miércoles, 7 de octubre de 2026

MONSEÑOR LEÓN KRUK: Recemos el Santo Rosario en familia

 

Octubre: Mes del Rosario

7 de octubre: La Virgen del Rosario

Hace ya un año y medio que el Episcopado Argentino, preocupado por la situación del hombre, y en particular del hombre argentino, ha propuesto e iniciado un programa de acción pastoral en toda la Patria, con especial relación a la familia.

Retoma la doctrina siempre enseñada por la Iglesia, respecto al origen, carácter y fin de la sociedad, y que admirablemente ha sintetizado el Concilio Vaticano II en esta expresión: “LA MISIÓN DE SER LA CELULA PRIMERA Y VITAL DE LA SOCIEDAD, LA FAMILIA LA HA RECIBIDO DIRECTAMENTE DE DIOS” (Apost. Act. 11).

Por ser la familia la “célula primera y vital de la sociedad”, es lógico que si queremos una sociedad mejor, más recta, más justa, más santa, donde el “hombre no sea lobo para el hombre”, sino que el hombre sea “hermano” para el hombre, según la feliz expresión del Papa Pablo VI: “TODO HOMBRE ES MI HERMANO”, es lógico y natural que centremos nuestra atención y nuestra acción en la familia.

Todos los enemigos de la verdad, del amor, de la justicia, de la honestidad, en una palabra todos los enemigos de Dios y, por lo mismo, enemigos del hombre y de la sociedad, coinciden en un común denominador: desprestigiar, atacar, desintegrar, destruir y demoler la familia. Ése es su objetivo.

Una sociedad sin familias unidas, sin vida armónica, equilibrada, entre sus miembros, es una sociedad sin base, y el proceso de derrumbe toma una velocidad y un giro al parecer incontenibles. Eso es precisamente lo que quiere el enemigo del hombre.

El único que puede salvar es Dios. Nadie más. Los hombres ya han demostrado su fracaso y es tiempo de hacer un alto, recapacitar en serio y tomar decisiones audaces. Basta ya de ensayos y de inscribirse para “aprendices de brujos”.

A fin de que este propósito de la Iglesia en nuestra Patria pueda llevarse a cabo para bien de todos, es necesario que actualicemos aquel medio por el cual todo nos es posible: aquel medio sin el cual lo fácil se hace difícil y hasta lo posible se hace imposible. Hemos de convencernos de la necesidad de la oración, tal como estamos convencidos de otras “necesidades”, que a veces no son tales sino que nos la impone la “sociedad de consumo…”.

Se ha querido sintetizar en una frase, ya conocida, la trascendencia y la eficacia de la oración en orden a la familia: “FAMILIA QUE REZA UNIDA PERMANECE UNIDA”. Y una sociedad compuesta por familias unidas por la oración es una sociedad también unida. Y contra una sociedad unida no hay enemigo ni fuerza capaz de destruirla.

Dice el Vaticano II que la familia cumplirá su misión de ser “la célula primera y vital de la sociedad, si por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios, se ofrece como santuario doméstico de la Iglesia” (Apost. Act. 11).

La proximidad del mes del Rosario y luego el mes de María, nos ofrece una magnífica oportunidad para iniciar una intensa campaña de oración en familia. Con el santo Rosario se han ganado importantes batallas con el mal. Al mal de nuestro tiempo lo venceremos con esta arma espiritual, sencilla, pero eficacísima. A la Virgen María le fue dicho de parte del Señor que “para Dios nada hay imposible” (Luc. 1, 37)

Dice el Papa Pablo VI: “María siempre es camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con ella no puede menos que terminar en un encuentro con Cristo mismo” (30 de mayo de 1965).

Empecemos por unirnos en la oración en familia, lo demás vendrá por añadidura. Durante los meses de Octubre y Noviembre, que las familias en pleno, o cuando sea posible, por lo menos todos los miembros que puedan participar en el rezo del santo Rosario, lo hagan en común. También pueden unirse dos o tres familias, o distribuirse los misterios del Rosario entre varias de ellas de modo que entre todas completen un rosario cada día.

Que la Virgen del Rosario nos alcance la tan anhelada paz y progreso para el mayor bien de toda la familia argentina.

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael”),

Ediciones Nihuil, 1988, pags. 66-68)

 



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