sábado, 24 de julio de 2021

SANTORAL: Santiago, Apóstol y Patrono de España

 

Queridos amigos y hermanos del blog: La festividad de Santiago se celebra el 25 de julio y es el patrón de España. Siempre que la fiesta de Santiago cae en domingo se celebra el Año Santo.

- La figura del Apóstol Santiago:

Apóstol de Jesús "Santiago, el Hijo de Zebedeo o el Mayor", era el hermano mayor de Juan, ambos originarios de Betsaida habitaban en la cercana Cafarnaún, trabajando en el negocio familiar de pesca en las riberas del Lago de Genesaret; pertenecían, pues, a una familia de modestos propietarios con su padre Zebedeo. Estaban asociados con otra pareja de hermanos, Pedro y Andrés en la industria de la pesca del lago para cuyo trabajo contaban con empleados ocasionales. De este círculo de pescadores Jesús se llevó sus cuatro primeros discípulos: Pedro y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan.

Santiago, gozaba de especial confianza y relación con Jesús, como uno de los discípulos básicos, destacándose con Pedro y Juan del resto de los discípulos, obteniendo el puesto de testigo privilegiado en los momentos más importantes. El mismo Jesús apodó a Santiago y a Juan con el sobrenombre de "hijos del trueno" (Mc, 3, 17). Santiago aparece como una persona apasionada, llena de arrojo y decisión, capaz de ponerlo todo en juego; como una persona que arrasa por su empuje y que no se para en echar cálculos y medir consecuencias. Santiago forma parte del grupo inicial de la Iglesia Primitiva de Jerusalén.

Santiago estuvo presente en momentos muy importantes de la vida de Jesús y se ha considerado uno de sus discípulos predilectos. Asistió, junto con Juan y Pedro, a la resurrección de la hija de Jairo. Fue testigo en la transfiguración y estuvo también el huerto de Getsemaní. San Lucas (Lc, 9, 33) nos relata uno de sus momentos: junto a su hermano Juan solicitó de Jesús que hiciese bajar fuego del cielo para arrasar a inhospitalarios samaritanos que se negaban a dar albergue al maestro.

La tradición le atribuye una gran labor de evangelización en la provincia hispánica que le correspondió en el reparto que los Apóstoles realizaron con el fin de difundir el Evangelio de Cristo. Probablemente llegó a España en el año 41 y permaneció en ella hasta fines del año 42. Recorrió los caminos de Itálica, Mérida, Coimbra, Braga, Iria, Lugo, Astorga, Palencia, Horma, Numancia y Zaragoza, donde se le apareció la Virgen en el Pilar. Después, por el Ebro, pudo tomar la Via Augusta de Tortosa a Valencia, Chinchilla y Cazlona para regresar desde un puerto murciano o andaluz a Palestina.

Herodes Agripa, rey de Judea (Act, XII, 2), nieto de Herodes El Grande, lo hace decapitar con la espada hacia el año 44, convirtiéndose en el primer apóstol en verter su sangre por Jesucristo.

Su cuerpo fue trasladado por los Apóstoles a la Península Hispánica, llevado en un bajel hasta Iria Flavia. Desembarcaron y caminaron unas 4 leguas hacia septentrión por la antigua via romana de Iria a Brigatium llegando a Liberodonum sepultando el cadáver. Elevaron un mausoleo, "Arca marmorica", según diplomas de Alfondo III. Según la tradición, junto al sepulcro de Santiago reposaban los cuerpos de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Todo ello vió la luz en tiempos de Alfonso el Casto y Teodomiro, Obispo de Iria Flavia. En memoria de tan fausto acontecimiento, al lugar se le llamó "Campus stellae" o "Compostela". El rey Alfonso II manda edificar sobre el sepulcro una sencilla iglesia y comienzan a llegar visitantes a la tumba del Apóstol.

Durante la época de la Reconquista, Santiago se convierte en un personaje al que se invoca para obtener la protección divina en la lucha frente al infiel. Surge un Santiago Matamoros. Y en las ensangrentadas luchas contra los moros, en muchas ocasiones la victoria se atribuía a la ayuda e intervención divina merced a la invocación a Santiago.

En el año 844, otro fenómeno sobrenatural daría el definitivo espaldarazo a la figura de Santiago como encarnación de la Reconquista. El 23 de mayo en Clavijo, cerca de Logroño, el rey Ramiro I de Asturias se enfrenta a las tropas musulmanas de Abderramán II en clara desventaja numérica. En pleno fragor de la batalla el apóstol Santiago aparece espada en mano a lomos de su famoso caballo blanco repartiendo tajos entre los infieles. Los cristianos vencen contra pronóstico y el mito jacobeo traspasa definitivamente los Pirineos. Nace el apelativo de Santiago Matamoros.

- El Camino de Santiago:

En el siglo X la peregrinación a Compostela es un hecho consolidado en la cristiandad. Es la época del camino de la costa, más seguro que los del interior, expuestos a las correrías árabes. Será a partir del año 1000 cuando se popularizan las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén. Los monarcas comprendieron que mantener el Camino libre y expedito era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio.

Dos son lo reyes que más apoyarán la ruta jacobea: el navarro Sancho III el Mayor y el castellano Alfonso VI. El Camino se dota de una serie de infraestructuras (calzadas y puentes) y de lugares asistenciales para el peregrino. Fundamentales en este campo han sido las ordenes religiosas hospitalarias, entre las que destaca la de Cluny.

La primera eclosión en las peregrinaciones a Santiago se produce en los siglos XI y XII, coincidiendo con el esplendor del arte románico. En 1122 el Papa Calixto II proclama Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. Multitudes de gentes comienzan a llegar de todas partes de Europa dando un toque cosmopolita a las ciudades por las que pasa el camino.

