miércoles, 18 de mayo de 2022

APUNTES PARA UNA IGLESIA SINODAL (audios): La relación de Dios Padre con la Iglesia Católica


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ema del episodio Nº 15

La relación de Dios Padre con la Iglesia Católica

“Apuntes para una Iglesia sinodal, es un micro programa radiofónico de evangelización, realizado por el sacerdote y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emite dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión es el domingo a las 09:45 hs y es transmitido por Cope Madrid Regional 101.0, y Cope Pinares 90.5 y 92.2 (estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de diciembre de 2021.

domingo, 15 de mayo de 2022

5º Domingo de Pascua - Ciclo C: “Amaos unos a otros como yo os he amado”



Texto del Evangelio: 
Jn 13,31-33a.34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros».

viernes, 13 de mayo de 2022

BENEDICTO XVI: «Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada»

 


El Papa emérito Benedicto XVI viajó a Fátima en mayo del año 2010 con motivo del décimo aniversario de la beatificación de los pastorcitos Jacinta y Francisco. Ese 13 de mayo se dirigió a los fieles, llegados de todo el mundo, y les predicó la homilía que les comparto a continuación:

Queridos peregrinos

“Su estirpe será célebre entre las naciones, […] son la estirpe que bendijo el Señor” (Is 61,9). Así comenzaba la primera lectura de esta Eucaristía, cuyas palabras encuentran un admirable cumplimiento en esta asamblea recogida con devoción a los pies de la Virgen de Fátima. Hermanas y hermanos amadísimos, también yo he venido como peregrino, a esta “casa” que María ha elegido para hablarnos en estos tiempos modernos. He venido a Fátima para gozar de la presencia de María y de su protección materna. He venido a Fátima, porque hoy converge hacia este lugar la Iglesia peregrina, querida por su Hijo como instrumento de evangelización y sacramento de salvación. He venido a Fátima a rezar, con María y con tantos peregrinos, por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos. En definitiva, he venido a Fátima, con los mismos sentimientos de los Beatos Francisco y Jacinta y de la Sierva de Dios Lucía, para hacer ante la Virgen una profunda confesión de que “amo”, de que la Iglesia y los sacerdotes “aman” a Jesús y desean fijar sus ojos en Él, mientras concluye este Año Sacerdotal, y para poner bajo la protección materna de María a los sacerdotes, consagrados y consagradas, misioneros y todos los que trabajan por el bien y que hacen de la Casa de Dios un lugar acogedor y benéfico.

Ellos son la estirpe que el Señor ha bendecido… Estirpe que el Señor ha bendecido eres tú, amada diócesis de Leiría-Fátima, con tu Pastor, Mons. Antonio Marto, al que agradezco el saludo que me ha dirigido al inicio y que me ha colmado de atenciones, a través también de sus colaboradores, durante mi estancia en este santuario. Saludo al Señor Presidente de la República y a las demás autoridades que sirven a esta gloriosa Nación. Envío un abrazo a todas las diócesis de Portugal, representadas aquí por sus obispos, y confío al cielo a todos los pueblos y naciones de la tierra. En Dios, abrazo de corazón a sus hijos e hijas, en particular a los que padecen cualquier tribulación o abandono, deseando transmitirles la gran esperanza que arde en mi corazón y que aquí, en Fátima, se hace más palpable. Nuestra gran esperanza hunde sus raíces en la vida de cada uno de vosotros, queridos peregrinos presentes aquí, y también en la de los que se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social.

Sí, el Señor, nuestra gran esperanza, está con nosotros; en su amor misericordioso, ofrece un futuro a su pueblo: un futuro de comunión con él. Tras haber experimentado la misericordia y el consuelo de Dios, que no lo había abandonado a lo largo del duro camino de vuelta del exilio de Babilonia, el pueblo de Dios exclama: “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios” (Is 61,10). La Virgen Madre de Nazaret es la hija excelsa de este pueblo, la cual, revestida de la gracia y sorprendida dulcemente por la gestación de Dios en su seno, hace suya esta alegría y esta esperanza en el cántico del Magnificat: “Mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador”. Pero ella no se ve como una privilegiada en medio de un pueblo estéril, sino que más bien profetiza para ellos la entrañable alegría de una maternidad prodigiosa de Dios, porque “su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1, 47. 50).

