domingo, 28 de diciembre de 2025

MONSEÑOR LEÓN KRUK - NAVIDAD: Amor que da vida

 

La Navidad no es la recordación de un hecho histórico pasado, ni sólo la celebración del mismo. Debe ser considerada y vivida como una realidad presente, como algo que tiene mucho que ver con cada uno de vosotros, hoy y concretamente aquí. Es un hecho de Dios hoy, para el hombre de hoy. La Navidad es la solución que Dios ofrece hoy a los problemas del hombre, como lo fue a los problemas de antes y lo será en el futuro. No entenderlo así, es no comprender el sentido hondo, profundo, real de la Navidad, no tendremos soluciones a ningún problema, por grande y grave que sea.

Lo primero y fundamental es aceptar lo que Dios nos dice con la Navidad, y es lo que necesitamos. Más tarde Cristo lo expresará con absoluta claridad: “Sin Mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Es el presupuesto básico para la vivencia de la Navidad: A Dios lo necesitamos. Esto no es libre, no es opcional, ni discutible u opinable. En efecto, la Navidad nos trae lo más importante, y que sólo Dios puede darnos. ¿Qué es lo más importante para el hombre? La existencia, la vida. Pero la propia vida del hombre, a diferencia de la planta que vegeta, o del animal que tiene sensaciones, siente estímulos, no es dirigida por los instintos y pasiones. El hombre tiene vida racional, una capacidad radical de amar, que en definitiva es lo que constituye su esencial parecido con Dios, a cuya “imagen y semejanza” fue creado.

Amar, sí, esa es la definición exacta de la Navidad. Amar pertenece a la esencia del hombre. Es la vida del hombre. Dice Jesús: “Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). El hombre que no ama, que no sabe amar, o no quiere saber lo que es amar y cómo amar, carece del elemento esencial de su razón de existir.

La Navidad nos habla no sólo del amor de Dios -“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único…” (Jn 3,16)- sino también, y muy especialmente, de la necesidad de amar que tiene el hombre, para realizarse en plenitud como persona. “El que no ama permanece en la muerte” (1 Jn 3,14).

Entendamos que el amor no es una idea, ni una sensación, ni una satisfacción, ni un sentimiento sensiblero, ni cualquier experiencia que nos complazca física o anímicamente.

Para entenderlo bien, no hagamos muchas disquisiciones teóricas. Vayamos a lo práctico. La lección de la Navidad es clara. Jesús no rechaza a nadie. Viene para todos, y no sólo para el pueblo elegido. Lo necesitan tanto los pecadores del pueblo de Israel, como los paganos.

Frente a esto ¿cuál es nuestra actitud? ¿Cómo consideramos nosotros a los demás? Si aceptamos solamente a los que nos resultan simpáticos, agradables, que piensan como nosotros, a los que no nos resultan “difíciles”, no sé cómo podemos desear feliz Navidad a otros. Si no estamos dispuestos a ayudar a los demás, y sólo exigimos duramente sin atender razones del otro, ¿qué sentido tiene la Navidad? Cuándo hay un amargado por culpa nuestra ¿seremos felices?



Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.188-189)

sábado, 27 de diciembre de 2025

SACERDOCIO: Síntesis de la Carta apostólica del Papa León XIV “Una fidelidad que genera futuro”

 

“Para reconsiderar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia”, presenta el Papa León XIV su Carta apostólica con motivo del 60 aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis.

Vatican News, Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

En el LX aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis, promulgados respectivamente el 28 de octubre y el 7 de diciembre de 1965, el Papa León XIV publica la Carta Apostólica “Una fidelidad que genera futuro”, reflexionando sobre la fidelidad en el servicio, la fraternidad, la sinodalidad, la misión y el futuro.

“Una fidelidad que genera futuro es a lo que los presbíteros están llamados también hoy, en la conciencia de que perseverar en la misión apostólica nos ofrece la posibilidad de interrogarnos sobre el futuro del ministerio y de ayudar a otros a percibir la alegría de la vocación presbiteral”, expresa el Pontífice al inicio de la Carta que se difunde este lunes 22 de diciembre.

Señala el Papa que los Decretos Optatam totius y Presbyterorum ordinis, “son dos textos nacidos de una única inspiración de la Iglesia, que se siente llamada a ser signo e instrumento de unidad para todos los pueblos e interpelada a renovarse, consciente de que la anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, animado por el espíritu de Cristo”.

Estos decretos afirma el Papa, “constituyen un hito fundamental de la reflexión acerca de la naturaleza y la misión del ministerio pastoral, así como de la preparación para el mismo, conservando con el paso del tiempo una gran frescura y actualidad”.

“Es necesario -exhorta León XIV-, por tanto, hacer de ellos una memoria viva, respondiendo a la llamada a acoger el mandato que estos Decretos han confiado a toda la Iglesia: revitalizar siempre y cada día el ministerio presbiteral, extrayendo fuerza de su raíz, que es el vínculo entre Cristo y la Iglesia, para ser, junto con todos los fieles y a su servicio, discípulos misioneros según su Corazón”.

El Santo Padre invita con esta Carta apostólica a “reconsiderar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia, prolongando la gran obra de actualización del Concilio Vaticano II”.

El Papa León XIV también expresa su gratitud a los sacerdotes por su testimonio y entrega, “que, en todas partes del mundo, ofrecen su vida, celebran el sacrificio de Cristo en la Eucaristía, anuncian la Palabra, absuelven los pecados y se dedican día tras día con generosidad a los hermanos y hermanas, sirviendo a la comunión y a la unidad, y cuidando, en particular, de quienes más sufren y pasan necesidad”.

La fidelidad y el servicio

Y reflexionando sobre la fidelidad y el servicio el Papa advierte que “especialmente en el tiempo de la prueba y de la tentación, se fortalece cuando no olvidamos esa voz, cuando somos capaces de recordar con pasión el sonido de la voz del Señor que nos ama, nos elige y nos llama, confiándonos también al indispensable acompañamiento de quienes son expertos en la vida del Espíritu”.

