Ingresa en el Colegio Seminario «Nuestra Señora de Loreto (Córdoba).
04.11.1866 – Ordenado presbítero por el Obispo Ramírez de Orellano.
01.07.1867 – Designado Capellán de Coro en la Catedral de Córdoba.
15.03.1869 – Designado prefecto de Estudios del Seminario Mayor.
12.11.1869 – Obtiene grado de Maestro de Filosofía (Universidad de Córdoba).
05.12.1869 – Toma posesión del Curato de San Alberto.
16.08.1875 – Inicia la construcción de la Casa de Ejercicios.
08.1877 – Inaugura la
Casa de Ejercicios en Villa del Tránsito.
30.01.1880 – Llegada de las Hermanas Esclavas desde Córdoba.
01.03.1880 – Inaugura el Colegio de Niñas en Villa del Tránsito.
04.08.1885 – Designado Cura del Tránsito.
1887-1896 – Construcción
de caminos y otras obras.
26.04.1898 – Acepta
la canonjía efectiva en la Catedral de Córdoba.
30.05.1898 – Entrega el Curato del Tránsito.
1898-1902 – Ejercicios,
misiones y otras obras en distintos lugares.
03.10.1902 – Asume nuevamente el Curato del Tránsito.
20.07.1905 –
Obtiene sanción ley construcción ramal Soto- Dolores.
22.08.1907 – Renuncia al Curato del Tránsito.
05.02.1908 –
Entrega el Curato del Tránsito y se radica en Santa Rosa.
21.10.1912 –
Regresa a vivir a Villa del Tránsito.
23.01.1914 – Recibe los últimos sacramentos de manos del cura de Bell Ville.
26.01.1914 – Muere leproso y ciego en Villa del Tránsito.
17.03.1967 – La Santa Sede autoriza que el proceso ordinario informativo se instruya en
la Arquidiócesis de Córdoba, Argentina. Este pedido fue hecho por Mons. Enrique
Pechuán Marín, 1er obispo de Cruz del Eje.
14.09.2013 –
Beatificación en la Villa Cura Brochero, Córdoba, Argentina.
16.10.2016 – Canonización en Roma por el Papa Francisco.
jueves, 17 de octubre de 2024
APOLOGÉTICA HOY (audios): El Transformismo (explicación y refutación)
Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".
Director: Padre José Antonio Medina.
Tema del episodio Nº 22:
Tema: El Transformismo (explicación y refutación)
Contenido:
- Refutación del ateísmo (Apologética Fundamental):
1- Exposición del Transformismo.
2- Diferencias entre Lamarck y Darwin.
3- Postulados de la Teoría de Lamarck.
4- Refutación del Transformismo.
- Magisterio de la Iglesia:
“El guardián de Israel (Salmo 120)”, como parte del tema: Salmos y cánticos de las vísperas, Benedicto XVI, Catequesis N°2, del 4 de mayo de 2005 (audio de la síntesis en español).
Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 16 de octubre de 2024.
lunes, 14 de octubre de 2024
domingo, 13 de octubre de 2024
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 28º Domingo del Tiempo Ordinario: “Jesús, fijando en él su mirada, le amó”
«Enséñame, Señor, a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato» (SaImo 89, 12).
Los textos escriturísticos de hoy giran en torno al valor de la sabiduría en oposición a la riqueza como inmensamente preferible a ella. La primera lectura (Sb 7, 7-11) reproduce el elogio de la sabiduría puesto en boca de Salomón, que la pide a Dios sobre todo otro bien. «Supliqué y se me concedió un espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena» (ib 7-9). La riqueza es un valor puramente terreno y, por tanto, caduco; la sabiduría, en cambio, posee un «resplandor que no tiene ocaso» (ib 10), que permanece eternamente. Es claro que no se trata de la sabiduría humana, sino de la que procede de Dios, irradiación de su sabiduría infinita.
