martes, 6 de enero de 2026

MONSEÑOR LEÓN KRUK - NAVIDAD: ¿Dónde está el Rey?

 

La Epifanía del Señor

Quien haya tenido oportunidad de observar cómo las modernas maquinarias rebajan cerros, nivelan hondonadas, cubren pantanos, excavan en la roca, etc., sin duda se habrá admirado de la fuerza de dichos implementos. Se construyen enormes diques para aprovechar la fuerza y hacer más eficaz el caudal del agua de los ríos… El hombre se traslada al espacio con una facilidad cada vez más asombrosa… La técnica al servicio del hombre… ¿Cuánta maravilla!

No obstante todo este adelanto hay algo que desde muy antiguo supera infinitamente en poder, en grandeza, en hermosura y en trascendencia a todo eso. Hay algo que vence el tiempo y aun a la misma muerte. Es la fuerza maravillosa de la fe. Con la fe traspasamos la frontera del tiempo, de la muerte y del espacio. Con la fe no solo vemos y tocamos a Dios, con la fe participamos de su propia grandeza y omnipotencia. Con la fe, paradójicamente ¡oh misterio!, lo tenemos a Dios a nuestro servicio. Con la fe, si fuera necesario, trasladaríamos montañas, nos lo asegura el mismo Jesús.

Hoy celebramos la manifestación de Dios a los hombres. Dios se nos manifiesta, se nos muestra, se nos descubre en su Hijo Jesucristo. El Niño de Belén, que adoraron María y José, que adoraron los pastores, y que adoraron “unos magos de Oriente”, no sólo es hombre, que no puede ser adorado, sino que es al mismo tiempo Dios eterno. ¡Misterio grandioso! En ese Niño está “toda la plenitud de la divinidad de la que todos participamos”.

Verdaderamente es una lástima que una Fiesta como la de hoy, la EPIFANÍA, una fiesta tan de adultos, haya sido tan infantilizada. Por poco queda reducida más que al “recuerdo histórico” de unos personajes –los Magos– que fueron a adorar al Niño Jesús. Pero se pone menos acento en la adoración que en los regalos que recibieron.

No obstante, los mismos “regalos” son un testimonio de que la revelación sobre este Niño les hizo comprender que se trataba de un rey (oro), de un Dios (incienso), y de un hombre (mirra) al mismo tiempo. No habrán entendido plenamente el misterio, pero lo admitieron, lo aceptaron, porque les fue revelado por Dios, y en consecuencia obraron: se esforzaron por encontrar al Niño y le adoraron.

Repetimos:  Dios nos envía a su Hijo para redimirnos. ¡Tanto nos ama! Sin excluir los “regalos” a los niños en esta Fiesta de la EPIFANÏA, es necesario, muy necesario, que le vayamos devolviendo a la misma su verdadero contenido, real significado y vital importancia. No hagamos de las cosas de Dios “cualquier cosa”. La fe, por otra parte, no es un acto puramente espiritual.

La fe tiene que estar enraizada en nuestra vida. Creer en Jesucristo, en la necesidad de la Redención para los hombres, significa asumir toda la responsabilidad propia de esta fe. Así como los Magos no se desalentaron cuando se les ocultó la estrella. Averiguaron, buscaron y encontraron. No esperemos nosotros “facilidades” para ser cristianos. Jamás debemos cansarnos por el esfuerzo que ello implica…

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.198-199)

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