Este bendito lugar es prueba de ello. Dentro de siete años volveréis aquí para celebrar el centenario de la primera visita de la Señora “venida del Cielo”, como Maestra que introduce a los pequeños videntes en el conocimiento íntimo del Amor trinitario y los conduce a saborear al mismo Dios como el hecho más hermoso de la existencia humana. Una experiencia de gracia que los ha enamorado de Dios en Jesús, hasta el punto de que Jacinta exclamaba: “Me gusta mucho decirle a Jesús que lo amo. Cuando se lo digo muchas veces, parece que tengo un fuego en el pecho, pero no me quema”. Y Francisco decía: “Lo que más me ha gustado de todo, fue ver a Nuestro Señor en aquella luz que Nuestra Madre puso en nuestro pecho. Quiero muchísimo a Dios”. (Memórias da Irmā Lúcia, I, 40 e 127).

Hermanos, al escuchar estas revelaciones místicas tan inocentes y profundas de los Pastorcillos, alguno podría mirarlos con una cierta envidia porque ellos han visto, o con la desalentada resignación de quien no ha tenido la misma suerte, a pesar de querer ver. A estas personas, el Papa les dice lo mismo que Jesús: “Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios” (Mc 12,24). Las Escrituras nos invitan a creer: “Dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20,29), pero Dios —más íntimo a mí de cuanto lo sea yo mismo (cf. S. Agustín, Confesiones, III, 6, 11)— tiene el poder para llegar a nosotros, en particular mediante los sentidos interiores, de manera que el alma es tocada suavemente por una realidad que va más allá de lo sensible y que nos capacita para alcanzar lo no sensible, lo invisible a los sentidos. Por esta razón, se pide una vigilancia interior del corazón que muchas veces no tenemos debido a las fuertes presiones de las realidades externas y de las imágenes y preocupaciones que llenan el alma (cf. Comentario teológico del Mensaje de Fátima, 2000). Sí, Dios nos puede alcanzar, ofreciéndose a nuestra mirada interior.

Más aún, aquella Luz presente en la interioridad de los Pastorcillos, que proviene del futuro de Dios, es la misma que se ha manifestado en la plenitud de los tiempos y que ha venido para todos: el Hijo de Dios hecho hombre. Que Él tiene poder para inflamar los corazones más fríos y tristes, lo vemos en el pasaje de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,32). Por lo tanto, nuestra esperanza tiene un fundamento real, se basa en un evento que se sitúa en la historia a la vez que la supera: es Jesús de Nazaret. Y el entusiasmo que suscitaba su sabiduría y su poder salvador en la gente de su tiempo era tal que una mujer en medio de la multitud —como hemos oído en el Evangelio— exclamó: “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!”. A lo que Jesús respondió: “Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!” (Lc 11, 27.28). Pero, ¿quién tiene tiempo para escuchar su palabra y dejarse fascinar por su amor? ¿Quién permanece, en la noche de las dudas y de las incertidumbres, con el corazón vigilante en oración? ¿Quién espera el alba de un nuevo día, teniendo encendida la llama de la fe? La fe en Dios abre al hombre un horizonte de una esperanza firme que no defrauda; indica un sólido fundamento sobre el cual apoyar, sin miedos, la propia vida; pide el abandono, lleno de confianza, en las manos del Amor que sostiene el mundo.