La sabiduría divina se comunica a los hombres por medio de la palabra de Dios que es su vehículo seguro y cuyas prerrogativas presenta la segunda lectura (Hb 4, 12-13). «La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu... Juzga los deseos e intenciones del corazón» (ib 12). El que quiere dejarse guiar por la sabiduría divina, debe meditar la palabra de Dios, debe aceptar que ésta escudriñe su corazón para iluminarlo y purificarlo, para juzgarlo y espolearlo y hacerle desprenderse de todo lo que no está conforme con ella. Es imposible permanecer indiferentes ante la palabra de Dios; ella fuerza al hombre a declararse en pro o en contra y, por ende, a revelarse tal cual es en su interior.
El Evangelio (Mc 10, 17-30) da un paso adelante y presenta la encarnación de la sabiduría, primero en Jesús, Sabiduría del Padre, y luego en sus enseñanzas. Un joven que asegura haber guardado los mandamientos y, por lo tanto, haber vivido sabiamente según la palabra de Dios «desde pequeño» (ib 20), se presenta al Maestro deseoso de hacer más aún. «Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme» (ib 21). Jesús le propone la sabiduría suprema: renunciar a todos los bienes terrenos para seguirle a él, Sabiduría infinita. No es una obligación, sino una invitación concreta a «estimar en nada la riqueza» en comparación con los bienes eternos y del seguimiento de Cristo. La palabra del Señor penetra en el corazón del joven y lo aboca a una crisis; mas, por desgracia el joven no se pronuncia afirmativamente: «frunció el ceño y se marchó triste, porque era muy rico» (ib). También Jesús parece entristecerse y comenta: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!» (ib 23).
Aquí como en otros pasajes del Evangelio, aparece la riqueza como un obstáculo casi insuperable para la salvación. No porque sea en sí misma mala, sino porque el hombre es demasiado proclive a atarse a ella hasta el punto de preferirla a Dios. «Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios» (ib 2, 5). Los discípulos se quedan extrañados; la frase del Maestro parece exagerada; sin embargo, él no la retira. Procura, con todo, infundir confianza. Si para todo hombre, no sólo para los ricos, es difícil salvarse, «Dios lo puede todo» (ib 27). Dios no niega esa gracia a quien la pide con humilde confianza y recurre al auxilio divino para vencer los obstáculos que se le atraviesan. Dichosos los Apóstoles, pues, teniendo poco, no han vacilado en dejarlo todo: casa, redes o tierras, padre y madre, hermanos y hermanas, por Cristo y por el Evangelio.
Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena y junto a ella la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Todos los bienes juntos me vinieron con ella, había en sus manos riquezas incontables...
Porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que le adquieren se granjean la amistad de Dios. (Sabiduría, 7, 7-11. 14).
¡Oh hermanas mías, que no es nada lo que dejamos, ni es nada cuanto hacemos ni cuanto pudiéremos hacer por un Dios que así se quiere comunicar con un gusano! Y si tenemos esperanza de aun en esta vida gozar de este bien, ¿qué hacemos?, ¿en qué nos detenemos? ¿qué es bastante para que un momento dejemos de buscar a este Señor, como lo hacía la Esposa por barrios y plazas? ¡Oh, que es burlería todo lo del mundo, si no nos llega y ayuda a esto, aunque duraran siempre sus deleites y riquezas y gozos, cuantos se pudieren imaginar, que es todo asco y basura comparado a estos tesoros que se han de gozar sin fin! Ni aun éstos no son nada en comparación de tener por nuestro al Señor de los tesoros del cielo y de la tierra.
¡Oh ceguedad humana! ¿Hasta cuándo, hasta cuándo se quitará esta tierra de nuestros ojos? Por amor de Dios, hermanas, que nos aprovechemos de estas faltas para conocer nuestra miseria y ellas nos den mayor vista, como la dio el lodo del ciego que sanó nuestro Esposo; y así, viéndonos tan imperfectas, crezca más el suplicarle saque bien de nuestras miserias, para en todo contentar a Su Majestad (Santa Teresa de Jesús, Moradas, VI, 4, 10-11).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.
martes, 8 de octubre de 2024
PAPA FRANCISCO: Le suplica a la Virgen: “Intercede por nuestro mundo en peligro”
(Vatican News) El pasado
domingo 6 de octubre, desde la Basílica de Santa María la Mayor de Roma,
Francisco se unió a los miembros del Sínodo de los Obispos y a los fieles de
todo el mundo para rezar el rosario en súplica del don de la paz en el mundo
por intercesión de la Virgen. «¡Acoge nuestro grito!», rezó el Papa, pidiendo
también una “mirada materna sobre la familia humana”.
