viernes, 23 de junio de 2023

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: 10 expresiones de Santa Teresita de Lisieux para entenderlo mejor

 

Nos adentramos en el mes de junio dedicado en la Iglesia al Sagrado Corazón de Jesús. En 2023 se celebra el 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús. La lectura de sus escritos durante este mes puede ser una buena ayuda para adentrarnos en el misterio del Corazón Divino y Humano de Jesús.

Santa Teresita es sin duda una de los grandes “Apóstoles del Corazón de Jesús” de nuestros tiempos. Ella no “sermonea” sobre el Corazón de Jesús, pero toda su doctrina espiritual tiene como fuente y como fin el Corazón de Jesús al que ama y enseña a amar.

Resumimos en 10 expresiones qué significa el Corazón de Jesús para Santa Teresita del Niño Jesús.

1) “Corazón a corazón”

Para Teresita, el Corazón de Jesús es, ante todo, Jesucristo con el que trata personalmente de Corazón a corazón. Teresa vuela alto y quiere mostrarnos desde su propia experiencia como entiende el misterio del Corazón de Cristo, misterio que ella desvela y resume en su expresión: “Coeur a Coeur. Corazón a Corazón”. 

“Yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para Él solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara” (Carta 122, a Celina).

2) “Necesito un corazón ardiendo de ternura”

Hablar del Corazón de Jesús en Teresa es situarse en el centro del misterio de la Encarnación. El Corazón de Jesús para ella es la respuesta a la necesidad que el corazón del hombre tiene de un Dios que hable su lenguaje, que comparta su misma suerte, que responda a la sed de amar y de ser amado.

“Necesito un corazón ardiendo de ternura

Amar todo en mí, incluso mi debilidad...

Necesito un Dios tomando mi naturaleza

¡Convertirse en mi hermano y poder sufrir!”. (Poesía 23)

3) “El amor del Corazón de Jesús ha alejado todo temor de mi corazón”

El Corazón de Jesús para Santa Teresita es expresión de la Misericordia Divina. “¡Ah! Mi querido Hermanito, ya que me fue dado comprender también el amor del Corazón de Jesús, te confieso que ha alejado todo temor de mi corazón. El recuerdo de mis faltas me humilla, me lleva a no apoyarme jamás en mi fuerza que es sólo debilidad, pero más aún este recuerdo me habla de misericordia y de amor» (Carta 247, al abate Belliére)

4) “La confianza nos debe llevar al amor”

El descubrimiento del Amor del Corazón de Jesús nos lleva por el camino de la confianza: “Junto a ese Corazón se aprende la valentía, y sobre todo su confianza. ¡Ay! ¡Cómo quisiera poder hacerte comprender lo que siento!... Es la confianza y nada más que la confianza lo que nos debe llevar al Amor…” (Carta 197, a Sor María del Sagrado Corazón)

La Comunidad de Bienaventuranzas puso música así a ese mensaje de confianza de Teresita:   "Qu'il est doux d'appeler Dieu notre Père, Car Il n'est qu'Amour et Miséricorde, C'est la confiance et rien que la confiance, Qui doit nous conduire à l'Amour. Abba, Abba, mon Père, Je m'abandonne à Toi"; en castellano se canta: "Que dulce es el amor de Dios Padre; Él es todo amor y misericordia. La confianza, sólo la confianza, es la que nos conduce al amor. Abba, abba, oh Padre, me abandono a ti".

5) “Tomar a Jesús por el Corazón”

La perfección para Teresita consiste en agradar al Corazón de Jesús, en “tomar a Jesús por el Corazón” “Te aseguro que el Buen Dios es mucho mejor de lo que crees. Se contenta con una mirada, un suspiro de amor... Para mí, la perfección la encuentro muy fácil de practicar, porque he comprendido que sólo hay que tomar a Jesús por el Corazón...” (Carta 171, a Leonia)

6) “(En la Eucaristía) puedo descansar en tu Corazón”

El Corazón de Jesús late para Teresita en la Eucaristía.

“Y aún vives para mí en el Altar. Si no puedo ver el brillo de tu Rostro

Para escuchar tu voz llena de dulzura

Puedo, oh mi Dios, vivir por tu gracia

¡Puedo descansar en tu Sagrado Corazón!”. (Poesía 23)

7) “Ser mártir de vuestro Amor ¡Dios mío!”

El Amor del Corazón de Jesús lleva a ofrecer la vida por amor. Esta ofrenda consiste para Teresa en dejar a Jesús que la ame cuanto Él desea y a través de ella este amor llegue a todos los hombres. “...me ofrezco como víctima de holocausto a vuestro Amor misericordioso, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar en mi alma las oleadas de ternura infinita que se hallan encerradas en Vos, y que así llegue yo a ser Mártir de vuestro Amor, ¡Dios mío!” (Acto de ofrenda al Amor Misericordioso).

8) “Consolar a vuestro Sagrado Corazón”

El amor al Corazón de Jesús hace de Teresa una “misionera en el claustro”. La finalidad de su vida la presentaba ella. “Quiero trabajar por vuestro solo Amor, con el único objeto de agradaros, de consolar a vuestro Sagrado Corazón y de salvar las almas que os amarán eternamente” (Acto de ofrenda al Amor Misericordioso)

9) “La Madre que manda en tu Corazón”

Teresita ve en la Virgen aquella que tiene todo el poder sobre el Corazón de Jesús:

“Acuérdate también del poder asombroso con que tu excelsa madre manda en tu Corazón/

Acuérdate que un día, por su humilde palabra, cambiaste el agua simple en vino del mejor". (Poesía 24)

10) “Yo seré el Amor”

El Corazón de Jesús para Teresa late en el corazón de la Iglesia. Esto le lleva a afirmar: “En el Corazón de mi Madre la Iglesia yo seré el AMOR” (Manuscrito B, 3vº).