“Su estirpe será célebre entre las naciones, […] son la estirpe que bendijo el Señor” (Is 61,9), con una esperanza inquebrantable y que fructifica en un amor que se sacrifica por los otros, pero que no sacrifica a los otros; más aún —como hemos escuchado en la segunda lectura—, “todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,7). Los Pastorcillos son un ejemplo de esto; han hecho de su vida una ofrenda a Dios y un compartir con los otros por amor de Dios. La Virgen los ha ayudado a abrir el corazón a la universalidad del amor. En particular, la beata Jacinta se mostraba incansable en su generosidad con los pobres y en el sacrificio por la conversión de los pecadores. Sólo con este amor fraterno y generoso lograremos edificar la civilización del Amor y de la Paz.

Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada. Aquí resurge aquel plan de Dios que interpela a la humanidad desde sus inicios: “¿Dónde está Abel, tu hermano? […] La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra” (Gn 4,9). El hombre ha sido capaz de desencadenar una corriente de muerte y de terror, que no logra interrumpirla… En la Sagrada Escritura se muestra a menudo que Dios se pone a buscar a los justos para salvar la ciudad de los hombres y lo mismo hace aquí, en Fátima, cuando Nuestra Señora pregunta: “¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera mandaros, como acto de reparación por los pecados por los cuales Él es ofendido, y como súplica por la conversión de los pecadores?” (Memórias da Irmā Lúcia, I, 162).

Con la familia humana dispuesta a sacrificar sus lazos más sagrados en el altar de los mezquinos egoísmos de nación, raza, ideología, grupo, individuo, nuestra Madre bendita ha venido desde el Cielo ofreciendo la posibilidad de sembrar en el corazón de todos los que se acogen a ella el Amor de Dios que arde en el suyo. Al principio fueron sólo tres, pero el ejemplo de sus vidas se ha difundido y multiplicado en numerosos grupos por toda la faz de la tierra, dedicados a la causa de la solidaridad fraterna, en especial al paso de la Virgen Peregrina. Que estos siete años que nos separan del centenario de las Apariciones impulsen el anunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María para gloria de la Santísima Trinidad.

miércoles, 11 de mayo de 2022

APUNTES PARA UNA IGLESIA SINODAL (audios): La Iglesia es caritativa y solidaria

Tema del episodio Nº 14

La Iglesia es caritativa y solidaria

“Apuntes para una Iglesia sinodal, es un micro programa radiofónico de evangelización, realizado por el sacerdote y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emite dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión es el domingo a las 09:45 hs y es transmitido por Cope Madrid Regional 101.0, y Cope Pinares 90.5 y 92.2 (estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de diciembre de 2021.


domingo, 8 de mayo de 2022

4º Domingo de Pascua - Ciclo C: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo les doy la vida eterna”

Texto del Evangelio: Jn 10,27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

miércoles, 4 de mayo de 2022

APUNTES PARA UNA IGLESIA SINODAL (audios): La Iglesia es esencialmente misionera


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ema del episodio Nº 13

La Iglesia es esencialmente misionera

“Apuntes para una Iglesia sinodal, es un micro programa radiofónico de evangelización, realizado por el sacerdote y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emite dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión es el domingo a las 09:45 hs y es transmitido por Cope Madrid Regional 101.0, y Cope Pinares 90.5 y 92.2 (estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de diciembre de 2021.

domingo, 1 de mayo de 2022

3º Domingo de Pascua - Ciclo C: “Jesús les dice: ‘Venid y comed’”

Texto del Evangelio: Jn 21,1-19

En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

sábado, 30 de abril de 2022

SAN JOSÉ: “Jesús aprende de san José el oficio de carpintero”

 


Queridos amigos y hermanos: ante más de 70 mil fieles, en la Plaza de San Pedro, el Obispo de Roma, el 1 de mayo de 2013, pidió una opción decidida contra la trata de personas y el trabajo que esclaviza. Y haciendo hincapié en la dignidad humana de los trabajadores e invitando a la solidaridad, se dirigió también en particular a los responsables de la cosa pública. En su catequesis central en italiano, Francisco se detuvo sobre san José obrero y la Virgen María «dos figuras tan importantes en la vida de Jesús, de la Iglesia y en nuestra vida». Más adelante en su catequesis, Francisco destacó que en el silencio del quehacer cotidiano, san José, junto con María, tienen un sólo centro común de atención: Jesús. Ellos acompañan y custodian con empeño y ternura, el crecimiento del Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, reflexionando sobre todo lo que sucedía