A los pies de la Santísima
Virgen María, en la víspera de la jornada de oración y ayuno por la paz en el
mundo, desde la Basílica de Santa María la Mayor, un sitio muy querido para él,
Francisco elevó una fervorosa súplica a Nuestra Señora este domingo 6 de
octubre. A Ella, que conoce los dolores y las fatigas "que en esta hora
abruman nuestro corazón", como expresó en su plegaria, le pidió:
"¡Escucha nuestro clamor!".
Tras rezar el santo rosario
junto a los miembros del Sínodo, a quienes invitó especialmente a esta
iniciativa, el Sucesor de Pedro exclamó:
Oh María, Madre nuestra,
estamos de nuevo aquí ante ti. Tú conoces los dolores y las fatigas que en esta
hora abruman nuestro corazón. Nosotros elevamos la mirada hacia ti, nos
sumergimos en tus ojos y nos encomendamos a tu corazón.
También a ti, oh Madre, la
vida te reservó difíciles pruebas y humanos temores, pero fuiste valiente y
audaz; confiaste todo a Dios, le respondiste con amor, te ofreciste
incondicionalmente. Como intrépida Mujer de la caridad, fuiste rápidamente a
ayudar a Isabel; con prontitud percibiste la necesidad de los esposos durante
las bodas de Caná; con fortaleza interior en el Calvario iluminaste de
esperanza pascual la noche del dolor. Por último, con ternura de Madre animaste
a los discípulos temerosos en el Cenáculo y, con ellos, acogiste el don del
Espíritu.
Ahora te suplicamos, ¡escucha
nuestro clamor! Necesitamos tu mirada, tu mirada amorosa que nos invita a
confiar en tu Hijo Jesús. Tú que estás dispuesta a acoger nuestros dolores, ven
a socorrernos en este tiempo en que estamos oprimidos por las injusticias y
devastados por las guerras; enjuga las lágrimas sobre los rostros sufridos de
cuantos lloran la muerte de sus seres queridos, de sus propios hijos;
despiértanos del letargo que ha oscurecido nuestro camino y despoja nuestros
corazones de las armas de la violencia, para que se cumpla pronto la profecía
de Isaías: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No
levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la
guerra» (Is 2,4).
Madre, dirige tu mirada
maternal a la familia humana, que ha perdido el gozo de la paz y ha extraviado
el sentido de la fraternidad. Madre, intercede por nuestro mundo en peligro,
para que custodie la vida y rechace la guerra; para que cuide a los que sufren,
a los pobres, a los indefensos, a los enfermos y a los afligidos, y proteja
nuestra casa común.
A ti imploramos, Madre, la
misericordia de Dios, a ti que eres Reina de la paz. Convierte los corazones de
quienes alimentan el odio, silencia el ruido de las armas que provocan la
muerte, apaga la violencia que habita en el interior del hombre e inspira
proyectos de paz en las decisiones de quienes gobiernan las naciones.
María, Reina del santo
Rosario, desata los nudos del egoísmo y disipa las nubes oscuras del mal. A
nosotros tus hijos llénanos con tu ternura, levántanos con tu mano bondadosa y
danos tu caricia de Madre, que nos hace esperar el advenimiento de una nueva
humanidad donde «el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque. En
el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel. La obra de
la justicia será la paz» (Is 32,15-17).
Oh Madre, Salus Populi Romani,
¡ruega por nosotros!
lunes, 7 de octubre de 2024
domingo, 6 de octubre de 2024
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 27º Domingo del Tiempo Ordinario: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre”
«¡Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos!» (Salmo 127, 1).
La primera lectura, el salmo responsorial y el Evangelio convergen en el tema de la familia. Del Antiguo Testamento se lee la estupenda página del Génesis (2, 18-24) en la que Dios hace desfilar ante el hombre «Todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo» (ib 19) para que le dé a cada uno un nombre y vea si entre ellos encuentra una «ayuda adecuada». Adán pone nombre a cada animal, pero ninguno de ellos satisface su necesidad de compañía y amor. Entre tanta variedad de seres el hombre se encuentra solo, distanciado de ellos por el don altísimo de la inteligencia y de la voluntad que le hace «imagen» de Dios. Dios entonces provee a llenar su soledad: «No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda adecuada» (ib 18).
