domingo, 29 de junio de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Santoral: Santos Pedro y Pablo

 

«El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo» (2 Tm 4, 18).

1. - «Estos son los que mientras estuvieron en la tierra con sangre plantaron la Iglesia: bebieron el cáliz y lograron ser amigos de Dios» (Antífona de Entrada). La Iglesia une en una sola celebración a Pedro jefe de la Iglesia y a Pablo el Apóstol de las gentes. Uno y otro son el fundamento vivo de la Iglesia plantada con las fatigas de su predicación incesante y fecundada, por fin, con su martirio. Este es el primer aspecto iluminado por las lecturas del día. La primera (Hc 12, 1-11) recuerda uno de los encarcelamientos de Pedro, que tuvo lugar por orden de la autoridad política, que -como en el proceso de Jesús- lo hizo porque «esto agradaba a los judíos» (ib 3). De este modo Pedro corre la misma suerte que Jesús. No puede ser de otra manera, porque «no está el discípulo por encima de su maestro» (Mt 10, 24) y ya había avisado el Maestro: «si me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15, 20). Mas a Pedro no le ha llegado todavía la hora suprema y así, mientras «la Iglesia oraba a Dios insistentemente por él» (Hc 12, 5), un ángel del Señor se le presentó para librarlo.

También Pablo es presentado hoy entre cadenas (2 Tm 4, 6-8. 17-18), pero la suya es la prisión definitiva que terminará con el suplicio. El Apóstol es consciente de su situación, con todo sus palabras no revelan amargura, sino la serena satisfacción de haber gastado su vida por el Evangelio: «Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida» (ib 6-8).

Los dos Apóstoles en cadenas atestiguan que sólo es verdadero discípulo de Cristo el que sabe afrontar por él las tribulaciones y persecuciones, y hasta el mismo martirio. Al mismo tiempo las vicisitudes de cada uno demuestran que Cristo no abandona a sus apóstoles perseguidos: interviene en su ayuda para salvarlos de los peligros -como cuando Pedro fue librado de la cárcel- o para sostenerlos en sus dificultades, como declara Pablo: «El Señor me ayudó y me dio fuerzas... El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo» (ib 17.18). Para el discípulo que, como Pablo, desea unirse a Cristo, el mismo martirio es una liberación; más aún, es la liberación definitiva que a través de la muerte le introduce en la gloria de su Señor.

2.- El Evangelio (Mt 16, 13-20) recuerda el episodio de Cesárea, cuando Simón Pedro, a la pregunta del Maestro, hace su magnífica profesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (ib 16). Jesús le responde congratulándose con él por la luz divina que le ha permitido penetrar su misterio de Hijo de Dios y Salvador de los hombres; y como reflejándose en el discípulo que le ha reconocido, lo hace partícipe de sus características y poderes. Cristo, piedra angular de la Iglesia (Hc 4, 11), se asocia al Apóstol como fundamental de la misma: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16, 18). El, que ha recibido del Padre «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28, 18), lo transmite a Pedro: «Te daré las llaves del Reino de los Cielos», y le confiere la potestad suprema de atar y desatar (Mt 16, 19). Pedro no comprende enseguida el alcance de esa investidura que lo liga estrechamente a Cristo; lo irá comprendiendo progresivamente por la continua intimidad con el Maestro y la experiencia dolorosa de su propia fragilidad. Cuando Jesús lo rechace por su protesta frente al anuncio de la Pasión, o cuando una sola mirada suya le haga descubrir toda la vileza de su negación, Pedro intuirá que el secreto de su victoria estará sólo en la plena comunión con Cristo, animada de una absoluta confianza en él y vivida en la semejanza con su cruz. Entonces estará preparado a escuchar: «Apacienta mis corderos..., apacienta, mis ovejas» (Jn 21, 15-16).

Constituido ya pastor del rebaño del Señor, Pedro mismo instruirá a los creyentes sobre sus relaciones con Cristo y sobre su puesto en la Iglesia: «Acercándoos a él, piedra viva..., también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual» (1 Pe 2, 4-5). Como las prerrogativas de Pedro continúan siendo las del Papa, así las prerrogativas de los primeros cristianos deben ser las de los fieles de todos los tiempos. Unidos a Cristo, «piedra viva», y a su Vicario, «piedra fundamental», también ellos son «piedras vivas» destinadas a edificar y sostener la Iglesia. Y esto mediante la oración particular por el Papa -a imitación de la primera comunidad cristiana que oraba por Pedro encadenado-, y mediante el ofrecimiento «de sacrificios espirituales» concretados en una fidelidad plena al Evangelio, a la Iglesia y al Vicario de Cristo, a pesar de las dificultades y persecuciones, confiando en el que dijo: «Las puertas del infierno no prevalecerán» (Mt 16, 18).