 

Por José María Alsina para “Religión en Libertad”, vínculo permanente: https://www.religionenlibertad.com/cultura/766456458/10-expresiones-santa-teresita-lisieux-sagrado-corazon-jesus.html

miércoles, 21 de junio de 2023

DIÁLOGOS DE FE CON SAN JUAN PABLO II (audios): Cultura, ciencia y Dios



T
ema del programa Nº 29 del ciclo:

Cultura, ciencia y Dios

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que fue emitido todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, durante el curso 2014-2015, y durante el curso 2016-2017 los Domingos a las 9:45 hs. en las frecuencias de Cope Comunidad  101.0 FM; Cope Madrid Sur  89.7 FM; Cope Jarama  100.5 FM y Cope Pinares  92.2 FM, y desde 2017 fue emitido en distintos horarios por Radio María España.

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II” nos presenta en cada emisión la oportunidad de revivir y actualizar su magisterio pontificio al calor de su amistad desde el cielo como “amigo fuerte de Dios”, según expresión de santa Teresa de Jesús, a quien le tenía especial devoción. Estos “diálogos de fe” son entresacados de su extenso y luminoso magisterio, y aunque la redacción de estos diálogos es imaginaria, son literales en sus expresiones y contenidos doctrinales.

Locución: Sr. Fernando Crespo

domingo, 18 de junio de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 12º Domingo del Tiempo Ordinario - La iniciativa de toda elección viene de Dios

 


«Nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación» (Rm 5, 11).

 

En la base de su Alianza con Israel Dios puso esta cláusula: «Si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos...; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Ex 19, 5-6). Dios confiaba a Israel una misión sacerdotal y un oficio de mediación, de modo que la fe y la salvación llegasen a la humanidad entera a través suyo. En el Nuevo Testamento ese oficio ha pasado a la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios.

Todo cristiano lo tiene, pues el bautismo le empeña no sólo a vivir personalmente la fe y la gracia recibidas, sino también a irradiarlas en torno suyo para que lleguen a penetrar el mundo. «Vosotros sois linaje elegido —escribe S. Pedro a los primeros creyentes, repitiendo casi a la letra las palabras de Dios a Israel—, sacerdocio real, nación consagrada» (1 Pe 2, 9). El Concilio Vaticano II ha revalorizado de modo especial esta doctrina, reconociendo en ella el fundamento del sacerdocio común de los creyentes y por ende de su deber apostólico.

Junto a este sacerdocio que empeña a todo bautizado, Jesús ha instituido otro, el ministerial, al cual están confiadas las funciones magistrales y sacramentales. El primer gesto relacionado con ello fue la elección y envío de los Doce. «Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia» (Mt 10, 1). Jesús les comunica su misión y por tanto sus poderes: deben predicar como él «que el Reino de los cielos está cerca» (ib 7), garantizar como él la verdad de sus palabras con los milagros y llevar como él el mensaje de la salvación «a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (ib 6). Esto no significa que los demás pueblos queden excluidos, sino que expresa la fidelidad de Dios a su elección. Habiendo elegido a Israel como pueblo privilegiado y sacerdotal, le ofrece a él las primicias de la salvación; si Israel no acepta, será por culpa suya.

Esto nos lleva a reflexionar que la iniciativa de toda elección viene siempre de Dios. Ni Israel, ni los Doce más tarde fueron elegidos por méritos personales, sino únicamente porque Dios lo ha querido. «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15, 16). Pero la elección gratuita origina en el que es objeto suyo una responsabilidad especial. No se puede leer sin temblar la lista de los Doce que termina con el nombre de Judas Iscariote. Si Dios es fiel a su elección, tanto que Israel ha quedado siempre como el pueblo elegido a pesar de sus culpas y Judas no fue expulsado del colegio apostólico a despecho de su traición, es claro que la llamada divina empeña a una fidelidad extrema.

Los llamados de hoy son aún más responsables que el antiguo Israel, porque su sacerdocio se funda en el de Cristo, único verdadero sacerdote, que se ha inmolado a sí mismo por la salvación del mundo. «Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, con cuánta más razón, estando reconciliados, seremos salvos por su vida» (Rm 5, 10). Cristo reconciliador de los hombres con Dios es el fundamento de todo sacerdocio y al mismo tiempo su fuerza que les confiere gracia para ser fieles a él.

 

Protege, Señor, tu obra, conserva en mí la gracia que me has dado... Por tu gracia soy lo que soy; soy en verdad el más humilde y el último de los obispos.

Pues me has concedido trabajar por tu Iglesia, bendice siempre los frutos de mi trabajo. Me llamaste al sacerdocio cuando era un niño extraviado; no permitas que me pierda ahora que soy sacerdote.

Pero sobre todo, dame la gracia de saber compadecer a los pecadores desde lo más profundo del corazón... Concédeme ser compasivo cuantas veces sea testigo de la caída de un pecador; que no lo castigue con arrogancia, sino que llore y me aflija con él. Que llorando sobre mi prójimo, llore sobre mí mismo. (San Ambrosio, de Oraciones de los primeros cristianos, 283).