El Papa también acentúa la importancia de la formación permanente de los sacerdotes, “en este sentido se comprende lo que Optatam totius indica respecto a la formación sacerdotal, deseando que no se detenga en el tiempo del Seminario (cf. n. 22), abriendo el camino a una formación continua, permanente, de modo que constituya un dinamismo de constante renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral”. Y que asegure también “el crecimiento y la madurez humana de los candidatos al presbiterado, junto con una rica y sólida vida espiritual”, incluso ante la crisis de confianza en la Iglesia provocada por los abusos cometidos por miembros del clero.

Asimismo para el Papa el tema formativo resulta central para afrontar “el fenómeno de quienes, después de algunos años o incluso decenios, abandonan el ministerio”. Situación “que exige mirar con atención y compasión la historia de estos hermanos y las múltiples razones que pudieron conducirlos a tal decisión”.

“Se trata, por tanto, de custodiar y hacer crecer la vocación en un camino constante de conversión y de renovada fidelidad, que nunca es un recorrido meramente individual, sino que nos compromete a cuidarnos unos a otros”

Fidelidad y fraternidad

Y reflexionando sobre la fidelidad y la fraternidad el Papa cita el Decreto Presbyterorum ordinis: «Los sacerdotes del Nuevo Testamento, aunque por razón del sacramento del Orden ejercen el ministerio de padre y de maestro, importantísimo y necesario en el pueblo y para el pueblo de Dios, sin embargo, son, juntamente con todos los fieles cristianos, discípulos del Señor, hechos partícipes de su Reino por la gracia de Dios que llama. Con todos los regenerados en la fuente del bautismo los presbíteros son hermanos entre los hermanos, puesto que son miembros de un mismo Cuerpo de Cristo, cuya edificación se exige a todos».

“La fraternidad presbiteral, por lo tanto -dice el Papa-, antes que ser una tarea que hay que realizar, es un don inherente a la gracia de la Ordenación. Hay que reconocer que este don nos precede: no se construye sólo con la buena voluntad y en virtud de un esfuerzo colectivo, sino que es un don de la Gracia, que nos hace partícipes del ministerio del obispo y se realiza en la comunión con él y con los hermanos”.

Insiste el Pontífice en que “la fraternidad presbiteral debe considerarse, por lo tanto, como un elemento constitutivo de la identidad de los ministros, no sólo como un ideal o un eslogan, sino como un aspecto en el que comprometerse con renovado vigor”.

“En un tiempo de gran fragilidad, todos los ministros ordenados están llamados a vivir la comunión volviendo a lo esencial y acercándose a las personas, para custodiar la esperanza que se hace realidad en el servicio humilde y concreto”

Fidelidad y sinodalidad

Luego al hablar de la identidad de los sacerdotes, destaca los señalado por el Decreto Presbyterorum ordinis sobre el vínculo con el sacerdocio y la misión de Jesucristo (cf. n. 2) y señala luego tres coordenadas fundamentales: la relación con el obispo, la comunión sacramental y la fraternidad con los demás presbíteros; y la relación con los fieles laicos. De esta manera invita también a vivir la fidelidad junto al ejercicio de la sinodalidad. “El impulso del proceso sinodal es una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos decididos en esta dirección”.  

“En una Iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas”, dice el Pontifice.

“Para implementar cada vez mejor una eclesiología de comunión, es necesario que el ministerio del presbítero supere el modelo de un liderazgo exclusivo, que determina la centralización de la vida pastoral y la carga de todas las responsabilidades confiadas sólo a él, tendiendo hacia una conducción cada vez más colegiada, en la cooperación entre los presbíteros, los diáconos y todo el Pueblo de Dios, en ese enriquecimiento mutuo que es fruto de la variedad de carismas suscitados por el Espíritu Santo”

Fidelidad y misión

“La identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ser para y es inseparable de su misión”, dice el Papa reflexionando sobre la fidelidad y la misión. Como una “vocación sacerdotal se desarrolla entre las alegrías y las fatigas de un servicio humilde a los hermanos, que el mundo a menudo desconoce, pero del que tiene una profunda sed: encontrar testigos creyentes y creíbles del Amor de Dios, fiel y misericordioso, constituye una vía primordial de evangelización”.

Y advierte sobre dos tentaciones contra la fidelidad a la misión, en un mundo acelerado e hiperconectados. La primera es “una mentalidad eficientista según la cual el valor de cada uno se mide por el rendimiento, es decir, por la cantidad de actividades y proyectos realizados”. Y en segundo lugar “una especie de quietismo: asustados por el contexto, nos encerramos en nosotros mismos, rechazando el desafío de la evangelización y adoptando un enfoque perezoso y derrotista”.

“Para vencer estas dos tentaciones y vivir un ministerio gozoso y fecundo, cada sacerdote debe permanecer fiel a la misión que ha recibido, es decir, al don de la gracia transmitido por el obispo durante la Ordenación sacerdotal”

Fidelidad y futuro

Mirando al futuro el Papa León XIV desea que “la celebración del aniversario de los dos Decretos conciliares y el camino que estamos llamados a compartir para concretarlos y actualizarlos se traduzcan en un renovado Pentecostés vocacional en la Iglesia, suscitando santas, numerosas y perseverantes vocaciones al sacerdocio ministerial, para que nunca falten obreros para la mies del Señor”.

“Junto con la oración, la escasez de vocaciones al sacerdocio —especialmente en algunas regiones del mundo— exige que todos revisemos la capacidad generativa de las prácticas pastorales de la Iglesia”

Concluye el Papa agradeciendo al Señor que siempre esta cercano y camino con su pueblo a través del sacerdote, “y doy las gracias a todos ustedes, pastores y fieles laicos, que abren su mente y corazón al mensaje profético de los Decretos conciliares Presbyterorum ordinis y Optatam totius y se disponen, juntos, a nutrirse y estimularse mutuamente para el camino de la Iglesia".

jueves, 25 de diciembre de 2025

MONSEÑOR LEÓN KRUK - NAVIDAD: Mensaje de Navidad

 

El nacimiento de Jesús no fue un hecho intrascendente. Tampoco debe serlo su recordación. Los misterios de la vida de Cristo no son sólo hechos históricos, ocurridos hace dos mil años, sino realidades que no pasan, realidades de renovada actualidad.