 

¿Qué gracias os daremos, oh bienaventurados apóstoles, por tantas fatigas como por nosotros habéis soportado? Me acuerdo de ti, oh Pedro, y quedo atónito; me acuerdo de ti, oh Pablo, y... me deshago en lágrimas. No sé qué decir, ni sé proferir palabra contemplando vuestros sufrimientos. ¡Cuántas prisiones habéis santificado, cuántas cadenas honrado, cuántos tormentos sostenido, cuántas maldiciones tolerado! ¡Qué lejos habéis llevado a Cristo! ¡Cómo habéis alegrado las iglesias con vuestra predicación! Vuestras lenguas son instrumentos benditos; vuestros miembros se cubrieron de sangre por la Iglesia. ¡Habéis imitado a Cristo en todo!...

Gózate, Pedro, que se te concedió gustar el, leño de la cruz de Cristo. Y a semejanza del Maestro quisiste morir crucificado, pero no erecto como Cristo Señor, sino cabeza abajo, como emprendiendo el camino de la tierra al cielo. Dichosos los clavos que atravesaron miembros tan santos. Tú con toda confianza encomendaste tu alma a las manos del Señor, tú que le serviste asiduamente a él y a la Iglesia su esposa, tú que, fidelísimo entre todos los apóstoles, amaste al Señor con todo el ardor de tu espíritu.

Gózate también tú, oh bienaventurado Pablo, cuya cabeza segó la espada y cuyas virtudes no se pueden explicar con palabras. ¿Qué espada pudo atravesar tu santa garganta, ese instrumento del Señor, admirado del cielo y de la tierra?... Esa espada sea para mí como una corona, y los clavos de Pedro como joyas engastadas en una diadema. (San Juan Crisóstomo, Sermón de Metafraste, MG 59, 494).

¡Oh suma e inefable Deidad! He pecado y no soy digna de rogarte a ti, pero tú eres potente para hacerme digna de ello. Castiga, Señor mío, mis pecados y no te fijes en mis miserias. Un cuerpo tengo y éste te doy y ofrezco; he aquí mi carne, he aquí mi sangre... Si es tu voluntad, tritura mis huesos y mis tuétanos por tu Vicario en la tierra, único esposo de tu Esposa, por el cual te ruego te dignes escucharme... Dale un corazón nuevo, que crezca continuamente en gracia, fuerte para levantar el pendón de la santísima cruz, a fin de que los infieles puedan participar, como nosotros, del fruto de la Pasión, la sangre de tu unigénito Hijo, Cordero inmaculado. (Santa Catalina de Siena, Elevaciones, I).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


sábado, 28 de junio de 2025

APOLOGÉTICA HOY (audios): El sentido del sufrimiento, ¿por qué a mí?

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Episodio Nº 39.

Tema: El sentido del sufrimiento, ¿por qué a mí?

Contenido:

-      El sentido del sufrimiento, ¿por qué a mí? (Apologética Fundamental)

 

1 - El sufrimiento en la vida de San Juan Pablo II.

2 - El sufrimiento en la enseñanza San Juan Pablo II: «Salvifici doloris»

3 - El sufrimiento en el magisterio vivo de San Juan Pablo II.

4 - El sufrimiento y el Santo Rosario de María.

5 - Conclusión.

 

Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 25 de junio de 2025.

 

viernes, 27 de junio de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Santoral – Ciclo C: El Sagrado Corazón de Jesús

 

«Saquemos agua con gozo de la fuente del Salvador» (Is 12, 3).

En la Liturgia de esta solemnidad se entrelazan dos figuras: la del Corazón de Jesús en el propio de la Misa y la del Buen Pastor en las lecturas bíblicas. Todas expresan la misma realidad: el amor infinito de Cristo que ha dado la vida por su rebaño y se ha dejado traspasar el corazón para que fuese para todos fuente de salvación.

Muchos son los pasos del Antiguo Testamento que anuncian al Mesías como pastor. Uno de los más bellos es sin duda el que se lee hoy en la primera lectura (Ez 34, 11-16). Luego de la desbandada del pueblo elegido por incuria de sus jefes, Dios en persona declara que quiere tomarlo él mismo a su cargo. El lo recogerá en torno suyo, irá a buscar a los dispersos, los traerá a su patria a terrenos regadizos y fecundos, como hace el buen pastor, que reúne la grey querida en el redil y la conduce a pastos abundosos: «Yo mismo apacentaré mis ovejas, ya mismo las haré sestear» (ib 15). A estos cuidados amorosos comunes a todo el pueblo, añadirá otros individuales y delicadísimos para cada uno: «Buscaré la oveja perdida, haré volver a la descarriada, curaré a la herida y sanaré a la enferma... Las pastorearé con justicia» (ib 16). El fondo mesiánico de esta profecía es evidente; anticipa y prepara la figura llena de ternura y amor de Jesús, el Buen Pastor, que vendrá a guiar el rebaño del Padre, cuidándose hasta de la última oveja desbandada o herida.