 

Oh Virgen purísima, Madre de Dios, del Cristo «total», tú que tienes siempre la misión esencial de dar a Cristo al mundo, forma en mí un alma de Cristo. Que asociado como tú a los sentimientos del Verbo encarnado, pueda con cada acción mía expresar a Jesucristo ante los ojos del Padre. Como tú, oh Virgen, quiero ser hostia por la Iglesia, amándola hasta dar la vida por ella, envolviéndola en el mismo amor con que la amó Jesús. (Marie Michel Philipon, Consagración a la Trinidad).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.


viernes, 16 de junio de 2023

ORACIONES: De San Juan Pablo II al Sagrado Corazón de Jesús

 


Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que Tú eres y todo lo que Tú haces por nosotros, tu grey.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.

Reunidos juntos en tu nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

Al consagrarnos a Ti, renovamos nuestro deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor.

Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón. ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén.

miércoles, 14 de junio de 2023

LA LUZ DE FRANCISCO (audios): Que todos sean uno


Tema del episodio Nº 31 del ciclo:

Que todos sean uno 

“La luz de Francisco”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote argentino José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, España, desde octubre de 2013 a junio de 2014.

El programa cuenta con una particularidad muy importante: la sintonía del mismo ha sido escrita e interpretada por Palito Ortega en homenaje al Papa Francisco y regalada al Padre José Medina para que le acompañe en este programa de evangelización, que adopta su nombre de esta misma canción.

domingo, 11 de junio de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A – Corpus Christi

 


«Concédenos, Señor, participar con fe en el misterio de tu Cuerpo y de tu Sangre» (Misal Romano Colecta).

La Iglesia celebra la Eucaristía cada día del año: la ofrece a Dios en sacrificio de alabanza, la da en alimento a los fieles y la conserva en los sagrarios para que Cristo presente en el Sacramento sea el centro y el sostén de su vida. Por eso la solemnidad de hoy no es tanto el recuerdo de la institución de este Sacramento, cuanto la celebración de un misterio siempre vivo y actual. A esta perspectiva se ha de considerar la Liturgia de hoy. La primera lectura (Dt 8, 2-3. 14b-16a) evoca un hecho sucedido hace ya miles de años, pero actual todavía en cuanto a su significado espiritual: el maná bajado del cielo y el agua viva manada de la roca para saciar el hambre y la sed de Israel errante por el desierto.

Es un tema sobre el que Moisés volvía con insistencia para tener despiertos la fe y el reconocimiento del pueblo. Con más razón la Iglesia pone todo cuidado en que el nuevo pueblo de Dios no desdeñe el don inmensamente mayor -del que el maná no es sino una pálida imagen-, que cada día tiene a su alcance, la Eucaristía. No es alimento material, sino espiritual, verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo que se le ofrece como viático de su peregrinación terrena. Es el pan «de cada día» que los fieles deberían pedir y comer a diario, más hambrientos y deseosos de él que del pan material.

Precisamente en esto induce a reflexionar el Evangelio de hoy (Jn 6, 51- 59), en el cual resuenan las palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo» (ib 51). La Eucaristía es un pan tan vivificador que es germen y prenda de vida eterna justo porque es el Cuerpo del que es «la vida» (Jn 14, 6). Los Hebreos después de haber comido el maná en el desierto, murieron; en cambio, «el que come este pan vivirá para siempre» (Jn 6, 58). La Eucaristía es el memorial de la muerte del Señor y ofrece a los fieles el mismo cuerpo de Cristo que se inmoló en la cruz por ellos, y es también el memorial de su resurrección porque es «pan vivo» en el que Cristo está presente y viviente como lo está en la gloria del cielo.

Sacramento de nuestra fe», proclama la Iglesia cada vez que se consagra la Eucaristía; «sacramento de fe» debe repetir el cristiano cada vez que se acerca a recibirlo. Pero también sacramento de amor, por el que Cristo ha llevado hasta el extremo el don de sí mismo: después de haber dado su vida por los hombres, se da a ellos en alimento, y no una sola vez, sino continuamente, cada día «hasta que vuelva». Hay que adorar, dar gracias, amar; hay que acercarse y comer. «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él... El que me come vivirá por mí» (ib 56-57). La comunión sacramental es fuente de comunión vital y permanente con Cristo, por la que el cristiano vive realmente «por él», no sólo porque recibe de él la vida, sino porque endereza a él toda su existencia.

La segunda lectura (1 Cr 10, 16-17) abre otra perspectiva: la Eucaristía es también fuente de comunión entre los hermanos. «El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan» (ib 17). Como el pan eucarístico es uno —el Cuerpo de Cristo—, así los que participan de él forman a su vez un solo cuerpo, la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo. En otro lugar recuerda San Pablo todos los motivos que comprometen a los creyentes con la unidad: «Un solo Espíritu..., una sola esperanza..., un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios Padre de todos» (Ef 4, 6). Aquí afirma que el sacramento fortalecedor de esta unidad es el único pan eucarístico. «Justo porque participamos en un solo pan, nos hacemos todos un solo Cuerpo de Cristo, una sola sangre, y miembros los unos de los otros, hechos un solo cuerpo con Cristo» (San Juan Damasceno, De fide orth. 4, 13). El cristiano debe, pues, sacar de la Comunión eucarística el fruto de una comunión más intensa con los hermanos.

 

Alabado seas, oh Señor todopoderoso... Viniste a librarnos de nuestros pecados. Nosotros te cantamos, admirable Salvador. Tú eres el pastor del rebaño, enviado por el Padre...

Haz que recibamos con reverencia el Sacramento, que nos saciemos de tu dulzura, oh Cristo. Nos has dado el pan del cielo: nosotros hemos comido el pan de los Ángeles. Haz que nos amemos unos a otros porque tú, oh Dios, eres caridad. El que ama a su hermano ha nacido de ti y te contempla; en él es perfecta la caridad. (Cf. Priéres eucharistiques, 47).

