domingo, 19 de abril de 2026

MONSEÑOR LEÓN KRUK: Apóstoles tristes y desalentados

 

III Domingo de Pascua

Lc 24,13-35

Tantas han sido las pruebas que Jesús dio de su Resurrección, durante cuarenta días, que resultaría necio querer negar ese hecho. No obstante hubo, y hay, teorías que intentan, vanamente, poner en duda la Resurrección. La Liturgia de todo este tiempo posterior al Domingo de Pascua va evocando las manifestaciones que Jesús mismo hace de su Resurrección, para que a sus discípulos no les quede duda alguna. Así, las dudas de unos, la incredulidad de otros, la tardanza en reconocer, admitir y entender el hecho, han contribuido poderosamente a fortalecer la fe.

Hoy nos presenta la Iglesia, para la reflexión, a dos discípulos entristecidos, desilusionados, desanimados: “Nosotros esperábamos que fuera El (Jesús) quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días…”. ¡Esperábamos! Pero ahora, después que lo enterraron, parecen haber enterrado también sus esperanzas, y ahora ya no esperan nada.

¡Cuantas veces se repite eso! ¡Se esperaba! Sí, se pensaba que tal hecho, suceso, o circunstancia iba a cambiar a una persona. Ilusionados, en un primer momento, con una persona, resulta que… ¡Esperábamos! Se pensaba que haciendo un retiro, un cursillo, participando en algunas jornadas, integrando tal o cual movimiento o asociación iba a mejorar uno, o insuflar nuevos bríos a tal movimiento… y resulta que la cosa no fue así. ¿Por qué? Fundamentalmente por dos razones que considero muy importantes: falta de adecuado conocimiento de las cosas de Dios, y en segundo lugar falta de perseverancia.

1) Con demasiada frecuencia aplicamos a las cosas de Dios los criterios, las medidas, las matemáticas humanas. Con el menor esfuerzo y en el más breve plazo queremos lograr resultados que Dios tiene reservados para Su tiempo y en la medida que El quiere. El desaliento se produce cuando no se logran las propias expectativas. Se pretende fijar plazos y términos al sacrificio. Nos olvidamos que el Señor se vale de los medios más insospechados y, al parecer, menos aptos. Nos olvidamos que el Señor perdona, y espera el regreso del hijo pródigo, con paciencia infinita. Nos olvidamos que también nosotros, cada uno, tenemos nuestras tremendas limitaciones. ¡Cuán olvidadas o ignoradas son las sabias palabras de la IMITACIÓN DE CRISTO: “Si tú no sabes reformarte a ti mismo del modo que conviene ¿cómo quieres que otro se rinda a tus deseos? Queremos que otros sean perfectos, y no queremos enmendar nuestros propios defectos” (Libro I, cap. 16: recomiendo la lectura de todo este breve, pero sustancioso, capítulo).

2) Perseverancia. Conociendo el barro de que estamos hechos, Jesús nos insiste sobre la necesidad vital de la perseverancia: “Seréis aborrecidos por todos por mi nombre, el que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22). “…Por el exceso de maldad se enfriará la caridad de muchos; más, el que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Mt 24, 12-13). Muchos fracasos, en todo orden, se deben a la falta de perseverancia, de constancia. Dice un adagio: “labor constans, omnia vincit”: el trabajo constante, todo lo supera. Otro refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”. No seamos, pues, como los discípulos de Emaús. Tenemos la seguridad del triunfo, con Jesús. ¿por qué desanimarnos?

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.305-306)

 

 

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