domingo, 8 de octubre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 27º Domingo del Tiempo Ordinario: Los viñadores infieles... ¿y yo?



“Oh Dios, mira desde el cielo, fíjate; ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó” (Sal 79, 15-16).

La parábola de la viña es el tema que domina la liturgia de hoy. Parábola común al Antiguo y al Nuevo Testamento, de que primero el profeta y luego Jesús se sirvieron para hablar del amor de Dios a su pueblo y de la ingratitud de éste. Isaías (5, 1-7; primera lectura) describe la historia de Israel como la historia de la viña del Señor, que él tenía “en fértil collado; la entrecavó, la descantó y plantó de buenas cepas; construyó en medio una talaya y cavó un lagar” (ib 2).

Todo hacía suponer una vendimia óptima; en cambio, la viña “dio agrazones” (ib). La tierra que cultiva el campesino da buenos frutos, pero la viña del Señor no. Dios se vuelve entonces a su pueblo: “sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?” (ib 3-4). Al juzgar sobre la viña infructuosa, Israel se está juzgando a sí mismo. Dios lo eligió para pueblo suyo, lo libró de la esclavitud, lo trasplantó a una tierra fértil, lo defendió de los enemigos; y con todo Israel no correspondió a tanto amor.

El Evangelio (Mt 21, 33-43) reasume la metáfora de Isaías y la desarrolla hablando de otros inmensos beneficios hechos por Dios a su pueblo. Le envió repetidas veces “a sus criados”, o sea a los profetas; pero los viñadores, esto es los jefes de Israel a quienes había sido confiada la viña del Señor los maltrataron, apalearon, lapidaron, mataron. En fin, como prueba suprema de su amor, Dios envió a su Hijo divino; pero también, lo agarraron y empujándolo fuera de la viña, le dieron muerte, crucificado “fuera” de los muros de Jerusalén.

La responsabilidad y la ingratitud del pueblo elegido creció enormemente con ello. De ahí las conclusiones preñadas de consecuencias; Isaías había hablado de la destrucción de la viña del Señor, símbolo de las derrotas de Israel y de su deportación al destierro; Jesús, en cambio, anuncia: el propietario “arrendará la viña a otros labradores” (ib 41) y más claramente aún: “Se os quitará el Reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos” (ib 43). Por culpa de su ingratitud Israel fue sustituido por otros pueblos, la sinagoga por la Iglesia. Pero ¿es el nuevo pueblo de Dios más fiel que el antiguo? También para el nuevo valen las dos parábolas de Isaías y de Jesús. Si la viña de la Iglesia no diere los frutos que Dios espera de ella, sufrirá la misma suerte que Israel.

Y esto no se aplica sólo a la Iglesia como cuerpo social, sino a cada uno de sus miembros. Todo bautizado debe ser “viña del Señor” y llevar fruto, ante todo aceptando a Jesús, siguiéndole y viviendo injertados en él “vid verdadera”, fuera de la cual no hay más que muerte. En el Nuevo Testamento, en efecto la “viña del Señor”, no es sólo el pueblo elegido y amado en Cristo, injertado en el que dijo: “Yo soy la vida verdadera, y mi Padre es el viñador… Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él, ese da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 1-5).

En esta perspectiva, la segunda lectura (Flp 4, 6-9) puede ser considerada y meditada como una invitación a recurrir frecuentemente a Dios, a la confianza y a la gratitud, para el que nos eligió para pueblo suyo y como un compromiso a llevar abundantes frutos de todo bien: “hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable; todo lo que es virtud o mérito tenedlo en cuenta” (ib 8).

 

“Señor, tú trajiste de Egipto una vid; arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste; ella extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes llegaban hasta el río. Señor, ¿por qué has derribado su cerca, de modo que puedan saquear tu viña los que pasan, pisotearla los animales salvajes, y las bestias del campo destrozarla?. Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la planta sembrada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste. Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida; alabaremos tu poder. Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos; míranos con bondad y estaremos a salvo. (Sal 79, 9-10. 15-16. 19-20).

“Oh Dios eterno, si el tiempo que el hombre era árbol de muerte lo trocaste en árbol de vida, injertándote, tú, vida, en el hombre -aunque muchos por sus culpas no se injerten en ti, vida eterna-, puedes ahora de ese modo proveer a la salud de todo el mundo, al cual veo hoy que no se injerta en ti… Oh vida eterna, desconocida de nosotros, criaturas ignorantes. Oh miserable y ciega alma mía, ¿dónde está el clamor, donde están las lágrimas que deberías derramar en la presencia de tu Dios, que continuamente te invita?... Nunca produje yo otra cosa que frutos de muerte, porque no me he injertado en ti.

¿Cuánta luz, cuánta dignidad recibe el alma injertada en ti! ¡Oh desmesurada grandeza! Y ¿de dónde traes, oh árbol, estos frutos de vida, siendo por ti mismo estéril y muerto? Del árbol de la vida; pues si tú no estuvieses injertado en él, ningún fruto podrías producir por tu virtud, porque eres nada.