Señor, tú vives en mí con tu gracia, yo me complazco en ti por encima de todas las cosas. Yo te debo amar, dar gracias, alabar; no puedo menos, porque eso es para mí vida eterna. Tú eres mi manjar y mi bebida: cuanto más como, más hambre tengo; cuanto más bebo, tengo más sed, cuanto más te poseo, más te deseo. Eres para mí más dulce que la miel, superior a toda dulzura que se pueda gustar. Siempre tengo hambre y deseo de ti, porque no puedo agotarte. ¿Eres tú quien me consumes y yo quien te consumo a ti? No lo sé; porque en el fondo de mi alma siento ambas cosas. Tú quieres que yo sea una cosa contigo; quiero abandonar mis malos hábitos para abandonarme entre tus brazos. No puedo sino darte gracias, alabarte, honrarte, porque ello es para mí vida eterna. Siento en mí cierta desazón, y no sé lo que es. Si pudiese llegar a ser una sola cosa contigo, oh Dios..., acabarían todos mis lamentos. Señor, tú que conoces todas mis necesidades, haz de mí lo que quieras. Yo me abandono completamente a ti y en ti me refugio sin temor en todas mis penas. (Ruys-Broeck, Oeuvres, v 1, p. 237).

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 9 de junio de 2023

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: Mons. Munilla explica las enseñanzas de las letanías del Corazón de Jesús

 


El Obispo de Orihuela-Alicante, Mons. José Ignacio Munilla, ha desgranado algunas enseñanzas que se pueden extraer de las letanías al Sagrado Corazón de Jesús en una conferencia online organizada por la Asociación Enraizados en Cristo y la Sociedad.

Bajo el título “Enseñanzas desde las letanías del Corazón de Jesús”, el prelado disertó al inicio del mes de junio, dedicado de manera especial a esta devoción, sobre esta oración que contiene 33 invocaciones, una por cada año de vida terrena de Jesucristo.

El obispo español comenzó recordando que San Juan Pablo II consideraba que estas letanías “son una oración de veneración y de auténtico diálogo” que se convierte en una “escuela del cristiano”.

A este respecto, Mons. Munilla señaló que “conociendo el interior de Jesucristo, cultivamos nuestro propio interior”, de tal forma que la escuela de madurez del cristiano es el Corazón de Cristo.

En particular, destacó algunas enseñanzas que pueden ser de provecho al recorrer el camino de maduración espiritual que ofrecen las letanías del Sagrado Corazón de Jesús, cuya versión más conocida es la aprobada por el Papa León XIII en 1899.

Humanidad de Jesucristo

Mons. Munilla comentó en primera instancia que estas letanías “subrayan la humanidad de Jesucristo”, que es “nuestro puente de unión con el Padre”, ya que sin ella “sería imposible que tuviésemos la intimidad que podemos tener con Dios Padre”.

De hecho, añadió, “cuando hablamos del Corazón de Jesús no es sino una referencia emblemática a la humanidad de Jesús en su conjunto”.

Por otro lado, el prelado expuso que, siguiendo a Jesús, “nuestro corazón está llamado a ser moldeado por el Espíritu Santo, dócil a la voz de María y de José y tener la gracia, la intimidad de gracias con Cristo en nuestra oración”.

Divinidad de Cristo

El Obispo de Orihuela-Alicante continuó reflexionando sobre cómo las letanías del Sagrado Corazón se refieren también a la divinidad de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Esa unión del Verbo con la humanidad, llamada hipostática, no responde a una “doble personalidad” de Jesús, aclaró el prelado. “Es una persona divina, pero que ha tomado plenamente también la condición humana”, completó.

De este modo, “como es hombre, me entiende perfectamente, me comprende. Y como es Dios, puede salvarme”, indicó Mons. Munilla.

La trascendencia de Dios

En tercer lugar, el Prelado abordó cómo las letanías del Sagrado Corazón ayudan al creyente a adquirir conciencia de la trascendencia de Dios en medio de una cultura -la Occidental- que caracterizó en crisis de autoridad y de paternidad e “infectada del virus del igualitarismo”.

Así, letanías como “Corazón de Jesús, majestad infinita”, ayudan a tomar conciencia del “infinito poder de Dios”. El prelado también señaló que “Dios es trascendente y es inmanente al mismo tiempo”, lo que se refleja en la letanía “Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones”.

A juicio del Obispo de Orihuela-Alicante, esta confluencia debería llevar a los fieles a preguntarse si es Dios o el hombre quien está en el centro de su cosmovisión, porque “la visión teocéntrica es la que responde a la verdad de la vida, no la antropocéntrica”.

Escuela de virtudes y Redentor

Mons. Munilla compartió cómo en las letanías se comprende que Cristo es “la escuela de todas las virtudes”, pues todas se encuentran en Él. De ellas destacó que “el Corazón de Jesús es para nosotros auténtica escuela de misericordia”.

La misericordia “no es puro emotivismo o relativismo”, puntualizó el prelado, sino que “es una gracia regeneradora”. Dicho de otro modo, “Dios nos quiere como somos, pero nos sueña distintos y nos da la gracia para poder ser santos. Esta es la verdadera misericordia”.

Así, “el Corazón de Jesús se presenta en las letanías como nuestro Redentor”. No sólo como “causa ejemplar”, detalló el prelado, sino como “causa eficiente” a través de su Pasión.