Crea entonces a la mujer y cuando se la presenta, Adán prorrumpe en una exclamación de alegría, reconociendo en ella a la compañera del todo semejante: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!» (ib 23). Creada para ser ayuda del varón, la mujer lo completa, lo mismo que ella es completada por él. Idéntica naturaleza humana la de ambos, pero diferenciada en dos sexos que en plan de Dios tienen la gran función de integrarse, sostenerse mutuamente y colaborar con él a la multiplicación de la especie humana. Concluye, pues, el texto: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne» (ib 24). La indisolubilidad del matrimonio tiene aquí su raíz y su razón profunda y sagrada.
Cuando los fariseos interrogaron a Jesús acerca del divorcio (Mc 10, 2-16) que Moisés había permitido en ciertos casos, no hizo distinción alguna y lo abrogó del modo más absoluto refiriéndose justamente a este texto de la Escritura. El Señor declara que las normas mosaicas fueron dadas por la «terquedad» de los hombres (ib 5), mientras que al principio de la creación no había sido así, pues al crear al hombre y a la mujer, Dios los quiso unidos «de modo que no fuesen dos, sino una sola carne». Y concluye: «Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre» (ib 9). Y remacha luego esta enseñanza a sus discípulos que le piden explicaciones ulteriores. De este modo la indisolubilidad del matrimonio ya afirmada en los albores de la humanidad es restablecida plenamente por Jesús. Ella asegura la estabilidad y la santidad de la familia no sólo para bien de los cónyuges, sino también de los hijos.
Muy
oportunamente el Evangelio del día termina con el trozo referente a los niños. Jesús
dice a los discípulos que, molestos por el continuo asedio de los pequeños al
Maestro, querían alejarlos: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo
impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios» (ib 14); y al
abrazarlos y bendecirlos, cierto que acogía y bendecía a las madres que se los
presentaban. El cometido de los padres cristianos es precisamente «inculcar la
doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente
recibidos de Dios» (LG 41). Repitiendo el gesto de las mujeres judías, los
padres deben llevar a sus Hijos ante Jesús para que, bendecidos por él y
creciendo en su escuela, conserven la inocencia y sean un día introducidos en
el Reino de los cielos preparado para ellos. Así el matrimonio coopera a la
difusión del Reino de Dios, como coopera también, pero por otros caminos, la
virginidad consagrada. Dos vocaciones diferentes, pero igualmente necesarias y
complementarias. Lo que hacen los padres en el ámbito de la familia para la
educación cristiana de sus hijos, cumplen los consagrados en la sociedad en
favor de los hijos ajenos, especialmente de los más abandonados y necesitados
de guía para encontrar a Jesús y vivir según el Evangelio.
Oh Dios, que con tu poder creaste todo de la nada, y, desde el comienzo de fa creación hiciste al hombre a tu imagen y le diste la ayuda inseparable de la mujer, de modo que ya no fuesen dos, sino una sola carne, enseñándonos que nunca será lícito separar lo que quisiste fuera una sola cosa.
Oh Dios, que al consagrar la unión conyugal, le diste un significado tan grande, que en ella prefiguraste la unión de Cristo con la Iglesia. Por tu voluntad la mujer se une al hombre, y la sociedad familiar, la primera en ser instituida, goza de aquella bendición que nunca fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el castigo del diluvio.
Mira con bondad a toda esposa cristiana que al unirse a su esposo quiere ser fortalecida con tu bendición. Abunde en ella la unión y la paz, y siga siempre los ejemplos de las santas mujeres, cuyas alabanzas canta la Escritura. Confíe en ella el corazón de su esposo y, teniéndola por digna compañera y coheredera de la gracia de la vida, la respete y ame siempre como Cristo ama a su Iglesia.
