domingo, 10 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 23º Domingo del Tiempo Ordinario: La corrección fraterna

 

“¡Haznos volver a ti, Señor, y volveremos!” (Lam 5, 21).

Para ordenar la meditación de los textos bíblicos de la liturgia de hoy puede tomarse como punto de arranque la segunda lectura (Rm 13, 8-10): “A nadie le debáis nada, más que amor” (ib 8). Es ésta la gran deuda que cada uno debe apresurarse a saldar; deuda, porque el amor mutuo es exigencia de la naturaleza humana y porque Dios mismo ha querido tutelar esa exigencia con un mandamiento extremadamente importante, síntesis de toda la ley: “el que ama tiene cumplido el resto de la ley” (ib).

Todos los preceptos -negativos o positivos- que regulan las relaciones entre los hombres culminan en el amor. Amor ordenado no sólo al bien material de los hermanos, sino también al espiritual y eterno. Como cada cual quiere para sí la salvación, así está obligado a quererla para los otros; y aun es condición para su misma salvación personal.

Sobre este punto se detiene la primera lectura (Ez 33, 7-9). Dios ha constituido a Ezequiel centinela de su pueblo y le dice: “Si… tú no hablas, poniendo en guardia al malvado, para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre” (ib 8). Es siempre la gran responsabilidad del que tiene cometido semejante al del profeta: pastores del pueblo de Dios, superiores religiosos, padres y madres de familia, educadores. Su salvación está condicionada al celo en guardar su grey, sea grande o pequeña.

Dejar perecer en el pecado a un hijo o a un hermano sin tenderles la mano es una traición, una vileza, un egoísmo de que Dios pedirá estrecha cuenta. El temor a ser rechazado, a perder la popularidad o a ser tachados de intransigencia no justifica el “lavarse las manos” o el “dejar pasar”. El que ama no se da paz mientras no halla el modo de llegar al culpable y amonestarlo con bondad y firmeza. Y si a pesar de tentativas, exhortaciones y súplicas no consigue su intento, no cesará de orar y hacer penitencia para obtenerle la gracia de Dios.

El Evangelio (Mt 18, 15-20) da un paso adelante y extiende este deber a todo fiel que ve a un hermano caer en el pecado. “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano” (ib 15). Ante todo la amonestación debe ser secreta para salvaguardar el buen nombre del culpable. Por desgracia en la práctica acaece con frecuencia lo contrario: se habla y se murmura con otros manifestando lo que estaba oculto, mientras bien pocos tienen la valentía de advertírselo al interesado. ¿De qué sirve hablar sobre la enfermedad, si ninguno cura al enfermo? Hay que preocuparse, más bien, de “salvar” al hermano.

Su pérdida es un daño para él y para la comunidad, y su retorno es “una ganancia” para todos. Por eso, si la corrección privada no tiene éxito, Jesús exhorta a repetirla delante de dos o tres testigos; y, si aun este medio fallase, a informar de ello a la Iglesia. No para denuncia y condena, sino para inducir al culpable a enmendarse y para tutelar el bien común. La Iglesia, en efecto, estando asistida por el Espíritu Santo, tiene luz y poder particulares, y por eso su admonición tiene una eficacia especial; y, en fin, su decisión de “atar o desatar” tiene tal autoridad que es ratificada en el cielo (ib 18).

El trozo evangélico termina con una exhortación a la plegaria en común. Como los fieles -uno o dos testigos- deben convenirse para procurar sacar del mal a un hermano, así también se deben convenir para orar. Basta que dos solos convengan en lo que pedir a Dios y se reúnan en nombre de Jesús, para que su oración sea escuchada. Y los será ciertamente si tiene por objeto la enmienda de los culpables.

 

“Padre y Señor nuestro, que nos has redimido y adoptado como hijos, mira con bondad a los que tanto amas; y pues creemos en Cristo, concédenos la verdadera libertad y la herencia de los santos”; al igual que la Oración sobre las Ofrendas: “Oh Dios, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas y unirnos fielmente a ti por la participación en esta eucaristía” (Oración Colecta, Misal Romano).

“Dios misericordioso y compasivo, perdona nuestras iniquidades, pecados, faltas y negligencias. No tengas en cuenta todo pecado de tus siervos y siervas, sino purifícanos con la purificación de tu verdad y endereza nuestros pasos en santidad de corazón, para caminar y hacer lo acepto y agradable delante de ti y de nuestros hermanos.

Sí, Señor, muestra tu faz sobre nosotros para el bien en la paz, para ser protegidos por tu poderosa mano, y líbrenos de todo pecado tu brazo excelso, y de cuantos nos aborrecen sin motivo. Danos concordia y paz a nosotros y a todos los que habitan sobre la tierra, como se la diste a nuestros padres que te invocaron santamente en fe y verdad” (San Clemente Romano, Comentario a 1 Corintios, 60).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 8 de septiembre de 2023

VIRGEN MARÍA: 5 datos que debes saber de la Natividad de la Virgen María

 


Cada 8 de septiembre la Iglesia celebra el nacimiento de la Virgen María, la cual es conocida desde el siglo VI. Es verdad que el Evangelio no menciona donde nació María, algunos dicen que nació en Nazaret y otros que en Jerusalén.

5 datos que debes saber de la Natividad de la Virgen María:

1) Esta fiesta se comenzó a celebrar oficialmente con el Papa San Sergio (687-701 d.C.) al establecer que se celebraran en Roma cuatro fiestas en honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación.