A este respecto, expuso que las letanías del Sagrado Corazón dedicadas a su Pasión “subrayan cómo Jesús ha sufrido la máxima prueba como expresión inequívoca, porque nadie puede dudar del amor de quien ha sido capaz de sufrir así por nosotros”.

Apoyado en la letanía “Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte”, el Obispo de Orihuela-Alicante comentó que “lo que nos ha redimido es el sí de la voluntad humana, poderle decir un sí a Dios Padre”.

A continuación, explicó que desde el pecado original “hubo una pugna en el corazón del hombre entre la obediencia a Dios, entre la confianza a Dios y nuestra voluntad y nuestra soberbia”.

Por eso, “es tan importante la invocación ‘en Vos confío’”, subrayó, porque “si por la desobediencia nos vino la muerte, por la obediencia de Cristo nos ha venido la vida”.

La puerta del Corazón traspasado

Mons. Munilla se detuvo a continuación a contemplar la letanía “Corazón de Jesús traspasado por una lanza” que hace referencia al Evangelio de San Juan, único que detalla este episodio, mientras los demás hacen referencia al terremoto que rasgó el velo del templo. 

“Ese Corazón abierto es imagen de ese misterio de Dios que ha sido desvelado. Es como el velo del templo que se rompe, el misterio inaccesible de Dios se ha abierto. Ya no hay secretos entre Dios y el hombre. La Revelación ha llegado a su plenitud”, explicó.

“La puerta que era inaccesible para el hombre está abierta. Jesús es la puerta. La humanidad de Jesús en la puerta. Está simbolizada en ese corazón traspasado”, subrayó el prelado.

Las letanías y la Resurrección

Mons. Munilla compartió que “las letanías no sólo hablan de la muerte redentora de Cristo, sino que llegan también a la Resurrección”, que comienza ya “aquí, en esta vida”.

El prelado instó a considerar que "estamos llamados a vivir una vida resucitada aquí y ahora” que se ha de expresar en diferentes signos como la paz y la alegría interior, teniendo un “juicio de misericordia hacia el prójimo”, perseverando en la fe y venciendo el miedo a la muerte.

La fuente de todo consuelo

Por último, el Obispo invitó a meditar la letanía “Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo”, entendido como el disfrute de los dones de Dios en la vida terrena, no como una especie de premio secundario.

“La palabra 'consuelo' es que el don de Dios colma todas mis expectativas. O sea, que está llevando a plenitud el deseo del hombre. Y ese consuelo que recibo de Dios, esa fuerza interior, ese ser confirmado en la gracia, sentirme confirmado, ese es el consuelo”.

 

Artículo original de Nicolás de Cárdenas para Aciprensa.

miércoles, 7 de junio de 2023

DIÁLOGOS DE FE CON SAN JUAN PABLO II (audios): Iglesia y Estado

Tema del programa Nº 28 del ciclo:

Iglesia y Estado

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que fue emitido todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, durante el curso 2014-2015, y durante el curso 2016-2017 los Domingos a las 9:45 hs. en las frecuencias de Cope Comunidad  101.0 FM; Cope Madrid Sur  89.7 FM; Cope Jarama  100.5 FM y Cope Pinares  92.2 FM, y desde 2017 fue emitido en distintos horarios por Radio María España.

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II” nos presenta en cada emisión la oportunidad de revivir y actualizar su magisterio pontificio al calor de su amistad desde el cielo como “amigo fuerte de Dios”, según expresión de santa Teresa de Jesús, a quien le tenía especial devoción. Estos “diálogos de fe” son entresacados de su extenso y luminoso magisterio, y aunque la redacción de estos diálogos es imaginaria, son literales en sus expresiones y contenidos doctrinales.

Locución: Sr. Fernando Crespo

domingo, 4 de junio de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A – La Santísima Trinidad

 


«El Señor ha tenido misericordia de nosotros» (Introito).

«Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros». El canto de entrada de la Misa nos introduce directamente en la consideración del gran misterio de la Santísima Trinidad, poniendo de relieve su aspecto esencial: el amor. El amor ilumina el misterio trinitario en cuanto que Dios es amor siempre en acto, que engendra, se da, se comunica. El Padre engendra desde la eternidad a su Verbo -el Hijo- en el cual le expresa todo él comunicándole toda su divinidad; el Padre y el Hijo se dan y se poseen mutuamente en un acto de amor infinito, en una comunión perfecta y sustancial que es el Espíritu Santo. Pero el amor de Dios no se queda encerrado en el seno de la Trinidad sacrosanta, del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, «porque ha tenido misericordia de nosotros».

Al inclinarse sobre el hombre, el amor divino adquiere un matiz particular, el de la misericordia: «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad» (1ª lectura: Ex 34, 4b-6. 8-9). Esta conmovedora declaración es la respuesta de Dios a la súplica lastimera de Moisés en demanda de perdón por la infidelidad del pueblo que había adorado el becerro de oro. Ante el arrepentimiento y la oración Dios perdona, renueva su alianza con Israel y le conserva su gracia, accediendo a la nueva petición: «que mi Señor vaya con nosotros» (ib 9). De hecho, Dios había «ido» siempre con su pueblo durante la larga peregrinación por el desierto, haciéndose presente en la nube que lo guiaba o en la tienda de reunión; Dios no privará a Israel, arrepentido, de ese privilegio, máxima expresión de su misericordia.