La Reconquista, todo un proceso que transcurre desde el año 711 a 1492 hasta que Granada es tomada por los Reyes Católicos y se cierra el ciclo y la unidad de España. A partir del siglo XIV el Camino entra en declive, la peste negra ha diezmado la población europea, la cristiandad comienza a dividirse, el mundo comienza a ensancharse y los monarcas dedican sus esfuerzos a conquistar nuevos mundos.

Allá por el siglo XVI, el Arzobispo de Santiago, Juan San Clemente, ocultó el cuerpo por temor a los ingleses que se aproximaban a la ciudad. Cuando mas tarde el Cardenal Payá ocupó la sede de Compostela descubrió nuevamente las reliquias del santo. Inició un minucioso proceso que envió a Roma y finalmente una Bula de León XIII “Deus omnipotens”, del 1 de Noviembre de 1884 ratificó y confirmó la Sentencia de la Comisión Especial de la Sagrada Congregación de Ritos, en la que se declaraban auténticas las reliquias de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

En los siglos XVII y XVIII se mejoran las comunicaciones y el Camino recobra parte del prestigio y recibe peregrinos ilustres, sin embargo en el XIX los librepensadores, los descubrimientos científicos, la revolución industrial y el desarrollo urbano no se llevan bien con un modo de vida con reminiscencias medievales. Fue tan aguda la crisis que en 1884 el papa León XIII tuvo que declarar verdaderos los restos del Apóstol reaparecidos en unas excavaciones (se habían escondido en el siglo XVI ante las amenazas de las incursiones inglesas comandadas por el pirata Francis Drake).

Hoy en día la peregrinación a Santiago parece recobrar el esplendor de antaño, en 1985 la UNESCO declara la ruta jacobea como Patrimonio Universal de la Humanidad. El camino de Santiago no es un camino turístico, sino de peregrinación. Es un camino que invita a la oración y a la meditación. Santiago de Compostela ha sido y es un lugar para renovar la fe y la vida.

- Santiago, Patrono de España:

La figura de Santiago, como Patrón de España, ha sido acogida a o largo de toda su historia de reconquista y conquista. Es el Apóstol de Jesucristo que predica en España el Evangelio. Son sus discípulos los que embarcaron su cuerpo muerto en Palestina y navegaron hasta Galicia, sepultándolo en el lugar donde más tarde se construyó la catedral de Santiago, que se convertiría en lugar de culto y peregrinación para la cristiandad.

En el año 859 (durante la ocupación árabe de España) un pequeño ejército cristiano se encomendó al Santo antes de entrar en batalla, y derrotó a un ejército árabe formado por miles de hombres. Desde entonces Santiago Apóstol se convirtió en el protector de las fuerzas cristianas en la Reconquista de las tierras tomadas por los árabes. De esta reunificación, tras la lucha contra el Islam, nacerán los reinos de España, de los que Santiago Apóstol es Patrono y protector.

Más tarde en el descubrimiento y evangelización de América es cuando y de nuevo la figura de Santiago se hace notar: la intervención de Santiago es decisiva, en la mente de los descubridores, conquistadores y evangelizadores.

miércoles, 21 de julio de 2021

DIÁLOGOS DE FE CON SAN JUAN PABLO II (audios): ¿Qué sentido tiene el dolor?

 

Tema del programa Nº 08 del ciclo:

¿Qué sentido tiene el dolor?

“Diálogos de fe con san Juan Pablo II”, es un micro programa de evangelización, realizado por el sacerdote, periodista y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que fue emitido todos los viernes a las 13:30 hs por Cadena Cope Cádiz, durante el curso 2014-2015, y durante el curso 2016-2017 los Domingos a las 9:45 hs. en las frecuencias de Cope Comunidad  101.0 FM; Cope Madrid Sur  89.7 FM; Cope Jarama  100.5 FM y Cope Pinares  92.2 FM, y desde 2017 fue emitido en distintos horarios por Radio María España.

Diálogos de fe con san Juan Pablo II” nos presenta en cada emisión la oportunidad de revivir y actualizar su magisterio pontificio al calor de su amistad desde el cielo como “amigo fuerte de Dios”, según expresión de santa Teresa de Jesús, a quien le tenía especial devoción. Estos “diálogos de fe” son entresacados de su extenso y luminoso magisterio, y aunque la redacción de estos diálogos es imaginaria, son literales en sus expresiones y contenidos doctrinales.

Locución: Sr. Fernando Crespo

domingo, 18 de julio de 2021

16º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B: “Estaban como ovejas que no tienen pastor”

 


Texto del Evangelio: Mc 6,30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

sábado, 17 de julio de 2021

PARA SALVARTE, RAZONES PARA CREER (audios): La permanente vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia

 

Programa radiofónico: "PARA SALVARTE, Razones para creer".

Director: Padre José Antonio Medina sobre textos y audios del Padre Jorge Loring.

Tema del episodio Nº 35 del ciclo:

La permanente vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia

Contenido:

- Nociones generales de la Doctrina Social de la Iglesia: ¿Qué es y porqué existe? Los cuatro principios: la primacía de la persona, el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad. Su aporte a los principales conceptos sociales. El papel insustituible del laico en el mundo.

- Audios del Padre Loring: Conferencia “La distribución de la riqueza”, pronunciada en Mexicali, Baja California en 2005. Contiene los siguientes temas: a) Doctrinas de la Iglesia; b) Derecho al trabajo; Retribución del trabajo; y d) El deber de dar limosna.

Fecha de emisión original en Radio María España el viernes 11 de junio de 2021.


viernes, 16 de julio de 2021

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN: Historia y devoción

Queridos amigos y hermanos del blog: alguno de vosotros, por correo electrónico, me ha pedido una síntesis sobre la historia y devoción a esta tradicional advocación mariana. Les comparto, pues, esta síntesis esperando que sea de vuestro agrado y que nos ayude a prepararnos para vivir, una vez más, la Fiesta de la Reina y Hermosura del Carmelo.

