domingo, 28 de enero de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 4º Domingo del Tiempo Ordinario: “Cállate y sal de él”

 


«Señor, que escuche yo tu voz y no endurezca mi corazón» (Sal 95, 7-8).

«El Señor tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis... Pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande» (Deut 18, 15-18). Así lo prometió Dios a Moisés; y en realidad la serie de los profetas siguió ininterrumpida anunciando al mundo la palabra de Dios y se cerró con el que no es un profeta, sino el Profeta: Cristo Jesús. El no sólo tiene en la boca las palabras de Dios, sino que es su Palabra encarnada; «con su presencia y manifestación» (DV 4), con toda su vida y obras revela a Dios. Refiere a los hombres todo lo que el Padre le ordena, todo lo que ha oído al Padre (Jn 15, 15).

Marcos cuenta que cuando Jesús fue a la sinagoga de Cafarnaúm y «se puso a enseñar», sus oyentes «quedaron asombrados... porque les enseñaba como quien tiene autoridad». Hasta el espíritu inmundo presente en un pobre poseso lo advierte y, mientras grita para hacer callar a Jesús, no puede menos de reconocer en él al «Santo de Dios». Luego, cuando el Señor arroja al demonio liberando al poseso, el asombro de los presentes se trueca en temor. «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva expuesta con autoridad! Manda a los espíritus inmundos y le obedecen» (Mc 1, 21-28).

Jesús enseña una doctrina nueva: Piénsese, por ejemplo, en las bienaventuranzas, en el mandamiento del amor, en los consejos evangélicos. Y tiene un poder nuevo: arroja a los demonios sin recurrir a exorcismos, con un simple mandato que es inmediatamente eficaz. Él es el Hombre nuevo que renueva al mundo, precisamente porque es el Hombre-Dios. En él la revelación y la comunión de Dios con los hombres alcanza su grado máximo.

Esta novedad y plenitud del don de Dios exige novedad y plenitud de respuesta de parte del hombre. ¿Cómo regatear a Dios que se da tan plenamente a los hombres, el derecho de primacía en su corazón y en su vida? Esto es un deber indeclinable de todo creyente; si bien admite grados. San Pablo, observando que los casados, sujetos a los deberes familiares, no pueden darse al servicio de Dios con la libertad que los célibes, alaba y aconseja la virginidad que permite ocuparse de las cosas de Dios con corazón indiviso y sin preocupaciones (1Cor 7, 35). La virginidad consagrada es una forma típica de la novedad de la respuesta que deben a Dios los seguidores de Cristo, y tienen al mismo tiempo la función de recordar a todos los creyentes que el primer puesto en todo pertenece a Dios.

 

Después de haber hablado en muchas veces y de muchos modos en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, en la plenitud de los tiempos, oh Dios, nos has hablado por medio de tu Hijo, tu Verbo; por él fueron hechos los cielos y por el soplo de su boca todas sus mesnadas (Sal 33, 6). Hablar por medio de tu Hijo ha sido como manifestar a plena luz cuánto y cómo nos has amado. Tú no has perdonado a tu Hijo, sino que por nosotros todos has entregado al que nos ha amado y se ha ofrecido a sí mismo en sacrificio por nosotros.

Este es tu Verbo, Señor, la Palabra omnipotente que nos diriges. Ella, mientras el silencio envolvía todas las cosas —el silencio profundo del error— bajó del trono real (Sab 18, 14-15) para combatir con fuerza las tinieblas del pecado y traernos el amor. En todo lo que hizo, en todo lo que dijo sobre la tierra, hasta en los oprobios que soportó, hasta en los salivazos y bofetadas, hasta en la cruz y en el sepulcro, has querido hablarnos por tu Hijo, para suscitar y despertar con tu amor, nuestro amor hacia ti. (Guillermo de Stthierry, Tractatus de contemplando Deo, 6, 12-13).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

viernes, 26 de enero de 2024

SAN JOSÉ: Exorcista explica por qué San José es “el terror de los demonios”

 

(Escrito por Walter Sánchez Silva para AciPrensa)  El P. Francisco Torres Ruiz, exorcista y experto en liturgia de la Diócesis de Plasencia (España), explica por qué San José es invocado como el "el terror de los demonios".