Texto completo de la catequesis central del Papa en italiano, traducido al español:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días

Hoy primero de mayo, celebramos a san José obrero y comenzamos el mes dedicado tradicionalmente a la Virgen. En este encuentro, quisiera detenerme entonces sobre estas dos figuras tan importantes en la vida de Jesús, de la Iglesia y en nuestra vida, con dos breves pensamientos: el primero sobre el trabajo y el segundo sobre la contemplación de Jesús.

1. En el Evangelio de san Mateo, en uno de los momentos en que Jesús vuelve a su país, a Nazaret, y habla en la sinagoga, se subraya el asombro de sus paisanos por su sabiduría y la pregunta que se plantean: ¿No es este el hijo del carpintero? (13,55). Jesús entra en nuestra historia, viene en medio de nosotros, naciendo de María por obra de Dios, pero con la presencia de san José, el padre legal que lo custodia y le enseña también su trabajo. Jesús nace y vive en una familia, en la Santa Familia, aprendiendo de san José el oficio de carpintero, en el taller de Nazaret, compartiendo con él el empeño, la fatiga, la satisfacción y también las dificultades de cada día.

Ello nos recuerda la dignidad y la importancia del trabajo. El Libro del génesis narra que Dios creó el hombre y la mujer confiándoles la tarea de llenar la tierra y de dominarla, que no significa explotarla, sino cultivarla y custodiarla, cuidarla con la propia obra (cfr. Gen 1,28 – 2,15). El trabajo forma parte del plan de amor de Dios ¡nosotros estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación y de este modo participamos en la obra de creación! El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo – para usar una imagen, nos ‘unge’ de dignidad, nos llena de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que ha trabajado y trabaja, actúa siempre (cfr. Jn 5,17); da la capacidad de mantenerse a sí mismos, a la propia familia, de contribuir al crecimiento de la propia nación.

Y aquí pienso en las dificultades que, en varios países, encuentra hoy el mundo del trabajo y de la empresa; pienso en cuantos, y no sólo jóvenes, están desempleados, muchas veces debido a una concepción economicista de la sociedad, que busca el provecho egoísta, más allá de los parámetros de la justicia social.

Deseo dirigir a todos la invitación a la solidaridad y a los responsables de la cosa pública la exhortación a que realicen todo esfuerzo para dar nuevo impulso a la ocupación; ello significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo quisiera decir que no hay que perder la esperanza; también san José también tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona

Y luego quisiera dirigirme en particular a ustedes chicos y chicas, y jóvenes: empéñense en su deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda a los demás; el porvenir de ustedes depende también de cómo saben vivir estos años preciosos de la vida. No tengan miedo del compromiso, del sacrificio y no miren con miedo al futuro, mantenga viva la esperanza: siempre una luz en el horizonte.

Añado una palabra sobre otra situación de trabajo que me preocupa: me refiero a lo que podríamos definir como el ‘trabajo esclavo’, el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona la que sirve al trabajo, mientras debe ser el trabajo el que brinde un servicio a las personas para que tengan dignidad. Pido a los hermanos y hermanas en la fe y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad una opción decidida contra la trata de personas, dentro de la cual figura el ‘trabajo esclavo’.