Oh verdad eterna, amor inestimable, tú nos produjiste frutos de fuego, de amor, de luz y de obediencia pronta, por la cual corriste como enamorado a la oprobiosa muerte de cruz y nos diste estos frutos en virtud del injerto que hiciste de tu cuerpo en el árbol de la cruz. Así, oh Dios eterno, el alma injertada en ti verdaderamente, a nada atiende sino al honor tuyo y a la salud de las almas. Y ella se hace fiel, prudente y paciente.” (Santa Catalina de Siena, Oraciones y Elevaciones, 14).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.


sábado, 7 de octubre de 2023

VIRGEN MARÍA: Nuestra Señora del Rosario

 


Queridos amigos y hermanos del blog: hoy celebramos junto con toda la Iglesia a Nuestra Señora del Rosario. Esta fiesta fue instituida por el Papa san Pío V el 7 de octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario. La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.

Historia del Santo Rosario

Desde el principio de la Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los judíos. Mas tarde, en muchos de los monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos no podían rezar tanto pero querían según sus posibilidades imitar a los monjes. Ya en el siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar, en vez de los salmos, las Ave Marías. Los misioneros de Irlanda mas tarde propagaron la costumbre en Europa y hubo varios desarrollos con el tiempo.

La intervención de Santo Domingo

La Madre de Dios, en persona, le enseñó a Santo Domingo a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe. Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albingense. Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.

La Virgen ayuda a Santo Domingo

La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito por que muchos albingenses volvieron a la fe católica.

Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.

Excelencia del Rosario

A lo largo de los siglos los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del rosario y le han otorgado indulgencias. Dijo Nuestro Señor: "Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18:20). El rosario en familia es algo maravilloso. Es un modo práctico de fortalecer la unidad de la vida familiar. Es una oración al alcance de todos. Los Papas, especialmente los más recientes, han hecho gran énfasis sobre la importancia del rosario en familia.

El Papa dominico, San Pío V (1566 - 1572) dio el encargo a su congregación de propagar el santo rosario.  Muchos Papas han sido grandes devotos del rosario y lo han propagado con profunda convicción y confianza.

Su Santidad León XIII escribió doce encíclicas referentes al rosario.  Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de "Reina del Santísimo Rosario" en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de "El Papa del Rosario". Todos los Papas del siglo XX han sido muy devotos del Santo Rosario.

Recomendado por misma Virgen

A la Virgen María le encanta el rosario. Es la oración de los sencillos y de los grandes. Es tan simple, que está al alcance de todos; se puede rezar en cualquier parte y a cualquier hora. El rosario honra a Dios y a la Santísima Virgen de un modo especial. La Virgen llevaba un rosario en la mano cuando se le apareció a Bernardita en Lourdes. Cuando se les apareció a los tres pastorcitos en Fátima, también tenía un rosario. Fue en Fátima donde ella misma se identificó con el título de "La Señora del Rosario".

San Juan Pablo II solía repetir que el Santo Rosario era “su oración predilecta”, ojalá que también sea para nosotros “nuestra oración predilecta”. ¡Que nunca se caiga de nuestras manos!, para Gloria de Dios, para Honra de Nuestra Madre del Cielo.

Con mi bendición.

Padre José Medina

miércoles, 4 de octubre de 2023

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): ¿Cuál es el efecto de las obras de misericordia?

Tema del programa Nº 6 del ciclo: ¿Cuál es el efecto de las obras de misericordia?

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 1 de octubre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 26º Domingo del Tiempo Ordinario: No quiero, pero fue; sí voy, pero no fue

 


“Señor, eres bueno y recto, y enseñas el camino a los pecadores” (Sal 24, 8).

La Liturgia de hoy presenta a Dios en el diálogo con el hombre para darle a entender la justicia de sus procedimientos y la necesidad de una sincera y perseverante adhesión al bien. “¿Es injusto mi proceder?; ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?”, pregunta Dios por boca de Ezequiel al pueblo escogido (Ez 18, 25-28; 1ª lectura). Si el justo abandona el bien y “comete la maldad”, no puede imputar a Dios su perdición, pues será fruto de su inconstancia y perversidad: “muere por la maldad que cometió” (ib 26).

Nadie puede pensar que Dios está obligado a salvarlo cuando se aleja voluntariamente de él. Al contrario, si el impío “recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá” (ib 28). Mientras tiene vida, el hombre puede convertirse, sea que haya pasado sus años en el pecado, sea que haya cedido al mal después de haber servido al Señor algún tiempo. Lo importante para todos es convertirse y resolverse a perseverar en el bien.