También te pedimos Señor, que los esposos permanezcan firmes en la fe y amen tus preceptos; que, unidos en matrimonio, sean ejemplo por la integridad de sus costumbres; y, fortalecidos por el poder del Evangelio, manifiesten a todos el testimonio de Cristo; que su unión sea fecunda, sean padres de probada virtud, vean ambos los hijos de sus hijos y, después de una feliz ancianidad, lleguen a la vida de los bienaventurados en el reino celestial. (Misal Romano, Oración en la Misa de Esposos A).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María
Magdalena, OCD.
viernes, 4 de octubre de 2024
SANTO CURA BROCHERO: Oración pidiendo gracias por su intercesión
Oración pidiendo la gracia
por
la intercesión del Santo Cura Brochero
Señor, de quien procede todo
don perfecto: Tu dispusiste que San José Gabriel del Rosario fuese
Pastor y guía de una porción de tu Iglesia, y lo esclareciste por su celo
misionero, su predicación evangélica y una vida pobre y entregada: te
suplicamos que por su Intercesión alcancemos la gracia que humildemente te
pedimos…
(pedir
la gracia)
(Padre
Nuestro, Ave María y Gloria)
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
jueves, 3 de octubre de 2024
ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): María, Reina y Madre de Misericordia
Tema del programa Nº 23 y último del ciclo:
María, Reina y Madre de Misericordia
“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.
Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.
“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.
Locución: Cristina Loza
lunes, 30 de septiembre de 2024
domingo, 29 de septiembre de 2024
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 26º Domingo del Tiempo Ordinario: “El que no está contra nosotros, está con nosotros"
«¿Quién conoce sus faltas? Absuélveme, Señor, de lo que se me oculta» (SaImo 18, 13).
La primera lectura de hoy (Nm 11, 25-29) reproduce uno de esos raros textos véterotestamentarios que revelan la intención de Dios de derramar su Espíritu no sólo sobre algunos grupos escogidos, sino sobre todos los hombres. Cuando Dios, a instancias de Moisés que no se sentía con fuerzas para llevar solo la carga de todo el pueblo, «apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos» (ib 25) congregados en torno a la Tienda de Reunión, acaeció que otros dos extraños se pusieron a profetizar al igual que ellos. El joven Josué, indignado por esa irregularidad, protestó diciendo a Moisés que no se lo permitiese; pero éste, más iluminado y prudente, respondió: «¿Estás celoso por mí? Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor» (ib 29). Quien tiene experiencia de la grave responsabilidad que implica hablar y obrar en nombre del Espíritu, lejos de encelarse por ella, se alegra en compartirla con otros y está pronto a admitir —como sea auténtico— el don de profecía dondequiera se encuentre. Las irregularidades comienzan cuando son los particulares quienes se las dan de profetas, siendo a la Iglesia a quien le pertenece reconocerlos como tales, según hizo Moisés con aquellos dos hombres del campamento.
El Evangelio del día (Mc 9, 38-48) presenta un hecho semejante. Los discípulos, más celosos que Josué, viendo a uno que echaba demonios en el nombre de Jesús, se lo prohíben, por el simple hecho de que no es de ellos. Se trata en el fondo de celotipia de grupo. Pero Jesús, como Moisés, lo desaprueba, porque todo el que obra el bien en nombre suyo, aunque no pertenezca a la Iglesia, demuestra que está espiritualmente cerca de ella y que tiene al menos un germen de fe; por eso se le ha de respetar y tratar con benevolencia esperando confiadamente que ese germen madurará. «El que no está contra nosotros está a favor nuestro» (ib 40), dice el Señor. Y para atestiguar que cuanto se hace en su nombre tiene siempre un valor, añade: «El que os dé a beber un vaso de agua porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa» (ib). La menor obra buena hecha por respeto a Cristo no se perderá, aunque la haga quien no pertenece aún a la comunidad de los creyentes. Y si se hace en favor de los hermanos o de quien representa en la Iglesia al Señor, él la tendrá y recompensará como hecha a sí mismo (Mt 10, 40.42).