2) El nacimiento de la Virgen María tuvo privilegios únicos. Ella vino al mundo sin pecado original y fue elegida para ser Madre de Dios. Era pura, santa, y tenía la gracia santificante, desde su concepción. Con este hecho, se cumplieron las Escrituras y todo lo dicho por los profetas

3) En la plenitud de los tiempos, María se convirtió en el vehículo de la eterna fidelidad de Dios. Hoy celebramos el aniversario de su nacimiento como una nueva manifestación de esa fidelidad de Dios con los hombres.

4) Después del pecado original de Adán y Eva, Dios había prometido enviar al mundo a otra mujer cuya descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente. Al nacer la Virgen María comenzó a cumplirse la promesa.

5) La vida de la Virgen María nos enseña a alabar a Dios por las gracias que le otorgó y las bendiciones que derramó por Ella sobre el mundo.

Celebremos con alegría el nacimiento de María, pues de ella nació Cristo Nuestro Señor, encomendemos nuestras necesidades a Ella y regala flores a la Virgen en alguna capilla, en señal del amor.

«Por tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, anunciaste la alegría a todo el mundo: de ti nació el Sol de justicia, Cristo, Dios nuestro» (Liturgia de las Horas, Laudes, propio de la Fiesta).

¡Feliz cumpleaños, Madre querida!

miércoles, 6 de septiembre de 2023

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): ¿Qué son las obras de misericordia?

Tema del programa Nº 4 del ciclo: ¿Qué son las obras de misericordia?

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 3 de septiembre de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 22º Domingo del Tiempo Ordinario: La necesidad de la cruz

 


“Señor, que me ofrezca a ti como hostia viva, santa, agradable a ti” (Rom 12, 1)

A causa de pecado y de sus consecuencias, el servicio de Dios entraña lucha, renuncia, vencimiento propio. La liturgia de hoy es una demostración típica de ello. En primer lugar la afligida confesión de Jeremías (20, 7-9) que expresa el profundo sufrimiento de un hombre elegido por Dios para anunciar su palabra y perseguido por ella. El profeta llega a declararse “seducido” por Dios, casi engañado, porque su misión lo ha hecho objeto de “oprobio y desprecio todo el día” (ib 8). Oprimido por el sufrimiento quisiera sustraerse al querer divino, pero le es imposible.

“La palabra de Dios era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla y no podía” (ib 9). Este misterioso fuego interior, índice del amor de Dios que lo ha conquistado, y aun “seducido”, y del carisma profético de que ha sido dotado, lo mueve contra toda inclinación natural, a proseguir su ingrata misión. Espléndido ejemplo del poder de la acción divina en una criatura débil.

Pero la demostración más autorizada nos viene del Evangelio (Mt 16, 21-27) en el anuncio de la pasión de Jesús, de la que los sufrimientos de Jeremías, son una pálida figura. “Desde entonces -es decir, desde la confesión de Pedro en Cesárea- empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho… y ser ejecutado” (ib 21). Con su fogosidad acostumbrada Pedro reacciona al instante. ¿Cómo admitir que el Mesías, el Hijo de Dios vivo, vaya a ser perseguido y ajusticiado? Pedro no hace más que expresar la mentalidad de los hombres de todos los tiempos. En buena lógica humana cuanto mayor es uno, tanto más éxito ha de tener y más ha de ir de victoria en victoria. Pero no es esta la lógica de Dios ni el pensamiento de Jesús, el cual afirma que “tiene” que sufrir porque así lo ha establecido el Padre para redimir al mundo del pecado.

Y Pedro se siente rechazado con dureza: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios” (ib 23). ¡Tremendo contraste entre estas palabras y las que ha escuchado en Cesárea cuando la confesión de la mesianidad y divinidad de Jesús! Allí: “¡Dichoso tú!” y la promesa del primado (ib 16-18); aquí el apelativo de “Satanás” y la repulsa. El motivo uno solo: la oposición a la pasión y muerte del Señor. Es más fácil reconocer en Jesús al Hijo de Dios que aceptar verlo morir como un malhechor. Pero quien se escandaliza de él; quien rechaza su pasión le rechaza a él, porque Cristo es el Crucificado. Y quien sigue a Cristo tiene que aceptar no sólo la cruz de Cristo, sino la propia. Lo dice Jesús en seguida para hacer comprender a sus discípulos que sería una ilusión pensar en seguirlo, pero sin llevar con él la cruz: “El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (ib 24). Después del pecado es éste el único camino de salvación para los individuos y para la humanidad entera.

“Hermanos: os exhorto, por la misericordia de Dios -escribe san Pablo- a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12, 1 – 2ª lectura). El cristiano no lleva su cruz a la fuerza; es un voluntario que la acepta con amor para hacer de sí mismo un sacrificio vivo y santo” en unión con el de Cristo, para gloria del Padre y redención del mundo. Pero esto no es posible sin esa profunda transformación de mentalidad que hace pensar “al estilo de Dios” y por eso hace al hombre capaz de “discernir lo que es la voluntad de Dios” (ib 2) y de no escandalizarse en presencia del sufrimiento.


“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: ‘Violencia’, proclamando: ‘Destrucción’. La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: ‘No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre’; pero la palabra era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla, y no podía… Pero el Señor está conmigo, cual campeón valeroso” (Jeremías 20, 7-9. 11).