También el Evangelio de hoy (Mt 21, 28-32) se abre con un interrogante dirigido por Jesús a sus contrarios -“¿Qué os parece?”-, para inducirlos a dar ellos mismos una respuesta que los ilumine acerca de su comportamiento. La pregunta es sencilla: dos hijos son enviados por su padre a trabajar en la viña; el primero responde “si”, pero no va; el segundo contesta “No quiero” (ib 29-30), pero luego se arrepiente y va. “¿Quién de los dos -pregunta el Señor- hizo lo que quería el Padre?” (ib 31).

Imposible tergiversar esta lógica, y así se ven constreñidos a responder: “El último”. Es su condena, la que Jesús enuncia luego con toda claridad: “Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios” (ib) Pero ¿por qué? Porque los oponentes del Señor -miembros del pueblo escogido y además sumos sacerdotes y ancianos del pueblo- han sido llamados los primeros a la salvación, pero han dado una respuesta más aparente que real, pues son de los que afirmó Jesús: “dicen y no hacen” (Mt 23, 3).

Oyeron predicar al Bautista, pero no le dieron crédito, demasiado seguros de su ciencia y de no necesitar aprender, demasiado seguros de su justicia y de no necesitar convertirse: “no os arrepentisteis, no le creísteis” (Mt 21, 32); no han aceptado la palabra del Bautista ni la de Jesús. Se ven, pues, pospuestos nada menos que a gente de mal vivir, publicanos y prostitutas; ya que éstos se han arrepentido, se han apartado “de la maldad” que hicieron, han creído y practicado “la justicia” (Ez 18, 27) y por eso han sido escogidos en el Reino de Dios. Espontáneamente piensa uno en Leví, Zaqueo, en la mujer adúltera, o en la pecadora que en casa de Simón se arroja a sus pies llena de dolor y de amor.

Si los oponentes de Jesús no han creído en su palabra y no se han convertido, ha sido sobre todo por orgullo, gusano roedor de todo bien y obstáculo máximo para la salvación. Viene por eso a propósito la exhortación de san Pablo a la humildad: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús. El, a pesar de su condición divina…, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” (Fl 2, 5-7; 2ª lectura). Si el Hijo de Dios se humilló hasta tomar sobre sí los pecados de los hombres, ¿será demasiado pedir a éstos que se humillen hasta reconocer su orgullo y sus pecados?

 

“Señor, no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor… ¿Hay quien tema al Señor? Él le enseñará el camino escogido: su alma vivirá feliz… El Señor se confía con sus fieles…

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él saca mis pies de la red. Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí, que estoy sólo y afligido… Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados… Guarda mi alma y líbrame, no quede yo defraudado de haber acudido a ti” (Salmo 24, 3. 12-20).

“Suplico yo al Señor me libre de todo mal para siempre, pues no me desquito de lo que debo, sino que puede ser que por ventura cada día me adeudo más Y lo que no se puede sufrir, Señor, es no poder saber cierto que os amo, ni son aceptos mis deseos delante de vos. ¡Oh Señor y Dios mío, libradme ya de todo mal y sed servido de llevarme adonde están todos los bienes!

¡Oh, cuán otra vida debe ser ésta para no desear la muerte! ¿Cuán diferentemente se inclina nuestra voluntad a lo que es la voluntad de Dios! Ella quiere  queramos lo eterno, acá nos inclinamos a lo que se acaba; quiere queramos cosas grandes y subidas, acá queremos bajas y de tierra; querría quisiésemos sólo lo seguro, acá amamos lo dudoso: que es burla, hijas mías, sino suplicar a Dios nos libre de estos peligros para siempre y nos saque ya de todo mal… ¿Qué nos cuesta pedir mucho, pues pedimos a poderoso?... Sea para siempre santificado su nombre en los cielos y en la tierra, y en mí sea siempre hecha su voluntad. Amén” (Santa Teresa de Jesús, Camino, 42, 2-4).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

viernes, 29 de septiembre de 2023

VIVENCIAS PERSONALES: Celebrando la Santa Misa en la Basílica de la Limpia y Pura Concepción de Luján

Queridos amigos y hermanos del blog: en la primera quincena de este mes tuve la gracia de estar visitando a mi madre, la familia y los amigos en mi tierra Argentina. Hace ya 15 años que vivo en España y sólo, una vez de paso, pude visitar la Basílica de Luján, que se erige en la ciudad de Luján, a unos 70 km al oeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la provincia de Buenos Aires.

Es un imponente monumento de fe, característico del siglo XIX y uno de los más importantes referentes del estilo neogótico de Argentina, junto con las catedrales de La Plata, Mar del Plata, San Isidro y la iglesia de los Capuchinos en la ciudad de Córdoba.

Está dedicada a Nuestra Señora de Luján, la patrona de mi patria. Por este motivo, es también considerado el Santuario Nacional de Argentina. Estuve allí tres días, y los sacerdotes que llevan adelante la pastoral del Santuario fueron muy considerados conmigo y pude celebrar a diario la Santa Misa de las 19h.