Dan fe de ello el largo discurso de Juan sobre el Buen Pastor (10, 1-21) y la narración de Lucas sobre la oveja perdida relatada en el Evangelio de hoy (Lc 15, 3-7). Jesús no se limita a guardar su rebaño en bloque ni se contenta con que se salve la mayoría, antes deja solas las que están ya al seguro para ir en busca de la única pérdida. Habrá sido imprudente o caprichosa, terca y aun rebelde; no importa. Es una criatura que el Padre le confió para que no perezca; por eso Jesús la busca y la sigue hasta conseguir tomarla sobre sus hombros y devolverla al redil. Entonces todo es fiesta y alegría en la tierra y en el cielo. Todo hombre puede reconocerse a sí mismo en esta imagen. La resistencia a la gracia, las repulsas, las infidelidades, los caprichos del orgullo y del egoísmo son otras tantas evasiones más o menos graves del amor de Cristo. Es preciso no malograr sus llamamientos, dejarse seguir y alcanzar por él, dejarse tomar en brazos y volver al aprisco, para estrechar más profundamente su amistad. A esto invita el Corazón santísimo de Jesús.

Sin lenguaje figurado, san Pablo en la segunda lectura (Rm 5, 5-11) presenta el amor de Cristo como la prueba mayor del amor de Dios a la humanidad. «La prueba del amor que Dios nos tiene nos la ha dado en esto: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (ib 8). Pues el amor divino rebasó toda medida cuando Dios entregó a su Unigénito para la salvación del hombre pecador. Y Cristo, inmolándose en la cruz, dio un testimonio extremo de su caridad, por encima de la misma medida que él había señalado como máxima: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13). Sólo él ha tenido un amor mayor aún, porque murió por nosotros «cuando todavía éramos pecadores» y, por ende, «enemigos» (Rm 5, 8.10). De este hecho toma arranque la esperanza y confianza inmensas de San Pablo: Y ya que estamos ahora justificados por su sangre, con más razón seremos salvados por él de la cólera. En efecto, si cuando éramos todavía enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con más razón... seremos salvados por su vida» (ib 9-10). Después de la muerte de Cristo, el hombre no puede dudar ya del amor de Dios y de su misericordia, ni desconfiar de su salvación. Porque entre los hombres y Dios está ya siempre el Corazón de Cristo para pedir e «interceder por nosotros» (Hb 7, 25).

 

Oh Dios, que en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. (Misal Romano, Oración Colecta).

¡Oh, cuán dulce y gozosa cosa es vivir en este corazón! Tu Corazón, oh buen Jesús, es el rico tesoro, la preciosa margarita, que hemos descubierto en tu cuerpo herido, como en campo cavado...

Yo he hallado tu Corazón..., oh dulcísimo Jesús: corazón de Rey, corazón de hermano, corazón de amigo. ¿Y no oraré? Oraré, sí; que tu Corazón -resueltamente lo diré- también es mío. Si tú, oh Cristo, eres mi cabeza, ¿por qué no ha de ser mío cuanto te pertenece?... ¡Oh, qué dicha! ¡Jesús y yo tenemos un solo, un mismo corazón!... ¡Ea, pues, oh dulcísimo Jesús! Habiendo hallado este corazón divino, que es tuyo y mío, oraré a ti, mi Dios. Acoge en el sagrario de tu audiencia mis preces; más, llévame, arrebátame todo a tu Corazón. La tortuosidad de mis pecados me impide la entrada. Pero, dilatado y ensanchado ese tu Corazón por una caridad incomprensible y siendo tú el único que puedes hacer limpio al concebido en pecado, ¡oh hermosísimo Jesús!, lávame más y más de mis iniquidades, límpiame de mis culpas, y purificado por ti, pueda yo acercarme a ti, Purísimo, y merezca habitar en tu Corazón todos los días de mi vida, y entender y obrar según tu beneplácito. (San Buenaventura, La vid mística, 3, 3-4).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

domingo, 22 de junio de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo C: Corpus Christi

 

«Que tenga yo hambre de ti, "Pan de vida"» (Jn 6, 48).

La solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo es presentada hoy por la Liturgia en relación con el sacerdocio de Cristo, cuyo don supremo es la Eucaristía: Sacrificio ofrecido al Padre y Banquete servido a los hombres.

La primera lectura (Gn 14, 18-20) recuerda la más antigua figura de Cristo Sacerdote: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote «del Dios altísimo» que, en acción de gracias a Dios por la victoria de Abrahán, ofrece un sacrificio de «pan y vino», símbolo de la Eucaristía. Sobre este personaje misterioso del que la Biblia no da indicación alguna ni acerca de su origen ni acerca de su muerte, escribe San Pablo: «sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios permanece sacerdote para siempre» (Hb 7, 3). Melquisedec es llamado «sacerdote para siempre» porque de él no se conoce ni el principio ni el fin. Con mayor razón conviene este título a Cristo, cuyo sacerdocio no tiene origen humano sino divino, y por tanto es eterno en el sentido más absoluto. A él le aplica la Iglesia el versículo que se repite hoy en el salmo responsorial: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec». En el Nuevo Testamento, acabado el sacerdocio levítico, queda sólo el sacerdocio eterno de Cristo que se prolonga en el tiempo por el sacerdocio católico.

La segunda lectura (1 Cr 11, 23-26) presenta a Cristo Sacerdote en el acto de instituir la Eucaristía, Sacrificio del Nuevo Testamento. La relación es la transmitida por el Apóstol según la tradición «que procede del Señor» (ib 23). Como Melquisedec, Jesús ofreció «pan y vino», pero su bendición realizó el gran milagro: «Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros... Esta copa es la nueva Alianza sellada con mi sangre» (ib 24-25). Ya no es pan, sino verdadero Cuerpo de Cristo; ya no es vino, sino verdadera Sangre. Jesús anticipa en la Eucaristía lo que cumplirá en el Calvario en sus miembros rotos, y anticipándolo lo deja en testamento a los suyos como memorial de su Pasión: «Haced esto... en memoria mía» (ib). Por eso, concluye San Pablo, «cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamaréis la muerte del Señor hasta que vuelva» (ib 26). No es una «memoria» que se limita a evocar un suceso, ni es una proclamación de solas palabras, porque la Eucaristía hace actualmente presente, aunque en forma sacramental el Sacrificio de la Cruz y el convite de la última Cena. La misma realidad se ofrece a los fieles de todos los tiempos, para que puedan unirse al Sacrificio de Cristo y alimentarse de su Sangre «hasta que venga» (MR).

La Eucaristía como banquete es el argumento tratado por el Evangelio del día bajo la figura transparente de la multiplicación de los panes (Lc 9, 11b-17). No tenemos aquí sólo el lejano simbolismo del pan y del vino ofrecidos por Melquisedec, sino una acción de Jesús que es preludio evidente de la Cena eucarística. Jesús toma los panes, eleva los ojos al cielo, los bendice, los parte y los distribuye; gestos todos que repetirá en el Cenáculo cuando cambie el pan en su cuerpo. Otro detalle llama la atención: los panes se multiplican en sus manos y de éstos pasan a las de los discípulos que los distribuyen a la multitud. Del mismo modo, siempre será él quien realice el milagro eucarístico, aunque se servirá de sus sacerdotes que serán los ministros y como los tesoreros. En fin, «comieron todos y se saciaron» (ib 17). La eucaristía es el convite ofrecido a todos los hombres para saciar su hambre de Dios y de vida eterna. La solemnidad de hoy es una invitación a despertar la fe y el amor a la Eucaristía, para que los fieles se sientan más hambrientos de ella, se acerquen a ella con mayor fervor y sepan excitar esta hambre saludable en sus hermanos indiferentes.

 

En verdad es justo... darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor, verdadero y único sacerdote. El cual, al instituir el sacrificio de la eterna Alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de eterna salvación, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya. Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica. (Misal Romano, Prefacio).

¡Oh nuevo y antiguo misterio! Antiguo por la figura, nuevo por la verdad del Sacramento, en el cual la criatura recibe siempre máxima novedad. Bien sabemos, y por la fe lo vemos con certeza, que ese pan y ese vino consagrados se convierten sustancialmente, por el divino poder, en tu Cuerpo y en tu Sangre, oh Cristo Dios y Hombre, a las palabras que tú ordenaste y que el sacerdote recita en este misterio sagrado...