“Si quiero vivir contigo, oh Jesús, debo persuadirme de que la vida cristiana está comprendida en ti crucificado, esto es, en el espíritu de renuncia, de sacrificio, en la práctica del total abandono y renuncia de sí; sólo a través del Calvario se llega a la meta. Si encontramos en este camino dolores y luchas, tú, oh Cristo, nos sostendrás con tu cruz y nos ayudarás con tu gracia. Graba en mi corazón tus palabras: ‘El que quiera venirse conmigo, que cargue con su cruz y me siga’.

Jesús mío, tú tienes una cruz que es demasiado grande para nuestras débiles fuerzas; no podemos nosotros ofrecer tanto a tu amor. Pero acepta, oh Jesús, el ofrecimiento de nuestros dolores, concédenos unirnos a la gloria de tu Resurrección. Jesús mío, que durante toda mi vida lleve mi cruz como prenda de tu santo amor y arra de tu benevolencia, y muerto y crucificado al mundo viva la vida de la gracia” (Siervo de Dios Monseñor Giuseppe Canovai, Suscipe, Domine).

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 1 de septiembre de 2023

FRAY PABLO MARÍA DE LA CRUZ: El Obispo de Salamanca relata su encuentro con él

 

Mons. José Luis Retana
junto a Pablo María de la Cruz

(Servicio Diocesano de Comunicación de la Diócesis de Salamanca) El pastor de la Diócesis de Salamanca, Mons. José Luis Retana, comparte en este artículo el momento de gracia compartido junto al joven Pablo María de la Cruz, previo a su profesión religiosa en la Orden del Carmen y de la que posteriormente fue testigo el 25 de junio. Fray Pablo murió siendo carmelita, a los casi 22 años (los habría cumplido el 26 de julio) , el sábado 15 de julio, en la vigilia de Nuestra Señora del Carmen.

MONS. JOSÉ LUIS RETANA GONZALO. OBISPO DE SALAMANCA

El viernes, 23 de junio, estando en Ciudad Rodrigo, antes de las seis de la mañana, recibí un mensaje del prior de los Carmelitas Calzados, vecinos y amigos en Salamanca, que decía lo siguiente:

 

Buenos días, don José Luis.

Soy su amigo y vecino, Desi. Disculpe el asalto mañanero. Le comunico que un novicio de Salamanca, Pablo, que tiene 21 años, este domingo, día 25, a las 20:00 horas en nuestra iglesia de El Carmen de Abajo va a hacer la profesión religiosa in articulo mortis. La muerte de Pablo está cercana, pues se ha acelerado el cáncer, y hemos recibido las dispensas necesarias desde Roma para admitirlo ya definitivamente a la Orden del Carmen. Estamos apurando al máximo, para que pueda profesar en la iglesia, pues lo ha pedido con insistencia. El Prior Provincial vendrá el domingo para la vestición del hábito y para recibir sus votos.

Queremos informarle, y también invitarle, si Vd. puede presidir solemnemente la Eucaristía. El Prior Provincial se encargaría de pronunciar la homilía y de presidir el rito de la profesión. Nosotros nos encargaríamos de organizar toda la liturgia. Siento la precipitación, pero todo se ha acelerado y me siento en la obligación de invitarle, porque sé que la vida de Pablo María de la Cruz va a dar mucho fruto y su muerte será una palabra de Dios para nuestra Diócesis de Salamanca. Su vida es ejemplar y su testimonio no deja indiferente a nadie, circula ya su fama de vida virtuosa… Ya veremos a ver qué pasa. Él está sereno, en paz, alegre, radiante… Dios mediante, y si es voluntad de Dios, desea morir con el hábito de la Virgen, aquí, en el convento.

Un fortísimo abrazo, D. José Luis. Ya me dirá algo. Perdón nuevamente por el atraco. Dios le bendiga. Desi.

 

Ante la imposibilidad de presidir la celebración de la toma de hábito carmelita de Pablo por los compromisos adquiridos. El sábado, 24, ya en Salamanca, a las doce de mediodía, fui a visitar a Pablo en su casa, me acompañó Desiderio y nos presentamos en casa. Estuvimos hora y media con sus padres y con él. El mensaje del día anterior era completamente verdadero y fue un momento de gracia para mí.

Pablo, con su cabeza rapada, sus 21 años, nos recibió con una alegría y una paz difíciles de describir en un joven de esa edad, acrisolado por la enfermedad de varios años. Sus padres con un dolor mitigado por la fe. Él enamorado de Cristo hasta las trancas y con un afecto tan grande por la Iglesia, con una amistad tan extraordinaria con los jóvenes que le visitan, a los que tiene que levantar el ánimo y los evangeliza con su modo sencillo y extraordinario de afrontar la enfermedad, protegiendo el dolor de sus padres hablando él mismo con los médicos después de las consultas, el amor a la Eucaristía, la paz e incluso la alegría ante la muerte porque entiende que en ella se cumple el designio grande para el que estamos hechos.

Pablo María entrega su vida en obsequio de Jesucristo e insiste en ofrecer su vida por dos intenciones: por la conversión de los jóvenes, para que conozcan el amor de Dios manifestado en Jesús Eucaristía; y por la unidad de la Iglesia, para que todos los movimientos, grupos eclesiales, itinerarios, Congregaciones y Órdenes religiosas…, sean uno, de forma que brille en medio de nuestro mundo y en la misma Iglesia la belleza del Cuerpo de Cristo.