Cristo nace en cada alma por el Bautismo, y re-nace, o si preferimos, resucita por la Confesión, cuando el pecado, después del Bautismo, reproduce nuevamente la muerte de Cristo en el alma. Además, si bien la gracia como realidad espiritual no puede crecer en cantidad, como si fuera algo que se puede medir o pesar, puede ciertamente aumentar en intensidad, y hacernos cada vez más perfectos, arraigándose profundamente en nuestra vida y convicciones.

Es dentro de estos conceptos que debemos considerar la Navidad como un hecho actual en nuestra vida.

Junto con la alegría propia de esta fiesta, por desgracia falseada en su real contenido por una propaganda comercial desproporcionada, es necesario que nos acerquemos como cristianos, como católicos, a la cuna de Belén para ver qué nos dice hoy el Nacimiento de Cristo, para comprobar si el Niño, el Hijo de Dios que imaginamos recostado en un pesebre, de acuerdo al Evangelio, no ha sido sustituido por otra cosa. Es necesario que verifiquemos y nos cercioremos, a ejemplo de los Reyes Magos, de la realidad y la presencia del Hijo de Dios.

Empecemos por preguntarnos muy seriamente qué significa la Navidad en nuestra vida. Dado que no es un hecho intrascendente, una simple recordación histórica, sino una “actualización” de la gracia que Dios nos ofrece: ¿qué resultados, qué frutos, qué transformación produjo y debe producir en nosotros? No podemos permanecer indiferentes, estáticos, fríos, mudos, insensibles.

Ante el continuo clamor del Papa, llamándonos a la conversión, a la renovación y reconciliación, a través del regalo del Año Santo, es necesario asomarnos a la ventana de la esperanza de un mundo mejor, más humano, más de Dios.

Como Obispo siento la grave responsabilidad de invitar a todos a una profunda renovación espiritual. Dios un día me pedirá ajustada cuenta de mi “vigilancia” y “pastoreo”. No quisiera que un día pesara sobre mi conciencia el reproche y la reprobación de Dios por no haber hablado, por no haber invitado, por no haber exhortado a todos a la conversión.

La Navidad, nacimiento espiritual de Cristo en nosotros, es precisamente eso: introspección, reflexión, conversión.

La Navidad debe ser para nosotros una ocasión en que nos sintamos impulsados a verificar y constatar si el Niño de Belén, que imaginamos recostado en el pesebre de nuestra “vida cristiana”, es realmente el Hijo de Dios, o en cambio es un sustituto, con otro nombre, porque representa otra realidad en nosotros.

La Navidad es sobre todo el alborear de una nueva esperanza que se asoma en el horizonte de nuestra vida. No importa lo que hayamos sido. Tenemos la posibilidad de empezar a ser lo que debemos ser. En la Navidad, Dios no se detiene tanto para mirar nuestra miseria cuanto se desvive por ofrecernos su riqueza.

Si he invitado para que miremos un poco nuestro pasado no es para que nos quedemos, entre lamentos, mirando hacia atrás, sino para que tomemos nuevo impulso y nos proyectemos definitivamente hacia el futuro venturoso y feliz, signado, gracias a la presencia de Cristo renacido en nuestra alma, por la absoluta certeza del éxito total.

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.173-174)

domingo, 21 de diciembre de 2025

MONSEÑOR LEÓN KRUK – ADVIENTO: Cristo tiene derecho a tu respuesta

 

Próxima ya la Fiesta de Navidad, la liturgia de este Domingo nos hace meditar sobre la Madre de Jesús, la siempre Virgen María, y lo intenta con el relato de la conmovedora escena del anuncio, de parte de Dios, por medio del ángel, del misterio de la Encarnación.

Innumerables veces lo hemos leído y releído, y hasta casi lo sabemos de memoria, palabra por palabra, y no obstante, cada vez que volvemos a leer esa simple, pero magnífica historia, es imposible no emocionarnos. Podría decirse que nunca la aprenderemos de memoria, como otras historias, porque el misterio que anuncia es inagotable, y tiene relación con nuestra vida personal. En efecto, es imposible considerar o recordar la venida de Cristo a este mundo, para devolver a Dios la gloria que el pecado le pretendió quitar, sin aplicarnos a nosotros ese relato.

No es una historia impersonal. La venida y la presencia de Jesús en la historia de los hombres implica un juicio sobre nuestra conducta: “Si yo no hubiera venido y no hubiera hecho entre ellos la obras que ningún otro realizó, no tendrían pecado” (Jn 15,24). De modo que, en definitiva, todo lo malo que nos acontece es, querámoslo o no, porque no aceptamos a Jesucristo, no aceptamos a Dios, ya que lo que hay de malo en nosotros o es pecado o fruto del pecado. La presencia de Cristo no puede dejarnos indiferentes.

Así la consideración, por una parte, del amor misericordioso de Dios, amor que da y se da todo entero, amor que no busca su propio bien sino el de los demás, ¿no te hace pensar, hermano, sobre qué entiendes por amor, como lo vives o practicas? ¿No es la más de las veces egoísmo, interés, que no va hacia el necesitado, sino que pretende poner a todos a su servicio? Cuando ves cómo Dios toma la iniciativa y respeta la libertad de la Virgen, hasta el punto que fue necesario que ella dijera: ¡Sí! ¡Hágase en mí tu voluntad!, para que el Hijo de Dios empezara su existencia humana en el seno de María, ¿ello no te hace pensar en tu comportamiento con los demás?