2. Aludo al segundo pensamiento: en el silencio del quehacer cotidiano, san José, junto con María, tienen un sólo centro común de atención: Jesús. Ellos acompañan y custodian con empeño y ternura, el crecimiento del Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, reflexionando sobre todo lo que sucedía. En los Evangelios, san Lucas subraya dos veces la actitud de María, que es también la de san José: ‘conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón’ (2,19.51)

Para escuchar al Señor, es necesario aprender a contemplarlo, a percibir su presencia constante en nuestra vida; es necesario detenerse a dialogar con Él, darle espacio con la oración. Cada uno de nosotros, también ustedes chicos, chicas y jóvenes, tan numerosos esta mañana, deberían preguntarse: ¿qué espacio doy al Señor? Me detengo a dialogar con Él? Desde cuando éramos pequeños, nuestros padres nos han acostumbrado a iniciar y a concluir el día con una oración, para educarnos a sentir que la amistad y el amor de Dios nos acompañan. ¡Acordémonos más del Señor en nuestras jornadas!

En este mes de mayo, quisiera recordar la importancia y la belleza de la oración del santo Rosario. Rezando el Ave María, somos conducidos a contemplar los misterios de Jesús, es decir a reflexionar sobre los momentos centrales de su vida, para que, como para María y para san José, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestras atenciones y de nuestras acciones. ¡Sería hermoso si, sobre todo en este mes de mayo, se rezase juntos en familia, con los amigos, en Parroquia, el santo Rosario o alguna oración a Jesús y a la Virgen María! La oración en conjunto es un momento precioso para hacer aún más sólida la vida familiar, la amistad! ¡Aprendamos a rezar cada vez más en familia y como familia!

Queridos hermanos y hermanas, pidamos a san José y a la Virgen María que nos enseñen a ser fieles a nuestros compromisos cotidianos, a vivir nuestra fe en las acciones de cada día y a dar más espacio al Señor en nuestra vida, a detenernos para contemplar su rostro.

Papa Francisco

lunes, 25 de abril de 2022

PASTORAL DE LA SALUD: “La Capilla de un hospital es un ámbito privilegiado para el encuentro con Jesús Misericordioso”

 

Crónica de la Entronización de la Divina Misericordia en la Capilla del Hospital Universitario Infanta Elena de Valdemoro

El pasado Domingo 24 de abril, Fiesta de la Divina Misericordia, a las 18:00 hs. en la Capilla (situada en la planta baja) del Hospital Universitario Infanta Elena, Av. de los Reyes Católicos, 21, Valdemoro, ante un nutrido grupo de fieles que siguió con emoción la celebración, se bendijo y entronizó un Cuadro con la Imagen de Jesús Misericordioso, comúnmente llamado de la Divina Misericordia.

La motivación que la Capellanía Sacerdotal tenía para tal fin, lo había expresado en la invitación al evento D. José Antonio Medina, con las siguientes palabras: “es presentar a los enfermos, familiares y amigos -que profesan la fe católica y acuden a dicha Capilla- el misterio insondable de la Misericordia Divina que con un amor infinito y eterno nos acompaña y acoge a lo largo de todas las etapas y circunstancias de nuestra vida”.

La Imagen que se bendijo de Jesús Misericordioso

Se trata del primer cuadro que se pintó con la imagen de Jesús Misericordioso, bajo la supervisión de Santa Faustina Kowalska, Apóstol de la Divina Misericordia, cuadro que es venerado en el Santuario de la Divina Misericordia en Vilna, Lituania, desde el año 2005, luego de su restauración. El padre Sopoćko, director espiritual de Santa Faustina, testimonió que dejó a sor Faustina plena libertad a la hora de colaborar con el pintor. Al mismo tiempo en sus declaraciones y escritos, él confirma personalmente que el cuadro había sido pintado exactamente según las indicaciones de la Santa.

El archivo digital con el cuál se realizó el cuadro que se venerará desde el próximo Domingo en la Capilla del Hospital de Valdemoro, tiene Copyright reservado © de La Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso, (Vilnius, Lituania); cuyas hermanas lo ceden gratuitamente a quienes lo soliciten para su impresión y difusión.