Salí de aquella casa completamente conmovido, viendo la grandeza de la obra que Cristo puede hacer en la vida de un muchacho que se entrega a su amistad sin filtro ninguno. Una gracia más con la que el Señor remueve mi tibieza en la entrega. La vida y el modo de afrontar la muerte de Pablo se convierte en una denuncia profética a nuestra tibieza en nuestra opción por Cristo. Salí de allí con un abrazo grande a los tres, lleno de afecto y gratitud. Les bendije, sabiendo que yo era el bendecido, por este Fiat tan grande de este joven muchacho que el domingo 25 se consagró del todo al Señor in artículo mortis (al final pude presidir la Eucaristía). Una muerte que ofrece por la conversión de los jóvenes. Su vida ya está dando los frutos propios de una persona aferrada por Cristo.

Qué grande es Dios y qué bella es la Iglesia y el Espíritu que trabaja en ella y a cada uno de nosotros. La vida débil de Pablo dará frutos insospechados para los que estamos siendo testigos de su entrega.

+ José Luis Retana, obispo de Salamanca

miércoles, 30 de agosto de 2023

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE: ¡Acercaos hijos míos, no tengáis miedo!

Homilía del Padre José Medina realizada el martes 19 de enero de 2016 en la Parroquia "Nuestra Señora de la Saleta" en la ciudad de Alcorcón, Madrid, España.



domingo, 27 de agosto de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 21º Domingo del Tiempo Ordinario: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”

 


«Eres, Señor, sublime, pero te fijas en el humilde, mientras al soberbio lo conoces de lejos» (SI 137, 6).

El episodio de la aparición nocturna de Jesús en el lago, cuando Pedro fue hacia él caminando sobre el agua, se había cerrado con la confesión espontánea de los discípulos: «Realmente eres Hijo de Dios» (Mt 14, 33). Pero en Cesárea de Filipo (Mt 16, 13-20) Jesús provoca otra confesión más completa y oficial. Pregunta a sus discípulos qué dice la gente sobre él, para inducirlos a reflexionar y a superar la opinión pública mediante el conocimiento más directo e íntimo que tienen de su persona.

Algunos del pueblo piensan que es «Juan Bautista, otros que Elías, otras que Jeremías» (ib 14); no se podía pensar en personajes más ilustres. Sin embargo entre los tales y el Mesías hay una distancia inmensa que nadie ha osado salvar. Lo hace Pedro sin titubear respondiendo en nombre de los compañeros: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (ib 16). Los discípulos han comprendido. Son ellos la gente sencilla a la que el Padre se ha complacido en revelar el misterio. Y como un día había exclamado Jesús: «Te doy gracias, Padre..., porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla» (Mt 11, 25), así dice ahora a Pedro: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne o hueso, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16, 17).

Sin una iluminación interior dada por Dios no sería posible un acto de fe tan explícito en la divinidad de Cristo. La fe es siempre un don. Y a Pedro que se ha abierto con presteza singular a este don, le predice Jesús la gran misión que le será confiada: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del Infierno no la derrotará» (ib 18). El humilde pescador vendrá a ser la roca firme sobre la que Cristo construirá su Iglesia, como un edificio tan sólido que ningún poder, ni aun diabólico, podrá abatirlo. Y añade: «Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo» (ib 19). En lenguaje bíblico las llaves indican poder: «Colgaré de su hombro las llaves del palacio de David» se lee hoy en la primera lectura (Is 22, 19-23) a propósito de Eliacín, mayordomo del palacio real. El poder conferido a Pedro es inmensamente superior; a él se le dan las llaves no de un reino terreno, sino del Reino de los Cielos, o sea del reino que ha venido Jesús a instaurar con su Iglesia, en la cual Pedro tiene el poder «de atar y de desatar», esto es, de condenar y de absolver, de excluir y de acoger, no sólo las personas, sino las doctrinas y las costumbres. Potestad tan grande que sus decisiones son ratificadas «en el cielo» por el mismo Dios.

Es desconcertante un tal poder otorgado a un hombre y sería inadmisible si Cristo al confiarlo a Pedro, no le hubiese asegurado una asistencia particular. Así Jesús ha querido edificar su Iglesia; y así la Iglesia debe ser aceptada aceptándose juntamente el primado de Pedro que, al igual que ella, es de institución divina. Si esto puede ser objetado por una sociedad excesivamente racionalista e insumisa a toda autoridad, el cristiano auténtico reconoce —y con gratitud— lo que Cristo ha establecido para hacer más seguro a los hombres el camino de la salvación. Por lo demás el hombre no puede pretender en ningún campo juzgar los planes y las acciones de Dios, sino que debe repetir con S. Pablo: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!» (Rm 11, 33; 2.8 lectura).

 

“En tu luz y con tu gracia, Padre que estás en los cielos, proclamó Pedro la inefable naturaleza de tu único Hijo bienaventurado, y mereció llegar a ser la piedra contra la cual no prevalecerán las puertas del Infierno.

Señor, has elegido al bienaventurado Pedro, sobre los otros apóstoles, como cabeza de la fe y fundamento de tu Iglesia. Por sus oraciones, Cristo, ten piedad de nosotros”. (Cf. Plegarias eucarísticas, 120).