Fue realmente una gozada estar esos días junto a la que llamamos la Limpia y Pura Concepción de Luján (aquí narro la historia de esta advocación mariana), y ofrecer esas eucaristías en acción de gracias por su siempre presente maternal intercesión.

Hoy, 29 de septiembre, día que cumplo 32 años de sacerdote, me es una gran alegría compartirles estas capturas de imágenes de la cámara que transmite las 24 horas su Imagen desde su altar para todo el mundo.

En tan feliz y agradecida fecha les encomiendo a mis oraciones y les pido, por favor, que me encomienden en las suyas.

Con mi bendición.

Padre José Medina







miércoles, 27 de septiembre de 2023

FE Y VIDA (audios): ¡Basta ya con todo tipo de abuso infantil!



Tema de esta emisión:

¡Basta ya con todo tipo de abuso infantil!

Este ciclo radiofónico incluye una serie de reflexiones del Padre José Medina que nos pretenden acercar la fe en Cristo a la vida cotidiana.

Se emitió originalmente los lunes del curso 2009-2010 por la mañana en Cadena Cope Ávila, en el programa “La mañana en Ávila” con la conducción del periodista Javier Ruiz Ayúcar.



domingo, 24 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 25º Domingo del Tiempo Ordinario: Los obreros de la viña

 


«Señor, que yo te busque mientras se te puede encontrar, que te invoque mientras estás cerca» (Is 55, 6).

«Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos» (Is 55, 8; La lectura). Tal es en síntesis el mensaje de los textos bíblicos de la Liturgia de hoy. El hombre no puede reducir a Dios a la medida de sus pensamientos ni condicionar la conducta del Altísimo a sus categorías de justicia y de bondad. Dios está por encima del hombre mucho más que el cielo de la tierra (ib 9), por eso muchas veces los planes de su providencia son incomprensibles a la mente humana, la cual debe aceptarlos con humildad sin pretender escudriñarlos o juzgarlos.

Tal es la enseñanza profunda encerrada en la parábola de los obreros de la viña que el Evangelio de hoy (Mt 20, 1-16) propone a la meditación de los fieles. «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña; se ajusta con ellos en un denario y los manda al trabajo. Pero hacen falta más brazos, y el propietario sale otras cuatro veces a la plaza a buscar jornaleros: a las horas tercia, sexta, nona y undécima, o sea desde las nueve de la mañana hasta el atardecer. Terminada la jornada los obreros reciben su paga empezando por los últimos, los cuales, igual que los primeros, reciben un denario. Y surge la reacción tan humana de los primeros: «Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Pero el propietario responde: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?... Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?» (ib 12-15).

En el plano de la justicia social este razonamiento sería discutible. Pero la intención de Jesús al proponer la parábola no es dar una lección sobre la «moral del salario» ni de sociología, sino dar a entender que el Reino de los Cielos se basa en principios muy diferentes de los que regulan las relaciones humanas de dar y recibir. Dios, infinitamente justo, es otro tanto misericordioso y libre; extendiendo la salvación a los que han sido llamados los últimos -los paganos-, no defrauda a los primeros -el pueblo elegido-; acogiendo en su reino a los pecadores convertidos en edad avanzada no hace injuria a los que han vivido siempre en la inocencia. En el mundo de la gracia no hay derechos que hacer valer.

Es cierto que el hombre debe colaborar en su salvación eterna, pero ésta es un bien tan grande, que no deja nunca de ser un don, hasta para los más grandes santos. Por lo demás, la parábola con la pregunta: «¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» (ib 15), deja entender que el motivo del malhumor de los trabajadores de primera hora, no es tanto amor a la justicia, cuanto envidia por la generosidad de que fueron objeto los de la última. Pero Dios no sufre en los obreros del Reino ninguna especie de envidia o rivalidad contra los hermanos; y sólo reconoce como obreros suyos a los que saben gozarse del bien ajeno como si fuese propio.

La parábola, pues, no pretende alentar a los perezosos u holgazanes que dejan para última hora la conversión y el servicio de Dios, sino enseñar que Dios puede llamar a cualquier hora y que el hombre debe estar siempre pronto a responder a su llamada. «Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca» (Is 55, 6). El que fue llamado al alba de la vida no puede presumir de tener mayores derechos que el que lo ha sido en edad madura y aun a última hora; y estos últimos no deben desanimarse ni retroceder pensando que es demasiado tarde.

Resulta útil también a este propósito la palabra de san Pablo sacada de la segunda lectura (FI 1, 20b-24.27): “Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte”. El verdadero discípulo de Cristo no mira tanto a sus circunstancias personales -hora de llamada, servicios prestados, recompensa-, cuanto a dar gloria a Cristo por el cual únicamente vive.