Jesús Misericordioso: en Él nuestras ‘miserias’ son puestas en el ‘Corazón’ del Padre

En la homilía de la Misa, el Padre Medina, Capellán del HUIE, expresó que “por designio del Papa San Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia. Se trata de algo que va mucho más allá de una devoción particular. Como él mismo lo explicó en su encíclica Dives in misericordia, la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. ‘Misericordia’ proviene de dos palabras: ‘Miseria’ y ‘Cor’. Dios pone nuestra mísera situación debida al pecado en su corazón de Padre. Jesucristo, muerto y resucitado, es la suprema manifestación y actuación de la Divina Misericordia. ‘Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito’ (Jn 3,16)”.

En otro tramo de la homilía, expresó: “La Pastoral de la Salud es un apostolado de la Misericordia. Así, la experiencia cristiana que contempla la enfermedad desde la fe, nos ayuda a introducirnos en un camino nuevo como enfermos, como acompañantes de los mismos o como visitadores. Esta Misericordia de Cristo se hace singularmente presente a través de los sacramentos de la Iglesia. A los que sufren enfermedades el Señor les auxilia a través de la gracia de la Unción de los Enfermos. La presencia de Cristo consigue romper el aislamiento que causa el dolor. El hombre ya no está solo con su desdicha, sino conformado a Cristo que se ofrece al Padre”.

El Padre Medina, expresó al final sus deseos en referencia a dicha Imagen: “La Capilla de un hospital es un ámbito privilegiado para el encuentro con Jesús Misericordioso, por esto es mi deseo que la Imagen de Jesús Misericordioso en la Capilla del Hospital sea un punto de encuentro y comunión con la Misericordia Divina que necesitamos siempre y en toda circunstancia, también cuando nos aqueja la dolencia de una enfermedad, o cuando luego de días de estar ingresado llegamos aquí con sentimientos de gratitud, o cuando pasamos por la capilla entes de visitar a nuestros familiares o amigos enfermos; y muy especialmente, cuando los mismos pacientes ingresados aquí, se acercan a la Capilla para visitar e implorar sus gracias al Señor de la Misericordia”.

Al finalizar el Capellán tuvo palabras de gratitud para todos aquellos que hicieron posible la realización del cuadro y de las distintas instancias en el arreglo de la Capilla para tal fin. Luego de los saludos finales y de las fotos junto a la Imagen, se terminó el encuentro rezando la Coronilla de la Divina Misericordia, “pidiendo por el mundo y la Iglesia, por el fin de la guerra en Ucrania y pidiendo para que el hombre y el mundo encuentren su paz volviendo sus ojos a Jesús Misericordioso”.

Altar de la Capilla del Hospital Universitario Infanta Elena, Valdemoro, Madrid.

Las fotos de esta crónica son gentileza de la Sra. Alexia Ramallo.

domingo, 24 de abril de 2022

Domingo de la Divina Misericordia - Ciclo C: “Señor mío y Dios mío”

 


Texto del Evangelio: Jn 20,19-31

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

sábado, 23 de abril de 2022

DIVINA MISERICORDIA: El Papa Francisco, un apóstol de la Misericordia

 


Por Iván de Vargas (Zenit.org) - El lema del papa Francisco, “Miserando atque eligendo”, es un homenaje a la misericordia divina. Ciertamente, esta expresión reviste un significado particular en la vida y en el itinerario espiritual del santo padre.

En 1953, a la edad de 17 años, el joven Jorge Mario Bergoglio experimenta, de un modo del todo particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. Después de una confesión, siente su corazón tocado y advierte la llegada de la misericordia de Dios, que, con mirada de tierno amor, le llama a la vida religiosa a ejemplo de san Ignacio de Loyola.

Una vez elegido obispo, el religioso jesuita, en recuerdo de tal acontecimiento, que marca los inicios de su total consagración a Dios en Su Iglesia, decide elegir, como lema y programa de vida, el citado enunciado de San Beda "lo miró con misericordia y lo eligió", que también ha querido reproducir en su escudo pontificio.