“Yo clamo hoy a ti, amor mío, Dios eterno, que tengas misericordia de este mundo y que le des la luz para conocer a tu Vicario con pureza de la fe, de la cual te ruego los revistas, Dios mío; y dale la luz, para que todo el mundo lo siga. Dale la luz sobrenatural; desde el momento que has dotado a tu Vicarios de un corazón varonil, que sea adornado de tu santa humildad; por eso no cesaré nunca de llamar a la puerta de tu benignidad, amor mío, para que tú lo exaltes. Manifiestas, pues, en él tu virtud, para que su corazón varonil arda siempre con tu santo deseo y esté revestido de tu humildad; y con tu benignidad, caridad, pureza y sabiduría proceda en sus acciones y de ese modo atraiga a sí a todo el mundo”. (Santa Catalina de Siena, Oraciones y elevaciones, 23).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 25 de agosto de 2023

ESPIRITUALIDAD: En la Transverberación de Santa Teresa de Jesús se nos propone el horizonte insospechado de la mística

 

El éxtasis de Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini

Cada 26 de agosto en el Carmelo Descalzo, pero especialmente en el monasterio de La Encarnación, en Ávila, España, se celebra la fiesta de la transverberación del corazón de Santa Teresa, la experiencia mística que vivió en 1562 esta santa, en la que veía un ángel meter una lanza en su corazón que, en sus palabras, "me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios".

La "transverberación" (del latín "transverberatio", que significa "traspasar") es una experiencia mística de cercanía a Dios que implica un "fuego" y una "herida" en el corazón.

La escena, inmortalizada por Bernini en la iglesia de Santa María de la Victoria en Roma, nos la cuenta ella misma en su "Libro de la Vida" (cap. 29), así:

“Ví a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan ecendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.

Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios”. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”.

Más adelante, buscando corresponder a este regalo divino, Santa Teresa hizo el voto de hacer siempre lo que le pareciese más perfecto y agradable a Dios. Es así que el resto de su vida, la reformadora y fundadora carmelita se esforzó por cumplir perfectamente este juramento.

Cuando la santa partió a la Casa del Padre, la autopsia reveló que en su corazón había la cicatriz de una herida larga y profunda.

Joan Carroll, en su libro sobre doctores de la Iglesia y mística, enumera otros santos que han experimentado este fenómeno místico: Catalina de Siena, Margarita María Alacoque, Pío de Pietrelcina, Francisco de Sales y Verónica Giuliani, entre otros.

Este acontecimiento de gracia en la vida de Santa Teresa de Jesús nos presenta los horizontes insospechados para el hombre que ofrece la mística.  Santa Teresa es testigo del amor misericordioso de Dios, rico e infinito en su misericordia.

Terminamos esta breve reseña de tan alto y divino acontecimiento con la Oración que para este día nos proporciona la Liturgia Carmelitana: 

“Señor Dios nuestro, que abrasaste de un modo maravilloso el corazón de santa Teresa con el fuego de tu Santo Espíritu, para fortalecerla en las empresas que por tu nombre había de realizar en la Iglesia; concédenos, por su intercesión, experimentar la fuerza de tu amor y trabajar con generosidad por la venida de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo”.

Con mi bendición.

Padre José Medina 

miércoles, 23 de agosto de 2023

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Su nombre es Dios, su apellido Misericordia


Tema del programa Nº 3 del ciclo: Su nombre es Dios, su apellido Misericordia

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FMy Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 20 de agosto de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 20º Domingo del Tiempo Ordinario: “¡Ten compasión de mí, Señor!”

 


“¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben” (Sal 66, 4).

Desde antiguo, eligiendo Dios a Israel para pueblo suyo, le asignó un puesto privilegiado en la historia de la salvación; a él serían reservadas las primicias de los dones salvíficos. Pero madurando los tiempos la salvación se extendería a todos los pueblos sin discriminación alguna por medio de Israel, pueblo sacerdotal. Este plan, anunciado por los profetas, es recordado hoy en la primera lectura (Is 56, 1, 6-7). Por boca de Isaías Dios asegura su benevolencia a cualquier extranjero que crea en él y lo sirva cumpliendo su ley: “los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración… Mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos” (ib 7). La elección de Israel no significa, pues, rechazo de los otros pueblos, pues está ordenada a la salvación de ellos.

San Pablo en la lectura segunda (Rom 11, 13-15. 29-32) profundiza este argumento. Contristado por la resistencia de sus connacionales al Evangelio de Cristo, el Apóstol no renuncia a buscar todos los caminos para conducirlos a la fe; y dedicándose con celo a la conversión de los gentiles, lo hace con la esperanza secreta de despertar “emulación en los de mi raza” y salvar “a alguno de ellos” (ib 14). Dios no se arrepiente de sus dones: las promesas hechas a Israel y su vocación “son irrevocables” (ib 29). Si él se arrepiente, Dios está pronto a perdonarlo. Pues como los paganos, desobedientes un tiempo a Dios, son ahora acogidos por su misericordia, así los judíos que rehúsan a Cristo desobedeciendo a Dios, cuando tornen a él, serán nuevamente objeto de las divinas misericordias.