¡Cuántas veces quieres imponer tus criterios, tus puntos de vista, tus opiniones, tus conveniencias! Cuando ves que Dios se digna ofrecer una prueba de su poder a una pobre criatura, demostrando que para El nada hay imposible, ¿no se te ocurre pensar que con su ayuda nada te puede resultar imposible, aunque te cueste cumplir con la ley de Dios? ¿No es muchas veces el hombre el “intransigente” en sus reclamos y no la Iglesia que no “afloja”, que no puede “aflojar” en ciertas cosas?

Y, por otra parte, cuando vemos la disponibilidad de la Virgen María, y cómo la gracia de Dios realmente “obró maravillas” en ella, ¡no cuestiona esto nuestra rebeldía, ese nuestro no querer dar “el brazo a torcer”? ¡Cuánto bien, cuánto apostolado se deja de hacer porque siempre ofrecemos alguna excusa para ello, nunca tenemos tiempo, o lo postergamos para más adelante, para una mejor oportunidad, etc, etc.! Y mientras tanto, los enemigos avanzan: ellos siempre tienen tiempo, siempre están dispuestos, nunca se cansan. A ejemplo de la Virgen, aprendamos a decir siempre ¡Sí! A Dios. En esta Navidad ¿qué cosa costosa te está pidiendo Dios? ¡A qué cosa o actitud tienes que renunciar?

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.155-156)

sábado, 20 de diciembre de 2025

HOMILÍAS CAMPERAS (audios): San Juan Bautista, figura del Adviento

 



Homilía pronunciada el Domingo 13 de diciembre de 2020, Tercer Domingo de Adviento, por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en el Monasterio de la Encarnación de las Hermanas Pobres Clarisas de Valdemoro, Madrid, España.

Homilía basada en “El Evangelio de Jesucristo”, del Padre Leonardo Castellani, Vortice, Buenos Aires, 1997, pp.332-337.       

                                             ***

“Homilías Camperas” es un ciclo de homilías pronunciadas por el Padre José Antonio Medina, basadas en textos originales del Padre Leonardo Castellani, principalmente de su libro “Domingueras Predicas”, que es una recopilación póstuma de sus sermones según las dos ediciones (1997 y 1998) publicadas por Ediciones Jauja, Mendoza, República Argentina.

El nombre de “Camperas” es un guiño a uno de los libros más emblemáticos del Padre Castellani, que fue el primer gran escritor argentino que se atrevió a abordar este género. Señala Hugo Wast: “Sus fábulas no se parecen a las de nadie; son cosa propia de él, mejor dicho, son cosa nuestra”.

Leonardo Luis Castellani, nació en Reconquista, provincia de Santa Fe, Argentina, el 16 de noviembre de 1899 y falleció en Buenos Aires, el 15 de marzo de 1981, fue un sacerdote católico, escritor y periodista que escribió ensayos de temática religiosa, filosófica y socio-política, novelas, cuentos y poesía.

domingo, 14 de diciembre de 2025

MONSEÑOR LEÓN KRUK – ADVIENTO: ¿Cristianos curiosos?

 

Una constatación: la curiosidad parece algo innato al hombre. Basta que se produzca un hecho, un suceso para que todo el mundo se interese y quiera saber ¿qué hay, qué o quién es? Se está pendiente del noticioso, y la prensa sensacionalista hace su negocio. Ojalá el interesarse por los demás no fuera por mera curiosidad. Pero lamentablemente no es así. Hace poco el país entero se conmovió por un sismo, que sembró muerte, dolor, destrucción… y a los 4 días, casi sobre los mismos escombros, se disputa un “importante partido de fútbol”. Que si no se hizo en el lugar de la tragedia fue “en virtud de las medidas de seguridad dictadas por el gobierno… que obligó a la prohibición de todo espectáculo público” (de los diarios). ¡Triste y lamentable!

Me imagino a todo ese gentío que acudía a las orillas del Jordán para escuchar al Bautista. La pregunta de Jesús: ¿Qué habéis ido a ver al desierto? (Mt 11,2-11), sugiere muchas cosas.

Por su austeridad, ascetismo y palabra vibrante, Juan había despertado la atención, la curiosidad. Jesús indica que, no obstante, toda esa prestancia del Bautista, con ser el más grande de todos los profetas, Juan era muy poca cosa en comparación con ese reino que instauraba Cristo. Lo del Bautista no era más que un acercamiento, una preparación a la verdadera realidad que es el mismo Jesucristo. Si Juan llamaba tanto la atención, la afirmación de Jesús de que “el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”, ha de haber sacudido a más de uno de los que le preguntaron: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?

Urgía Cristo a la conversión, como condición para pertenecer al Reino, que estaba en el interior del hombre y no en las cosas exteriores. Era comprensible que el Bautista predicara la necesidad de convertirse para ser candidato del “reino”; pero resultaba incomprensible que ese que se presentaba como el Mesías insistiera en lo mismo, sobre todo afirmando que esa era la realidad misma del Reino mesiánico.

Mientras no se comprenda que ser un verdadero cristiano significa vivir en gracia de Dios, luchando siempre contra el pecado, no se habrá entendido nada de nada. Eso es lo fundamental, lo esencial. Todo lo demás, obras de caridad, buen ejemplo, interés (¡no curiosidad!) por los demás -cosas ciertamente muy necesarias-, no tendrá ningún valor si se prescinde de la propia conversión, o peor, su se la rehúsa, ya que ella es el único modo de pertenecer a Cristo, único capaz de salvar (Hechos 4,12 y Juan 14,6).

El Apóstol Santiago en la segunda lectura (Sant. 5,7-10) nos señala uno de los medios, y no el menos importante, para lograr una efectiva conversión y vida en gracia: la paciencia. Dicho de otro modo, se trata de la perseverancia.

Hemos de tener paciencia para soportar -“aguantar”- tantas cosas y a tantos. Paciencia en aguardar con gozo el momento de Dios; paciencia alegre y generosa, y no como una forzada resignación. Paciencias como “el labrador que espera el fruto precioso de la tierra”. Paciencia para comprender que todos los días, hemos de iniciar -de nuevo- la obra de nuestra perfección.