María Santísima es de todos y para todos, y todos tenemos el mismo derecho de sentirla nuestra Madre.  Ella no puede ser “privatizada” por nadie, ni reducida a ser “patrimonio” de ninguna persona o grupo. Pero si es posible establecer, por personas o grupos, una especial y particular relación espiritual.  Y en este sentido, los carmelitas de ayer y hoy, afirman convencidos: “Totus marianus est Carmelus” (El Carmelo es totalmente mariano).  Y María es toda del Carmelo.

Desde los orígenes de la Orden se vivió esta aproximación a María, a Ella desde siempre la Orden se entregó y confió, tomándola como Patrona. Y María, aceptó esta vinculación y en un momento determinado le entregó un “signo de fidelidad”, el Escapulario, por el cual Ella nos acepta como hijos y nos protege, y nosotros nos entregamos del todo a Ella.

Origen de la Fiesta de la Virgen del Carmen

La Fiesta de Nuestra Señora del Carmen fue instituida por los carmelitas entre los años 1376 y 1386.  Esta advocación recuerda el Monte Carmelo de Palestina, donde en la Edad Media nació la Orden Carmelitana. Bajo esta advocación veneramos a la Madre de Dios y dispensadora de gracias.

Según una tradición carmelitana, el día de Pentecostés, ciertos  piadosos varones, que habían seguido la traza de vida de los Profetas Elías y Eliseo, abrazaron la fe cristiana; siendo ellos los primeros que levantaron un templo a la Virgen María en la cumbre del Monte Carmelo, en el lugar mismo desde donde Elías viera la nube, que figuraba la fecundidad de la Madre de Dios. Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, y pasaron a Europa en el siglo XIII, con los Cruzados, aprobando su regla Inocencio IV en 1245, bajo el generalato de San Simón Stock.

El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a ese su fervoroso servidor, y le entregó el hábito que había de ser su signo distintivo. Inocencio bendijo ese hábito y le otorgó varios privilegios, no sólo para los religiosos de la Orden, sino también para todos los Cofrades de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Llevando éstos el escapulario, que es la reducción del que llevan los Carmelitas, participan de todos los méritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Santísima Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si hubieran sido fieles en observar las condiciones impuestas para su uso.

Comenzó a celebrarse como fiesta interna de la Orden en Inglaterra, y a instancias de la reina regente de España, Mariana de Austria, el Papa Clemente X, en el año 1674, concedió que se celebrara en los dominios del rey católico.  Otro Papa, Benedicto XIII, en 1725, la extendió a la Iglesia Universal.

En América Latina, la devoción a la Virgen del Escapulario se extendió desde los tiempos de la primera evangelización y fue difundida por los mismos descubridores y misioneros, ya que, fuera de Méjico, en Latinoamérica no existió ningún convento de frailes carmelitas, hasta finales del siglo XIX.  Desde ese momento, frailes, monjas y seglares carmelitas la han difundido generosamente.

El Escapulario del Carmen

Según una piadosa tradición, la Santísima Virgen, se lo entregó al Superior General de la Orden del Carmen, San Simón Stock, el 16 de julio de 1251, con estas palabras: “Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno”.  A este hecho alude el Papa Pío XII, cuando dice: “No se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen”.

También reconocida por Pío XII, existe la tradición de que la Virgen, a los que mueran con el Santo Escapulario y expían en el purgatorio sus culpas, con su intercesión hará que alcancen la patria celestial lo antes posible, a más tardar, el sábado siguiente a su muerte.

Podemos resumir las promesas de la Virgen a los que vistan su Escapulario en lo siguiente: morir en gracia de Dios y salir del purgatorio lo antes posible.  Pero debemos hacer la siguiente aclaración, el Escapulario no es un signo protector mágico, ni un amuleto, ni una garantía automática de salvación.

Alcanzar las promesas marianas supone siempre el esfuerzo personal que colabora con la gracia de Dios.  Nos lo enseña con toda claridad el Concilio Vaticano II: “La verdadera devoción a María no consiste ni en un sentimiento estéril y transitorio, ni en vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Lumen Gentium, n.67).

Vestir el Escapulario del Carmen nos compromete a vivir Vida Mariana, es decir, vivir en obsequio de Jesucristo y de su Madre.  Nuestra vida ha de estar informada por la luz y el amor de María, unido estrechamente al de Cristo.  El fruto del Escapulario consistirá en que quien lo lleve se esfuerce eficazmente en la imitación de las virtudes de la Santísima Virgen.

El fiel cristiano que lleva el Escapulario participa en el carisma de la Orden del Carmen, como de un contrato entre la Virgen y él, por el cual Ella le protege y el que lo viste a Ella se consagra.

Que esta Fiesta de la Virgen del Carmen nos recuerde a todos la necesidad de estar abiertos a Dios y a su voluntad; guiados siempre por la fe, la esperanza y el amor; cercanos a las necesidades de los demás y orando en todo momento, y descubriendo a Dios presente en todo y en cada hermano.

Con mi bendición.

Padre José Medina

domingo, 11 de julio de 2021

15º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B: Jesús llamó y los envió

 


Texto del Evangelio: Mc 6,7-13

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

viernes, 9 de julio de 2021

SAN JUAN PABLO II: Invocar a Juan Pablo II es efectivo contra las acechanzas del diablo

 

Queridos amigos y hermanos del blog: el P. Gabriele Amorth, sacerdote exorcista de la diócesis de Roma (Italia) y uno de los más conocidos del mundo, fallecido el 16 de septiembre de 2016, señaló en una oportunidad a ACI Prensa que el santo Papa Juan Pablo II se ha convertido, en los últimos años, en un poderoso intercesor en la lucha contra el demonio.

El P. Amorth fallecido a sus 91 años de edad y con más de 70.000 exorcismos en su haber. Lo primero que dijo en la entrevista es que "el mundo tiene que saber que Satanás existe".

En su pequeña y sencilla oficina en la zona sureste de Roma en donde ha llevado a cabo miles de exorcismos, el sacerdote contó que a veces invoca la ayuda de santos hombres y mujeres, entre los que destaca Juan Pablo II, canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril de 2014 en Roma ante centenares de miles de fieles.