En entrevista con EWTN Noticias, el sacerdote indicó que una de las partes del exorcismo es el rezo de las letanías de los santos y, al mencionar sus nombres, el diablo puede o no reaccionar.

"A veces, cuando al demonio ya se le tiene doblegado y se consigue arrancarle alguna verdad, porque Dios le obliga a hacerlo, significa que esos santos a los que él ha reaccionado con más violencia están presentes en el exorcismo" de manera espiritual, precisó el P. Torres.

Durante el exorcismo, prosiguió el sacerdote, los santos "protegen al fiel, rezan con nosotros, rezan con el exorcista y con las personas que están en ese momento en la sala o en la capilla rezando, imploran a Dios, interceden por nosotros".

"Hay veces que los mismos santos han incluso exhortado y ordenado al demonio que deje en paz a la persona", destacó.

El papel de San José en los exorcismos

"Con San José he tenido una experiencia preciosa, porque San José, en la lucha contra el mal, está íntimamente unidos a la batalla que pelea también la Santísima Virgen María", relató el sacerdote.

"Hay que tener en cuenta que San José es un hombre justo, así lo define la Biblia, que San José es un hombre casto, y por tanto él nunca tuvo tentación ninguna de aprovecharse de la Virgen o convivir maritalmente con el acto conyugal con la Virgen María", continuó.

El P. Torres resaltó que San José quiso repudiar a la Virgen María en secreto cuando supo que estaba embarazada, porque "era más el amor que tenía a la Virgen Santísima que su justicia como hombre".

Por todo ello, subrayó el exorcista, "el diablo a San José le tiene un odio especial".

El sacerdote hizo notar que, en la lucha contra el mal, "San José es invocado como 'terror de los demonios', unido siempre a la Virgen María, que pisó la cabeza de la serpiente".

"Y como dice a veces un poco el imaginario popular, San José, como buen carpintero, con el hacha que usaba para cortar la madera le corta la cola a la serpiente".

domingo, 21 de enero de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 3º Domingo del Tiempo Ordinario: “Convertíos y creed en el Evangelio”

 

«Muéstrame, Señor, tus caminos» (Sal 25, 4).

«Marchó Jesús a Galilea, y proclamaba la Buena Nueva de Dios: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva"» (Mc 1, 14-15). El modo con que Marcos presenta el comienzo de la actividad apostólica de Jesús, no varía mucho del de Mateo; con todo, tiene detalles muy significativos. Ante todo la declaración: «El tiempo se ha cumplido». Ha pasado ya el tiempo de las promesas y de la espera: el Mesías ha llegado y está comenzando su ministerio. Es su presencia lo que colma los tiempos haciéndolos vehículo de la misericordia de Dios e historia de la salvación.

Por eso, «el Reino de Dios está cerca»; tan cerca que el Hijo de Dios está en medio de los hombres para enseñarles y abrirles el camino que lleva a él. El Reino está «cerca», pero todavía no es una realidad completa, sino que está en fase de actuación; la cercanía vendrá a ser presencia actual y posesión personal, cuando el hombre, acogiendo la invitación de Jesús, realice en sí las condiciones necesarias para entrar en él.

Condición primaria es la conversión, el cambio profundo de la vida, que exige ante todo lucha contra el pecado y el rechazo de cuanto puede desviarle del amor y de la ley de Dios. Conversión semejante a la que Dios exigió a Nínive por medio de Jonás y que los ninivitas practicaron abandonando «su mala conducta» (Jo 3, 10). Pero abstenerse del pecado no es más que la fase primera de la conversión predicada por Jesús, la cual exige otra segunda fase bien evidenciada por el evangelista Marcos: «creed en la Buena Nueva». El cristiano tiene que adherirse positivamente al Evangelio con una fe vivificada por el amor que no se contenta con aceptarlo en teoría, sino que lo traduce en vida, lo pone en práctica.

Es necesario, pues, deponer la mentalidad terrena, por la que el hombre vive y obra únicamente con la mira en los intereses y en la felicidad temporales. «Pasa la figura de este mundo», amonesta san Pablo (1 Cor 7, 31); no es cristiano apegarse a él como ostras a la roca. Hay que formarse una mentalidad evangélica capaz de suscitar deseos, intenciones, hábitos y comportamientos totalmente conformes con el Evangelio de Cristo. Esto es tanto más urgente cuanto que «el tiempo es corto» (ib. 29), brevedad determinada precisamente por la venida de Cristo, por la que no resta más que una fase de la historia, la que separa el hoy de la venida final de Cristo. El tiempo ya no tiene más que un sentido: rimar el paso del hombre -individuo o colectividad- en su camino hacia lo eterno.