Para el nuevo papa, la misericordia de Dios es el mensaje "más fuerte" y una idea central de su pensamiento.

Al ser creado cardenal por el papa Juan Pablo II, monseñor Bergoglio dice: "Sólo alguien que ha encontrado la misericordia, que ha sido acariciado por la misericordia, está feliz y cómodo con el Señor".

Además, el entonces purpurado argentino acude anualmente al santuario de Villa Urquiza, en Buenos Aires, para celebrar la fiesta patronal en honor de Jesús Misericordioso. Asimismo, no falta a su cita con la Caravana Nacional de la Divina Misericordia.

Siendo arzobispo de Buenos Aires, tiene también una importante intervención en el Primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, celebrado en el año 2008 en Roma.

Quienes le conocen bien aseguran que el padre Bergoglio siempre recomienda a sus sacerdotes misericordia, valentía apostólica y puertas abiertas a todos.

Tras su elección como sucesor de Pedro, todavía resuenan con fuerza las palabras del papa Francisco en la pequeña iglesia parroquial de Santa Ana: "La misericordia cambia el mundo, hace al mundo menos frío y más justo. El rostro de Dios es el rostro de la misericordia, que siempre tiene paciencia. [...] Dios nunca se cansa de perdonarnos. El problema es que nosotros nos cansamos de pedirle perdón. ¡No nos cansemos nunca! Él es el padre amoroso que siempre perdona, que tiene misericordia con todos nosotros".

En un reciente pregón pascual, la invitación del santo padre es clara: "Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas; y hagámonos instrumentos de esta misericordia".

Por tanto, no es de extrañar que el pontífice haya elegido, para tomar posesión de la Cátedra como Obispo de Roma, el segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia.

miércoles, 20 de abril de 2022

ESCRITOS PERIODÍSTICOS: “La necesidad de comprender y acoger la Divina Misericordia”

 


Queridos amigos y hermanos del blog: El Gabinete de Prensa del Obispado de Cádiz y Ceuta, me invitó a escribir en abril de 2013 un artículo sobre el sentido y la importancia de la Fiesta de la Divina Misericordia que se celebra en el II Domingo de Pascua en toda la Iglesia. Fue publicado en la Web del Obispado. Se los trascribo a continuación:

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Este IIº Domingo de Pascua, es la Fiesta de la Divina Misericordia que tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos... “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario “La Divina Misericordia en mi alma” escrito por Santa Faustina Kowalska, 723). 

En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742). Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación del entonces pontífice reinante, el hoy Beato Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tiene lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico es “segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia”. Ya el mismo Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril de ese mismo año: “En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan a la humanidad en los años venideros”.

El texto evangélico de ese domingo (Jn. 20, 19-31) es elocuente en cuanto a la Misericordia Divina: narra la institución del Sacramento de la Confesión o del Perdón. Es el Sacramento de la Misericordia Divina.

¿En qué consiste, entonces, esta Fiesta de la Divina Misericordia? He aquí lo que dijo Jesús a Santa Faustina: “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia. Derramo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario, 699).

Es decir, quien arrepentido se confiese y comulgue el Domingo de la Divina Misericordia, podrá recibir el perdón de las culpas y de las penas de sus pecados, gracia que recibimos sólo en el Sacramento del Bautismo o con la indulgencia plenaria. O sea que, si su arrepentimiento ha sido sincero y si cumple con las condiciones requeridas, el alma queda como recién bautizada, libre inclusive del reato de las penas del purgatorio que acarrean sus pecados aun perdonados.

Nuestro Señor dijo en una ocasión a Santa Faustina: “Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico”.  Es un hecho que la grandeza, importancia y trascendencia de esta Fiesta, “nacida de las entrañas de la Misericordia Divina”, no podrá ser suficientemente comprendida por nosotros, pero debemos vivirla con toda la capacidad de amor y ansias de salvación de nuestro corazón.

Que la Santísima Virgen María, Madre y Reina de Misericordia nos ayude a entender y a vivir este misterio insondable de Dios: su Divina Misericordia.