Durante los exorcismos, contó el sacerdote a ACI Prensa, "le he preguntado al demonio más de una vez: ‘¿por qué te da tanto miedo Juan Pablo II?’ Y he tenido dos respuestas distintas, ambas interesantes".

"La primera, ‘porqué desarmó mis planes’. Y creo que con eso se refiere a la caída del comunismo en Rusia y en Europa del Este. El colapso del comunismo".

"Otra respuesta que el demonio me dio fue ‘porque arrebató a muchos jóvenes de mis manos’. Hay muchos jóvenes que, gracias a Juan Pablo II, se convirtieron. Tal vez algunos ya eran cristianos pero no practicantes, y luego con Juan Pablo II volvieron a la práctica".

Al ser preguntado sobre el intercesor más efectivo de todos, el P. Amorth contestó a ACI Prensa sin dudar: "por supuesto que la Virgen es la más efectiva. ¡Y cuando la invocas como María!"

"Una vez le pregunté a Satanás. ‘¿pero por qué te asustas más cuando invoco a Nuestra Señora que cuando invoco a Jesucristo?’ Me contestó ‘porque me humilla más ser derrotado por una criatura humana que ser derrotado por Él".

El sacerdote dijo también que es importante la intercesión de los que aún viven a través de la oración. Los cristianos pueden rezar por la liberación de un alma, uno de los tres elementos que ayudan en este proceso a los que se suman la fe y el ayuno.

"El Señor les dio a ellos una respuesta que también es muy importante para nosotros los exorcistas. Dijo que para vencer al demonio se necesita mucha fe, mucha oración y mucho ayuno: Fe, oración y ayuno".



El P. Amorth dijo además que en la lucha contra el demonio es necesaria "especialmente la fe, se necesita mucha fe. Muchas veces también en las curaciones, Jesús no dice en el Evangelio soy yo quien te ha curado. Dice, en vez de eso, estás curado por tu fe. Quiere fe en la gente, una fe fuerte y absoluta. Sin fe no puedes hacer nada".

El sacerdote miembro de la Sociedad de San Pablo explicó luego a ACI Prensa que "el diablo y los demonios son muchos y tienen dos poderes: los ordinarios y los extraordinarios". "El poder ordinario es la capacidad de tentar al hombre para distanciarlo de Dios y llevarlo al infierno. Esta acción se realiza contra todos los hombres y las mujeres de todo lugar y religión".

Sobre los poderes extraordinarios, el P. Amorth indicó que estos se concentran en una persona específica y existen cuatro tipos:

"La posesión demoníaca para la cual se requiere un exorcismo, la vejación demoníaca, como la que sufrió en reiteradas ocasiones el Santo Padre Pío de Pietrelcina que era golpeado físicamente por el demonio; las obsesiones que llevan a la persona a la desesperación; y la infestación, que es cuando el demonio ocupa un espacio, un animal o incluso un objeto".

El sacerdote alertó que estos hechos son poco frecuentes pero están en aumento. También manifestó a ACI Prensa su preocupación por la cada vez mayor cantidad de jóvenes que son afectados por Satanás a través de las sectas, las sesiones de espiritismo y las  drogas. Pese a ello no se desalienta.

"Con Jesucristo y María, Dios nos ha prometido que nunca permitirá tentaciones más grandes que nuestras fuerzas", apuntó.

Finalmente en aquella entrevista el P. Amorth propuso una breve guía a tomar en cuenta en la lucha contra Satanás:

"Las tentaciones del demonio son vencidas primero que nada evitando las ocasiones, porque el demonio siempre busca nuestros puntos más débiles. Y luego, con la oración. Nosotros los cristianos tenemos una ventaja porque tenemos la Palabra de Dios, tenemos la oración y podemos rezarle al Señor", concluyó.

miércoles, 7 de julio de 2021

SAN JOSÉ: Letanías completas en español, con las nuevas aprobadas por el Papa Francisco

 

Existen letanías a San José aprobadas oficialmente por Roma desde 1909, pero el 1 de mayo de 2021 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos informó a los presidentes de cada conferencia episcopal del mundo de que ahora se añadían 7 nuevos títulos para San José, con la aprobación del Papa Francisco, tomados de textos de Juan Pablo II, Pablo VI, San Juan Crisóstomo y del propio Papa Francisco.

 

Se trata de:

 

-«Custos Redemptoris» (cf. san Juan Pablo II, exhort. apost. Redemptoris custos).


-«Serve Christi» (cf. san Pablo VI, homilía del 19.III.1966, citada en Redemp[1]toris custos, n. 8 y Patris corde, n. 1).


-«Minister salutis» (san Juan Crisóstomo, citado en Redemptoris custos, n. 8).


Fulcimen in difficultatibus» (cf. Francisco, carta apost. Patris corde, prólogo).


-«Patrone exsulum», «Patrone afflictorum» y «Patrone pauperum» (Patris corde, n. 5).

 

Como no existía una versión oficial en español, catalán, vasco ni gallego de las letanías a San José (ni de las antiguas ni de las ampliadas) los obispos españoles han aprobado en su reunión del 22-23 de junio estas letanías.

Este es el resultado oficial en castellano que ahora se difunde para la devoción de los cristianos:

 

LETANÍAS EN HONOR DE SAN JOSÉ, 

ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA


Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios, Hijo, redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.

Glorioso descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Custodio del Redentor, ruega por nosotros.
Custodio casto de la Virgen, ruega por nosotros.
Tú que alimentaste al Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Diligente defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Servidor de Cristo, ruega por nosotros.
Ministro de la salvación, ruega por nosotros.
Cabeza de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.

José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, fortísimo, ruega por nosotros.
José, obedientísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.

Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de los trabajadores, ruega por nosotros.
Esplendor de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de las vírgenes, ruega por nosotros.
Columna de las familias, ruega por nosotros.
Apoyo en las dificultades, ruega por nosotros.
Consuelo de los que sufren, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.

Patrono de los exiliados, ruega por nosotros.
Patrono de los afligidos, ruega por nosotros.
Patrono de los pobres, ruega por nosotros.
Patrono de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la santa Iglesia, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

V. Lo nombró administrador de su casa.
R. Señor de todas sus posesiones.

Oremos. Oh, Dios, que con inefable providencia elegiste a san José como esposo de la santísima Madre de tu Hijo, concédenos que merezcamos tener como intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor, Jesucristo.
R. Amén

domingo, 4 de julio de 2021

14º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B: Jesús se extrañó de la falta de fe

 


Texto del Evangelio: Mc 6,1-6

En aquel tiempo, Jesús fue a su patria, y sus discípulos le seguían. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.

sábado, 3 de julio de 2021

PARA SALVARTE, RAZONES PARA CREER (audios): El valor infinito de la Santa Misa

 

Programa radiofónico: "PARA SALVARTE, Razones para creer".

Director: Padre José Antonio Medina sobre textos y audios del Padre Jorge Loring.

Tema del episodio Nº 34 del ciclo:

El valor infinito de la Santa Misa

Contenido:

- Catecismo de la Iglesia Católica: “La celebración litúrgica de la Eucaristía. La misa de todos los siglos. El banquete pascual”, lectura y comentario de los números 1345 a 1355 y del 1382 a 1383.

- Audios del Padre Loring: Conferencia “El valor de la Santa Misa”, donde se hace referencia a los siguientes temas: Objeciones para no ir a Misa, La obligación de adorar a Dios, Acto oficial de esta adoración, Valor de la Santa Misa.

Fecha de emisión original en Radio María España el viernes 28 de mayo de 2021.

jueves, 1 de julio de 2021

IN MEMORIAM: Miguel Bernardo García, Sacerdote de Jesucristo

Escribe: Hernán Gabriel Barreto*


Pbro. Miguel Bernardo García (16-04-1958 / 11-06-2021).

Formador de sacerdotes. Padre de padres. In Memoriam.

El propósito de este escrito no es narrar la vida o importancia para nuestra diócesis de San Luis, y de la Iglesia toda, de tan eminente sacerdote (él fue prefecto del Seminario diocesano durante mucho tiempo, formador de Moral y también su rector, su corazón y su cabeza, su impronta misma durante 20 años, impronta comunicada a tantos sacerdotes, un “padre de padres”). Tampoco es el propósito aquí describir sus virtudes, como su piedad, afabilidad, humildad, paternidad o abnegación entre muchas otras que lo hicieron modelo de vida sacerdotal. El único objetivo es narrar sucintamente, con la mayor claridad e integridad posibles, los últimos momentos de su vida, momentos de los que fui partícipe por pura gracia de Dios, gracia inmensa e inmerecida. A eso vamos…

Cabe recordar un poco la primera impresión que tuve de su persona. Ingresé al Seminario San Miguel Arcángel, de San Luis, en el año 2005, y estudié allí hasta el 2015, año en que fui ordenado sacerdote. Cuando conocí al padre Miguel, rector en ese entonces, él me dijo: “¿Para qué querés ser sacerdote?”. Y yo le contesté: “Porque quiero ser santo”. “No”, me cortó en seco: “para ser santo hay que cumplir la voluntad de Dios, seas o no seas sacerdote”. Esa fue mi primera conversación, y durante años traté con él diversos temas espirituales y de todo orden.

Fue mi padre y mi amigo, pero no por eso le restaba respeto a su rol de autoridad. Cuando buscaba consejo y palabras suyas, él se hacía tiempo para dármelos, igual que a los demás seminaristas. A lo que quiero llegar con todo esto, resumiendo en pocas líneas más de diez años vividos con él, es que siempre fue padre y siempre buscó formar a sus hijos, sus seminaristas, para que también nosotros llegáramos a ser santos sacerdotes, fieles a la doctrina de la Iglesia de Cristo, devotos de María Santísima y apasionados por la Eucaristía y por los sacramentos.

Pero vayamos al tema nuestro… En este año que corre, 2021, en una de esas idas y venidas de protocolos contra el Covid, cuando se puso una medida de riguroso confinamiento por una semana, decidí realizar mi retiro espiritual sacerdotal escogiendo como “desierto” el convento del Instituto Mater Dei de Villa Mercedes. Resultó que los cinco días que tenía planeado estar allí se convirtieron en diecisiete porque una hermana que estaba con síntomas dio positivo y todos tuvimos que aislarnos. Pensándolo luego, esos días fueron la preparación remota para el encuentro con el padre Miguel, ya deteriorado, en el peor -y el mejor- de sus momentos. Durante esos días, decía, medité y prediqué, tanto a las hermanas como en charlas virtuales a distintas personas, acerca de la identificación con Cristo Víctima, la verdadera obediencia, la virtud y don de la Fortaleza, y otras cosas más, y todas providencialmente me fueron de provecho para lo que se avecinaba.

Durante ese lapso de tiempo el padre fue internado y, el mismísimo día en que se acababa mi aislamiento y el de las hermanas, todos mis bolsos preparados para volver a mi parroquia en Villa Mercedes, recibo un llamado de un sacerdote amigo de San Luis. “Oiga, padre”, me decía, “usted ha sido escogido para asistir al padre Miguel. No la está pasando muy bien. Su situación es grave y necesitamos que lo vaya a animar y a sacarlo adelante”. Sorprendido por ese llamado, pero entre contento por la elección y amargado por las nuevas, dije: “Ya salgo para allá, pero antes avise al obispo, por favor”. Así lo hizo. Me despedí de las hermanas de Villa Mercedes y me aventuré a la incertidumbre de lo que me esperaba.