Pero en la plenitud de los tiempos Dios hará mucho más: vendrá en persona a morar entre los hombres; y lo hará enviando a su Hijo a salvarlos: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (Evangelio: Jn 3, 16- 18). Con la encarnación del Hijo, efectuada por voluntad del Padre y por obra del Espíritu Santo, el amor de Dios al hombre se manifiesta del modo más elocuente y al mismo tiempo se revela su misterio trinitario. Toda la Trinidad está a la obra en favor del hombre creado a su imagen y destinado a participar de su vida divina. El hombre pecó, pero Dios no lo dejó perecer: lo salva la misericordia del Padre, la sangre del Hijo y la efusión del Espíritu Santo. Para entrar en la órbita de la salvación, tiene el hombre que creer en el amor de Dios-Trinidad y lo tiene que reconocer en Cristo que lo encarna y ha sido enviado «para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna» (ib). Creer en Cristo es creer en la Trinidad: en el Padre que lo envió y en el Espíritu Santo que lo guió en el cumplimiento de su misión. El misterio trinitario es la fuente del misterio de Cristo, de la salvación universal y de la vida cristiana.

Se comprende entonces la hermosa fórmula trinitaria de San Pablo que concluye la segunda carta a los Corintios: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros» (13, 13; 2ª lectura). El Apóstol urgirá a todos la gracia de la salvación merecida por Cristo, el amor del Padre que es su causa y la comunión del Espíritu Santo por el que la gracia del amor se derrama en el corazón de los creyentes y estos son asumidos en la comunión del Padre y del Hijo. Así el hombre por medio de Cristo entra en la comunión de la vida trinitaria, vida de amor y de comunión con las tres Personas divinas que moran en él. Más aún; está también invitado a expresar esta su comunión personal con la Trinidad en las relaciones con el prójimo mediante un amor sincero, fuente de paz, de acuerdo y de comunión con todos.

 

“Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio; concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad topoderosa”. (Misal Romano, Colecta).

“¡Oh Trinidad eterna, oh Deidad, cuya naturaleza divina dio valor a la sangre de tu Hijo! Tú, Trinidad eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro, más te busco. Hartas insaciablemente, porque el alma en tu abismo se sacia sin saciarse nunca y le queda siempre más hambre de ti, sed de ti, Trinidad eterna, deseando verte en la luz con tu misma luz. Como desea la cierva la fuente del agua viva, así mi alma desea salir de la cárcel del cuerpo tenebroso y verte a ti en verdad. ¿Por cuánto tiempo estará escondido a mis ojos tu rostro?

¡Oh Trinidad eterna, fuego y abismo de caridad! Disipa para siempre la nube de mi cuerpo. El conocimiento que de ti me has dado en tu verdad no constriñe a desear dejar ya la pesadez de mi cuerpo y dar la vida para alabanza y gloria de tu nombre, porque he gustado y he visto con la luz de la inteligencia en tu luz tu abismo, Trinidad eterna, y la belleza de tu criatura” (Santa Catalina de Siena, Diálogo 167).


Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.

viernes, 2 de junio de 2023

SAN JUAN PABLO II: El misterio del Corazón de Cristo

 


Queridos amigos y hermanos del blog: primer viernes del mes de junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, y con el propósito de seguir durante estos viernes con temas alusivos al mismo, me ha parecido buscar entre el extenso magisterio de San Juan Pablo II alguna referencia a este Corazón que tanto ha amado y ama a los hombres. Les propongo el texto predicado en la Audiencia General del miércoles 20 de junio de 1979:

¡Queridos Hermanos y Hermanas!

1. El próximo viernes 22 de junio, la liturgia de la Iglesia se concentra, con una adoración y un amor especial, en torno al misterio del Corazón de Cristo. Quiero, pues, ya hoy, anticipando este día y esta fiesta, dirigir junto con vosotros la mirada de nuestros corazones sobre el misterio de ese Corazón. Él me ha hablado desde mi juventud. Cada año vuelvo a este misterio en el ritmo litúrgico del tiempo de la Iglesia.

Es sabido que el mes de junio está consagrado especialmente al Sagrado Corazón de Jesús. Le expresamos nuestro amor y nuestra adoración mediante las letanías que hablan con profundidad particular de sus contenidos teológicos en cada una de sus invocaciones.

Por esto quiero detenerme con vosotros ante este Corazón, al que se dirige la Iglesia como comunidad de corazones humanos. Quiero hablar, siquiera brevemente de este misterio tan humano, en el que con tanta sencillez y a la vez con profundidad y fuerza se ha revelado Dios.

2. Hoy dejamos hablar a los textos de la liturgia del viernes, comenzando por la lectura del Evangelio según Juan. El Evangelista refiere un hecho con la precisión del testigo ocular. "Los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen. Vinieron, pues, los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; pero llegando a Jesús, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua" (Jn 19, 31-34).

El Evangelista habla solamente del golpe con la lanza en el costado, del que salió sangre y agua. El lenguaje de la descripción es casi médico, anatómico. La lanza del soldado hirió ciertamente el Corazón, para comprobar si el Condenado ya estaba muerto. Este Corazón -este corazón humano- ha dejado de latir. Jesús ha dejado de vivir. Pero, al mismo tiempo, esta apertura anatómica del Corazón de Cristo, después de la muerte -a pesar de toda la "crudeza" histórica del texto- nos induce a pensar incluso a nivel de metáfora. El corazón no es sólo un órgano que condiciona la vitalidad biológica del hombre. El corazón es un símbolo. Habla de todo el hombre interior. Habla de la interioridad espiritual del hombre. Y la tradición entrevió rápidamente este sentido de la descripción de Juan. Por lo demás, en cierto sentido, el mismo Evangelista ha inducido a esto cuando, refiriéndose al testimonio del testigo ocular, que era él mismo, ha hecho referencia, a la vez, a esta frase de la Escritura: "Mirarán al que traspasaron" (Jn 19, 37; Zac 12, 10).