Otra manera de prepararnos para ser miembro vivos y activos en el Reino de Cristo, preparando su venida, es interesándonos porque muchos lleguen a conocer y a amar a Jesucristo. Debemos ser los precursores, sembrando esperanza, alegría, optimismo; estimulando a los desalentados, animando a los desilusionados.

Conversión. Paciencia. Ilusión.

 

Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.152-153)




lunes, 8 de diciembre de 2025

HOMILÍAS CAMPERAS (audios): Inmaculada Concepción de la Virgen María

 


Homilía pronunciada el martes 8 de diciembre de 2020 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, en el Monasterio de la Encarnación de las Hermanas Pobres Clarisas de Valdemoro, Madrid, España.

Homilía basada en “Domingueras Prédicas 1”, del Padre Leonardo Castellani, Editorial Jauja, Mendoza, 1997, págs. 339-343.

                     ***

“Homilías Camperas” es un ciclo de homilías pronunciadas por el Padre José Antonio Medina, basadas en textos originales del Padre Leonardo Castellani, principalmente de su libro “Domingueras Predicas”, que es una recopilación póstuma de sus sermones según las dos ediciones (1997 y 1998) publicadas por Ediciones Jauja, Mendoza, República Argentina.

El nombre de “Camperas” es un guiño a uno de los libros más emblemáticos del Padre Castellani, que fue el primer gran escritor argentino que se atrevió a abordar este género. Señala Hugo Wast: “Sus fábulas no se parecen a las de nadie; son cosa propia de él, mejor dicho, son cosa nuestra”.

Leonardo Luis Castellani, nació en Reconquista, provincia de Santa Fe, Argentina, el 16 de noviembre de 1899 y falleció en Buenos Aires, el 15 de marzo de 1981, fue un sacerdote católico, escritor y periodista que escribió ensayos de temática religiosa, filosófica y socio-política, novelas, cuentos y poesía.

domingo, 7 de diciembre de 2025

MONSEÑOR LEÓN KRUK – ADVIENTO: ¿Cristianos de “temporada”?

 

Siempre hemos de partir de un hecho fundamental: Dios no quiere la muerte eterna de ningún pecador. El Hijo de Dios, Jesucristo, no vino para condenar, sino para salvar a todos. El nacimiento de Cristo es el mejor signo y prueba del amor de Dios (1 Jn 4, 9-10).

Al mismo tiempo hemos de recordar que el nacimiento de Cristo y toda su obra salvadora, en relación con cada uno de los hombres, no es un hecho acabado, terminado. Es una realidad que permanentemente se actualiza. Por eso la Palabra de Dios es una buena nueva constante, la buena noticia, la “novedad” por excelencia.

En este tiempo, que llamamos Adviento, y es de preparación a la Navidad, no perdamos de vista el objeto, la finalidad, el motivo del nacimiento de Jesús en Belén. Dios nos ama tanto que “no perdonó ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros” (Rom 8,32). Esto exige una respuesta de nuestra parte. Dios no nos va a salvar si nosotros no queremos. El querer no es un simple deseo o anhelo que se pueda alentar de un modo pasivo. El que realmente quiere algo, utiliza todos los medios para lograrlo.

Nuestro gran predicador y maestro en esto es San Juan Bautista. El nos enseña a prepararnos para que la obra redentora de Cristo tenga real significación y concreción en nosotros. Hay muchas cosas torcidas que deben enderezarse en la vida de cada uno.

Resulta indispensable rectificar la propia conciencia. Que cada uno sea sincero consigo mismo. Es inútil pretender manejar un auto si se tiene “trabada la dirección”. La dirección de los actos es la propia conciencia ajustada a la Ley de Dios.

Es tiempo de que cada uno se enfrente consigo mismo antes de enfrentarse “quijotescamente” con “molinos de viento”, viendo siempre en los demás un enemigo real o en potencia. ¿Por qué suponer siempre mala voluntad o torcidas intenciones en los demás si ello no es manifiesto? Cuando nos invitan a reflexionar sobre nuestros actos, la hombría no consiste en atrincherarnos en nuestra propia posición y estimación -sea por el cargo o el puesto que ocupamos o la tarea que desempeñamos- si no tenemos la valentía de enfrentarnos con nosotros mismos.

El que no se anima a destronar de su propia vida la soberbia y el egoísmo, no pretenda ser hombre (o mujer) cabal, y mucho menos ciudadano honrado. Un cristiano que no cumple con sus obligaciones, es un mentiroso, y no sólo un enemigo de Cristo, sino un peligro para la sociedad. Es tiempo ya de acabar con el consabido “slogan” de: “yo soy cristiano, yo soy católico a mi manera”, porque hay un solo modo de serlo. O se es cristiano y católico siempre, en todas partes y en toda ocasión, o simplemente no se lo es. Cristianos o católicos “por temporadas” no existen. Cielo “por temporada” no hay, como no ha infierno “por temporada”.

Empecemos cada uno, y ya mismo, por ajustar bien nuestra vida conforme al Evangelio. Nada de “disculparnos” o de “justificarnos” nosotros mismos. Pongámonos ante el Señor y digámonos con sinceridad y valentía lo que Él nos diría a cada uno, en este momento, con absoluta seguridad. ¿Estamos?

Con Dios no podemos jugar a las escondidas.


Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, 1988, pags.152-153)



martes, 2 de diciembre de 2025

LEÓN XIV: San Chárbel se ha convertido en un río de misericordia

 

VISITA Y ORACIÓN EN LA TUMBA DE SAN CHARBEL MAKHLOUF

SALUDO DEL SANTO PADRE

Monasterio de San Maroun (Annaya)

Lunes, 1 de diciembre de 2025

 

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco al Superior General sus palabras y su hospitalidad en este hermoso Monasterio de Annaya. La naturaleza que rodea esta casa de oración nos atrae también con su austera belleza.

Doy gracias a Dios por haberme concedido venir como peregrino a la tumba de san Chárbel. Mis predecesores —especialmente san Pablo VI, que lo beatificó y canonizó— lo habrían deseado mucho.

Queridos hermanos, ¿qué nos enseña hoy san Chárbel? ¿Cuál es el legado de este hombre que no escribió nada, que vivió oculto y silente, pero cuya fama se extendió por todo el mundo?

Me gustaría resumirlo así: el Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas. Son todos comportamientos a contracorriente, pero precisamente por eso nos atraen, como el agua fresca y pura atrae a quien camina por el desierto.

En particular, a nosotros, obispos y ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos.

Y luego, hay otro aspecto que es decisivo: nunca dejó de interceder por nosotros ante el Padre celestial, fuente de todo bien y de toda gracia. Ya desde su vida terrena, muchos acudían a él para recibir del Señor consuelo, perdón y consejo. Tras su muerte, todo esto se multiplicó y se ha convertido en un río de misericordia. También por eso, cada 22 del mes, miles de peregrinos acuden hasta aquí desde diferentes países para pasar un día de oración y descanso del alma y del cuerpo.

Hermanas y hermanos, hoy queremos confiar a la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz. Especialmente la imploramos para el Líbano y para todo Oriente Próximo. Pero sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones. Por eso, que san Chárbel nos ayude a orientarnos hacia Dios y a pedir el don de la conversión para todos nosotros.

Queridos hermanos, como símbolo de la luz que Dios ha encendido aquí por medio de san Chárbel, he traído como regalo una lámpara. Al ofrecerla, encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo. Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor!

Papa León XIV




domingo, 30 de noviembre de 2025

MONSEÑOR LEÓN KRUK – ADVIENTO: Empecemos por el final

 

Con la Fiesta de Cristo Rey, el domingo pasado, culminaba una vez más un período litúrgico de la Iglesia Católica. Era como el remache de oro del desarrollo, en síntesis, de los grandes misterios de la vida de Cristo vividos en el transcurso de 365 días. El compendio de todo y el resultado definitivo: el reinado de Cristo para gloria de Dios Padre.

Hoy comenzamos nuevamente. La Liturgia, maestra experta en la vida de los hombres, empieza por el final. Al iniciar un nuevo período, nos hace meditar sobre el término de nuestra vida; o dicho de otro modo, quiere que, de cara a la muerte, tomemos los recaudos necesarios para la vida, o mejor, aún, para que después de la muerte podamos realmente vivir. Como la nueva planta que nace de la muerte, de la desaparición de la semilla.

Al prepararnos para celebrar la primera venida de Cristo en Navidad, la Liturgia intenta colocarnos en una consciente actitud de esperanza y anhelo de la segunda venida del Señor. Con relación a nuestra vida personal, la primera venida de Cristo se ha verificado el día de nuestro Bautismo. Ese día Dios se hizo presente en nuestra vida. La segunda vendida de Cristo para cada uno de nosotros, se verificará de un modo íntimo, personal y privado, en el instante de nuestra muerte; y de un modo público y solemne, en aquel día extraordinario cuando “aparezca el estandarte del Hijo del hombre en el cielo, y se lamenten todas las tribus de la tierra, y vean al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y solemne majestad. Y enviará sus ángeles con resonante trompeta y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mt 24, 30-31).

Esto es: cuando el último día resucitemos todos para acudir al juicio universal. Entonces, a partir de ese momento, allí donde estuvo nuestra alma después de la muerte también estará nuestro cuerpo después de la resurrección. La semilla de nuestra vida presente o se transformará en nueva planta de feliz eternidad, o será miserable alimento del “gusano que no muere” (Mc 9,44), o materia que no es consumida por “el fuego que no se apaga” (ib) de la desesperación y remordimiento.

Por tanto, salvada el alma, todo está salvado. Perdida el alma, todo está irremediablemente perdido. El mismo Jesús, agotando sus inagotables recursos pedagógicos, nos previene y advierte: “Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo y perder su alma? ¿Pues que dará el hombre a cambio de su alma?” (Mc 8, 36-37).

Considero que en la medida en q ue jamás demos por “demasiado sabidas” estas verdades, porque esa suele ser la más peligrosa ignorancia, y seamos capaces de tomar en serio -sin “tremendismos”- nuestra muerte, en esa medida realmente viviremos de acuerdo a nuestra condición de hombres, de pecadores y de redimidos. Esta será nuestra mejor “vigilancia” y la más eficiente “preparación” para la segunda venida de Cristo mientras celebramos su primera venida en Navidad.

Me imagino que si esto que Dios ofrece gratuitamente, y tan generosamente, tuviéramos que lograrlo como una “conquista social”, con toda seguridad que “lucharíamos”, “reclamaríamos”, emplearíamos las “huelgas”, y que se yo cuántas cosas más, para hacer valer nuestros derechos. Sin embargo, hace casi dos mil años que tenemos el “preaviso” de Jesús mismo, y no le damos la mayor importancia. ¡Tengamos cuidado con el “despido” que nos puede sentenciar San Pedro!

Aprendamos bien lo que nos enseña hoy San Pablo: “Por eso, mientras esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no os falta ningún don de la gracias”. Esto es: mientras esperamos el retorno de Jesús, tenemos a nuestro alcance y a nuestra disposición todos los medios necesarios para vivir de tal modo que estemos siempre preparados, “siempre listos”, para cuando el Señor nos llame, en cualquier momento. No perdamos de vista nuestra muerte si queremos realmente gozar de la vida. Empecemos por el final para asegurar el principio: de Dios salimos y a El debemos volver. Para eso vino cristo en Navidad, y para eso vendrá nuevamente.


Monseñor León Kruk

Obispo de San Rafael, Argentina desde 1973 a 1991.