¡Oh Dios humanado, tú sacias, colmas, rebosas y alegras tus criaturas, sobre todas y más allá de todas ellas, sin modo ni medida... Oh bien no reflexionado, desconocido, no amado, pero encontrado por los que te ansían todo entero y no pueden poseerte totalmente! Haz que yo vaya a tu encuentro, oh sumo Bien, me acerque a tan sublime mesa con reverencia grande, mucha pureza, gran temor e inmenso amor. Que me acerque toda gozosa y adornada, porque vengo a ti que eres el bien de toda gloria, a ti que eres beatitud perfecta y vida eterna, belleza, dulzura, sublimidad, todo amor y suavidad de amor. (Beata Ángela de Foligno, II libro della B. Angela II, p. 192. 194-5).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

miércoles, 18 de junio de 2025

JESUCRISTO, TÚ SÍ QUE VALES: Hemos recibido el mejor regalo

 

Tema del episodio Nº 14 del ciclo:

Hemos recibido el mejor regalo

“Jesucristo, Tú sí que vales”, es un micro programa de reflexión vocacional, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, quien era en el momento de su emisión original en antena el Director Espiritual del Seminario "San Bartolomé" de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, España.

Se emitió originalmente en el curso pastoral 2012-2013 todos los viernes al mediodía en Cope Cádiz, y posteriormente por Radio María España.

La locución está realizada por el Sr. Nino Romero.


domingo, 15 de junio de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo C: La Santísima Trinidad

 

«Nuestra fe en ti, Dios uno en tres Personas, nos sea prenda de salvación» (Misal Romano, oración después de la Comunión).

Concluido el ciclo de los misterios de la vida de Cristo, la Liturgia se eleva a contemplar el misterio de la Santísima Trinidad. En el Antiguo Testamento este misterio es desconocido; sólo a la luz de la revelación neotestamentaria se pueden descubrir en él lejanas alusiones. Una de las más expresivas es la contenida en el elogio de la Sabiduría, atributo divino presentado como persona (Pr 8, 22-31; 1ª lectura). El Señor me poseyó al principio de sus tareas, al principio de sus obras antiquísimas... Antes de los abismos fui engendrada... Cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto» (ib 22.24.29-30). Es, pues, una persona coexistente con Dios desde la eternidad, engendrada por él y que tiene junto a él una misión de colaboradora en la obra de la creación.

Para el cristiano no es difícil descubrir en esta personificación de la sabiduría-atributo una figura profética de la sabiduría increada, el Verbo eterno, segunda Persona de la Santísima Trinidad, de la que escribió San Juan: «En el principio la Palabra existía, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios... Todo se hizo por ella» (1, 1.3). Pero las expresiones que más impresionan son aquellas en que la sabiduría dice que se goza por la creación de los hombres y que tiene sus delicias en ellos. ¿Cómo no pensar en la Sabiduría eterna, en el Verbo que se hace carne y viene a morar entre los hombres?

En la segunda lectura (Rm 5, 1-5), la revelación de la Trinidad es claramente manifiesta. Ahí están las tres Personas divinas en sus relaciones con el hombre. Dios Padre lo justifica restableciéndolo en su gracia, el Hijo se encarna y muere en la cruz para obtenerle ese don y el Espíritu Santo viene a derramar en su corazón el amor de la Trinidad. Para entrar en relaciones con los «Tres», el hombre debe creer en Cristo su Salvador, en el Padre que lo ha enviado y en el Espíritu Santo que inspira en su corazón el amor del Padre y del Hijo. De esta fe nace la esperanza de poder un día gozar «de la gloria de los hijos de Dios» (ib 2) en una comunión sin velos con la Trinidad sacrosanta. Las pruebas y las tribulaciones de la vida no pueden remover la esperanza del cristiano; ésta no es vana, porque se funda en el amor de Dios que desde el día del bautismo «ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado» (ib 5). Fe, esperanza y amor son las virtudes que permiten al cristiano iniciar en la tierra la comunión con la Trinidad que será plena y beatificante en la gloria eterna.

El Evangelio del día (Jn 16, 12-15) proyecta nueva luz sobre la misión del Espíritu Santo y sobre todo el misterio trinitario. En el discurso de la Cena, al prometer el Espíritu Santo, dice Jesús: «Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena» (ib 13). También Jesús es la Verdad (Jn 14, 6) y ha enseñado a los suyos toda la verdad que ha aprendido del Padre —«todo lo que he oído a mi Padre, os lo he dado a conocer» (Jn 15, 15)—; por eso el Espíritu Santo no enseñará cosas que no estén contenidas en el mensaje de Cristo, sino que hará penetrar su significado profundo y dará su exacta inteligencia preservando la verdad del error. Dios es uno solo, por eso única es la verdad; el Padre la posee totalmente y totalmente la comunica al Hijo: «Todo lo que tiene el Padre es mío», declara Jesús y añade: el Espíritu Santo «tomará de lo mío y os lo anunciará» (Jn 16, 15).