 

Yo no puedo penetrar en tus misteriosos secretos, oh Señor. Tú has muerto por todos, lo sé... Cuál sea el plan eterno de tu providencia sobre mí, no puedo decirlo; pero, fundado en las gracias con que has querido favorecerme, puedo esperar que mi nombre esté entre los que has escrito en el libro de la vida. Hay, con todo, una cosa de la que, en mi caso personal, tengo certeza y a la que, en lo que a los otros se refiere, llego por fe: que si no alcanzo la corona de !a gloria que has puesto al alcance de mi mano, será únicamente por mi culpa.

Tú me has asediado con tus gracias desde la juventud. Te has preocupado de mí como si yo fuese para ti algo verdaderamente importante, como si no fuese yo quien puede perder el cielo, sino tú quien me pudieses perder a mí. Me has conducido por un camino sembrado de innumerables gracias. Me has conducido junto a ti de la manera más íntima, me has introducido en tu casa y en tus moradas y te me has dado a ti mismo como manjar. ¿Acaso no es amor el tuyo?, ¿amor real, sincero, esencial, eficaz e ilimitado? Sé que lo es; estoy plenamente convencido de ello. Tú no esperas más que la ocasión de hacerme dones, de derramar sobre mí tus bendiciones. Estás siempre esperando que yo te pida tu gracia. (Cardenal John Henry Newman, Madurez cristiana).

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

sábado, 23 de septiembre de 2023

SANTO PADRE PÍO: Carta al Padre Pío de Pietrelcina en el aniversario de su muerte

 

Queridos amigos y hermanos del blog: cada 23 de septiembre se cumple un nuevo aniversario de la muerte del santo Padre Pío (1887-1968). Les comparto una carta escrita en el 40 aniversario de su partida: 

“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”

Querido Padre Pío, queridísimo Padre Pío:

Permíteme que también yo, como tantos cientos y miles de personas hicieron durante tu vida y siguen haciendo durante tu muerte y tu pascua, te escriba una carta. Ya sabes que hasta quien después sería el Papa Juan Pablo II te escribió en varias ocasiones.

Cuando aparecías en público, los fieles se arremolinaban en tu derredor para hacerte llegar sus cartas, que inundaban también las oficinas de correos. ¡Qué habría sido hoy con las nuevas tecnologías!… Y tú las recogías, con el amor y la rudeza habituales, y las guardabas junto a tus llagas. ¡Qué mejor lugar para que la gracia de Dios las rociara y las bendijera! Recibe también hoy mi carta. Guárdala a la vera de tus llagas florecidas y resucitadas. Y reza por mí, por mis intenciones y necesidades, por mi vida y ministerio. Que ya sabes por lo que pido y lo que necesito.

Hoy hace cuarenta años de tu muerte, de tu pascua. Apenas unas horas antes de que la hermana muerte llamará a tu puerta y a tu anciano, enfermo y crucificado cuerpo, la Pascua ya se había verificado en ti. Las llagas, que habían sido tu cruz y tu gloria, habían desaparecido misteriosamente, milagrosamente, de la misma manera misteriosa y milagrosa que llegaron de modo visible cincuenta años antes. Tu última misa había sido ya tu misa definitiva, tu Eucaristía eterna y pascual. Por cierto, ¡cuánto me hubiera gustado poder asistir a alguna de tus misas del alba, de tus largas, doloridas y gozosas Eucaristías!

Gracia, pura y gratuita gracia

En la vigilia de tu fiesta litúrgica, en la vigilia de hoy, he estado releyendo y revisando la documentación que tengo sobre ti. Y, ¿sabes?, la pregunta es siempre la misma: ¿cómo y por qué viniste hasta mí? Nos separan años, kilómetros, entornos culturales y sociales, en España apenas eres conocido…. ¿Cómo y por qué viniste hasta mí, querido Padre Pío? ¿Cuál es el porqué de mi “perra” hacia ti, querido Padre Pío? Y siempre que me lo pregunto, como ahora, como en la vigilia de tu fiesta litúrgica, la respuesta es siempre la misma: la gracia, pura gracia, la Providencia. Sí, no hay otra explicación: la gracia de Dios lo ha querido, has sido y eres para mí gracia de Dios, un regalo del Altísimo, como lo eres para tantos miles y millones de personas, como lo eres para esa multitud que, sin duda, se congrega estos días en San Giovanni Rotondo.

En una de tus cartas -en tu texto quizás más preciado y más precioso, más sagrado- escribes a tu director espiritual, el padre Benedicto de San Marco in Lamis, la narración de la visita sobre tu cuerpo y tu alma de las llagas y los estigmas del Señor. Fechas la carta el 22 de octubre de 1918, un mes después de que acontecieran definitivamente los hechos. Cuentas cómo sucedieron las cosas y tu perturbación. Las llagas habían herido tu pecho, tus manos y tus pies, sangraban y supuraban. Pero además te habían sumido en la confusión y en el dolor. No entendías lo que había pasado, lo que estaba pasando, lo que iba a pasar. Y pedías al Señor que actuase, que, al menos, te quitara la confusión que experimentabas ante aquellos signos externos.