Más aún -explica san Pablo-, como el que Israel rehusase ha sido causa de que el Evangelio se haya predicado a los gentiles, encontrando éstos misericordia, así la conversión de éstos será un día ocasión para el pueblo elegido de entrar en sí. Pues Dios, “para tener misericordia de todos” (ib 32), ordena todo para el bien, o sea su llamado universal a la salvación. Si el pecado es siempre causa de ruina para quien se obstina en él, no puede con todo destruir el plan de salvación universal querido por Dios.

En el Evangelio (Mt 15, 21-28) corrobora con su conducta para con la cananea el orden misterioso de este plan divino. “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”, grita la mujer implorando gracia para su hija atormentada por el demonio (ib 22). El hecho de que esta pagana se dirija a Jesús llamándolo “hijo de David”, título mesiánico que ni los judíos le reconocían, no carece de significado; demuestra que Dios no niega su luz a ningún pueblo ni a ninguna clase. Los discípulos aparecen molestos por la insistencia de la extranjera y ni el mismo Jesús parece darles ánimos: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel” (ib 24). En efecto, por voluntad del Padre debe desarrollar su actividad dentro de los confines de Palestina; sólo cuando haya reunido a las ovejas errantes de Israel y haya formado una grey compacta, éste a su vez será enviado a llevar el Evangelio a todas las gentes; pero eso sucederá después de su ascensión.

Entretanto, la mujer continúa suplicando, y Jesús responde adrede duramente: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos” (ib 26). Pero ella no se desanima, antes le toma la palabra y replica: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. El Señor se rinde y deja desbordar su misericordia contenida hasta entonces: “Mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas” (ib 27-28). Para obtener la misericordia de Dios no vale la pertenencia a un pueblo o a una clase privilegiada; lo que vale es la fe.

 

“El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe” (Salmo 66).

“Señor, abriste los ojos de nuestro corazón, para conocerte a ti, el solo Altísimo en las alturas, el Santo que reposa entre los santos. A ti, que abates la altivez de los soberbios, deshaces los pensamientos de las naciones, levantas a los humildes y derribas a los que se exaltan. Tú enriqueces y tú empobreces. Tú matas y tú das vida. Tú sólo eres bienhechor de los espíritus y Dios de toda carne. Tú miras a los abismos y observas las obras de los hombres; ayudador de los que peligran, salvador de los que desesperan, criador y vigilante de todo espíritu. Tú multiplicas las naciones sobre la tierra y de entre todas escogiste a los que te aman, por Jesucristo, tu siervo amado, por el que no enseñaste, santificaste y honraste.

Te rogamos, Señor seas nuestra ayuda y protección. Salva a los atribulados, compadécete de los humildes, levanta a los caídos, muéstrate a los necesitados, cura a los enfermos, vuelve a los extraviados de tu pueblo, alimenta a los hambrientos, redime a los cautivos, da salud a los débiles, consuela a los pusilánimes; conozca todas las naciones que tú eres el solo Dios, y Jesucristo tu siervo, y nosotros tu pueblo y ovejas de tu rebaño” (San Clemente Romano, 1 Corintios, 59, 3, 4).

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 18 de agosto de 2023

FRAY PABLO MARÍA DE LA CRUZ: ¡El Cielo existe! Carta al Papa Francisco

 


El Sumo Pontífice recibió en el vuelo a la JMJ una “cruz florecida” dibujada por el joven

(Oficina de Prensa de la Provincia Carmelita “San Juan de la Cruz” de Aragón, Castilla y Valencia) El día 29 de julio de 2023, festividad de Santa Marta, el Prior General de la Orden del Carmen, Rvdmo. P. Míceál O’Neill, O.Carm., hizo llegar al Papa Francisco de forma oficial la carta póstuma original que Fray Pablo María de la Cruz, carmelita, le había escrito a su Santidad, para acompañarle también con su oración y la entrega de su vida en el Encuentro Mundial de la Juventud en Lisboa (Portugal).

La carta de fray Pablo María de la Cruz, debido al bien que su vida está suscitando en tanta gente, fuera y dentro de la Iglesia, iba acompañada de una carta informativa dirigida al Prior General de parte de S.E.R. Mons. José Luis Retana Gozalo, y del M.R.P. Salvador Villota Herrero, Prior Provincial de los carmelitas de la Provincia de Aragón, Castilla y Valencia de S. Juan de la Cruz, los cuales expresaban con asombro y gratitud lo vivido durante esos días en el Convento carmelita de San Andrés.

Así mismo, solicitaban que la carta de fray Pablo María de la Cruz-pensando en el bien que pudiera hacer en tanta de gente de buena voluntad, y, sobre todo, en los jóvenes que van a participar en la JMJ de Lisboa- le fuera reenviada al Papa Francisco.

La corresponsal de COPE en el Vaticano e Italia, Dña. Eva Fernández, esta mañana, día 2 de agosto, en la rueda de prensa en el avión que trasladaba al papa Francisco a la JMJ de Lisboa, le ha hecho entrega a Su Santidad, como obsequio de los periodistas, el dibujo que fray Pablo María había hecho de una “cruz florecida”, llena de vida y de flores, y que, más tarde, junto con la frase bíblica de Isaías 43, 1 y un pensamiento sobre el significado de la enfermedad de Fray Pablo, se utilizarían para confeccionar el recordatorio de su funeral.  Dado que ya se ha hecho la entrega oficial de la carta, la reproducimos a continuación. Junto al dibujo, los periodistas adjuntaron la carta de fray Pablo María de la Cruz, que, previamente, por vía oficial, había sido enviada.