De este modo afirma Jesús la unidad de naturaleza y la distinción de las tres Personas divinas. No sólo la verdad, sino todo es común entre ellas, pues poseen una única naturaleza divina. Con todo, el Padre la posee como principio, el Hijo en cuanto engendrado por el Padre y el Espíritu Santo en cuanto que procede del Padre y del Hijo. No obstante, el Padre no es mayor que el Hijo, ni el Hijo que el Espíritu Santo. En ellos hay una perfecta comunión de vida, de verdad y de amor. El Hijo de Dios vino a la tierra justamente para introducir al hombre en esta comunión altísima haciéndolo capaz por la fe y el amor, de vivir en sociedad con la Trinidad que mora en él.

 

Tú, Trinidad eterna, eres el Hacedor, y yo la hechura. En la recreación que de mí hiciste en la sangre de tu Hijo, he conocido que estabas enamorado de la belleza de tu hechura.

¡Oh abismo, oh deidad eterna, oh mar profundo! ¿Podías dar algo más que darte a ti mismo? Eres fuego que siempre arde y no se consume. Eres fuego que consume en su calor todo amor propio del alma. Eres fuego que quita toda frialdad. Tú alumbras...

En esta luz te conozco a ti, santo e infinito Bien; Bien sobre todo bien. Bien feliz, Bien incomprensible, Bien inestimable. Belleza sobre toda belleza. Sabiduría sobre toda sabiduría, porque tú eres la sabiduría misma. Tú, manjar de los ángeles, dado con fuego de amor a los hombres. Tú, vestido que cubre toda desnudez, sacias al hombre en tu dulzura. Dulce, sin mezcla de amargura.

¡Oh Trinidad eterna! En la luz que me diste... he conocido... el camino de la gran perfección para que te sirva con luz y no con tinieblas, sea espejo de buena y santa vida y me eleve de mi vida miserable, ya que por culpa mía te he servido siempre en tinieblas... Y tú, Trinidad eterna, con tu luz disipaste las tinieblas. (Santa Catalina de Siena, Diálogo 167).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

   

sábado, 14 de junio de 2025

COLUMNISTA INVITADO: El Papa León XIV y la familia, por Monseñor Héctor Rubén Aguer

 

El Papa León XIV confirmó la doctrina católica sobre la realidad natural del matrimonio. Según la Tradición de la Iglesia, la base de la afirmación se encuentra en la Sagrada Escritura. En el libro del Génesis, en el ámbito de la creación y en su cúspide, se dice «no es bueno que el hombre esté solo: le haré un complemento (la mayor parte de las versiones, reza: le haré una ayuda adecuada)». El matrimonio expresa ese complemento; el Sumo Pontífice recordó, simplemente, que el matrimonio es la unión entre el hombre y la mujer. En muchos países, la legislación autoriza parejas del mismo sexo, a lo cual se llama equívocamente «matrimonio». Se puede mostrar admiración ante este fenómeno contrario a la naturaleza. La razón del equívoco está en la negación de la naturaleza y del orden natural. Sobre este orden natural se apoya la gracia sacramental del matrimonio cristiano.

León XIV destacó los ejemplos de vida para que los jóvenes de hoy comprendan la realidad sobrenatural del matrimonio cristiano. Sus palabras, en el mensaje que envió a los participantes del seminario «Evangelizar con las familias de hoy y de mañana. Desafíos eclesiales y pastorales», fueron: «Quizás muchos jóvenes, que hoy en día optan por la convivencia, en lugar del matrimonio cristiano, necesitan en realidad a alguien que les muestre de forma concreta y comprensible, especialmente con el ejemplo de vida, qué es el don de la gracia sacramental y qué fuerza proviene de él; que les ayude a comprender la belleza y la grandeza de la vocación al amor y al servicio de la vida que Dios concede a los esposos». La costumbre que se impone universalmente suprime la tradicional etapa del noviazgo; hoy en día los novios conviven, es decir, tienen relaciones sexuales y «se cuidan» para evitar un embarazo, lo que de cualquier manera se resuelve con el aborto.

También mencionó el Pontífice a «los matrimonios santos entre hombre y mujer (que) permiten superar las fuerzas que destruyen relaciones y sociedades». Mencionó a quienes han sido canonizados, como los padres de Santa Teresita, Luis y Celia Martin, y los Ulma, asesinados por haber protegido judíos de la Segunda Guerra Mundial. Puntualizó que «al proponerlos como testigos ejemplares, la Iglesia nos dice que el mundo de hoy necesita la alianza conyugal para conocer y acoger el amor de Dios».