“Alzaré fuerte mi voz a El -escribías y orabas- y no cesaré de conjurarle, para que por su misericordia retire de mi no el desagarro, no el dolor –porque lo veo imposible y siento que El me quiere embriagar de dolor-, sino estos signos externos que son para mí de una confusión y de una humillación indescriptible e insostenible”.

Ni el dolor interior ni los signos externos de la cruz de Cristo te abandonaron, querido Padre Pío, hasta la víspera de tu pascua, hace ahora cuarenta años. Pero el Señor te escuchó e hizo de ti aptísimo instrumento de su Providencia y de su amor, fecundísimo ministro del perdón y de la conversión, testigo elocuente –hasta mudo, apartado, calumniado y confinado- de que solo podemos gloriarnos de la cruz de Cristo.

Las gracias son para compartirlas

“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”, escribías, sí. Y yo, desde que te conocí hace poco más de seis años, siento también la necesidad de alzar con fuerza mi voz y de no desistir en el empeño de ponerme a la vera de tus llagas y de comunicar a los cuatro vientos quién eres y lo necesitados que estamos de contar con cristianos como tú.

Te diré al respecto una historia de hoy mismo, de ayer mismo. En la tarde de ayer al acabar la Eucaristía que oficiaba en la comunidad de religiosas de la que soy capellán, vino a saludarme una hermana “nueva”. Era una novicia de origen japonés que va a permanecer tres meses en esta comunidad mientras completa su noviciado en la preparación y en la espera de profesar los votos consagrados el próximo 8 de diciembre. Nada más saludarla me acordé de que al día siguiente –hoy- es tu memoria litúrgica y le dije: “Mañana es San Pío de Pietrelcina, un santo de los grandísimos, religioso como tú. Mañana diré la misa por ti y te encomendaré a él”.

Y así lo he hecho esta mañana temprano, cuarenta años después de tu partida. He ofrecido la misa por la joven novicia japonesa y te la he encomendado. Le he dado una reliquia y estampa tuyas, algunos escritos míos sobre ti y un rosario, recordándole tu amor por la Madonna, por tu amor por María. Y le he dicho: ”Hoy, no yo, sino el mismo Dios te hace un regalo maravilloso y extraordinario, dándote, ofreciéndote un santo tan grande como el Padre Pío”.

Y es que, querido Padre, queridísimo Padre, tú has sido y eres un inmenso regalo para mí. Y los regalos nunca se merecen, pero conllevan una deuda: la deuda de la gratitud. Y yo quisiera saldar esta deuda dándote a conocer y seguir más cerca y con mayor radicalidad –a tu lado, tras tu estela- al único Dios y Señor.

Dios está aquí

Pero, ¿sabes?, tu camino es camino de cruz, y a todos nos da miedo la cruz. Sí, ya sé que somos unos insensatos cuando actuamos así. Pero la humana fragilidad –lo sabes bien- pesa y condiciona más de lo que quisiéramos. Por eso, querido Padre Pío, ayúdanos a llevar la cruz, la propia, la de los nuestros y la de la entera humanidad. Ayúdanos a que con los labios y con el corazón –con toda nuestra vida- exclamemos y experimentemos: “Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero”.

“Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina –rezamos en tu oración litúrgica- la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo, concédenos por su intercesión conformarnos con la muerte de Cristo, para ser participes de su resurrección”. Que esta sea también mi plegaria hoy y siempre.

Gracias, Padre Pío. Siempre llegas a mí como brisa suave y reconfortante, como viento fresco y puro, como aroma delicado y embriagador, como oferta tan atrayente y tan sugerente. Alzaré con fuerza mi voz, sí, y no desistiré: Dios está próximo a nosotros mediante hombres como tú. Dios, a través tuyo, nos inunda con los raudales de su gracia. Fue Dios quien escribió los renglones derechos y torcidos de tu vida. Es Dios –el mismo Dios- quien llega cada vez que tú vienes a mi vida, a la vida de los míos y de mis quehaceres y afanes, a la vida de nuestra Iglesia y humanidad.

Guarda, sí, esta carta, junto a tu costado. Apretújala entre tus manos. Hazla camino entre tus pies. Déjala florecer –sí- junto a tus llagas glorificadas. Preséntala en el ara del altar de tu Eucaristía eterna. E incrústala entre las cuentas de tu Rosario sin fin. Amén.

Jesús de las Heras Muela*

 

* Jesús de las Heras Muela nació en Sigüenza el 17 de Diciembre de 1958. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos (Facultad de Teología de Burgos, 1982), Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid, 1992) e Historia de la Iglesia (Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, 1992), habiendo realizado los cursos de doctorado de estas dos últimas disciplinas.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): ¿Cuáles y cuántas son las obras de misericordia?

