viernes, 24 de abril de 2026

SAN JOSÉ: Santa Faustina y la devoción constante a San José

 

Entre las páginas del Diario de Santa Faustina Kowalska se descubre que el apóstol de la Divina Misericordia estaba también vinculada a San José y no simplemente porque estaba entre los Patronos de la Congregación de las Hermanas de la Santísima Virgen María de la Misericordia, de la que formaba parte, sino más bien porque en él había descubierto una ayuda incomparable en su misión, así como un apoyo del cual, a partir de un momento preciso, nunca se sintió privada.

En el Diario de Santa Faustina podemos encontrar hermosas experiencias en donde San José miraba con bondad a Santa Faustina y la encomendaba a rezar en el día a día, sus oraciones, ofreciéndole así su protección especial y apoyarla en la encomienda que Jesús de la Divina Misericordia le había encomendado.

La primera vez que Santa Faustina experimentó esta experiencia fue el 2 de febrero de 1936: «Al comenzar la Misa, mi corazón se llenó de un silencio y alegría maravillosos. Fue entonces cuando vi a la Virgen María con el Niño Jesús y a San José detrás de ellos. La Madre Bendita me dijo: ‘Toma mi Tesoro más preciado…’ y me entregó al Niño Jesús. Al tomar al Niño en mis brazos, la Virgen María y San José desaparecieron. Me quedé a solas con el Niño Jesús» (Diario 608).

Que hermosa experiencia mística debió de haber vivido Santa Faustina, viviendo tan de cerca la presencia no solo de San José, sino de María Santísima y tomando a el Niño Jesús en sus manos. Experiencia que llenaba su corazón por completo y le permitía seguir admirando las mismas.

Santa Faustina tuvo otras 3 hermosas experiencias con San José. Una de ellas fue la Navidad en 1936: «Durante la Misa de Gallo, la presencia de Dios me atravesó hasta el fondo. Instantes antes de la Elevación (de la Hostia) vi a la Madre de Dios, al Niño Jesús y al bondadoso San José» (846).

Luego el 30 de Julio de 1937, Santa Faustina, nos narra su tercera experiencia: «San José me pidió que mantuviera una devoción constante hacia él. Él mismo me indicó que rezara tres oraciones [el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria] y el “Memorare” una vez al día. Me miró con gran amabilidad y me hizo saber cuánto respaldaba esta obra. Me prometió su ayuda y protección especiales. Rezo estas oraciones diariamente y siento su protección especial» (1230). En todo momento, cabe destacar que dichas experiencias San José actuaba como ese protector especial de Santa Faustina.

De las palabras de la santa se podría deducir que está hablando de una visión que ha tenido, pero podría haber sido también una inspiración interior, algunos hablan de una propensión íntima hacia la devoción al santo pero, la expresión: me ha pedido, parecería no dejar muchas dudas, ya que deja entender que San José le hizo directamente esta petición.

¿Cuál era la obra que San José apoyaba? La difusión del Culto a la Divina Misericordia con la institución de una Fiesta que se tenía que celebrar en toda la Iglesia el domingo in Albis y la fundación por parte de sor Faustina de una nueva Congregación de carácter contemplativo, con la misión de invocar la misericordia de Dios.

Estas fueron las misiones de las que había sido investida por Jesús mismo, misiones que le costaron tanto sufrimiento, de las cuales se sentía incapaz y cuyo peso en muchos momentos le parecía demasiado grande para una pobre monja de poca cultura y salud precaria como ella. Aquí entra en acción el carpintero de Nazaret, el silencioso pero voluntarioso y eficiente José, que se pone como protector de la gran obra confiada a la santa. Parece que San José se confirma como un Custodio vigilante, dispuesto y generoso con las almas que confían en él como lo hizo María Santísima.

La última visión, dada en el 25 de diciembre de 1937, Santa Faustina, registra en su Diario, «Al llegar a la Misa de Gallo, me sumí en un profundo recogimiento desde el inicio de la Misa, en el cual vi la escena del nacimiento de Belén iluminada intensamente. La Santísima Virgen envolvía a Jesús en pañales, sumida en un profundo amor, mientras San José aún dormía. Solo cuando la Virgen María colocó a Jesús en el pesebre, la luz divina despertó a José, quien también estaba orando» (1442).

La oración “Memorare” a San José

La oración “Memorare”, mencionada por santa Faustina en sus escritos, nos hace pensar enseguida a la oración de San Bernardo escrita a la Santísima Virgen y, sin embargo, es una oración que rezaban las Hermanas de la Santísima Virgen María de la Misericordia dirigiéndose a San José para pedirle que no les faltara su protección y su custodia. A esta oración pidió el Santo Patriarca que se añadieran tres oraciones que probablemente eran un Pater, Ave y Gloria.


Acordaos

 Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San José, que jamás se ha oído decir que ninguno haya invocado vuestra protección e implorado vuestro auxilio sin haber sido consolado. Lleno, pues, de confianza en vuestro poder, ya que ejercisteis con Jesús el cargo de Padre, vengo a vuestra presencia y me encomiendo a Vos con todo fervor. No desechéis mis súplicas, antes bien acogedlas propicio y dignaos acceder a ellas piadosamente.

Amén.

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