Esta última afirmación muestra el valor evangelizador del matrimonio cristiano, es decir, difundir el amor de Dios, en un mundo donde Dios es olvidado. Los cristianos hacen presente el Misterio divino: proclaman que Dios es el Creador, el Redentor, y Quien recibe a los hombres en su eternidad. El mundo actual necesita el amor de Dios, que disiparía los odios y egoísmos, incrustados en los corazones de los hombres y que, convertidos en cultura, son la causa de enfrentamientos y guerras que enturbian la paz ¡Muy oportuna la mención que hace León XIV del matrimonio cristiano y la familia! Es en este ámbito íntimo donde se incuba el modelo de una sociedad en la que reine el amor de Cristo, fuente de paz y felicidad.

Que en este Pentecostés, el Espíritu Santo, renueve nuestro ardor misionero; para anunciar, con creciente lucidez y coraje, el Evangelio de la Vida y de la Familia. El mundo necesita, más que nunca, de una Iglesia unida, con coraje y coherencia, que proclame, sin descuentos, el Amor de Dios; por el camino de los Mandamientos y las Bienaventuranzas.

 

+ Héctor Rubén Aguer*, Arzobispo Emérito de La Plata, Argentina.

Buenos Aires, 8 de junio de 2025. Domingo de Pentecostés.

 

*Nació en Buenos Aires, el 24 de mayo de 1943; ordenado sacerdote el 25 de noviembre de 1972, en Buenos Aires, por monseñor Juan Carlos Aramburu, arzobispo coadjutor de Buenos Aires; elegido obispo titular de Lamdia y auxiliar de Buenos Aires, el 26 de febrero de 1992, por Juan Pablo II; ordenado obispo el 4 de abril de 1992, en la catedral de Buenos Aires por el cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires; promovido a arzobispo coadjutor de La Plata el 26 de junio de 1998, tomó posesión del cargo el 8 de septiembre de 1998; inició su ministerio pastoral, por sucesión, como séptimo arzobispo de La Plata (noveno diocesano) el 12 de junio de 2000. El papa Francisco le aceptó la renuncia por edad el 2 de junio de 2018. Académico Honorario de la Pontificia Academia Santo Tomás de Aquino. Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y Académico Correspondiente de la Academia Provincial de Ciencias y Artes de San Isidro. Gran Prior para la Argentina de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén y Capellán Conventual «ad honorem» de la Soberana Orden Militar de Malta. Es licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina (Buenos Aires, 1977). Lema episcopal: «Silenti opere».

jueves, 12 de junio de 2025

APOLOGÉTICA HOY (audios): Dios Providente en el Catecismo de la Iglesia Católica

Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Episodio Nº 38.

Tema: Dios Providente en el Catecismo de la Iglesia Católica

Contenido:

-      Catecismo de la Iglesia Católica: números escogidos entre el 299 al 324. (Apologética Fundamental)

 

1 - Dios crea un mundo ordenado y bueno.

2 - Dios transciende la creación y está presente en ella.

3 - Dios mantiene y conduce la creación.

4 - Dios realiza su designio: la divina providencia.

5 - La providencia y las causas segundas.

6 - La providencia y el escándalo del mal.


Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 11 de junio de 2025.

 

viernes, 6 de junio de 2025

ORACIONES: ¿Hay beneficios médicos si se reza el Rosario? Importante psiquiatra austriaco da la respuesta

 

La investigación destaca algo convincente: las oraciones rítmicas del Rosario parecen aliviar la tensión, fomentar la estabilidad emocional y generar una forma de paz holística única. A diferencia de muchas técnicas seculares de mindfulness que priorizan la neutralidad y el desapego, el Rosario conecta con algo personal y relacional. No es un simple mantra; es un diálogo.

 

En una era dominada por las distracciones digitales y las tendencias terapéuticas, pocos esperarían que un rosario centenario ofreciera lo que prometen la medicina moderna y las aplicaciones de mindfulness: calma profunda, regulación emocional e incluso alivio físico. Sin embargo, un estudio de diciembre de 2024, basado tanto en la observación clínica como en la perspectiva espiritual, ha descubierto precisamente eso: el Rosario, considerado durante mucho tiempo una simple práctica devocional, puede ser mucho más que una simple rutina religiosa. De hecho, podría ser una medicina tanto para el alma como para el cuerpo.

La investigación destaca algo convincente: las oraciones rítmicas del Rosario parecen aliviar la tensión, fomentar la estabilidad emocional y generar una forma de paz holística única. A diferencia de muchas técnicas seculares de mindfulness que priorizan la neutralidad y el desapego, el Rosario conecta con algo personal y relacional. No es un simple mantra; es un diálogo.