Tema del programa Nº 5 del ciclo: ¿Cuáles y cuántas son las obras de misericordia?

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 17 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 24º Domingo del Tiempo Ordinario: “Hasta setenta veces siete”

 

“Señor, tú no nos tratas como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados” (Sal 102, 3).

En el Antiguo Testamento se contienen en germen las verdades que luego, predicadas por Cristo, florecen en el Nuevo. A veces es más que un germen, es un verdadero anticipo del Evangelio, como puede verse en la lectura primera de este domingo, que habla del deber del perdón (Ecli 27, 30-28, 7). “Perdona las ofensas a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud a su Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?” (ib 28, 2-4). Si al antiguo pueblo de Dios se le pedía ya tanto, no menos se le puede exigir al nuevo, que ha escuchado las enseñanzas del hijo de Dios y le ha visto morir en cruz implorando perdón para sus verdugos.

Jesús perfeccionó la ley del perdón extendiéndola a todo hombre y a cualquier ofensa, porque con su sangre ha hecho a todos los hombres hermanos -y por lo tanto prójimos los unos con los otros- y ha saldado los pecados de todos. Por eso cuando Pedro -convencido de que proponía algo exagerado- le pregunta si debe perdonar al hermano que peque contra él hasta siete veces, el Señor le responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21-22). Expresión oriental que significa un número ilimitado de veces -equivale a siempre- ya usado en la Biblia en el canto feroz de Lamek, que se jacta de vengarse de las ofensas “setenta veces siete” (Gn 4, 24).

En ese contexto dicha fórmula indica la invasión tremenda del mal. Pero si el mal es inmensamente prolífico, el bien debe serlo al menos otro tanto, porque Jesús emplea la misma expresión, para enseñar así que el mal ha de ser vencido por la bondad ilimitada que se manifiesta en el perdón incansable de las ofensas. Pensándolo bien resulta una obligación desconcertante, casi inquietante. Para hacerla más accesible, Jesús la ha ilustrado con la parábola del siervo despiadado. Su enorme deuda -diez mil talentos- condonada tan fácilmente por el amo, y su increíble dureza de corazón, pues por la exigua suma de cien denarios echa en la cárcel a un colega suyo, permiten intuir enseguida una verdad mucho más profunda oculta en la parábola; la cual representa la misericordia infinita de Dios que ante el arrepentimiento y la súplica del pecador perdona y cancela la más grave deuda de pecados, y por otra parte, ejemplifica la mezquina estrechez del hombre que ,estando tan necesitado de misericordia, es incapaz de perdonar al hermano una pequeña ofensa.

Aunque por el orgullo y el espíritu de venganza inserto en el hombre caído, pueda a veces costar perdonar, es siempre condición indispensable para obtener el perdón de los pecados. No hay escapatoria: o perdón y ser perdonados, o negar el perdón y ser condenados. “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo -concluye la parábola- si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (Mt 18, 35).

Retorna la admonición de la primera lectura: “Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; recuerda los mandamientos y no te enojes con el prójimo… y perdona el error” (Ecli 28, 6-7). Son lecciones que nunca se meditan bastante y que deben inducir a hurgar en el propio corazón para ver si anida en él algún resentimiento o malquerencia contra un solo hermano. No en vano nos ha enseñado Jesús a orar así: “perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12).

 

“Mira, Señor Jesús, que venimos a ti, no como quienes te han seguido, sino como quienes te han traicionado, fieles que tantas veces hemos sido infieles; venimos a reconocer la relación misteriosa entre nuestros pecados y tu pasión dolorosísima, nuestra obra y tu obra. Venimos a golpearnos el pecho, a pedirte perdón, a invocar tu misericordia. Venimos porque sabemos que tú puedes, que tú quieres perdonarnos, porque tú has expiado por nosotros, porque tú eres nuestra redención. Tú eres nuestra esperanza.

Señor Jesús, Redentor nuestro, reaviva en nosotros el deseo y la confianza de tu perdón; robustece el propósito de nuestra conversión y de nuestra fidelidad; danos la certeza y también la dulzura de tu misericordia.

Señor Jesús, nuestro Redentor y Maestro, danos la fuerza de perdonar a los otros, para que nosotros seamos perdonados verdaderamente por ti.

Señor Jesús, nuestro Redentor y Pastor, infunde en nosotros la capacidad de amar, como tú quieres que, a tu ejemplo y con tu gracia, te amemos a ti y a todos nuestros hermanos” (Pablo VI, Enseñanzas, v 2).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 15 de septiembre de 2023

FRAY PABLO MARÍA DE LA CRUZ: ¡Hasta siempre, Pablo!

