domingo, 29 de marzo de 2026

MONSEÑOR LEÓN KRUK: Contrastes

 

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Con el “Domingo de Ramos” entramos en la denominada Semana Mayor; porque conmemoramos los momentos culminantes de nuestra salvación, la llamamos también Semana Santa.

Es la Semana Mayor porque en ella vivimos en apretada y casi apurada síntesis, los mayores contrastes de una historia, larga o breve, que a pesar de estar escrita, cada uno de nosotros la realiza como algo novedoso y algo inédito todavía.

Ese tránsito, casi brusco, de una manifestación de aclamación a Cristo como Rey, Dueño y Señor absoluto (Domingo de Ramos) a un confuso clamoreo que pedía, un par de días después, la muerte más ignominiosa -LA CRUCIFIXIÓN-  de ese mismo Cristo, ¿no te dice nada a ti mismo?

Es la Semana Mayor por la enormidad de contrastes que en ellas conmemoramos. Por un lado, Dios hecho amor, hecho misericordia visible, tangible, inconmensurable, y por otro, el hombre hecho miseria, hecho lástima, hecho rebeldía y obstinación, dando nombres y apellidos -los suyos propios- al pecado. Por un lado, Dios que viene, ofrece, insiste con su plan de VIDA (Paz, Armonia, hermosura…), y por otro lado el hombre que de continuo le opone su plan de muerte (guerras, odio, destrucción, llantos…). Por un lado, Dios en la Persona de su Hijo se aproxima a sus hijos, y por otro lado, el hombre que huye de esa paternidad, desarticulando no sólo su vida individual sino perturbando también la existencia de sus semejantes. Es la Semana de los contrastes llevados hasta sus últimas consecuencias. ¿Hasta cuándo?

Creo que se trata de una oportunidad nueva que Dios nos ofrece para que repasemos el Evangelio y repensemos nuestra vida. Pero no nos engañemos en el método. Nuestra vida, nuestro pasado, nuestro presente y nuestra suerte futura ya están escritos. Lo importante es que sepamos encontrar esa página de la auténtica historia, porque es también una historia de contrastes, quizás de sombras más intensas y abundantes que de luz necesaria para ofrecer un cuadro más o menos pasable; una historia de mediocridades, de cobardías, de egoísmos, etc., etc.

Esa historia -no te sorprendas- es el Evangelio que quizá dices conocer. El Evangelio no es sólo un resumen de la vida, de los hechos y de las palabras de Jesucristo. La historia de Cristo tiene relación directa con cada una de nuestras vidas personales. Sin esta relación, aquí y ahora, el Evangelio tendrá menos importancia y trascendencia que un texto de matemáticas.

De allí que, en esta Semana Santa, les invito a hacer el ensayo de leer la propia vida en el Evangelio. ¿Cómo? A modo de ejemplo, señalo algunas pistas, levanto algunas páginas. Voy a considerar la Pasión y Muerte de Cristo como consecuencia de mi conducta y me preguntaré: ¿En ese Reino de Dios, al que pertenezco por el Bautismo, soy trigo de Dios o soy cizaña que cuida el diablo? ¿Soy el hijo pródigo que de continuo reclamo y pido más y más parte de una herencia que voy malgastando, o soy el hijo pródigo que se decidió a regresar a la casa del Padre?  ¿Soy la samaritana que no se avergüenza de que le descubra Cristo su propia historia para entrar en la de Cristo, o rechazo el ofrecimiento del “Don de la Gracia”? ¿Soy el “valiente” Pedro que jura no conocer a Cristo, que lo traiciona a cara descubierta, o soy el arrepentido Pedro que reconoce su caída vergonzosa y llora su pecado? ¿Soy quizá Judas, que lo vendo a Cristo en secreto, con disimulo, con hipocresía, “aparentando una careta de cristiano”, pero que en lo íntimo me siento cobarde para emprender una vida nueva?

En una palabra: ¿en que parte de los grandes contrastes, que nos registra el Evangelio, está la historia de mi vida? ¿Es la historia que Dios quiere: de la pecadora arrepentida, del hijo pródigo que regresa, de Pedro humillado, de la oveja que se deja conducir al redil? Lo triste no es que Cristo haya muerto sino que tú no quieras VIVIR, RESUCITAR.


Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.280-281)

 

No hay comentarios: