Queridos
amigos y hermanos: hoy celebramos a San Juan de la Cruz, Místico y Doctor de la
Iglesia. Les comparto algunos aspectos de su legado espiritual.
Es
imposible sintetizar el maravilloso magisterio vivido y enseñado por el Doctor
Místico en unas breves líneas. Es el Doctor y la máxima figura mística del
Carmelo, que a la vida junta la doctrina y la ciencia. Vida santa y ciencia
sagrada o mística teología tan hermanadas como lo prueban sus magníficas obras.
Pío
XI, que lo nombró Místico Doctor de la Iglesia en 1926, bautizó sus obras como “Código
y escuela del alma fiel que se propone emprender una vida más perfecta”.
Notas
principales de su espiritualidad
El
Santo, en sus escritos, tiene siempre presente el fin de la vida espiritual, o
sea, objetivamente Dios, llevar las almas a Dios. Y subjetivamente unirlas a él
por amor, es decir, la transformación perfecta en Dios por amor cuanto se puede
en esta vida siguiendo a Jesucristo.
En
su obra admirable recuerda a cada paso a sus lectores la cumbre de aquella
montaña a la que quiere hacerlos subir, la sublime perfección a que los
encamina con sus palabras y ejemplos convincentes.
Su
razonamiento se reducirá a demostrar que es necesaria esa subida porque es un
indispensable medio y un muy misterioso lazo y que es preciso para esto huir,
apartarse y desnudarse de todas “esas otras cosas” del mundo, porque son
obstáculo para la suprema transformación del alma en Dios.
Juan
de la Cruz era un profundo conocedor del corazón humano. Por ello, “Como el
amor de Dios y el amor de criatura son opuestos, es preciso ir limpiando el
alma del amor de criatura para que la gracia la embista y llene de amor divino”.
Y
tanto mayor será este embestimiento y llenez, cuanto mayor sea el vacío de
criatura que se haga en el alma: “Olvido de lo creado, memoria del creador,
atención a lo interior y estarse amando al amado”.
Asumió
el desafío de enseñar los métodos para conseguir este vacío en los sentidos y
potencias del alma mediante ingeniosas purgaciones activas y pasivas. A éstas
se ordenan los tratados “Subida al Monte Carmelo” y “Noche oscura del alma”,
ambos de profunda doctrina espiritual y fuerte trabazón lógica.
En
el “Cántico Espiritual” y en la “Llama de amor viva”, entre metáforas y
comparaciones espléndidas, tomadas las más de la naturaleza, va descubriendo en
progresión ascendente las excelencias del amor divino en las almas desde los
grados inferiores a los más altos del desposorio y matrimonio espiritual.
En
síntesis, puede decirse que la gran originalidad del magisterio espiritual
sanjuanista y como el secreto de su vitalidad estriba precisamente en la íntima
relación entre abnegación y unión en la vida sobrenatural o, por usar su
terminología ya clásica, entre la nada y el todo, que se funden en uno.
San
Juan de la Cruz, el Doctor místico, ha influido grandemente en la
espiritualidad cristiana: mientras vivió con su dirección espiritual y después
de muerto con sus inmortales escritos. Hoy, y sobre todo desde que fue declarado
Doctor de la Iglesia Universal, sus obras son leídas y citadas por todos los
autores espirituales.
En
encuestas hechas por revistas especializadas en tema religioso y por
historiadores prestigiosos sobre las lecturas o autores preferidos, suele ir siempre
o casi siempre en primer lugar nuestro Doctor Místico.
Los
mismos hermanos separados de la Iglesia Anglicana, de Taizé y de la Iglesia
Ortodoxa confiesan su preferencia por el carmelita de Fontiveros. Literatos,
poetas, científicos y hasta no creyentes quedan admirados ante la profundidad y
belleza que brota de los escritos sanjuanistas.
Síntesis
de su mensaje espiritual
-
que sepamos descubrir el tesoro de la cruz.
-
que la oración y el silencio nos ayuden a descubrir a Dios.
-
que seamos dóciles a las inspiraciones de lo alto.
-
que sepamos perdonar a cuantos nos ofenden.
Oración
a San Juan de la Cruz
Señor,
Dios nuestro, que hiciste a tu presbítero San Juan de la Cruz modelo perfecto
de negación de sí mismo y de amor a la cruz; ayúdanos a imitar su vida en la
tierra para llegar a gozar de tu gloria en el cielo. Amén.