Con mi bendición.

Padre José Medina

lunes, 18 de abril de 2022

DIVINA MISERICORDIA: Entronización de la Imagen de Jesús Misericordioso en la Capilla del Hospital de Valdemoro

 


El próximo Domingo 24 de abril, Fiesta de la Divina Misericordia, a las 18:00 hs. en la Capilla (situada en la planta baja) del Hospital Universitario Infanta Elena, Av. de los Reyes Católicos, 21, Valdemoro, se entronizará un Cuadro con la Imagen de Jesús Misericordioso, comúnmente llamado de la Divina Misericordia.

La motivación que la Capellanía Sacerdotal tiene para tal fin, según lo expresa D. José Antonio Medina, “es presentar a los enfermos, familiares y amigos -que profesan la fe católica y acuden a dicha Capilla- el misterio insondable de la Misericordia Divina que con un amor infinito y eterno nos acompaña y acoge a lo largo de todas las etapas y circunstancias de nuestra vida”.

La Imagen de Jesús Misericordioso

El primer elemento de la Devoción a la Divina Misericordia que fue revelado a Santa Faustina Kowalska fue la Imagen, el 22 de febrero del 1931. Jesús se le aparece con rayos de luz irradiando desde su Corazón y le dice: "Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma: "Jesús, en ti confío". Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero." (Diario 47) "Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerta. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria." (Diario 48)

"Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas… Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizado fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la mano justa de Dios." (Diario 299)

¿Cuál de las imágenes de Jesús Misericordioso se bendecirá y entronizará?

San Juan Pablo II ante el primer cuadro
que se pintó de Jesús Misericordioso.

Se trata del primer cuadro que se pintó con la imagen de Jesús Misericordioso, bajo la supervisión de Santa Faustina Kowalska, Apóstol de la Divina Misericordia, cuadro que es venerado en el Santuario de la Divina Misericordia en Vilna desde el año 2005, luego de su restauración. El padre Sopoćko, director espiritual de Santa Faustina, testimonió que dejó a sor Faustina plena libertad a la hora de colaborar con el pintor. Al mismo tiempo en sus declaraciones y escritos, él confirma personalmente que el cuadro había sido pintado exactamente según las indicaciones de la Santa.

El archivo digital con el cuál se realizó el cuadro que se venerará desde el próximo Domingo en la Capilla del Hospital de Valdemoro, tiene Copyright reservado © de La Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso, (Vilnius, Lituania); cuyas hermanas lo ceden gratuitamente a quienes lo soliciten para su impresión y difusión.

Es fundamental destacar, según las palabras del Padre Medina que “La Pastoral de la Salud es un apostolado de la Misericordia. Así, la experiencia cristiana que contempla la enfermedad desde la fe, nos ayuda a introducirnos en un camino nuevo como enfermos, como acompañantes de los mismos o como visitadores. Esta Misericordia de Cristo se hace singularmente presente a través de los sacramentos de la Iglesia. A los que sufren enfermedades el Señor les auxilia a través de la gracia de la Unción de los Enfermos. La presencia de Cristo consigue romper el aislamiento que causa el dolor. El hombre ya no está solo con su desdicha, sino conformado a Cristo que se ofrece al Padre. Es mi deseo que la Imagen de Jesús Misericordioso en la Capilla del Hospital sea un punto de encuentro y comunión con la Misericordia Divina que necesitamos siempre y en toda circunstancia, también cuando nos aqueja la dolencia de una enfermedad”.

domingo, 17 de abril de 2022

Domingo de Pascua - Ciclo C: Resucitó al tercer día

 


Texto del Evangelio: Jn 20,1-9

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

domingo, 3 de abril de 2022

5º Domingo de Cuaresma - Ciclo C: “¿Ninguno te ha condenado?, Tampoco yo”

 


Texto del Evangelio: Jn 8,1-11

En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?». Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.

Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».