 

El pasado lunes, 17 de julio, le decíamos “¡hasta siempre!” a Pablo Alonso Hidalgo, fray Pablo María de la Cruz, que había realizado su profesión religiosa en la orden de los Carmelitas Calzados el 25 de junio, cuatro días antes de que ingresara en el noviciado in articulo mortis, una fórmula canónica adaptada a circunstancias excepcionales. Pablo padecía desde los dieciséis años, Sarcoma de Ewing, una enfermedad que marcó su vida (y probablemente la de sus seres más cercanos) de forma indeleble. Después de tanto tiempo de lucha, a primeros de junio la certeza de una muerte próxima y el deseo ardiente de responder a la llamada de Dios coincidieron en él felizmente: “Es mi deseo consagrarme a Dios y vivir en obsequio de Jesucristo. (…) Sentí la llamada de Dios a la vida consagrada, y me ha concedido este milagrazo, porque, según los médicos, mi enfermedad ya no se considera curable y va más rápido de lo que pensaba”.

Y no se equivocaba. Se quedó corto incluso en sus previsiones, aunque no en sus deseos. Todo ha sido trepidante desde que, allá por el mes de agosto de 2021, se planteara en serio su vocación en la Iglesia, durante un retiro en una casa carmelita. Desde entonces su vida ha evidenciado el sorprendente contraste entre el progresivo desmoronamiento físico y la asombrosa fortaleza interior, hasta el punto de afirmar “lo increíblemente bonita que es la muerte en Cristo, que es algo que no da miedo, que es alucinante y que es un tabú que hay que romper”. Entendió que su vida era más fecunda muriendo que recuperando la salud, y lo experimentó inundado de júbilo: “Por el sufrimiento en la enfermedad me encontré con Dios y por la muerte en esta enfermedad me iré con Él, y esto es algo que me hace inmensamente feliz”.

Su funeral resultó una explosión de alegría, entre otras cosas porque Pablo lo dejó así dispuesto: que fuese una fiesta, que no pudiese entrar nadie con la cara triste, que portaran (si deseaban complacerle) la flor favorita, que inundasen de cantos la celebración. Incluso dejó la playlist de las canciones. Nada de lloros y lamentaciones (lloros y lamentos, no sé si hubo; lágrimas, muchas, puedo atestiguarlo). Entiendo que, para el mundo, todo esto resulte casi un escándalo, un hecho que descoloca en cierto modo, pero a buen seguro no sucede así para todos los que le conocieron de cerca.

Fui profesor de Pablo durante un curso (en el colegio Calasanz de Salamanca todos le recordamos con inmenso cariño) justo el curso anterior al que le diagnosticaron la enfermedad. Lo que mejor visualizo es su discreción y su constancia, la impronta de sencillez y humildad que transmitían sus actos. Un ejemplo: su grupo era bastante numeroso, y esa circunstancia determinaba que no hubiera mucho espacio entre los pupitres. El suyo se ubicaba muy próximo a la puerta, por lo que tenía que levantarse o moverse con frecuencia, para facilitar el acceso de alumnos o profesores al aula, a la pizarra, a la mesa del profesor, etc. Pues bien, nunca vi en él gestos de incomodidad o queja; al contrario, lo llevaba con naturalidad y bonhomía.

Pero, en fin, esto solo acaba de empezar, amigo Pablo. Ya lo repetía con insistencia el estribillo del himno que los jóvenes convirtieron en lema de la celebración: No tengo miedo, Señor de la vida, me quiero entregar. Y, ciertamente, la noche oscura del alma que tú salvaste con decidida esperanza se tornará en una luz transformadora, porque, como dice la canción, los hombres buenos no se entierran, se siembran. Para mayor felicidad tu encuentro con el Padre ha coincidido con la festividad de la Virgen del Carmen, y no quedará en el olvido tu recomendación encarecida: “dile a los jóvenes que el que quiera seguir hablando conmigo lo tiene muy fácil, que se acerque a la Eucaristía; allí me tienen siempre en línea”. En el abrazo definitivo que habrá colmado tus deseos te llevas, sin duda, el calor de tantos jóvenes que, contagiados de tu espíritu, acompañaron tus sueños con alegría y canciones, con sentidas oraciones.

Y a nosotros nos queda lo más importante: tu hermosa experiencia de vida y tu sublime lección de muerte. ¡Hasta siempre, Pablo!

 

Artículo original de Ramiro Merino González, profesor y poeta, publicado el 24 de julio de 2023 en “La Crónica de Salamanca”, Salamanca, España.

miércoles, 13 de septiembre de 2023

¡BUENOS DÍAS, ÁVILA! (audios): ¡Viva España!


Tema de esta emisión:

¡Viva España!

Este ciclo radiofónico incluye una serie de reflexiones del Padre José Medina que nos pretenden hacer ver el nuevo día con ilusión y esperanza, centrados en Cristo Jesús.

¡Buenos días, Ávila! se emitió originalmente en días rotativos a las 8 de la mañana durante los años 2009-2010 en Cadena Cope Ávila, España.