 

¡Oh amor inicuo y perverso, que me ató y me empujó a mí, infeliz pecador, a rechazar y despreciar el amor verdadero y a abrazar en cambio con todo el corazón el amor falso, a desearlo, estrecharlo y usarlo con todas mis fuerzas!...

¡Oh Misericordiosísimo Señor Jesucristo, único digno de ser amado! ¿Qué haré yo pecador?... No puedo salvarme solo, ni me atrevo a recurrir a ti, pues no te amé... Recurro a tu inmensa ternura, ¡oh Amor, que reconduces a la salvación a los extraviados! Tú eres compasivo y misericordioso y no quieres que nadie perezca, sino que salvas a los que esperan en ti. Ven, pues, en mi ayuda y concédeme el perdón de mis pecados; hazme la gracia de que nunca me mire sólo a mí mismo, sino únicamente a ti, o bien a mí en ti. (R. Jordan, Contemplación sobre el amor divino, 33).

 

Señor, tú solo tienes palabras de vida eterna... Creemos que eres el Verbo de Dios, venido a la tierra para instruirnos; eres Dios que habla a nuestras almas, porque cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios nos habló por medio de su Hijo... Creemos en ti, oh Cristo, y en todo lo que nos revelas acerca de los secretos divinos; y porque aceptamos tu palabra, nos abandonamos a ti, para vivir según tu Evangelio... Sé tú nuestra guía, oh luz indefectible, ya que ponemos en ti nuestra más firme esperanza. Tú no nos rechazarás, porque venimos a ti para ir al Padre. (Dom Columba Marmion, Cristo ideal del monje, 2).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD. 

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

miércoles, 17 de enero de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): La misericordia en el sacramento de la Eucaristía


Tema del programa Nº 10 del ciclo:

La misericordia en el sacramento de la Eucaristía

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano

domingo, 14 de enero de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo B - 2º Domingo del Tiempo Ordinario: ¡Dios te llama!

 

«Habla, Señor, que tu siervo escucha» (1 Sam 3, 10).

Como el joven Samuel de que habla la Biblia, debe el cristiano estar siempre pronto a cualquier llamada de Dios. Pero es verdad que no es siempre fácil reconocer la voz del Señor. Samuel la reconoció sólo después de ser instruido por el sacerdote Elí al que había recurrido y quien le sugirió cómo portarse: «Si te llaman dirás: "Habla, Señor, que tu siervo escucha"» (1 Sam 3, 9). Aun cuando Dios llama directamente a los particulares, quiere que éstos recurran a la Iglesia para ser instruidos sobre el sentido de sus llamadas, y ella tiene el cometido de reconocer e interpretar las inspiraciones divinas. Supuesto lo dicho, la disposición fundamental para acoger la llamada de Dios es la prontitud y la disponibilidad, es el deseo de conocer y seguir al Señor.

El Evangelio nos ofrece un ejemplo típico de ello en la vocación de Juan y de Andrés. No son llamados directamente por Dios, sino a través de un intermediario, el Bautista, su maestro. Un día le oyen decir refiriéndose A Jesús: «Este es el Cordero de Dios» (Jn 1, 36); en estas palabras reconocen el anuncio del Mesías tan esperado, y le siguen inmediatamente. Quieren reconocerlo, saber dónde mora, y se van con él: «y se quedaron con él aquel día» (ib. 39).

Impresiona la rectitud y el desinterés del Bautista que no se cuida de hacer prosélitos, sino de anunciarles el Mesías y encaminarlos a él, totalmente fiel a su misión de «voz» que prepara los caminos del Señor (ib. 23) y luego desaparece en el silencio. Pero impresiona también la presteza con que Juan y Andrés dejan al antiguo maestro y siguen a Jesús. Han sabido que es el Mesías y eso basta para que vayan en su seguimiento y procuren atraer a él a otros, como hace al punto Andrés llamando a su hermano Simón.