Carta de fray Pablo María de la Cruz, carmelita, 

al Papa Francisco

Salamanca, 12 de julio de 2023




Querido papa Francisco.

Soy fray Pablo María de la Cruz Alonso Hidalgo, carmelita. Tengo 21 años. El pasado 25 de junio de 2023 recibí la gracia de ser admitido a la profesión religiosa, “in articulo mortis”, haciendo voto de pobreza, obediencia y castidad en la Orden del Carmen, en el Convento de S. Andrés de Salamanca, lugar donde vivió S. Juan de la Cruz. A estas alturas sólo me sale dar gracias a Dios por este regalo inmerecido y tan grande que me ha hecho nuestra Madre la Iglesia a través de la Orden del Carmen. El proyecto de vida no podía ser más fascinante: “vivir en obsequio de Jesucristo”.

Llevo 6 años combatiendo contra el sarcoma de Ewing. Soy consciente que todo tiene una razón dentro del plan de Dios. En medio de altibajos, días mejores y peores, y con mucha purificación por medio de la enfermedad, hoy contemplo mi vida y puedo confesar que he sido y soy feliz. He descubierto que el centro de mi vida no es la enfermedad, sino Cristo. Como les he dicho a mis amigos, a mi familia, a mis hermanos carmelitas: “Por el sufrimiento en la enfermedad me encontré con Dios, y por la muerte en la enfermedad me iré con Él. Y, por ello, le doy gracias”.

Me encuentro actualmente en la unidad de paliativos del Hospital Clínico Universitario de Salamanca y presiento que el Padre, en su infinita misericordia, me llamará muy pronto a estar con Él. Los médicos, en esta recta final, me han dado una gran noticia: que podré regresar al convento, y, allí, entregar mi vida a Jesús, muriendo en El Carmen de Abajo, donde tantas gracias he recibido a los pies de la Virgen del Carmen. El misterio de la cruz ha presidido mi vida, pero puedo gritar con fuerza, con san Tito Brandsma, al que me encomendé hace unos meses: “La cruz es mi alegría, no mi pena”. No obstante, no he estado sólo en este período de enfermedad, Jesús Eucaristía me ha acompañado todos los días, siendo Él el mejor paliativo y la mejor medicina a mis dolores. Ya lo he dejado dicho para que lo anuncien en mi funeral, que “el que quiera hablar conmigo lo tiene muy fácil, que se acerque a la Eucaristía, allí me tienen siempre en línea. ¡Si sentimos el mismo fuego en el amor a Jesús-Eucaristía, tú y yo, hermano, somos UNO!”.

Deseaba participar en la JMJ de Lisboa con Vd. y con tantos jóvenes de todo el mundo que van a desplazarse allí esos días. Sé por experiencia que el fuego interno que puede tener un joven enamorado de Jesús no lo puede apagar nadie. Pido al Señor que en Lisboa arda ese fuego del Amor de Dios. ¡Como me gustaría que los jóvenes conocieran a Jesús, mi Amado! ¡Me ha dado tanto! ¡Me ha consolado tanto. ¡Me ha hecho tan feliz! Físicamente, estoy sin fuerzas, pero la comunión de los santos me permitirá participar de otra manera más profunda y no menos cercana con Vd. De hecho, no sé si, cuando reciba esta carta, le podré acompañar desde la oración, o, si Dios en su infinitiva misericordia, me habrá llamado ya. En ese caso, espero que me permita entonces echarle una mano –¡y mucho mejor!– desde el Cielo, haciendo lío y fiesta, como Vd. bien dice.

Le he pedido al Señor con insistencia ser pequeño y pobre, y, así, estar cerca de los más pequeños, especialmente de los más enfermos y de sus familias. La cruz me ha dado un olfato especial para ver qué les sucede y la valentía para acercarme a tocar sus heridas. También quiero que a las familias de los enfermos les llegue mi ofrecimiento. Por lo tanto, uno la debilidad de mi frágil vida –pero que sé que es preciosa a los ojos de Jesús– así como mis intenciones a las suyas, aprovechando la JMJ. Pido al Señor, en primer lugar, por la conversión de los jóvenes, para que se encuentren con el amor de Dios a través de Jesús Eucaristía. En segundo lugar, ofrezco mi vida por la Iglesia, nuestra Madre, y pido el auxilio de la Virgen María para que todos los movimientos, itinerarios, grupos eclesiales, Congregaciones y Órdenes religiosas sean uno, de forma que la división no afee su rostro y brille en medio de nuestro mundo, y en la misma Iglesia, la belleza del Cuerpo de Cristo. Y lo tercero, me uno a la pasión del Señor para que la ofrenda de mi pobre vida, si el Señor así lo considera, nos ayude a desterrar el miedo a la muerte. ¡El Cielo existe!

En el Carmelo, el Jardín de Dios, antesala del Cielo, crece María, el Girasol de Dios, a la que me gusta llamarla e imaginármela como la Virgen del Primavera. A Ella le pido que transforme los desiertos del dolor en jardines de consolación, y en sus manos deposito la evangelización de los jóvenes.

Encomiendo al Señor en mi oración a la Orden del Carmen, a la Diócesis de Salamanca y a toda la Iglesia.

Que Jesús y María le acompañen en su ancianidad y en el anuncio del Evangelio.