A las 12:30 llegué al Policlínico de San Luis. Fue providencial que tuviese en el auto no sólo ropa, por los días que pasé con las hermanas, sino también elementos para celebrar la Santa Misa. No pensaba bajar todo pero algo me detuvo, algo me insinuó que lo hiciera. Antes de internarme con el padre Miguel visité a las religiosas que asisten en el hospital, las servidoras del Señor y de la Virgen de Matará. Hice unos llamados y, para mi sorpresa, mi “visita” no estaba pensada para sólo un día, ni sólo para animarlo: el objetivo era quedarme con él hasta el final, saliese o no de allí.

Sin mucho preámbulo, las hermanas me dieron unas hostias y un poco de vino para la celebración de la Santa Misa y, previo saludar al Santísimo, marché al pabellón de traumatología, provisionalmente destinado para enfermos de Covid (en esa fecha, seis pabellones del hospital estaban destinados a los pacientes contagiados con el virus).

El padre Miguel se encontraba en la habitación al final del pasillo a la izquierda, la uno. El pabellón se me hacía desolador: médicos, enfermeros y personal en general, yendo de un lado para el otro, imposible diferenciarlos pues todos vestían igual con su bata celeste, la cofia, máscara, barbijo y guantes. De las habitaciones salía el ruido, seco y taladrante, de la continua oxigenación a pacientes. Mirando a izquierda y derecha, hombres y mujeres de toda edad y condición social, podríamos decir: unos con cánula; otros con mascarilla; otros con casco de oxígeno. Desolador. Debo destacar ahora una cosa, la excelencia del personal de salud: en las peores circunstancias, siempre tratando del mejor modo posible a los pacientes, buscando animarlos, no quejándose frente a ellos, infatigables y amables.

Cuando ingresé a la minúscula habitación uno me encontré con este panorama: ropa y medicamentos echados en todos lados, una ventana por la cual entraba una luz tenue; una puerta para el baño (mínimo también); un joven sentado en una reposera -el que lo cuidaba hasta ese momento- y el padre… el padre Miguel acostado, su rostro dolorido y pálido detrás del casco de oxígeno, y los ojos cerrados por el ardor y comezón efecto del oxígeno… el padre Miguel era la viva imagen del dulce Cristo sufriente.

Antes de caer en la amargura, de la cual el Señor me sostuvo durante todos esos días, la médica a cargo me indicó: “su misión aquí será cuidarlo, pero sobre todo levantarle el ánimo. No lo deje, bajo ningún respecto, deprimirse, ¿entiende?”. Y dije que sí, aunque no, no entendía bien, perplejo como me encontraba.

El cuidador me dio algunas indicaciones y, en breve, estábamos solos el padre Miguel y yo, y nadie más. Fue mi primer intento de darle ánimos, pero era difícil ya que al padre se le dificultaba tanto el ver como el escuchar y el hablar. Quiero creer que mi presencia, la de un hijo sacerdote suyo, implicaba algo de ánimo para él, aunque no lo pudiera expresar muy bien detrás de ese casco de oxígeno.

Al rato vinieron cinco o seis del personal médico a cambiar al padre de habitación. Para ello, agarraron de las sábanas y lo trasladaron a la camilla. La nueva habitación, la dos, no era muy distinta a la primera, salvo que entraba un poco más de luz por la ventana. Ya allí, acomodé bien mis cosas y me dispuse a mi misión. Primero le señalé al padre que muchas personas rezaban por él, y asintió con la cabeza como que entendía. Luego lo invité a escuchar audios y ver videos pero, con la cabeza, presionando los ojos y sacudiendo levemente una mano, me indicó que no. “El Santísimo”, susurro el padre, con esa vocecita agitada y cortada. “El Santísimo”, repitió. De algún modo, entendí que se había percatado del cambio de habitación y me preguntaba dónde habían puesto la teca con el Santísimo Sacramento. “Está a su lado”, le dije. Efectivamente, allí estaba: no éramos dos en la habitación sino tres.

Tras rezar el Rosario caminando en la “celdita” (daba tres pasos y pegaba la vuelta), y luego de hacer también la Hora intermedia y Vísperas, finalmente me dejé caer en la reposera, desanimado yo, y esperé las indicaciones que me daría el personal médico: me dieron varias y quedé mareado, horas de medicaciones, cuidados del padre, modo de alimentación (se ponía un sorbete por un agujerito que había que destapar temporalmente, debajo del casco, y había que embocarlo en su boca), ayudarlo en sus necesidades, estar atento a esto, a esto otro, en fin, debía desenvolverme como un enfermero más.

Sin mayores sobresaltos, así terminó el primer día, un miércoles. La noche cayó y el padre seguía sin poder dormir (ya hacía un par de días de insomnio, y por eso le habían aplicado morfina en el suero). Y yo tampoco pude dormir. No había llevado ningún abrigo y la noche era fría. Además, debía estar atento, con un ojo medio abierto, a los movimientos del padre por si necesitara algo. Y así fue, varias veces. Y a eso se suma los controles esporádicos de los médicos, controles de oxigenación, sobre todo. Y ese ruido constante del oxígeno que, según decían, era peor para el padre, con su cabeza dentro de ese casco. Incluso le ofrecieron taparle los oídos con algodón, pero él no quiso.

Entonces frío, incomodidad, mugre (había una ducha, pero bañarse era una ilusión, sobre todo porque significaba desatender al padre pero además porque el baño, aunque limpio, estaba lleno de baldes y cosas), cansancio, tensión, reclusión (una vez adentro, ya no se podía salir de la habitación hasta que no saliese el paciente) … todo un verdadero tormento. Así estaba el padre Miguel, completando en él lo que falta a los padecimientos de Cristo, como buen sacerdote e hijo querido del Padre.

El segundo día, jueves, el padre comenzó a progresar en su salud. La oxigenación iba de bien en mejor, llegando incluso por momentos a 99 de saturación. Es más, recibiría varias visitas que le alegrarían el día. Un sacerdote le prestó una reliquia de San Bernardo, a la cual se aferró y afirmó en su pecho. Incluso una médica le preguntó si estaba más tranquilo y contento, y asintió. Cuando le hicieron los ejercicios con movimiento de brazos, el padre hizo, por propia iniciativa, más de los indicados, mostrándose aliviado. Le dije fuerte, casi gritando, porque el casco no lo dejaba escuchar: “¡hoy es día de ejercicios, padre!”, y esbozó una sonrisa… un gran logro. Todo daba un buen pronóstico, incluso la médica, ella también contenta, le decía: “¡si seguimos bien, padre, mañana le sacamos el casco!”. Y así creíamos que iba a ser.

A eso de las 19, cuando no había tanta circulación de personal médico, preparé un altar improvisado para celebrar la Santa Misa: eran las primeras vísperas del Sagrado Corazón de Jesús. Saqué al padre de su somnolencia y me observó de arriba abajo, ya revestido con la casulla blanca. Comencé la celebración, diciendo las lecturas y oraciones en voz alta para que el padre escuchara y participara. ¡Y él lo hizo, muy a su modo! Miraba, movía los labios (incluso en la consagración y en el padrenuestro), contemplaba a Jesús durante la elevación de la Hostia y del cáliz.

Terminé de comulgar, y me puse a purificar el cáliz. El padre, entonces, abrió bien los ojos y gritó casi sin fuerzas: “La hostia… la hostia”. Quería comulgar. “Padre, mañana le doy la comunión, mañana le sacan el casco, tenga paciencia”, le dije. Pero el continuó: “La hostia… la teca”. Recordé que en unas horas antes unos enfermeros le habían levantado el casco para darle medicación. Me dije, “es la comunión, ¿cómo voy a dejarlo sin comulgar?”. Entonces me puse manos a la obra: levanté como pude el engorroso casco hasta sus ojos; abrí la teca, le di la comunión y volví a colocarle el casco. Tras ello noté mucha paz en el padre: respiraba relajadamente y su semblante parecía alegre. Era ésta su última Misa, su última comunión. Cuando le di la bendición final él se santiguó.

A partir de ese momento, de esa “Última Cena”, las cosas empezarían a empeorar. Los médicos harían sus rondas más seguido con el padre porque la oxigenación no andaba bien. Pese al último chequeo, que daba 99 de saturación, el nuevo daba 94. Y no subía. El padre se ponía molesto porque no podía dormir y el casco se le hacía una carga insufrible. Sus ojos y su cara le picaban. Sus labios, de resecos, estaban llenos de aftas. Su lengua y garganta eran como una lija. Muchas veces me diría con voz cansina “tengo sed”, como Nuestro Señor en la cruz, pero el agua no se la apagaba sino que ella también le producía dolor, según me explicaron.

A eso de las 22:30 el chequeo de saturación le dio 88 y el médico decidió subir el nivel de oxigenación al máximo. Eso implicaba, entre otras cosas, mayor ruido, mayor sequedad e imposibilidad de sueño. El padre no aguantaría otra noche más sin poder dormir.

Los médicos iban y venían de la habitación y, alrededor de la 1:00 del día viernes le sacaron el casco porque “ya no tenía ningún sentido”. A eso de las 2:00, finalmente, vinieron todos juntos. Ya no éramos dos sino al menos ocho, todos apretujados en ese pequeño Gólgota. Terrible escena para el padre: todos callados y serios, como quienes tienen que tomar una decisión desagradable. La jefa del personal se acercó y le dijo, tocándole el hombro: “Miguel, la oxigenación no mejora, ¿te das cuenta de lo que eso significa?”. El padre asintió. “Miguel, no tengas miedo, cuando despiertes después de la entubación va a ser como si nada hubiese pasado, vas a salir de acá. ¿Te parece?”. Y asintió de nuevo.

Tardaron un rato en traer la camilla para llevarlo a entubar. Mientras, yo le dije algunas palabras al oído, quizá proféticas: “Padre: ánimo, no tema, hoy es el día del Sagrado Corazón, ese Corazón al cual usted siempre le tuvo tanta devoción. ¡Quién sabe si no esté preparando algo muy bueno para usted! Tenga paciencia, es sólo un momento y después todo se acabó. ¡Ánimo!”. Entre cansancio y nervios, le di la absolución, con indulgencia plenaria y la unción de los enfermos.

Cuando llegaron con la camilla, a eso de las 2:20, y la pusieron al lado de su cama, vi algo que me sorprendió, igual que a los demás. “A la cuenta de tres lo subimos a la camilla”, dijo la médica. Pero no hizo falta: el mismo padre se arrastró a la camilla, sacando fuerzas vaya a saber uno de dónde. “Lo hizo sólo”, dijo la médica, tras una pausa de unos segundos. Salió entonces la camilla. Vi cómo se alejaba por el largo pasillo ante el silencio de los espectadores a los costados. Le di una última bendición y me dije: “nunca más va a volver”. Y así fue.

Ese lapso de tiempo entre las 2:20 y las 3:30 fue el único momento, paradójicamente, en el que pude dormir algo, sueño que fue interrumpido por la médica: “Disculpá”, me dijo, “procedimos a entubar a Miguel, pero al rato tuvo una descompensación, un infarto, y falleció. Todavía no entiendo cómo pudo pasar esto. Lo siento mucho”. Yo bajé la cabeza unos segundos, la volví a levantar y dije: “y ahora, ¿qué debo hacer?”. Según me contaron luego, lo último que pidió el padre fue que se le volviera a dar la unción de los enfermos y que, mirando hacia la imagen de la Virgen, cerró sus ojos.