Para Christian Spaemann, un respetado psiquiatra y psicoterapeuta austriaco, esto no es ninguna sorpresa. En una entrevista reciente con la periodista Barbara Wenz, Spaemann explica que el Rosario abre no solo la mente, sino también el corazón, a una presencia maternal, concreta y duradera. «Primero debemos creer», dice, «que la Madre de Jesús es verdaderamente nuestra Madre, y que está presente, con un corazón abierto para nosotros». Una vez cruzado ese umbral de confianza, algo cambia.

La experiencia no se limita a místicos o santos de clausura. Spaemann señala que en su propia región rural de Alta Austria, un flujo constante de peregrinos se dirige a Medjugorje, y la gente común -campesinos, obreros- redescubre silenciosamente la paz y la esperanza a través de la oración mariana. «Encuentran alegría en la Madre del Cielo», dice, «y la llevan a su vida diaria».

Más allá del contexto cristiano, Spaemann ve en el Rosario un ritmo humano universal. La mayoría de las religiones principales incluyen rosarios o cantos con cadencia repetitiva. Esto, sugiere, toca una fibra psicológica e incluso fisiológica profunda en nosotros, evocando el consuelo primordial de un niño que escucha el latido del corazón de su madre. Hay, en este ritmo, una especie de seguridad recordada, una puerta de entrada a la trascendencia que precede a las divisiones doctrinales.

Pero el Rosario no es una técnica, es un encuentro. Y para Spaemann, ese encuentro se volvió personal en su juventud. Tomó las cuentas por primera vez durante la adolescencia y las ha conservado en la alegría, la crisis y la rutina. «Es un salvavidas», reflexiona. Cuanto más rezaba, más percibía la presencia de María no como un mito, sino como una realidad viva: accesible, maternal, compasiva. A través del Rosario, dice, su presencia se hace evidente no a través de visiones, sino a través del reconocimiento interior.

El estudio reciente puede centrarse en los resultados fisiológicos y psicológicos, pero Spaemann insta a una perspectiva más amplia. El fruto más profundo del Rosario, insiste, no es solo la serenidad, sino la conciencia de la eternidad. El Rosario, dice, nos lleva al silencio, y en ese silencio, podemos vislumbrar algo asombroso: que cada uno de nosotros es eternamente deseado, creado en amor y destinado a pasar no al olvido, sino a la unión con Dios. «Pasamos al otro mundo», dice, «como de una habitación a otra».

En una cultura tan preocupada por el bienestar mental, puede resultar sorprendente encontrar una oración que ofrezca alivio moderno. Pero el Rosario no solo alivia la ansiedad. La reorienta. Y a diferencia de las técnicas seculares que tienden a encerrarse en sí mismas, el Rosario trasciende el yo: hacia un rostro, una relación, una promesa.

 

(Artículo original de Joachin Meisner Hertz para ZENIT Noticias, Viena, 01.06.2025 - www.zenit.org - Copyright | ZENIT - Español)

 

miércoles, 4 de junio de 2025

JESUCRISTO, TÚ SÍ QUE VALES: Nadie nace siendo sacerdote

 


Tema del episodio Nº 13 del ciclo:

Nadie nace siendo sacerdote

“Jesucristo, Tú sí que vales”, es un micro programa de reflexión vocacional, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, quien era en el momento de su emisión original en antena el Director Espiritual del Seminario "San Bartolomé" de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, España.

Se emitió originalmente en el curso pastoral 2012-2013 todos los viernes al mediodía en Cope Cádiz, y posteriormente por Radio María España.

La locución está realizada por el Sr. Nino Romero.


jueves, 29 de mayo de 2025

APOLOGÉTICA HOY (audios): Dios Creador en el Catecismo de la Iglesia Católica


Programa radiofónico: "APOLOGÉTICA HOY, Colaboradores de la Verdad".

Director: Padre José Antonio Medina.

Episodio Nº 37.

Tema: Dios Creador en el Catecismo de la Iglesia Católica


Contenido:

-      Catecismo de la Iglesia Católica: números escogidos entre el 279 al 298. (Apologética Fundamental)

1 - El Creador.

2 - La catequesis sobre la creación.

3 - La creación: obra de la Santísima Trinidad.

4 - “El mundo ha sido creado para la gloria de Dios”.

5 - Dios crea por sabiduría y por amor.

6 - Dios crea “de la nada”.


Fecha de emisión original en Radio María España el miércoles 28 de mayo de 2025.