En realidad así mira la Iglesia; así mira la humanidad. Y de hecho, en la transfixión de la lanza del soldado todas las generaciones de cristianos han aprendido y aprenden a leer el misterio del Corazón del Hombre crucificado, que era el Hijo de Dios.

3. Es diversa la medida del conocimiento que de este misterio han adquirido muchos discípulos y discípulas del Corazón de Cristo, en el curso de los siglos. Uno de los protagonistas en este campo fue ciertamente Pablo de Tarso, convertido de perseguidor en Apóstol. También nos habla él en la liturgia del próximo viernes con las palabras de la Carta a los efesios. Habla como el hombre que ha recibido una gracia grande, porque se le ha concedido "anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo e iluminar a todos acerca de la dispensación del misterio oculto desde los siglos en Dios, Creador de todas las cosas" (Ef 3, 8-9).

Esa "riqueza de Cristo" es, al mismo tiempo, el "designio eterno de salvación" de Dios que el Espíritu Santo dirige al "hombre interior", para que así "Cristo habite por la fe en nuestros corazones" (Ef 3, 16-17). Y cuando Cristo, con la fuerza del Espíritu, habite por la fe en nuestros corazones humanos, entonces estaremos en disposición "de comprender con nuestro espíritu humano" (es decir, precisamente con este "corazón") "cuál es la anchura, la longura, la altura y la profundidad, y conocer la Caridad de Cristo, que supera toda ciencia..." (Ef 3, 18-19).

Para conocer con el corazón, con cada corazón humano, fue abierto, al final de la vida terrestre, el Corazón divino del Condenado y Crucificado en el Calvario.

Es diversa la medida de este conocimiento por parte de los corazones humanos. Ante la fuerza de las palabras de Pablo, cada uno de nosotros pregúntese a sí mismo sobre la medida del propio corazón. "...Aquietaremos nuestros corazones ante Él, porque si nuestro corazón nos arguye, mejor que nuestro corazón es Dios, que todo lo conoce" (1 Jn 3, 19-20). El Corazón del Hombre-Dios no juzga a los corazones humanos. El Corazón llama. El Corazón "invita". Para esto fue abierto con la lanza del soldado.

4. El misterio del Corazón, se abre a través de las heridas del cuerpo; se abre el gran misterio de la piedad, se abren las entrañas de Misericordia de nuestro Dios (San Bernardo, Sermón 61, 4; PL 183, 1072).

Cristo dice en la liturgia del viernes: "Aprended de Mí, que Soy manso y humilde de corazón" (Mt 11, 29).

Quizá una sola vez el Señor Jesús nos ha llamado con sus palabras al propio corazón. Y ha puesto de relieve este único rasgo: "mansedumbre y humildad". Como si quisiera decir que sólo por este camino quiere conquistar al hombre; que quiere ser el Rey de los corazones mediante la "mansedumbre y la humildad". Todo el misterio de Su reinado está expresado en estas palabras. La "mansedumbre y la humildad" encubren, en cierto sentido, toda la "riqueza" del Corazón del Redentor, sobre la que escribió San Pablo a los efesios. Pero también esa "mansedumbre y humildad" lo desvelan plenamente; y nos permiten conocerlo y aceptarlo mejor; lo hacen objeto de suprema admiración.

Las hermosas letanías del Sagrado Corazón de Jesús están compuestas por muchas palabras semejantes, más aún, por las exclamaciones de admiración ante la riqueza del Corazón de Cristo. Meditémoslas con atención cada día.

5. Así, al final de este fundamental ciclo litúrgico de la Iglesia, que comenzó con el primer domingo de Adviento, y ha pasado por el tiempo de Navidad, luego por el de la Cuaresma, de la Resurrección hasta Pentecostés, Domingo de la Santísima Trinidad y Corpus Christi, se presenta discretamente la fiesta del Corazón divino, del Sagrado Corazón de Jesús. Todo este ciclo se encierra definitivamente en el Corazón del Dios-Hombre. De Él también irradia cada año toda la vida de la Iglesia.

San Juan Pablo II

miércoles, 31 de mayo de 2023

LA LUZ DE FRANCISCO (audios): Vivir vida de resucitados

Tema del episodio Nº 30 del ciclo:

Vivir vida de resucitados 

“La luz de Francisco”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote argentino José Antonio Medina Pellegrini, que se emitió todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, España, desde octubre de 2013 a junio de 2014.

El programa cuenta con una particularidad muy importante: la sintonía del mismo ha sido escrita e interpretada por Palito Ortega en homenaje al Papa Francisco y regalada al Padre José Medina para que le acompañe en este programa de evangelización, que adopta su nombre de esta misma canción.

domingo, 28 de mayo de 2023

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo A - 8º Domingo de Pascua: Pentecostés

 


“Manda tu Espíritu, Señor, y renovarás la faz de la tierra” (Salmo 104, 30).

“El Espíritu del Señor llena todo el mundo, y él, que mantiene todo unido, habla con sabiduría” (Misal Romano). Esta realidad, anunciada en el libro de la Sabiduría, se cumplió en toda su plenitud el día de Pentecostés, cuando los apóstoles y los que estaban con ellos “se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería” (Hc 2, 49).