Después de haber hablado de los deberes de los discípulos para con los extraños, habla Jesús de los que tienen para con los creyentes y para consigo mismos. Dentro de la comunidad los discípulos son especialmente responsables de la fe de los «pequeños», o sea de la gente sencilla; ¡ay si en vez de sostenerla y tutelarla, la escandalizan! Jesús tiene a este propósito palabras terribles, entre las más duras que haya nunca pronunciado: «El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar» (Mc 9, 42). No hay que pasar superficialmente sobre la propia conducta, sino meditarla con seriedad y gobernarla, para que no haya en ella palabras o actitudes que puedan turbar la paz de los pequeños, o sea del buen Pueblo de Dios. La última reflexión se refiere a la guarda de sí mismo de los escándalos precedentes tanto del exterior como de las propias pasiones. También aquí habla Jesús con energía: «Si tu mano te escandaliza, córtatela; más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo» (ib 43). La misma paradoja se repite para el pie y para el ojo, con el intento de dar a entender que el discípulo de Cristo debe estar pronto a toda renuncia con tal de evitar el pecado que lo separa del Maestro y puede causarle la separación eterna.
Escúchame, escúchame, Señor Dios mío, para que tus ojos estén atentos sobre tus hijos día y noche. Extiende piadoso tus alas y protégelos; infunde en sus corazones tu Espíritu Santo, que les conserve en la unidad del espíritu y en el vínculo de la paz, en la castidad de la carne y en la humildad del alma.
Que este mismo Espíritu asista a los que oran, que la abundancia de tu amor los colme en su interior y la suavidad de la compunción recree sus mentes, que la luz de tu gracia ilumine sus corazones; la esperanza los levante, el temor los humille y la caridad los inflame. Que él mismo les sugiera las plegarias que tú propicio quieres oír...
Dulce Señor, que con la ayuda de tu Espíritu, estén en paz, modestos y benévolos consigo mismos, con los hermanos y conmigo; que se obedezcan, sirvan y soporten mutuamente. Que sean fervientes en el espíritu y gozosos en la esperanza. Que en la pobreza, abstinencia, trabajos y vigilias, silencio y quietud tengan una constancia incansable... Permanece entre ellos según tu fiel promesa y pues sabes lo que necesitan, te suplico robustezcas lo que de débil hay en ellos y no rechaces lo que en ellos hay de flaco; sana lo que está enfermo, alegra sus tristezas, reanima sus tibiezas, confirma lo que es inestable; de modo que todos se sientan ayudados por tu gracia en sus necesidades y tentaciones. (Elredo de Rievaulx, Oratio pastoralis, 8).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María
Magdalena, OCD.
miércoles, 25 de septiembre de 2024
APOLOGÉTICA HOY (audios): El Panteísmo (explicación, refutación y anatemas)
Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".
Director: Padre José Antonio Medina.
Tema del episodio Nº 21:
Tema: El Panteísmo (explicación, refutación y anatemas)
Contenido:
- Refutación del ateísmo (Apologética Fundamental):
1 - Exposición del Panteísmo.
2 - Refutación del Panteísmo.
3 - Anatemas contra el Panteísmo.
4 - El Panteísmo y la Religión: Hinduísmo, Budismo y Maniqueísmo.
- Magisterio de la Iglesia:
“Las tentaciones de Jesús y la conversión por el Reino de los Cielos”, Benedicto XVI, Catequesis N°347, del 13 de febrero de 2013 (audio de la síntesis en español).
Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 4 de septiembre de 2024.
lunes, 23 de septiembre de 2024
domingo, 22 de septiembre de 2024
INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 25º Domingo del Tiempo Ordinario: “Si uno quiere ser el primero, sea el último y el servidor de todos"
«Dame, Señor, la sabiduría que viene de arriba, que es amante de la paz, dócil, llena de misericordia» (Sant 3, 17).
La primera lectura de hoy (Sb 2, 17-20) deja oír las palabras de escarnio y odio que los pecadores profieren contra el justo tramando su perdición: «Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará, y lo librará del poder de sus enemigos. Lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura...; lo condenaremos a muerte ignominiosa» (ib). La conducta del justo sabe a reproche continuo de los malvados, los cuales reaccionan maquinando contra él para denigrarlo y quitarlo del medio. Siempre fue así, antiguamente como ahora; y lo fue de modo muy especial para nuestro Señor Jesucristo. Condenado a una «muerte ignominiosa», se vio ultrajado con palabras idénticas a las registradas tantos siglos antes: «Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Dios"» (Mt 27, 43). Se comprende así que en ese trozo del libro de la Sabiduría haya visto siempre la cristiandad una profecía de la pasión del Señor.