Todo cristiano es un llamado -cada cual según su estado de vida- a seguir a Cristo, a la santidad, al apostolado. «¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?» (1 Cor 6, 15); justamente en virtud de su pertenencia al Cuerpo místico de Cristo, debe el cristiano ser santo y secuaz de Cristo. Lo mismo que el miembro impuro, así también el que no es santo deshonra a la cabeza y daña a todo el cuerpo. En cambio, el miembro santo honra a Cristo, es útil a la santificación del cuerpo y colabora con Cristo mismo en la salvación de los hermanos.

 

¡Qué bueno eres, mi Señor Jesús, queriendo llevar este nombre de Cordero de Dios, el cual significa que eres víctima como el cordero, y dulce como el cordero..., y que perteneces a Dios, es decir, que todo lo que haces lo haces por Dios!

También nosotros somos víctimas a ejemplo tuyo, oh amado Jesús, víctimas por tu amor, holocaustos que arden en honor tuyo por medio de la mortificación y de la oración, derramándonos en renuncia absoluta de nosotros mismos para ti solo, olvidándonos del modo más radical y dedicando todos nuestros instantes al esfuerzo de agradarte lo más posible...

Debemos ser, como tú, «víctimas para la redención de muchos», uniendo para la santificación de los hombres nuestras plegarias a las tuyas, nuestros sufrimientos a los tuyos, abismándonos a tu ejemplo en la mortificación, para ayudarte eficazmente en tu obra redentora, porque el sufrimiento es la condición sine qua non para, hacer bien al prójimo: «Si el grano de trigo no muere, no lleva fruto...»

¡Oh Jesús!, tu primera palabra a los discípulos es: «Venid y veréis», esto es: «Seguid y mirad., o sea: «imitad y contemplad.... La última es: «Sígueme... ¡Qué tierna, dulce, saludable y amorosa es esta palabra: «Sígueme», esto es, «imítame»!... ¿Qué cosa más dulce puede oír el que ama? ¿Qué cosa más saludable desde el momento que la imitación está tan íntimamente unida al amor? (Carlos de Foucauld, Meditaciones sobre el Evangelio).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

 

jueves, 11 de enero de 2024

APOLOGÉTICA HOY (audios): La concepción bíblica de la verdad

Programa radiofónico: " APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Tema del episodio Nº 06:

Tema: La concepción bíblica de la verdad

Contenido:

      -      Oración inicial: “Oración para encontrarle sentido a la vida” del P. Alfonso Milagro, cmf.


  Teología fundamental y exégesis bíblica: La concepción bíblica de la verdad en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.


  Magisterio de la Iglesia: “Introducción a la fe”, Catequesis N°331, de Benedicto XVI, del 17 de octubre de 2012 (audio de la síntesis en español).


-    Oración final: “Madre, que no nos cansemos” de San Manuel González.


Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 10 de enero de 2024.


lunes, 8 de enero de 2024

FE Y VIDA (audios): El Bautismo del Señor y nuestro bautismo



Tema de esta emisión:

El Bautismo del Señor y nuestro bautismo

Este ciclo radiofónico incluye una serie de reflexiones del Padre José Medina que nos pretenden acercar la fe en Cristo a la vida cotidiana.

Se emitió originalmente los lunes del curso 2009-2010 por la mañana en Cadena Cope Ávila, en el programa “La mañana en Ávila” con la conducción del periodista Javier Ruiz Ayúcar.




domingo, 7 de enero de 2024

INTIMIDAD DIVINA - Santoral: Bautismo del Señor


«Dad a Yahvé, hijos de Dios, dad a Yahvé la gloria debida a su nombre» (Salmo 29, 1-2).

También la fiesta de hoy es una «epifanía», esto es, una manifestación de la divinidad de Jesús, realzada por la intervención directa del cielo. La profecía de Isaías acerca del “siervo de Dios”, figura del Mesías, le sirve como preludio. El profeta lo presenta en nombre del Señor: “He aquí a mi Siervo… mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él” (Is 42, 1). Son las grandes características de Cristo: él es por excelencia el “siervo de Dios” consagrado por entero a su gloria, a su servicio, diciendo al venir a este mundo: “Heme aquí que vengo… para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad” (Hb 10, 7); está lleno del Espíritu Santo bajo cuyo influjo cumple su misión salvadora, y Dios se complace en él.