Pentecostés es el cumplimiento de la promesa de Jesús: “cuando yo me fuere, os lo enviaré” (Jn 16, 7); es el bautismo anunciado por él antes de subir al cielo: “seréis bautizados en el Espíritu Santo” (Hc 1, 5); como también es el cumplimiento de sus palabras: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, ríos de agua viva manarán de su seno” (Jn 7, 37-38). Comentando este último episodio, nota el evangelista: “Esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyeren en él, pues aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado” (ib 39). No había sido dado en su plenitud, pero no quiere decir que el Espíritu faltara a los justos. El Evangelio lo atestigua de Isabel, de Simeón y de muchos otros más. Jesús lo declaró de sus apóstoles en la vigilia de su muerte: “vosotros le conocéis porque permanece con vosotros” (Jn 14, 17); y aún más en la tarde de Pascua, cuando apareciéndose a los once en el cenáculo, “sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 22).

El Espíritu Santo es el “don” por excelencia, infinito como infinito es Dios; aunque quien cree en Cristo ya lo posee, puede sin embargo recibirlo y poseerlo cada vez más. La donación del Espíritu Santo a los apóstoles en la tarde de la resurrección demuestra que ese don inefable está estrechamente unido al misterio pascal; es el supremo don de Cristo que, habiendo muerto y resucitado por la redención de los hombres, tiene el derecho y el poder de concedérselo. La bajada del Espíritu en el día de Pentecostés renueva y completa este don, y se realiza no de una manera íntima y privada, como en la tarde de Pascua, sino en forma solemne, con manifestaciones exteriores y públicas indicando con ello que el don del Espíritu no está reservado a unos pocos privilegiados sino que está destinado a todos los hombres como por todos los hombres murió, resucitó y subió a los cielos Cristo. El misterio pascual culmina por lo tanto no sólo en la Resurrección y en la Ascensión, sino también en el día de Pentecostés que es su acto conclusivo.

Cuando los hombres, impulsados por el orgullo y casi desafiando a Dios, quisieron construir la famosa torre de Babel, no podían entenderse (Gn 11, 1-9, primera lectura de la Misa de la Vigilia de Pentecostés). Con la bajada del Espíritu Santo sucedió lo contrario: no confusión de lenguas, sino el “don” de lenguas que permitía una inteligencia recíproca entre los hombres “de cuantas naciones hay bajo el cielo” (Hc 2, 5); ya no más separación, sino fusión entre gentes de los más diversos pueblos. Esta es la obra fundamental del Espíritu Santo: realizar la unidad, hacer de pueblo y de hombres diversos un solo pueblo, el pueblo de Dios fundado en el amor que el divino Paráclito ha venido a derramar en los corazones.

San Pablo recuerda este pensamiento escribiendo a los Corintios: “Todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo, y todos, ya judíos, ya gentiles, ya siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espíritu” (1 Cr 12, 13). El divino Paráclito, Espíritu de amor, es espíritu y vínculo de unión entre los creyentes de los cuales constituye un solo cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia. Esta obra, comenzada el día de Pentecostés, está ordenada a renovar la faz de la tierra, como un día renovó el corazón de los apóstoles, rompiendo su mentalidad ligada al judaísmo, para lanzarlos a la conquista del mundo entero, sin distinción de razas o de religiones. Esta empresa fue facilitada de manera concreta con el don de las lenguas que permitió a la Iglesia primitiva difundirse con mayor rapidez. Y si con el tiempo ese don ha cesado, fue sustituido, y lo es todavía hoy, por otro don no menos poderoso para atraer a los hombres al Evangelio y unirles entre sí: el amor.

El lenguaje del amor es comprendido por todos: doctos e ignorantes, connacionales y extranjeros, creyentes e incrédulos. Por eso precisamente tanto la Iglesia entera como cada uno de los fieles tienen necesidad de que se renueve en ellos Pentecostés. Aunque el Espíritu Santo esté ya presente, hay que continuar pidiendo: “Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor” (Versículo del Aleluya). Pentecostés no es un episodio que se cumplió cincuenta días después de la Pascua y ha quedado ya cerrado y concluido; es una realidad siempre actual en la Iglesia. El Espíritu Santo, presente ya en los creyentes por razón de esta presencia suya en la Iglesia, los hace cada vez más deseosos de recibirlo con mayor plenitud, dilatando él mismo sus corazones para que sean capaces de recibirlo con efusiones cada vez más copiosas.

 

“¡Oh Espíritu Santo, Amor sustancial del Padre y del Hijo, Amor increado, que habitas en las almas justas! Ven sobre mí como un nuevo Pentecostés, trayéndome la abundancia de tus dones, de tus frutos, de tu gracia y únete a mí como Esposo dulcísimo del alma.

Yo me consagro a ti totalmente: invádeme, tómame, poséeme toda. Sé luz penetrante que ilumine mi entendimiento, suave moción que atraiga y dirija mi voluntad, energía sobrenatural que dé vigor a mi cuerpo. Completa en mí tu obra de santificación y de amor. Hazme pura, transparente, sencilla, verdadera, libre, pacífica, suave, quieta y serena aun en medio del dolor, ardiente de caridad hacia Dios y hacia el prójimo.

Ven, oh Espíritu vivificante, sobre esta pobre sociedad y renueva la faz de la tierra, preside las nuevas orientaciones, danos tu paz, aquella que el mundo no puede dar. Asiste a tu Iglesia, dale santos sacerdotes, fervorosos apóstoles, solicita con suaves invitaciones a las almas buenas, sé dulce tormento a las almas pecadoras, consolador refrigerio a las almas afligidas, fuerza y ayuda a las tentadas, luz a las que están en las tinieblas y en las sombras de la muerte”. (Sor Carmela del Espíritu Santo, Escritos inéditos).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 

También puede escuchar una síntesis en AUDIO haciendo clic AQUÍ.