Rezo por Vd. Rece por mí.

Fray Pablo María de la Cruz, carmelita.

miércoles, 16 de agosto de 2023

DIÁLOGOS DE FE CON SAN JUAN PABLO II (audios): Oración de consagración a María Santísima


Tema del programa Nº 33 (fin del ciclo):

Oración de consagración a María Santísima

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que fue emitido todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, durante el curso 2014-2015, y durante el curso 2016-2017 los Domingos a las 9:45 hs. en las frecuencias de Cope Comunidad  101.0 FM; Cope Madrid Sur  89.7 FM; Cope Jarama  100.5 FM y Cope Pinares  92.2 FM, y desde 2017 fue emitido en distintos horarios por Radio María España.

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II” nos presenta en cada emisión la oportunidad de revivir y actualizar su magisterio pontificio al calor de su amistad desde el cielo como “amigo fuerte de Dios”, según expresión de santa Teresa de Jesús, a quien le tenía especial devoción. Estos “diálogos de fe” son entresacados de su extenso y luminoso magisterio, y aunque la redacción de estos diálogos es imaginaria, son literales en sus expresiones y contenidos doctrinales.

Locución: Sr. Fernando Crespo

martes, 15 de agosto de 2023

VIRGEN MARÍA: ¿Cómo narra San Juan Damasceno la Dormición de la Virgen María?

 


Uno de los escritores más antiguos y más populares de la Iglesia es San Juan Damasceno (675-749). Nació en Damasco, capital de Siria, por esto es llamado Damasceno, en la segunda mitad del siglo VII. Nació de familia cristiana acomodada, su padre era ministro en Damasco, pero Juan renunció a esa vida, repartió sus posesiones entre los pobres y entró en el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén.  Se dedicó al estudio y a escribir.  Quería hacer llegar los profundos tesoros de la fe a todo el mundo.

Escribió numerosas obras teológicas sobre todo contra los iconoclastas. Murió a mediados del siglo VIII. Defendió la práctica de la veneración de imágenes contra los iconoclastas. Llamado «Orador de Oro» por su elocuencia.  Gran poeta de la Iglesia del Este.

Cuando León el Isaurico, emperador de Constantinopla, prohibió el culto a las imágenes, haciéndose eco de los iconoclastas que acusaban a los católicos de adorar imágenes, San Juan Damasceno se hizo portavoz de la ortodoxia enseñando la doctrina católica. No adoramos imágenes sino que las veneramos.

Y lo explicó con estas palabras llenas de sabiduría: “Lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen”. 

San Juan Damasceno describe así la Dormición de Nuestra Señora:

«La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque ella por no tener pecado original (fue concebida Inmaculada: o sea sin mancha de pecado original) no tenía que recibir el castigo de la enfermedad. Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a ella no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabarse por debilidad.

Ella murió de amor.  Era tanto el deseo de irse al cielo donde estaba su Hijo, que este amor la hizo morir.

Unos catorce años después de la muerte de Jesús, cuando ya había empleado todo su tiempo en enseñar la religión del Salvador a pequeños y grandes, cuando había consolado tantas personas tristes y había ayudado a tantos enfermos y moribundos, hizo saber a los Apóstoles que ya se aproximaba la fecha de partir de este mundo para la eternidad.

Los Apóstoles la amaban como a la más bondadosa de todas las madres y se apresuraron a viajar para recibir de sus maternales labios sus últimos consejos, y de sus sacrosantas manos su última bendición.

San Juan Damasceno 

Fueron llegando, y con lágrimas copiosas, y de rodillas, besaron esas manos santas que tantas veces los habían bendecido.

Para cada uno de ellos tuvo la excelsa Señora palabras de consuelo y de esperanza.  Y luego, como quien se duerme en el más plácido de los sueños, fue Ella cerrando santamente sus ojos; y su alma, mil veces bendita, partió a la eternidad.

La noticia cundió por toda la ciudad, y no hubo un cristiano que no viniera a llorar junto a su cuerpo, como por la muerte de la propia madre.

Su entierro más parecía una procesión de Pascua que un funeral. Todos cantaban el Aleluya con la más firme esperanza de que ahora tenían una poderosísima Protectora en el cielo, para interceder por cada uno de los discípulos de Jesús.

En el aire se sentían suavísimos aromas, y parecía escuchar cada uno, armonías de músicas muy suaves.

Pero, Tomás Apóstol, no había alcanzado a llegar a tiempo.  Cuando arribó ya habían vuelto de sepultar a la Santísima Madre.

Pedro, – dijo Tomás- No me puedes negar el gran favor de poder ir a la tumba de mi madre amabilísima y darle un último beso a esas manos santas que tantas veces me bendijeron.

Y Pedro aceptó.

Se fueron todos hacia el Santo Sepulcro, y cuando ya estaban cerca empezaron a sentir de nuevo suavísimos aromas en el ambiente y armoniosas músicas en el aire.

Abrieron el sepulcro y en vez del cadáver de la Virgen encontraron solamente…una gran cantidad de flores muy hermosas. Jesucristo había venido, había resucitado a Su Madre Santísima y la había llevado al cielo.

Esto es lo que llamamos Asunción de la Virgen María a los Cielos (cuya fiesta se celebra el 15 de agosto).

¿Y quien de nosotros, si tuviera los poderes del Hijo de Dios, no hubiera hecho lo mismo con su propia Madre?»