La descripción profética de Isaías tiene su plena realización histórica en el episodio evangélico del bautismo de Jesús. Entonces “descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma, sobre él y se dejó oír del cielo una voz: ‘Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco’.” (Lc 3, 21-22). No es ya un profeta que habla en nombre de Dios, sino Dios mismo y de la manera más solemne. Toda la Santísima Trinidad interviene en la gran epifanía a las orillas del Jordán: el Padre hace oír su voz dando testimonio del Hijo, el Hijo es presentado en Jesús, y el Espíritu Santo desciende visiblemente en forma de paloma sobre él.

La verdad que el profeta Isaías había anunciado en forma velada, “mi siervo” queda sustituida en esta otra: “mi Hijo amado”, que indica directamente la naturaleza divina de Cristo: el Espíritu Santo, que Jesús posee con plenitud precisamente por ser Hijo de Dios, aparece sobre él también en forma visible: Dios habla personal y públicamente, ya que todo el pueblo presente oye su voz (ib. 21).

El bautismo de Jesús es como la investidura oficial de su misión de Salvador; el Padre y el Espíritu Santo garantizan su identidad de Hijo de Dios y lo presentan al mundo para que el mundo acoja su mensaje. De esta manera se actúa en Cristo la historia de la salvación con la intervención de toda la Santísima Trinidad. Muy oportunamente, pues, nos invita hoy la liturgia a glorificar a Dios que se ha revelado con tanta liberalidad: “Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado” (Salmo responsorial).

San Pedro, testigo ocular del bautismo de Cristo, lo presenta, en su discurso a Cornelio, como el principio de la vida apostólica del Señor: “Vosotros sabéis lo acontecido… después del bautismo predicado por Juan, esto es, cómo Jesús de Nazaret le ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (Hc 10, 37-38). Sus palabras son un eco de las de Isaías y del Evangelio. Así en todos estos textos Jesús es presentado como lleno, “ungido” del Espíritu Santo. Así como su vida terrena había comenzado por obra del Espíritu Santo, ahora su vida apostólica comienza con una especial intervención del mismo Espíritu; de él es poseído totalmente y de él es guiado al cumplimiento de su misión.

De modo análogo sucede con el cristiano: por el bautismo nace a la vida en Cristo por la intervención del Espíritu Santo que lo justifica y renueva en todo su ser, formando en él a un hijo de Dios. Y luego cuando, creciendo en edad, debe abrazar de modo responsable y consciente los deberes de la vida cristiana, el Espíritu Santo interviene con una nueva efusión en el sacramento de la confirmación para corroborarlo en la fe y hacerlo valeroso testigo de Cristo. Toda la vida del cristiano se desenvuelve bajo el influjo del Espíritu Santo.

El evangelista Mateo, al narrar el bautismo de Cristo, recuerda la primera negativa de Juan el Bautista para realizar aquel rito: “Soy yo quien debe ser por ti bautizado, ¿y vienes tú a mí?” (Mt 3, 14). Naturalmente el Señor no tenía necesidad de ser bautizado; sin embargo se dirige al Jordán uniéndose a los que iban a pedir el bautismo de penitencia, e insiste ante Juan: “Déjame obrar ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia” (ib 15). La “justicia” que Jesús quiere cumplir es el cumplimiento perfecto de la voluntad del Padre; y como una respuesta a este gesto tan humilde de Jesús que lo coloca a la par de los pecadores, el Padre revela al mundo su dignidad de Mesías y el Espíritu Santo desciende sobre él en forma visible”.

Condición indispensable al cristiano para hacer fructificar la gracia bautismal y para dejarse guiar por el Espíritu Santo es la humildad que le hace buscar en todo la voluntad de Dios, por encima de toda ganancia personal.

 

Las aguas del Jordán cayeron también sobre ti, ¡oh Jesús!, bajo la mirada de las muchedumbres, pero pocos te reconocieron entonces; y este misterio de fe lenta o de indiferencia, que se prolonga a lo largo de los siglos, sigue siendo un motivo de dolor para los que te aman y han recibido la misión de darte a conocer al mundo.