Hasta la Liturgia lo usa en este sentido poniéndolo como fondo del Evangelio de hoy (Mc 9, 30-37) que continúa el discurso sobre la pasión (cf. Domingo precedente). «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará» (ib 31). El Señor no separa nunca el anuncio de su pasión del de su resurrección, que es el epílogo de aquélla e ilumina su valor. Los discípulos, en cambio, se quedan sólo en la primera y, aterrorizados, procuran huirla. El evangelista nota que «les daba miedo preguntarle» (ib 32) sobre ese tema: prefieren evitarlo, ignorarlo. Y llama la atención que, por el contrario, se ponen a discutir entre sí «quién era el más importante» (ib 34). Es la mentalidad del hombre terreno que huye de la cruz, para procurarse, en cambio, un poco de gloria y asegurarse un puesto elevado por encima tal vez de los otros. Los discípulos intuyen que tales sentimientos no agradan al Señor y se los quieren ocultar; pero él, que lee en sus corazones, les dice: «quien quiera ser el primero, que sea el último de todos» (ib 35).
Es lo que él mismo hará en su pasión: se reducirá a siervo o esclavo de los hombres hasta morir por ellos como el último malhechor; pero resucitando será el primero, el primogénito de muchos hermanos adquiridos al precio de su sangre. Y para concretar mejor su enseñanza, Jesús acercó «a un niño, lo puso en medio de ellos y lo abrazó» (ib 36). Demostraba así que las preferencias de Dios no son para los grandes, sino para los pequeños y últimos, a los cuales se les asegura no la gloria terrena, sino el Reino de los Cielos (Mt 19, 14); que para hacerse siervo, hay que servir sobre todo a los pequeños, débiles, pobres y necesitados, en los que quiere ser reconocido. «El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y quien me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9, 37). El camino seguro para encontrarse con Jesús y en él encontrarse con el Padre, es siempre el de la humildad y el servicio amoroso a los pequeños, humildes y pobres, sin retroceder cuando en este camino se encuentra la cruz como se la encontró el Señor.
La
humildad, el espíritu de sacrificio y el amor libran al hombre de la envidia y
del espíritu de contienda de que habla Santiago en la segunda lectura (Sant 3,
16-4, 3); le libran de las pasiones que son el origen de todas las luchas y conflictos,
también de los que se tienen por acaparar los primeros puestos. Y por el
contrario le hacen partícipe de «la sabiduría que viene de arriba», la cual es
«amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras»
(ib 17).
¿Se vio nunca tanta humildad como en ver a Dios humillado hasta el hombre, la suma alteza abajada a tanta abyección como es nuestra humanidad? Oh dulce y enamorado Verbo, fuiste obediente hasta la oprobiosa muerte de cruz, paciente y tan manso que no se oyó tu voz para murmuración alguna... Oh dulce y enamorado Verbo, fuiste saciado de penas y revestido de oprobios, deleitándote en las injurias, escarnios y befas; soportando hambre y sed, tú que sacias a todo hambriento, con tanto fuego y deleite de amor. Tú eres nuestro dulce Dios que no necesitas de nosotros. Y no amainaste en procurar nuestra salud, sino perseveraste, no dejando de hacerlo por nuestra ignorancia e ingratitud...
Esta es, pues, la doctrina y la vida que tú hiciste: y nosotros pobres miserables, llenos de defectos..., hacemos todo lo contrario... Oh santo e inmaculado Cordero, embriágame con tu sangre... Y como tú, Cristo bendito, no dejaste por ningún trabajo de obrar nuestra salud, haz también que tu esposa no deje... por ninguna pena, ni fatiga, ni hambre, ni sed, ni necesidad alguna, de emplearse continuamente en honor tuyo..., ni deje de servir a su prójimo, ni de procurar su salvación, aunque éste por ingratitud o ignorancia no reconociese tal servicio. (Santa Catalina de Siena, Epistolario, 79, v 2).
Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,
del P. Gabriel de Santa María
Magdalena, OCD.