De ahí en más fueron seis horas de un ir y venir, llamados, mensajes, trámites, todo. No caí en la cuenta de lo que había pasado sino hasta que me senté a eso de las 9:30, hora en que pude llorar. Llorar no sólo por lo traumático de lo vivido durante esos tres días sino, sobre todo, por la pérdida del padre Miguel García. Sin embargo, hay que decirlo, fue el momento más glorioso del padre. Fue su última gran purificación, como no podía ser de otro modo. Si el sacerdote es otro Cristo por el orden sagrado, su vida no puede más que reflejar la vida y muerte de Cristo. “Conforma tu vida con el misterio de la Cruz”, nos decía el obispo siguiendo el ritual el día de nuestra ordenación, y así debe ser.

¿Y qué significa la cruz sino el sufrir con Cristo y por Cristo? El padre Miguel, todos lo saben, sufrió indeciblemente sus últimos días. La internación fue su última gran entrega y purificación. Una purificación pasiva, una noche oscura. Cero certidumbres humanas, cero esperanzas de salir con vida, y dolor, mucho dolor. El vivir en la fe y de la fe, como los justos. Ya no podía rezar como acostumbraba: su oración ahora era el padecer. Ya no podía dar consejos o hacer actividades: su actividad ahora era el callar y estar clavado en la cama. Ya no podía más que mirar sin ver y decir frases cortas, con voz agitada. Como aquellas palabras que dijo el Señor a San Pedro: “cuando ya seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá, y te llevará a donde ni quieras”.

Era el padre como un niño que necesitaba de otros para todo. El padre necesitaba asistencia para las cosas más básicas como asearse, alimentarse, e incluso moverse. Y es que uno vuelve, realmente, a ser niño cuando se aproxima la muerte. Él era un niño, en todo sentido, un niño grande y canoso. Y sabemos que si queremos ingresar a la casa del Padre debemos hacernos como niños, porque la misma idea de Dios como Padre significa eso: que nosotros somos sus hijos, sus “niños”. Y así como el dolor rubrica el parto natural, el dolor debe rubricar el nacimiento a la eternidad.

Así la obra gigantesca del padre Miguel no queda ya en lo que ha hecho en la tierra. No. Cristo, Nuestro Señor hizo muchos milagros en su vida terrena: curó a leprosos, dio la vista a los ciegos, resucitó a muertos. También dio muchas magistrales enseñanzas, como sus diálogos con los judíos, como las Bienaventuranzas, como su discurso de la Última Cena. Sin embargo, su mayor obra no fue nada de eso: su mayor obra fue su muerte en la cruz. Por medio de su muerte nos redimió del pecado, razón primera de su Encarnación. Cuando estaba crucificado, clavado de pies y manos; cuando por el peso del propio cuerpo, el dolor de la corona de espinas y del agobio, no podía formular grandes y elaboradas frases; cuando quiso suspender temporalmente su taumaturgia y presentarse como un gusano pendiendo del madero: allí obró su mayor proeza, allí aplastó la cabeza de la serpiente, allí destruyó la muerte y nos abrió las puertas del Cielo para siempre.

Su mayor obra fue su muerte: así también la del padre Miguel García. Su muerte es un signo y una realidad. No es la muerte de un “estilo” sacerdotal. No es la muerte de una clase de sacerdotes propios de una diócesis “particular”, sino, todo lo contrario, es la esperanza de un resurgir. Con su muerte hará más bien que con todo lo que hizo durante su vida entera. Desde el Cielo intercederá por las vocaciones futuras para que se formen como auténticos sacerdotes católicos. Sacerdotes que vivan y mueran desde sus labores cotidianas, silenciosas y escondidas, sólo visibles a los ojos del Padre. Vida sacerdotal no propagandística y mediática, sino fructífera, con los frutos que ve el Padre, aunque sean desconocidos de los hombres. Sacerdotes crucificados por amor a Dios y a las almas. Así quiera el Señor que sean los sacerdotes de la diócesis de San Luis, diócesis que le debe su vigor y su impronta católica a curas, sobre todo, como el padre Miguel Bernardo García, rector inmortal del Seminario: padre de padres. Dios lo tenga en su Santa Gloria.


* Hernán Gabriel Barreto, 

es sacerdote de la Diócesis de San Luis, Argentina, ordenado el 15/8/2015. Actualmente es Vicario parroquial de Ntra. Sra. de la Merced (Villa Mercedes) y Vice-Asesor Movimiento Círculo de la Juventud.


Agradezco al Padre Hernán que me haya autorizado publicar su emotivo escrito sobre el Padre Miguel, quien fuera uno de mis formadores y profesores en mis años de teologado en el Seminario de San Luis. Me uno a su sentido homenaje y a los conceptos vertidos sobre el Padre Miguel, un hombre de Dios, quien estará gozando de su Divina Presencia por siempre.

Padre José Medina

martes, 29 de junio de 2021

LAS FLORECILLAS DEL PAPA FRANCISCO (audios): Francisco y un bocadillo para un guardia suizo



Tema del episodio Nº 20

Francisco y un bocadillo para un guardia suizo

“Las florecillas del Papa Francisco”, es un micro programa radiofónico de evangelización, realizado por el sacerdote y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emite dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión es el domingo a las 09:45 hs y es transmitido por Cope Madrid Regional 101.0, y Cope Pinares 90.5 y 92.2 (estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero de 2021.




domingo, 27 de junio de 2021

13º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B: “No temas, solamente ten fe”

 


Texto del Evangelio: Mc 5,21-43

En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

martes, 22 de junio de 2021

LAS FLORECILLAS DEL PAPA FRANCISCO (audios): Anécdotas de vida contadas por un sacerdote amigo

 


Tema del episodio Nº 19

Anécdotas de vida contadas por un sacerdote amigo

“Las florecillas del Papa Francisco”, es un micro programa radiofónico de evangelización, realizado por el sacerdote y escritor argentino residente en España, José Antonio Medina Pellegrini, que se emite dentro del Programa “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Getafe.

Su día y horario de emisión es el domingo a las 09:45 hs y es transmitido por Cope Madrid Regional 101.0, y Cope Pinares 90.5 y 92.2 (estas frecuencias se escuchan en la zona sur de Madrid), desde el mes de febrero de 2021.