Y del mismo modo que tú, Cordero inocente, te presentaste a Juan en actitud de pecador, atráenos a nosotros a las aguas del Jordán. Allí queremos ir para confesar nuestros pecados y purificar nuestras almas. Y como los cielos abiertos anunciaron la voz del Padre que se complacía en ti, ¡oh Jesús!, también nosotros, superada victoriosamente la prueba, podamos, en los albores de tu resurrección, escuchar en la intimidad de nuestro corazón la misma voz del Padre celestial que reconozca en nosotros a sus hijos. (Juan XXIII, Breviario).

¡Oh Jesús!, tú santo, inocente, sin mancilla; separado de los pecadores, te adelantas como un culpable pidiendo el bautismo de la remisión de los pecados. ¿Qué misterio es éste?... Juan rehúsa con toda energía el administrarte ese bautismo de penitencia... y tú le respondes: «No te opongas ni un solo momento, pues sólo así nos conviene cumplir toda justicia... Y ¿cuál es esta justicia? Son las humillaciones de tu adorable humanidad que, en reverente pleitesía a la santidad infinita, constituyen la satisfacción plena de todas nuestras deudas para con la justicia divina. Tú, justo e inocente, te pones en lugar de toda la humanidad pecadora... ¡Oh Jesús!, que yo me humille contigo reconociendo mi condición de pecador y que renueve la renuncia al pecado hecha en el bautismo. (Columba Marmion, Cristo en sus misterios, 9).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


viernes, 5 de enero de 2024

BENEDICTO XVI: A un año de su partida, maestro y testigo de la fe


En la visión cristiana de Benedicto XVI, la ampliación de la razón llega a abarcar la lógica del amor, que se expresa en la lógica de la gratuidad y se traduce en fraternidad, solidaridad y reconciliación.

 

(Federico Lombardi para Vatican News) Un año después de la partida de Benedicto XVI, el tema sobre el que es justo y natural razonar es su legado. ¿Se trata de una figura que debe confiarse principalmente a los maestros de la lectura del pasado, o de una figura que sigue interpelándonos a todos, hoy, precisamente en este tiempo dramático que vivimos?

Que es un maestro de la fe está fuera de toda duda. No nos cansaremos nunca de releer su Introducción al cristianismo y su Trilogía sobre Jesús de Nazaret; los teólogos podrán escarbar durante mucho tiempo en su Opera Omnia, de la que seguirán extrayendo sugerencias y orientaciones para su reflexión e investigación.

Que es también un testigo eminente de la vida en la fe -y de la fe cristiana en la vida eterna- lo tienen también muy claro quienes le han escuchado en sus homilías y en su magisterio espiritual, así como quienes han podido conocerle de cerca, siguiendo su largo camino interior hacia el encuentro con Dios.

Sin embargo, lo que quisiera observar ahora es que J. Ratzinger sigue siendo un valioso compañero también para quienes viven con participación y pasión la historia y la vida humana en esta tierra, con todos los dramáticos interrogantes que conlleva hoy.

No podemos ocultar que el curso de nuestro mundo en muchos aspectos parece -y está- "fuera de control". La crisis ecológica, la continua manifestación de riesgos y desarrollos dramáticos en el uso de la tecnología, la comunicación, las aplicaciones de la llamada inteligencia artificial y, en fin, las reivindicaciones de derechos contradictorios y la convulsión de la convivencia internacional, con la proliferación cada vez más amenazadora de las guerras... Como muy bien ha puesto de relieve el Prof. Francesc Torralba al recibir el Premio Ratzinger el pasado 30 de noviembre, Benedicto XVI ha abordado en profundidad las razones de la crisis de nuestra época, y ha propuesto a la cultura contemporánea, no rechazar la razón moderna, sino ampliar sus horizontes, devolviendo espacio a la razón ética y a la racionalidad de la fe.

La perspectiva de J. Ratzinger, ante los fracasos de la razón humana, no fue, pues, negarla o limitarla, sino ampliarla, invitarla a buscar con valentía no sólo cómo funciona el mundo, sino también por qué existe y cuál es el lugar del hombre en el cosmos y el sentido de su aventura.