(Artículo del libro “Mano a mano con el Obispo de San Rafael,

Ediciones Nihuil, San Rafael, Mendoza, Argentina, 1988, pags.137-138)

 

domingo, 23 de noviembre de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo C - 34º Domingo del Tiempo Ordinario: Jesucristo, Rey del Universo

 

“Acuérdate, Señor de mí, en tu reino” (Lc 23, 42).

 

El año litúrgico se cierra con la solemnidad de Cristo Rey, celebración global de su misterio de grandeza y de amor infinito.

El argumento es introducido por la primera lectura (2 Sam 5, 1-3) con el recuerdo de la unción de David para rey y pastor de Israel, figura profética de Cristo, rey y pastor de todos los pueblos. Luego se desarrolla en la segunda lectura (Col 1, 12-20), donde san Pablo ensalza la realeza de Cristo y pasa revista a sus títulos más expresivos. Cristo es rey porque tiene la primacía absoluta delante de Dios y delante de los hombres, en el orden de la creación y de la redención. “El es imagen de Dios invisible” (ib 15), imagen perfecta y visible que revela al Padre: el que le ve a él, ve a su Padre (Jn 14, 9).

Es el “primogénito de toda criatura” (Col 1, 15): primero en el pensamiento y en el amor del Padre, primero por su dignidad infinita que lo antepone a todas las criaturas, primero porque “por medio de él…, por él y para él” (ib 16) han sido hechas todas las cosas, habiéndolas Dios llamado a la existencia por medio de él, que es su Palabra eterna. Toda la creación le pertenece; él es a la vez Rey que la rige y Sacerdote que la consagra y ofrece al Padre para su gloria. Pero como la creación ha sido contaminada por el pecado, Cristo que la ha redimido al precio de su sangre, es también Salvador de ella. Los hombres salvados por él constituyen el Reino, la Iglesia, de la que él es Cabeza, Esposo, Pastor y Señor.

Por otra parte, por su encarnación, es también hermano de los hombres y por su pasión y muerte es “el primogénito de entre los muertos” (ib 18), que un día resucitarán con él, “primicia” de los resucitados. En verdad Cristo “es el primero en todo” (ib) y en él el hombre lo encuentra todo: la vida, “la redención, el perdón de los pecados” (ib 14). Brota así de espontáneo el himno de reconocimiento a Dios Padre que en su Hijo ha querido crear y restaurar todas las cosas y dar a los hombres vida y salvación: “Demos gracias a Dios Padre, …que nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido” (ib 12-13).

Esta liberación y este traslado están documentados al vivo en el Evangelio de este domingo (Lc 23, 35-43) con el episodio conmovedor del buen ladrón. Jesús está en la cruz; sobre su cabeza cuelga, como escarnio y condena, el título de su realeza: “Este es el Rey de los Judíos” (ib 38). Los jefes y los soldados se burlan de él: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo” (ib 37). Hasta uno de los malhechores colgados al lado, le injuria; el otro, en cambio, movido de temor de Dios, le defiende: “Lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada”; y dirigiéndose a Jesús, dice: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” (ib 41-42).

Es un ladrón, pero cree en Dios y le teme, se confiesa culpable y acepta el castigo de sus delitos. La fe le ilumina y, primero entre todos, reconoce la realeza de Jesús, escarnecida y rechazada por los sacerdotes y jefes del pueblo; y la reconoce no delante de Cristo glorioso, sino ante un Cristo humillado y moribundo en el patíbulo. Su fe es premiada: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (ib 43). Pide para el futuro y recibe en el presente, al punto “hoy”. No tendrá que esperar; Jesús ha expiado ya por él, le ha merecido la gracia del perdón; para cogerla ha sido suficiente el arrepentimiento acompañado de la fe. De este modo Cristo desde la cruz atrae a sí a los hombres; es el buen pastor que salva la oveja perdida, el padre que acoge al hijo pródigo, el Rey que establece su reino con el poder del amor y a precio de su sangre. El que cree y confía en él, podrá escuchar: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 

“Gracias siempre y en todo lugar, a ti, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno: porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz consumara el misterio de la redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz” (Misal Romano, Prefacio de la Misa de Cristo Rey).

“¡Oh alma mía, tú eres un templo! ¡Dios mío, que sea ella tu reino! Soy y quiero ser tu súbdito; reina soberanamente en mí. Si alguna vez me he alejado de ti, si he tenido la desgracia de rebelarme contra ti, ha sido, Dios mío, porque no te conocía.

¡Oh bondad infinita!, tú no te cansas ni por mi pusilanimidad o por las rebeliones de mi naturaleza; no me pides otra cosa que una fe viva y una voluntad fiel, dirigida por la fe y movida por tu amor. Creo, Señor, quiero creer, sana mi incredulidad. Triunfa sobre mis resistencias. Tú no me subyugas, lo sé, sino para amarme. Someterme a ti equivale a dejarme amar de ti, a darte la libertad de realizar en mí, mal que me pese, mi felicidad. Dispón de mí, Señor; rompe los obstáculos que se oponen en mí al dominio y al triunfo de tu amor” (D. Mercier, escritos y discursos).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.

 


sábado, 22 de noviembre de 2025

HOMILÍAS CAMPERAS (audios): Jesucristo, Rey del universo

 

Homilía pronunciada el Domingo 22 de noviembre de 2020 por el Padre José Antonio Medina Pellegrini en la Santa Misa de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, en el Monasterio de la Encarnación de las Hermanas Pobres Clarisas de Valdemoro, Madrid, España.

Homilía basada en “Domingueras Prédicas 1”, del Padre Leonardo Castellani, Editorial Jauja, Mendoza, 1997, págs. 327-332.

                                     ***

“Homilías Camperas” es un ciclo de homilías pronunciadas por el Padre José Antonio Medina, basadas en textos originales del Padre Leonardo Castellani, principalmente de su libro “Domingueras Predicas”, que es una recopilación póstuma de sus sermones según las dos ediciones (1997 y 1998) publicadas por Ediciones Jauja, Mendoza, República Argentina.