No se puede negar que esta perspectiva, que es en cierto sentido una propuesta de diálogo con la cultura contemporánea, ha sido a menudo recibida con frialdad o a veces rechazada. El matemático Odifreddi, que se profesa ateo y a menudo adopta posiciones provocadoras, pero que de hecho intentó dialogar con Ratzinger, recibiendo de él una atención extraordinaria y respetuosa en los años posteriores a su dimisión, calificó el pontificado de Benedicto XVI de "trágico" precisamente por este aspecto: su propuesta cultural y su apertura, por un lado, y la falta de respuesta de los "hombres de cultura", por otro.  Personalmente, no estoy de acuerdo, porque creo que Benedicto XVI no fue tan ingenuo como para esperar una rápida respuesta favorable. Por el contrario, considero que la propuesta de Benedicto XVI es clarividente, conserva toda su validez y representa también para el futuro una vía de diálogo entre la ciencia y la fe, y más en general entre la cultura moderna y la fe, sobre la base de una profunda confianza en la razón humana. Mejor aún, que sea una vía elevada para el compromiso cristiano en el mundo contemporáneo, que no puede sustraerse a la fatiga de la reflexión sobre las causas de los problemas y a la búsqueda de un consenso basado en la verdad, y no en la precaria convergencia contingente de intereses y utilidades.

En la visión cristiana de Benedicto XVI, la ampliación de la razón llega a abarcar la lógica del amor, que se expresa en la lógica de la gratuidad y se traduce en fraternidad, solidaridad y reconciliación. La verdad y el amor se manifiestan plenamente en la encarnación del Logos, el Verbo de Dios.

Deus caritas est, Caritas in veritate, Laudato si', Fratelli tutti... Las principales palabras de los dos últimos pontificados se suceden con continuidad y coherencia. El compromiso de la Iglesia y de los cristianos y su responsabilidad en el destino de la historia humana en el mundo requieren tanto la razón como el amor, unidos en la luz que ofrece la fe. Los gestos concretos de caridad, a los que Francisco nos llama continuamente, piden ser insertados en el marco luminoso y coherente de la visión de la Iglesia como comunión, en camino en nuestro tiempo hacia el encuentro con Dios.

Hablando del Concilio Vaticano II en una carta -importante y para mí sorprendente- escrita tres meses antes de su muerte con ocasión de un Simposio organizado por la Fundación Ratzinger con la Universidad Franciscana de Steubenville, J. Ratzinger afirmaba con decisión que el Concilio había resultado "no sólo sensato, sino necesario" y proseguía: "Por primera vez ha surgido en su radicalidad la cuestión de una teología de las religiones. También el problema de la relación de la fe con el mundo de la razón pura. Ambas cuestiones no habían sido previstas". Así pues, al principio parecía que el Concilio amenazaba a la Iglesia, pero "entretanto se fue haciendo patente la necesidad de reformular la cuestión de la naturaleza y la misión de la Iglesia. De este modo va surgiendo lentamente la fuerza positiva del Concilio... En el Vaticano II la cuestión de la Iglesia en el mundo se ha convertido finalmente en la cuestión central".

El último Papa que participó en todo el Concilio y lo vivió desde dentro nos deja así un testimonio de su perenne actualidad, y nos anima a seguir desarrollando sin miedo sus gérmenes y consecuencias, reformulando la misión misma de la Iglesia en el mundo, comprometiendo a la razón y a la fe a trabajar juntas por el bien y la salvación de la humanidad y del mundo. La mirada se vuelve hacia el futuro con esperanza. El servicio de Benedicto XVI continúa en el movimiento más profundo de la Iglesia del Señor, guiada por Francisco y sus sucesores.


miércoles, 3 de enero de 2024

ES TIEMPO DE MISERICORDIA (audios): Ser mediadores de misericordia

 

Tema del programa Nº 9 del ciclo:

Ser mediadores de misericordia

“Es tiempo de Misericordia”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión fue el domingo a las 09:45 hs y fue transmitido por Cadena Cope, en las siguientes frecuencias: Cope Comunidad 101.0 FM, Cope Madrid Sur 89.7 FM, Cope Jarama. 100.5 FM y Cope Pinares 92.2 FM (cada una de estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero hasta diciembre de 2016.

“Es tiempo de Misericordia” nos presenta en cada una de sus emisiones distintas alocuciones, homilías y catequesis del Santo Padre Francisco sobre la Divina Misericordia, para que nosotros, al escucharlas, nos decidamos a ser receptores de la misma y a darla, a manos llenas, a nuestros hermanos.

Locución: Cristina Lozano