El nombre de “Camperas” es un guiño a uno de los libros más emblemáticos del Padre Castellani, que fue el primer gran escritor argentino que se atrevió a abordar este género. Señala Hugo Wast: “Sus fábulas no se parecen a las de nadie; son cosa propia de él, mejor dicho, son cosa nuestra”.

Leonardo Luis Castellani, nació en Reconquista, provincia de Santa Fe, Argentina, el 16 de noviembre de 1899 y falleció en Buenos Aires, el 15 de marzo de 1981, fue un sacerdote católico, escritor y periodista que escribió ensayos de temática religiosa, filosófica y socio-política, novelas, cuentos y poesía.



domingo, 16 de noviembre de 2025

INTIMIDAD DIVINA - Ciclo C - 33º Domingo del Tiempo Ordinario: “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”

 

“El Señor regirá el orbe con justicia” (Salmo 97, 9).

Ya el domingo pasado la liturgia, tratando el tema de la resurrección de los muertos, orientaba el pensamiento a las realidades ultraterrenas. Hoy prosigue en la misma dirección y señala “el día del Señor, cuando, al fin de los tiempos, vuelva Cristo con gloria para juzgar a vivos y muertos”, como rezamos en el Credo. El profeta Malaquías (3, 19-20a, primera lectura) lo presenta con tintas fuertes: “Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir” (ib 19). Estas imágenes no son agradables a la mentalidad moderna, pero, con todo, expresan una gran verdad. Si en la vida presente triunfa el mal y los que se burlan de Dios tienen éxito y fortuna, vendrá el día en que Dios mismo pondrá cada cosa en su lugar según justicia.

“Entonces vosotros volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve” (ib 18). Cada cual tendrá la suerte que se haya preparado con su conducta; así, mientras para los impíos el día del juicio será como un fuego devorador, para los justos será la manifestación de la gloria de Dios. “Yo seré indulgente con ellos -dice el Señor- como es indulgente un padre con el hijo que le sirve” (ib 17). Delicada expresión que revela la bondad paternal de Dios, el cual recompensa a los que le aman por encima de todo mérito. “Los iluminará un sol de justicia” (ib 20), Cristo el Señor, el cual después de haber iluminado al mundo para guiarlo por los caminos del bien y de la paz (Lc 1, 79) volverá para acoger en su gloria eterna a cuantos hayan seguido su luz.

El Evangelio de este domingo (Lc 21, 5-19) reproduce un trozo del discurso escatológico de Jesús, donde la predicción de los sucesos que precederán el fin del mundo se mezcla con la de los hechos que precederán a la caída de Jerusalén y la destrucción del templo. Habla el Señor ante todo de la aparición de muchos que, presentándose en su nombre, impartirán doctrinas engañosas y falsas profecías. “Cuidado con que nadie os engañe…; no vayáis tras ellos” (ib 8). La deformación de la verdad es el peligro más insidioso. Hay que ser cautos y saber discernir; el que contradice a la Sagrada Escritura, el que no está con la Iglesia y con el Papa no ha de ser escuchado.

Jesús anuncia luego “guerras, revoluciones…, terremotos, epidemias, hambre” (ib 9-10). La historia de todos los tiempos registra calamidades de este género; sería por eso aventurado ver en ellas -como en la multitud de falsos profetas- la señal de un fin inminente. Jesús mismo prediciendo estas cosas, dijo: “No tengáis pánico…, el final no vendrá enseguida” (ib 9). Sin embargo, esto “tiene que ocurrir primero” (ib); pues, en el plan divino esas cosas tienen la misión de recordar a los hombres que aquí abajo todo es transitorio, todo está en camino hacia “nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia” (2 Pe 3, 13), y en los que los justos participarán eternamente en la gloria de su Señor.

A esta misma luz han de ser consideradas las persecuciones que en todo tiempo hostigan a la Iglesia; no son para su perdición, sino para bien de los creyentes, para acendrar y robustecer su fe. “Así tendréis ocasión –dice Jesús- de dar testimonio” (Lc 21, 23). Por eso la conclusión de este fragmento, no sólo es serena, sino llena de confianza. Jesús exhorta a sus discípulos a no preocuparse ni siquiera cuando sean apresados, llevados a los tribunales y perseguidos por los amigos o familiares y convertidos en blanco del odio de todos. El velará por ellos, y si hubieren de perder la vida por su nombre, la habrán ganado para la eternidad. “Con vuestra paciencia, salvaréis vuestras almas” (ib 9). No es con las preocupaciones, las protestas, o las discusiones como se obtendrá la victoria, sino perseverando con paciencia en la fidelidad a Cristo y confianza en él, a pesar de que arrecien las tormentas.


“¡Oh Señor y verdadero Dios mío! Quien no os conoce, no os ama. ¡Oh, qué gran verdad es ésta! Mas ¡ay dolor, ay dolor, Señor, de los que no os quieren conocer! Temerosa cosa es la hora de la muerte… Considero yo muchas veces, Cristo mío, cuán sabrosos y deleitosos se muestran vuestros ojos a quien os ama y Vos, bien mío, queréis mirar con amor. Paréceme que sola una vez de este mirar tan suave a las almas que tenéis por vuestras, basta por premio de muchos años de servicio. ¡Oh, válgame Dios, qué mal se puede dar esto a entender, sino a los que ya han entendido, cuán suave es el Señor!

¡Oh cristianos, cristianos!, mirad la hermandad que tenéis con este gran Dios; conocedle y no le menospreciéis, que así como este mirar es agradable a sus amadores, es terrible con espantable furia para sus perseguidores. ¡Oh, que no entendemos que es el pecado una guerra campal contra Dios de todos nuestros sentidos y potencias del alma! El que más puede más traiciones inventa contra su Rey… Remediad, Dios mío, tan gran desatino y ceguedad”. (Santa Teresa de Jesús, Exclamaciones, 14, 1-2. 4).

“Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero” (Misal Romano, Oración Colecta).

 

Tomado del libro INTIMIDAD DIVINA,

del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD.